Noche de fin de año

Noche de fin de año

Si ya de por sí las Navidades son unas fiestas “curiosas” en las que todo el mundo parece que tiene que ser feliz porque lo dice el calendario, cuando llegamos a Nochevieja todavía es peor.

Esa noche parece que tenga que ser la del mayor desfase del año. En la que, por obligación, debas disfrutar de lo lindo, pegándote un fiestón antológico. Que si un sábado no te apetece salir, no pasa nada, pero si en Nochevieja no sales, es que eres un bicho raro.

Encima esa noche va como por edades o épocas. Está la de cuando tienes 18/20 años en la que se llevaba eso de ir de etiqueta a una macrodiscoteca con todo incluido. Y luego pasamos a otra, más mayores en la que se llevaba el escaparse a cualquier sitio lo más lejano que te puedas echar a la cara para pasar sólo esa noche. Tú te vas a Lugo? Yo a París! Qué digo París, a Nueva York!

Porque esa es otra, recuerdo la competición cuando éramos mas jovencitos, contando quién se había acostado más tarde. ¿A vosotros no os pasaba? Si uno decía que esa noche se había acostado a las 6 de la mañana, otro decía que había llegado a su casa a las 10, pero aún otro decía que hasta la hora de comer no había vuelto.

Yo como siempre he sido bastante contracorrriente, ni pasé por la época de vestirse de etiqueta, ni pasé por lo de irme a cualquier sitio lo más lejano posible.

Lo que sí es verdad es que la mayoría de Nocheviejas han sido bastante extrañas. Recuerdo una en que en el pub en el que estábamos hicieron una redada de la policía que fue lo más animado de la noche. Otra, que la acabamos en el hospital por un accidente (nada grave) de un amigo. Y otra, en el que la madre (recién divorciada) de una amiga apareció a mitad de noche algo bebida, se acopló a nosotros y empezó a refregarse con todos los tíos que pillaba, para vergüenza de su propia hija.

Y es que con la manía esa de que nadie se puede quedar sin plan esa noche, sí que en Nochevieja recuerdo siempre haber quedado con amigos, pero también con gente que no conoces de nada y que sólo vas  a conocer esa noche. Son los que se quedan descolgados y se acoplan a una cena ajena.

A mí nunca me ha gustado eso de juntar varios grupos de amigos, porque luego nunca sabes cómo se pueden llevar entre ellos, pero claro, como esa noche vale todo, pues no queda otra.

Encima yo, como de buenas a primeras soy algo tímido, pues esa noche, me da por beber como una esponja para así soltarme un poco, y muchas veces me he soltado demasiado.

Una de esas fue en casa de mi amiga María, la de la facultad, que por cierto seguía sin saber que a mí me gustaban los tíos…

En esa cena, estábamos María y su novio (un impresentable chuloputas al que sólo ella aguantaba), Raquel (la mariliendre), Guillermo y César (aunque éste se fue antes de las uvas, de lo cual me alegré). Aparte, también estaba una pareja de amigos (heteros) de María, que el resto no conocíamos de nada, y un chaval que parecía mudo porque que yo recuerde no abrió casi la boca en toda la noche.

De lo que es la cena en sí, recuerdo que todos mezclamos un montón de bebidas distintas, porque cada uno había traído una botella y por no hacer un feo nos las bebimos todas, así que al acabar de cenar ya íbamos todos bastante contentos…

Después de las uvas salimos a la calle para irnos de fiesta y en el primer pub que fuimos ya empezamos con las copas, el garrafón y demás, y ahí ya entré en la fase en la que tengo vagos recuerdos, solo como flashes, situaciones sueltas, a cual más extraña.

Así por ejemplo, lo siguiente que recuerdo es intentando entrar en un sitio de ambiente adonde nos quería llevar Guillermo, para cabreo del novio chulo de María que decía que a sitios de “maricones” no entraba, diciendo además que él era el único del grupo.

Yo en ese momento entré en fase defensa del colectivo y dije que él no era el único, que yo también era gay (así delante de todos, incluso gente que no conocía, y a grito pelado).

Me acuerdo que María dijo que no me creía, que yo estaba de coña, pero cuando le dije que no, se quedó como catatónica y sin saber muy bien porqué se puso a llorar, directamente, mientras su novio decía que ya habían dos “maricones” en el grupo, que qué asco de gente, que si nos dábamos por el culo, y burradas así…

Como todo esto fue a las puerta de una discoteca gay, lo de insultar así gratuitamente digamos que no sentó demasiado bien a la gente que estaba en la entrada, así que salieron dos tíos y empezaron a encararse con el novio de María, mientras a esta no se le pasaba el berrinche.

A partir de ahí, ya tengo lapsus en mi memoria, porque lo siguiente fue ver al impresentable del novio en el suelo mientras se pegaba con otro.

Luego cuando se calmó la cosa él novio dijo que se iba a su casa que ya le habían dado la noche, o algo así, porque la cosa es que ya no tengo recuerdos de él del resto de noche. María seguía llorando.

Guillermo luego también desapareció no sé muy bien adonde se iría.

Aparte, recuerdo que el chico de la pareja hetero amigos de María no paraba de preguntarme que desde cuando era yo gay, que cómo lo había notado, que si había tenido novio…preguntas un poco indiscretas (nos habíamos conocido esa noche) que hicieron que a la novia le cambiara la cara y le empezara a preguntar que a santo de qué tenía él tanto interés (a mi también me extrañó).

Otra escena de la noche que recuerdo fue volviendo a casa de María porque alguien se había dejado la cartera (no me preguntéis quien) y llegar y darse cuenta de que no tenía las llaves y tener que bajar luego a la calle a buscarlas.

