Sabía que tenía que hablar con mi pareja, pero no encontraba el modo.

Por ser demasiado cotilla, me había enterado (y de una forma muy visual) de que igual estábamos los dos intentando iniciar algo sobre unas cenizas (todavía humeantes) de una relación anterior.

Mi cabeza entre unas cosas y otras era un hervidero, así que cuanto antes hablase y aclarase mis dudas, mucho mejor sería para los dos.

Le devolví la tarrina de DVD’s que había cogido de su casa con la esperanza de que fuese él mismo quien se diese cuenta de que en su interior estaba el disco XXX, por lo que lo coloqué a la vista, encima de todos los demás.

Nada más verlo, su rostro cambió de semblante. Fue cuando se dió cuenta de que me había llevado justamente ESA tarrina de peliculas, y que igual yo podría haber tenido cierta curiosidad…

En un principio le comenté que había visto el DVD y que me extrañó que tuviese una contraseña. “Cosas personales”, me dijo.

Seguí preguntándole sobre si era algo de su trabajo, tipo archivos confidenciales o algo así, y me comentó (oh, casualidad) que era justamente eso, temas de contabilidad y nóminas de sus trabajadores.

“¿Y a eso le pones XXX?”, le pregunté yo, ya algo mosqueado porque no soporto que me tomen el pelo en mi propia cara (y si es tu pareja quien lo hace todavía peor)

Cuando aún me respondió “Cada uno le pone el nombre que quiere”, ya no pude soportar más. Le dije que lo había visto todo. Que había visto sus fotos y sus vídeos sexuales. Que su pareja estaba bastante bien desnudo. Y que por las fechas, al parecer, no hacía tanto de todo aquello.

Su primera reacción fue de enfado. Cuando, yo, ya venido arriba incluso le dije cómo había conseguido hackear ese archivo, su siguiente reacción fue ya de un cabreo descomunal. Su enfado no era sólo por haber sacado a la luz algo muy personal suyo, sino también por cómo lo había hecho (y reconozco que llevaba razón).

Fue una tarde de bastantes reproches, malas caras y medias verdades. Sólo conseguí que me asegurara que no había compaginado ambas relaciones y que no quería hablar conmigo de nada de su vida anterior. Que yo no tenía porqué pedirle explicaciones de ningún tipo por algo que había averiguado saltándome toda la confianza que él podía tener en mí.

Dicho de otro modo que el fin no justificaba los medios que yo había empleado.

Toda esta conversación pasó horas antes de una cena en la que yo iba a conocer a sus amigos, con lo que el camino de su casa hasta la casa de un colega suyo donde íbamos a cenar fue lo más parecido a un velatorio.

Ir sin ganas a una cena es lo peor que puedes hacer, porque ya vas como predispuesto a que salga mal, pero si además, el anfitrión nada más conocerte te dice, sin venir a cuento, “Qué haces, puta?” ya no sabes dónde meterte.

Y es que el anfitrión resultó ser el típico gracioso, sin gracia. El que se cree el alma de la fiesta gracias a que un grupo de palmeros le ríen todas y cada una de sus giipolleces. A mí, con ese saludo inicial, digamos que ya me “ganó” para el resto de la noche…

Si ya esa presentación me pareció de traca, cuando fue llegando la gente, a mí me dieron ganas de salir corriendo. Y es que cada uno que me presentaba, no se quedaba contento sin hacer una comparación con el ex de mi pareja. Por lo visto todos lo conocían a él bastante, y en lugar de apoyar a mi novio, se ve que encima aún habían tomado parte por su ex.

Cuando una pareja se rompe, yo entiendo que mantener los amigos comunes pueda ser complicado. Quien más, quien menos, e independientemente de a quien conoces primero, puede tener más feeling con uno o con otro, con lo que es complicado mantener una amistad con las dos partes, cuando ya no son pareja. Hasta ahí lo puedo entender, pero que eso lo manifiesten con la cara o con gestos, por ahí ya no.

Y es que no hubo ninguno que no dijese algo: Que si el otro era más simpático, que si el otro era más alto, que si tenía un trabajo mas interesante, que si tal que si cual. Algunas cosas tuvieron la deferencia de no decirlas delante de mí (por suerte lo que escuché de que el otro era más guapo, no lo dijeron en mi cara), pero el resto de frases sí, y sin cortarse además.

La cena, encima fue con los típicos comentarios de cuartos oscuros, con su mariliendre de manual allí presente y todos los tópicos habituales, que a mí me suelen “encantar” en este tipo de reuniones (como ya sabéis si me seguís en el blog).

Yo con M. encima, estando medio cabreado, no hablé demasiado en toda la noche, y me tocó a mi lado otro chaval, de esos que ya se te atragantan nada más conocerlos. Este chico, para ya rematar la velada, se pasó toda la noche hablándome en femenino, a pesar de decirle más de una vez que no me molaba nada de eso. A él parecía que sí, y como los demás aun le reían la ocurrencia así estuvo hasta que a la hora de los postres, ya conseguí cambiar de sitio y ponerme en la otra punta.

