Carros de Fuego

Carros de Fuego

No sé si en el resto de España pasa lo mismo, pero aquí en Valencia de un tiempo a esta parte a la gente le ha dado por correr. Bueno, por correr no, más bien por el running, como se dice ahora.

Como Valencia es una ciudad bastante llana, y de tamaño medio,  resulta ideal para practicar este u otros deportes al aire libre.

(Bueno, tengo un amigo que dice que realmente la culpa de este boom la tiene cierto establecimiento de ropa deportiva que la vende muy barata -no voy a hacer publicidad gratuita-, que ha provocado que con esos precios a todo el mundo le haya dado por el deporte, pero eso es otra historia)

Por si no habéis estado nunca por aquí, os diré que hace bastantes años el río Turia, debido a sus crecidas habituales (la última catastrófica fue en el 57) se desvió del casco urbano, utilizándose actualmente su antiguo cauce como zona de esparcimiento y jardines. En total son 9 km de longitud, divididos en 18 tramos, que cruzan la ciudad de lado a lado.

Es por esta zona donde habitualmente conviven corredores, ciclistas y paseantes habituales. Yo soy uno de estos últimos. Siempre me ha gustado ir andando a todos los sitios, así que para acortar de un lado a otro de la ciudad suelo hacer bastante uso de estos jardines.

Y claro, cada vez que me cruzo con esos corredores (perdón, runners) me pongo cardíaco.

Sé que igual queda un poco de viejo verde, soy consciente (y me da un poco igual) pero es que el vestuario deportivo que me llevan cada vez dejan menos a la imaginación ¿no creéis?

Y es que hay que ver cómo ha evolucionado la ropa deportiva en ese sentido. Antes, toda holgada para que el cuerpo pudiese transpirar bien, y ahora cuanto más ajustada y más se marquen los atributos que tienes…mucho mejor

Así que desde que se puso de moda las mallas en tíos, andar por el río es una gozada.

¿Eso qué provoca? Pues que pocas veces mire a la cara de la gente con la que me cruzo, causándome algún que otro “incidente” por ese motivo.

Y es que no es la primera vez que me cruzo con algún conocido/amigo y como yo les voy mirando el paquete cómo les baila de lado a lado, me tienen ellos que parar para decirme que voy como empanao, y que ni les he visto ni nada (para vergüenza mía).

O a veces, cuando corren en parejas, que eso ya es peor, porque yo voy mirando al tío, y es la tía la que me conoce, y cuando me para y le digo que no me había fijado en ella supongo que pensará: claro, no le quitaba ojo a mi novio como para fijarse en mí…

Encima como Valencia es una ciudad en la que frío no es que haga demasiado (y este invierno menos todavía, que andamos todos los dias entre 18-20 grados), la gente corre cada vez con menos ropa.

Muchos sin camiseta directamente, marcando bíceps, tríceps, abdominales y otros muchos músculos que no sabía ni que existían.

Incluso hay zonas de gimnasio al aire libre en el río (gym para pobres les llamo yo), en el que los típicos chulitos de gimnasio, semidesnudos, se dedican a ver quién aguanta más haciendo sentadillas, espalderas y todas esas actividades, entresudados y a la vista de la gente (que a mí que no me digan, pero estoy seguro de que les mola exhibirse).

Y además luego usan las propias fuentes públicas para refrescarse un poco, y claro, la gente no es de piedra, y hace dos días una tía que iba en bici casi se traga un árbol viendo el espectáculo (cosa normal por otro lado).

La lástima para mí, es que con el morbo que me da esa gente, y que no haya tenido yo la suerte de pillar a algún corredor (runner..) o similar, con lo que se me queda en el cajón de las fantasías por cumplir.

Y anda que no tiene que ser morboso pillar a alguno de estos por banda, y cuando vuelvan medio sudados de la calle pegar un buen polvazo mientras se duchan, con todos los músculos así bien marcaditos.

Ahí sí que (me) correría yo bien agusto, jejeje.

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Gigoló europeo

Gigoló europeo

Guillermo y César, que habían sido pareja intermitente durante mucho tiempo, decidieron finalmente cortar del todo y comenzar relaciones cada uno por separado.

Como con César, debido a su carácter, no nos llevábamos ya demasiado bien (a mí siempre me cayó fatal) los demás nos alegramos bastante con su ruptura, tomando todos parte por Guillermo.

Así como yo seguía siendo muy celoso de mi intimidad (recordad que ni dije que había tenido pareja), Guillermo era todo lo contrario, y a partir de entonces, tío que conocía, tío que nos presentaba.