Cuando aparecieron (en el pub) y estábamos en casa, María, hablando con Raquel, se percató de que era la última en enterarse de que yo era gay, y se encerró en el baño a seguir llorando por no haber confiado en ella (fue todo tan surrealista…). Y aún se cabreó más cuando encima se enteró de que no sólo era gay, sino que además “ejercía”, porque ya me había acostado con tíos (como si yo fuese asexuado o algo así.).

Al final, la noche no sé ni a qué hora acabó y recuerdo volviéndome a casa con el chaval que parecía mudo y sin casi ni hablar entre nosotros, que yo a día de hoy no sé si se enteró de algo de lo que pasó…

Bueno, espero que aunque no sea tan movidita como la que os he contado, paséis igualmente una muy buena Nochevieja.

Nos vemos el próximo año. Feliz 2016!!

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Arma Letal

Arma Letal

Uno de mis mayores fetichismos lo tengo con el tema de los uniformes. Ya sabéis, policías nacionales, locales, bomberos, militares…

El origen yo creo que está en la primera película porno gay que vi, que estaba ambientada en un cuartel, y los actores iban con sus botas militares follando por cualquier rincón. El hecho de ver a tíos en un ambiente totalmente masculino comiéndose las pollas es algo que me dejó marcado.

Luego vi otras de este estilo y ya noté que eran las que mas me ponían a tono, porque aunque los argumentos son siempre una mierda, la ambientación al menos sí hacía, y mucho.

Además por esa misma época, escuchando el programa de radio Hablar por Hablar (donde gente anónima llamaba con algún problema para desahogarse) recuerdo un vigilante de seguridad que llamó para decir que tenía dudas de si casarse con su novia de toda la vida porque hacía unas semanas que estaba liado con un compañero, y se lo montaban habitualmente en la garita usando la porra del uniforme como juguete sexual…

(En ese programa nunca sabías si las llamadas eran de coña o no – de hecho ahí comentaron el famoso tema de Ricky Martin, la chica y el perro- pero no me digáis que no tiene su morbo imaginarse algo así)

Yo experiencias con otros colectivos que llevan uniformes sí tengo, como por ejemplo médicos (con uno me lo monté varias veces en su consulta, ya os hablaré otro día), operarios (en  una garita de esas de obra) o comerciales (no era uniforme, pero sí llevaba traje para currar, os hablé de él en El graduado)  pero lo que son con policías o similares, nada.

Lo más cerca que estuve fue con un policía local, o eso me dijo que era por el chat, con el que quedé en una estación de metro cerca de mi casa y que nunca se llegó a presentar.  Me llegó a dar su móvil y todo, pero cuando llamé se puso una anciana, por lo que supuse que me habían tomado el pelo.

Y eso que a mí los policías locales no me ponen tanto como otros uniformados. Si yo tuviera que hacer un ranking, en el primer lugar estarían los policías nacionales, seguidos de los militares y luego los bomberos (el uniforme de guardia civil, por ejemplo, no me gusta demasiado).

Además que yo siempre me pregunto ¿Esta gente se puede llevar el uniforme a casa y follar con su pareja? ¿Utilizarán las esposas? ¿Habrán follado en la misma comisaría? ¿O en el parque de bomberos? Uffff, lo que tiene que ser hacerlo ahí mismo.

(Si alguna pareja de policía o bombero quiere comentar algo y puede sacarme de dudas, lo agradecería)

Para que veáis como es mi locura por este tema, que yo he llegado a preguntar tonterías en la calle simplemente por el hecho de poder tener una conversación con policías: donde está la comisaría más cercana, dónde está otra calle…

(Sí, es absurdo, lo sé, pero a mí esa situación ya me llega a excitar)

Sin embargo, ahora por ejemplo que estamos en estas fechas, que vas por la calle y están vendiendo los típicos calendarios solidarios de bomberos (yo me pongo palote nada más verlos) a mí me da corte acercarme a comprarlos, ya ves tú, con lo que lo agradecerían ellos.

Y encima es que están buenorros.

Pero bueno, aunque no lo estuviesen, a mí es que me daría igual. A ver, tampoco si son tipo orcos, pero a mí lo que me da morbo es el uniforme en sí. Yo creo que un tío que pasaría medianamente desapercibido, se casca un traje de esos de camuflaje del ejército y a mí me gana por completo.

Yo no hice el servicio militar y ahora pensándolo con perspectiva anda que no hubiese disfrutado ahí. Me imagino dormir con tropecientos militares más en las literas esas que aparecen en las películas y ya me pongo malo. O el tema de las duchas en hilera, madre mía lo que tiene que ser eso.

(Ya os digo que lo mío a veces roza la obsesión)

Además, últimamente por temas de trabajo, hay días que tengo contacto con policías nacionales, seguratas y guardias civiles y os podéis imaginar cómo llego a casa cuando acaba la jornada laboral, que cualquier día me tendré que llegar a masturbar en el trabajo porque vaya tela cómo están algunos.

Mi pareja sabe que tengo este fetichismo desde siempre, y una vez, por carnaval se llegó a comprar un disfraz de policía para así cumplir mi fantasía… pero vamos, aunque la intención fue buena, ya os digo yo que no es igual porque anda que no son cutres esos disfraces, jeje.

Por eso mismo tenemos hablado que si un día pudiese llevar a cabo mi fantasía con un uniformado de verdad, técnicamente no sería ni cuernos ni infidelidad porque cumplir algo así no se hace todos los días.

