Fulboy

Fulboy

Uno de los tópicos más habituales es que a los gays no nos gusta el fútbol. De hecho, estos días pasados que fue Eurovisión, leí en prensa un titular que decía algo así como que el festival era para los gays como una final de Champions para los heteros, y no estoy del todo de acuerdo.

Sí que es cierto que yo para jugar al fútbol siempre he sido bastante negado. De pequeño, de hecho, era de los que no nadie quería elegir para jugar en su equipo (qué pena más grande…), aunque se me daban mejor otros deportes, como el baloncesto o el voley.

Pero otra cosa es el fútbol como espectador, donde siempre me he sentido más cómodo.

Es verdad, he de reconocerlo, que me acerqué al fútbol por un partido televisado del Atlético de Madrid en el que, no sé si era el tipo de pantalón o qué, los jugadores marcaban bastante paquete. Aquello en su momento me dejó pegado al televisor durante todo el partido y reconozco que, a partir de entonces, empecé a aficionarme.

Pero todo cambió el momento en que acudí con un colega al campo por primera vez y aquél ambiente me encantó. No tenía nada que ver a verlo en el sofá. Los cánticos, la camaradería, y el buen rollo en general fue algo que me atrapó enseguida.

Tanto que llegué, durante una etapa de mi vida, a ser como medio hooligan, de los que se llegaban a pintar la cara y todo con los colores de su equipo.

Pero claro, yo seguía siendo gay, y la cabra siempre tiraba al monte…

Recuerdo una vez que vi el partido desde la parte baja del campo, al lado del banquillo, y de aquel partido no recuerdo el resultado ni nada, pero sí de los jugadores a dos palmos de donde estaba yo, y cómo vi a varios sin camiseta o sin pantalón (pues se cambiaban allí mismo y no pasaba nada). Ese morbazo es de los que no se olvidan fácilmente.

Por eso me quedé flipado una vez por un programa que hacían que se llamaba “Ver para creer”, presentado por Inés Ballester y Liborio García (qué gran nombre…), en el que hablaron de un equipo de fútbol de segunda  o tercera categoría, inglés, que había decidido comercializar un vídeo de su equipo con escenas subidas de tono.

Y es que para sacarse unas pelas, se habían grabado durante un entrenamiento habitual, con momento vestuario incorporado, e incluso en el programa sacaron algunas escenas del vídeo en el que salían los jugadores totalmente desnudos.

Hasta el momento yo ya alucinaba cuando en las celebraciones salían las duchas y los jugadores de cualquier equipo ligeros de ropa, y mi imaginación ya hacía de las suyas, pero saber que se estaba comercializando un vídeo con escenas de ese tipo, me calentó un montón.

Recuerdo además que los jugadores, en el reportaje, se medio quejaban porque habían preguntado sobre cómo iban las ventas, y les habían dicho que la inmensa mayoría de compras las habían hecho hombres, claro, cuando ellos pensaban que iban a ser las chicas quienes iban a acudir en masa a las tiendas…

Este vídeo en cuestión salió en una época en la que no existía aún Internet, así que cuando llegó la época del emule y todo lo demás, mi objetivo número uno fue encontrarlo, y hasta el momento siempre he fracasado.

Pero lo que son las cosas que en una de estas búsquedas di con una película actual que parece una versión mejorada de aquel vídeo. Se llama “Fulboy”.

En realidad trata de lo mismo: una concentración de un equipo de fútbol argentino de tercera división, en el que no se oculta absolutamente nada.

Dirigida en 2015 por Martín Farina, director de documentales (y hermano de uno de los futbolistas del equipo), la película se podría definir como una auténtica mierda.

No sé si realmente lo que querían hacer era una especie de crítica (o no) de la situación del fútbol actual, pero vamos, como si lo hubiesen hecho adrede.

La voz en off, parece sacada de una redacción de un chaval de 10 años del colegio (el tono de voz, entre aburrido y desganado, tampoco ayuda mucho).

Las conversaciones entre futbolistas tienen momentos de auténtica vergüenza ajena (el momento metafísico en el que hablan de “prejuicios de los prejuicios” es de traca; o cuando hablan de los sacrificios que tienen que llegar a hacer…)

Incluso tiene escenas que no sé si son de burla pero resultan bastante patéticas (por ejemplo cuando comparan el hecho de estar concentrados en el hotel con la “libertad” de los albañiles que están en el exterior, aderezado con una imagen de un colgante de Bulgari, o el momento “gracioso” en el que uno se suena los mocos con billetes…)

Tienen tantas cosas malas, que podría estar criticándola hasta mañana, pero tiene dos cosas que la salvan: los futbolistas están todos muy bien y en muchas escenas se les ve todo (y cuando digo todo, es TODO).

