La playa

La playa

Si me hubieseis preguntado hace unos años con qué palabras asocio el verano, tal vez hubiese dicho: calor, sol, playa, vacaciones o helados. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, debería unir la palabra “nudismo” a esta retahíla.

Sin embargo, en este post únicamente quería tratar mis primeros contactos en ese mundo, dejando mis experiencias en esas playas para posteriores entradas.

La primera vez que fui a una, con amigos heteros, fue por puro morbo para poder ver a gente en bolas.

Por aquella época, yo todavía era menor de edad. De hecho, de los tres que fuimos, sólo uno era ya mayor de 18 y lo recuerdo porque él ya tenía carnet y nos acercamos con su coche a Javea.

La playa era mixta, con lo que había gente desnuda entremezclada con gente vestida. Nosotros no nos desnudamos y nos pasamos la mayor parte del tiempo en el agua babeando y mirando hacia todos lados. Mis amigos, a todas las chiquitas, y yo, con disimulo, a cualquier tío que entrase en el agua.

Pero quien más me marcó, para bien, fue un “papaito” que aunque se pasó toda la mañana vestido, al marcharse, se despelotó completamente para cambiarse de bañador, dejando una panorámica de su culo, que tardé mucho tiempo en olvidar.

La segunda vez que fui, bastantes años después, ya fue con mi amiga Raquel. No recuerdo muy bien porqué, pero un sábado acabamos en la playa seminudista de El Saler, muy próxima a Valencia ciudad.

En realidad acabamos en la frontera que separa la nudista de la textil y allí que plantamos la sombrilla.

Por aquel entonces, mi salida del armario forzada aún no se había producido, con lo que como en la vez anterior, tuve que disimular bastante. Tampoco nos desnudamos, aunque ella sí hizo topless, dejando al aire un par de tetazas que recibieron bastantes miradas ajenas.

De aquella experiencia, recuerdo a Raquel hablándome de algo a lo que no prestaba ninguna atención, concentrado como estaba en un chulazo que estaba a sus espaldas duchándose como Dios lo trajo al mundo.

Aquella imagen de un tío, desnudo, bajo una columna de agua fue de un morbazo difícil de olvidar.

Por último, la tercera vez que me acerqué a una nudista ya fue con mi pareja, la actual, bastante tiempo después. Esa vez fue a una población cercana, Pinedo, en una zona de playa abiertamente gay.

Me convenció él porque realmente, no sé si por prejuicios o por qué motivo, pero nunca me ha apetecido ir a “guettos”, a zonas adrede destinadas a gays, igual que me pasó cuando empecé a ir a zonas de ambiente (siempre he sido muy cuadriculado).

Encima, aquella vez, un domingo por la mañana, la edad media de la playa estaría en unos sesenta años…

Recuerdo incluso a un hombre muy mayor, en la orilla, agachándose buscando tellinas (coquinas) y de verdad que no era una imagen muy agradable de ver (si os acordáis del ojo de Sauron, sabéis de lo que hablo).

Y es que hasta  entonces, mi único interés por ir a esas playas era por ver “ganado”: tipos buenos enseñándolo todo. Ver culos, pollas, pechos peludos o buenas piernas de futbolista. No veía nada más allá. No encontraba otro motivo para ir a una nudista que no fuese eso.

Hasta que esa vez, animado por mi novio, me desnudé y me fui al agua en bolas. Y esa sensación de “libertad” lo trastocó todo.

Fue un cambio total y es que la sensación de bañarse desnudo es algo increíble. Además, la vuelta a la toalla sintiendo la mirada de los otros sobre tu cuerpo, si tienes como yo un punto exhibicionista, es también algo muy morboso, con lo que empecé a cogerle el gusto.

Eso no quiere decir ahora que cuando voy a la playa ya no mire a mi alrededor. No es así. Todos lo hacemos. Pero la sensación de tomar el sol, bañarse, pasear o hacer jueguecitos con tu pareja, sin ropa de ningun tipo, es algo que recomiendo a todo el mundo hacer alguna vez en la vida.

