La ventana de enfrente (I)

La ventana de enfrente (I)

Los que seguís mi blog desde el principio seguro que os habréis sorprendido al ver que he vuelto a titular un post con el nombre de una película que ya usé en su momento. Sin embargo, todo tiene una explicación. De hecho este nombre es la de 1998 protagonizada por Christopher Reeve y  no la de 1954 dirigida por Hitchcok. Si de ella se hizo un remake, actualizando la historia a los nuevos tiempos, también he decidido hacer lo mismo con el post que escribí en su momento.

Me explicaré mejor.

Para quien no quiera pinchar y releerse la entrada original, sólo diré que cuando vivía en casa de mis padres, había una ventana en la finca de enfrente en la que vi de todo, empezando por un chaval que se desnudaba para ponerse el equipo de ciclista, hasta parejas follando o alguno haciéndose una paja sin cortarse un pelo. Al final ese piso se quedó vacío un tiempo y yo dejé de vivir en casa de mis padres, con lo que tampoco controlé lo que pasaba ya en ese edificio.

Pues bien, aprovechando el buen tiempo y que mis padres se han ido un tiempo a descansar fuera, a mí (que pringo todo el verano) me ha tocado ser quien se encargue de dar un vistazo al piso, regar las plantas, mirar el correo y demás.

La semana pasada entre unas cosas y otras tuve mucho lío y no fue hasta el jueves por la tarde cuando pude acercarme. Aprovechando la coyuntura (y el aire acondicionado) decidí quedarme allí a pasar la noche.

Antes de acostarme, me acerqué a bajar la persiana y sin prestar demasiada atención miré al edificio de enfrente hasta que mis ojos se fijaron en algo que me llamó la atención, y que justamente estaba en el piso que tan buenos momentos me dio en el pasado.

En el balcón estaba un hombre madurete, alto  y  con muy buen cuerpo, asomado en calzoncillos tipo slip. El hombre, de unos 45-50 años, con buen pectoral y velludete, la verdad es que daba mucho morbo, así que me quedé mirando como atontado y recordando todo lo que en su momento había visto en la misma vivienda.

Me metí para adentro, disimuladamente, pero no sin dejar de mirar por la ventana al maromo que tenía en el piso de enfrente, no fuese que en un descuido se sacase la polla o algo y yo me lo perdiese.

Sin embargo, a los pocos minutos se metió hacia adentro, en lo que era el comedor (se veía el sofá), quedando mi visión tapada por la cortina.  No habían pasado ni dos segundos cuando otros dos tíos aparecieron de repente sentándose en ese sofá del que yo tenía una visión perfecta. El primero tendría unos 30 años más o menos y llevaba unos gayumbos tipo boxers blancos que dejaban ver un perfecto paquete cuando se sentaba. El otro, algo más mayor que el anterior,  llevaba únicamente unos slips que al ser oscuros no me dejaban apreciar más detalle. Los dos de gimnasio, sin camisetas y velludetes, que parecían sacados de cualquier película de Falcon Studios o similar.

Yo, como dije entonces, nunca he compartido piso ni cuando estaba en la Universidad, así que no sé si es habitual que unos compañeros vayan así por casa. Tampoco sé si la relación que les unía era familiar… pero vamos, a mí en ese momento la relación que tuviesen ellos me importaba más bien poco, disfrutando como estaba de la visión que tenía ante mis ojos.

Pensé, eso sí,  que en mi época pajillera lo que estaba viendo me hubiese dado para soberanas pajas y para hacerme pasar horas y horas pendiente de ese edificio. Sin embargo, y aunque morbo me estaba dando, eso no iba pasar (me dije), siendo ya una persona hecha y derecha con bastantes años a mi espalda…

Fue pensar eso cuando de repente, el tío mayor salió al balcón con una pequeña toalla blanca en su cintura…que se quitó para colgarla del tendedero quedando totalmente desnudo. No contento con eso, se volvió a apoyar en la barandilla disfrutando de la buena noche que estaba haciendo (y que me estaba haciendo pasar a mí).

De polla la verdad es que el tío iba, encima,  bastante bien y cuando se metió de nuevo hacia adentro, la visión del culo también me dejó sin habla.

Y como si tal cosa se sentó entonces entre los otros dos tíos  a ver la televisión.

Me quedé un rato más, agazapado, mirando a aquellos tres hombretones. El hombre desnudo y los otros dos colegas, o familiares, o lo que fuesen, a su lado… y la verdad es que la estampa era de foto. De foto y ampliación, vamos.

Mi mente a esas alturas no se estaba quieta y ya me imaginaba que en cualquier momento los otros se quitarían también los calzoncillos, o que el del medio cogería las otras dos pollas y comenzaría a pajearlas, o que se harían unas mamadas o…

Nada de eso sucedió, claro,  aunque conociendo los antecedentes de esa casa, tampoco me hubiera extrañado.

Y es que lo pensé en su momento e insisto ahora. Hay casas en las que muere gente y queda el fantasma en su interior, ¿no? pues esta tiene que ser algo igual, pero con alguien cachondo que provoca que la gente que allí se aloje no tenga ningún reparo en desnudarse a la vista del vecindario.