Así que si me lee alguno que pertenezca a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (o parecido, que tampoco me voy a poner tiquismiquis), que sepáis que hacer feliz a una persona os costaría bastante poco…

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El bueno, el feo y el malo

El bueno, el feo y el malo

De las primeras veces que haces algo en la vida,  nunca te olvidas. Así, queda guardada en tu memoria la primera vez que vas a una discoteca, la primera vez que fumas, la primera paja, el primer polvo…y el primer trío.

Fue un sábado noche, que había salido con mis amigos (heteros) para celebrar el cumpleaños de uno de ellos y volví a casa bastante más alcoholizado de lo habitual. Además, dos colegas habían acabado la noche enseñando el culo por la calle (es lo que tiene beber mucho) y eso había hecho que volviera calentito a casa, con lo que sabía que no iba a coger el sueño si no me la cascaba antes de acostarme.

Sin embargo aquella noche no me apetecía terminarla de esa forma, así que entré en Internet por si aún podía follar con alguien. Serían ya como las cuatro de la mañana cuando contacté con un tío que me dijo que vivía con su pareja, y que les apetecía pegar un polvete con un tercero. En lugar de mandarnos fotos para vernos, decidimos poner la cam.

El chaval con el que hablaba era moreno, guapete, y por lo que se veía, de cuerpo bastante fibrado. Sin embargo, su pareja, que estaba sentado al lado de él sin hablar mucho , no me gustó nada. Era un hombre bastante mas mayor, con algo de barriga, y sin atractivo ninguno. Aún así, con el calentón que llevaba, la experiencia nueva y que de los dos de la pareja, al menos uno sí me gustaba bastante, accedí a quedar con ellos. Como vivían en una localidad cercana a mi ciudad, y a mí no me apetecía coger el coche (tampoco yo estaba en condiciones), me dijeron que vendrían ellos a recogerme y que tardarían una media hora.

(Cuando me bajé a la calle a esperarles, recuerdo que me vino a la mente que me iba a ir con dos desconocidos en un coche ajeno, y que si en ese momento me querían secuestrar y sacarme los riñones, nadie se iba a enterar de nada. Por suerte, la gente no suele ser así.)

Al poco rato, un coche azul marino grande, paró junto a mí, me abrieron la puerta y me senté detrás. Conducía el que me gustaba y de copiloto iba su pareja, el señor mayor. Nada más verlo pensé que no me había equivocado en mi apreciación inicial, y hasta le saqué un parecido, en concreto con Jose Luis Moreno, que bueno, como productor/showman o lo que sea ahora no sé como le irá, pero vamos, excitarme, a mi no me ha excitado nunca.

LLegamos a su casa, un chalet alejado de la carretera, y nada más entrar el tío que me gustaba me invitó a una copa, mientras Jose Luis (le voy a llamar así, porque no recuerdo sus nombres reales) no quiso tomar nada. Me senté en el sofá entre los dos y al poco rato ya empezaron a meterme mano. El guapo comenzó a besarme mientras el mayor fue directamente a mi bragueta.

A mí la situación me parecía muy morbosa desde que había entrado por la puerta, así que el empalme que llevaba ya era monumental. Jose Luis nada mas verme la polla, comenzó a mamarla, mientras yo seguía morreándome con su novio que era quien de verdad me gustaba.

Poco a poco empezamos a quitarnos la ropa los tres y cuando ya estuvimos en bolas, me llevaron a su habitación.

El guapo se tumbó sobre la cama y yo fui directamente a chuparle el rabo que en ese momento ya estaba apuntando al techo. Jose Luis, mientras se puso detrás de mí para poder comerme el culo.

Recuerdo que yo alternaba la polla del guapo con sus huevos, y después le besaba, y nos decíamos frases que nos iban excitando aún más. Se notaba que estábamos disfrutando los dos.

En ese momento, Jose Luis dejó mi culete y se tumbó al lado de su novio, enfocándome con su polla a la cara para que también yo se la chupase.

A mí mientras el hombre estaba o detrás de mí, o chupándome el rabo, la verdad es que estaba disfrutando del trío (porque no le veía), pero como a mí él hombre no me ponía absolutamente nada, la idea de chupársela, pues tampoco…. Así que seguí chupándosela a su novio, mientras pajeaba a Joseluis, sin mirarle.

El hombre aunque se dejaba hacer, quería algo más, claro. Intentó besar a su novio pero el novio no dejaba de morrerase conmigo a cada rato, con lo que también pasaba un poco de él (yo ahí pensé ya que si su pareja no le prestaba demasiada atención, tampoco iba a hacerlo yo…).

Al poco, el guapo se puso detrás de mí a la altura de mi culete y empezó a restregarme el rabo. Teniendo delante a Jose Luis que repito, no me gustaba nada, lo único que se me ocurrió fue comenzar a besarle en el cuello y así evitaba tener contacto visual con él.

El guapo, ya muy excitado, me dijo que iba a ir por un condón porque me quería follar, que no iba a desperdiciar un culete así de dispuesto. Le dije que sí, que yo también quería, que él me gustaba mucho…Fue en ese momento cuando Jose Luis, con evidente cara de cabreo, se levantó de golpe de la cama y se fue sin decir nada.

Yo me quedé un poco mosqueado por la situación. Le pregunté si esa reacción era normal y me dijo que sí,  que  su pareja siempre tenia que montar un número, y  que no le diese ninguna importancia.

Y que me iba a follar igualmente.