Aunque a él le encantaba fardar de ligues (que eran todos impresionantes), me sorprendió su inseguridad a la hora de relacionarse, puesto que para él era muy importante nuestra opinión antes de volver a tener pareja.

Uno de estos ligues que nos presentaba para su aprobación fue un chico llamado Carlos.

Un domingo quedamos a comer en un bareto al que solíamos ir mucho por aquel entonces. Raquel y yo llegamos unos minutos antes, y nos pusimos a comentar que a ver cómo sería el nuevo chaval que nos traía para que lo juzgase el comité de sabios (como nos hacíamos llamar en plan coña).

Nada más verlo, me sorprendió mucho que no fuera de los típicos tíos de calendario que le solían gustar a Guillermo, ya que este era un chaval de lo más normalito. Al principio no caí, pero cuando se sentó delante mío y se presentó, me di cuenta de que a ese chaval le conocía de algo.

Yo toda mi vida he sido bastante fisonomista, y puede pasar el tiempo que sea, años incluso, que si te he visto una vez, me acordaré siempre. El único problema es saber dónde ubicarte. Es decir, recuerdo que te he visto, pero no sé dónde.

Con Carlos, me pasaba esto ultimo, así que me pasé toda la comida preguntándole de todo por ver si en alguna respuesta recordaba de qué le conocía. Una cosa sí estaba clara, yo me acordaba de él, pero él no recordaba haberme visto nunca.

No fue hasta los postres cuando de pronto me vino a la mente:

¡¡Le había visto en CAM4!!.

Por si no sabéis de qué hablo, cam4 es una página donde gente anónima enseña lo que quiere enseñar sin cortarse ni un pelo y es una gozada para todos los que somos  exhibicionistas – voyeuristas.

(Tengo que reconocer que yo mismo tengo perfil abierto en esa página aunque hace bastante que no emito, aunque sí que sigo entrando de vez en cuando para ver el panorama)

En los años de los que hablo, el enganche que tenía con esa página era bastante fuerte y en una de ésas me acuerdo de haber visto a Carlos.

Generalmente la gente emitía sin caras, pero me acordaba precisamente de la suya porque hacía poco que le había estado viendo como emitía, y era un cerdo de tomo y lomo. Para que os hagáis una idea, en el momento en el que le vi la cara estaba metiéndose un consolador enorme por el culo, subido encima de una silla. Al agacharse para coger el dildo y chuparlo, fue cuando se le vio el careto, motivo por el que me acordaba de él.

Yo para unas cosas soy bastante tímido, pero para otras, según el momento, no me corto ni un pelo, así que en los cafés, aprovechando que Guillermo había ido al servicio y Raquel a hablar por telefono le dije a Carlos que ya recordaba dónde le había visto.

Le comenté incluso cuál era mi perfil en la página y de hecho a él también le sonaba el mío, así que, sin saberlo, ambos nos habíamos visto desnudos por cam (yo emitía sin mostrar el rostro). Le pregunté si Guillermo sabía de su afición y me dijo que sí y que de hecho era por esa página por donde se habían conocido, casualmente.

Una vez se reincorporaron a la mesa Raquel y Guillermo, Carlos, como si tal cosa, repitió la conversación que estábamos teniendo, por lo que en ese momento me di cuenta de que la palabra vergüenza no entraba en su vocabulario.

Pues bien, la relación entre ellos duró bastante poco (cosa lógica porque no era el tipo de tíos que le gustaba a Guillermo), pero ellos mantuvieron la amistad, por lo que seguía viniendo de vez en cuando con nosotros y contando sus experiencias en esa página con todo lujo de detalles.

Así , cuando cam4 empezó a permitir ganar pasta mientras emitías en directo, él se dio de alta y aprovechando que estaba en paro, empezó a sacarse un dinero (que no se puede llamar extra, pues era su único ingreso). Según nos contaba, podía ganar entre 600 y 1.000 euros al mes, sólo por exhibirse.

Además, para evitar que se le reconociese (como hice yo), nos comentaba que había decidido emitir únicamente para América, porque se ve que la página te daba esa opción, y que por la diferencia horaria, incluso se había organizado la jornada de forma que durante el día dormía, y por la noche se exhibía.

(De hecho, según él, las noche que salía de fiesta con nosotros eran una noche de pérdidas  porque a esas horas era cuanto más sacaba)

Asimismo, la página le permitía también emitir shows en privado, por lo que entró en contacto con varios americanos (la mayoría abueletes con pasta) que le pagaban bastante por hacer actuaciones exclusivas para ellos.

Con el tiempo, incluso uno de estos ricachones, le llegó a pagar el viaje a EEUU para que le hiciese allí actuaciones en vivo, que a mi cuando lo comentó, llegué a pensar que a saber que tipo de habitación le tendrían preparada (me imaginaba alguna con arneses colgados del techo o algo así) porque dadas las guarradas que le llegué a ver aquella vez, me puedo imaginar de todo.