Y es que esta película es la cosa más homoerótica que había visto yo en mucho tiempo. Tiene escenas de duchas en HD que son una maravilla (la primera al poco de empezar), de cambios de ropa en los vestuarios, de primeros planos de sus piernas siendo masajeadas, de luchas en calzoncillos sobre la cama, de tíos en bañador blanco saliendo de la piscina y secándose muuuuy lentamente ante el objetivo…

Realmente, si os digo la verdad, no sé muy bien para qué tipo de público estaría dirigida la película, pero supongo que como en el caso de la película del equipo inglés, los que más la vamos a disfrutar con diferencia, somos los gays.

Y si alguno, como yo, es futbolero y también tenía esa fantasía de ver por dentro todo ese mundillo, pues mejor que mejor.

Os dejo por aquí el trailer por si queréis echarle un vistazo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

Lugares comunes

Lugares comunes

Siempre que os he hablado de mi época de ligoteo he hecho referencia a las zonas de ambiente de mi ciudad o al chat que normalmente usaba.

También os he hablado de las páginas web, así como posteriormente de las apps móviles.

Sin embargo, quería comentar algo que yo supongo que no sólo era/es exclusivo de mi ciudad, sino que estoy convencido de que también es algo bastante habitual en otras localidades (y me gustaría que en comentarios me lo confirmaseis).

Me estoy refiriendo a lugares que aunque no estaban destinados a ligar entre gays, nadie sabe porqué pero terminaron convirtiéndose en eso.

Ojo, no estoy hablando de sitios de cruising (de eso quiero hacer otro post un día de estos). Es decir, no hablo de sitios donde la gente fuese a follar (playas nudistas, meaderos de centros comerciales, aparcamientos…), sino sitios donde la gente sabía que había mucho gay y era por tanto fácil entablar conversación con otros en tu situación.

En concreto, en mi ciudad, durante aquellos años había dos sitios que me llamaron mucho la atención.

El primero de ellos era un local que servía tanto para darte de alta en productos de la compañía telefónica ONO (televisión, Internet y teléfono por cable -ahora absorbida por Vodafone-), como para ser usado como cibercafé.

Recuerdo que las primeras veces que oí hablar de esto fue en el chat de siempre. Me parecía curioso que hubiese bastante gente que en el general dijese que estaba chateando desde ONO. Y no me refiero a tres y cuatro, no, sino que eran muchísimos más. Encima era un local de dos plantas, y me acuerdo de conversaciones en plan: “estoy en el piso de arriba”…”yo también, macho”…”quien eres”…”el rubio que está al fondo”…”ah, ya te veo, me gustas…” y cosas así.

Yo no sé si lo que ocurrió es que se corrió la voz (tampoco es que fuera el único cibercafé de la ciudad, aunque sí de los más grandes), o qué, pero al final aquello se convirtió en una especie de ciber gay, donde estaba metida media ciudad.

De hecho recuerdo una tarde que me acerqué adrede por allí (tenía curiosidad) y es cierto que casi todos eran chicos los que chateaban en el local, e incluso sorprendía ver salir a parejitas juntas cada dos por tres.

Incluso había rumores de que en la zona de baños del local, aquello era como Sodoma y Gomorra (aunque esto ya creo que entraba en el terreno de la leyenda urbana).

Con los años el local cerró, como el resto de cibercafés que habían repartidos por la ciudad, con lo que los gays perdimos sobretodo un lugar de encuentro.

El otro sitio del que os quería hablar es un polideportivo municipal que tras una completa reforma (en su origen fue un matadero) se convirtió en uno de los más completos y grandes de mi ciudad: El polideportivo de Abastos.

Me enteré de que existía de igual forma, a través del chat. La gente empezó a preguntar si había alguien por Abastos para ir juntos al gimnasio o a la piscina, y cada vez más y más gente comenzó a hacer el mismo tipo de preguntas. Así hasta que al final pregunté a uno por privado y me comentó que realmente aquello era como un nuevo local gay de moda en la ciudad, y que incluso mucha gente, como él, iba adrede allí desde la otra punta de Valencia.

La cosa era tal, que incluso si yo comentaba por ejemplo que acudía regularmente a la piscina, la gente (incluso de pueblos de alrededor, que hasta ahí llegó la fama), me preguntaba si iba a la de Abastos y si decía que no, se extrañaban y me preguntaban incluso que porqué no…

(Igual porque no me pillaba cerca precisamente, pero por lo visto eso para algunos no era ningún inconveniente).

Recuerdo que esto lo hablé en la época con mi amigo Guillermo, y me confirmó todo lo que decían en el chat (él también acudía), y me comentaba que la gente en lo vestuarios ligaba enseguida, que no se cortaban ni un pelo, y que incluso había oído rumores de orgías en las duchas (supongo que también eran leyendas…).

A día de hoy, este polideportivo sigue abierto y por lo que sé sigue siendo el principal hervidero gay de toda Valencia, al margen de la zona de ambiente.

