Ahora que el verano está entrando en su recta final es cuando suelo acordarme de aquellos veranos cuando era (más) joven y las vacaciones duraban tres meses completos.

Uno de aquellos veranos de los que mejor recuerdo tengo fue cuando tenía 16 años y viví mi primer, y único, “amor de verano”.

Desde bien pequeño, yo solía siempre veranear en los mismos apartamentos de un pueblo costero, con lo que año tras año solía coincidir con la misma gente.

Entre mi grupo de amigos había un chico madrileño con el que siempre me llevé muy bien, y ese verano en concreto vino un amigo y vecino suyo de Madrid para pasar los últimos días de sus vacaciones.

El chaval se llamaba Jesús, y era un año mayor que nosotros. Muy rubio y con ojos oscuros, me pareció muy guapete desde el primer momento, con lo que me colgué inmediatamente de él.

El chaval iba estar desde el viernes hasta el lunes por la mañana que es cuando se iría de vuelta a Madrid con mi amigo y su familia.

De ese viernes la verdad es que tengo pocos recuerdos, pero de ese sábado en concreto, y mira que han pasado años, sigo recordando todo lo que ocurrió como si no hubiera pasado el tiempo.

Recuerdo que amaneció nublado así que decidimos irnos a pescar al río, porque cuando estaba el tiempo así era cuando, en teoría, más fácil era que picaran.

Fuimos en el coche de un amigo (que ya era mayor de edad) y allí nos plantamos a pasar la mañana, que amenazaba con ponerse a llover de un momento a otro.

Estando allí, llegaron otros chavales de nuestra misma zona con los que nos llevabamos bastante mal. Empezamos pronto a picarnos unos a otros, en plan niñatos, que a pesar de la edad era lo que seguíamos siendo por aquella epoca.

En un momento dado, Jesús se levantó y ni corto ni perezoso se bajó el bañador para hacerles un calvo a los otros chavales, que estaban situados en la orilla de enfrente. Yo me quedé flipado, claro, porque aparte al tenerlo a lado le pude ver bien el pedazo culo que tenía el chaval. No contento con eso, y animado por la situación, aún se dio la vuelta, les enseñó la polla y comenzó a hacer movimientos de cadera como si se los estuviese zumbando a todos…

Mi amigo, partido de risa pero también un poco avergonzado, dijo que Jesús era así, y que cuando lo conociera un poco más, me daría cuenta de que estaba loco perdido.  A mí la verdad es que me encantó, y si me gustaba desde antes, a partir de ese momento y viendo lo que tenía entre las piernas (no calzaba mal, no), todavía mucho más.

Después de aquello, el tiempo nublado ya se convirtió en lluvioso y cogiendo los bártulos, nos fuimos hacia el coche intentando volver a casa antes de que la tormenta nos alcanzase.

Pero la tormenta nos alcanzó de lleno. Tanto que entre unas cosas y otras, cuando el amigo que iba en coche nos dejó en casa, íbamos como sopas. Como sus padres no estaban, decidí entonces quedarme un rato más con ellos y esperar a que pasase la tempestad.

Nada mas llegar, mi amigo nos dejó toallas y nos pusimos a secarnos un poco. Yo me quité la camiseta, y mientras mi amigo se fue al baño, Jesús se despelotó totalmente delante de mí, dándome la espalda, mientras buscaba unos calzoncillos que ponerse.

Una vez los encontró, se giró hacia a mi para ponérselos mientras me alcanzaba a mí otros limpios con la idea de que yo hiciese lo mismo. Evidentemente yo me despeloté también, cara a él, resultando este como uno de los momentos más morbosos en esa mi incipiente sexualidad.

Una vez secos, ya salió mi amigo, y mientras nos tomábamos un refresco esperamos que dejase de llover.

