Ahora que está la Semana Santa a la vuelta de la esquina me ha venido a la mente uno de los múltiples viajes que hice cuando tenía novio.

Este en concreto fue al poco de empezar nuestra relación.

Queríamos ir a Cartagena, a conocer la ciudad y ver un poco las procesiones, y aprovechando el viaje, hacer noche allí. Mi ex se lo comentó entonces a un amigo, Juan,  y éste decidió venirse con nosotros.

Este amigo en concreto conocía a mi ex desde hacía años. Se conocieron con la idea de pegar un polvo pero a mi ex no le atrajo nada, así que simplemente quedaron como amigos. Esta situación en concreto es algo que no he entendido nunca, lo de crear una amistad a partir de ese punto en concreto, porque bajo mi punto de vista uno de los dos (el rechazado) siempre va a sustentar esa amistad en unas ganas (escondidas) de que algún día pase algo. Al conocer a Juan, la forma que tenía de relacionarse con mi ex no hizo sino confirmar lo que pensaba.

Por eso no me pareció nada bien que él quisiese venir un fin de semana con nosotros, por muy amigos que fuesen. A mí no se me ocurriría ir de carabina con una pareja, y más cuando la pareja está al comienzo de la relación, pero a él pareció darle un poco igual.

Para rematar todavía más la situación, no había otras habitaciones disponibles en el hotel (era bastante pequeño, en temporada alta y reservamos a última hora) con lo que la única posibilidad que nos dieron era la de añadir una cama supletoria a nuestra habitación. Yo pensé entonces que Juan diría que no en esas circunstancias, pero contra todo pronóstico ni eso le detuvo y aceptó venirse con nosotros.

Yo entre que estaba algo molesto y tampoco es que Juan me cayese demasiado bien, decidí entonces aprovechar la situación, pues lo de compartir la habitación con él y mi pareja comenzó a resultarme algo morboso…

El día lo pasamos muy bien aunque Juan no paraba de tirar chinitas como para intentar demostrar que él siempre había estado con mi ex tanto en los buenos como en los malos momentos (mientras que yo acababa de llegar a su vida…).

Mi ex, encima,  en lugar de pararle los pies, parecía que aún le hacía gracia saber que yo me ponía celoso por el tema, con lo que aún le seguía todavía más la corriente a su colega, que no sé qué expectativas tendría, aunque dejaba claro que él y yo amigos no íbamos a ser nunca.

Así pasamos el día hasta que llegamos a la habitación.

La cama supletoria estaba al lado de la de mi ex, aunque un poco separada. Mientras, las nuestras, estaban juntas como formando una sóla de matrimonio.

El cuarto de baño estaba, como en casi todos los hoteles, entrando a mano derecha, y en el pasillo que daba a la habitación había un espejo de cuerpo entero, con lo que la visión del baño desde la cama de Juan, era completa.

El primero en ducharse fue Juan, y cuando acabó entré yo, aunque le dije a mi ex que para ahorrar agua y tiempo, se metiese también conmigo.

Allí estuvimos “jugando” un poco bajo la ducha y al salir, aprovechando que del vaho se había empañado todo el baño, abrí la puerta lo suficiente para que Juan nos pudiese ver desde el espejo.

Estuvimos ahí morreándonos como Dios nos trajo al mundo y totalmente empalmados, hasta que mi ex se dio cuenta de lo que pretendía (vio la puerta y el espejo) y paró en seco no sin antes descojonarse de la situación y llamarme “cabronazo” con una amplia sonrisa.

Él salió del baño y yo me quedé un rato secándome con la toalla frente al espejo, pues a mí en concreto sí me daba morbo que Juan pudiese estar mirando.

Sin embargo, cuando salí a la habitación, igualmente desnudo, me sorprendió ver que Juan estaba dormido, o al menos se lo hacía, aunque eso sí, con el cuerpo girado hacia la zona donde estaba el espejo del pasillo.

Mi ex me hizo gesto de que no hiciese ruido, para no despertarle, y nos acostamos.

