Calígula

Calígula

Siempre que me bajo alguna película porno, lo primero que hago es ver si tiene alguna escena de orgías. Es algo que me pone mucho. Y con cuanta más gente sea la orgía, mejor.

A mí esas escenas de 10 o 15 personas follando todos con todos, me vuelven loco. Además me imagino lo que tiene que ser participar en algo así y aún me vuelvo más loco todavía.

Hace algunos años busqué el modo de participar en una.

Como siempre el primer lugar al que acudí fue al chat, a ver si por alguna de aquéllas daba con alguien que organizase algo así. Y di con varios, pero todos resultaron ser un timo.

Lo que hacían era decir en el general que estaban organizando una orgía y que si queria alguien unirse, que les hablasen por privado. Pero cuando les hablabas, al preguntar que de cuánta gente estábamos hablando, te decían “eres el primero” o “contigo ya somos tres” (que eso era un trío, ni orgía ni nada), así que, aunque esperaba, al final acababa pasando del tema porque no se unía nadie mas.

Fracasados mis intentos en el chat, el siguiente paso fue buscar directamente en google (combinaciones en plan orgía+gay+valencia+folleteo+…) hasta que di con una página cuyo nombre ya ni recuerdo. El tema es que era una web que organizaba orgías en plan clandestino. Sólo tenías que registrarte poniendo tu edad,  medidas (altura, peso y polla) si eras activo o pasivo y poco más, y te avisaban por mail de las próximas orgías que organizasen.

Lo curioso del caso es que el local que usaban para las orgías (había fotos de la fachada exterior) lo conocía bien pues estaba bastante próximo a casa de mi amiga Raquel, y cada vez que iba hacia su casa, solía pasar por la puerta.

El lugar era una especie de caserón, muy antiguo, que yo siempre había supuesto que estaba abandonado. Oscuro, con las paredes negras, y lleno de desconchones, se encontraba al final de una calle sin salida, que aún realzaba más el aspecto tétrico y sórdido del conjunto.

Al poco de darme de alta en su página empecé a recibir correos. Se ve que organizaban cada quince días orgías en el lugar, y tenías hasta el jueves (las orgías eran los domingos a las siete) para decidir si te apuntabas o no. En caso de que así fuese, tenías que mandarles un correo confirmando tu presencia y ellos te dirían el santo y seña para poder entrar. Además, con la entrada (que se pagaba allí mismo) iba incluida una consumición (dos bebidas si eras menor de 25 años).

Yo no sé ni la de veces que estuve apunto de enviarles el correo, confirmando, y después arrepintiéndome y no haciéndolo.

Había algo en el tema de organizarlo así, que me asustaba. El hecho de estar todo en ese plan, tan oculto, no me daba ninguna confianza. El aspecto externo del local tampoco ayudaba, y que estuviese cerca de casa de mi amiga Raquel, menos todavía (aunque no ponía nada en el exterior, tampoco sabía si por el barrio la gente conocía algo de ese sitio).

Al final, un día que el calentón me anuló totalmente el cerebro, les envié el correo, confirmando mi asistencia.

He de deciros que además, eran orgías tematizadas. Si un día era en plan carnavales (pedían ir con antifaz) otras eran en plan deportista (con zapas), o con jockstraps (suspensorios, en español), y fue a esta última a la que yo me apunté (me pone mucho esa prenda de vestir en un tío).

Al poco de apuntarme, recibí otro correo, explicándome la contraseña que tenía que decir en la puerta, el precio de la entrada, y un pequeño mapa con las indicaciones para llegar al lugar.

Ese domingo yo estuve nervioso desde primera hora de la mañana, pensando si igual era una locura lo que iba a hacer, pues desconocía exactamente dónde me estaba metiendo.

A las seis y media salí de mi casa, y a las siete en punto estaba ya en la esquina de acceso a la calle del caserón. Tampoco quería ser el primero en entrar así que me quedé dentro del coche, esperando a ver quien entraba, para ya después acudir yo.

Estuve esperando diez minutos y ahí no entró nadie. Pensé que igual la gente esperaba a que fuese un poco más tarde, así que espere un rato más. Media hora después seguía sin entrar nadie a ese lugar. Aun así seguí esperando, pero ya con la mosca detrás de la oreja…

En total estuve allí desde las siete hasta las ocho y cuarto aproximadamente. Una hora y quince minutos escuchando la radio, esperando a que alguien entrase y cagándome en todo también, claro. Al final, con el rabo entre las piernas me fui para mi casa.

Recuerdo que cuando llegué les envié un correo preguntando qué había pasado con la orgía de ese domingo, pero a ese mail nunca me contestaron.

En la web ponía que no podían poner fotos ni nada de las orgías, por privacidad y porque no les parecía ético hacerlo, pero yo ya empecé a pensar si no las ponían porque realmente no existían tales orgías.

Tiempo después recibí un correo en el que indicaban que habían tenido que trasladarse a otro lugar por “circunstancias sobrevenidas”. El nuevo local era ahora un chalet con piscina (había fotos) a las afueras de un pueblo perdido de la mano de Dios, y bastante alejado de Valencia capital.

Al final terminé dándome de baja de la web, quedándome con la duda de si esa organización existió realmente o fue todo un bulo para conseguir no sé exactamente qué.

Por cierto que a día de hoy, sigo sin haber participado en ninguna orgía.

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Los chicos del barrio

Los chicos del barrio

Aunque nunca he vivido en ningún barrio gay de mi ciudad, basta con ponerse una app de ligoteo en el móvil para darse cuenta de que todos vivimos prácticamente rodeados por tíos a los que les gustan los tíos.

En la época en la que pisaba el ambiente, me daba cuenta de eso cada noche que salía por la zona, pues reconocía a algunos de haberlos visto por mi barrio (con mi amigo Quique, por ejemplo, me pasó así).

Otro de estos vecinos, se llamaba Jose. De hecho vivía en una finca que, aunque pertenecía a la misma comunidad de vecinos que mis padres, daba a una calle trasera, por lo que a este lo tenía menos localizado.

Con él en concreto ya había hablado hacía tiempo por el chat y en el momento en que le pasé mi foto, curiosamente él se cayó del mismo, por lo que supuse que no le había gustado nada (había gente que optaba por tomar las de Villadiego en lugar de decir claramente que no eras su tipo).

Por eso me sorprendió que intentase ligar conmigo cuando coincidimos en la discoteca. De hecho le recordé aquella huida y él ni siquiera se acordaba de mí, o por lo menos eso decía. El alcohol se notaba que hacía rato que corría por sus venas, pero como a mí el chico me molaba, decidí seguirle el rollo a ver hasta dónde estaría dispuesto a llegar esa vez.

