“Érase un hombre a un pollón pegado”. Bueno, vale, la frase de Quevedo no era así, pero viene que ni pintada para lo que os quería contar hoy.

Una de las experiencias más bizarras que recuerdo fue con un tío que conocí una noche, chateamos un poco, nos pasamos foto y para su casa que me fui (un clásico).

El chaval vivía con sus padres, pero me dijo que se habían ido de cena y no volverían hasta tarde, así que podríamos estar unas horas tranquilos.

El chico tendría dos o tres años menos que yo, y era alto, rubio y bastante guapo. Después de la charla de rigor, pasamos a su habitación y sin muchos rodeos empezamos a meternos mano.

Al momento veo que un perro tipo pastor alemán, sale de no sé donde y se sube a la cama. Yo le dije que con el perro no me iba a poder concentrar, y que la zoofilia no me iba mucho, así que lo sacó fuera de la habitación y volvimos a la faena.

Empezamos a darnos el lote de nuevo y en eso que se baja los pantalones y ya veo un paquetón como nunca había visto. Lo primero que le dije es si se había metido un calcetín o algo así (lo dije en serio) porque era un paquete descomunal. El chico, algo tímido, me dijo que no, que era todo suyo. Así que le bajé los gayumbos y lo que vi me dejó boquiabierto.

Hasta entonces yo había visto pollones gigantes en las películas, pero de verdad que pensaba que o eran trucajes de cámara o bien eran prótesis que se ponían los actores. Pero ver eso en directo me dejó atontado.

El tamaño de mi polla es mas o menos normal. Bueno, si nos basamos en que la media española es de 13,5 cm, yo esa media la supero, claro, pero es que lo de ese tío era como dos mías, a lo ancho y a lo largo.

No sé cuánto le mediría porque no suelo ir con un metro en los bolsillos y que yo recuerde tampoco le pregunté la medida, pero vamos, para que os hagáis una idea, un poco más y le llegaba por la rodilla.

Sí que es verdad que tiesa, lo que se dice tiesa en ningún momento se le puso porque supongo que tanta sangre ahí dentro le podría provocar que el cerebro se le quedase seco y el organismo eso lo sabía, pero aún así, la polla era espectacular.

Una vez reaccioné, lo primero que hice fue abalanzarme sobre ella y tragar como si no hubiera un mañana, porque cosas así pocas veces se ven, y fue donde encontré otra desventaja de tener un miembro así, aparte de que no se le pusiese tiesa, y es que pasado un rato la mandíbula me dolía un montón. No sé cuanto tiempo estuve pero llegó un momento en que al abrir tanto la boca no lo estaba disfrutando, así que tuve que parar.

Bueno, no sólo paré por eso. Y es que mientras se la chupaba hubo un momento en que noté como una lengua se pasaba por mi culete (y eso que se suponía que estábamos solos en la casa), y fue cuando vi otra vez al perro detrás mio disfrutando más de la cuenta. Ahí ya el chaval lo cogió, lo sacó al pasillo y cerró la puerta de la habitación.

Una vez volvimos a la faena, con el perro ladrando y rascando la puerta porque quería entrar,  el empezó a decir que quería metérmela por detrás, que le apetecía mucho, que a él lo que le gustaba era follar. Yo le dije que era imposible que me pudiese meter eso, que era una barbaridad, pero bueno va, que lo intentábamos, que igual con lubricante… Pero el chaval no tenía lubricante y me dijo que con saliva mismo funcionaría (como si fuese igual).

Yo no lo tenía nada claro, pero por no hacerle un feo (y por morbo por saber qué se podría sentir con algo así ahí dentro) accedí. Fue a por condones y aquí es donde vi otra desventaja más de tener una polla de ese tamaño. Se puso uno, a duras penas,  y la verdad es que la imagen que recuerdo era como ver una ristra de esas de morcillas cuando están anudadas, que yo creo que le cortaba la circulación de la sangre y todo. Un horror, vamos.