Sí que es cierto que por lo visto tiene actualmente una nueva distribución de vestuarios, más abiertos, y de duchas, sin puertas y totalmente diáfanas, aunque dudo mucho que eso se deba a las supuestas orgías mencionadas, ya que en el resto de polideportivos municipales se han hecho el mismo tipo de reformas (y en el mío jamás he oído que la gente haga otra cosa que ducharse…).

Pues nada, yo como siento curiosidad, os lo pregunto: ¿en otras ciudades existían, o existen, sitios similares a los que he contado?

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El Oso

El Oso

Así como con otros ligues me acuerdo perfectamente del lugar, modo o momento en que los conocí, de éste en concreto del que os voy a hablar hoy no recuerdo casi nada.

La primera imagen que tengo ya fue en el comedor de su casa, frente a la televisión y él buscando entre sus vídeos para ponerme uno del programa “Saber y Ganar”.

Por si lo desconocéis, este es un programa cultural que se emite en la 2 de TVE y que ha sido actualidad recientemente pues su longevo presentador (Jordi Hurtado, el inmortal) ha cogido la baja por primera vez tras 19 años consecutivos en antena.

Pues bien, en este programa, por lo visto participó el chaval con el que había quedado y como le dije que nunca había visto el programa, se prestó a ponerme sus cintas (todavía estamos en la época del VHS) para mostrarse y compartir sus cinco minutos de fama (bueno, fueron bastantes más, porque por lo visto había participado durante varios programas consecutivos).

A mí, la verdad es que me daba un poco igual verlo participando en el concurso, porque yo había ido a lo que había ido, pero por no resultar borde, y viendo la ilusión que tenía él comentándome cosas de su pasado televisivo, actúe como si me interesara (igual tenía que haber estado un poco más contento, porque al menos era un tío culto, no un concursante de Gran Hermano o Mujeres Hombres y Viceversa…).

Total que cuando ya llevábamos tres concursos seguidos (más de una hora escuchando sus batallitas), y viendo que la cosa no pintaba demasiado bien, le dije que me iba ya porque sino se me iba a hacer demasiado tarde.

Supongo que en ese momento pilló mi indirecta y me dijo que le perdonase, que es que se emocionaba mucho recordando sus momentos televisivos pero que yo le molaba y que fuésemos a su habitación.

El chaval, era así como regordete pero sin pasarse, moreno, con barba y cara de bonachón. Aspecto muy de buena persona, vamos. No era un adonis (ni yo lo soy), pero tenía su puntito.

Aunque era por la tarde, ya estaba anocheciendo, y al tener las persianas casi bajadas, entramos en su habitación como en penumbra. En esos casos, aunque poco a poco los ojos se van acostumbrando a la oscuridad, el tacto cobra una mayor importancia.

Empezamos a morrearnos y como es costumbre en mí, las manos fueron directamente al culete, y empecé a meterle mano. El culo era firme, durito y por lo que toqué bastante velludete. Le abrí el pantalón y ayudado por mis piernas (yo estaba debajo de él), le bajé totalmente los pantalones y calzoncillos, notando ya sobre mí la erección de su polla. Sus piernas, fuertes, como de caballo percherón, eran también muy peludas.

Él mientras me quitaba la camiseta, y me besaba la boca, comenzó también a mordisquearme los pezones (que es algo que me gusta mucho hacer y que me hagan).

Yo, como ya le había desnudado de cintura para abajo, probé a meterle mano por debajo de la camiseta para tocarle la espalda y noté entonces como si tuviese la piel como acolchada, como con otra camiseta de terciopelo debajo. Hasta que me dí cuenta de que lo que estaba tocando era también pelo.

Que un tío el pectoral lo tenga velludete, me encanta. Que sus piernas sean peludas, me gusta. Que el culete también, bueno. Pero notar toda la espalda como si fuese una alfombra, es algo que no me gusta nada.

Le quité la camiseta del todo, la vista ya se me había acostumbrando a ver en esas condiciones, y vi como, para colmo, por los hombros asomaba como un peinado afro en toda regla. No había duda, estaba con un oso. Y encima el tripón que caía sobre mí, lo confirmaba aún más.

Yo hasta ese momento iba también tieso pero fue tocarle y verle esa zona cuando mi erección…simplemente desapareció.

Había estado con muchos tíos peludetes (y de hecho los prefiero) pero esa barbaridad de pelo no la había visto nunca en un tío.

Él se incorporó al notar mi reacción y me preguntó que qué me pasaba, si era que no me gustaba o algo así.

Yo, como siempre, no me gusta herir a la gente de forma gratuita y le comenté que no era por él, que era por mí, que no estaba seguro de lo que iba a hacer (o alguna cosa así solté).

No fue mi mejor respuesta pero estaba claro que el tío no me gustaba y viendo el estado de relajación de mi polla, poco iba yo a poder hacer para remediarlo. Así que le comenté que lo sentía mucho pero que me iba a ir.

Como su cara de cabreo iba a más, me acordé de aquélla vez que quedé con un tío y me arrepentí en el último instante porque yo tenía pareja, así que le comenté eso mismo, pensando que la reacción iba a ser al menos como la de aquella vez, pero nada más lejos de la realidad.

