El gurú del sexo

El gurú del sexo

Los días en que no tengo demasiado que hacer, me gusta entretenerme en YouTube. Empiezo viendo un vídeo de lo que sea, y con la reproducción automática del sistema, que te recomienda vídeos similares al que estás viendo, puedo echar perfectamente un par de horas. Soy una persona fácil para engancharme a lo que sea, también lo digo.

Pues bien, no sé cómo lo hago pero es entrar en Internet y siempre acabo viendo  algo de porno o similar (la cabra, que tira al monte). Y con el tema de vídeos no iba a ser distinto.

Vosotros diréis, ¿porno en YouTube? pues evidentemente, no, claro (no lo permiten las normas de la aplicación), pero sí algo digamos erótico-festivo que puedes ver si te das de alta en la propia página (para asegurarse que eres mayor de edad).

Empecé viendo música francesa a raíz de la canción Merci” del próximo festival de Eurovisión (que me encanta, aunque no creo que gane). La canción va sobre el drama de los refugiados y si véis el vídeo por eso van con la manta térmica y el chaleco salvavidas por las ciudades de Europa. Pero bueno, a lo que iba, que empecé viendo eso, y acabé viendo un video de una tía también francesa ambientado en unos vestuarios masculinos.

La canción se llama “Les garçons dans les vestiaires” (que no creo que haga falta traducción), tiene más años que el tato, y la canta una tal Clarika.

Os dejo aquí abajo el making of, ya que el original no me deja colgarlo.

El vídeo tiene un aire retro que tira un poco para atrás, pero la verdad es que la canción la oí dos veces, es pegadiza, y las imágenes que se ven en el videoclip tienen su puntito. Tampoco es que se vea nada así demasiado explícito (no sé porqué lo censura YouTube) pero la verdad es que los culetes están bastante bien. Y bajo la ducha, más.  Uno, que tiene fijación por los vestuarios masculinos.

Pero lo curioso es que después, vídeo arriba vídeo abajo, di con un tío que se llama Luigi Doménico y tiene un montón de vídeos explicando de todo sobre el sexo: como ligar, como follar, como hacer que llegue una mujer al orgasmo, etc. No obstante se presenta como “coach de seducción y sexualidad”.

El hombre es heterosexual (una lástima) y te va desgranando cosas pero sin cortarse ni un pelo ni medio. Hablando de temas sexuales con todo lujo de detalles. Además de guapete, el chico tiene un acento algo peculiar que también le ayuda bastante.

Así estuve viendo vídeos suyos hasta que me di cuenta de que en algunos aparecía ligerito de ropa. La cosa empezó a animarse hasta que empecé a darme cuenta de que en otros ya salía completamente desnudo de cintura para abajo…

Para colmo descubrí que también tiene página web (www.maestriasexual.com) y se me ocurrió pegarle un vistazo.

En la página hay un poco de todo. Que sí tienda erótica, que si venta de productos, que si un foro, y cómo no, los videos antedichos.

De todos, los que más abundan son los de alargamientos de pene (se ve que es un experto sobre el tema, que ha experimentado él mismo), y ahí es donde el hombre no deja lugar a la imaginación…

Yo de estos temas, el único contacto es el famoso vídeo de “a mí me gustan grandes” y el no menos famoso de la serie Aida donde hacían una sátira sobre el anterior.

Sin embargo, el gurú sexual de Luigi se toma el tema mucho más en serio, y no te explica las bondades con sólo unas clases teóricas, sino que también te explica la parte práctica del asunto…

Os pongo unos ejemplos:

En este, el tío te enseña como practicar el “jelquing” que no es sino el sistema para hacer bien el alargamiento. Y te lo enseña así, como Dios lo trajo al mundo y dándole un montón de movimientos al manubrio.  Te lo explica en plan educativo, claro, sin nada de morbo ni nada, pero entre el acento que tiene y lo bueno que está, pues vaya tela…

El segundo es este otro. A raíz del anterior pensé: joder ¿no habrá alguno en el que se le vea empalmado?. Porque ya puestos, si el tío no tiene pudor alguno ¿por qué no? Y aquí tenemos el premio gordo, señores, demostrando (según él) lo bien que le ha funcionado el elonghipenne.

Encima, el bueno de Luigi, es un poco como yo, y a lo tonto, en su web, entre una cosa y otra, te va contando su vida: que si tuvo una novia con la que cortó pero que aún le ayuda grabando videos (también los ha colgado), que porqué se dedica a esto, que cómo era su vida anterior,  y cosas así.

