Generalmente cuando contactaba por el chat era con alguien de mi misma ciudad o alrededores. Pero de vez en cuando, entraba en el chat general o en alguna otra sala y conocía a algún otro bastante alejado de Valencia.

Con Alberto me pasó así. El era un chaval murciano de mi misma edad y con el que me unían un montón de cosas. Prácticamente habíamos despertado al mundillo gay a la misma edad y los dos habíamos pasado por un montón de situaciones similares.

Entre nosotros no había secretos. Hablábamos prácticamente todas las noches y yo le confesaba todos mis rollos, mis movidas mentales, mis agobios y todo lo que se me ocurría. Y él lo mismo. Era como tener un confidente online.

Con el tiempo llegamos a más entre nosotros. Nos dimos los teléfonos y hablamos mucho, siempre pidiéndonos consejo, ayuda, o ánimos si estabamos de bajón. También llegamos a pajearnos juntos por cam más de una vez, en plan colegas pajilleros.

Llegó un momento en el que él encontró pareja, y a partir de ese momento dejó de conectarse tanto. Decía que es que el novio no le dejaba casi tiempo libre, y que pasaba mucho tiempo junto a él. Al dejar de hablar tanto, nuestra amistad comenzó a verse afectada.

Hasta que un sábado de marzo, previo a la semana de fallas, recibí una llamada de Alberto diciendo que estaba en Valencia, con su novio, y me preguntaba si me apetecía quedar y conocernos.

Como yo ya había quedado con mi amiga Raquel para ir a ver la mascletà (para los de fuera de Valencia: “sucesión rítmica de fuegos de artificio”) le comenté que si quería, quedábamos antes en una cafetería próxima y de ahí nos acercábamos al centro los cuatro. Me dijo que sí, y acordamos vernos en una hora en el sitio fijado.

De camino al lugar, aproveché para comentarle a Raquel cosas de Alberto, porque fiel a mi carácter reservado, nunca le había hablado de él. Le comenté también que no sabía cómo sería conocerlo en persona, y más cuando últimamente las circunstancias habían enfriado un poco nuestra amistad.

Llegamos allí y nada más vernos, Alberto salió disparado del local para darme un abrazo. Ese acto suyo me tranquilizó mucho, porque era una señal evidente de que los dos habíamos echado de menos nuestra relación en todo ese tiempo.

Hicimos las presentaciones de rigor y cuando me presentó a Julián, su novio, me llamó la atención que me diera la mano fuerte, demasiado fuerte y mirándome a los ojos, con una actitud desafiante que no me gustó ni un pelo.

En la cafetería, aunque la conversación la mantuvimos sobre todo Alberto y yo, sí que intentamos que tanto Raquel como Julián no se sintiesen desplazados, pero aunque Raquel enseguida se sumó a la charla con nosotros, congeniando enseguida con Alberto, Julián siempre se mantuvo como ajeno a todo cuanto hablábamos.

De camino a la mascletà, pasó tres cuartos de lo mismo. Incluso hubo un momento en que Julián iba delante, como si no nos conociese. O se ponía a mirar el móvil, o a leer el mapa que llevaba, con una actitud y un semblante que se notaba que se encontraba incómodo con nosotros.

Una vez llegamos al sitio, esperando que comenzase el espectáculo pirotécnico, Alberto y Julián tuvieron mas de una trifulca. Raquel y yo intentábamos disimular pero se les oía perfectamente y el motivo era, según sus palabras, que “le estábamos dejando al margen”  y además le pedía que “dejase el tonteo” conmigo.

Raquel y yo, claro, alucinábamos. Hacíamos como que no escuchábamos, pero se les oía bastante claro, con lo cual se creó un mal rollo evidente entre todos que no presagiaba nada bueno.

Al acabar la mascletà , en el momento de dispersión típico de la plaza, le comenté que qué iban a hacer, si nos íbamos a comer juntos o algo (aunque me imaginaba la respuesta).

Alberto me comentó que lo iba a hablar con Julián (que a esas alturas iba ya andando al margen de nosotros) y su respuesta fue, evidentemente, que no. Que su novio prefería ir por libre, primero al hotel a por unas cosas y luego irse por ahí a conocer la ciudad.