El tío, como buen oso, sacó enseguida las garras y empezó a insultarme, diciéndome que si yo iba de calientapollas por la vida, que a él nadie le dejaba tirado de esa forma, y que no estaba para perder el tiempo con gilipolleces. Que íbamos a follar sí o sí.

Yo a las buenas, soy bueno, pero a las malas, no tanto, así que le dije que él sí que me había hecho perder el tiempo a mí con el coñazo de vídeos que me había hecho tragar, y que encima, a la hora de follar, podía haber avisado antes que era un oso y que no a todos nos gustan tanto los “animales ” como para follar con ellos…

A partir de ahí empezamos a decirnos burradas los dos, a grito pelado. Mientras, empecé a vestirme lo más rápidamente posible, ya con unas ganas de salir de allí por patas que ni os imagináis.

Aún en el rellano, el tío siguió insultándome sin importarle los más mínimo los vecinos, con lo que cuando llegó por fin el ascensor, pude respirar aliviado.

Como es de esperar, nunca más le volví a ver, quedando esta experiencia como la más “salvaje” con un tío que he tenido nunca.

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Europa Europa

Europa Europa

¿Un blog en el que un gay habla de Eurovisión? ¿Qué original, verdad? Pues sí, ya véis. Y es que me gustaría hablar de este Festival, pero intentando aportar otro punto de vista y así de paso acallar esos tópicos que llevo oyendo desde hace bastantes años.

Así que voy a intentar desmontarlos uno a uno, a ver si lo consigo.

Empecemos:

“Es un festival gay”: Esto puede ser cierto, pero con matices. Si nos remontamos al origen del festival, éste era un espectáculo bastante familiar, el típico programa que reunían a padres e hijos frente a la tele. Fue con la irrupción del llamado fenómeno “eurofan” cuando las cosas cambiaron y el espectador gay fue tomando posiciones hasta copar mayoritariamente el tipo actual de espectador del festival. ¿Eso qué provoca? pues que haya bastante gente heterosexual que vea el festival pero que no lo reconozca, o que al menos le dé cierto reparo admitirlo, por la connotación que lleva asociada.

(Lo que no sé es el motivo de que, en general, a los gays nos guste el Festival, si alguno se atreve a explicar una teoría al respecto, será bienvenida)

“Es un festival de frikis”: Pues mira, no. El año en que España envió a un cantante friki “Chikilicuatre” en 2008 (y aún así, anda que la canción no era pegadiza), sólo participó otro friki más que fue el Pavo Dustin representando a Irlanda, y que ni siquiera llegó a la final, por lo que no era cierto que todo el mundo enviaba a cantantes frikis, como parecía desprenderse de los comentarios que se oían/leían por ahí. Sí que es cierto que de vez en cuando alguien manda una actuación que no se basa en criterios musicales, sino que simplemente lo que se pretende es llamar la atención. Algo respetable pues es un espectáculo televisado, pero también es verdad que no suelen recibir demasiados apoyos de los demás países. Caso aparte es el de Finlandia en 2006 que ganó con el grupo de rock duro, Lordi, que llevaban una vestimenta que ni el señor de los anillos (actúan así habitualmente), pero con una canción que era bastante buena. O la mujer barbuda, Conchita Wurst en 2014, pero que también llevaba una muy buena canción, al estilo Bond.

 (Y de todos modos, recordemos a ABBA en su momento, con ese vestuario y sus colores imposibles, ¿podrían haber sido llamado con los criterios actuales frikis? pues posiblemente sí, pero la música es la que era, y anda que no llegaron lejos).

“Es un festival que cuesta mucho dinero”: Sí, y no. Participar en Eurovisión no es participar en el concurso y ya está. La UER es una asociación sin ánimo de lucro que representa a 73 radios y televisiones públicas de 56 países, y en la que cada uno abona una cuota determinada que lleva implícita su participación en el festival, así como el acceso a contenidos informativos y de deportes o el derecho a la emisión de determinados eventos internacionales, entre otros. Es decir, se paga por un pack completo, en el que se incluye, como un derecho más, la representación en Eurovisión.

(Este año, por ejemplo, Rumanía ha sido expulsada de la UER porque su televisión mantenía una deuda de 10 millones de euros. Por tanto, ya no sólo no participará en el festival de este sábado sino que se quedará sin la señal informativa que la UER ponía a su disposición desde hace años).

“Siempre ganan los mismos”. Refiriéndose, sobre todo, a los países de Europa del Este. Pues tampoco es real del todo, porque lo que ocurre realmente es que esto va pivotando, habitualmente entre países nórdicos, y ex-repúblicas soviéticas. Aunque siempre suelen haber excepciones (Grecia en 2005, Turquía en 2003…). ¿Y esto por qué pasa? pues más allá de intereses geopolíticos, los países próximos (y estos tienen muchos) suelen ser de gustos musicales similares, y si a eso unimos que muchas veces los cantantes hacen giras por las televisiones públicas “amigas”, es lógico que el día del festival reciban esos votos cercanos de más.