Y llegamos hasta el final, en su casa, en bolas los dos y sobre su cama (una cama, por cierto, con dosel que aparte de curioso, era lo más parecido a estar en una película de Disney)

He de recordaros que con este fue con quien estrené mi nueva polla y tengo que reconocer que tenía mis miedos por ese motivo. Pero con la cogorza que llevaba el chaval, hubiese dado igual que se acostase conmigo o con un caballo, porque consciente del todo no estuvo en toda la noche, así que ni se fijó en ese detalle ni en nada.

De este chico, sí que me llevé algo que desde entonces es un fetichismo más en mis relaciones y es que nada más empezar con los magreos, empezó a sudar por todo el cuerpo. Pero no lo digo  en plan cerdo, sino más bien en plan morboso. A mi verle esas perlitas de sudor que se le iban formando por la espalda al poco de empezar, me excitaban como no me había pasado nunca.

Lo que se dice follar, esa noche no follamos, porque de verdad que el estado en el que él se encontraba más hubiese sido una violación que otra cosa, aunque sí que nos magreamos todo lo que pudimos hasta acabar en una buena paja. Bueno, miento, acabó él y nada más hacerlo me dio la espalda para dormir la mona, con lo que yo tuve que acabar mirándole su espalda y culete empapado (con esas gotitas de sudor que me estaban volviendo loco).

Acabada la faena, me cambié y me fui, dejándolo dormido en su cama, y pensando lo que ya pensé la primera vez que nos vimos por el chat, que realmente yo no era su tipo. Y es que en el estado en el que venía de la discoteca, a este chaval le hubiese dado igual acostarse conmigo que con cualquier otro.

Semanas después, volvimos a coincidir por las calles del barrio, otra noche que volvíamos de fiesta los dos.

Esa vez, aunque iba menos alcoholizado que la otra, me dijo directamente que llevaba un calentón del quince y que si quería, podía subir a echarle una mano (nunca mejor dicho) ya que los dos volvíamos sin compañía.

Y aunque sabía que iba otra vez a ser su recurso de última hora, allí que me fui de nuevo.

El chico a mí me gustaba, me atraía mucho, pero yo no tenía nada claro lo de que yo le gustase, más bien me usaba para desahogarse y yo me dejaba. Una especie de quid pro quo.

Esa vez nos lo montamos en el sofá, porque era en serio que el calentón que tenía era descomunal, (en el ascensor ya me enseñó la polla toda tiesa que llevaba) y se ve que la cama ya le pillaba demasiado lejos.

Y otra vez al poco de empezar, el chico empezó a sudar por todos sus poros. Yo al abrazarle y notar cómo se me empezaban a resbalar las manos por su cuerpo me excitaba aún mas, porque era como si el chaval se empapase en aceite y esa sensación me encantaba.

Esa noche tampoco follamos, porque estaba claro que el chaval sólo buscaba magreos, mamadas y jueguecitos, pero yo me lo pasé pipa igualmente. El problema vino otra vez en el momento paja, que en cuanto él acabó, me empezó a meter prisa para que hiciese lo mismo, porque era evidente que una vez él se desahogaba, tú le molestabas a su lado.

Recuerdo que aunque esa vez sí se lo recriminé, a él no le pareció importar mucho mi opinión, con lo que una vez terminé mi faena, y como tampoco se le podían pedir peras al olmo, me fui para mi casa que estaba prácticamente al doblar la esquina.

Aún hubo una tercera vez que pude haberme liado con él, porque volvimos a coincidir en un pub, una noche, y otra vez le pillé con ganas (que no había encontrado a otro, vamos).

El tema es que esa vez me comentó que conocía a mi familia de vista pero que no me había dicho nada para que no me agobiase, y que además conocía mucho a un tío mío que también vivía por el barrio. Vamos, que me tenía bastante localizado desde hacía tiempo (cosa que me había negado en un primer momento).

Además también me reconoció que realmente yo no era su tipo ni por asomo, pero que como estaba claro que él me molaba a mí, pues que un apaño de estos de vez en cuando no nos iba a venir mal a ninguno de los dos.

(Y es que se ve que a este chaval el alcohol unas veces le ponía calentorro y otras veces le daba por tener ataques de sinceridad, porque sino, no me explico a qué vino aquella conversación esa noche).

Pero esa vez, supongo que por orgullo, por miedo a que mi familia se fuese a enterar de algo (vivíamos demasiado cerca) o por lo que fuera, le acabé diciendo que no, que para eso mejor me quedaba con mis colegas, y que ya acababa yo pajeándome a solas en mi casa, porque así es como iba a acabar la noche de todos modos.

Aún vi al chaval de vez en cuando por el barrio muchas veces más, y aunque por educación nos seguimos saludando durante un tiempo, una vez cambié de casa le perdí el rastro completamente.

Sin embargo, hace dos semanas le vi corriendo por el río, y verle con la cara empapada de sudor, me hizo recordar esos buenos momentos compartidos.

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La duda

La duda

El pasado fin de semana, quedé con un amigo al que conozco de toda la vida y del que siempre he tenido dudas. Dudas sexuales, para ser más exactos.

El ahora es un perfecto padre de familia, con mujer y con dos hijos, pero aún así, digamos que mis sospechas sobre él siguen intactas como el primer día.

Nos conocemos desde el colegio y nunca le vi interesado en ninguna chica. Es más, le veía más interesado en los tíos que incluso yo mismo. Además, tengo bastantes recuerdos de él, cuando estábamos en los vestuarios, mirando a los demás chicos cómo se desnudaban, del mismo modo que lo hacía yo en aquélla época.

Tras dejar la escuela, perdimos el contacto entre nosotros durante bastante tiempo hasta que por circunstancias de la vida años después, finalizando la carrera, nos reencontramos. Y él, al igual que yo, seguía sin novia.

Y así estuvo durante muchos años hasta que un día, de buenas a primeras, apareció con una chica que le habían presentado unos amigos de sus padres. Fue más o menos en la época en la que yo también pensaba que tenía que buscarme una chica por disimular,  para no dar de qué hablar, por lo que pensé que lo suyo no iba a cuajar de ningún modo, porque yo ya estaba bastante convencido de que él era de mi gremio.

A los pocos meses se casaron en un bodorrio por todo lo alto, así que para esas alturas ya supuse que me había equivocado.

Sin embargo, en la boda también me sorprendió que del grupo de sus amigos, sólo uno tuviera novia, y que los demás, como yo, fuéramos solterones, por lo que las dudas me volvieron a la cabeza.

De hecho fue allí donde conocí a su mejor amigo, un chaval moreno y bien plantado, que también fue sin pareja. Lo curioso es que si hablando con él ese día ya me dio que pensar (fue una sensación en general) tiempo después ya aclaré mis dudas cuando me lo encontré comiéndose la boca con otro en la discoteca de ambiente a la que solía ir. Aún así, que mi amigo tuviera a su vez un buen amigo gay, tampoco demostraba nada por sí solo, aunque era un suma y sigue que seguía dándome que pensar.