A día de hoy el contacto con él es cada vez menor.

El único que sabe más de él es Guillermo, y por lo que cuenta, su forma de vida actualmente está orientada a la webcam, porque vive por y para esa página.

Mis amigos dicen que soy un agorero y un tremendista, pero aparte de que a nivel de Hacienda no sé cómo puede justificar sus ingresos, pienso que lo más preocupante de su vida actual es que, si sigue así ¿no puede estar a un paso de la prostitución?

Acepta dinero y regalos, y vive, actualmente de su cuerpo.

A ver, si le ofreciesen hacer alguna película porno, igual no lo vería de esa forma, me parecería llegado el caso incluso bien, pero lo otro…no lo tengo tan claro.

Aunque también es cierto que si es algo que libremente ha decidido él, tampoco soy yo quién para juzgarlo, ¿no?

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Durante los días siguientes a mi ruptura con Lorenzo, me encontraba fatal. Me sentía muy mal conmigo mismo y aunque tenía claro que era lo mejor que podía haber hecho, esa sensación de malestar me acompañó durante varios días.

Como os comenté, el día antes de cortar definitivamente con mi novio, había conocido a un chaval que aparte de ponerme claras las cosas en mi cabeza, también pretendía ponerme mirando a Cuenca (bonita ciudad, por cierto).

Pues bien, el chaval se puso en contacto conmigo días después, y cuando le dije que volvía a estar soltero, se alegró bastante. Me comentó entonces que ahora sí que podría quedar con él sin remordimientos de ningún tipo, pero entre que estaba yo todavía sin muchas ganas de nada y que realmente no me apetecía salir, le dije que si no le importaba lo mejor era dejarlo para otro día.

Sin embargo, él insistió bastante, y me dijo que si no quería salir de casa, que era él quien vendría a la mía (facilidad absoluta), y así no tendría excusa para decirle que no. A mí me hizo gracia esa actitud suya, de tenerlo todo bastante claro, así que como mis padres estaban fuera el fin de semana, le dije que vale, que viniese a cenar a la mía.

Al poco llegó a mi domicilio (vivíamos cerca). Me gustaba porque era justo lo contrario a Lorenzo, porque si a aquél le dominaba más, digamos, su parte femenina (de ahí el motivo por el que corté), este chico era justo lo contrario, con una actitud supermasculina que me atraía bastante.

Cenamos tranquilamente, charlando un poco de todo, consiguiendo que se me quitase el cenizo que llevaba encima desde hacía días. Despues de cenar, quitando la mesa, recuerdo que se agachó a recoger un cubierto que se le había caído, poniéndose de espaldas a mí. Como no llevaba cinturón, al agacharse, el pantalón se le bajó un poco, dejándome ver claramante que no llevaba calzoncillos porque se le veía el principio del culo (la hucha).

Me dio mucho morbo verlo, claro. Y le pregunté sobre eso. Me dijjo que él no usaba calzoncillos nunca, pero que además le molaba agacharse a veces por la calle por cualquier motivo para que la gente pudiese verle bien el principio de la raja del culete.

(Vamos, que el chaval, como yo, también tenía su puntillo exhibicionista, jeje)

Y yo no sé a vosotros, pero a mí que un tío enseñe “sin querer” el principio del culo, siempre me ha puesto bastante. Si eso lo hace un tío con el culo todo peludo, la verdad es que es bastante desagradable, pero si eso lo hace un tío como este chaval, que encima tenía un muy buen culo (y él lo sabía), el morbo es brutal.

Encima el hecho de que no llevase gayumbos debajo, era algo que también siempre me ha puesto un montón. En la piscina por ejemplo, conozco desde hace años a un par de tíos que tampoco usan calzoncillos, y cada vez que los veo en el vestuario cómo se ponen el pantalón sin nada debajo, a mí se me pone morcillona. Encima luego al verlos en la calle y saber que su polla roza con los vaqueros sin nada más…uffff, es que es algo que siempre me ha puesto a cien.

En ese caso, también me puse como una moto, claro. Y sin preguntarle mucho, cuando se levantó del suelo le metí mano por dentro del pantalón, para sobarle bien las nalgas que tenía (encima tenía el culo duro, el cabrón). Luego la otra mano ya se la pasé por delante, para tocarle bien el paquete que ya lo tenía bastante gordo en ese momento.

Y ahí mismo le bajé los pantalones, y empecé a mamar rabo hasta que no pude más de lo caliente que me puse en unos minutos.