Esa noche nos fuimos a cenar por ahí, los dos amigos madrileños y mi otro amigo valenciano. En esa época todavía no estbamos en plan ligoteo a saco, aunque sí nos ibamos a la zona de copas, sólo por cotillerar un poco y reirnos de la gente y del postureo que siempre ha habido en esos sitios (eso ya ocurría hace años)

Ya en la cena, mi amigo no dejó de decirme que le había caído muy bien a Jesús, que nuestro otro amigo no tanto, y que no había dejado de hablarle de mí en toda la tarde.

Yo, en mi inocencia, recuerdo que llegué a pensar si esa amistad igual significaba algo más, y que igual lo que yo estaba sintiendo, también lo estaba sintiendo él igualmente.

Esa noche, ya de vuelta decidimos tumbarnos en la playa de noche hasta que a alguno se le ocurrió la genial idea de desnudarse y bañarse en la playa. Yo en aquella época aún era bastante vergonzoso y me bañé en calzoncillos, siendo otra vez Jesús el único que se atrevió a bañarse en bolas, dejando otra imagen en mi mente que tardaría mucho tiempo en borrar

De vuelta a casa recuerdo que pensé que ese chaval me gustaba mucho, de una forma que no había sentido nunca antes…

El domingo fue un día playero total y era ya evidente que entre Jesús y yo había surgido un colegueo total. Tanto que los demás tenían como “celos” pues pasamos todo el día haciendo el chorra juntos.

Esa noche, que iba a ser la última, incluso dormí en su casa, en una cama supletoria pues iba a ser la última hasta el verano siguiente.

Y ahí también le volví a ver desnudo por todos lados (el chico no tenía ningún problema con eso) dejando imágenes en mi cabeza difíciles de borrar.

Al día siguiente ya fue la despedida, muy triste para mí, a pesar de haberle conocido sólo dos días antes.

En aquella época, durante el invierno, nos solíamos escribir los amigos, y con el madrileño era bastante habitual hacerlo. Sin embargo ese año también empecé a recibi cartas de Jesús, con lo cual ese “amor de verano” traspasó la estación inicial.

Poco a poco esos escritos se empezaron a espaciar en el tiempo.

Al verano siguiente, él también vino a Valencia, está vez al inicio del verano. Sin embargo, todo había cambiado.

Aunque seguíamos congeniando en muchas cosas,  se notaba que él había madurado mucho más que yo. Para colmo, tuve que aguantarme al ver como se enrollaba con dos guiris en mi cara la primera vez que salimos por la noche…

Era evidente que Jesús no era gay, nunca lo había sido, y simplemente yo me había montado una película en la cabeza que no se correspondía con la realidad.

Aun así, echando la vista atrás, recuerdo con una sonrisa todo lo que viví con aquel chaval durante ese fin de semana.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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9 comentarios en “The kings of summer

  1. Que chulo, me ha gustado porque es tal cual la narración de uno de esos amores de verano (o simplemente de juventud), en los que uno se queda colgado de alguien, malinterpreta a placer todas las señales que recibe de la persona y se organiza -tal y como dices tú- un peliculón mental que no veas, del que afortunadamente “el objeto de nuestras atenciones” no tiene por lo general ni idea y el romance termina sin haber ido ni un palmo más allá de nuestra propia imaginación. Hubiese sido estupendo rematar tu relato con un encontronazo sexual entre tú y el chulazorro este, sí, pero en el fondo está bien como está, para reflejar un poco como son este tipo de historias tan inocentes y tan platónicas….que conste que yo a día de hoy sigo equivocándome un montón, entendiendo lo que no es y metiendo mucho la pata en mis relaciones, pero la cosa ha perdido todo su encanto porque ya no tengo la justificación de estar sufriendo la bendita adolescencia, ainsss…
    ¡Ten feliz fin-de!

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  2. Holaaaaa Pablo.
    Con el fin del verano también llega cierta normalidad a los espacios, momentos de retomar algunas actividades, como pasearse por los blog favoritos . Te leeré y comentare, o no ! jejeje
    Saludos cordiales .

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  3. Una pena el final, pero me imagino que todos en mayor o menos medida hemos pasado por lo mismo.

    Qué tendrá el verano que a todos nos altera las hormonas…

    Un saludo.

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