Además, cuando se me ocurrió aquella idea de unir mis grupos de amigos gays, con los heteros, aunque resultó una mierda finalmente, mis amigos Guillermo, Raquel y compañía, que para estas cosas son bastante marujones, tampoco tuvieron dudas de que mi amigo era gay, a pesar de estar casado.

Y este fin de semana tuve otra ocasión para seguir con mis dudas, y es que cuando después de cenar salimos un rato, se encontró con un chaval que a mí me sonaba de alguna página de estas de contactos de tíos (ya os he comentado alguna vez que soy buen fisonomista) y aunque mi amigo le saludó, un poco apartado de su mujer y los críos, estaba claro que estaba agobiado por la situación. Luego, cuando le preguntó su mujer, aclaró que lo conocía de un curso (excusa que yo mismo he usado alguna vez para no decir de qué conocía a alguien) e intentó cambiar de tema, visiblemente incómodo.

Pero este no es el único caso de amigos de los que tengo mis dudas.

No hace mucho, un excompañero de trabajo con el que coincidí durante 8 años, y con el que siempre me he llevado muy bien, me ha comentado que se ha echado novia y que si todo va bien el año que viene se casa, y estaré invitado (con lo que disfruto yo en esos saraos…).

En este caso en concreto me llamó la atención una cosa. Y es que nada más presentarse en el curro, a la mínima contaba a quien quisiera escuchar que había tenido novia durante muchos años y que hacia poco que había cortado la relación. Y a mí cuando alguien sin venir a cuento te explica algo así, me acuerdo de un dicho que es: “excusa no pedida, acusación manifiesta”.

Encima el chaval siempre ha estado muy bueno (anda que no me quedaba yo veces mirándole el paquete y culete que marcaba en el trabajo), y que un tío así ni tuviese novia ni alardease de conquistas…raro, raro, raro.

Además, recuerdo una vez, mirando su Facebook, al principio, cuando todo el mundo se lo abría al menos para cotillear a los demás (sí, yo era de esos), pues daba que pensar porque la mayoría de sus colegas eran bastante gays.

Y ahora, de repente, ¿se echa novia? ¿cuando estás cerca de los 40 tacos? a ver, que puede ser, no te digo yo que no, pero no sé, en el curro él siempre fue mi sospechoso número uno.

Además, cuando nos enteramos hace poco que otro del curro que lo tenía bastante callado se había casado con un hombre, los demás compañeros se sorprendieron bastante, menos él y yo, que no nos sorprendimos tanto…¿casualidad? ¿radar gay?

El tema es que estos dos amigos de los que os hablo, si los analizo bien,  tienen algo en común, y en concreto es que son de familias bastante conservadoras, es decir, lo que son católicas, apostólicas y romanas.

Que yo no lo critico ni nada, pero que a estas alturas aún haya gente que por contentar a sus familias, por muy tradicionales que sean, se casen y tengan hijos (sean estos casos o no), pues me choca bastante.

Tampoco digo yo que salgan del armario si no quieren (yo ya sabéis que lo estoy, pero a medias) pero tener a estas alturas de la vida, un matrimonio en plan  tapadera, yo ya no lo veo.

De todos modos, ya os digo que simplemente con estos dos colegas, sólo son dudas. Razonables o no, eso no se puede saber si no pregunto (y no es mi intención). Tal vez sean simplemente bisexuales, o igual heteros curiosos, o igual…sean pensamientos míos que no llevan a ninguna parte.

¿Vosotr@s que opináis?

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Eyes Wide Shut

Eyes Wide Shut

Hace unos días, cuando os estuve hablando de las películas porno del plus que veía a escondidas, me vino a la mente otro programa nocturno de alto contenido sexual del que también disfruté hace ya unos cuantos años.

El problema que tengo es que no recuerdo ni el nombre del programa, ni si lo ponían los viernes o los sábados noche. Por no recordar, ni siquiera tengo clara la cadena que lo emitía, pero pienso que era en una de esas locales que llegaron a nuestras televisiones en un corto periodo de tiempo.

Si es la que creo, la cadena se llamaba Canal 25, aunque no la tengo todas conmigo. Este canal, era una especie de Milanuncios, pero en versión televisada. La mayor parte del día emitía anuncios de particulares, de compra y venta de objetos, así como ofertas de alquileres y venta de pisos. Sin embargo, llegada la noche, emitían los típicos mensajes de sms para ligar y/o follar, así como películas porno. Era después de la porno, cuando pienso que empezaba a emitir el programa del que os hablo.

Se grababa en una casa, con cámaras en las habitaciones, y repleta de gente.

(No, no estoy hablando de Gran Hermano, pero sí que fue un antecedente directo)

Las cámaras enfocaban siempre dos zonas concretas de la casa: El cuarto de baño (en concreto la ducha) y una salita de estar con dos ambientes diferenciados (una parte con dos sofás y una especie de cama o colchoneta que se encontraba al lado).

El programa consistía en que una chica, seguramente prostituta, se beneficiaba a unos 15 o 20 tíos por noche a la vista de todos los que quisieran verlo. Los tíos, en bolas, esperaban su turno en los sofás de la sala, y aunque muchos iban con caretas o antifaces para no ser reconocidos, había otros que iban a cara descubierta sin preocuparse por nada.

El ritual era sencillo: la chica elegía a uno, se lo llevaba a la ducha, le hacía limpieza de bajos y automáticamente empezaba a hacerle una mamada. Cuando ya lo tenía a tono se lo llevaba a la cama que estaba en la salita y allí se dejaba follar por todos lados.

Pero si esto ya de por sí era bastante hardcore, encima el programa contaba con dos presentadores, un chico y una chica que micrófono en mano, preguntaban a todos los que allí se encontraban, desde la prostituta mientras era follada, hasta todos y cada uno de los tíos que pacientemente esperaban su turno.

Entre los chicos, había de todo. Unos jóvenes, y bastante bien de cuerpo, con lo que supongo que la chica al menos disfrutaría algo. Pero también recuerdo que había otros, ya viejos, gordos o muy velludos, que hacía que a veces fuese incluso desagradable ver las escenas.

Recuerdo también, que había tios que se ve que por la vergüenza o lo que fuese, tardaban mucho más en correrse y ahí estaba la chavala con una cara de sufrimiento aguantando, porque se ve hasta que no acababa con uno no podía empezar con el otro.

