Al mejor tío que me ligué en mi época de salir por el ambiente no lo conocí en la discoteca donde solíamos ir, sino en la misma calle, al lado de la puerta de salida.

Fue a las tantas de la mañana, volviendo ya de fiesta, cuando vi a un chico que me sonaba de haberlo visto por mi barrio, y me sorprendió mucho que estuviese sólo, sentado en un banco con una bebida en la mano.

Como os he dicho alguna vez, soy bastante fisonomista y me quedo bastante con las caras de la gente y a este chaval ya le tenía echado el ojo desde hacía bastante tiempo. De hecho me acordaba haberle visto no hacía mucho en unos grandes almacenes, vestido de paje real, así que tenía claro por dónde empezar la conversación.

Me acerqué a él y le dije que le conocía del barrio y que le había visto en las Navidades pasadas rodeado de niños junto a los Reyes Magos. Me comentó que lo hacía para sacarse un dinero mientras se preparaba las oposiciones para profesor (había estudiado magisterio) y un poco a partir de ahí empezamos a hablar de todo, mientras volvíamos andando hacia casa.

El chico era supermajo y me comentó que como no tenía amigos gays, pues que iba de vez en cuando a solas por el ambiente. A mí que me confesase eso me dio algo de lástima, así que no tardé nada en presentarlo a mi grupo de amigos.

Al chaval enseguida todos lo aceptaron bastante bien, salvo Raquel (mi amiga mariliendre) que nunca vio normal que un chico de esa edad no tuviese ningún amigo con quien salir, por lo que nunca le quitó el ojo de encima.

Yo no le hice demasiado caso y a los pocos días, Quique, que así era como se llamaba, empezó a ser un amigo más del grupo. Mejor dicho, pasó a ser mi mejor amigo del grupo.

Y es que a partir de ese día, no se despegó ni a sol ni a sombra de nosotros.

Sí que me di cuenta de que con él, todo iba demasiado rápido. Si en pocos días como he dicho, ya era parte del grupo, en unos quince días, ya tenía en su móvil el teléfono de todos y era él quien se encargaba muchas veces de organizar las quedadas del fin de semana.

Además, se ofrecía a hacer trabajos de carpintería a mi amigo Guillermo, o a llevar en el coche a Raquel a comprar, o a mí, que muchas veces me recogía a la salida del trabajo para acompañarme a casa. Digamos que fue una amistad superabsorbente en demasiado poco tiempo.

(Y Raquel me avisaba de que eso no era normal)

Al mes por ejemplo, ya subía muchas veces a mi casa (vivía aún con mi padres) para ayudarme en cosas de informática (dominaba mucho todo ese tema) teniendo que inventarme que lo había conocido en la escuela oficial de idiomas, para digamos, crearle una identidad falsa (porque no iba a decir que lo había conocido por el ambiente, claro).

Ahí mis amigos ya empezaron a decirme que no sabía cómo no me agobiaba con Quique todo el día pegado a mí, pero ni qué decir tiene que yo aguantaba todo porque me estaba enamorando de él realmente.

Sin embargo, él, aunque reconocía que también estaba muy agusto conmigo,  prefería amistad a pareja, porque decía que estaba pasando por un periodo de su vida totalmente asexual, así que eso era lo único que me podía ofrecer, de momento.

Y yo acepté, claro, aunque cuando estaba con él, se me caía la baba. Era lo que siempre había buscado en una pareja, pero sin serlo. Un chico que incluso podía presentarlo en mi entorno hetero (y lo hice) sin que nadie se cuestionase nada.

Y físicamente era una joya. Moreno, guapete y de mi misma edad. Y cachitas sin haber pisado nunca un gimnasio, de ahí que propusiese un buen día que nos apuntásemos juntos. Aguantamos poco, la verdad, (yo estuve tres meses, él se borró al segundo mes), pero lo suficiente para darme cuenta en el vestuario que despelotarte junto a una persona que te encanta era una auténtica tortura.