Me lo llevé a mi habitación y seguimos enrollándonos, comiéndonos la boca y las pollas, sin dejar de sobarle en ningún momento ese culo tan bueno que tenía.

Realmente no llegamos a follar (ni él ni yo llevábamos en ese momento condones), pero las pajas y sobeteos que nos metimos, hicieron que disfrutáramos mucho, como se pudo comprobar en la buena corrida que nos pegamos (yo sobre su trasero, claro).

Una vez limpios, le dije que agradecía mucho que hubiese venido esa noche, que era un chico muy majo y que muchas gracias (en resumidas cuentas: que ya se podía ir, vamos).

Pero él me dijo que no tenía porqué agradecerle nada, y que se iba a quedar a dormir conmigo.

Yo recuerdo que le comenté que no, que no hacía falta, y que no solía quedarse a dormir ahí en mi casa nadie (de hecho es de los pocos polvos que pegué en casa de mis padres), y que tampoco tenía tanta confianza con él como para que se quedara.

Pero el insistía en lo contrario, que se iba a quedar (quisiera yo o no) porque además le había dicho que mis padres no venían hasta el lunes, y que por tanto no iba a haber ningún problema.

Ahí me agobié un poco (por haber sido tan bocazas), pero como tampoco quería montar un pollo con alguien a quien yo había invitado a mi casa, a pesar de ser un medio desconocido, le dije que vale, que se quedara a dormir conmigo, aunque he de reconoceros que yo dormí poco.

A las dos horas o así se despertó y al verme que yo no cogía el sueño, se ve que recapacitó y me dijo que si estaba tan incómodo, mejor se iba, que él solo quería ayudar y nada más.

Cuando se fue, en serio que respiré algo aliviado aunque me supo mal por el chaval porque igual sólo quería ayudarme en esa situación y yo lo había malinterpretado.

Pocos días después me volvió a llamar y me dijo si quería que nos volviésemos a ver.

Sin embargo le dije que no, que todavía tenía muy reciente lo de Lorenzo y que ahora mismo no estaba en disposición de empezar nada con nadie más. Por su voz, me di cuenta de que no era la respuesta que esperaba.

Reconozco que a este chico igual lo usé un poco, y tal vez con él hubiese podido pasar algo más (estas cosas nunca se saben) pero las circunstancias eran la que eran, y ésas, aunque él quisiese, no se podían cambiar.

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Transamérica

Transamérica

Los que seguís mi blog os habréis dado cuenta de que me suelen pasar cosas bastante surrealistas. O por lo menos, bastante curiosas. Este fin de semana mismo, me ha pasado una cosa digna de mencionar en este post.

Os cuento. Desde hace bastantes años suelo saludar por la calle a una chica a la que conozco prácticamente desde pequeño. Nunca había hablado con ella ni nada. Solo un saludo cada vez que nos vemos y nada más.

Sin embargo, el sábado me la encontré al lado mio en un semáforo, y a pesar del hola de rigor, pensé en hablar con ella aunque sólo fuese un poco, por educación más que nada, mientras esperábamos a que el semáforo cambiase de color.

Resulta que yo a esta chica la conozco a través de su madre y su hermano pequeño. Cuando yo era nano, iba al colegio con mi abuelo, y en el camino a casa pues te solías encontrar a otros críos como yo, acompañados de sus padres o abuelos, que también iban a mi mismo colegio o a otros del barrio.

Un día, una mujer nos paró para decirnos que siempre se sorprendía al vernos por lo mucho que me parecía yo a su hijo, al que llevaba de la mano. Si que es verdad que nos teníamos un aire, pero tampoco es que me viese yo idéntico al otro crío, sinceramente. Y bueno, lo que son las cosas, a partir de ese momento nos saludábamos cuando nos veíamos. Con el tiempo, también saludaba al padre del crío y tiempo después, a su hermana, que se parecían bastante.

Esa hermana es la chica con la que estaba parado en el semáforo.

Asi que durante los minutos en que el semáforo esperaba a pasar a verde, le pregunté por su madre.

“Falleció hace cuatro años”

Ah, vaya, por eso hacía tanto tiempo que no la veía. Entonces le pregunté por su padre:

“Falleció también, hace dos años”

¡Joer, están todos muertos!, pensé yo. Ya me daba miedo preguntar por su hermano, pero aún así, le pregunté también por él, y su respuesta fue:

“Yo no tengo más hermanos”

Yo ahí pensé: “Pablo, vaya metedura de pata más grande. ¡¡Que estás hablando con esta chica y no sabes quién coño es!! Que se ve que a ésta la saludas por otra cosa y no recuerdas porqué…¡¡ Corre, di algo!!