Una semana la chica era una morena de pelo corto, y a la siguiente una rubia con melenita. Había días que incluso participaban las dos, y aquello entonces se convertía en una verdadera orgía, follándolas entre varios a la vista de los demás. Mientras, los reporteros, les preguntaban a ellas que cómo lo estaban pasando, si disfrutaban, y a los chicos cosas como si tenían novia o si iban a repetir a la semana siguiente.

A mí me gustaba no sólo el momento en que follaban con las tías, sino también los instantes previos, en los que los chicos se masturbaban mientras esperaban su turno. Incluso las cámaras a veces enfocaban los rabos de todos, en hilera, sentados en el sofá.

Este programa yo lo veía a escondidas, por las noches, en mi casa, por lo que la voz estaba al mínimo, pero alguna vez pude oírles bien y creo recordar que la prostituta morena, por el acento debía ser brasileña y los presentadores, que por cierto eran los únicos que estaban vestidos, tenían un fuerte acento andaluz.

Hace ya unos años que me acordé de este programa e intenté por medio de Internet conocer algún dato más, o incluso ver alguna escena en servidores porno o algo así, pero hasta el día de hoy la búsqueda me ha sido totalmente infructuosa.

Dudo mucho que un programa así, se pudiese emitir de nuevo en una televisión. Temas tan delicados como la prostitución o el “uso” de una mujer como simple objeto sexual, no creo que tuviesen cabida en la televisión actual, como es lógico.

Por eso me hace gracia cuando salen en realitys temas como  el “edredoning” , y el escándalo que se monta alrededor, siendo que tampoco hace mucho que se emitían escenas tan bestias como las que os he relatado, en abierto, y en una televisión local.

Espero que con los datos que os he facilitado, alguno más recuerde haber visto aquel programa, y si es así, y sabe algo más acerca del mismo, por favor, no dude en compartirlo.

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El discurso del Rey

El discurso del Rey

¿Vosotros cuando véis una película porno no pensáis en qué pensará la familia del actor? ¿No? Pues yo sí, soy así de raro.

Igual es porque las películas llega un momento en que aburren y mi cabeza se va por los cerros de Úbeda, pero es algo en lo que siempre he pensado. Sobre todo con los actores más jóvenes, que se nota que están empezando. Así me vienen pensamientos en plan ¿Sus padres sabrán a lo que se dedica? ¿Tendrá hermanos pequeños? ¿Cómo se mete alguien en ese mundo?

Pues hay una estrella del cine porno gay que siempre que le hacen una entrevista, habla de estas cosas y mucho más.

Él es Allen King, bilbaíno de 24 años,  y que desde el año 2013 se dedica al porno gay. Y no parece irle mal porque como su propio nombre artístico presagiaba, en poco tiempo se ha coronado como el Rey de este tipo de cine, conquistando premios de todo tipo.

El chico entró en este mundillo por casualidad, mientras trabajaba en un bar de Chueca, en Madrid. Un buen día fueron a grabar una escena allí mismo, y le cogieron a él para participar. Por lo visto gustó bastante y desde entonces no dejaron de llamarle de otras productoras (entrevista en los40.com). Actualmente trabaja en exclusiva para Cocky Boys.

(A mí el chaval, aunque es guapete de cara, no me pone demasiado. Tal vez porque no me suelen atraer chavales tan jóvenes. Puestos a haber diferencia de edad, casi la prefiero por arriba que por abajo, pero es cuestión de gustos).

Bien, pues como os decía, este joven actor es de los pocos que habla de temas personales cuando es entrevistado, y suelta perlas como “mis padres apoyan que sea actor porno gay” ; “mis padres son jóvenes, muy liberales y lo entendieron” o “ellos quieren que yo sea feliz, y si me ven contento, ellos me apoyan” (entrevista en sentidog)

Yo cuando leí estas declaraciones, enseguida pensé que claro, que qué iba a decir el chico sobre ese tema… pero dudé que fuera verdad lo que decía, sinceramente.

Tiempo después, no sé si en su Twitter, Instagram, Facebook o alguna otra red social, sí que ví por casualidad una foto colgada del chico con su madre, con su hermana, y con mucha más familia, con lo que entonces me di cuenta de que eran ciertas sus declaraciones y que estaba claro que su familia estaba bien orgullosa del chaval.

Incluso ya posteriormente en otras entrevistas comentaba que su madre incluso había visto escenas suyas, y que hablaba de ellas con las amigas y todo.

Y claro a mí estas cosas ya me dan que pensar: Me imagino a su madre, por ejemplo cuando le pregunten por el barrio acerca de su hijo, qué dirá: “Pues ayer se comió una polla descomunal, está muy contento” o “Ayer hizo una escena que le ha dejado el culo como un bebedero de patos”, ¿será algo así?

Podéis llamarme antiguo e hipócrita. Puede ser, en cierta forma lo soy, pero hay cosas que no las veo.Y tampoco es envidia, no van por ahí los tiros.

Por mucha normalidad que le quieras dar a situaciones así, son cosas que no llego a entender. Tampoco tiene que ser una profesión vinculada a la clandestinidad y a los suburbios ni nada, pero es que en serio que me choca mucho que un familiar pueda estar contento de que te dediques a algo así, sobre todo cuando empiezas tan joven. No sé, ni un extremo, ni otro.

Y más cuando siempre se ha dicho que el trabajo de actor porno está muy vinculado a tema drogas y prostitución. Y no es que lo diga yo, es que por lo que he leído sobre el tema, es así (otro día quiero hacer un post sobre cómo suelen acabar la gente del porno, porque de verdad que sorprende, y no para bien).

Recuerdo cuando antiguamente unos padres querían que sus hijos estudiaran una carrera, te casaras y crearas tu propia familia, (que viejales me ha quedado esto), pero ahora corren nuevos tiempos, y el sistema de valores está claro que ha cambiado.

A ver, aclaro una cosa. Yo consumo porno, y está claro que para eso tienen que haber actores/actrices que se dediquen a esto, pero de ahí a darle a la profesión un carácter de “normalidad” pues qué queréis que os diga. Es como quien se va de putas, que no creo que le gustase que su madre, su hermana o su hija se dedicasen a eso, ¿no? (Y si me dijesen que sí, también me sorprendería).

Y como Dios los crea y ellos se juntan, da la casualidad de que su novio también se dedica a este mundo, y casualmente, aunque colombiano de origen, Angel Cruz, se ha criado y vive en Valencia.

De hecho a mí no hace mucho me pareció ver a ambos en el metro, pero como me extrañó verlos en mi ciudad, pensé que simplemente se parecían y ya está. Qué equivocado estaba, porque seguramente sí eran ellos.

Pero no solo del cine porno vive el hombre, y actualmente, hacen también shows en vivos en discotecas, follando a diestro y siniestro donde les llamen (Colombia, Mexico, EEUU…) Son lo que se llaman bolos de toda la vida, pero en plan sexual.