Me supo mal la situación. Alberto incluso quitó hierro al asunto diciendo que es que su novio era un poco raro con la gente que no conocía demasiado pero que de verdad era buena gente (se le veía algo avergonzado diciendo eso).

Al final quedamos que al día siguiente, antes de volverse a Murcia, me llamaría para tomar algo y despedirse de mí.

Sin embargo, viendo que el domingo pasaban las horas y tampoco recibía noticias suyas, llamé yo a su teléfono y, casualidad, cogió el móvil el agradable de su novio, Julián, diciendo que Alberto no se podía poner y que mejor le dejase el recado a él.

Viendo el percal, le comenté que no, que ya le llamaría yo más tarde, que no se preocupara (y es que a esas alturas de la película su novio no me inspiraba ninguna confianza).

Finalmente pude hablar con él. Me dijo que se iban a ir después de comer algo rápido en el hotel, así que le comenté que me acercaría yo por allí para despedirme.

Cuando llegué, solo me dio tiempo a despedirme de él con un abrazo porque el novio ya enseguida empezó a meterle prisa diciendo que si seguíamos allí hablando se les iba a hacer las tantas de vuelta (Míster Simpatía, el hombre).

Tiempo después, volví a contactar con Alberto y le comenté que me había sentido un poco decepcionado, que me hubiese gustado estar más tiempo con él, pero que con energúmeno de novio que tenía, la situación había sido difícil.

Me comentó lo que ya me imaginaba, que su novio era una persona insegura y muy celosa. Y que aparte era tímido, con lo que la mezcla era bastante explosiva. También me comentó que en el día a día en Murcia se comportaba igual, que no quería conocer a sus amigos, con lo que se estaba alejando también de ellos.

Pero aún así le defendía, diciendo que era muy buena gente, y que poco a poco conseguiría que se abriese a los demás, que el lo conocía mejor que nadie, que el chico había sufrido mucho en una relación anterior y que él sabía que era buena persona.

A mi sus explicaciones no me convencieron del todo. Aparte me asombraba todavía más que Alberto lo defendiese tanto y que actuase con él de una forma tan, digamos, sumisa. Una sumisión que chocaba bastante con el Alberto que yo creía conocer hasta ese momento.

A día de hoy no tengo ya contacto con el murciano, así que no sé si continuará con él o habrá vuelto a ser persona.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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23 comentarios en “Crueldad intolerable

      1. Ya te digo jajajjajj… aunque a primera vista muchas cosas nos parecen desmesuradas e inecaptables habría que saber si tu amigo “aceptaba” ese comportamiento. Uff! un tema muy delicado.

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  1. La situación que nos cuentas suele ser común en las primeras parejas, cuando uno de ellos lo ha pasado mal en una relación anterior. Y si existe enamoramiento, la otra parte (Alberto) se muestra sumisa y tiende a defender a quien tiene al lado. Es un patrón bastante más común de lo que parece, entre amigos y conocidos ha pasado a varios. No son relaciones que suelan durar más 2-3 años, siendo generoso, manteniendo esos comportamientos.
    Un abrazo 😉

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  2. Y yo me pregunto, ¿no le sería más fácil a su novio darse cuenta de que no hay que compartirlo todo en una pareja? Siempre es bueno tener cierta parcela de intimidad, pero claro, si no estaba delante no podía hacer el marcaje bien. Reconozco que soy un poco difícil porque no me gusta nada que me dominen ni me marquen y soy muy celoso de mi espacio pero leyendo historias como esta (y unas cuantas que me pillan bastante cercanas) me doy cuenta de que es mucho más sano lo mío.

    Abrazotes.