Así que como ya no sabía de qué la conocía y me sabía muy mal decirle entonces que no tenía ni idea de quién era, le insistí con el tema, preguntándole si yo a ella no la conocía por su hermano, su madre y todo lo que os he contado al principio.

Y ya y me suelta:

“A ver, es que ese chico del que hablas, soy yo”

Yo ahí ya si que no supe qué decir. Me pilló tan a contramano que me quedé mudo. Y a ella también se le notaba incómoda por la conversación que estábamos teniendo.

Solo dije que no tenía ni idea, y ya está. Por suerte, pasó el semáforo a verde y nos despedimos con una sonrisa, sin decir mucho más.

Yo el único contacto que he tenido con trans fue en la época del videoclub porno en el que curraba, que al pillar cerca de donde se ponían a ejercer las prostitutas, pues venían allí a cambiar monedas muchas veces, y la verdad es que se les notaba un montón que eran tíos. Y encima como eran putones verbeneros, pues las pintas que llevaban, las hacían superartificiales, claro.

O a través de la tele, en debates y cosas así, pero en estos casos siempre suelen llevar a gente que den espectáculo y cuanto más cantosas mucho mejor, evidentemente.

Pero es que en el caso de esta chica es que nunca, y cuando digo nunca es NUNCA, hubiese imaginado nada, porque era totalmente una chica. Su voz y todo. Y muy guapa además.

Claro luego empecé a atar cabos, como si estuviese en la película de El Sexto Sentido, y al echar la vista atrás en el tiempo me di cuenta de que realmente nunca jamás la vi junto a su “hermano”. Además, hubo bastante tiempo en el que les perdí la pista a toda la familia (sobre todo al independizarme), por lo que cuadraba el hecho de que yo, al empezar a verla junto a sus padres, pensase enseguida que era la hermana mayor del chaval.

Pues ya está, esa ha sido la anécdota que os quería contar, jeje  ¿curiosa, no?

(Por cierto, la foto de cabecera son Arin Andrews y Katie Hill de Tulsa (Oklahoma, EEUU), y ambos se cambiaron de sexo. Actualmente son pareja. Qué cosas.)

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Infiel

Infiel

Hoy quería hablaros de la infidelidad en pareja.

No entraría aquí todo lo que sean parejas abiertas, tema de cornudos consentidos, tríos, mundo swinger o similares. En esos casos, son ellos los que ponen las reglas en su pareja, y si ambos las aceptan, me parece genial.

(De hecho si os gusta ese mundo podéis leer blogs muy interesantes como el de unhombrelibre o el de cuernosgaybisex).

Yo me refiero a parejas en las que una de las dos partes, engaña a la otra sin su consentimiento. Porque si partimos de que en una relación el tema de la sinceridad es muy importante, la infidelidad rompe justamente con eso.

Dicho esto, he de reconocer que  dos veces en mi vida estuve apunto de ser infiel.

La primera vez fue justamente con Lorenzo, de quien os hablé en el último post. Como ya os conté llegó un momento en que mi relación no podía alargarla más, así que recuerdo que entré un día al chat pidiendo consejos sobre cómo cortar con alguien provocando el menor daño posible y di con un chaval que no vivía demasiado lejos de mi casa. Al notar el estado de agobio en el que me encontraba, me dijo que lo mejor era quedar a tomar algo y así hablarlo cara a cara, que seguro que me iba a sentir mejor.

Estuvimos un rato en una cafetería, y al terminar de la charla me comentó que estaba claro que mi pareja no tenía futuro y me dijo que si quería ir a su casa… Yo accedí, a sabiendas de lo que eso significaba (que no era tonto), pero fue dar unos cuantos pasos y arrepentirme, diciéndole que aunque tenía claro que mi situación no podía continuar así, irme con él en ese momento no era la mejor forma de solucionarlo.  Al día siguiente, cortaba con Lorenzo.

Años después, estando nuevamente en pareja, la cosa no funcionaba nada bien. Digamos que me sentía estancado, y nos empezamos a dar cuenta de que lo nuestro no iba a ninguna parte. Era ya la época del Bender (la aplicación de ligoteo), así que un día de calentón en el que él estaba fuera, me bajé la app, y automáticamente ligué con uno. En ese caso, fui directamente a su domicilio (no sin cuestionarme qué coño estaba haciendo). Subí a su casa, un poco de charla, y cuando ya estábamos en su cama, ambos con los pantalones por los tobillos y ya palotes, me entró un ataque de conciencia brutal, y le dije que me iba. Le comenté que tenía novio, y que aunque no nos iba bien ahora, si me acostaba con él no me lo podría quitar de la cabeza. Yo pensé que se cabrearía, por actuar un poco de calientapollas, pero me dijo que me entendía, y que si no iba a estar agusto era mejor así.

