Los Amantes Pasajeros

Los Amantes Pasajeros

Últimamente veo mucho en las películas porno a un actor llamado Austin Wolf.

Película que me pongo a ver, película en la que sale él.

Supongo que en esta industria, cuando les da por alguien, hasta que no lo exprimen en tropecientas películas no se cansan. Y como la gente se satura pronto de ver a los mismos parteanires y la fecha de caducidad de los mismos es tan corta, pues todavía más.

También es verdad que igual es un poco como cuando te escayolan una pierna, que entonces parece que ves a todo el mundo escayolado, cuando en realidad es que simplemente te fijas más en ellos. Igual es que como este actor me gusta, me estoy fijando más en él ahora y parece que en todas las últimas películas que he visto salga él.

Por una cosa o por otra, creo que ya me he visto toda la filmografía completa de este actor.

Y como uno es curioso por naturaleza, me he puesto a buscar un poco sobre él, y voy a compartirlo con vosotros.

Resulta que Austin, nacido en Texas hará unos treintaytantos años (no he conseguido encontrar su edad real), fue un chaval con el que se metían todos sus compañeros en su etapa juvenil por ser extremadamente delgado y con voz aflautada.

¿Así que qué se le ocurrió hacer? Pues machacarse horas y horas en el gimnasio, para ver si así superaba sus complejos. Y parece que lo consiguió, aunque se pasó de frenada.

Conseguido así un cuerpo recauchutado, se ve que se encontró que entonces era superatractivo para los demás, Y aunque empezó primero con chicas, pronto pasó a los chicos, siendo el primero con el que se acostó – a los 16 años -, el novio (ahora marido) de una de sus hermanastras.

Después, se ve que se echó novio y se mudó a Nueva York, y allí la cosa se desmadró del todo, pues se convirtió en adicto al sexo, llevándose por delante, entre otras cosas, su relación de pareja.

Y empezó a ir a terapia para superar su adicción. Pero o la terapia no funcionó muy bien o él pensó que si no podía luchar contra ella qué mejor que sacarle algún partido, así que decidió hacerse primero chapero (escort) y luego actor porno.

Como chapero se ve que se lo rifaban tanto hombres como mujeres y parejas. Y algunos actores / actrices de Hollywood (sin citar nombres), también.

Y de ahí al porno, en el que piensa estar unos años hasta que el cuerpo aguante.

Es justo en esa industria donde ha conocido a su pareja actual, Tyler Wolf, con el que por cierto le he visto actuando y he de decir que tienen muy buena com-penetración.

Pues hasta aquí su vida, extraída básicamente de varias entrevistas, y en concreto de una  de la web the sword, y que os dejo completa por aquí para los más interesados.

¿Y cómo es como actor porno? Pues un zamarro de los buenos, versátil y con una hipersensibilidad en los pezones que es digna de admirar. Y que sobre todo sorprende en el momento de la corrida, pues no he visto nunca a nadie con unos orgasmos tan prolongados. Y ya no es que sean largos, es que encima se le corta la respiración y  le dan tantos espasmos y contracciones que es todo un espectáculo.

Lo curioso es que me guste tanto cuando a mí ni me molan los tíos rubios, ni que estén tatuados.  Bueno, igual él es más castaño que rubio, pero tatuajes tiene y no son discretos precisamente.

Por cierto que fue gracias a estos tatuajes cuando el año pasado, Austin fue conocido más de la cuenta. O mas bien reconocido.

Y es que se ve que en un vuelo con la compañía Delta Airlines, se lió con el azafato, un chaval de unos 20 años, en el wáter de la aeronave, con tan mala suerte de que grabaron el momento.  Unas grabaciones que las carga el diablo, como todos sabemos. Así que los videos acabaron en Twitter y aunque lo retiraron enseguida ya fue tarde. Por lo visto, se veía claramente al chavalín con el uniforme de la compañía, enrollándose con un maromo al que reconocieron rápidamente en las redes por los tatuajes de su cuerpo…

El resultado fue que al joven lo expedientaron sin empleo ni sueldo (la famosa “mala imagen para la compañía”) y a Austin le hicieron más conocido fuera de la industria del porno.

Lo gracioso es que no hace mucho, al actor le dieron un premio a mejor actor y en su discurso acabó con un “keep climbing”, algo así como “sigamos subiendo” que no es otro que es el slogan de Delta Airlines.

Supongo que al azafato expedientado, igual no le hizo tanta gracia…

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Mientras duermes

Mientras duermes

Toda mi vida, y debido a mis inseguridades, baja autoestima y cierto grado de inmadurez crónica he necesitado siempre la aceptación de los demás.

Si a nivel afectivo siempre fue así, era lógico que a nivel sexual también me sucediese tres cuartos de lo mismo.

Por ese motivo, cuando he quedado para un polvo siempre he preferido gustar yo más al otro que en sentido contrario. Tampoco es que haya estado con tíos espantosos, pero sí que, puestos a elegir,  he preferido siempre poner cachondo al otro, antes que calentarme yo mismo.

Por eso muchas veces he podido parecer un calientapollas.

Muchas veces inconscientemente, he de aclarar, sin embargo, otras muchas, de una forma totalmente consciente y buscada.

Hace poco me sucedió una situación de las últimas.