Así que si podéis, animaros este verano si tenéis alguna nudista cerca y ya me contáis porque además es algo que engancha. Y mucho.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

Infiltrados

Infiltrados

Como sabéis que el mundillo del porno es algo que me gusta desde siempre, que conozco a actores por su nombre y todo, y que me sé más o menos la vida de alguno (como ya comenté en los posts de La noche de los muertos vivientes y Volver a empezar), hoy quería hablaros de unos actores en el porno gay que lo más curioso de todo es que…no son gays.

El nombre técnico de esta gente son “gay por pay”, o lo que es lo mismo, que hacen de gays por pasta. Bueno, no es que hagan de gays, simplemente se follan a tíos ante las cámaras. Y es que por lo visto se paga mucho más a los actores en el porno gay que en el hetero (ahí son mejores pagadas las tías).

Generalmente estos actores-que han existido en el cine desde siempre- solían hacer de activos y para conseguir calentarse echaban mano de ciertos chavales cuya función era excitar al personal entre toma y toma -buena película sobre el tema es “The fluffer” (2001)-. Sin embargo, desde la llegada de la Viagra, con tomarse una pastillita la situación se solucionaba por sí sola, pudiendo grabar sus escenas durante varias horas con independencia de sus gustos sexuales.

Últimamente, la situación de estos actores ha ido cambiando y partiendo de la base de que “igual de maricona es el que da como el que toma”, muchos han optado por ser versátiles, cuando no totalmente pasivos (al fin y al cabo es poner el culo y poco más), con lo que su situación en el mercado se ha revalorizado mucho, cobrando mucho más por el morbo que saben que provoca ver a un hetero a cuatro patas.

Los actores más conocidos en ese gremio, son:

JohnnyRapid
Johnny Rapid

Este jovencito actor suele ser uno de los pasivos más cotizados. De los que son usados como una marioneta en sus películas (recuerdo una escena en la que se lo follan en una cárcel que es antológica).

Por eso me sorprendió tanto saber que estaba casado y con una hija. Saltó a la fama cuando su productora Men.com, ofreció a Justin Bieber una cantidad millonaria por rodar una escena junto a él.

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Peter North

Curioso caso el del actor Peter North, que empezó rodando escenas en películas gay con el nombre de Matt Ramsey.

A este actor lo empecé a ver en las primeras películas porno que vi en mi vida y me sorprendía por lo lechero que podía llegar a ser. Cuando me enteré de que había empezado en el mundillo como actor gay, no paré hasta que encontré esas primeras películas vintage.

pavel novotny
Pavel Novotny

Rubio actor checo nacido en Praga, ha trabajado tanto en películas gay, como bisexuales y heterosexuales.

Fue de los primeros en reconocer abiertamente su heterosexualidad aunque también dijo que sólo actuaría como activo en sus películas. Finalmente acabó recibiendo la oferta económica que le hizo cambiar de “postura” al respecto, comenzando a grabar bastantes títulos como pasivo.

zeb atlas
Zeb Atlas

A este hombre lo definiría como una mezcla entre Mario Casas y el muñeco de Michelín. Mide 1,90 y pesa 113 kg de puro músculo. Con éste me pasó lo mismo que con Peter North. Lo empecé viendo en películas hetero hasta que un día lo vi dándolo todo con un compañero de reparto en una película gay.

En este caso no queda del todo claro si realmente es gay for pay, o hetero for pay, porque parece que realmente es bastante abierto…

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Sebastian Young

Sebastian Young es, digamos, como el “malote” del grupo. Ha entrado y salido de la cárcel en innumerables ocasiones. Con un historial delictivo como para empapelar una pared entera, está casado y actúa en el porno gay para pagar a sus abogados y las distintas multas que le han ido cayendo durante estos años.

De los más reputados actores actuales, no tiene problemas en ser penetrado ante las cámaras.

rafa garcia
Rafa García

Por último, en el caso de España, tenemos también a actores de la talla (ejem, ejem) de Rafa (el hermano de Dinio, el que fue novio de Marujita Díaz…) que últimamente ha hecho también alguna cosilla en el porno gay (como activo -de momento-), aunque pienso que llamar actor a este hombre es denostar a todo un gremio.