Encima yo no me cortaba ni un pelo y le decía que menuda polla gastaba (bastante gorda por cierto) y que menudo culazo, que si el quisiera… que yo estaba dispuesto… aunque no le quería agobiar.

El sólo me decía lo mismo, que estaba asexuado y que no quería nada con nadie.

Sí que me comentó que había tenido pareja durante un tiempo pero que como había acabado todo de mala manera (nunca quiso concretar) no quería empezar nada nuevo.

Y yo le entendía, pero es que me hubiese conformado con una paja, una mamada, algo… pero él solo decía que eso haría perder la amistad conmigo, y que no quería que eso cambiase.

Y realmente no cambió nunca.

Con el tiempo, únicamente llegué a morrearme con él algunas cuantas veces, y gracias al alcohol, pero poco más.

Yo en el tiempo que estuve con él , sí que tuve otros rollos, y se los contaba, intentando ver si se ponía celoso de alguna forma o algo, pero nada. Sin embargo él nunca tuvo ningún rollete con nadie, y si lo tuvo (que no lo creo), jamás me lo contó.

Y llegó un momento en que esa amistad, o lo que fuese, tan fuerte con él, tan pronto como vino, se fue.

Primero empezó a poner peros cuando quedábamos, diciendo que no podía, que tenía mucho lío. Poco después dejó de devolver los mensajes y contestar a las llamadas. Al poco tiempo aprobó su oposición y se fue a trabajar a 100 km de distancia, y aunque volvía todos los fines de semana a su casa, me di cuenta de que él ya no quería mantener esa amistad.

Nunca me explicó el motivo, sólo se fue alejando.

Con el tiempo, volvió a trabajar aquí en Valencia y actualmente nos seguimos viendo de vez en cuando, aunque mucho menos que entonces, pero es una persona a la que siempre le he tenido gran aprecio, y sé que él también a mí.

Por cierto, que sigue soltero y sigue sin contarme si durante este tiempo ha tenido rollos o no.

Igual lo de su asexualidad era cierto, pero mi amiga Raquel siempre está ahí para recordarme que, según ella, tenía razón, y que nunca-nunca me tengo que fiar de las personas que a partir de cierta edad, dicen no tener ningún amigo. Por si acaso.

 Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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17 comentarios en “El amor tiene dos caras

  1. la asexualidad existe y no creo que sea un problema orgánico o psicológico como leo por ahí, hay quien simplemente es así. Me alegra leer últimamente en los colectivos de diversidad sexual que se les empieza a incluir porque en una sociedad hipersexualizada el no sentir deseo ha de ser una gran putada

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  2. Coincido con el comentario anterior en que la asexualidad existe. Conocí a un chico en primero de carrera con el que me pasó algo similar a lo tuyo con Quique, salvo que a este chico sí le iba el sexo: pero solo hacer, jamás dejarse hacer. Él no quería que se la mamara, que le pajeara, no quería follarme… decía que no sentía absolutamente nada, que no se corría, que podría estar horas pajeándole y jamás eyacularía, que se consideraba asexual y se ofrecía a “hacer” porque sabía que en una pareja el sexo era importante y “haciendo” encontraba placer (y se corría sin tocarse cuando me la chupaba). Después empezó a dejarme que se la metiera y disfrutaba, pero jamás me tocaba cuando lo estaba haciendo, lo hacía solo por complacerme a mi, de hecho ni se empalmaba cuando le follaba, solo cuando me la chupaba. En fin, que la cosa no duró porque en ese momento no le entendía.

    Siempre tienes a Raquel ahí dándote consejos, pero no se si realmente con Quique se equivocó. Hay personas que por diversas circunstancias no tienen amigos en el ambiente, no es ‘tan’ raro… Lo que sí me choca un poco más es ese acercamiento y esa unión tan repentina, para alejarse tiempo después casi por completo.

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  3. Suscribo lo que ya te han dicho, hay gente que es asexual y no es una pose ni nada. Aunque es verdad que conozco más mujeres asexuales que hombres.