(Y vale que cabrea, pero anda que no nos entra a todos mala leche el año que Francia o Portugal no nos vota, ¿verdad?)

Pues hasta aquí los tópicos más habituales que se suelen decir del festival y que todos hemos oído alguna vez. Por eso me indigna muchas veces cuando después de haber oído esto comentarios, luego haces referencia a Secret Garden con su “Nocturne“, o más reciente, a Loreen con su “Euphoria” y aún hay gente que se sorprende al descubrir que fueron canciones de Eurovisión y que ganaron. Como si fuese algo tan raro.

Explicado todo esto, tengo que añadir otra cosa. Y es que no sé si me gusta más el festival en sí, o las galas de preselección que ha emitido TVE durante tantos años. Unas galas que oscilan entre la caspa más absoluta y el surrealismo extremo.

Un ejemplo fue en 2008, en el que la gala la presentó Raffaella Carrá, y donde se seleccionó la de Chikilicuatre, pero que nos dejó una actuación de La Casa Azul (el gran Guille Milkyway), que vale la pena echar un vistazo, al salirse totalmente de lo que solemos enviar cada año.

(La canción me encanta y me quedé con las ganas de verlo en Eurovisión. Una pena)

En 2009, con Alaska de presentadora (que llegó en coche de caballos a la gala) fue el año en que los Vivancos dejaron plantada a Melody a mitad de preselección (con polémica incluida). Al principio de la gala hacían como una selección de jurados o algo así.

Pues no os perdáis el momento de la espectacular entrada de uno de ellos (a partir del minuto 3 del vídeo):

(Pobre hombre, que vergüenza más grande debió de pasar. Sus minutos de gloria, echados por tierra, literalmente).

Y por último, otro momentazo televisivo, este sí recordado por todos, fue el de impresentable actuación en la gala de 2010 de John Cobra, con su magnífica educación y saber estar (antológico su “comedme la polla”).

Os dejo el vídeo aquí abajo

(Como para olvidarse de algo así, ¿verdad? Anda que no me reí yo aquella noche viéndolo).

Por cierto, la gala de este año fue bastante más insulsa que otras, y ganó en realidad la canción menos mala, pero oye, con los arreglos que le hicieron después, ha resultado una canción que al menos para mí tiene mejor pinta que otros años

Así que a ver si hay suerte este sábado con Barei y su “Say Yay“.

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Regresión

Regresión

Estos últimos días, que he estado un poco bajo de moral (de ahí el pequeño parón en la publicación del blog), me ha venido a la mente otra etapa de mi vida en la que por otras circunstancias también tuve una especie de crisis existencial.

Los motivos entonces fueron totalmente opuestos a los de ahora.

Por un lado tenía varios trabajos a la vez, incluido fines de semana, que estaban empezando a pasarme factura físicamente. Por otro lado, el hecho de encadenar una pareja sexual tras otra, ya empezaba a afectarme anímicamente, pues siempre buscaba algo más en esas citas. Así que un sábado que tenía libre tras quince días seguidos de trabajo, entré en una espiral de comeduras de tarro que acabaron conmigo en Urgencias debido a una brutal taquicardia.

Allí tras hacerme varias pruebas llegaron a la conclusión de que había tenido una crisis de ansiedad de las gordas, por lo que siguiendo el protocolo, me derivaron al psicólogo.

Ahora mismo no sé como estará la situación en la Seguridad Social, pero por aquél entonces, previo a psicología, tenía que valorarte primero el psiquiatra, y ahí que me planté unos días después.

El hombre, muy agradable, empezó a hacerme varias preguntas. Me preguntó por el trabajo, y al comentarle mi pluriempleo, me recomendó que me centrase en uno solo pues mi cuerpo ya me había dado un primer aviso. Luego me preguntó por mi vida afectiva y cuando le dije que era gay pero sin pareja, me entró un bajonazo, por lo que, no sé si equivocadamente o no, focalizó todo en mi homosexualidad.

Una media hora después, me dijo que mi problema no era psiquiátrico (aunque me recetó unas pastillas por si volvía a tener otra crisis) y me remitió a la psicóloga del centro, porque me dijo que hablar con ella me vendría bien.

El día de la visita, y siguiendo norma habitual en mi vida, estaba la psicóloga y cuatro estudiantes en prácticas. Si de por sí ya es algo cortante hablar de tu vida privada ante un desconocido, imaginad lo que es ante cinco.

Supongo que el psiquiatra al derivarme días antes ya le había advertido de que era gay, porque desde el minuto uno comenzó a preguntarme sobre ese tema.