Incluso antes de despedirme de su casa, me dijo una frase que se me quedó grabada:

“tu novio tiene mucha suerte por estar con alguien como tú”

Sin embargo,  para mí era justo al contrario porque yo me sentía bastante mal por aquello, y cuando mi novio volvió de viaje, recuerdo que me costaba mirarle a la cara. Nunca le reconocí lo que pasó, pero sí tuvimos una conversación bastante sincera entre nosotros y aunque nos dimos una segunda oportunidad que pareció funcionar bastante bien, poco tiempo después, cortamos definitivamente.

Si que es cierto que en estas dos veces, mi relación de pareja estaba prácticamente muerta, y aún así no llegué a rematar nada porque no me parecía justo engañar de ese modo a la otra persona (y aparte los remordimientos que me entraron, que fueron increíbles).

Por eso no consigo comprender qué pasa por la mente de una persona que es infiel de forma habitual, y que nunca se llega a cuestionar el daño que puede estar haciendo.

Y es que a lo largo de mi vida he conocido bastantes casos (tanto heteros como gays) de cornudos y corneadores.

Un amigo de mi pareja, de hecho, está casado y con una hija, y a lo largo de bastante tiempo ha tenido una amante fija a la que veía cuando podía, invéntandose mil historias para ir a verla. Y cuando terminó la relación con esa, empezó con otra del mismo modo.

¿La excusa? que su relación con su pareja está rota, pero que si tuviese que divorciarse, el gasto que eso le supondría sería increíble, así que mejor seguir así.

Luego están otros casos que también conozco en el que según ellos hay que diferenciar el amor, del sexo.

De estos conozco a un tío que tiene novia desde hace años, que viven juntos, pero que  es tan machote él que siempre necesita más, y por eso se acuesta con tíos y tías (se reconoce bisexual), sin importarle absolutamente nada.

Lo fuerte es que él siempre dice que está superenamorado de su novia y que una cosa no quita a la otra. Pero a mí engañar de esa forma a alguien que se supone quieres tanto, me chirría un poco.

Y vale que es solo sexo, pero no creo yo que si ella se enterase, el saber ese detalle le aliviaría mucho más (siendo que con los cuernos que lleva la pobre, no cabe ya por la puerta).

Y puedo entender que cada uno es un mundo y que lo que le parece mal a una persona, a otra le parece estupendo (de hecho el tema de la infidelidad suele ser bastante polémico), pero pienso que el engaño en una pareja, nunca puede ser sano.

Por último aclarada mi opinión al respecto, solo queda añadir una cosa más.

Y es que he de reconoceros que la gente infiel, aunque me repelen por todo lo que he explicado (me pongo automáticamente en la piel del cornudo/a), también he de reconocer que me generan una atracción, digamos, malsana, supongo que por esa actitud hipermachorrra que suelen desprender todos ellos y que he podido comprobar más de una vez.

Ya véis, contradicciones que tiene uno…

¿A todo esto, vosotr@s qué pensáis?

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Orgullo y prejuicio

Orgullo y prejuicio

Generalmente por el chat las conversaciones duraban con una persona el tiempo justo para ver si cuadrábamos y quedar para follar. Si en cambio, la cita era de otro tipo, buscando el clásico “algo más”, igual se alargaban un poco las conversaciones, pero tampoco demasiado. Yo por lo menos prefería no eternizar las charlas porque consideraba que en esos casos era mejor el cara a cara, y se conocía mejor a las personas tomando algo.

Sin embargo, y no sé muy bien el motivo, con un chaval (Lorenzo), las conversaciones se alargaron casi un mes, tiempo durante el que hablamos muchísimo. Tanto que cuando fuimos a conocernos en persona, yo creo que ya había surgido algo entre nosotros dos. Y es que nos habíamos dado cuenta de que teníamos gustos muy parecidos en música, cine, política, religión…vamos, en casi todo.

Recuerdo que nos sorprendíamos incluso de que los dos conociésemos películas que nadie conocía o diálogos de esos que te aprendes de alguna serie y que piensas que nada más que tú recuerdas. Eran tonterías, pero que a nosotros nos aceleraba el corazón por el significado que tenían.

Aparte, nos habíamos visto en foto, y los dos nos gustamos desde un principio, así que cuando dijimos de quedar, fuimos ya bastante predispuestos a la cita.

El día que nos vimos, yo fui a recogerle en mi coche a la salida de su trabajo. Era arquitecto, y el estudio donde trabajaba no me pillaba demasiado lejos de mi curro (yo estaba empezando), así que la idea era pasarme a por él y luego irnos a cenar.