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    1. Hola Christian (perdona la intromisión), antes de nada, partamos del hecho que lo más saludable y conveniente en una relación es que cada cual respete el espacio del otro sin anularle ni atosigarle (y vaya usted a saber qué cosas más) 😀 Pero, no menos cierto, es que nadie se deja dominar por otro si realmente no le va “ese rollo” como tú bien apuntas. Al principio de una relación es normal que nos confundamos y pensemos que ese control y marcaje se debe a la pasión, al interés que “el otro” muestra por nosotros, etc… pero tengo la impresión (no quiero prejuzgar porque no conozco a la pareja) que cuando esa situación se establece (excesivo control – sumisión) es que porque ambos aceptan ese acuerdo. Ya sabes “no nos hubiéramos encontrado si previamente no nos hubiésemos buscado”…. es que el tema da para mucho. Seguro que casi todos hemos conocido a alguien que le gusta, le da morbo, y le resulta tener una pareja muy dominante en la cama y para ciertas otras cosas (es que él es muy activo y muy macho) y luego, le encanta ir de “víctima sacrificada” porque no le corresponden amorosamente. Insisto el tema es muy amplio y delicado, tampoco quiero centrarlo en esta pareja porque no los conozco. Perdona la extensión… un saludo.

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      1. No pasa nada Javi, para eso estamos, para comentar, opinar y debatir. Por mi parte pienso que es muy lícito cuando ese juego de roles se da de manera más o menos consensuada en una pareja, hasta ahí bien. Lo que no concibo es que en una pareja se fuercen las cosas al punto de que sea uno quien se encargue de marcar los tiempos y la otra parte le siga como un corderito (y no nos engañemos, en estos casos esto se produce más por amor que porque la otra parte pueda estar realmente de acuerdo). Por supuesto no conozco a la pareja de la que habla Pablo pero basándome en parejas que sí conozco creo que se aplica más a ellos el segundo caso que el primero.

        Otro ejemplo más: vámonos a un hipotético final, cuando una pareja que tiene consensuado, establecido y aceptado el juego de roles y esa historia se acaba rompiendo se pueden dar muchas variantes porque cada persona nos tomamos las rupturas de una manera, pero lo usual es llevar ese final como una parte normal de la vida (todo empieza y acaba) pero te puedo asegurar que en todas las parejas en las que se daba un juego de roles “impuesto” cuando llegaba el final todo era tirarse mierda, que si “me has anulado como persona” por una parte, que si “no tienes personalidad” por la otra. Y creo que eso es lo que marca que haya relaciones más sanas que otras.

        Saludos.

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      2. Nada que objetar, Christian, te has explicado perfectamente y coincido con tu argumento en la mayor parte. Hummm… intuyo que dada mi naturaleza de esclavo sumiso y las particularidades de mi libido no me va a resltar fácil explicarme en algunos casos. Pero vayamos al tema en cuestión: Lo que yo recomendaría a los demás como sano y aceptable es que en una relación nadie fuerce a nada que el otro/a no quiera, que los celos enfermizos y cualquier tipo de control enfermizo son un infierno para amas partes, y por supuesto, ese amor de “corderito no correspondido” jamás justificaría ningún tipo de maltrato ni de abuso. En estos casos, es mejor cortar de inmediato. Es muy delicado analizar la realidad de “los otros” porque siempre hay matices tan personales que cuesta entender si no nos ponernos en la piel de quien los vive. POr ejemplo: yo sé que mi realidad no es sana ni racionalmente aceptable por eso no se la recomiendo ni deseo a nadie, pero obviamente, eso no quita que tenga la suficiente perspectiva y amplitud de mirar para poder analizar objetivamente otras realidades.
        Y respecto a lo que comentas de las rupturas también coincido contigo en muchas cosas. Precisamente porque por desgracia la separación no se produce salomónicamente y siempre se queda uno amando más que el otro, con la falta del otro, con las ganas de decir y explicar muchas cosas, etc… en mi caso he aprendido a no decir nunca esas horribles frases como “ya quedaremos para tomar café” “nos vemos” “sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites” “podemos ser amigos” etc… yo suelo cortar por lo sano y desaparecer. No, no es porque yo sea impertinente y me niegue al diálogo, a mí me encantan las historias, las buenas historias que se puedan hacer realidad. Y si he vivido junto a alguien una hermosa historia que nos ha valido la pena y no somos capaces de crear un buen final.. no permito que se carguen la historia porque haya que ponerle un final precipitado, por mucho que estemos acostumbrados a leer en la última página de los libros: FIN.
        Un abrazo.