(Eso sí, por tener, sí que tiene una buena herramienta de trabajo, no nos engañemos)

Una cosa más. Si os ha interesado el post, que sepáis que una  productora porno se sacó de la manga un reality sobre el tema en el año 2014, donde un grupo de actores heteros convivían en una mansión (al estilo Jersey/Geordie/Gandía Shore) mientras se preparaban (¿?) para sus rodajes en el mundo gay.

El reality se centra en las personas que viven este estilo de vida tabú y no convencional, la exploración de las relaciones dinámicas entre el propietario, los trabajadores y los actores del sitio web para adultos brokestraightboys

Con esta frase, que no tiene desperdicio, se promocionaban tanto en la emisión online, como por la televisión por cable donde emitían en EEUU.

Os dejo el trailer pinchando aquí.

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El Señor de los anillos

El Señor de los anillos

Lo que voy a contar hoy es de las historias más extrañas que me pasó con un tío. No le pongo nombre porque ni siquiera lo recuerdo. Le conocí en un pub a las tantas de la mañana, en mi época de zorreo particular. Nos pegamos las típicas miraditas previas, luego algo de charla, y poco después nos fuimos para su casa.

A mi el tío me había sorprendido nada más verlo por el pedazo de paquete que marcaba. En aquel momento no supe adivinar si lo que le marcaba era el pantalón en sí, que le venía amarrado, o realmente es que era todo suyo. Pero vamos, llamar la atención la llamaba.

Vivía no muy lejos de donde nos habíamos conocido, así que en poco más de diez minutos, ya estábamos subiendo hasta su piso (era un tercero sin ascensor).

Nada más entrar en su casa, sí que me sorprendió que no empezamos a morrearnos (algo bastante habitual las veces que ligaba de forma tan rápida), y sólo me dijo que tenía algo que me iba a soprender.

Simplemente cogió una silla que tenía, la puso en medio de la habitación (comedor-cocina todo junto) y me pidió que me sentara.

A mí la verdad es que entre el alcohol y el rollo así en plan sorpresa que quería darle, la situación ya me hizo bastante gracia, y le pregunté si me iba a hacer un streptease y me había puesto en el palco vip para verlo mejor.

El tío me dijo que simplemente me sentaba ahí para que estuviese atento a lo que quería enseñarme.

El hombre (que realmente no era ningún jovencito, puesto que me sacaba ya unos años) se puso entonces delante de mí a una altura en la que su paquete se quedaba totalmente a la altura de mi cara, y empezó a desnudarse, quitándose primero la camiseta.

Aunque yo intentaba mirarle el cuerpo de arriba abajo, a poco que me daba cuenta me recreaba mirándole el pedazo de bulto que marcaba en sus pantalones. Si en el pub aquello me había parecido grande, a esa distancia ya era escandaloso, y como las manos siempre van al pan, intenté magrearle el bultaco, a lo cual se negó.

Me dijo entonces que tuviese calma, que quería calentarme primero para que luego la sorpresa fuera mayor.

Sí que me dejó tocarle el culo a dos manos, y acercar mi cara a su entrepierna, para notar como le iba creciendo cada vez más. A esas alturas, yo mismo iba empalmado como un mono, aprisionándome mi propia erección en el vaquero que llevaba.

(Intenté desnudarme un par de veces, pero a eso también se negó, diciendo que no era el momento todavía).

Finalmente, después de un rato largo de “calentamiento”, fue cuando se bajó con una mano los pantalones y calzoncillos mientras con la otra intentaba tapar algo de carne que ya se le desparramaba por los laterales.

Una vez desnudo del todo, se quitó la mano, y a la voz de “es toda tuya” me enseñó lo que él básicamente llamaba su “obra de arte”.

Lo primero que me llamó la atención fue unos enormes anillos plateados que llevaba sujetándose los huevos y la polla. Realmente no sé decir si eran dos anillos superpuestos, o uno sólo doble, pero le aprisionaban por un lado el pedazo de polla  y por otra los gigantescos huevos que le colgaban.