Hasta que de pronto se oyó un portazo tremendo. Ahí ya el guapo me dijo que iba a ver qué le pasaba al novio…

La discusión que oí desde el cuarto, a gritos, fue tremenda: El joven le echaba en cara que montase como siempre un circo, que era muy dramático y que estaba aburrido ya de todas sus movidas. El otro, también chillando, le decía que todos le gustaban más que él, que siempre le dejaba de lado y cosas así

Yo me asomé al pasillo y para rebajar el tono dije que me iba a vestir y me iba, que no era plan seguir ahí en esa situación.

Me volví a la habitación a cambiarme y al instante llegó el guapete pidiéndome disculpas por todo, y que no era plan que yo me fuese así. Se agachó y comenzó a hacerme una mamada mientras me tocaba el culo .

Yo la verdad es que en ese momento flipé, pero como el tio me molaba, la polla la verdad es que al segundo volvió a ponerse firme. Encima tenía el agobio de que si Jose Luis salía de la habitación en donde se había encerrado y volvía y pillaba a su novio tragando tranquilamente, la situación podía volverse aún mas dramática.

Al poco noté como el orgasmo me venía y solté el semen sobre su pecho justo cuando oía como el novio abría su habitación y salía al pasillo.

El chico se limpió rápido y salió a atender al novio como si nada.

Me vestí y el guapete me dijo que me acercaba a casa. El otro,nada más oír eso dijo que él también me acompañaba, supongo que por miedo a que me liase con el otro en el coche  o algo.

La vuelta se hizo totalmente en silencio y ya al llegar a casa y despedirme el chaval me dijo que sentía la noche que me habían dado, me dio un beso, y me guiñó un ojo. (Su pareja, ni me miró)

Gracias a esta primera experiencia, surrealista como pocas, me gustaría aconsejar lo siguiente:

  •  A las parejas: Si váis a hacer un trío, por favor, tened claras las cosas, porque por lo que he podido comprobar, siempre es uno el que arrastra al otro a hacer algo así, y eso, creedme, en la cama, se nota.
  • A los novatos: Intentad que si vais a estar con una pareja, os gusten las dos personas con las que vais a acostaros, porque de verdad que se pasa mucho mejor.

Posteriormente he hecho otros tríos y aunque las situaciones mejoraron progresivamente, creo que es de las pocas fantasías que he realizado  en la vida real que no han sido ni de coña tan morbosas como me imaginaba.

Sí que es cierto que mis tríos nunca han sido como los que se ven en las películas de todos follando con todos, dobles penetraciones o cosas así, tal vez por eso me sigue excitando más verlo en la ficción que recordar las experiencias que yo mismo he tenido.

¿Y vosotr@s que experiencias teneis con tríos?

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In & Out

In & Out

Es curioso cómo funciona la mente humana, que si hay situaciones que quedan marcadas en ella, pasen los años que pasen, se recuerdan como si no hubiese pasado el tiempo.

Mi salida del armario ante Raquel, es una de ellas.

Si bien tenía claro que tenía que decirle ya algo desde hacía tiempo, el “chantaje” de Guillermo había acelerado esa necesidad. El problema era que no encontraba nunca el momento oportuno en que tenía que decírselo. El saber que yo a ella le gustaba, tampoco facilitaba las cosas.

A lo largo de mi vida ha habido gente con la que me ha sido muy fácil contarles que soy gay, pero con otras, por distintos motivos, me ha resultado muy difícil, optando muchas veces por no decir nada, con todo lo que ello significa.

Fue una tarde, en la que le estaba acercando en coche a su casa, y hablando un poco de todo, no sé porqué llegamos a hablar del tema de la fidelidad, los cuernos, los engaños y…la sinceridad. Fue entonces cuando me dijo si yo me consideraba una persona sincera, y yo le dije que sí, claro, que en términos generales sí, aunque bueno….

“Bueno….?” – repitió ella-

“Nadie es totalmente sincero, todos ocultamos algo” -dije yo, aplicando el clásico mal de muchos…

“Pues yo sí soy sincera, y me gusta que la gente a mi alrededor también lo sea…¿Tienes algo que contarme?” -replicó ella-

(Esa pregunta me intranquilizó: ¿Me estaba dando pie a que le explicase el tema, o me parecía a mí?)

Fue entonces cuando me armé de valor, y empecé.

“Es que…bueno… hay algo que no sabes de mí” -dije yo notando ya que se me aceleraba el corazón-.

“Dime, dime, soy toda oídos. A ver que es eso que me vas a contar” -dijo Raquel, con un tono entre nerviosa e intrigada-

“A ver…Raquel…yo…a mí…bueno…que me gustan los tíos. Que soy gay… Ya está, ya lo he dicho” -dije al final sin quitar los ojos de la carretera-

Y entonces, ella muy fríamente, con actitud casi de enfado, me dijo:

“Ya era hora, lo sabía desde hace meses”.

Yo fue oír eso, frenar el coche en seco y buscar un sitio donde aparcar porque justo esa frase no era la que yo esperaba, la verdad, y eso lo teníamos que hablar.

Resulta que un buen día Raquel fue a casa de Guillermo justamente cuando él y yo estábamos en medio de una de nuestras charlas por Messenger, la sentó frente al ordenador, y él sólo tuvo que dirigirme haciendo las preguntas oportunas para que yo cantase de lo lindo ante ella.

Me comentó que su primera reacción fue de cabreo, y de bajón, más que nada porque yo era otro gay que se acercaba a su vida (es lo que tiene ser una mariliendre de libro), pero que no le quedaba otra que asumirlo.

Lo que sí le cabreaba más es que yo no tuviese la suficiente confianza con ella para contarle algo así, y más sabiendo lo abierta que era ella con esos temas (esta reacción de enfado por no haberlo dicho antes suele ser muy habitual en estos casos).

