Piraña 3D

Piraña 3D

Una cosa habitual cuando viajas, es el momento en que te encuentras a un español por el mundo. Si encima, ya no español, sino que incluso es de tu propia ciudad, la emoción ya se desborda totalmente. Que puede que no lo conozcas de nada, ni él a ti tampoco, pero el hecho de encontrarse a un “vecino” fuera de tu entorno habitual, a todos, creo yo, nos alegra.

Hace poco me sucedió algo similar. Estando fuera, durante mis últimas vacaciones, me encontré vía app con uno que me sonaba de haber intercambiado algún (casto) mensaje en su día. Ni habíamos quedado ni nada, pero su perfil me sonaba por la foto tan sugerente que tenía: un torso desnudo velludete.

Le escribí diciendo que yo también era de Valencia, y enseguida iniciamos una conversación.

El tío iba más caliente que yo y eso se notaba. Empezó a enviarme fotos a cual más explícita y aunque eso es algo que a mí no me pone demasiado (hay que dejar cosas a la imaginación), al poco ya me había calentado y me dirigía al hotel donde él se alojaba.

Me había comentado que se había cogido el fin de semana para desconectar un poco y que por eso tampoco quería dar demasiados rodeos. Me dijo que entrase directamente al hotel y cogiese el ascensor de la izquierda, que subiese a la cuarta planta y que allí me estaría esperando, en la habitación 402, con la puerta entreabierta desnudo sobre la cama. Y que lo hacía así por el morbo de la situación. Las cosas claras, vamos.

Llegué, subí y entré.

Y sí, en la cama había un tío completamente desnudo, velludete… pero con algo más de tripa que las fotos que me había enseñado.  Que no es que estuviese embarazado de 9 meses, pero  de 4 o 5 igual  sí.

De hecho le pregunté si era el mismo que el de las fotos, y me dijo que sí, pero que últimamente había engordado “un poco”.

En ese momento se puso en pie y el tío me sacaba una cabeza (y eso que soy alto). Era una bestia parda, grande, moreno como recién salido de una película de Falcon Studios o Men.com. Se abalanzó sobre mí y sin dejar de morrearme, me empezó a desnudar.

A mí la situación me empezó a dar un morbazo bestial con lo que lo de su tripa en 3D empezó a pasar a un segundo plano. Me llevó en volandas casi a la ducha (chico limpio) y ahí empezó a comerme a besos. Pero no eran besos normales. Con cada morreo, mordía un poco.  Comenzó entonces a bajar hacia abajo hasta que llegó a mis pezones y ahí empezó a succionar, mordisquear y lamer que creí que me desmayaba ahí mismo.

Siempre pensé que yo no tenía sensibilidad en esa zona pero qué equivocado estaba…

Estuvo varios minutos concentrado con mis pezonacos que al final me empezó a doler de tanto que me los había trabajado. Jamás me los había visto tan en punta, y pensé que como se acercase un poco más podría hasta sacarle un ojo.

 Me dio la vuelta (el tío era tan grande que yo parecía un muñeco en sus manos) y empezó a mordisquearme desde el cuello hasta los tobillos. En el culo me pegó cada mordisco que me tuve que girar para asegurarme de que no me había arrancado una nalga completa. De hecho pensé que igual había dado con un caníbal, y que habría ya un reguero de sangre mío en el suelo de la bañera (peliculero que es uno…).

De ahí pasamos a la cama, sin dejar de tenerlo sobre mí. De hecho estaba tan pegado a mí que me costaba respirar con semejante maromo ahí encima. Comenzó entonces a bajar por mi cuerpo hasta llegar a la polla y lo que hizo fue comerme los huevos como si no hubiera un mañana. Todo con pequeños mordiscos, claro que sí, supongo que marca de la casa.

Así estuvimos bastante rato. Mucho rato Era del tipo de gente al que le gustaba hacer disfrutar y eso se notaba. Llegó un momento en que si me tocaba yo un poco notaba que iba a acabar corriéndome. y así se lo dije. No tardó ni dos segundos en cogérmela y hasta que no solté mi última gota no paró.