Me preguntó si había tenido experiencias con hombres, y si era así, con cuantos. A mí me sorprendió la pregunta, pero la contesté claro, y al ver la cara de sorpresa de la psicóloga y de los estudiantes, me concretó la pregunta, diciendo que se refería a novios, y no a experiencias sexuales.

Una vez aclarado ese detalle, y tras unas preguntas de corte similar, me comentó que no veía en mí problemas de identidad sexual, así que quiso saber entonces cuánta gente era consciente de mi situación. Le comenté que algunos amigos sí, y otros no, que dependía del entorno en el que me moviera.

Me preguntó entonces por mi familia, si ellos lo sabían. Le dije que no, y que de momento no era algo que entrase en mis planes. Fue a partir de ahí cuando empezaron una especie de reproches que no me gustaron nada. Me vino a decir como que para unas cosas (sexo) era lo suficientemente hombre, pero para confesarle estas cosas a mis seres queridos, no, y fue algo que me molestó bastante.

Al final, por suerte, llegamos al fin de la sesión, de la que salí más cabreado que había entrado.

Dos semanas después, más por inercia que por otra cosa, volví. En esta segunda sesión (también con público) comenzó a  cuestionarme que mi problema era entonces mi vida como gay en sociedad.

Sí que me hizo ver que yo no consideraba que encajase del todo en este mundilllo (cosa que ya sabía) y me dijo que posiblemente el independizarme sólo, me había podido provocar una especie de bajón anímico pues me hubiese gustado compartir con alguien ese momento. Y puede que tuviese razón.

Sin embargo, hacia el final de la charla volvió a recaer en reproches, diciéndome que lo que tenía que hacer era decirlo a todo mi entorno, comenzando de nuevo por la familia. A mí basta que me fuercen a hacer una cosa, para que yo haga justo la contraria, con lo que acabamos discutiendo de nuevo como en la sesión anterior, y con serias dudas sobre si volver o no a la siguiente.

Unos días después, la psicóloga cambió la fecha de la siguiente visita, y en lugar de llamarme al móvil para avisarme, no se le ocurrió otra cosa que llamar al fijo (de mis padres) con lo que podéis imaginar su reacción al recibir una llamada del departamento de “Salud mental”…

Para calmarles, les comenté que el motivo de ir al psicólogo era por mi estrés laboral, y que no había porqué preocuparse. Aun así, pensando que algo más había, “encargaron” a mi hermana que hablase conmigo

Y hablamos. Y yo no sé si en realidad fue por lo que me dijo la psicóloga o qué (igual fue eso lo que pretendía, al sacarme de quicio), pero le acabé confesando a mi hermana que era homosexual.

Su reacción fue primero  de sorpresa. Y de curiosidad después. Pero en líneas generales fue una reacción bastante positiva.

Después de aquello, los días siguientes, sí que fue un tema recurrente de conversación entre nosotros hasta que poco a poco, pasada la novedad, se fue diluyendo.

Finalmente, un día me dijo que “igual es que no había encontrado una chica que me gustase”, y ahí nuestras conversaciones sobre este tema, terminaron.

A día de hoy, nunca más se ha vuelto a hablar del tema con mi hermana, y sigue siendo igual de tabú como lo era hasta ese momento. Igual que con el resto de mi familia.

Supongo que de la reacción de mi hermana no tiene en ningún modo la culpa la psicóloga, pero debido a lo insatisfactorio del resultado en general, nunca me he vuelto a fiar de la psicología como método eficaz de ayuda.

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La Visita

La Visita

En los fines de semana previos a que comenzase la temporada de verano, mis padres se solían acercar al apartamento de la playa para poner las cosas apunto de cara a las vacaciones.

Algunos de esos fines de semana, yo solía acompañarles y así aparte de echar una mano, ya aprovechaba los primeros calores estivales para tumbarme en la arena y pillar algo de moreno.

Si coincidía con mis amigos de veraneo allí, genial, pero como no siempre era posible, aprovechaba simplemente para descansar y disfrutar unos días en familia.

Lo malo era si ese fin de semana coincidía con un calentón del quince de los míos, que me entraban unas ganas locas de mojar el churro.

En circunstancias habituales, lo lógico hubiese sido entrar en el chat y buscar a alguien con quien aliviarme, pero estando en una época en la que Internet no lo copaba todo como ahora, la única solución posible era el acceso a través de los cibercafés del pueblo.

Recuerdo en concreto un sábado por la tarde que estaba más salido de lo habitual que localicé un local en el que no había demasiada gente. Ahora lo pienso y no sé si sería capaz de ponerme a buscar sexo en un lugar tan público como eran aquellos locales, pero cuando las ganas apretaban, mi timidez habitual desaparecía por completo.

Al poco, contacté con un chaval que vivía en un pueblo costero cercano al mío y enseguida me invitó a su casa. Yo ese finde recuerdo que no había ido en mi coche, sino que por comodidad había subido en el de mis padres, por lo que al pillarme algo lejos, le dije que no iba a poder ser. Él, que debía ir igual o más caliente que yo, me dijo que no era problema, que podía pasar a a recogerme y traerme después de vuelta.