Yo en ese momento no entendía nada. ¿Si Raquel sabía lo mío desde hace tiempo para qué me puso un ultimátum Guillermo? ¿Era un juego de los dos? En ese instante  la verdad es que poco me importaba ya, porque para mi había sido como quitarme un peso de encima, y aunque ella estaba cabreada por no habérselo dicho antes, la situación se podía reconducir.

Lo único negativo es que después me comentó que no sólo lo sabía ella, sino que entre ella y Guillermo se lo habían ido comentando a todo el mundo que me conocía. Por aquel entonces el grupo se componía de amigos y de amigos de amigos y por cualquier persona que le preguntaba, me decía que sí, que también lo sabía. Incluso gente que habíamos conocido igual hacía dos semanas, esas personas también sabían que yo era gay.

Eso la verdad es que sí que me molestó, porque no sé, tampoco es plan conocer de nuevas a alguien y darte cuenta ahora que sabían mucho más de mí que yo de ellos, y que supiesen cosas como ésta, no me hizo especial gracia.

Los días siguientes incluso me rayé un poco con el tema, porque pensé si no me habrían puesto algún mote tipo el marica armarizado, o se burlaban de mí de algún modo…

A los dos días quedamos todos y la verdad es que su reacción fue bastante buena, mejor de la que yo esperaba. Más que nada porque me seguían tratando de la misma forma en que me trataban antes, ni mejor ni peor, y eso era justo lo que yo quería.

(Nunca me ha gustado el tipo de gente que cuando se entera de algo así, te empiezan a preguntar si te has acostado con fulanito, si te gusta menganito, si eres pasivo, activo o qué sé yo, para mí la mejor reacción en estos casos siempre ha sido la indiferencia).

Con Guillermo, sin embargo,  sí que me fui aparte del grupo porque tenía que hablar de algunos asuntos pendientes. Yo, aunque realmente no estaba cabreado con él por  hacerme un outing de esa forma, sí que estaba dolido, y encima estaba el tema de la grabación de la paja por cam que os comenté en Rec.

Pero claro, esa grabación nunca existió (aunque yo a estas alturas sigo sin tenerlo claro)  y de existir, mucho menos hubiera estado dispuesto a enseñárselo a Raquel, o eso me dijo,  pero que simplemente funcionó para que yo hiciese lo que tenía que hacer.

A día de hoy, la relación con Guillermo, aunque sigue existiendo, nunca llegó a ser tan de confianza como aquellos primeros meses, y aunque siempre le agradezco la “ayuda” que me prestó esos días, no creo que fueran las formas más adecuadas.

Por cierto que aunque he dicho que todo el mundo sabía que era gay, no es cierto, porque María, que si os acordáis fue la compañera de clase que me puso en contacto con Raquel y compañía, era la única del grupo a la que no le habían contado nada (nunca había salido el tema con ella, me dijeron), y eso, tarde o temprano habría que remediarlo.

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(Ah, se me olvidaba…¡¡Felices Fiestas a tod@s!!)

[Rec]

[Rec]

Aunque la invención de la webcam haya sido para comunicarse entre personas, sobre todo alejadas geográficamente, para mí el único sentido que ha tenido siempre ha sido el de poder hacerse pajas con alguien. Ver y ser visto. Y punto.

Si bien ahora hay páginas dedicadas a eso, y de las que os hablaré en algún post próximo, yo lo hacía siempre a través del Messenger (anterior al Skype actual).

De las primeras veces que lo hice, no tengo demasiados recuerdos, pero sí de una en concreto que no creo que pueda olvidar nunca.

Para que os pongáis en contexto, estábamos en un momento en el que Guillermo ya sabía que yo era gay, y aunque la relación entre nosotros como amigos funcionaba bastante bien, yo seguía con la esperanza de ver si en algún momento podía ser algo mas.

Pero claro, él estaba tan bueno, que hacía surgir en mí todas mis inseguridades.

Ademas, estando con los demás del grupo, nunca teníamos momentos para nosotros solos, salvo alguna que otra charla esporádica.

Donde más me desahogaba con él era, por tanto, a través del Messenger ya que como yo siempre he tenido más facilidad de palabra que otra cosa, ahí, sin cortarme, podía decirle las cosas y ser yo mismo.

Sin embargo, pronto  me dejó claro que entre nosotros no iba a haber nada más porque no era el tipo de personas que a él le gustaban (tios buenorros, suelen buscar tios buenorros).

(¡Venga, digamos todos un Oooooooooh bien alto!)

Pero durante esas conversaciones también me di cuenta de que en cuestión de morbos, eso sí, eramos bastante parecidos.

Un día, hablando, me dijo que pusiese la cam, que me quería ver. Recuerdo que ese día hacía bastante fresco y cuando la conecté me sorprendió verlo a él en camiseta de tirantes, marcando pectorales y musculitos. Él estaba bueno, lo sabía y le gustaba que se lo dijesen.

En el buen término de la palabra, me di cuenta de que Guillermo era un buen calientapollas, y yo también quise seguir jugando.

Cuando le vi así vestido (o desvestido, según se mire), yo, para no ser menos, me quité el suéter que llevaba para que me viese en camiseta. Yo, aunque nunca he estado cachas, el tiempo empleado en la piscina algo se me notaba, así que no quería ser menos.

Pronto empezamos a calentarnos. Él me dijo que se iba a quitar la camiseta y después de hacerlo, vi como también (fuera de cámara) se quitaba los gayumbos con la excusa de que quería enseñarme de qué tipo eran los que él usaba (boxers de marca).

