El asesinato de Gianni Versace

El asesinato de Gianni Versace

En este blog, aparte de mi vida, también he hablado de vez en cuando de películas, de las que por cierto suelo hacer críticas bastantes destructivas muchas veces. Hoy quería hablaros de una serie, en concreto de “El asesinato de Gianni Versace”, o lo que es lo mismo, la segunda temporada de American Crime Story.

Esta serie, estrenada este mismo año en EEUU y que Antena 3 la compró para nuestro país, se estrenó el domingo pasado con una muy buena audiencia (un 15,6 % de media en sus primeros tres capítulos emitidos del tirón).

Antena 3 llevaba ya varias semanas, yo creo que incluso meses, anunciando a todas horas la serie en cuestión. A mí me llamaba la atención sobre todo por las ganas de ver a nuestra Penélope Cruz transformada en una Donatella Versace con esa melena suya rubio platino característica. También por ver a Ricky Martin hacer de novio de Gianni Versace. Además, siendo la segunda temporada de la serie de American Crime Story, en la que la primera se dedicó íntegramente al “presunto” asesinato cometido por  OJ Simpson (que no he visto aún pero que tengo pendiente desde hace tiempo), pues aún me daban mas ganas de verla.

Sin embargo, siendo que el domingo pasado cayó de pleno en medio de la “semana” fallera (fiesta mayor en Valencia), no fue hasta hace dos días cuando por fin pude ver la serie con tranquilidad.

He de avisar, primero,  que no soy muy de engancharme a las series. Bueno, miento, no soy muy de engancharme a tanta serie como parece la moda ahora. Conozco a gente que tiene HBO, Netflix y Movistar+ y lo único que hacen es ver series, del tirón, una detrás de otra. Ni películas ni nada, sólo series. Que no se yo como no mezclan unas tramas con las otras, pero bueno.

Sin embargo, el primer capítulo de ésta, ya me enganchó. Fueron sólo los diez minutos del principio, antes incluso de salir los títulos de crédito, en las que sólo con los movimientos de cámara, la música, y las imágenes de los instantes previos al crimen, ya me dejaron sentado en el sofá.

La serie está contada en forma de flashbacks saltando continuamente entre la búsqueda del asesino, Andrew Cunnanan,  los instantes previos y posteriores al crimen, así como los sucesos anteriores que le  llevaron a cometer el asesinato.  Y es que una cosa que desconocía es que en realidad el asesinato de Gianni fue el quinto crimen de un asesino en serie, y que el FBI ya le venía persiguiendo desde hacía tiempo.

Así, por ejemplo, el tercer capítulo de la temporada (último emitido el domingo pasado) se dedicó íntegramente a la reconstrucción de uno de los anteriores crímenes de Andrew. Ese capítulo, por si solo, ya daría para una película independiente de terror, porque la verdad es que impresionaba el grado de sadismo al que pudo llegar el asesino.

Aparte de la trama en sí, lo que también me gustó de la serie fue la ambientación de la época en que se enmarcaba. Ahora que gusta tanto el efecto nostalgia, sobre todo de los años 80 (Stranger Things), recordar ahora los 90 con esta serie también tiene su punto. De hecho, uno de los platos fuertes, fue recordar cómo se trataba el tema de la homosexualidad en la sociedad de la época (no tan abierta como ahora).

Los actores principales, quitando los anteriormente mencionados Penélope Cruz y el cantante Ricky Martin (a quien se le ve desnudo, por cierto) son bastante desconocidos.  El que más me gustó fue, por motivos obvios (qúe buen culo),  el actor Darren Criss, que hace el papel del asesino, y que ya había salido en la serie Glee, del mismo productor.

Y es que la serie está producida  por el gran  Ryan Murphy (quien también se encargó de dirigir el primer capítulo, y se nota). Por si no sabéis quien es, Ryan es el responsable de, aparte de la mencionada Glee (musical cafre ambientado en un instituto típico americano),  de American Horror Story, que ya van por la séptima temporada, de la que sólo he visto la primera y me encantó (otra serie de tantas pendientes de ver), y de otra serie de la que soy fan, Scream Queens, que sólo tuvo dos temporadas, y de la que ya os hablaré otro día.

Por último, añadir que en nuestro país fue sobre todo recordado este crimen por el tema de la detención del hijo de Andrés Pajares (Andrés Burguera – ¿qué habrá sido de él?-), a quien confundieron con el asesino y cuya situación, por cierto,  queda reflejada en uno de los capítulos ya emitidos.

