Durante una etapa de mi vida tuve que emigrar por motivos laborales. Tampoco me fui a Suiza que digamos, fue en mi propio país, pero aún así, tuve la sensación de ser un emigrante en toda regla.

De hecho todavía por entonces tenía pareja, y entre la sensación anterior y lo que le echaba de menos a él y a toda mi familia y amigos, las primeras semanas fueron bastante duras.

Una de las cosas que más agobio me produjo fue el hecho de tener que buscar alojamiento deprisa y corriendo para tener un lugar donde instalarme, aunque fuera provisionalmente.

Al final di con un lugar de apartamentos turísticos (bastante pequeños) en los que por una buena relación calidad – precio encontré lo que buscaba. Por cierto que por entonces el concepto de apartamento turístico no tenía las connotaciones negativas que tiene ahora y además, recuerdo, que la mayoría de inquilinos también lo eran, como yo, por motivos laborales.

Lo bueno de un sitio así fue el ambiente tan familiar que se creaba pues justo a la entrada estaba la administración – conserjería, con una mujer muy agradable que lo mismo te ayudaba si te quedabas sin agua, que te arreglaba una ventana, o te configuraba el wifi si tenías algún problema.

De vez en cuando su marido, que también era socio de la empresa que gestionaba el edificio, iba por allí pero la verdad es que quien manejaba la situación era ella.

Lo único malo que tenía el lugar era que las paredes eran de papel de fumar. Se oía tanto la música del vecino de abajo como la tele del piso de arriba, pero como tampoco pensaba estar demasiado en el apartamento (por las noches y poco más) me dio un poco igual.

El tema es que una noche a mitad de sueño comencé a oír gemidos que provenían del apartamento de al lado. Gemidos de una pareja follando, claro. Primero muy suaves, pero después ya bastante fuertes.  Tanto que en plan cotilla total me quedé con la oreja pegada a la pared por el morbo que me estaba dando la situación. Lo más morboso fue oír como al final un “me corro” del tío puso punto y final a la escena. Yo acabé tan empalmado que tuve que acabar también, aunque manualmente, y en el baño.

Esa situación se repitió una vez más, otro día, y después el chaval que ocupaba ese apartamento se largó. Un chaval, por cierto, bastante guapete con el que me crucé alguna vez por el edificio y al que me imaginaba cada vez que lo veía desnudo y dándolo todo.

Tiempo después de irse ese chico, volví a oír gemidos en ese apartamento, por la tarde. Me extrañó, porque sabía que había quedado vació y pensé que no se había vuelto a alquilar.

Por curiosidad volví a poner la oreja en la pared y lo que escuché me sorprendió bastante.

Era otro hombre, por la voz bastante mas mayor que el anterior,  follando con una, por el acento, mujer sudamericana.  Ella gemía poco pero el que más hablaba era él, soltando perlitas como: “Te gusta ¿eh?” “Dime que te gusta”, “Muy buena chica, lo haces muy bien” “has nacido para esto” y cosas así que no me hacían sino sospechar que igual la chica sería prostituta.

Una vez terminaron la faena, con un orgasmo del hombre que parecía que se había quedado muerto, oí como la chica se fue al baño “a asearse un poco”. Fue entonces cuando la conversación me dejó boquiabierto al oír como el tío decía “esto de aquí es tu curriculum, ¿no?” y ya cuando salió la chica del baño comenzó a hacerle lo que parecía ser una entrevista de trabajo…

Le preguntó de todo, edad, si tenía experiencia como limpiadora, si tenía dotes de mando, si estaba casada, disponibilidad horaria,  y preguntas de ese tipo.

El final fue un “ya te llamaré, pero tienes muchas posibilidades”.

Yo alucinaba tanto con la conversación que no me lo podía ni creer. Fue entonces cuando caí en que la voz, que me resultaba familiar, era la del marido y socio de la mujer tan agradable que llevaba la administración del edificio…

De hecho, al poco tuve que salir y me lo encontré en el pasillo, saludándome, como si tal cosa.

A los pocos días,  comencé a ver una chica jovencita sudamericana, muy guapa, trabajando por allí, limpiando y con una sonrisa de oreja a oreja.

Me dio mucha lástima tanto la chica, que se tuvo que prestar a eso (supongo que por necesidad) como la propia mujer del viejo verde que supongo que no sabría de la misa la mitad. Y además, que estoy seguro de que esas entrevistas de trabajo no serían la primera vez que las haría.

A saber si el resto de personal del complejo también tuvo que pasar por el aro para trabajar en el lugar.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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4 comentarios en “Detrás de las paredes

  1. Joder, se me ha ido el morbo de la situación al traste….
    Que vale q esto debe pasar más a menudo de lo q nos imaginamos, pero conocer a los protagonistas del suceso hace que sea como mínimo desagradable…
    No se, puritano que estoy hoy.
    Y llegaste a escuchar alguna otra cosa que te dejara con mejor cuerpo, otro día, con otros protagonistas?
    Un abrazo y hasta la próxima,
    Hotdardo 🎯

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  2. Cuando salió todo el escándalo de Harvey Weinstein pensaba: “Si esto pasa con estrellas de un cierto renombre, qué no pasará en profesiones más anónimas y con mujeres de un nivel económico menor”. Esta entrada ha venido a complementar lo que pensé en su día.

    Qué pena de hombre, y lo que tendrá que aguantar su mujer…

    Un saludo.

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    1. En mi caso fue al contrario y cuando salió lo de Weinstein pensé automáticamente en lo que os he contado. El estar en una posición superior (en cualquier ámbito) y tener pocos escrúpulos es lo que tiene.
      Un abrazo.

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