Me acuerdo perfectamente del día que me armé de valor para comprar una película porno gay. Era un sábado y había estado toda la semana anterior dándole vueltas a esa idea, que ya me obsesionaba.

En casa teníamos el Canal Plus y ya me había visto todas las películas que hacían los viernes noche. Antes de tener el plus también me las veía codificadas. Sí, sí, yo era de esos, y bueno, más que verlas, las intuía, jajaja. Pero claro, las películas eran de heteros, y aunque al principio pueden valer para desahogarte, llega un momento en que ya no.

Era un fin de semana en el que mis padres estaban en el pueblo así que tenía todo el tiempo del mundo para mi solo. Cogí dos autobuses y un metro y me fui a la otra punta de la ciudad a por el videoclub mas remoto y alejado de mi barrio. Me faltó ir con una gabardina, sombrero y gafas de sol para así asegurarme de que no me reconocía ni el tato, jejeje.

LLegué al videoclub a una hora en la que no había nadie. Sólo el dependiente, con cara de aburrido, y yo.

La idea era coger una peli, comprarla y largarme de allí lo más rápido posible.  El problema era que las películas a la venta estaban en una especie de vitrina bajo llave, con lo cual tenía que pedírselas directamente al vendedor.

Me acerqué a él, sin mirarle a la cara, señalando a la única película gay que tenían a la venta y le dije:

-“Hola, quería esta película”

El chico cogió las llaves, y cuando me la fue a dar, me dijo:

-“Hoy hay un 2×1, puedes llevarte otra si quieres”

Uffff, si yo sólo quería esa película y largarme de allí!! Que sólo quería ésa!!

-“No, si da igual, con esta me apaño” (Y tanto que me apañaba, vamos)

Pero no, el chico insistía:

-“Es que es una buena oferta, son 2×1. Elige la que quieras”

Y yo, mirando las pelis de arriba a abajo y que eran todas de heteros, oye…

“No, en serio, que me llevo ésta y ya está” (Que me quería ir!!)

Total, así estuvimos unos minutos que si sí, que si no, que si esta oferta es buena que si esta me la llevo yo….

A mí esos minutos se me hicieron eternos, igual fueron cinco minutos nada más, pero para mí como si hubiesen sido dos horas.

Al final me pillé otra de heteros, que a mí ni me iba ni me venía, pero es que sino me hubiese quedado ahí frente a la vitrina toda la mañana y no era plan, digo yo.

Recuerdo que la peli gay que me llevé era de militares buenorros, y me dejó tan buen sabor de boca que desde entonces tengo una fijación con los uniformes que no es normal, y de la que os hablaré en otro post, porque vaya tela… La peli de heteros que me llevé es que ni la ví, acabó en un contenedor al salir del videoclub.

Tiempo después, y como ya le había cogido el gusto a eso de comprar pelis, me fui directamente a un sexshop a pillar otra.

La parte de videoclub aunque estaba en el sexshop, tenía un acceso independiente, y vendía películas de todo tipo, por lo que desde fuera, tampoco es que se notase demasiado de qué era el establecimiento, cosa que en ese momento agradecí.

Ya sabeis, el típico ” a ver si me ve alguien entrando…”

Ahí directamente ya me compré cinco películas, porque lo pasé tan mal la primera vez y me daba tanto corte ir hasta allí que al menos quería tener material para un tiempecito.

En este caso no había vitrina bajo llave, sino que estaban a la vista directamente. Las cogí totalmente a ojo, sin mirar carátulas ni nada (si es que me daba igual, no iba a valorarlas por el argumento…), y me fui al mostrador. Otra vez un dependiente aburrido. Y otra vez el surrealismo hecho venta.

El chico se ve que era nuevo y como no se aclaraba mucho tenía que llamar por teléfono a su encargado para preguntarle cómo hacía la venta, porque desconocía los números de referencia y los precios. (Sí lo sé, lo mio es mala suerte). Y ahí estaba yo, delante del mostrador, viendo como el chico preguntaba por teléfono cosas como: “Me das el precio de “Cómo gozo en el calabozo”? Y el de “Pesadilla antes de eyacular”? Y la referencia de “Papoya el marino”?…. Otra vez lo mismo. Unos sudores por la frente…. Unas ganas de salir por patas…Una vergüenza… Y él con toda la tranquilidad del mundo anotando y preguntándolo todo.

Curiosamente, y para que veáis lo que son las cosas, años después yo trabajé en ese Sexshop y fui compañero de ese mismo dependiente, que desde el primer día no paraba de preguntarme si nos conocíamos de algo, porque le sonaba mucho mi cara… jejeje.

Pero ya de mi experiencia como dependiente de Sexshop os hablo otro dia.

Vosotros, como recordáis esas primeras veces que comprasteis revistas o pelis porno? os pasaron cosas tan surrealistas como a mí?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

 

 

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5 comentarios en “¿Hacemos una porno?

  1. Yo empecé en su momento comprando revistas pornos al kiosko de la barriada de en frente. (Porque al de mi barriada no iba ni loco).
    En realidad era una compra conjunta con amigos, pero me tocaba a mi. No es que yo fuera el menos vergonzoso, al contrario… yo era timidisimo, pero era el que más huevos le echaba.

    Luego ya una vez entré en un sexshop en Madrid por primera vez… a curiosear… tendría 19 años. No sabía ni que hubieran cabinas XXX. Entré en una y me quedé maravillado… 64 películas porno simultaneas. El sueño de cualquier pajillero.
    Pero la verdad es que nunca compré pelis. Siempre he comprado juguetes para la pareja con la que estaba en ese momento, nada más que eso. Otras veces las he llevado… me gustaba provocarlas.

    (Por cierto… el miércoles publicaré un post en mi blog sobre este. Espero que te guste).

    Saludos.

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