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  3. Pues no sé… es verdad que la gente muy tímida ( y lo digo porque yo lo soy ) suele ser mal interpretada y lo que son problemas para relacionarse con el entorno se confunden con actitudes de arrogancia, hostilidad o lindezas parecidas. Cuando Alberto te explicaba la forma de ser de su novio te estaba diciendo la verdad porque seguramente él le conocía mejor que nadie y en fin, no se trata de disculpar al susodicho novio sino nada más de tratar de hacer el ejecicio de entenderle. ¿Que la forma en que estaba enfocada esa relación no era muy saludable para ninguno de los dos miembros?…pues probablemente sí. Pero como dice Marcos, sobre todo si se trata de una primera relación, las cosas no están correctamente “dimensionadas” por decirlo de algún modo y las personas tienden ( tendemos ) a magnificar, desorbitar y sobrevalorar todo lo que ocurre entre los dos, y no se da uno cuenta hasta que “pasado el toro” ve las cosas desde fuera…
    …en fin, pero para eso están las equivocaciones, para la siguiente vez ser menos conejo y llevar las cosas mejor, ¿no?
    Un abrazo, y feliz semana.

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    1. A ver, yo también soy tímido y creo reconocer enseguida a otro que también lo es, pero no era el caso. Y si lo era había algo más. Aparte el hecho de que por estar de buen rollo con el murciano, el otro piense que estaba “tonteando” con él, decía mucho del chaval…

      Un abrazo.

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  4. (*) Por cierto, muy importante, Christian: me ha faltado acabar diciendo que tendría que aceptar que “la otra parte” tampoco me permita a mi cargarme un hermosa historia porque yo me empeñe (por los motivos o motivos que sean) en buscarle un final. Soy de los que piensan que el amor, las pasiones y los alimentos tienen fecha de caducidad. Claro que también se pueden reciclar y convertirlos en caiño, ternura, complicidad, etc…

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  5. Vaya debate que se ha organizado.

    Está claro que para fustos los colores, y habrá gente que se encuentre agusto en este tipo de relaciones. Pero para mí no las quiero. Yo parto de que una pareja me puede dar mucho pero no todo (como yo al contrario), y asumo que cada uno necesita sus espacios aparte de la relación. Incluso llego a pensar que antes aceptaría una relación abierta que unos celos excesivos.

    Un saludo.

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  6. “Habrá vuelto a ser persona” Creo que es lo mejor que le pudiera pasar al chico. Ciertamente es complicado ver con cierta objetividad los interiores de esa relación, sin conocer todo lo que ocurre por ambas partes, esto es un juego de sumas 1 + 1. Pero siendo un tanto osado me atrevería a decir que tiene todos los tintes de ser una relación tóxica.
    El desarrollo personal yo lo fundamento en la libertad, bueno…. eso intento

    Por cierto, un debate enriquecedor, que contribuye mucho a la reflexión.

    Saludos

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  7. Este tema me ha recordado mucho al primer noviete que tuvo mi hermana pequeña, que tenía entonces 15 años. Él le llevaba 4 años, era celoso,desconfiado y posesivo con el tema de los amigos. A mi nunca me cayó muy bien. Estuvieron 3 años juntos y el último año fueron broncas constantes por chorradas. Me alegro de que mi hermana tuviese el valor de romper con el y darse cuenta de que lo que yo le decía era por su bien. Por lo único que me alegro es que gracias a ellos conocí a mi actual pareja con la que estoy 6 felices años.
    Con este tocho vengo a decir que muchas veces no nos damos cuenta de la realidad hasta que la situación se hace insostenible o confiamos en los que nos rodean y hacemos caso a sus consejos.

    Disfruta las fallas Pablo, igual nos vemos por la calle y ni lo sabemos jaja.

    Besos!

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  8. los celos son un lastre para vivir, reducen la calidad de cualquier relación humana a niveles extraordinarios. Y ya cuando se combinan celos, egocentrismo y mala educación se acaba con ganas de ponerle una traca de petardos en los huevos al que sea…

    Esta historia también me resulta familiar, por desgracia.

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