Exhausto, agotado por la situación (podéis imaginaros una fuente de esas de chorros, porque fue algo parecido), le dije que lo sentía pero que no podía más. Él dijo que había pasado muy bien y que le apetecía estar un rato conmigo en la cama, que ya se correría luego.

Ahí el hombre se explayó y me comentó que en realidad tenía pareja, chico, y que no estaban muy bien entre ellos. Que vivían en un pueblo bastante alejado de donde yo vivo y que el hecho de verme en la app era porque trabajaba por donde yo vivía. Me dijo que realmente no sabía que hacer, porque a su novio le quería, pero que en sexo se aburría bastante con él. Necesitaba desahogarse. Y no sólo a nivel sexual.

Estuvimos charlando un buen rato, aunque yo soy bastante malo para aconsejar a nadie.

Después nos volvimos a duchar, y aunque nos animamos los dos de nuevo, a mí se me había hecho bastante tarde con lo que ya me tuve que ir.

Al día siguiente él se fue y lo pude comprobar por los kilómetros que ya nos separaban en la aplicación. Lo que no se me fue fue el dolor en los pezones durante una semana. De hecho incluso se me llegaron a poner morados por el pedazo de mordiscos que me había pegado el tío, así que os podéis imaginar lo hipersensibles que los tuve durante ese tiempo.

Al volver a mi ciudad, el tío volvió a aparecer. Sin embargo, no he querido volver a quedar con él, aunque me lo ha propuesto. Sigue con su pareja, y a mí es algo que me incomoda. Vale que es solo sexo y que el problema, en todo caso, es suyo. Pero inmiscuirme en una pareja, aunque sea así, no va demasiado conmigo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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La Trastienda

La Trastienda

No hace mucho, un sábado por la mañana,  recibí un mensaje del Wapo en el que con el típico “qué cerca sales” un tío me entró con ganas de cachondeo. Esa charla,  bastante divertida, acabó derivando en si tenía huevos o no de ir a llevarle  un café  a su trabajo (una floristería) puesto que no había podido desayunar en condiciones. A mí basta que me digan “a que no eres capaz” para hacer algo (en eso soy bastante inmaduro), así que compré un cafetito en un bar y hacia su trabajo que me fui.

Cuando llegué, el tío alucinó porque pensó que no iba a ser capaz de llevarle el café prometido. Antes de ir ya nos habíamos mandado fotos y yo le había dicho cómo iba vestido, para así evitar confusiones. Estuvimos charlando un poco hasta que me dijo que pasase a su trastienda.

Un poco de charla entre nosotros y ambos nos dimos cuenta de que había algo de tensión sexual y que no íbamos a tardar demasiado en resolver.

Al poco empezamos a comernos las bocas, y el empalme fue casi instantáneo. El problema era que siendo un establecimiento abierto al público, la gente entraba a cada rato por lo que mucho, mucho no podíamos hacer…o eso pensaba yo.

Cada vez que entraba alguien, un sonido como de pájaro nos avisaba en la trastienda por lo que él se adecentaba un poco y salía como si nada. El tema es que la cosa se fue calentando y cada vez que salía, la hinchazón de su paquete era cada vez mayor por lo que intentaba con la camiseta tapar lo que podía. A mí la verdad es que el hecho de que entrase gente a cada rato empezó a darme morbo así que intenté sacarle partido a la situación, con lo que empecé a desnudarme poco a poco. Cada vez que el volvía de atender al público yo iba cada vez más desnudo hasta que acabé totalmente en bolas y él ya subiéndose por las paredes.

Entraba, nos enrollábamos y el salía al mostrador ya como podía. En una de tantas, en la que él se llegó a quedar desnudo de cintura para abajo,  tardó tanto en arreglarse y salir (su polla no bajaba) que ya empecé a darme cuenta de que la situación se nos estaba yendo de las manos, por lo que pisé el freno. Para enfriar un poco la situación, mientras él atendía fuera decidí vestirme de nuevo…y menos mal que lo hice. Cinco minutos después llegó su hermana a hablar con él y entró en la trastienda donde se encontró conmigo.