Si no vistéis la serie y aún queréis engancharos, que sepáis que aún estáis a tiempo: esta misma noche de domingo emiten otra tanda de capítulos, dejando los tres últimos para el próximo martes (cosas de la contraprogamación de Antena 3).

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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La extraña pareja

La extraña pareja

Una vez ya asumida mi “soltería”, la primera zona de mi cuerpo que se reactivó fue la situada de cintura para abajo.

Mientras que mi cerebro seguía analizando los motivos, y mi corazón seguía con un hueco difícil de llenar, mi rabo comenzó a tener vida propia, por lo que decidí darme una alegría (que ya necesitaba).

Me instalé una app  de ligoteo (folleteo) y tras ponerme un poco al día en su funcionamiento, opté por enseñar toda la carne posible (en un mercado así ¿qué se  puede enseñar sino?).

Los primeros que me entraron fueron una pareja de mediana edad.

Mis experiencias con tríos nunca habían sido demasiado memorables, y ya que iba a volver a mis andanzas sexuales después de tanto tiempo, pensé que igual era buena idea intentar quitarme esa espinita y matar así dos pájaros de un tiro (nunca mejor dicho).

Tras la típica conversación simple-calentorra, me dijeron su dirección y hacia allí que me fui sin pensar en nada más.

Llegué a la casa y llamé al telefonillo. Mientras subía en el ascensor no dejé de pensar en el nerviosismo que me estaba entrando por no saber qué me iba a encontrar allí arriba, sensación, por cierto, que hacía mucho tiempo que no experimentaba.

Cuando llegué al piso, lo primero que me sorprendió  fue que ya en el rellano me recibió uno de los dos totalmente desnudo y con la polla a media asta.

Entré y solo me dio tiempo a decir “joder, vaya recibimiento”, momento en que aprovechó el otro de la pareja a meterme su rabo en la boca, sin decirme ni buenas siquiera…

En la vida me habían hecho algo así, sin mediar palabra, y se notaba que estos iban a ir a saco desde el minuto uno. Me hicieron agachar y mientras yo le comía la polla al número 2, el número 1 empezó a preguntarme si quería algo para beber, o comer…

La situación era cómica por motivos obvios pero hasta que su pareja no le acabó diciendo “¿cállate pesado, no ves que ya está comiendo?” el otro no paró de ofrecerme cosas de su nevera.

Yo estaba que me ahogaba con el pedazo de tranca del tío,  y me estaba dando bastante morbo, no puedo negarlo (y eso que ese rollo tan sumiso mío lo desconocía  hasta ese momento…)

Cuando el nº1 vio que yo iba a estar ocupado un buen rato se agachó entonces para chuparme a mí  también la polla puesto que a esas alturas de la película ya me la había sacado yo del pantalón.

Así estuvimos no sé ni cuanto tiempo (me comenzó a doler la mandíbula) hasta que decidieron que pasáramos a su habitación para estar más cómodos. (De camino, por el pasillo, ambos me fueron desnudando).

Al llegar al cuarto, lo primero que me llamó la atención fue el pedazo de mega-cama enorme que ocupaba prácticamente toda la sala. Lo segundo, fue que no había persianas y las cortinas estaban totalmente abiertas, por los que los de la finca de enfrente iban a tener una visión cojonuda.

Les pregunte si no iban a cerrar y me contestaron que no, que el espectáculo iba a ser gratuito. Yo como tengo un puntito exhibicionista bastante acusado no puse peros, claro, así que el nº 2 se tumbó en la cama, yo seguí chupando y el novio se puso entonces a comerme el culete (disfruto mucho con eso).

Así estuvimos tiempo, escuchando también al nº 2 diciéndome una cantidad de guarradas que ni en las pelis porno que suelo ver. De golpe, en lugar de la lengua del colega nº 1, empecé a notar algo duro que me rebotaba entre las nalgas. Me incorporé de inmediato,  diciéndole que  si pensaba metérmela sin condón, se olvidase, porque eso no iba a pasar. Me negó la mayor y yo volví a mis quehaceres domésticos (chupar polla, vamos).

Al minuto, de nuevo, el nº 1 comenzó a golpearme con el rabo buscando un agujero por donde meterla (esta vez ayudándose de un dedo).  Me incorporé de nuevo, ahora ya,  cabreado.

No me estaba gustando nada la situación (el nº 1 tampoco me atraía demasiado, la verdad), así que dije que si iba a seguir así yo me largaba y punto, porque a pelo no iba a follar. Enseguida me dijeron que no, y tras una pequeña bronca del nº 2 a su pareja, ambos se agacharon, esta vez en plan putitas, y comenzaron a comérmela por turnos.