Total que las dos horas iniciales se convirtieron en cuatro y paré porque al final había quedado a cenar con amigos que sino, ahí sigo.

No sé qué efectividad tendrá todo lo que anuncia este hombre en su página (a mí estas cosas siempre me han parecido un camelo), pero bueno, si el resultado es lo que importa, el chaval tiene un rabo la mar de apañado ¿verdad?

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Amistad

Amistad

Habrían pasado ya unos seis meses desde la ruptura cuando un día recibí en mi bandeja de entrada un correo de mi ex.

Me escribía para preguntarme cómo estaba y ver si era posible iniciar entre nosotros una amistad.

Cuando éramos pareja, ya habíamos hablado mucho sobre este tema. Yo tenía bastante claro que tras una ruptura, no pensaba que una amistad fuese viable. Él no lo tenía tan claro como yo. Bueno, eso decía de boquilla, porque cuando su ex intentó, años después, una especie de acercamiento, mi ex le dio con la puerta en las narices.

Si eso yo lo pensaba cuando aún estábamos juntos, ahora que la separación ya era un hecho entre nosotros, no tenía porqué cambiar de opinión, y así se lo dije.

En realidad escribí varios correos de respuesta. En el primero le decía de todo menos bonito pero a medida que fui reestructurando lo que escribía, lo fui también suavizando.

Finalmente le dije que aunque habían pasado ya varios meses, volverle a ver todavía me iba a provocar más daño, así que mejor dejábamos las cosas como estaban puesto que aún no era el momento para aquello.

Sin embargo, donde dije digo digo Diego, y a las pocas semanas era yo quien le escribía, recordándole que teníamos aún cosas pendientes de devolver entre nosotros, y que quedar para eso nos podría servir de excusa.

Así que decidimos poner día y hora.

La mañana del reencuentro, incluso me escribió un whatsapp para confirmar que no me había echado para atrás. He de reconocer que volver a ver su teléfono en mi móvil ya me removió por dentro, y de camino a donde habíamos quedado se me cruzaron un montón de cosas por la cabeza.

Mi idea era simplemente devolverle las cosas que aún tenía por casa (algún CD. ropa, llaves, etc) y adiós muy buenas. Si todo había acabado, cuanto más rápido finiquitásemos lo que quedaba, mejor para los dos.  Sin embargo en cuanto lo vi acercarse desde el extremo de la calle, me desarmé por completo. Seguía igual de atractivo que la última vez que le había visto, y como yo le decía muchas veces, “me derretí al verle”.

Para rematar, me dijo una tontería de las suyas (con ese humor andaluz tan característico) y los dos empezamos a reírnos como bobos. Igual que cuando estábamos juntos.

Decidimos entonces, una vez roto el hielo inicial, irnos a tomar algo y recordar tiempos pasados. Y las horas nos pasaron volando.

De todo lo que tenía pensando decirle, recriminándole muchas cosas, no le comenté ni la mitad, puesto que veía que a pesar de todo era mucho más lo bueno que aún me unía a él, que lo malo que nos había separado.

Cuando me volví a casa, y como le había dicho que tenía borrado su teléfono, me pidió que lo agregase de nuevo, y es que quería mantener una amistad conmigo, a pesar de mis reticencias.

Y lo hice.

Mi amiga Raquel no lo veía tan claro. Ella me decía que yo seguía colgado de él y que retomar una mínima relación no me iba a ayudar en nada. Yo le dije que estaba equivocada, claro, que los dos éramos adultos y que tenía bastante claro lo que había ya entre nosotros.

Durante los meses siguientes, aunque no nos veíamos todas las semanas sí que empezamos a escribirnos algún whatsapp y a vernos para tomar algo, recordar cosas y sobre todo reírnos mucho. Ambos seguíamos sin pareja, y teníamos bastante tiempo libre para vernos.

Lo peor de quedar con él así era al despedirnos. Cada uno se iba a su domicilio y nos despedíamos con un (casto) abrazo. Era al entrar en casa cuando una sensación de vacío me invadía de nuevo. Una sensación que pensé que ya había logrado superar y que desaparecía por completo en el momento en que recibía mensajes suyos en el móvil.

Fue ahí cuando me di cuenta de que algo volvía a estar pasando.

