En los fines de semana previos a que comenzase la temporada de verano, mis padres se solían acercar al apartamento de la playa para poner las cosas apunto de cara a las vacaciones.

Algunos de esos fines de semana, yo solía acompañarles y así aparte de echar una mano, ya aprovechaba los primeros calores estivales para tumbarme en la arena y pillar algo de moreno.

Si coincidía con mis amigos de veraneo allí, genial, pero como no siempre era posible, aprovechaba simplemente para descansar y disfrutar unos días en familia.

Lo malo era si ese fin de semana coincidía con un calentón del quince de los míos, que me entraban unas ganas locas de mojar el churro.

En circunstancias habituales, lo lógico hubiese sido entrar en el chat y buscar a alguien con quien aliviarme, pero estando en una época en la que Internet no lo copaba todo como ahora, la única solución posible era el acceso a través de los cibercafés del pueblo.

Recuerdo en concreto un sábado por la tarde que estaba más salido de lo habitual que localicé un local en el que no había demasiada gente. Ahora lo pienso y no sé si sería capaz de ponerme a buscar sexo en un lugar tan público como eran aquellos locales, pero cuando las ganas apretaban, mi timidez habitual desaparecía por completo.

Al poco, contacté con un chaval que vivía en un pueblo costero cercano al mío y enseguida me invitó a su casa. Yo ese finde recuerdo que no había ido en mi coche, sino que por comodidad había subido en el de mis padres, por lo que al pillarme algo lejos, le dije que no iba a poder ser. Él, que debía ir igual o más caliente que yo, me dijo que no era problema, que podía pasar a a recogerme y traerme después de vuelta.

Y así hicimos, quedamos en la rotonda de acceso al pueblo, y a los quince minutos escasos allí que se plantó. Aunque habíamos quedado sin fotos ni nada, la verdad es que el chaval estaba bastante apañado. Recuerdo que me molaron sobre todo sus brazos, que estaban definidos pero sin pasarse. Y que tenía cara de buena persona, que eso, quieras que no, me daba confianza.

LLegamos a su casa, y sin hablar demasiado (íbamos a lo que íbamos), ya empezamos a morrearnos. Yo comencé a bajar mis manos por su espalda dispuesto cuanto antes a llegar a su culo, que ya me había fijado al entrar que prometía bastante. Fue apretarlo contra mí y ya me di cuenta de que no me había equivocado.

Ya al tacto se le notaba firme y duro, así que le di la vuelta para bajarle los pantalones y vérselo bien. Cuando se lo vi, flipé. Junto con el del brasileño, era de los mejores culos que había visto hasta ese momento, y de hecho a día de hoy no he conocido a nadie que los supere.

Sí que me dijo que aunque era pasivo, en una primera cita nunca se dejaba follar, así que aunque me quedé con las ganas, pasamos una buena tarde de mamadas y pajas.

Después de corrernos los dos y ducharnos (yo sin dejar de tocarle el culazo), me dijo si antes de acercarme a casa le podía acompañar a hacer una visita rápida a una amiga que había vuelto de viaje. A mí me sorprendió un poco, pero como era él quien me había llevado y quien me tenía que devolver, no pude negarme.

Fue a dos calles de su apartamento, subimos, y resulta que allí había mas gente. Estaba su amiga, el novio de la amiga, y otras dos chicas más.

El chaval me presentó como un amigo suyo de Valencia y pronto me di cuenta de que aquella visita iba a ser de todo menos “rápida”.

A los pocos minutos de estar allí, el telefonillo empezó a echar humo hasta que nos juntamos en su casa unas diez o quince personas en una especie de fiesta de bienvenida o algo así, a la dueña de la casa (había estado un año viviendo en el extranjero).

La situación en sí era superextraña, y más si pensamos que hasta hacía un par de horas, yo a mi “amigo” no lo conocía de nada, y ahora estaba conociendo a todos sus amigos sin venir a cuento.

El chaval,  en un principio intentó no despegarse de mí, pero llegó un momento en que se puso a hablar con otras personas, y a mí me toco improvisar intentando justificar un poco mi presencia ante la gente que no me conocía de nada.