La escena era tan morbosa, conmigo frente a un ventanal abierto de par en par, de pie con estos dos chupándomela a salivazos mientras me magreban el culo y los huevos, que no aguanté demasiado y acabé corriéndome directamente sobre ellos.

Un poco avergonzado, les dije que sentía haberme corrido tan pronto y que me iba a ir, pero se negaron, y es que era ahora (después de lo que es habitual) cuando a ellos les gustaba conocer a las personas con las que follaban.

Estuvimos hablando un rato y fue ahí cuando me di cuenta de la extraña pareja con la que había estado.

Y es que lo primero que me dijeron es que tenían esa cama gigante porque hasta hacía bien poco habían sido un trío. Pero un trío formal, en un plano sentimental. Que habían vivido los tres juntos durante unos quince años hasta que habían decidido romper (al menos una pata de la relación).

Pero si eso me había parecido original, por lo no habitual, lo siguiente sí que me dejó ojiplático.

Y es que el nº 2 había estado casado (con mujer) durante bastantes años. Que hasta ahí, vale. Pero lo sorprendente era el hecho de que tuviera un hijo del cual desconocía su existencia hasta hacía un año (su madre, embarazada de él, se lo ocultó cuando éste la dejó por un hombre, trasladándose poco después a Argentina). Además, ese hijo había aparecido en su vida, no por casualidad, sino en el momento en que se dio cuenta de que era gay, igual que su padre. Sin embargo el hijo volvió acompañado, casado con una mujer, que aceptaba la sexualidad de su marido de mil amores…

Por si eso no fuera poco, por lo visto, la madre del chico se había vuelto a casar con un terrateniente millonario que les había puesto en la calle (vivían todos juntos) cuando se enteró de la homosexualidad de su hijastro.

Yo a esas alturas ya estaba flipando. Toda la historia era propia de Almodóvar en sus mejores tiempos, pero la verdad es que me fueron enseñando álbumes de fotos, y he de reconocer que el padre y el hijo eran como dos gotas de agua (no se podía negar su parentesco, la verdad).

Ademas, por su profesión (trabajaban en el mundo del cine/teatro/televisión como productores o algo así) me empezaron también a enseñar fotos de ellos con famosos, ya que por lo visto estaban muy bien considerados en ese mundillo, y se habían hecho un nombre a lo largo de los años.

Al final acabé cenando con ellos, en bolas los tres, mientras me comentaban miles de anécdotas. A los postres volvimos a ponernos tiesos y acabaron follando ellos dos sobre la mesa mientras yo me pajeaba como un mono disfrutando del momento.

Fue una quedada por lo menos curiosa, y además me sorprendió que, pasado el calentón inicial, ambos fueran unos tíos muy cultos, educados y agradables, nada que ver como cuando se ponían calentorros, que se transformaban (sobre todo el nº 2) en verdaderos pornostars.

Solo al final, volviendo a casa, fue cuando pensé si de verdad lo de follar sin sentimientos me llenaba como antes. Imagino que la sangre volvió a regar mi cerebro y el agujero del corazón quedó de nuevo, abierto.

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Olvídate de mí

Olvídate de mí

Los primeros días desde que M. me dejó los pasé realmente mal. Como encima no acababa de entender los motivos concretos que habían precipitado la situación, la tortura todavía era mayor.

Pasaba de pensar que era fuerte y que iba a poder superar esa situación, a pensar que era el ser mas desgraciado sobre la faz de la tierra y que la vida ya no tenía ningún sentido. Mientras, la sensación de soledad que la ruptura me había dejado me acompañaba las 24 horas del día.

Durante esa primera fase, y con el móvil encima todo el tiempo, no sé ni la de veces que estuve tentado de escribirle preguntándole los motivos del desenlace, o si la ruptura iba a ser definitiva esta vez. En realidad, intentaba inventarme alguna excusa para poder reiniciar algún tipo de contacto con él, si bien, en el fondo, sabía ya que todo había acabado entre nosotros.

Las semanas siguientes las pasé concentrado sobre todo en el trabajo. Durante ese tiempo creo que hice más horas extra que en toda mi vida, para alegría de mis jefes, por supuesto. Lo único que intentaba era que así pasase el tiempo lo más rápido posible.

Y llegar agotado a casa.

Y no pensar.

Pero eso era complicado y al final, siempre en algún momento del día se me pasaba por la cabeza todo lo bueno que habia pasado con M. Porque esa es otra, la memoria es muy puta en esas ocasiones y sólo recuerda la parte buena de la situación, haciéndome olvidar todo lo malo (que también) había pasado con él.