Y así hicimos, quedamos en la rotonda de acceso al pueblo, y a los quince minutos escasos allí que se plantó. Aunque habíamos quedado sin fotos ni nada, la verdad es que el chaval estaba bastante apañado. Recuerdo que me molaron sobre todo sus brazos, que estaban definidos pero sin pasarse. Y que tenía cara de buena persona, que eso, quieras que no, me daba confianza.

LLegamos a su casa, y sin hablar demasiado (íbamos a lo que íbamos), ya empezamos a morrearnos. Yo comencé a bajar mis manos por su espalda dispuesto cuanto antes a llegar a su culo, que ya me había fijado al entrar que prometía bastante. Fue apretarlo contra mí y ya me di cuenta de que no me había equivocado.

Ya al tacto se le notaba firme y duro, así que le di la vuelta para bajarle los pantalones y vérselo bien. Cuando se lo vi, flipé. Junto con el del brasileño, era de los mejores culos que había visto hasta ese momento, y de hecho a día de hoy no he conocido a nadie que los supere.

Sí que me dijo que aunque era pasivo, en una primera cita nunca se dejaba follar, así que aunque me quedé con las ganas, pasamos una buena tarde de mamadas y pajas.

Después de corrernos los dos y ducharnos (yo sin dejar de tocarle el culazo), me dijo si antes de acercarme a casa le podía acompañar a hacer una visita rápida a una amiga que había vuelto de viaje. A mí me sorprendió un poco, pero como era él quien me había llevado y quien me tenía que devolver, no pude negarme.

Fue a dos calles de su apartamento, subimos, y resulta que allí había mas gente. Estaba su amiga, el novio de la amiga, y otras dos chicas más.

El chaval me presentó como un amigo suyo de Valencia y pronto me di cuenta de que aquella visita iba a ser de todo menos “rápida”.

A los pocos minutos de estar allí, el telefonillo empezó a echar humo hasta que nos juntamos en su casa unas diez o quince personas en una especie de fiesta de bienvenida o algo así, a la dueña de la casa (había estado un año viviendo en el extranjero).

La situación en sí era superextraña, y más si pensamos que hasta hacía un par de horas, yo a mi “amigo” no lo conocía de nada, y ahora estaba conociendo a todos sus amigos sin venir a cuento.

El chaval,  en un principio intentó no despegarse de mí, pero llegó un momento en que se puso a hablar con otras personas, y a mí me toco improvisar intentando justificar un poco mi presencia ante la gente que no me conocía de nada.

La visita rápida se convirtió al final en una cena en toda regla (pidieron pizzas aparte del picoteo que ya había) y luego pasamos a las copas, momento en que empecé a beber como un cosaco para así al menos intentar soltarme un poco. Y lo conseguí. Tanto, que acabamos la noche enrollándonos en un sofá sin importarnos el resto de amigos/as de su grupo.

Al final salimos de la casa cerca de las tres de la mañana, los dos medio empalmados, y descojonándonos por lo surrealista que había resultado la visita.

Antes de subir al coche para devolverme a casa, aún paramos en  la suya a “tomarnos la última”. Salimos al balcón a tomar el aire, y una vez apoyado él en la barandilla, me puse detrás a mordisquearle el cuello. Le quité la camiseta y fui bajando lentamente hasta desabrocharle el pantalón y ver ante mí de nuevo ese culito tan bueno que tenía.

A los dos en ese momento nos dio un poco igual que nos pudiese ver alguien, así que le acabé haciendo una comida de culo que ni en las películas. Técnicamente era la segunda vez que quedábamos, así que esta vez sí se dejó follar y ahí mismo, en su balcón, que lo hicimos.

Acabamos la noche en una especie de tumbona que tenía y que parecía ni hecha adrede para pegar el polvo que pegamos. Incluso acabamos mirando las estrellas y tapados por una manta de sofá, que para el caso nos vino que ni pintada.

Cuando me dejó en casa a las tantas de la mañana, pensé que había sido de las citas mas entretenidas que había tenido nunca, ya que habían sido como varias condensadas en una sola.

Unas semanas después, volvimos a vernos, e incluso con el tiempo fue de las primeras personas con las que fui a una playa nudista.

Sin embargo, ese verano que podríamos habernos visto más, nuestras vacaciones no coincidieron, y con el tiempo acabamos perdiendo el contacto. Y fue una lástima, porque el chico era un cachondo, en el sentido amplio de la palabra.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

Cita a ciegas

Cita a ciegas

LLegó un momento en que empecé a plantearme si el follar sin más ni más me llenaba o realmente yo lo que buscaba era encontrar una pareja que me durase algo más que unos pocos meses.

El hecho de que mis amigos (heteros) ya tuviesen parejas de años, y empezasen ya a invitarme a sus bodas, todavía hacía que tuviese más ganas de encontrar a alguien con quien compartir mi vida.