    Con respecto a esa amistad… tampoco me parece raro que alguien no tenga amigos gays, en el mundo gay parece que el sexo es lo único que importa y creo que por eso es tan complicado tener amistades gays. Yo soy muy sexual (como la mayoría, anda que he descubierto la pólvora) pero me enorgullece tener mucho más que pollas, culos y polvazos en la cabeza.

    Lo que sí me chirría es que todo fuera tan rápido, quiero decir, hay veces que tienes complicidad con alguien desde el principio pero conocer a alguien siempre, siempre lleva tiempo. Y me gusta tomarse el tiempo necesario en conocer a alguien, siempre me ha provocado desconfianza la que vive la amistad como por impulsos eléctricos. Igual soy mal pensado pero creo que Quique os debía una explicación al grupo o por lo menos a ti, que eras el más cercano a él. Sinceramente creo que se llevaba bien con vosotros pero realmente no le importabais mucho. Una cosa es que los amigos nos vayamos distanciando o nos comuniquemos con menos frecuencia que antes porque la vida nos lleva a cada uno por diferentes derroteros pero creo que en el caso de Quique hay algo más.

    Abrazotes.

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    1. Es que creo que no lo he dejado del todo claro en el texto. Quique no sólo no tenía amigos gays, es que realmente no tenía amigos. Así sin más. Sólo me hablaba alguna vez de una chica que conoció en Alicante, y nada más.
      Y la única explicación que me dio sobre su alejamiento en nuestra amistad es que “él era así”. Sin más.

      Abrazos.

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  4. Pues yo no tengo amigos gays (abiertamente) y me ha chirriado un poco la situación de tu amiga. De todas formas, lo que tengo claro, a diferencia del tal Quique, es que hay que respetar los espacios de la gente, es decir, la necesidad de amistad debe ser mutua.

    Me doy cuenta que la gente que yo conozco ya tiene su vida hecha. Es por eso que no me apetece “pegarme”, ni que me llamen para quedar por lástima. Quizás peco de distante pero no quiero agobiar a nadie.

    Eso sí, amigos heteros sí que tengo, pero es un poco cierto que llegan a donde llegan y hay cosas y planes que con ellos no me atrevo a proponer ni a hacer…

    Un saludo.

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  5. Que raro implicarse primero tanto-tanto-tanto en la amistad y en el grupo de amigos y luego desaparecer casi de la noche a la mañana sin más ni más…
    Lo de la asexualidad es cierto ( y yo tampoco creo -con todos los respetos- que el amigo que Marcos cuenta en su comentario fuese asexual, jeje ), hay gente que vive perfectamente sin practicar sexo y sin ninguna gana de practicarlo además, cosa muy respetable y que además no interfiere para nada en la felicidad de la persona, porque el sexo está muy bien pero no es tan imprescindible como el oxígeno. Yo también he tenido una larga-larga temporada -hablo no de meses sino de años- en la que me he sentido así pero en mi caso era más consecuencia de ese refrán que decía mi tía de “no hay mujeres frígidas sino maridos manazas”, es decir, que no había dado con quien supiese como y por donde meterme mano. No será así en todos los casos, seguro, pero en el mío sí, y eso que no es tan complicado caray, que no soy un satélite espacial de última generación con las instrucciones en chino.
    Abrazos, majete.

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    1. Hombre, lo que son etapas asexuales creo que sí, las hemos pasado todos en mayor o menor medida. Pero lo de Quique es demasiado duradero en el tiempo, porque a día de hoy sigue igual (o eso me dijo la última vez que nos vimos).

      Abrazos.

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  6. Me hubiese encantado conocer al tal Quique, le encuentro un encanto irrestistible. Aunque me considero muy sexual, morboso y bastante cerdaco cuando toca lo que toca, creo que con Quique sería capaz de trasladarme a otro plano para entrar en sincronía con él y practicar el sexo de los ángeles, que seguro que también existe. No sé por qué me ha conmovido tanto ese chico.

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    1. Ufff, pues no sé qué decirte. A mí al final tanta “introspección” me acabó desesperando. Aún nos vemos de vez en cuando, y créeme que sigue siendo bastante “curioso” (y me quedo corto).

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