“Qué antipático”, fue lo último que, encima, aún tuve que escucharle (al menos eso sí lo dijo en masculino).

Creo que fue de las noches más incómodas que he pasado nunca, y cuando ya M. se dio cuenta de lo mal que lo estaba pasando, con un gesto me hizo ver que ya nos íbamos a largar de allí.

Mi cara al salir de la casa era un poema. Si ya la tarde había sido mala por el cabreo de ambos, la noche todavía había salido peor. Y encima él, por ir a su bola, no se había enterado ni de la mitad de lo que había pasado.

Me fui tan cabreado de ahí por todo, que pagué con él todos los platos rotos. Le dije que igual lo mejor era no seguir en esa relación, que de verdad no sabía si estaba preparado en esos momentos para estar con alguien.Y que si el problema era yo, que no quería amargarle la vida a nadie. Y me fui.

No fue hasta dos días después cuando volvió a llamarme. Sólo quería hablar conmigo.

Quedamos a tomar un café y fue cuando me explicó que los amigos de la cena, eran más amigos de su novio que suyos. Que por eso me habían tratado de esa forma. Que fue su ex quien de un día para otro había decidido acabar con la relación, pero tanto él como M. habían dicho que fue algo de los dos, cuando no había sido así.

Que los primeros días, no me podía negar que seguía enamorado de su ex ya que varios años de relación no se pueden acabar de un plumazo. Que la noche que quedamos, sólo buscaba un polvo, algo de vidilla sexual que le hiciese olvidar su ruptura, pero que al conocerme había visto en mí algo más. Que no tenía previsto enamorarse de nuevo tan pronto, pero que es lo que le estaba pasando y que, ni una visita al psicólogo le hubiese podido ayudar tanto como yo lo estaba haciendo en esos momentos.

Aún así, si yo no quería seguir con él por lo que fuese, que lo entendía, pero que no cortase por desconfianza, o por compararme con otros, y menos por una cena o por amigos idiotas que todos tenemos.

Yo solo pude decir que sentía haber sido tan cotilla. Que tenía razón en enfadarse por haberle descubierto intimidades, y más de esa forma. Y que con amigos con los que él tenía era casi mejor no tener enemigos.

Eso sí, sólo le pedí una cosa, que lo pasado, pasado estaba. Y que a partir de entonces empezábamos de cero, sin mentiras, y sin muertos en el armario.

Y añadí algo más. Y es que viendo el morbo que me había dado verlo en acción, yo también quería protagonizar vídeos como aquellos, por lo que esa misma noche nos pusimos a la obra.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

(Y que tengáis un feliz 2017)

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8 comentarios en “La cena de los idiotas

  1. Leyendo la entrada anterior, ya me podía imaginar el tipo de discusión que ibais a tener pero si encima lo aderezas con una cena horrorosa como esa, lo cierto es que no me extraña que acabase en ruptura.

    Estas Navidades he acabado un poco saturado de mi grupo de amigos, así que me puedo hacer a la idea perfectamente de cómo te sentiste esa noche.

    Un saludo y feliz año nuevo a ti también.

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  2. Lo que no entiendo de tu chico es que siendo territorio hostil, porque no dejaban de ser los amigos del otro, consintiera en ir a cenar con esa gente. Si esa misma cena la hubiérais tenido con amigos suyos de verdad todo hubiera sido muy diferente.

    A mí me pasó una vez que un follamigo me invitó con sus amigos y aunque no se metieron conmigo ni nada, una de las chicas de la cena se empezó a reir de otro de los invitados (el chico era casi ciego) y monté una tremenda diciendo que todos eran unos mierdas porque en lugar de afearle la conducta a la chica esta le reían las gracias.

    Besos.

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  3. Qué mala fortuna ser invitado en esa horrenda ” cena de los idiotas” vamos que le encaja el título a las mil maravillas.
    Me imagina por tus ansias de saber y la revolución de cabeza, un desencuentro reprochístico en toda regla, lo cual no es malo si aclarasteis posturas, te honra el reconocer el error , igual que tu chico en ser tan honesto. Me alegro mucho por la continuidad.
    Te entiendo bien porque no soporto a esos “tíos” hablando en femenino

    Hay que pillín con esos experimentos videográficos jejejej
    Un abrazo.

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  4. Lo que yo no sé es cómo aguantaste tanto en esa cena. Yo a la primera me habría pirado, eso sí, después de ponerles a todos de vuelta y media. Y yo creo que ahí tu novio no se portó muy bien contigo y dudo que no se enterase de todo lo que decían de ti las locas ésas. Le vamos a disculpar porque ya estábais enfadados previamente, pero mal, muy mal por él.
    ¿Se nota que en realidad te hablo mal de M para que cortéis y te vengas conmigo? Jajajajajaja. Es broma. Pero en serio, dime que cambió inmediatamente de amigos, por favor.

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    1. Madre mía, esto es una declaración formal en toda regla!. Bueno es saberlo, jajaja. Para tu información esa gente, por suerte, ya desapareció de la vida de M. hace mucho mucho tiempo…
      Un abrazo.

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