Fue ese estado de “desesperación” temporal lo que me llevó a aceptar una cita a ciegas que me propusieron.

Con mi amigo el murciano, del que os hablé aquí, seguía teniendo más o menos contacto por Internet, y todas estas cuestiones se las contaba habitualmente. Él, aparte de conmigo, llevaba un tiempo en el que hablaba también con otro valenciano por el chat, y no se le ocurrió otra cosa que organizarnos a ambos una cita para ver si congeniábamos.

Por lo que me comentó, él había cortado hacía poco tiempo con su novio, con lo que estaba abierto a conocer a gente nueva, y yo acepté porque tampoco perdía nada en el intento.

Recuerdo que como era la época del msn aún (¿o era ya Skype?) nos unió a la conversación a los tres en plan party line y acordamos vernos en la playa el fin de semana, ya que ya empezaba a hacer muy buen tiempo y a los dos nos apetecía ya tirarnos en la arena.

Ese mismo sábado, allí que me fui con mi toalla y equipo de baño al completo para verme con el “desconocido”. Para reconocernos, quedamos en la posta sanitaria de la cruz roja que había cerca del paseo marítimo y nos dijimos el color de la toalla que llevaríamos (ya que por la foto que nos habíamos visto del msn no iba a ser suficiente para identificarnos).

A los cinco minutos de llegar, apareció el chaval y ya me di cuenta de lo poco que íbamos a tener en común. El tío llevaba mechas rubias que es algo que en un tío ya de por sí me echa un poco para atrás. Iba vestido con camiseta de tirantes negra con un par de tallas menos a la suya para  así marcar musculitos (que los tenía) y un slip amarillo chillón o fardahuevos que es como yo solía llamar al invento. Como remate, un dragón supercantoso asomaba tatuado sobre su hombro izquierdo.

Era lo que yo suelo llamar un “machofucker”, que para follar, igual muy bien, pero esa cita, en teoría no era para eso.

Aún así, tampoco quería prejuzgarle por su aspecto, ni dejar en mal lugar a mi amigo el murciano, así que intenté tener mente abierta  y conocerle un poco mejor.

Sin embargo, tumbados ya en la arena y hablando un poco de todo me percaté pronto de que con ese tío sólo iba a haber un tema de conversación: su ex. Y no es por nada, pero quedar con alguien y que no deje de hablar de su expareja, aparte de inoportuno puede resultar un coñazo de los grandes.

El tío me comentó que había cortado recientemente después de cinco años de pareja, y comenzó pronto a hablarme de cómo era su exnovio, y cómo era la familia de su exnovio, y también de qué raza era el perro de su exnovio… LLegó un momento en que sabía mas de la vida de su ex que de la suya propia. Yo trataba de cambiar de conversación en todo momento pero ya se las apañaba él para darle la vuelta a lo que hablaba para acabar hablando de su expareja de nuevo.

Me comentó que se habían llegado a “casar” (en una época en la que aún no habían bodas entre gays en España ni siquiera se había planteado aún su existencia), por lo que muchas veces se refería a él como su “ex-marido”, que recuerdo que fue la primera vez que oí a un tío decir eso y me chocaba un poco.

También llegó a hablarme de detalles que igual no eran del todo necesarios, pero que al menos le daba cierta vidilla a la conversación. Y es que por lo visto eran una pareja bastante abierta. Tanto que habían hecho bastantes orgías, tríos, incluso jueguecitos de glory holes, y cosas así. Me comentó cosas que entonces (bastante inocente aún según para qué), me sorprendían mucho, como que quedaban con tíos a oscuras para que pasasen directamente a su cuarto para follar sin hablarse. O que a veces uno se escondía en las cortinas para ver cómo su pareja follaba con otros sin que lo supiera.

Por cierto que por todo eso, me resultó bastante curioso el hecho de que su ruptura fuese por cuernos. Y es que por lo visto había pillado una conversación que daba a entender que su pareja había repetido a escondidas con uno con el que habían quedado los dos, y se pilló un cabreo tremendo que acabó por romper su relación. (Que yo pensaba que una pareja tan abierta los cuernos no afectaban tanto, pero se ve que sí).

Total que al final como yo ya no tenía demasiado interés en conocer más cosas de su expareja, ni veía que él tuviese tampoco interés ninguno en mí (yo creo que ni me preguntó a qué me dedicaba o qué hacia en mi vida. Para mí que ni siquiera fue capaz de recordar cómo me llamaba), hice al poco como que me habían mandado un sms superimportante (excusa muy original ¿verdad?), y me largué más pronto que tarde.

Por supuesto que no volvimos a quedar, y ya le dije al murciano que nunca más me organizase ninguna cita a ciegas, y más con alguien con quien no pegaba ni con cola.

Así que volví al folleteo promiscuo para, hasta que volviese a encontrar a la pareja de mis sueños, pasar el rato como mejor se me daba por aquel entonces.

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