Me dijo que hiciera lo mismo y entre risas y tonterías, también lo hice, enseñándoselos a la cámara.

Yo ya estaba a tope, pero intentaba no ir por delante de él, porque no tenía claro hasta donde estaría él dispuesto a llegar.

Sin embargo, no contaba con que en esos casos, una parte de mi cuerpo cobra vida propia, y sin darme cuenta de lo que estaba enseñando yo por la cam, me dijo que por debajo me estaba asomando el periscopio…

En ese momento me entró la risa floja, y ya vi que bueno de perdidos al río  y bajé la cam hacia mi entrepierna para que viese cómo me estaba poniendo Guillermo la polla …

Él hizo lo mismo con su cam, y después de verle el cuerpo entero (depilado y con buen rabo, sin pasarse), empezamos a masturbarnos diciéndonos todas las guarradas que se nos ocurrían. De vez en cuando me ordenaba que me levantase, que me pasase el dedo por los pezones, que enseñase el culete y yo lo hacía todo.

El después hacía lo mismo que yo, así que pasamos un buen rato disfrutando del morbo del otro hasta que notamos que el calentón ya nos podía demasiado y que nos iban a explotar los huevos.

Cuando yo me caliento mucho, lubrico bastante (de jovencito llegué a consultarle al médico y todo) y eso sólo significa que la corrida será de las buenas. En ese caso fue así.  Como Guillermo me gustaba desde hace tiempo, y ya tenía claro que eso era lo máximo a lo que podía llegar con él, el momento del orgasmo fue tal que me llegó la leche hasta mi propia boca.

El vio eso, y no tardó ni dos segundos en correrse, claro, diciéndome a continuación que no sabía que yo podía llegar a ser tan morboso (aunque yo de primeras parezco tímido, a mi me calientas un poco y parezco otro).

A los dos días, habíamos quedado con el resto de la tropa (César, María, Raquel…) para cenar, y en un apartado le hablé de lo de la paja.

El dijo que era una cosa entre amigos, que no había que darle ninguna importancia, y que le había sorprendido verme tan excitado. Tanto, que de vez en cuando se ponía el vídeo porque le hacía gracia recordarlo…

Yo en ese momento no tenía ni idea de que se podían  hacer capturas de cam, así que aún le pregunté (tonto de mí) que de qué vídeo me estaba hablando.

Cuando me explicó, me agobié bastante.  Enseguida le dije que lo borrase, que de qué iba, que éramos colegas, que para qué lo quería…hasta que me dijo que simplemente lo quería guardar para a ver si así me “espoleaba un poco” y era capaz ya de decirle a Raquel que yo era gay, que era su amiga y que ya tocaba…

Ahí fue cuando pensé que Guillermo no sólo era un buen calientapollas, como ya había comprobado, sino que también era un auténtico gilipollas, como me estaba demostrando en ese momento.

No contento con eso, el colega me dio hasta un ultimátum, ya que si antes de fin de año no salía del armario, le enseñaría el vídeo a Raquel para que hablara por si solo.

Ah, y todo esto lo decía con su cachondeo habitual,  con sus risas y coñas,  que a mí en ese momento no me hacían ni puñetera gracia.

Yo en ese momento recuerdo que me quedé como en estado de shock, y como estábamos con más gente, tuve que disimular bastante.

Por un lado pensé que estaba tomándome el pelo y que ni me había grabado ni nada, que así era él. Pero por otro lado…llevaba mucho tiempo diciéndome que tenía que hacer un outing y que si no lo hacía yo iba a hacerlo él.

Por cierto que ahí comprendí esa frase tan manida que del amor al odio se pasa en un minuto, porque en esa cena, lo que yo sentí por Guillermo ya fue justamente eso.

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El Graduado

El Graduado

En paralelo a lo que me iba ocurriendo en la vida real, con el tema de Raquel y Guillermo, yo seguía cultivando mi vida virtual, buscando gente para pegar un polvo de vez en cuando.

A Andrés le conocí un domingo por la tarde y en este caso tenía bien claro que lo único que iba a haber entre nosotros, era un revolcón.

Así como en otros casos, sí que esperaba, al menos indirectamente, quedar para follar y a ver si de paso podía surgir algo más (aunque igual no conscientemente, en el fondo sí lo hacía), en el caso de Andrés, el interés era puramente sexual.

Más que nada porque me llevaba más de 20 años.

Si yo por aquel entonces debía contar con unos 23 o 24 años, él tenía ya 46, aunque como se dice en estos casos, muy bien llevados.

Cuando contactamos por Internet, y me dijo su edad, mi primera reacción recuerdo que fue decirle lo típico de “eres demasiado mayor para mí”, pero seguimos hablando y me dí cuenta de que en el fondo me atraía el hecho de poder estar con alguien de esa edad. Siempre he tenido muchas fantasías y morbos, y una de ellas, era esa. Después de la charla, me mandó una foto y ya me ganó del todo.

Andrés, era moreno, algo más bajo que yo, y en la foto que me mandaba iba vestido con traje (era comercial). A mí los tíos con traje, pues qué queréis que os diga, siempre me han dado morbo. Así que se lo dije, y le comenté si no le importaba (aunque fuese domingo), esperarme así vestido en su casa.

Y me dijo que sí, claro.

Cuando llegué a su casa y me abrió la puerta, con un traje gris oscuro, su camisa y su corbata, flipé.

La típica charla para romper un poco el hielo y luego ya empezamos a meternos mano. En un momento dado me puse de pié y le dije que él también lo hiciera, para así poder desnudarle yo mismo.