Incluso, si pincháis en telechapero también veis que por un módico precio, podrás follar con ellos juntos o por separado. Sí, exacto, también se dedican a la prostitución.

Y claro, otra vez me da que pensar, y me hago mis preguntas:

¿De esto también estarán orgullosos sus familiares? ¿En serio lo ven sólo como una profesión más? ¿Y vosotros?

Quién sabe, pero está claro que poderoso caballero es Don dinero…

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Weekend

Weekend

Este fin de semana, leyendo sobre las nominaciones a los Oscar 2016, en concreto las nominadas como mejor actriz, me ha sorprendido ver que Charlotte Rampling estaba nominada por una película, “45 años”, dirigida por Andrew Haigh.

A mí de buenas a primeras ese nombre de director ya me sonaba de algo y pegando una vista rápida en Internet, me fijé que la anterior película dirigida por este director, fue “Weekend” (2011) película de temática (gay) que curiosamente vi no hace mucho.

Ya comenté una vez que no soy muy de películas de temática, más que nada porque muchas veces abusan de tópicos en los que no suelo verme reflejado, sin embargo ésta en concreto sí que me gustó bastante.

Si no hace mucho os hablé de otra película llamada Solo, en la que hablaban sobre las citas que comienzan a través de Internet y que casaba mucho con la temática de este blog, hoy también quiero recomendaros esta película y que además se inicia con un ligue en una discoteca de ambiente.

Tal y como dice el título, la película se encuadra justamente en lo que es un fin de semana, desde el viernes por la noche hasta el domingo por la tarde, y refleja de manera muy realista lo que son los sentimientos encontrados que se pueden vivir a lo largo de una “relación” tan corta.

Es una película además que se basa casi totalmente en las conversaciones entres sus dos personajes principales, que son Russell (Tom Cullen) y Glen (Chris New).

El personajes de Russell es el de un homosexual que sigue en el armario salvo para unos pocos amigos. Tímido y algo introvertido, conoce una noche a Glen en una discoteca y  aunque tiene claro que es un polvo nada más,  no puede evitar colgarse bastante a las primeras de cambio, intentando convertir un simple polvo en una relación más duradera.

Por otro lado, el personaje de Glen, es el de un joven artista mucho más extrovertido que Russell, y que es el primero que quiere marcar distancias, puesto que aunque lo pasan de maravilla durante el tiempo que pasan juntos (en todos los ámbitos posibles -hay varios polvos en la película-), no quiere atarse más debido a sus circunstancias.

Yo sinceramente es una película que recomiendo, tanto por las buenas actuaciones de sus actores (con una muy buena química entre ellos), como en la ambientación de la película (muy cercana a películas de corte social como las de Ken Loach, por ejemplo).

Sí que aviso que es una película en la que hablan bastante, puesto que en la mayoría de escenas únicamente están los dos actores en una habitación, manteniendo largas conversaciones entre ellos. Gracias a eso, los dos personajes se confiesan todos sus pensamientos, incluso los más ocultos, y es lo que marcará la relación posterior entre ellos.

Pero es justamente esas conversaciones lo que más me atrajo de la película, pues al ser tan creíbles y naturales, hacen que te identifiques totalmente con los personajes.

Bueno, por lo menos yo sí me sentí identificado. Sobre todo con el personaje de Russell, pues yo sé lo que es acostarse con alguien y aparte de la química sexual que se crea, pensar aunque sea inconscientemente que con esa persona puede haber algo más.

Por no hablar de que una vez resuelta la tensión sexual entre dos perfectos desconocidos, es cierto que llegas a tener conversaciones a corazón abierto, contando muchas mas cosas de ti mismo que igual a otros amigos de más años no has contado nunca.

Y todo eso se refleja a la perfección en la película.

Cuestión aparte es el final de la misma, que a mí me transmitió muchísimo. No quiero destriparlo aquí, claro, pero sí decir que para mí es el único fin posible tal y cómo se desarrollan los acontecimientos, evitando además la lágrima fácil y el rollo sentimentaloide que no hubieran llevado a ninguna parte.

Realmente no sé si la película se llegó a estrenar en España o no.

Yo la vi en versión original con subtítulos y así, aparte de refrescar el inglés (es bueno acostumbrar el oído), no me perdí detalle de la actuación de los actores, que ya dije antes que para mí es lo mejor de la película.

Os dejo por aquí el trailer de la peli, por si queréis pegarle un vistazo.

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Bajo la piel

Bajo la piel

Poco después de quedar con el obrero del que os hablé en el post anterior, ya empecé a notar como una sensación de quemazón en el rabo que no era normal. Sin embargo, cuando llegué a casa, y después de cenar y ducharme, me despreocupé del todo hasta la mañana siguiente.

Fue al abrir los ojos cuando noté un dolor fortísimo en la polla. En cuanto me la ví, me asusté bastante porque la imagen era dantesca: enrojecida a más no poder y con el prepucio hinchadísimo apretado alrededor del glande.

Enseguida pensé que el albañil me había pegado algo, claro. Como yo no soy asustadizo ni nada, lo primero que pensé era que iba a perder la polla a trozos  o que me habían pegado de algún modo una ETS (yo siempre soy de los que se pone en lo peor).

Era un día entre semana, así que lo primero que hice fue llamar al trabajo para decir que no me encontraba bien, y que no iba a ir a currar. Después me dirigí a puertas de Urgencias para que alguien me dijese que es lo que le pasaba a mi polla y qué tenía que hacer para que volviese a su estado normal.

Tardé varias horas en que me atendiesen, con lo que mi estado de ansiedad era ya considerable cuando por fin me atendió el Urólogo.

En este punto he de comentar, que yo no sé si es mala suerte o qué, pero las veces que he tenido que ir a un especialista, siempre me ha tocado ir los días en los que están tres o cuatro médicos de prácticas aprendiendo,  y ese día no iba a ser una excepción.

Así que me tuve que despelotar delante del médico y de cinco estudiantes de medicina (chicos y chicas), con la vergüenza que da en esos casos que te vean así (por muy exhibicionista que sea uno).

Nada más verlo, el médico lo tuvo claro. Me preguntó si había mantenido relaciones sexuales recientes, le dije que sí, y me comentó que lo que tenía era simplemente fimosis. Yo en ese momento se lo negué, porque a mí la piel del prepucio sí se me retiraba. Pero él insistió, diciendo que en tal caso sería fimosis parcial, pero que era evidente lo que me ocurría (si bien con la hinchazón le era complicado asegurarlo al cien por cien).

Me dio una crema para que me la pusiese durante unos días, me dijo que nada de sexo (evidentemente) y me mandó al de cabecera para que valorase.