Los huevos eran como los del caballo de Espartero. Hinchadísimos de un forma que no era normal. No parecían naturales. Realmente ni siquiera parecían dos testículos, pues estaban tan inflamados que era como un único huevo de un tamaño que no había visto nunca. Al tocarlos, incluso, se podían notar el peso sobre mi mano. (Tanto que incluso me dio la sensación de como cuando estás sopesando un melón en el mercado).

Y luego estaba la polla, que tenía un aspecto tan extraño que sorprendía. No es que fuera gorda, es que era gordísima. Pero también con un aspecto que no parecía natural. De hecho era como si le hubiese atacado un enjambre de avispas. (Para que os hagáis una idea, la propia piel del prepucio era como de un dedo de ancho y no estoy exagerando…)

Claro yo cuando vi todo eso, es que no supe ni qué decir. A ver, morbo daba, pero por otro lado…era extraño en conjunto. Yo le tocaba los huevos, le magreaba el rabo, lo miraba, me pegaba en la cara como si fuese una manguera…pero no daba crédito a lo que tenía entre mis manos.

Yo sólo decía que qué pasada, que qué barbaridad que como tenía eso ahí y la verdad es que llegó un momento que me entró la risa floja y todo porque me parecía de coña que alguien pudiese vivir con eso.

A él mi sonrisa, mis comentarios y todo lo demás era evidente que no le estaban haciendo ninguna gracia. Yo, al ver su cara, me di cuenta de que igual me estaba pasando (también es que había bebido) e intenté suavizar mis comentarios. Me vino a la mente entonces que igual lo que tenía el hombre era una enfermedad, porque me sonaba haber leído algo sobre la “elefantiasis”(aumento de partes del cuerpo) con lo cual todavía me agobié un poco más.

Le pregunté directamente si lo que tenía era una enfermedad, que si era eso me perdonase, que no tenía intención de reirme de defectos ajenos. Si hasta entonces su cara reflejaba que estaba algo molesto, de ahí pasó a cabreado en un segundo.

Se subió los calzoncillos y el pantalón y me dijo que no, que no tenía ninguna enfermedad y que si no me gustaba lo que tenía, ya me podía ir de su casa.

Yo la verdad es que no sabía qué decir, y le dije que no, que realmente me gustaba, que no pasaba nada.

Pero ya no hubo nada que hacer, me dijo que me tenía que marchar, que le “había costado” mucho tener esa polla y esos huevos, para que viniese cualquiera a descojonarse en su cara.

Yo en ese momento no entendí nada de a qué se refería con lo que le había costado, pero como tampoco quería discutir ni decirle nada más, me fui de allí sin entender demasiado.

No fue hasta cierto tiempo después cuando hablando con un médico amigo me habló de gente que le molaba meterse inyecciones de agua salina en los huevos y la polla hasta tal punto que llegan a tener un aspecto amorfo. Incluso vi fotos de a qué se refería con lo de “amorfo” y fue cuando me vino a la mente la historia que he reflejado hoy.

Supongo que esta gente le gusta que le admiren la barbaridad a la que pueden llegar con esa especie de fetichismo, pero yo no acabé de pillarle el punto y supongo que por eso este hombre se sintió tan  decepcionado con mi actitud en aquel momento.

Así que si un día veis por la calle a alguien con un paquete considerable, desconfiad, que igual no es tan natural todo como podéis pensar.

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Tío Vania

Tío Vania

Ya os he hablado algunas veces en este blog de maridos que le ponen los cuernos a sus mujeres con otros hombres.

Muchos se consideran heteros curiosos o bisexuales. Pero también hay algunos que aún considerándose gays, debido a situaciones familiares o sociales, deciden casarse con una mujer para estar más “integrados” en la sociedad.

Esta forma de pensar, por suerte, ya se está perdiendo, pero existen generaciones que en su momento no veían otra opción.

Hasta ahora siempre he hablado de este tema por gente que he conocido durante estos años, o amigos de amigos, pero hace unos meses, alguien de mi entorno familiar decidió dar un paso al frente.

Mi tío (llamémosle V.), se casó hará casí 40 años cuando aún era muy joven. Durante este tiempo ha tenido tres hijos, dos chicos y una chica, esta última aún adolescente, formando, a la vista de los demás, una familia normal y corriente.

