Siete años en el Tibet

Siete años en el Tibet

Cuando el metro estaba llegando a la estación le vi junto al andén, y en lo primero que pensé fue en que, aunque estaba igual que en la foto, me lo imaginaba algo más alto.

Habíamos chateado por primera vez la tarde de antes y como ninguno de los dos tenía prisa, habíamos decidido dejar esa cita para la tarde del día siguiente. Únicamente nos habíamos mandado foto (yo le mandé una mía…disfrazado de buzo) y habíamos tenido una breve charla por teléfono.

Mis últimas citas habían resultado una mierda, y de ésta no esperaba tampoco nada en concreto. A ver, soy sincero, habíamos quedado para follar, pero me pillaba en una época en la que si surgía algo más, pues bien, y sino, también.

Al poco de vernos y romper un poco el hielo, comenzamos a hablar de nuestras vidas y me sorprendió que tuviese el mismo trabajo que Yago, de quien os hablé en Vicky Cristina Barcelona Incluso se había desplazado de su ciudad de origen para trabajar aquí (lo mismo que tuvo que hacer Yago trasladándose a Barcelona).

El hilo conductor de nuestra conversación fue prácticamente ése y aunque la conversación era fluida, algo en mi interior me decía que yo a él no le había gustado y que me iba a volver a casa sin mojar el churro. Y era una lástima porque el hombre me parecía atractivo (sobre todo por los brazos definidos que tenía). Sin embrago, me equivoqué, y cuando ya pensaba que nos íbamos a despedir fue cuando me invitó a subir a su casa para tomar algo.

Nada más sentarme en el sofá me sorprendió, aparte del pedazo de televisión impresionante que ocupaba media pared, una foto de la estantería donde se le veía con una mujer muy guapa vestida de novia…

Automáticamente, le pregunté por la foto, claro (no fuese que me tocase salir por patas si llegaba la parienta) y aunque me dijo que era de la boda de su hermana, si que me contestó que él había estado casado (otro punto en común con Yago).

Después de ese momento de confesiones ya empezamos a darnos el lote en el comedor hasta que nos fuimos a su cama para estar más cómodos.

Fue cuando ya estábamos en bolas los dos cuando me dijo que me tenía que decir algo más sobre él y era que me había mentido con su edad…

Si no recuerdo mal, me dijo que tenía 39 años cuando en realidad tenía ya 43. Que igual visto ahora, con perspectiva, era una chorrada (total, iba a ser un polvo) pero el tío tenía algo que me gustaba y saber que tenía demasiados años como para empezar una relación (yo, a la mínima, analizaba mis posibilidades de pareja) me decepcionó un poco.

De todos modos, le dije que agradecía su sinceridad aunque fuese a destiempo (tal vez no hubiese quedado esos días con alguien que me llevaba diez años), pero estando ya tiesos los dos, prefería que dejaramos de hablar y pasar a follar directamente.

Del polvo en cuestión, la verdad es que no recuerdo mucho (y es curioso, porque me acuerdo prácticamente de la primera vez con todos) pero sí del momento posterior: nos pegamos una buena ducha y cuando ya estaba dispuesto a irme, fue cuando me dijo que porqué no me quedaba a cenar y a dormir con él.

Si seguís de vez en cuando mi blog, os podéis imaginar lo que esas palabras significaron para mí, así que no hizo falta que me lo dijera dos veces y me quedé con él toda la noche.

Simplemente vimos la tele, cenamos y nos acostamos, abrazados, hasta que nos cogió el sueño. No follamos de nuevo. Sólo fue eso, pero yo no necesitaba más.

A la mañana siguiente, como él entraba a trabajar mucho antes que yo, incluso me acercó a casa en su coche no sin antes decirme que había estado muy agusto conmigo.

Ese mismo día, por la tarde, me mandó un mensaje diciendo que quería volver a verme. Yo cuando lo recibí, me alegré (te sube la moral, quieras que no), pero me sorprendió porque no pensé que a este hombre lo fuese a volver a ver más. Y también en eso me equivoqué.

Nos vimos esa tarde, y la siguiente. Esa misma semana incluso ya me quedaba a dormir en su casa mientras él se iba a trabajar antes que yo.

Era básicamente quedar para tener sexo, pero también nos reíamos mucho, pensando en nuestra diferencia de edad, en que realmente teníamos poco en común, en lo diferentes que éramos…

Recuerdo que incluso me comentó la frase de un amigo suyo que le decía que conocía a gente que empezando así, luego habían durado casi nueve años…

Pues bien, hace poco que él y yo cumplimos 7 años como pareja.

Siete años en los que, casi sin darnos cuenta, empezamos una relación desde cero, y sin buscar nada (sólo sexo) el día en que nos conocimos.

Siete años en los que me he sentido como en una nube y aunque hayamos pasado por malos momentos (algunos, muy recientes) siempre hemos sabido superarlos juntos.

Hace poco tiempo que él descubrió este blog.

Sabía de su existencia (a él le oculto pocas cosas) pero no le había mencionado nunca el nombre del blog más que nada para evitar que me cortase al escribir según qué cosas.