La valoración de la doctora de cabecera también coincidió con la del Urólogo. Me comentó que era fimosis parcial, y que para evitar que me volviese a pasar lo mismo o algo peor (desgarro en la piel o parafimosis -que se quede la piel retraída y no vuelva al sitio, estrangulando el glande-), lo mejor era la operación. Cortar por lo sano, vaya.

Meses después, pasaba por el quirófano, sin estar seguro a día de hoy si fue la mejor opción (ya que no había tenido pegas hasta ese día).

En el trabajo, como tendría que cogerme la baja unos días, tuve que explicar qué me pasaba, claro. Pensé que se descojonarían todos, pero la verdad es que hubo menos guasa de la esperada, salvo algún chiste que hizo mi jefe sobre qué hacer con los restos de piel que me quitasen.

El día de la operación pensé que iban a ser todo niños menos yo, pero me sorprendió bastante que fuese al contrario, siendo que yo fui de lo más jóvenes que se operaron ese día.

Me gustaría decir que la operación no fue nada y estuvo todo genial, pero sinceramente no fue así.

Creo que no he sentido más dolor en mi vida, y no me refiero a la operación en sí (que ahí ni te enteras), sino cuando los efectos de la anestesia pasan y aquello se te despierta.

Pero ese dolor no es comparable a cuando a mitad de noche tienes las típicas erecciones involuntarias que todos los tíos tenemos. La sensación era como si me estuviesen apretando la punta de la polla con unos alicates, con lo que a la segunda noche ya dormía con una botella helada de agua para aplicar en caso de que fuese necesario.

Días después, cuando la polla volvió a su estado original, fue el momento en el que me di cuenta de que tendría que acostumbrarme a ir siempre con el glande al descubierto, y creedme que no fue tarea fácil. Encima pasó a estar hipersensible, con lo que cosas tan simples como secarse con una toalla tras la ducha pasaron a ser lo más parecido a una tortura.

Y el momento paja, ya fue de traca. Porque si llevas toda tu vida acostumbrado a tu polla,  que ya te tienes cogido el puntillo a ti mismo, tener que aprender a pajearte de otra forma, cuesta un huevo.

Tanto, que recuerdo llegar a bajarme un tutorial que encontré en Internet para “masturbarse después de la operación de fimosis” (en serio, hubo un momento que hacían tutoriales para todo).

Por suerte a todo se acostumbra uno, y con el tiempo, todo el tema de la operación pasó a ser un simple recuerdo, amargo, pero recuerdo al fin y al cabo.

(Por cierto que desde entonces a mi polla la llamo Frankenpene -muy original, ¿eh?, jaja-).

Advertencia: No quiero asustar a nadie que tenga previsto operarse, yo sólo hablo de mi experiencia. Conozco otros casos que ni se enteraron, ni tuvieron dolor postoperatorio, ni nada. Así que supongo que esto va con la persona. Sólo añadir que si vas a operarte próximamente, suerte y mucho ánimo.

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En Construcción

En Construcción

Ya comenté hace poco el funcionamiento de CAM4, donde gente anónima se exhibe y pajea a la vista de todo el público que quiera conectarse.

Durante una etapa de mi vida, yo también le cogí el punto a lo de la exhibición por cam, y además, viendo que Guillermo y César se habían conocido a través de esa página, intenté yo también usarlo a modo de red social.

Lo único que tenía que hacer era, aparte de filtrar por países, buscar gente que también indicara que emitía desde mi misma ciudad, y aunque las opciones se reducían bastante, siempre era fácil dar con alguno.

Así conocí a un chico que se hacía llamar “Deker29”. Como la mayoría de pajilleros, el chaval emitía sin mostrar su rostro, por lo que lo primero que me llamó la atención fue su físico. Moreno, velludete, y con unos buenos huevos rasurados que en pantalla hacía que pareciesen como dos bolas de billar. De culo, aunque también velludete, muy apetecible.

Nada más pinchar en su cam, le dije que yo también era de Valencia, para así romper un poco el hielo y llamar su atención. Como físicamente también debí gustarle (yo tampoco exhibía cara), al poco empezamos a calentarnos mutuamente.

La gracia de esta página es que tú te exhibías ante un número indeterminado de personas y eso es lo que realmente más morbo daba (por lo menos a mí) sin embargo, el chaval parecía algo más tímido que yo, así que por privado me dio su msn para hablar de forma más personal (ahora creo que esa opción la han puesto de pago).

Realmente, lo que se dice hablar, hablamos poco. Lo que hicimos fue bajarnos el calentón con un pedazo de paja de las buenas, y ya después de la corrida, sí que charlamos un rato.

Me comentó que era albañil, y de buenas a primeras si el chaval me había parecido majo, pasó a parecerme el tío mas morboso del momento, imaginándomelo en una obra, con su casco, sus manchas de cemento, su…todo, y provocando que se me pusiese la polla otra vez como una piedra.

Le hablé del morbo que me había producido saber que me acababa de correr con un trabajador de la construcción, y él, ya venido arriba del todo, me propuso que si quería un día podía acercarme, a última hora, a la obra donde él estaba currando y montárnoslo allí mismo.

A los pocos días, cuadrando horarios y demás, llegó ese momento y allí que me planté a la hora indicada, sobre las siete de la tarde. La idea era que yo esperase en la acera de enfrente de donde curraba y, cuando se fuera todo el mundo y estuviese la zona despejada, que ya me avisaría para que entrara.

Estuve ahí casi media hora y cuando ya empezaba a pensar que me había tomado el pelo y que me iba a ir con el rabo entre las piernas, vi como la puerta corrediza se abría lentamente hasta que apareció el chaval de la cam, con un mono azul, el casco y un chaleco de esos reflectantes.

El morbo personificado.

Me comentó que había tardado un poco más en abrir porque quería lavarse un poco, lo cual agradecí (un detalle, porque hay gente muy cerda). Su trabajo en realidad no era de albañil, sino que era el operario que llevaba la grúa o algo así (no me quedó claro), pero vamos, que me dio igual, porque mientras en su trabajo apareciesen las palabras “obra” y “construcción” su actividad en concreto me era totalmente indiferente.

Nada más cruzar la puerta, y para evitar que desde las fincas colindantes pudiesen vernos, me llevó a la caseta de obra para enrollarnos más cómodamente.

La caseta de la que os hablo, por si no lo sabéis, es una especie de contenedor metálico que suele haber en todas las obras y es donde o los comerciales suelen vender los pisos pilotos, o donde los arquitectos o aparejadores tratan con los jefe de obra.

Esta caseta en concreto, bastante pequeña, consistía en una mesa con un par de sillas y en la parte trasera un pequeño baño (minúsculo más bien). Como la mesa daba a una ventana que daba a una calle bastante transitada, empezamos a meternos mano en el minibaño trasero.