Si habíamos retomado la amistad, y nos llevábamos tan bien, igual es que se había dado cuenta de que no podía vivir sin mí. Que igual estaba arrepentido. Que tal vez estaba intentando volver conmigo…

Así que se lo pregunté directamente, por si me estaba confundiendo yo, o me estaba mandado señales de nuevo. Su respuesta fue singular.  Se reía y sólo decía: “Tiempo al tiempo” o  “Nunca se sabe”. Muy enigmático, pero con una puerta abierta a la esperanza. De hecho volvíamos a estar como cuando éramos pareja, pero sin tener sexo.

Yo me volví a sentir tan agusto con él,  que incluso un día, jugando en un bar con su móvil (haciendo el chorra),  le dije que le iba a mirar los contactos por si tenía alguno nuevo. El, medio risa medio en serio, se negó, haciendo el amago como de quitarme su móvil de las manos. En ese medio forcejeo, la pantalla se abrió, y vi claramente un mensaje de wasap que decía: “hola guapo, te echo de menos”.

En ese momento se me cayó el alma a los pies.

Eché la conversación para atrás y pude leer que el sentimiento, por lo visto, era mutuo, puesto que él también echaba de menos a aquel desconocido al que por las fotos que habían mi ex podía doblar en edad perfectamente…

Mi primera reacción fue levantarme e irme del lugar, cabreado. Él vino detrás, diciendo que bueno, que sí, que tenía pareja, y que le había conocido a las pocas semanas de dejarlo conmigo… pero que la culpa la tenía yo por haberle mirado el móvil.

Eso aún me rebotó más (en parte, tenía razón) así que lo único que pude hacer fue largarme de allí a toda prisa, con una sensación entre decepción y vergüenza.

Estaba claro que él ya podía hacer lo que le viniese en gana. Que no estábamos juntos y todo eso, pero no sé qué necesidad tenía de engañarme, de decirme que él no estaba con nadie cuando no era cierto. Además, sabiendo como pensaba yo sobre la amistad post-relación y todas las chinitas que yo le echaba, estaba claro que al menos podía haberme puesto el freno, cuando en realidad me estaba dando alas para que yo siguiese ilusionándome de nuevo.

Volví a casa y borré otra vez su teléfono, como si eso pudiese aliviarme de algún modo.

Aún le he visto varias veces más por la ciudad, y como mucho tomamos un café y hablamos de nuestras cosas, pero manteniendo bastante las distancias por mi parte.

En este caso el refranero español es bastante sabio y si hay uno que dice “donde hubo fuego, quedan cenizas” creo yo que es mejor no avivarlas bajo ningún concepto…

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Rencor

Rencor

Reconozco que uno de mis peores defectos es que soy bastante rencoroso. Soy de las personas que aunque perdona, nunca olvida. Como que me queda un resentimiento que es difícil de eliminar.
Esto viene a cuento porque a raíz de mi ruptura, cuando más me hizo falta tirar de amistades (en teoría, un apoyo en los momentos de bajón), hubo dos personas que me decepcionaron bastante.
Una era una amistad de las de hace años, y otra una nueva amistad de la que esperaba mucho más. Ingenuo que es uno.
El primero fue Quique, del que os he hablado en el blog muchas veces.
Aunque siempre  fue una persona que aparecía y desaparecía de mi vida, cuando me hizo falta siempre estuvo ahí. Y cuando quedábamos, era como si no hubiese pasado el tiempo entre nosotros.
Él fue una de las primeras personas que supo de mi nueva situación de soltero. No penséis mal que no se lo dije con la idea de iniciar nada sexual o sentimental con él (tengo bastante claro que no le atraigo). Además, lo que más me hacía falta en ese momento era una charla, un abrazo, y poco más.
Así que le propuse quedar a los pocos días.
Me dijo que ese mismo domingo iba a participar en una carrera popular y que podíamos quedar a almorzar después. Que además le hacía ilusión que alguien le fuese a esperar en la meta.

Y allí me planté.
La verdad es que con la de gente que había corriendo, pensé que no le iba a ver pasar, pero en una curva se apartó el mogollón de gente  y le vi (marcando paquete en mallas, por cierto).
Me acerqué a la meta, esperando entonces volverle a ver y ya no hubo forma.
Le llamé por teléfono y me dijo que estaba recogiendo las cosas (se ve que daban una bolsa con merchandising a los participantes) y que nos veríamos mejor en la esquina de la misma avenida donde estábamos. Y ahí esperé durante largos minutos que se convirtieron en más de media hora. Impaciente ya, volví a llamarle. Para mi sorpresa, me colgó. Volví a insistir y otra vez cortar la comunicación fue su única respuesta. Le mandé entonces varios mensajes. Mensajes que leía pero no contestaba. Finalmente cansado, y dolido, me marché del lugar no sin antes escribirle un último whatsapp mandándole a la mierda.