No sé cómo, pero al final, dió con el blog y como de cualquier cosa mala se puede extraer una buena, he querido  hoy hablar de él.

Y es que este año, que por circunstancias no podemos estar juntos, no se me ocurre otra forma mejor que felicitarle así por su cumpleaños.

Y aunque no suelo poner música, permitidme esta vez que ponga un vídeo, bastante antiguo (momento moñas) que significa mucho para ambos.

Para M. TQM.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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En la casa

En la casa

Aunque en general siempre daba con buena gente cuando quedaba con tíos, sí que es verdad que echando la vista atrás, sí que tengo también recuerdos de algunos que me salieron bastante rana.

Uno de estos últimos fue un tío que por el chat me pareció bastante agradable pero que cuando nos conocimos en persona me agobié bastante.

Alfonso se llamaba y me comentó que era médico. Me habló al principio mucho de su trabajo pero no recuerdo cómo la conversación degeneró bastante hasta acabar hablando de sexo, de lo que le gustaría que le hicieran y lo que le gustaría hacerme a mí.

Yo como muchas veces me calentaba con nada, enseguida le dije que porqué no quedábamos y me lo hacía en persona y allí que me fui (ya os he comentado varias veces que en pocas ocasiones me he traído gente a casa -manías que tiene uno-).

Nada más llegar, me sorprendió mucho la pinta que tenía este tío. Aparte de que era evidente que tenía más edad de la que me había dicho (eso es un clásico por internet), el aspecto tanto de su casa como de él eran un tanto…extrañas.

Aparte de que me abrió la puerta llevando sólo unos calzoncillos negros de rejilla para así en teoría calentarme desde el minuto uno (la verdad es que el efecto fue justo el contrario), hablaba de una forma que no sé si estaba drogado o pensaba que era sexy su forma de arrastrar las palabras.

Su casa, mientras, era como una mezcla entre síndrome de Diógenes y la casa de Alaska y Mario. Todo con un toque así como kitsh, pero en plan descuidado, guarro, como si estuviese en medio de una mudanza eterna.

De hecho le pregunté si se estaba trasladando o algo y me dijo que no, que vivía ahí prácticamente toda su vida, y como que no entendía mi pregunta…

Me llevó a su comedor y aquello ya era esperpéntico. Aparte de que no he visto persona con tan poco gusto para los colores (no me considero decorador ni nada pero es que la mezcla de telas de cebra y leopardo hacían daño a la vista…), hacía un olor como a cuarto cerrado que echaba para atrás. Las paredes más mierda no podían tener, y si en su momento habían sido blancas, ahora tenían un color entre pardo y gris oscuro. Había incluso restos de comida sobre la mesa, que yo pensé que ya le podría haber dado por arreglar un poco la casa si esperas visita, pero bueno.

A esas alturas yo ya estaba pensando de qué forma largarme de allí sin que se sintiese molesto, pero he de reconocer que a pesar de todo, el tío tenía un muy buen cuerpo y con dos arrumacos que me hizo, ya pensé lo típico de “en peores plazas te has corrido has toreado”…

Fuimos a su habitación y, por suerte, era lo mejor de la casa (aunque eso no quería decir mucho), y aparte de cierto desbarajuste de ropa sobre una silla, un armario que sería de su abuela, y un orinal de cerámica en un rincón, la cama parecía limpia.

Empezamos a darnos el lote y al poco de empezar, el tío sin querer le dio una patada a un vaso con agua que tenía sobre su mesilla, rompiéndose en mil pedazos. Entre que se fue a por la escoba y el recogedor a a arreglar un poco el estropicio, a mí la verdad es que se me empezó a bajar el calentón. Para colmo empecé a ver los libros que tenía en su estantería y eran la mar de extraños todos, con muchos libros de sectas, de apariciones marianas y de temas de extraterrestres.

Ya volvió otra vez y a mí entre unas cosas y otras ya no me apetecía hacer demasiado en esa casa. Se lo comenté de buenos modos, pero por lo visto a él le daba igual lo que yo quisiese o no quisiese hacer, así que me dijo que al menos me quedase hasta que se hiciese una paja porque le daba morbo que yo me quedase a verlo.

Y ahí me quedé, de pie al lado de su cama, como un pasmarote, mientras él se hacía una gayola a dos manos…

Una vez acabó, le dije que me alegraba si él había disfrutado, pero que yo ya me iba.

Sí que antes de irme le pregunté si realmente era médico y ejercía (más que nada por no ir nunca a su lugar de trabajo) y él, muy ofendido, se fue hasta otra habitación y me sacó, llena de polvo, la Orla de su promoción de Medicina.

Se ve que a pesar de ser más raro que un perro verde, el hombre tenía su orgullo y amor propio, claro.

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Despertares

Despertares

Pasado el susto con el loco de la colina del que os hablé en Psicosis, volví a las andadas y no tardé mucho en quedar con otro que conocí en una sala de chat.