Lo primero que hizo el chico fue bajarse la cremallera del mono para estar más cómodo, porque su empalme ya era evidente. Debajo no iba en bolas, llevaba gayumbos, pero cuando se dejó caer el mono al suelo, me agaché enseguida y tardé poco en quitárselos.

Como ya iba a media asta, la mamada que le hice provocó que poco a poco aquello fuese creciendo (he de reconocer eso que dicen que la tele engorda, porque es cierto que por cam su polla me pareció más grande, pero tampoco me iba yo a quejar).

Después de esa mamada, el empezó a hacerme una a mí, también agachado. Entre que el calentón era enorme y que aquello era enanísimo, pronto empezó a faltarnos el oxígeno, con lo que importándonos ya todo un pimiento, salimos del baño para respirar y de paso aprovechar la mesa que teníamos a nuestra disposición.

(De todos modos, he de decir que como no encendimos la luz y nos veíamos con la de la calle, poco se podría ver desde fuera)

En un momento dado, saqué los condones que me había llevado por si había sexo completo (tampoco lo habíamos comentado previamente) y al verlos me dijo que quería poner él el culo, pero que fuese con cuidado porque tenía poca experiencia homo (sí, el chico tenía novia).

Lo que no había traído era el lubricante, así que con saliva y como pude empecé a penetrarle, pero era evidente que no sé si por la tensión o por su poca experiencia, el chico estaba demasiado cerrado.

Con paciencia, e intentando que se sintiera cómodo, al final se la pude meter entera. Sin embargo llegó un momento en que me empezó a doler el rabo de lo fuerte que apretaba el chaval el culo, así que al poco dejé de follarle, con la polla ya enrojecida por la fuerza.

Nos acabamos corriendo el uno frente al otro, pringando sin querer un montón de papeles que estaban sobre la mesa. Recuerdo que el chaval dijo que no pasaba nada, que total para el día siguiente ya estarían secos (y acartonados, pensé yo también), así que nos aseamos un poco y empezamos a vestirnos.

Cuando nos despedimos, hablamos de repetir otra vez la experiencia, aunque teniendo él novia, me comentó que lo tenía complicado, y que sólo quedaba con tíos de uvas a peras, cuando el calentón le impedía seguir con su vida diaria.

Hubiese sido un polvo más como algunos de los que os he contado hasta ahora si no fuera por algo que descubrí a la mañana siguiente, y que me provocó el tener que mantenerme durante un tiempo fuera de juego.

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Interferencias

Interferencias

La semana pasada, Canal Plus como tal dejó de existir, después de 26 años en antena.

Fue en 1990 cuando empezó a emitir, junto al resto de televisiones privadas, pero con una diferencia, que si querías ver la programación total, tenías que pasar por caja y comprarte el famoso descodificador (una llave con chip).

Si no lo hacías, pues quitando unas horas que emitían en abierto, cuando empezaba lo verdaderamente importante de la cadena (películas y fútbol), salían como unas interferencias que te convertían la televisión en un código de barras, con lo que se hacía imposible seguir su programación

Bueno, no tan imposible, porque he de reconocer que yo era de los que se veía la película porno de los viernes totalmente codificada.

Además, como yo nunca tuve televisión en mi habitación, la única forma de verlo era quedándome en el comedor, con lo que me inventaba mil excusas para poder hacerlo.

Si era época de exámenes por ejemplo, decía que por las noches estudiaba mejor en el comedor y con la puerta cerrada me quedaba viendo las mil rayas por segundo.

O igual otras veces, que me quedaba viendo alguna que otra película y cuando la familia se acostaba, disimuladamente cerraba la puerta “para no molestar” y poniendo el sonido al mínimo, pulsaba el botón 6 del mando (es donde la teníamos) para disfrutar de la noche.

(Yo en su momento pensaba que mis padres no se enteraban, pero vamos, que estoy seguro ahora de que sí lo hacían, aunque pensarían: Pobre, cómo debe de tener las hormonas de revolucionadas para llegar a esto, jeje)

Lo que mejor se veía en esas películas era el momento del sexo oral. Al grabarse esas escenas tan de cerca, se podía intuir perfectamente el pedazo de polla del actor entrando y saliendo de la boca de la actriz. También el momento penetración se veía bastante claro (bueno, claro tampoco, pero la imaginación de un pajillero salido ayudaba bastante a verlo así).

Luego recuerdo que lo comentabas con los colegas en clase, y aunque algunos lo negaban, otros te reconocían que también la habían visto e incluso llegábamos a comentar escenas de la película y todo.

Años después, mi padre, con la excusa del partido de fútbol que hacían los domingos por la noche, decidió que era hora de abonarnos al plus.

Y he dicho excusa, porque a partir de ese momento, no fui yo sólo quien se quedaba disimuladamente los viernes noche frente a la televisión.

Yo creo que quitando a mi madre (que yo recuerde), estoy seguro que el resto de mi familia en algún que otro momento vio la porno del plus.

Recuerdo incluso una vez que volviendo de fiesta, entré en casa pensando que si dormían todos, aún podía pillar un rato la peli, y al llegar al comedor y abrir la puerta encontrarme a mi hermana espatarrada en el sofá mientras en la tele una pareja follaba en todo su esplendor.

Para disimular, a  mi hermana no se le ocurrió otra cosa que hacer como si  se hubiese despertado en ese mismo momento. Yo me quedé tan cortado de la situación que solo le di las buenas noches y volví a cerrar la puerta, aunque seguro que una sonrisa maliciosa se me debió escapar (ahí descubrí que no sólo a los tíos nos gusta el porno, jeje)

Lo único malo de esas películas del plus era que siempre eran de porno hetero (para contentar a la mayoría, claro está), y llegó un momento en que para mí ya no eran suficiente, con lo que finalmente tuve que salir en busca de películas gay, como ya os comenté en su día.

No fue hasta años después, cuando el Plus pasó a ser Digital Plus, cuando abrieron la gama del porno y empezaron a emitir películas XX y XY, que era la diferenciación entre películas heteros y gays.

Por aquél entonces, aunque ya tenía Internet y el porno me quedaba más a mano desde el ordenador, aún era la época de la tarifa plana, con lo que no podía usarlo para bajar tantas películas como se hace ahora, así que ese tipo de alquiler me resultaba más cómodo.

Y claro, yo ahí también pasé por caja muchas veces, que recuerdo que las primeras padecía por si de alguna forma mi padre se podía enterar de qué películas había alquilado, pero quitando que le subían la cuota y no entendía porqué (pobre hombre), no le constaba nada más.