Pero el calentón que me había entrado a mí no era ni medio normal, así que empecé a hacerle arrumacos a mi ex a ver si lo ponía a tono. Y lo puse, vaya que si lo puse.

Tanto que comenzamos a morrearnos sin importarnos que su amigo durmiese a escasos centímetros. En un minuto los dos estábamos desnudos y aunque en principio nos cubrían las  sábanas, el calor interno hizo pronto que nos destapásemos. Nos comenzamos a comer las pollas, por turnos, de rodillas sobre la cama y magreándonos como si estuviésemos solos en la habitación…hasta el momento en el que Juan se giró y siguió “durmiendo” cara a nosotros.

En ese instante, nosotros, tiesos como íbamos, nos quedamos completamente en silencio y mirando a ver si él hacía algún gesto que delatase que en realidad estaba despierto. Más bien al contrario, comenzó a emitir sonidos como para hacer ver que en realidad estaba soñando, con lo que decidimos seguir a lo nuestro.

La situación estaba siendo tan morbosa que en el momento en que nos pusimos a hacer el 69 ambos no pudimos más y nos corrimos en la boca del otro, con unos gemidos sordos que evitaron que la situación se nos fuese todavía más de las manos.

Juan en ese momento se giró de vuelta a la pared, y siguió durmiendo como si nada hubiese pasado.

Mi ex siempre pensó que él realmente estaba dormido, y que no vio nada, pero yo a día de hoy aún tengo la duda, razonable, de que vio absolutamente todo pero no se atrevió a decir nada por miedo a quedarse sin ver el espectáculo que le estábamos dando.

Es algo que nunca podré saber ya, pero como experiencia fue una de las más morbosas de mi vida.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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8 comentarios en “Durmiendo con su enemigo

  1. A mi me pasó algo parecido, pero en una tienda de campaña. Nunca sabré a ciencia cierta se la 3a persona se entero de algo pero prefiero autoengañarme y pensar que no, pq pensar que sí que se enteró me daría demasiada vergüenza, hahahah.
    Y eso de ir de carabina no lo haría nunca, joder, que 3 son multitud, hombre.
    Bravo por ti, jugaste muy bien tus cartas, Pablo.
    Un abrazo,
    Hotdardo 🎯

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  2. la verdad es que yo no aceptaría que viniese con nosotros nadie y menos sabiendo que ese chico quiso en algún momento algo con mi novio. jajaja Que celoso soy ¿no? Es cierto que la situación… pone cachondo a cualquiera! jajaja

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  3. En una ocasión fuimos un grupo grande a un albergue de montaña a pasar un fin de semana. El caso es que las habitaciones eran de tres personas y yo, que iba solo y había llegado de los últimos, me metí en una con dos camas ocupadas y la tercera libre.

    Dio la casualidad de que las otras dos camas estaban ocupadas por una pareja. La segunda noche me metí primero a la cama y un rato después llegaron ellos. El caso es que se metió cada uno en su cama pero al instante uno de ellos se cambió y empezaron a tontear, pensando que yo estaba dormido.

    Sí ya en aquella situación lo pasé mal (y teniendo en cuenta que las camas estaban todas cogidas y si no hubiese sido yo habría sido otro) no quiero ni pensar estar en la situación de Juan. Tengo claro que sí soy yo me estudio un libro entero de excusas para no ir.

    Un saludo.

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  4. Mecachis, que situación más incómoda al principio ( la de llevar al tipo ese de “escolta” ) y sí, que morbo después, jejeje. Yo creo que el amigo se hizo el dormido, primero porque se dio la vuelta en el momento más oportuno, y sobre todo porque en su lugar yo hubiera hecho lo mismo: no perderme ripio del numerito pero tratando de salvar mi reputación y no quedar como un voyeur. Mi imaginación ha corrido más y visualizó al amigo sumándose al espectáculo pero vale, ya lo sé, la vida no es una película X de esas del canal plus que veíamos con el peine, jajaja.
    Un abrazo, ¡y muy feliz Pascua!

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