Recuerdo que el hecho tener delante de mí a un madurito, trajeado, y que se iba dejando desnudar poco a poco, hizo que se me fuese poniendo la polla a mil.

Empecé por los zapatos, calcetines y luego los pantalones, hasta que le dejé en calzoncillos. Llevaba unos gayumbos blancos, y el empalme ya en ese momento era más que evidente.

Luego le desabroché la camisa botón a botón, calentándole todavía más. Intenté desanudarle la corbata, pero no pude, así que le cogí de ella como si fuese una correa y me lo llevé a la cama.

Si eso había sido morboso, follar con él fue una gozada. El era bastante versátil así que si primero se dejó hacer de todo, después, adoptando el rol de activo, me reventó a mí por todos lados.

Una vez acabamos, me despedí y me fui para mi casa.

Así como otras veces me iba pensando que ojalá volviésemos a encontrarnos, en ese caso no fue así, porque había cumplido una fantasía, la había disfrutado y pensaba que eso era todo.

Sin embargo no podía estar más equivocado…

Al día siguiente, Andrés me mandó un sms diciéndome lo mucho que había disfrutado. Él acababa de salir de una relación de muchos años y me dijo que esa tarde necesitaba algo así, pero que quería que lo volviésemos a repetir.

Y fui esa misma noche. Y dos días después volví a ir. Y otra tarde, y luego otra…

En total fue una relación que se alargó durante casi 6 meses. Una relación basada únicamente en el sexo, por lo menos por mi parte, porque en ese sentido sí que me enganché muchísimo.

Además, es que en cuestión de morbos también éramos parecidos, y siempre me esperaba vestido de traje, aunque fuese fin de semana,  para poder disfrutar de esa fantasía mía.

También le gustaba, como a mí, follar en sitios que no tenían porqué ser la cama, así que durante ese tiempo, follamos en la cocina, mesa del comedor, la ducha…incluso en el cuarto de contadores de su finca, un día que saltó la instalación eléctrica y lo bajamos a arreglar.

Después de follar, muchas veces me quedaba a cenar, a dormir, algunas a desayunar, veíamos alguna película, oíamos música, etc.

Fue una relación perfecta durante ese tiempo salvo que no salíamos de su casa…nunca.

Él al principio dijo que entendía mis reparos, por la diferencia de edad, por el qué dirán. Pero con el tiempo, él tenía la esperanza de que yo pudiese cambiar, que algún día no muy lejano, consiguiese superar esos “miedos” e iniciar una relación sentimental con él.

Sin embargo, aunque lo pasaba muy bien estando a su lado, eso nunca pasó.

Aparte, como dije al principio, esto sucedía cuando poco a poco me iba abriendo al mundo gay, a través de mi salida del armario con Guillermo, o mi amistad con Raquel, pero entendía que en esa parte de mi vida, Andrés no me aportaba nada realmente.

¿Y por qué no paré esa relación tiempo antes si sabía que no iba a ningún lado? Pues porque disfrutaba mucho follando con él, eso lo primero. Y lo segundo porque fue la primera vez en que me di cuenta que el sentirse querido por alguien también se disfrutaba, aunque realmente yo no estuviese sintiendo exactamente lo mismo por él.

Llegó un momento en que supe que eso tenía que acabar, y siempre que iba a su casa, iba con la intención de cortar con él, decirle que hasta aquí habíamos llegado, pero acabábamos siempre en la cama (o en el sofá, o en la cocina), y después de eso era difícil decir nada…

Hasta que un día, no aguantó más y explotó. Me dijo que se ahogaba entre las cuatro paredes de su casa, que necesitaba un cambio, salir conmigo a la calle, poder presentarme a algún amigo suyo, algo. Y en ese momento…tampoco pude decirle que era mejor dejarlo, así que nos fuimos al cine, a ver una película (no recuerdo cuál), que me apetecía ver.

Y de camino al cine, pasó lo que tenía que pasar, que unos compañeros (tampoco eran amigos) de la Facultad, me vieron y se pararon a saludarme.

Igual ni se percataron en la existencia de Andrés a mi lado, o si se percataron, tal vez no le dieron ninguna importancia. Pero mi mente no me decía eso, claro.

En el cine, no pude ni seguir el hilo de la película pensando que qué habrían pensado, que estaba claro que sabían que estábamos liados, que qué vergüenza, que si era muy mayor,  que si tal que si cual.

Una vez terminada la película, volvimos a su casa, y hablamos. Y decidimos (mejor dicho, decidí), que lo mejor era dejarlo.

Por él no, por él hubiésemos seguido más tiempo, esperando que yo cambiase, que mi forma de ver las cosas fuese distinta, pero eso, a corto plazo por lo menos con él, no iba a pasar.

A veces me arrepiento un poco porque creo que al alargar la situación tanto en el tiempo el daño que le hice fue aún mayor, pero supongo que de todo se aprende, y aunque a veces siento que igual jugué un poco con él, guardo un buen recuerdo de aquellos meses.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Yo, él y Raquel

Yo, él y Raquel

El día en que Raquel llegó acompañada de sus dos amigos gays, yo no le quité ojo al más alto, Guillermo. Yo mido casi 1,80 y él me sacaba prácticamente una cabeza. Rubio, de ojos azules, parecía nórdico más que español. El otro, César, era todo lo contrario, moreno, bajito y regordete.

Ellos, aunque en ese momento no estaban juntos, sí que habían sido pareja, pero de esas que no paran de discutir a todas horas y que se aguantan más como amigos que como novios (aún cortarían y se volverían a juntar tres o cuatro veces más).