Cuando le vi salir, le reconocí enseguida y me pareció incluso más guapo que en las fotos.  Le hice señas, y entró en el coche. Todo era perfecto… hasta que le oí hablar. Y es que tenía bastante pluma. Yo en ese momento recuerdo que me quedé como bloqueado, o más bien, algo decepcionado, pero no se lo dije. Yo en cambio a él  le gusté bastante, porque nada más vernos me dio un morreo bastante largo.

A mí realmente él me gustaba, me gustaba mucho y era la persona con la que más en común tenía de todos los que había conocido hasta ese momento, pero ese handicap siempre iba a estar ahí.

A mí el tema de la pluma es algo que nunca he podido llevar bien. Me podéis llamar de todo si queréis por reconocer algo así, no tengo nada en contra, pero conmigo…no me va. Nunca me ha gustado. Pero como reconocer algo así me parecía de tío demasiado superficial (yo no me lo considero), y además, el chico me parecía muy atractivo (físicamente era mi prototipo) y además lo pasaba genial con él iniciamos una relación.

Lorenzo fue mi primera pareja.

La relación duró en total 9 meses, y he de reconocer, que estaba mucho más agusto con él cuando estábamos entre cuatro paredes, en su casa por ejemplo, que cuando salíamos por ahí. Jamás lo llevé bien. Tampoco es de los que fuesen hablando en plan femenino, tipo locaza, pero sí de los que nada más hablar evidenciaban que era gay por los cuatro costados, y eso me cortaba mucho por la gente alrededor (el famoso qué dirán).

Eso provocó que durante el tiempo que estuve con él, yo llevase triple vida. Y es que si por un lado seguía viviendo mi vida hetero (en el trabajo, familia y amigos de toda la vida), también tenía mi vida gay (con Raquel, Guillermo y compañía) y aparte mi vida de pareja con él. Porque es que durante esos meses, jamás lo presenté a nadie. Yo ahora lo veo absurdo del todo (y cruel) pero durante ese tiempo, y aunque había medio salido del armario, como que aún me avergonzaba reconocer que estaba saliendo con alguien como Lorenzo (y más cuando sabían mi forma de pensar respecto de la pluma).

Lo que sí hacía era salir con amigos suyos, que me acogieron con los brazos abiertos desde el primer momento. Porque Lorenzo, a diferencia mía, sí estaba orgulloso de estar saliendo conmigo. Y eso me hacía sentir todavía más miserable.

Y le quería, porque de verdad os digo que le quería. Además era de esas personas a las que la vida no se lo había puesto nada fácil (era huérfano desde bien jovencito) y tenía unas ganas de querer y ser querido que te atrapaban. Y eso todavía me hacía más difícil hacerle daño del algún modo. Pero era algo que tarde o temprano tenía que acabar.

Así que un día le dije que lo dejábamos, así, sin más. Él en ningun momento se lo esperaba, porque para él la relación iba en términos generales muy bien, así que el mazazo fue tremendo.

Yo no tuve el valor de decirle en ningún momento cuáles eran los motivos reales porque realmente me avergonzaba de ser yo así (y ahora que lo escribo, también), así que le dije que la culpa era mía, que no estaba preparado para tener pareja aún, que lo sentía mucho, que tenía dudas sobre mi sexualidad, y mil cosas más.

A mí verle llorar de verdad que me partió en dos, y los siguientes días que pasé a solas, me sentía como una mierda totalmente, porque sentía que había sido cruel con una persona que no se lo merecía y con la que no había sido sincero en todos los meses que duró la relación.

Me acuerdo que días después me llamó Raquel (mi amiga mariliendre) por otro motivo y fue entonces cuando le reconocí que había tenido pareja durante los últimos meses y que hacía poco que lo habíamos dejado.  La bronca que me cayó por no hablarlo con ella fue monumental, claro, sintiéndose decepcionada por seguir sin tener la confianza suficiente con ella y los demás para contar algo así.

Y tenía razón en todo, pero es que a mí siempre me ha costado mucho abrirme en temas personales con la gente. Tal vez por eso, escribir este blog me está sirviendo mucho más de lo que me imaginaba cuando empecé a hacerlo.

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Catfish

Catfish

Tal y como describían en la serie documental de la MTV y la película del mismo nombre (“Catfish: mentiras en la red” -2010-) hoy quería hablaros de la gente que miente descaradamente por Internet. Bueno, de la gente mentirosa y también de experiencias fallidas con gente conocida en chats o similares.

Del primer grupo, de gente que no dice la verdad o la maquilla a su gusto, conocí algunos casos. Generalmente, la mayoría de veces que pillaba a la gente en mentiras era en casos relacionados con su edad.