En este caso fue el tercer y último tío con apariencia de trípode humano con el que he quedado en mi vida, después de mis experiencias que conté en La Cortina de Humo y Boogie Nights

Este hombre se llamaba Agustín y era algo más mayor que yo, aunque realmente no lo aparentaba. Quedé en su casa, a las tantas de la mañana y al poco de empezar a enrollarnos, se sacó del pantalón sus 21 cm de carne y los puso sobre una mesa al lado de una regla para que viese que no mentía.

Y fue sobre esa misma mesa donde me metió ese pedazo de polla por todos lados, haciendo que pasase una de las noches más bestiales que recuerdo (de hecho es de las pocas veces que conseguí correrme sin apenas tocarme).

Al día siguiente, me volvió a llamar. Esta vez me dijo que le apetecía que fuese otra vez a su casa pero que me quedase a dormir esa noche.

Lo de dormir, era algo que me molaba mucho. Estaba en una etapa de mi vida en la que tenía claro que iba a disfrutar del sexo y nada más, sin pareja ni nada. Pero algo en mi interior me decía muchas veces que me estaba intentado engañar a mí mismo, y el notar cómo me palpitaba el corazón al decirme lo de que quería dormir conmigo, lo demostraba.  Así que no tardé demasiado en acercarme a su casa.

Esa vez nos liamos y follamos (bueno, él a mí) en el sofá, y después de aquello, como ya era tarde, fue cuando nos fuimos a la cama.

El se puso detrás de mí, desnudo, con su brazo por encima, y con esa sensación de estar tan agustito, cogí el sueño enseguida.

No tardé mucho en despertarme y notar como “algo” intentaba abrirse camino. El tío se había animado de nuevo y ni corto ni perezoso intentó follarme en ese momento sin crema ni nada, y el dolor que sentí fue increíble. Si ya que me despierten a mitad noche me jode bastante, que me despierten haciéndome daño, todavía más…

El tío se ve que era de los del rollo de “aunque te digan que no, es que sí”, y como si mi culete fuese suyo, siguió haciendo de las suyas, con lo que el dolor todavía era mas intenso. Le dije que parase pero encima aún me cogió de los brazos para que me estuviese quieto, como si con eso yo fuese a relajarme de alguna forma…

Al final del forcejejo (porque es lo que era ya en toda regla) pude quitármelo de encima, mandándole, de paso, a la mierda. Aún me dijo que pensó que yo lo estaba disfrutando, pero la verdad es que estuve lo que quedó de noche con un dolor interno que aún llegúe a pensar, ya en mi casa, si me había desgarrado por dentro. Por suerte a la mañana siguiente, el dolor ya había pasado.

Tiempo después, le comenté a otro con el que ligué, esta misma situación y me comentó que me entendía en lo referente a lo bonito que era dormir abrazados. Me dijo además que no tenía porqué haber sexo entre nosotros si a mí no me apetecía y que podía acercarme esa noche a su casa a dormir con él…

Yo, que no me fiaba, y habiéndome dicho donde trabajaba, me acerqué a su negocio para ver al tío y hablar un poco con él. En persona me pareció majo y sincero, así que esa misma noche me acerqué a su casa.

Cenamos tranquilamente y nos acostamos. simplemente con la idea de estar abrazados y nada más. El chico me comentó que hacía mucho que no tenía pareja y que el acostarse con un tío era lo que más echaba en falta. Yo sentía lo mismo, así que me sentí afortunado de dar con alguien así (muchas veces pienso que me conformo con cosas bastante simples, pero bueno).

Todo iba genial, hasta que de repente empezó a decir que hacía mucho calor y que era mejor que nos desnudásemos del todo los dos (íbamos en gayumbos).

Al momento de estar desnudos, volvió a acurrucarse a mi lado, diciendo que así estaríamos más cómodos. Y empecé a notar como se le ponía dura detrás de mí. Aun así, como ya tenía sueño, al poco caí rendido.

No tardé demasiado en despertarme y ver como me la estaba chupando con una cara de vicio que flipaba, mientras se pajeaba mientras lo hacía. Como yo no soy de piedra, enseguida me puse a tono, claro, e incluso acabamos rematando la faena, pero con una sensación de que me habían tomado el pelo como nunca…

Luego encima tuvo la cara dura de decirme que quería volver a “dormir” conmigo al día siguiente, pero entre que el chico no me mataba demasiado y que tampoco tenía claro (otra vez) qué es lo que buscaba yo en la vida, no lo volví a ver más.

Todo esto viene a cuento porque hace pocos días, una compañera de trabajo comentó que su pareja de ahora la despertaba a todas horas por la noche para follar y que luego llegaba rendida al trabajo.

El resto de compañeras se dividieron entre la envidia por algo así, y las que decían que como su pareja las despertase para eso, le metían una patada en los huevos que se le iba a quitar la tontería para mucho tiempo.

Y es que lo que para unos puede ser una maravillla, para otros es una pesadilla, pero supongo que eso dependerá del momento y las circunstancias de cada uno, ¿no creéis?

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