Con César, al ser totalmente contrarios la verdad es que yo creo que nos caímos mal desde el minuto uno. El cumplía todos los estereotipos del mundo gay que nunca he soportado: pluma total, hablaba en femenino muchas veces (su frase “que guarra eres, mari” me ponía de los nervios), con ropa superceñida…lo que viene a ser una locaza de toda la vida.

En cambio Guillermo y yo, por ser de un humor similar, casi que enseguida empezamos a llevarnos bien. Ya os he comentado alguna vez que a mí los tios que se pasan de tremendos, suelen hacer en mí que me entre una sensación de inseguridad, como si me acomplejasen, por lo que si intento hablar con alguien así, me salen balbuceos y palabras sin sentido alguno (me ha pasado toda la vida). Pero con él, no, porque como era un tío cachondo, divertido, y con el que me reía mucho, eso me hacía que lo viese como una persona, digamos, “más humana”, más accesible, y eso me provocaba verlo con otros ojos.

Con palabras mas simples: Que Guillermo me ponía calentorro perdido.

Además, él era de los que tenían más acusado el llamado “radar gay”, con el que se supone puedes detectar quién pierde aceite a tu alrededor. (En mi caso, yo creo que nací con ese radar defectuoso porque pocas veces he acertado así en seco).

Pues conmigo, medio en broma medio en serio, se ve que se le activó y cuando empezamos a tener más confianza, me empezaba a picar con ese tema.

Que me gustaba el fútbol, pues él decía que a ver si me iban a gustar los futbolistas y no lo sabía, porque con esos paquetes y culitos que marcaban, no me extrañaba…

Si le decía que en ese momento no tenía novia, me  tiraba los trastos y me soltaba que no podía ser, que con lo guapete que era, a ver si es que yo tenía otra clase de gustos…

Siempre estaba con esas coñas y a mí, la verdad es que me hacía gracia. (Si esas mismas bromas me las hubiese hecho César, me hubiese cogido un mosqueo que para qué, pero como me las hacía el que me ponía la polla como una morcilla de Burgos…).

Así que con el tiempo, viendo que nos llevábamos tan bién, pensé que ya era el momento de confesarle que yo también era gay, que a los dos nos iba lo mismo (y así si había suerte le podía proponer si quería rollo, la verdad).

Lo que pasa es que como por aquél entonces siempre que quedábamos estábamos también con Raquel, o con Raquel y César,  pues no encontraba el momento.

Hasta que un día, que estaba yo de compras por la calle, me lo encontré por casualidad, y le invité a tomar un café.

Y ahí hablando un poco de esto y de lo otro, le dije que tenía que decirle algo que él ya sospechaba, y es que a mí también me iban los tíos.

Yo pensaba que me iba a decir algo en plan: “Ya lo sabía” “Me di cuenta desde el principio” “Vámonos a la cama que ya estamos tardando” o algo así.

Pero no, en su lugar me soltó: “No me jodas. Si yo lo decía de coña. La que se va a llevar un disgusto es Raquel, que tú le gustas y ella piensa que ella a ti también…”.

La verdad es que en ese momento nos quedamos los dos callados sin saber muy bien qué decir. Fue unos segundos verdaderamente incómodos de los que al final salimos con humor, con alguna parida que dijo él que ya no recuerdo.

Quedamos en que no se lo iba a decir a Raquel por el momento, y que más adelante, cuando viese el momento ya hablaría yo con ella.

Si antes éramos amigos, después de mi confesión, la verdad es que lo fuimos todavía más, y muchas veces ya quedábamos los tres solos (él y yo a solas todavía poco).

Imaginaos el panorama, él, Raquel y yo, y de los tres el único que sabía todos nuestros “secretos” era Guillermo.

A mí me molaba Guillermo (aunque eso no se lo había dicho aún) , y yo le molaba a Raquel, con lo que la amistad entre nosotros yo creo que podría llamarse una amistad interesada más bien.

Y eso es algo en lo que siempre he pensado desde aquella época : ¿Pueden dos gays, ser amigos simplemente, sin tener interés sexual? ¿Y un chico y una chica, heteros, también?

Porque en nuestro caso, funcionaba todo porque la tensión sexual existía, por lo menos por una parte de cada “pareja”.

Muchos diréis que sí, que no tiene nada que ver, pero yo siempre me he planteado que en esos casos siempre existe una especie de tensión sexual no resuelta por alguna de las partes.

A ver, no me refiero en otros casos. Evidentemente en  parejas, en los que el chico de un lado y la chica del otro son amigos, por poner un ejemplo, en esos casos sí, pero para mí no cuentan ya que hablamos de, digamos, dos bloques de parejas (yo me entiendo).

Me refiero a casos de hombres/mujeres solteros (me da igual si “enteros” o no), en los que se hacen amigos/as de hombres/mujeres también solteros. En esos casos estoy convencido de que alguno quiere ser más que amigo, aunque la otra parte no se entere.

Por lo menos es lo que pasaba en nuestro caso, que Guillermo no sabía que él me ponía muy cerdo cuando estaba junto a él, y yo no sabía (en teoría) que le subía la temperatura a Raquel, cuando ella estaba conmigo.

Así que en nuestra ignorancia, seguimos siendo amigos durante bastante tiempo, aunque la situación fue poco a poco haciéndose algo más insostenible, sobre todo por la insistencia de Guillermo en que saliese del armario a todos los efectos, lo que no era mi intención.

Aunque eso no tardaría demasiado en pasar, quisiese yo o no.

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