Recuerdo que muchos, al llegar a determinados años era como que se estancaban y por miedo a cambiar de década, se quedaban o bien en los 29 o bien en los 39 (o cualquier otra edad acabada en 9).

¿Qué pasaba con eso? pues que luego, cuando quedabas, te decían: “Bueno, es que en realidad, aparento menos” y tú pensabas, sí, bueno, pero no tanto, macho. Que yo recuerdo que di con uno que se había quitado ¡¡11 años!!, y a poco que hablé con él me di cuenta de que mentía (aparte de que era evidente que era mucho mayor que yo).

Y yo sobre esto es algo en lo que siempre he pensado: ¿No es mejor decir tu edad verdadera? Que tampoco sabes si al que está al otro lado le molaban más maduritos que jovencitos, ¿no? Entonces ¿para qué mentir? Pero vamos eso de quitarse años, lo hacían mucho (supongo que la gente lo seguirá haciendo).

Luego también había gente que te pasaba fotos antiguas, de igual menos tiempo, pero donde tenían por ejemplo como 10 o 15 kilos menos, y tu llegabas allí y te decían:“es que no me he hecho aun fotos recientes”. Que tu pensabas, vaya, qué casualidad, ¿no? Porque si has tenido que renovar el vestuario por los kilos de más, también podrías renovar las imágenes que enseñas, ¿verdad? Porque había casos que incluso costaba reconocer a la persona con la que quedabas.

Por otro lado, también estaban los que en el chat parecían una cosa y luego eran otra distinta. No me refiero la gente con la que quedabas para follar, sino aquellos que igual quedabas para tomar un café porque sentías que habías congeniado hablando por Internet, y luego, quedabas en persona y donde dije digo digo Diego, porque realmente muchas veces daba la impresión de haber hablado con otra persona.

¿A vosotros no os pasaba? Porque yo recuerdo haber hablado con gente con la que parecía que era tu alma gemela y luego al conocerle, no había conversación ninguna y era la persona mas distinta a ti que te podías echar a la cara.

Casos distintos eran cuando llegabas y aunque en foto te gustaban, luego en persona físicamente nada de nada.

Recuerdo uno con el que quedé y nada más verlo, me tuve que hacer el tonto por las pintas que me llevaba. En la foto me había parecido un chico normal y cuando nos encontramos, el chaval iba vestido que parecía sacado del circo, con unos pantalones megaajustados, sombrero y una chaqueta con remaches dorados, que era de todo menos discreto.

Me acuerdo que aunque solo nos tomamos un café, la vergüenza que pasé no se me olvidará en la vida porque la gente no dejaba de mirarle, y encima hablaba a grito pelado y con movimientos superamanerados, lo que me resultó todavía más incómodo. Tanto, que acabé mandado un mensaje a un amigo para que me llamase y con una excusa poder largarme (y muy bien debí actuar porque aún quiso quedar conmigo otro día, aunque ya le tuve que decir la famosa frase de “no eres mi tipo”).

Pero no os creáis que era sólo yo quien rechazaba a más de uno, ¿eh? que a mí también me dieron alguna calabaza que otra, como a todos, supongo. Y eso que más o menos me aseguraba gustar antes de quedar con alguno, pero aún así… y yo en esas quedadas me acostumbré a oír de todo:

“Te imaginaba más alto” “Te imaginaba más cachas” “Te imaginaba más guapo” …que muchas veces parecía que había ido a un casting mas que a una cita.

De estos casos que cuento, el peor fue uno que se creía el mas guapo del universo  y aunque me dijo nada más verme que realmente no era lo que él buscaba (ya me lo podía haber dicho por Internet, que me desplacé a su pueblo adrede), aun así tuvimos un rato de conversación, durante la cual me pareció el tío más superficial del mundo (con lo que no me molestó que no le gustase).

Por poner un ejemplo, me dijo que con su exnovio lo había tenido que dejar no hacía mucho porque se había quedado”fofo” y eso él no podía soportarlo (un novio con el que estaba saliendo más de un año, y se ve que no soportaba que hubiese dejado el gimnasio, ya ves tú, eso era amor…)

¿Y por qué os estoy contando hoy todo esto? pues porque he estado releyendo mi blog y me he dado cuenta de que parece que yo era entrar en Internet y besar el santo, y que con todos los que quedaba acababa follando, y eso está bastante alejado de la realidad.

Así que he creído oportuno dejarlo claro antes de comentar más cosas sobre mí, que si estoy contando mi vida, quiero que sea lo más ajustada a la realidad posible, y así nadie se puede llevar a engaños, jeje.

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