Y bienvenidos sean.

Lo que está claro es que creo que este año pasaré muchas más veces de las necesarias a regar las plantas de mis padres, que digo yo que es una pena que se mueran cada verano, ¿verdad?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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Taekwondo

Taekwondo

Hace un tiempo, asistí en Twitter a una conversación entre varios usuarios que comentaban si la película “Taekwondo” valía la pena. Unos decían que sí, y otros que no, pero todos valoraban lo buenorros que estaban los actores protagonistas.

Como uno es curioso de por sí, se me ocurrió entonces buscar en Internet hasta que di con la película. Comencé entonces a verla hasta que un escalofrío recorrió mi espalda en el momento en que aparecieron en pantalla el nombre de sus autores:

Marco Berger  y Martín Farina.

¿No os suenan estos nombres? a mí sí, y si alguno de vosotros es seguidor de mi blog, también os sonarán, pues fueron los mismos autores que engendraron una ¿película? llamada Fulboy.

En su día,  aquello me pareció una “auténtica mierda”, así que podéis pensar qué es lo que decidí hacer con esta nueva película: No verla. Y así la dejé, guardada en mi ordenador, como una de tantas.

Pues lo que son las cosas, hace unos días me dio por revisitarla, darle una nueva oportunidad y …. me sorprendió, puesto que la película es bastante mejor que su predecesora.

A ver, tanto Fulboy como Taekwondo comparten el hecho de sacar maromos ligeros de ropa, imágenes homoeróticas y algunos desnudos que otros, pero lo que de verdad las diferencia es que esta última, al menos tiene un argumento.

Y es que la película se centra en un fin de semana en la que el protagonista, Fernando (Lucas Papa), invita a un amigo suyo, Germán (Gabriel Epstein), que conoce de clases de Taekwondo para que pase unos días con él y sus amigos en la casa familiar.

El tema es que Germán es gay, y no sabe exactamente si su amigo, el que le invitó, lo es también y quiere algo con él, o son simples pajas mentales que él se monta en su cabeza, por lo que durante toda la película existe una tensión sexual que no se resolverá hasta el final. Gracias a eso, la verdad es que la película engancha, por lo menos conmigo lo hizo, y eso que la película tiene un exceso de metraje que llega hasta los 112 minutos.

Además, los tíos (sobre todo Germán) están bastante bien en su conjunto.

Unos tíos que porque dicen todo el rato que son heteros, que si llega a ser por cómo actúan entre ellos (en bolas varias veces, desnudándose muy juntos, miradas en las duchas…) cualquiera diría que son todos gays, pero bueno.

De hecho el momento en el que llega el amigo-camello y comenta cómo están de buenos todos los tíos de la casa,  es mas o menos la sensación que uno tiene cuando está viendo la película.

Como parte mala, sí que diría que hay unas escenas (igual que pasaba en Fulboy) de bastante vergüenza ajena. Por ejemplo, cuando se ponen a hablar de SuperMario Bros, o cuando juegan entre ellos a la Gallinita Ciega que creo yo que es un juego para críos no mayores de 10 años y no para unos hombres hechos y derechos como los protagonistas de la película. Por no hablar de la escena de “machos cabríos” en la que saludan en plan babosos a la vecina que llama para pedir unos periódicos viejos, que más bien parece que sean expresidiarios que hayan estado unos 20 años sin mojar el churro…

Como parte buena, de hecho, son los generosos desnudos. Para el primero no hay que esperar mucho, por cierto. A los dos minutos escasos el “ruso” sale como Dios lo trajo al mundo (de cintura para abajo) enseñando el rabo con toda la naturalidad. A partir de ahí pues hay desnudos en la piscina, desnudos en las duchas, desnudos cuando se acuestan, etc. Mención aparte la escena de la ducha colectiva (en la que el bueno de Germán está sentado en el suelo y todos comienzan a desnudarse dejando sus pollas y culos a la altura de los ojos del chaval, que yo estoy en esa escena y de verdad que no respondo…) y las escenas en las que tanto Fernando como Germán se desnudan para intentar calentar al otro como quien no quiere la cosa (con esa toalla a medio tapar el pubis…).

La verdad es que también pienso que esta película me gustó mucho más que la anterior porque me sentí identificado en varios momentos. La historia, en general,  me recordó bastante (a su modo) con lo que comenté justamente en mi último post, en el  que hablé de las dudas que tengo respecto de la homosexualidad de un amigo. La escena en que se acuestan y Fernando decide dormir en bolas, también me recordó a una situación similar que viví, hace muchos años y que comenté en Mientras dormías. Por último, también las escenas en las que los protagonistas se desnudan uno frente al otro,  me hizo rememorar lo que viví un verano y de lo que os hablé en The kings of summer.

En definitiva, y por todo lo dicho, esta vez sí la recomiendo. Además,  si como a mí, os gusta ver films ambientados en la época en la que estamos, no hay mejor opción que una película veraniega, con tíos dándose chapuzones en la piscina, pulsión erótico-festiva, desnudos y cierta “intriga” que al menos, a mí, me hicieron no perder el interés en ningún momento.

Os dejo el tráiler.

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