El día en que Raquel llegó acompañada de sus dos amigos gays, yo no le quité ojo al más alto, Guillermo. Yo mido casi 1,80 y él me sacaba prácticamente una cabeza. Rubio, de ojos azules, parecía nórdico más que español. El otro, César, era todo lo contrario, moreno, bajito y regordete.

Ellos, aunque en ese momento no estaban juntos, sí que habían sido pareja, pero de esas que no paran de discutir a todas horas y que se aguantan más como amigos que como novios (aún cortarían y se volverían a juntar tres o cuatro veces más).

Con César, al ser totalmente contrarios la verdad es que yo creo que nos caímos mal desde el minuto uno. El cumplía todos los estereotipos del mundo gay que nunca he soportado: pluma total, hablaba en femenino muchas veces (su frase “que guarra eres, mari” me ponía de los nervios), con ropa superceñida…lo que viene a ser una locaza de toda la vida.

En cambio Guillermo y yo, por ser de un humor similar, casi que enseguida empezamos a llevarnos bien. Ya os he comentado alguna vez que a mí los tios que se pasan de tremendos, suelen hacer en mí que me entre una sensación de inseguridad, como si me acomplejasen, por lo que si intento hablar con alguien así, me salen balbuceos y palabras sin sentido alguno (me ha pasado toda la vida). Pero con él, no, porque como era un tío cachondo, divertido, y con el que me reía mucho, eso me hacía que lo viese como una persona, digamos, “más humana”, más accesible, y eso me provocaba verlo con otros ojos.

Con palabras mas simples: Que Guillermo me ponía calentorro perdido.

Además, él era de los que tenían más acusado el llamado “radar gay”, con el que se supone puedes detectar quién pierde aceite a tu alrededor. (En mi caso, yo creo que nací con ese radar defectuoso porque pocas veces he acertado así en seco).

Pues conmigo, medio en broma medio en serio, se ve que se le activó y cuando empezamos a tener más confianza, me empezaba a picar con ese tema.

Que me gustaba el fútbol, pues él decía que a ver si me iban a gustar los futbolistas y no lo sabía, porque con esos paquetes y culitos que marcaban, no me extrañaba…

Si le decía que en ese momento no tenía novia, me  tiraba los trastos y me soltaba que no podía ser, que con lo guapete que era, a ver si es que yo tenía otra clase de gustos…

Siempre estaba con esas coñas y a mí, la verdad es que me hacía gracia. (Si esas mismas bromas me las hubiese hecho César, me hubiese cogido un mosqueo que para qué, pero como me las hacía el que me ponía la polla como una morcilla de Burgos…).

Así que con el tiempo, viendo que nos llevábamos tan bién, pensé que ya era el momento de confesarle que yo también era gay, que a los dos nos iba lo mismo (y así si había suerte le podía proponer si quería rollo, la verdad).

Lo que pasa es que como por aquél entonces siempre que quedábamos estábamos también con Raquel, o con Raquel y César,  pues no encontraba el momento.

Hasta que un día, que estaba yo de compras por la calle, me lo encontré por casualidad, y le invité a tomar un café.

Y ahí hablando un poco de esto y de lo otro, le dije que tenía que decirle algo que él ya sospechaba, y es que a mí también me iban los tíos.

Yo pensaba que me iba a decir algo en plan: “Ya lo sabía” “Me di cuenta desde el principio” “Vámonos a la cama que ya estamos tardando” o algo así.

Pero no, en su lugar me soltó: “No me jodas. Si yo lo decía de coña. La que se va a llevar un disgusto es Raquel, que tú le gustas y ella piensa que ella a ti también…”.

La verdad es que en ese momento nos quedamos los dos callados sin saber muy bien qué decir. Fue unos segundos verdaderamente incómodos de los que al final salimos con humor, con alguna parida que dijo él que ya no recuerdo.

Quedamos en que no se lo iba a decir a Raquel por el momento, y que más adelante, cuando viese el momento ya hablaría yo con ella.

Si antes éramos amigos, después de mi confesión, la verdad es que lo fuimos todavía más, y muchas veces ya quedábamos los tres solos (él y yo a solas todavía poco).

Imaginaos el panorama, él, Raquel y yo, y de los tres el único que sabía todos nuestros “secretos” era Guillermo.

A mí me molaba Guillermo (aunque eso no se lo había dicho aún) , y yo le molaba a Raquel, con lo que la amistad entre nosotros yo creo que podría llamarse una amistad interesada más bien.