Se puso saliva e intentó empezar a penetrarme. Y digo intentó porque estaba claro que eso no iba a entrar. Se lo dije, que era imposible, pero él insistía y empezó a forzar la máquina. Mientras el perro para crear más ambiente, seguía ladrando y aporreando la puerta para poder entrar.

LLegó un momento en que me empecé a agobiar por la situación y le dije que dejase de intentar follarme, porque además ya me estaba haciendo daño, y que si quería se lo hacía yo, a lo cual me dijo que no, que sólo quería follar él, y que dejase de hacerme el “estrecho” porque además sus padres no tardarían en llegar.

Eso ya fue como el remate final y como la verdad es que la noche estaba siendo una mierda, entre el perro, la polla y todo, le dije que tranquilo que sus padres no me iban a encontrar cuando viniesen, así que cogí mi ropa y adiós muy buenas.

Por cierto que tiempo después, en una discoteca coincidimos y el tío aun intentó ligar conmigo (se ve que no se acordaba de mí), pero yo pasé de él, claro, a pesar de su polla.

Y es que en ese caso pude confirmar eso que dicen de que no importa realmente el tamaño sino el saber usarlo, y estaba claro que este chaval no sabía manejar lo que tenía entre las piernas.

(Aunque bueno, por suerte conocí después a otros con miembros de oro que sí sabían usarlo, y eso sí que es otra historia, que ya os contaré en su momento oportuno)

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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10 comentarios en “Boogie Nights

  1. Es que creo que una cosa es una buena polla grande y otra cosa una polla monstruosa. Normalmente a todas esas pollas tan largas y tan gordas suele pasarles lo mismo: que no empalman al 100% y, efectivamente, la boca se te cansa pronto. No hablemos ya de que traten de penetrarte. Una vez conocí a un chico con ese “problema” y también su obsesión era follar, se quejaba de que nadie le dejaba nunca, pero claro, es que para meterte una de esas has de tener muchísima práctica, mucho lubricante del bueno, paciencia y yo qué se cuantas cosas más.

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    1. Yo creo que el problema del chaval es que realmente no sabía lo que se llevaba entre manos, porque ni tenía condones XXL ni lubricante ni nada de nada, y así poco se podía hacer.

      Saludos Marcos.

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  2. Jajaja, ese perro ya había participado en más de una sesión me parece a mi, muy pronto cogió posición detrás tuyo…
    He conocido -de momento- un número bastante limitado de artefactos masculinos y por eso no puedo contarte nada sobre mi experiencia cuando estos aparatos están sobredimensionados pero bueno, tal como lo cuentas tu con dislocamiento de mandíbula incluido pues no me apetece mucho probar con algo tan grande. Yo creo que todo lo que pase de los !3’5 centimetros institucionales y no llegue a los 20, si se sabe utilizar con salero, sale mucho más rentable que algo colosal tanto para el propietario como para el eventual afortunado que lo disfruta.
    Habrá que esperar a leer la experiencia que tuviste con esos expertos que manejan su trailer de 16 ruedas con el mismo control con que otros nos movemos con nuestro R-5, jajaja.
    Abrazos, y que los Reyes sean generosos contigo.

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  3. Pues tendré suerte pero quitando dos, el resto superaban con soltura la media nacional. El caso es que mi peor polvo fue con un venezolano que le media 26 cm (sí, como estáis leyendo), y además a mí me pasa una cosa muy curiosa, si el tío con el que estoy ni se empalma ni se corre pues como que paso porque me lo tomo como que no le he gustado. Y este que no se llegaba a empalmar del todo así que viendo que era imposible hacer algo medio normal con él me acabé volviendo a casa con el calentón a cuestas.

    Abrazotes, Pablo.

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  4. Pues qué queréis que os diga: amí caballo grande ande o no ande aunque sea para disfrute visual jajjajaj. Pobrecito mío, ¿no te dio pena dejarle tan desconsolado? Rin-tin-tín merece una mención especial cinematofráficamente hablando… lo que me he reído 😀

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