La cara del tío al entrar era un poema, aunque al verme ya vestido se relajó un poco. Me presentó como un amigo que había ido de visita y yo saludé cordialmente, diciendo que ya me iba para evitar una situación incómoda y posibles malos rollos. Nada más salir del local me escribió un mensaje diciendo que por favor no me fuese muy lejos, que su hermana estaría poco tiempo. Y así fue, unos 15 minutos después me dijo que volviese y acabásemos lo que habíamos empezado. Y eso hicimos.

Por fin cerró el local y en la trastienda dimos rienda suelta al calentón que llevábamos acumulado.  El sofá y la silla que tenía nos dio mucho más juego del que pensábamos y la corrida de ambos fue de campeonato (por cierto que me alegró dar con otro igual o más lechero que yo, que ya es).

Cuando acabamos, le ayudé a cerrar la tienda y hablamos un rato, de mi vida y sobre todo de la suya, con una situación familiar, bastante más complicada.El chico era dueño a partes iguales con su mujer de la floristería.  Sí, de él y su mujer. Yo me quedé en ese momento un poco helado,  y me percaté de que no llevaba anillo de casado, aunque tampoco eso significaba mucho. Me confesó que aunque su matrimonio estaba ya roto, y en vías de divorcio, como socios del negocio seguían tan normales y por motivos económicos a ambos les interesaba que siguiese siendo así. También por esos motivos, seguían compartiendo domicilio conyugal. Estaba claro que con este tío lo único que tendría sería sexo y en ese momento me pareció bien.

Días después me escribió de nuevo. Quería ver si podíamos quedar de nuevo en su tienda para repetir lo mismo. Y lo repetimos. Sin embargo, una experiencia nueva tiene su morbo la primera vez, la segunda… pues ya no tanto.

Aún intentó que hubiese una tercera vez, pero a mí ya no me apeteció. Supongo que se quedaría bastante chafado por el mensaje que le envié, dejándole claro que no siempre iba a estar a su disposición (“cuando dejo de estar caliente, vuelvo a ser persona”), así que la cosa ya quedó en nada.

Él pareja no buscaba, supongo que lo único tener un follamigo para quedar de vez en cuando, y yo pensé que para eso mejor era tener a alguien con una situación bastante menos complicada que la suya.

Bueno, eso pensé yo o eso me dije a mí mismo, puesto que de nuevo pensar en iniciar algo con alguien (sea ese algo lo que fuese) me había empezado a poner nervioso…

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Estación Central de Brasil

Estación Central de Brasil

La época estival que ahora está acabando es la época del año en la que más activo estoy sexualmente. Bueno,  mejor dicho, con ganas estoy todo el año pero es durante esta época en la que esas ganas se materializan más. Yo supongo que se junta no sólo las ganas, sino también el calor, y esa desinhibición propia de estos meses, que hace que todos (creo yo) liguemos más.

Al principio del verano, estando en la playa un domingo por la mañana recibí un mensaje por mi app de ligoteo de cabecera. Generalmente lo que entra más por los ojos es la foto que ponga el otro en el perfil, pero en este caso la fotografía (un primer plano de su boca) tampoco es que llamase demasiado la atención. Lo que sí tenía el chico era labia, porque empezamos una conversación con bastante facilidad. Tanto que al poco ya me estaba invitando a ir por donde él vivía para tomarnos algo. Y fui.

Generalmente antes de quedar con alguien se pide foto de cara (o de cuerpo) para ver antes lo que te vas a encontrar después, pero en este caso ni el la pidió ni yo a él tampoco. En eso estaba pensando cuando llegué al lugar donde habíamos quedado y mientras le estaba escribiendo vi un tio apoyado en un árbol que me miró, mientras él también escribía por el móvil. El hombre en cuestión iba vestido por su peor enemigo, con el pelo color azul pálido, y varios piercings en las orejas. También llevaba un barrigón de campeonato y la camiseta a duras penas podía taparle el ombligo. Cuando vi tal imagen, y pensé que podía ser mi cita, me dije a mí mismo que era mejor tomar las de Villadiego y de una forma educada soltar alguna excusa. Eso  me disponía a hacer cuando recibí un mensaje en el  que el tío me decía que me estaba esperando en su casa y que cuando estuviese cerca le avisase. Respiré tranquilo al darme cuenta de que me había equivocado de persona.