Y eso es algo en lo que siempre he pensado desde aquella época : ¿Pueden dos gays, ser amigos simplemente, sin tener interés sexual? ¿Y un chico y una chica, heteros, también?

Porque en nuestro caso, funcionaba todo porque la tensión sexual existía, por lo menos por una parte de cada “pareja”.

Muchos diréis que sí, que no tiene nada que ver, pero yo siempre me he planteado que en esos casos siempre existe una especie de tensión sexual no resuelta por alguna de las partes.

A ver, no me refiero en otros casos. Evidentemente en  parejas, en los que el chico de un lado y la chica del otro son amigos, por poner un ejemplo, en esos casos sí, pero para mí no cuentan ya que hablamos de, digamos, dos bloques de parejas (yo me entiendo).

Me refiero a casos de hombres/mujeres solteros (me da igual si “enteros” o no), en los que se hacen amigos/as de hombres/mujeres también solteros. En esos casos estoy convencido de que alguno quiere ser más que amigo, aunque la otra parte no se entere.

Por lo menos es lo que pasaba en nuestro caso, que Guillermo no sabía que él me ponía muy cerdo cuando estaba junto a él, y yo no sabía (en teoría) que le subía la temperatura a Raquel, cuando ella estaba conmigo.

Así que en nuestra ignorancia, seguimos siendo amigos durante bastante tiempo, aunque la situación fue poco a poco haciéndose algo más insostenible, sobre todo por la insistencia de Guillermo en que saliese del armario a todos los efectos, lo que no era mi intención.

Aunque eso no tardaría demasiado en pasar, quisiese yo o no.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Anuncios

11 comentarios en “Yo, él y Raquel

  1. Yo creo que sí que es posible una amistad entre dos gays haya o no tensión sexual (resuelta o no) pero creo que para ello es imprescindible que haya un aprecio bilateral y que los remen en la misma dirección. Me explico, tú puedes ser muy “amigo” de un tío cualquiera pero si a la otra parte le interesas más por el sexo que otra cosa eso no tiene mucho futuro. Al menos a mí me ha pasado varias veces, no porque folles con alguien ya se pierde toda posibilidad de tener amistad.

    ¿Te hicieron un outing? Me has dejado muerto porque los tíos han evolucionado mucho, antes los únicos ejemplos de gays (o al menos los más mediáticos) eran de gays muy exagerados con la pluma y dramáticos pero anda que no hay ahora ejemplos de famosos que siendo gays son también muy masculinos. Aparte que no sé, soy de los que piensan que mucho mejor fuera del armario respirando aire puro que dentro ahogándote con la naftalina pero cada uno es libre de gestionar sus tiempos y tomar sus decisiones porque me imagino que lo pasarías fatal.

    Abrazotes, Pablo.

    Me gusta

    1. Puede que tengas razón y que igual sea cosa mía. Lo que a mí me pasa es que prácticamente lo mismo que valoro en una persona para amistad, es lo que valoro para tener una relación sexual (no siempre es el físico lo más importante) y de ahí que muchas veces confunda las cosas…

      Sobre lo del tema outing ya hablaré más adelante.

      Abrazotes, Christian.

      Me gusta

      1. Yo también valoro lo mismo para una amistad que para una relación sexual pero hay veces que las dos partes no se ponen de acuerdo o simplemente lo que funciona como relación sexual no funciona como amistad o lo que funciona como amistad no funciona como pareja.

        Leyéndote en estos últimos posts me da la impresión de que eres muy sensible.

        Abrazotes, Pablo.

        Me gusta

  2. Yo creo que es posible, cuando dos personas se llevan muy-muy bien ( independientemente del sexo de las personas ) y hay una posibilidad de relación sexual por la orientación de cada uno, llegar a un momento en que uno de los dos piense “pero si tengo una compatibilidad, una complicidad y una afinidad con esta persona que no he conseguido tener con ninguna de las parejas con las que he estado…¿será amor?” Me parece muy fácil que uno de los dos participantes en la relación de amistad llegue en ese caso a confundir los términos, y que la amistad prospere tras el malentendido depende mucho de la reacción del otro/a.
    En tu caso parece que nadie se enteró de a quien le ponía quien, pero sobre todo queda en el aire la pregunta fundamental: tu le ponías a la chica, a ti te ponia Guillermo pero a Guillermo…¿quien le ponía a Guillermo?

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s