Lo curioso de aquellos años, ahora que estoy recordando, era que las películas porno que se comercializaban aún se emitían dobladas. Ya no sólo el título de las películas (“Eduardo ManosPenes” era todo un clásico) sino también las voces de los actores, con lo que se perdía bastante realismo (aunque se ganaba en que podías seguir sin problemas esos argumentos tan “currados”).

Años después, con la llegada del resto de canales de televisión en abierto, la gente empezó a darse de baja de todo lo que fuera de pago, y nosotros no fuimos una excepción, borrando definitivamente el plus de nuestras vidas.

Por eso, la extinción de una cadena que tan buenos ratos nos deparó a toda una generación (pajillera o no), me da cierta penilla si echo la vista atrás, por lo que he querido desde aquí rendirle este pequeño homenaje.

Descanse en Paz.

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Brazil

Brazil

Casi siempre que ligaba por el ambiente iba asociado a que llevaba ya varias copas encima y eso hacía que me desinhibiese un poco, porque sino, con mi timidez para el cara a cara inicial, solía costarme bastante.

Por eso me sorprendió una vez que sin venir a cuento ni buscar nada, ligué una tarde de sábado en una cafetería, y aunque sí que es verdad que estaba en zona de ambiente,  a mí era la primera vez que me pasaba algo así.

Recuerdo que estaba sentado tranquilamente con mi amigo Quique (del que os hablé ayer) en un bar del centro cuando nos dimos cuenta que un chaval que estaba fuera, en la terraza, no me quitaba ojo de encima.

A mí la situación me hizo gracia porque la verdad es que no se cortaba ni un pelo, y aunque él estaba sentado con una amiga, a la chica no le prestó atención en casi ningún momento.

Quique me había confesado ya días antes que lo nuestro no iba a pasar de una amistad, e incluso fue él quien me animó a decirle algo al chaval, pero conociéndome, estaba claro que sin alcohol de por medio no iba a ser yo quien tomase la iniciativa.

Fue en el momento en que me acerqué a la barra para pagar, cuando el chico entró, se acercó adonde yo estaba, y comenzó a darme algo de conversación. Me comentó que era brasileño aunque llevaba ya muchos años viviendo en Valencia. Que se llamaba Christian, que físicamente le había gustado y que si quería tomar algo con él otro día me daba su número de teléfono. (De hecho me lo apuntó en una servilleta).

Yo se lo agradecí, aunque me quedé bastante cortado por la situación, porque no era algo a lo que estaba acostumbrado. Incluso, llevado por mis prejuicios, pensé si no sería chapero o algo y quería ofrecerme sus servicios, porque no entendía cómo podía ser alguien tan directo (lo que son las cosas que en cambio por el chat, me parecía de lo más normal hablar un par de frases y follar minutos después).

Al día siguiente, por curiosidad, y también picado por Quique, le llamé y acabamos quedando en una cafetería. La conversación fue agradable y al poco me invitó a ir a su casa, porque me dijo que a las cuatro empezaba a currar (era camarero) y tenía el tiempo justo para comer algo.

Bueno, el tiempo justo para comer algo y pegar un polvo.

Siendo braslieño, podéis imaginar qué es lo que quise comprobar nada mas abrazarme a él, así que mientras empezamos a besarnos, bajé la mano hasta su trasero para saber si era verdad eso que dicen … y puedo dar fe de que es así.

A día de hoy, reconozco que no he tocado un culo mas firme en mi vida. Era de esos que si quieres, puedes apoyar una taza encima de las nalgas porque estaba claro que no se iba a caer al suelo. Encima el chico, desnudo, no tenía prácticamente vello, salvo algo en las axilas y en el pubis que no sé decir si se lo recortaba o le nacía así, pero le quedaba de puta madre.

Como sabéis yo soy mas de culos que de delantera (aunque tampoco andaba mal), así que le estuve comiendo el trasero no sé ni cuanto tiempo, disfrutándolo como nunca.

En un momento dado, estando en su comedor, le dije que se pusiese apoyado sobre la mesa mientras yo detrás de él admiraba el panorama que tenía delante, y abriéndole bien las nalgas, le empecé a dar lenguetazos como si fuese un perrete en celo.

Después, ya en la cama, se me puso encima a hacerme un 69 y recuerdo que yo en lugar de comerle el trabuco, hice todo lo posible para que se pusiese de nuevo con el culete en pompa frente a mí, porque se lo quería dejar más limpio que los chorros del oro.

Estando ya tieso del todo, le pregunté si le iba la penetración, y me dijo que sí pero no la primera vez que quedaba con alguien. Que me iba a tener que contentar esa vez con jugueteos sexuales, y que ya remataríamos a la siguiente.

(A mí mientras me dejase ese culete a la vista, la verdad es que me daba ya igual todo. Como si nos hubiésmos puesto a jugar a las cartas, oye).

Cuando ya el calentón no me aguantaba le dije que se tumbase en la cama boca abajo que me quería correr sobre ese culazo que tenía, y así lo hizo.

Sin embargo cuando notó que me iba a correr, me dijo que quería verme eyacular. Se giró justo cuando empecé a soltar mis trallazos con tan mala suerte de que uno le fue directamente al ojo izquierdo y bueno, os podéis imaginar el resto.

Yo no sabía hasta ese momento qué ocurre si el semen cae en un ojo, y para quien no lo sepa, os digo que por lo visto escuece. Y escuece bastante. Al chaval se le puso el ojo rojo en cuestión de segundos, y yo no sabía cómo pedirle perdón (aunque no fue culpa mía realmente, que no sé yo para qué quería ver cómo me corría, pero bueno).

Para colmo de males, al salir pitando hacia el baño para echarse agua, intenté apartarle el radiador que tenía puesto en su habitación sin darme cuenta de que el cable quedaba tenso, provocando que el chaval se tropezase, pegándose un guarrazo bueno contra el suelo.

(Ahí reconozco que yo no estuve bien porque encima al caerse me entró la risa floja -que hay que ver lo que nos reímos con las caídas ajenas- pero es que en esa situación no lo pude evitar)

Al final el chaval estuvo un buen rato con el ojo bajo el grifo del agua que se ve que le alivió bastante y aunque me ofrecí a comprarle unas gotas en la farmacia me dijo que no hacía falta y que era mejor que me fuese.

Días después le mandé algún que otro mensaje, preguntándole por cómo tenía el ojo, y aunque a los primeros me contestó, días después ya no lo hizo.

Incluso le llamé un par de veces pero ya no obtuve respuesta.

Yo no sé qué le molestó más, si que le dejase el ojo como un tomate, que se quedase sin radiador por mi culpa (luego no había forma de ponerlo en marcha) o que me partiese el culo al verle caer contra el suelo, pero de todos modos, creo que fue un castigo demasiado severo por su parte.

Con la de cosas que se podían haber hecho con ese culete en una segunda cita…

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