Hace poco tiempo él abandonó la casa familiar porque había “descubierto” que era gay, y que se sentía atraído por un compañero de trabajo.

El terremoto en la familia fue bastante fuerte. Muy fuerte. Algunos, sorprendidos, otros no tanto. En mi caso en concreto, nada sorprendido.

Mi sospechas respecto de él, he de confesar que ya empezaron hace años, e incluso hice velada referencia en el post de LoschicosdelBarrio. Allí os comenté que un chaval con el que me enrollé, me habló de mi tío de una forma que hacía ver que le conocía bien. Demasiado bien. Estaba claro que entre ellos algo había pasado, sin embargo, por discreción o porque no quería en aquel momento saber nada más, no quise confirmar si había habido sexo entre ellos (si bien su sonrisa dejaba lugar a pocas dudas).

Posteriormente, esas sospechas fueron en aumento.

Igual para alguien fuera de este entorno, las cosas de las que mi tío hablaba no significaban nada, pero para mí, sí. Decir, por ejemplo, que le gustaba mucho pasear por ciertos jardines de mi ciudad (donde en el mundillo gay se sabe que son famosos por el cancaneo); contar que se había apuntado al polideportivo más gay de toda Valencia (os hablé de él en un post anterior), o incluso el tipo de ropa que se compraba últimamente (en conocidas tiendas de ropa gay) me hicieron confirmar que al menos mi tío sería bisexual.

En los últimos tiempos, la situación (al menos para mis ojos) era tan evidente que llegué a pensar que su mujer, mi tía, estaría ya al tanto de todo. Que incluso serían como una pareja abierta o algo así, porque me parecía del todo increíble que ella no se hubiese dado cuenta de nada.

Así que cuando mi tío salió del armario, me pareció hasta cierto punto lógico y consecuente, aunque decir que ha sido ahora cuando ha descubierto lo suyo, es algo que no se cree ni él mismo.

La situación ahora mismo entre el matrimonio es nula, claro. Y con sus tres hijos, aunque correcta, supongo que por las circunstancias tardará todavía mucho en recomponerse.

El problema viene porque  si bien su homosexualidad, latente o no, llevaba con él muchos años, es ahora cuando en ese estado de “libertad” quiere recuperar el tiempo perdido, aún a costa de todo.

¿Es lícito hacer algo así? pues supongo que sí, claro, pero tampoco creo yo que se pueda pretender vivir una vida que no has vivido como si tuvieses veinte años. Supongo que hay una época para todo, y si actualmente rozas los 60 años, pretender ir con sudaderas y ropa juvenil e intentar cerrar todos los locales como si fueses un universitario, puede resultar un poco patético desde mi punto de vista.

Porque eso es lo que ocurre ahora. Con el compañero de trabajo se ve que no prosperó la cosa (por lo visto él también está casado pero no quiere dar ese paso), y ahora mi tío va a la caza de jovencitos descarriados, jovencitos que igual tienen la edad de su hijo mayor, sin pensar que puede resultar ridículo a estas alturas de la vida.

¿Es una crítica lo que estoy haciendo? ¿Acaso no tiene el derecho a reiniciar una nueva vida? Pues sí, claro que sí, por supuesto. Pero es la primera vez que veo de cerca cuáles son los resultados directos de un “reseteo” en toda regla, y me duele por lo que deja en el camino.

Por otro lado, contarle a todo el mundo determinadas cosas (Valencia muchas veces es un pañuelo) -básicamente anécdotas sobre los cuernos que le ponía a mí tía, orgías en las que participa, o saunas a las que va-  que tarde o temprano puede que le lleguen a oídos de familiares (como es mi caso), no me parece demasiado correcto.

Y tampoco pretender que tus padres, que ya son muy mayores, acepten con total normalidad algo que para ellos, por su mentalidad, puede que les cueste asimilar. Y contarle los pormenores de tus correrías sexuales, tampoco creo que ayude demasiado.

Supongo, y espero por su bien, que esta nueva etapa pase pronto, y al menos vuelva a ser la mitad de persona que era antes, porque no me parece justo un cambio tan radical de vida cuando quieras que no, es imposible hacer como si no existiesen 40 años de vida anterior.

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