La visita rápida se convirtió al final en una cena en toda regla (pidieron pizzas aparte del picoteo que ya había) y luego pasamos a las copas, momento en que empecé a beber como un cosaco para así al menos intentar soltarme un poco. Y lo conseguí. Tanto, que acabamos la noche enrollándonos en un sofá sin importarnos el resto de amigos/as de su grupo.

Al final salimos de la casa cerca de las tres de la mañana, los dos medio empalmados, y descojonándonos por lo surrealista que había resultado la visita.

Antes de subir al coche para devolverme a casa, aún paramos en  la suya a “tomarnos la última”. Salimos al balcón a tomar el aire, y una vez apoyado él en la barandilla, me puse detrás a mordisquearle el cuello. Le quité la camiseta y fui bajando lentamente hasta desabrocharle el pantalón y ver ante mí de nuevo ese culito tan bueno que tenía.

A los dos en ese momento nos dio un poco igual que nos pudiese ver alguien, así que le acabé haciendo una comida de culo que ni en las películas. Técnicamente era la segunda vez que quedábamos, así que esta vez sí se dejó follar y ahí mismo, en su balcón, que lo hicimos.

Acabamos la noche en una especie de tumbona que tenía y que parecía ni hecha adrede para pegar el polvo que pegamos. Incluso acabamos mirando las estrellas y tapados por una manta de sofá, que para el caso nos vino que ni pintada.

Cuando me dejó en casa a las tantas de la mañana, pensé que había sido de las citas mas entretenidas que había tenido nunca, ya que habían sido como varias condensadas en una sola.

Unas semanas después, volvimos a vernos, e incluso con el tiempo fue de las primeras personas con las que fui a una playa nudista.

Sin embargo, ese verano que podríamos habernos visto más, nuestras vacaciones no coincidieron, y con el tiempo acabamos perdiendo el contacto. Y fue una lástima, porque el chico era un cachondo, en el sentido amplio de la palabra.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

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10 comentarios en “La Visita

  1. jajjaja… asi que no puedes pasar muchos días sin mojar el ‘fartó’? 😀
    Pues esta entrada no sé si porque me ha pillado en un día que estoy hormonando ajjaaj .. me ha puesto muy muy caliente. No hay cosa que más me ponga y descomponga, que un tío que obviamente ya conozca (disimuladamente en un sitio público) me sobe el culo y lo apriete con la mano. Me quedo paralizado y sin respiración pero … ya he caído. En una cola abarrotada de gente antes de entrar a un local, en el metro, en una barra con mucha peña esperando la bebida y él te “cubre” la espalda apretándose, etc..
    Y si ya es en un balcón apollado en la barandilla ufff… que calentón.

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      1. ajjaja.. es pequeñito y pellizcable como dice mi amiga Marga. Pero sí, de mis muslos y culito estoy satisfecho. La bici, Pablo, voy a todas partes en bici y desde que pusieron carril bici por toda Sevilla, es un verdadera gozada.
        Besos

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  2. Es un encuentro la mar de surrealista por aquello de empezar por quedar con un desconocido y terminar acompañándole a una fiesta con todo su círculo de amigos, ¡ya se suele decir que la realidad supera la ficción!…por lo menos gracias a la fiesta superaste esa barrera de “en la primera noche no” y pudiste disfrutar de todas las posibilidades que aquel trasero podía ofrecer. ¿Qué se le pasaría por la cabeza a él para llevarse a esa reunión a un tío al que acababa de conocer?…

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    1. Es que si sigues mi blog, te darás cuenta de que a mí me han pasado siempre cosas muuuuuy surrealistas, jajaja.
      Por cierto, que él me comentó luego que me llevó a la fiestecita porque estaba ya un poco harto de tener que ir solo a cosas así cuando los demás iban emparejados, y como le di muy buen rollo, pues lo tuvo claro.
      Saludos.

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  3. Qué bueno es cuando uno se espera solo un polvo, y resulta que te sorprenden con algo más! Aunque sea una cosa al final igualmente fugaz. Pero se queda la sensación de haber sido una experiencia más completa, ¿verdad que sí?

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  4. Es innegable que eres muy de culos jejejeje, al final la cita fue super completa como bien dices y lo de la follada en el balcón me ha parecido una de las cosas más morbosas que te recuerdo. La primera vez que quedé con el pelirrojo recuerdo que quedamos por la tarde para un café y acabé volviendo a casa a las 10 de la mañana…

    Abrazotes.

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