Curioso es igualmente el intentar escuchar música para distraerte en ese estado. Yo sabía que ninguna canción hablaba de mi, ni de nosotros, pero ya hacía mi mente todo lo posible (ay, ese subconsciente), para asociarlo con lo que me había pasado.

Canciones como “Dueles” de  Jesse y Joy,  “Miel en la nevera” del gran Tino Casal o “Procuro Olvidarte” ponían música y letra a lo que era por entonces mi existencia.

Y el tiempo seguía pasando, de una forma más lenta de lo normal.

Yo nunca he sido muy de ir a psicólogos para superar mis problemas (ya comenté mi mala experiencia por aquí), pero sí se me ocurrió mirar esta vez en páginas web de autoayuda por ver si aplicando alguna técnica de superación personal, podía comenzar a salir de ese pozo del que de momento no encontraba el fondo.

De todas las que leí (no hablar con él ni de él, hacer deporte, eliminar pensamientos negativos…), el primero que apliqué fue el de borrar de mi teléfono el número de móvil de M, porque aún habiendo pasado ya bastante tiempo, lo seguía teniendo agregado como contacto.

Y es que era como si al borrarlo, fuera a eliminar también cualquier resquicio o esperanza de que lo nuestro no fuese un adiós definitivo.

Pero ese paso era necesario, y al final, lo borré. Y funcionó.

Aunque los días se me seguían haciendo largos, poco a poco (muy poco a poco de hecho), comencé a asumir lo que había pasado, que nada de aquello volvería y que tenía que mirar más hacia el futuro en lugar de hacia el pasado.

Hacer deporte también me ayudó. Retomé la natación (que había abandonado durante todo ese tiempo), y el efecto endorfina, comenzó a hacer el resto.

Lo que no hice fue aplicar el dicho de “la mancha de mora con otra roja se borra”. Mis ganas de conocer a otra persona que me hiciese olvidarle, seguían bajo mínimos. NI sexual (de momento) ni de forma afectiva tenía ganas de reiniciar nada con nadie. Uno se conoce bastante a sí mismo, y para aplicar esa técnica, todavía no estaba preparado.

Sin embargo, y cuando parecía que comenzaba a remontar el vuelo, me dio entonces por pensar que igual mi ex ya había conocido a alguien y que igual ese había sido el motivo de la ruptura. Y si me había puesto los cuernos? Y si eso pudiese explicarlo todo? Y si…?

(supongo que en el fondo, buscaba algún motivo para odiarle…)

Fue entonces cuando pedí hora en el Centro Médico al que solía acudir periódicamente para hacerme las pruebas serológicas en mi época de pendoneo. Me iba a quedar más tranquilo (yo es que pienso en cuernos y me entran mis miedos, es algo automático) y además era como poner mi marcador sexual de nuevo a 0 para la época que, tarde o temprano, pudiese venir.

Pedí cita y cuando acudí, la doctora me recordó, a pesar de haber pasado tantos años desde la última vez. Aquella fue al comienzo de mi relación con M, cuando decidimos, de mutuo acuerdo, tener relaciones apeleras entre nosotros, para lo que necesitabamos estar seguros de nosotros mismos

Fue entonces, con las preguntas de rigor (“Cuantas relaciones sexuales ha tenido en los últimos tres meses?”, “y en los últimos seis meses”?) cuando se percató de que mi relación se había ido a pique.

Y cuando me dijo “lástima, haciais buena pareja”, algo en mi interior se resquebrajó de golpe y allí mismo, delante de la doctora, me derrumbé.

Curioso que en esos meses, había intentado no llorar ante nadie. Ni ante amigos, ni por supuesto familiares. De puertas afuera yo era un tipo fuerte, siempre intentando hacer sonreir a los demás, aunque el funeral fuese por dentro. Sólo en mi casa, en privado, y por las noches, me permitía hundirme. Cuando nadie me viera.

Y sin embargo, allí, delante de la doctora, en su consulta, no pude más.

Terminé abrazado con la doctora y cuando me recompuse, como pude, le comenté que quería quedarme tranquilo y que intentaba buscar algún motivo, que me negaba a admitir que todo hubiera acabado, sin más motivos que los que ya sabía…

La doctora solo me dijo que a veces no hay más motivos, que las cosas acaban, y que torturarse por eso no me iba a solucionar nada. Y que romper cosas, cabrearse o llorar ayudaba, pero guardárselo para uno mismo, no.

Me comentó también que las pruebas me las iba a hacer porque me conocía y porque sabía que lo necesitaba para empezar de nuevo.

Por supuesto la prueba salió negativa, pero ese papel me ayudó a cerrar toda una etapa a la que ponía entonces un punto y final.

(O eso pensaba yo…)

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