Llegué a su portal y para evitar una posible situación incómoda, dado el tío que me había encontrado en la calle, le dije que mejor bajase y nos fuésemos a tomar algo. Cuando bajó respiré, aliviado, porque el chico estaba bastante bien. Con barbita recortada, moreno, y de aspecto en general bastante agradable.

Hablamos y nos tomamos una cervecita y enseguida note por el acento que no era de por aquí. Me dijo que realmente era brasileño y automáticamente me vino a la mente el otro brasileño con el que estuve hace años y del que os hablé aquí.

Subimos a su casa y en contra de lo que pudiera parecer, no fue un aquí te pillo y aquí te mato. El hombre tenía conversación. Me comentó que había venido hace 25 años desde su pueblo natal en Brasil a completar sus estudios de ingeniería. En Brasil había trabajado incluso en algo de temas ferroviarios, pero sin embargo, una vez la crisis empezó en España, tuvo que dejar aparcada su profesión y dedicarse a lo que hacía ahora, organizar eventos de todo tipo (reciclarse o morir, supongo). El hombre me pareció majo, incluso me invitó a comer. No fue hasta llegar al postre cuando empezamos a enrollarnos.

Sí que me gustó que el tío, encima, era bastante limpio y antes de ir a más, pasamos los dos por la ducha. Ahí nos enjabonamos por todos lados  (todos todos) y nos empezamos a magrear y sobarnos de arriba abajo.

Lo que más llamaba la atención, como buen brasileño, era el pedazo de culo que se gastaba. Dos brasileños con los que he estado y los dos con culazo, con lo que no creo que sea casualidad la fama que tienen en el resto del mundo.

Encima al tío, como a mí, le gustaba besar. Del baño pasamos al comedor, al sofá, donde seguimos enrollándonos, y de ahí a la cama. El tío me daba morbo, yo por lo que parecía también a él, y los dos íbamos calientes como una plancha, así que la jornada resultó perfecta.

Después de las pajas de ambos (porque no llegamos a follar) aún estuvimos un rato de charla desnuditos en la cama, el boca abajo y yo sobándole el culete.  Al final, que a lo tonto se nos iba a juntar la comida con la cena, decidí irme, no sin antes intercambiarnos los teléfonos, por si acaso.

Días después, estando en casa, recibí un mensaje de él diciendo que estaba por mi barrio (le había dicho donde vivía) y que acababa de salir del trabajo, por lo que le apetecía una “ducha, un helado y un abrazo”.

Fue recibir el mensaje y no sé muy bien porqué, me entró un agobio a las primeras de cambio. Era un miércoles, había tenido un mal día en el curro y lo que más me apetecía era cenar algo rápido y acostarme, con lo que su mensaje me descolocó un poco.

No tenía ningunas ganas de quedar con él. El polvete había estado bien, pero no sé si lo que el quería era repetir la quedada sexual o esa segunda cita es que quería algo más. En mi cabeza se empezaron a agolpar un montón de sentimientos encontrados que acabaron por hacerme escribir lo siguiente “no tengo helados en casa y es tarde, mañana madrugo ,así que lo siento pero no”.

Su mensaje fue simplemente un “ok, perdona si te ha molestado”, que me hizo sentir bastante mal.

Tiempo después, me volvió a escribir, pero justamente esos días yo estaba fuera, de vacaciones, con lo que, encima, yo creo que pensó que le estaba dando largas de nuevo, así que aún quedé peor. Me contestó con otro mensaje que denotaba que esa vez el molesto era él.

Aun intenté escribirle yo, tiempo después, y fue él quien me dijo que estaba fuera, con un mensaje supercortante que me hizo ver que alargar esta situación ya no tenía demasiado sentido.

Era la primera vez en bastante tiempo que alguien intentaba quedar conmigo  para una segunda cita y sin embargo, yo eché por la borda esa oportunidad, no sé si voluntaria o involuntariamente.

Lo peor de todo es que en este verano, no ha sido la única vez que me ha pasado.

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