Quique nunca me explicó los motivos de aquello porque ni ese día ni los posteriores se dignó en contestarme.
Meses después, apareció de nuevo en mi móvil. Me preguntó si quedábamos para tomar algo. Como si tal cosa. Como si nada hubiera pasado. Yo sólo le respondí una frase: No tienes vergüenza ni la conoces. No contestó y acabé borrando su teléfono de mi agenda.

Estas Navidades me lo volví a encontrar por la ciudad. Le pregunté entonces si no creía que me debía alguna explicación. Sólo me dijo que no me rayase, y que no fuera tan rencoroso que eso no me iba a llevar a ningún lado. Que tenía prisa y que ya me llamaría para tomar algo un día de estos.

Por supuesto ni me llamó ni espero que lo haga.

La otra persona que me decepcionó fue un bloguero al que conocí gracias a mi primera etapa en este mundillo.
Fue uno de los primeros en comentar en mis entradas. También de los primeros que me escribió un mail y gracias a eso, empezamos una especie de relación de amistad epistolar . La verdad es que congeniamos desde el principio y fue de los pocos que sabían de mis historias antes de que las contase por aquí. Él supo de primera mano mi crisis previa con mi ex, y en esos momentos, quieras que no, me sirvió de un gran apoyo.
Cuando la crisis ya fue total, también fue uno de los primeros que conoció de mi ruptura. A partir de ese momento, no sé muy bien el motivo, pero la relación telefónica, por mail, y por whatsapp, fue a menos.
Otra vez lo mismo, cuando más me hacía falta un desahogo, un apoyo, la situación fue a la inversa. Sí que es verdad que tampoco podía pedir peras al olmo. Vivíamos en ciudades distintas y tampoco era una amistad en el sentido estricto de la palabra…pero aún así, me sentó mal.
Meses después, por casualidad, me salió la ocasión de pasar un día en su ciudad. Dudé en si avisarle o no. Realmente la amistad ya se había enfriado bastante y no sé si venía ya a cuento vernos. Pero, coincidencias de la vida, unos días antes, me mandó un whatsapp, y aproveché y le dije que iba a ir el sábado a su ciudad, y que me apetecía conocerle.
Me dijo que sí, que le parecía perfecto, salvo que tenía unas cosas que hacer ese mismo día. Pero que iba a intentar solucionarlas para poder vernos aunque fuesen sólo un par de horas. Que él también quería conocerme.
Ese sábado, una vez terminé lo que había ido a hacer, le mandé un mensaje. Su respuesta, bastante escueta, fue: “Aún estoy liado. Ya te diré”.
Pero no me dijo nada. Pasaron los minutos, y las horas. Y no me contestó más.
Pensé en escribirle, en llamarle, pero…para qué.
Me volví de allí por la noche, sin haber recibido explicación de ningún tipo.
También lo borré de mis contactos, por cabreo, y pensé de nuevo en lo ingenuo que soy muchas veces.
Supongo que, como cuando me enamoro, me doy demasiado a las personas, con un resultado que a veces, no es el esperado.
Hace unos días me escribió de nuevo, por error, confundiéndome (encima) con otra persona. Tras recordarle quién era, me dijo que no entendía qué había pasado conmigo, y aún tuvo el valor de decirme que desaparecí sin decirle nada…
Mi única respuesta fue decirle que si de verdad no era capaz de entender el motivo de mi ausencia no hacía falta ni que siguiéramos la conversación. Y eso fue lo que hicimos.

Tal vez os parezca demasiado radical por actuar así. Puede, no lo discuto.  Pero no me molestó el hecho de que no quedasen, sino más bien el hecho de que no explicasen los motivos. Las cosas se hablan, pero lo de dejarlo pasar, lo de “no pasa nada” o “tampoco es para tanto” son frases que nunca han ido conmigo.

Supongo que, como en todo, en la amistad la confianza es un muy buen punto de partida, pero la decepción, el sentir que alguien te falla cuando tú los has dado todo, es un punto y final bastante difícil de solucionar.

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