Me contactó un hombre por la app para ver si pasábamos la noche juntos. Que buscaba sexo, vamos. El tío me mandó fotos y no me gustó nada. Bastante más mayor que yo, tenía un cuerpo como de lombriz que no me atrajo en absoluto. Sin embargo, tenía bastante labia y me pareció un tio educado al menos (ya uno se conforma con poco). Así que le mandé fotos guarrindongas mías y por el tono de la conversación noté que le gustaron mucho.

Yo en plan cachondeo le seguía el rollo pero poco más, hasta que, hablando un poco de todo, me empezó a decir que estaba haciendo un cursillo de quiropráctica y que quería en un futuro ver si podía dedicarse a eso, pues era algo que le gustaba mucho.

A mí, lo he contado alguna vez, me da cierto morbo recibir masajes, con lo que, a pesar de que sabía claramente lo que este hombre buscaba, me ofrecí a ir a su casa para que practicase conmigo esos masajes que estaba aprendiendo a dar.

No tardó ni un minuto en mandarme la dirección y teléfono de contacto, así que ni corto ni perezoso me planté en su casa en diez minutos.

En persona la verdad es que aún era casi más poca cosa que en las fotos. Vestido con una camiseta y un pantalón corto, se le veía además bastante nervioso, con lo que pensé que muchas visitas de este tipo no solía recibir.

Yo soy mas bien del montón, pero desde que entré por la puerta no paró de decirme lo alto  y bien plantado que le parecía, además de guapo y mil piropos más.

Para romper un poco el hielo, me invitó a tomar una cervecita, mientras él hablaba sin parar debido, pienso yo, a su nerviosismo.

Me contó a qué se dedicaba (era enfermero) y que se había metido en el tema de quiropráctica,  meditación, uso de aceites esenciales y demás  por medio de una amiga a la que le gustaban todos esos rollos. También me habló de su familia, de sus aficiones, amigos y demás, pasando de unos temas a otros sin solución de continuidad.

Tanto hablaba que a mí me empezó a entrar sueño ahí sentando en el sofá. Intentaba mantener los ojos abiertos pero se me cerraban. Tanta era la modorra que al final se dio cuenta y me dijo que antes de que cayera frito que pasase a su habitación y me daba el masaje ya que había venido para eso.

Y eso hicimos.

Me dijo que me quitase la camiseta y me bajase un poco el pantalón para no manchar, pues usaba un tipo de aceite de coco que, aunque se absorbía enseguida por el cuerpo, sí podía dejar rastro en la ropa.

Nada más oir eso, y aprovechando la situación, le dije que para evitar que me manchase, casi mejor que me desnudaba del todo si a él no le importaba.

“Hombre, por mí mejor jeje”. – es lo único que acertó a decir-

Y así me puse, como Dios me trajo al mundo, ahí tirado sobre la cama.

El hombre no tardó nada en untarme el cuerpo con el aceite por el cuello y espalda y empezar a masajear. La verdad es que no lo hacía nada mal, y entre la cerveza y que ya era tarde, a mí me empezó a entrar de nuevo más sueño de lo normal.

Me dijo entonces que si me dormía que no pasaba nada, que eso era señal de que estaba relajado y que simplemente me dejara llevar.

Yo noté que cuando llegaba con el masaje a la parte baja de la espalda, paraba en seco y volvía a subir, con lo que me propuse averiguar qué podría pasar si yo me hacía el dormido.

Me puse entonces a hacer como si roncase. Con los ojos cerrados completamente, me puse a respirar con algo más de fuerza y dejando totalmente inerte el cuerpo.  El masajista me preguntó entonces si  dormía a lo que yo ya ni contesté.

Y bajó entonces sus manos hacia el culete. Noté como volvía a echar aceite en la zona, y empezó a masajearme el culo como si no hubiera un mañana. De vez en cuando yo me movía, o hacía el amago de “despertarme”, con lo que él paraba en seco y no volvía  a tocarme hasta que yo volvía a hacerme el dormido.

Así estuve un buen rato, mientras notaba como por la parte posterior, algo empezaba a hacerme tope contra el colchón de la cama…

Hice entonces como que me despertaba, disculpándome por haberme quedado dormido y diciendo que igual era oportuno que me fuese antes de quedarme sopas del todo. Él, que se negó en redondo, me dijo además que todavía faltaba que me diera el masaje por delante, con lo que me dio indicaciones para que me pusiese boca arriba, pues había llegado ese momento.

Cuando me giré hacia él casí pude sacarle un ojo de lo tieso que iba ya.

Me hice entonces como el avergonzado por la situación, a lo que (sin dejar de mirarme el mástil) me comentó que no me preocupara, que eso era muestra de que mi cuerpo estaba recibiendo energía positiva o algo así, y que me podía relajar que no pasaba nada.

Lo hice y otra vez jugué a hacerme el dormido de nuevo.  Hasta ese momento el me masajeaba la zona del pectoral y estómago, y algo de las piernas. En el momento en el que volví a hacer como si roncase, me tóco los huevos y el rabo con unos movimientos que eran lo más parecido a una paja.

Sin embargo, llegó un momento en que supongo que por vergüenza o por no querer aprovecharse de alguien dormido, paró en seco. Oí como se iba y volvía, echándome una sábana por encima y saliendo después  de la habitación.

Así estuve unos cinco minutos.

Cinco minutos en los que me sentí bastante mal conmigo mismo, pues había estado calentando sin venir a cuento a una persona con la que yo realmente no quería nada.

Estuve un rato hasta que mi calentón se bajó, me vestí y salí de la habitación para buscarlo a él

Al oírme salió del baño.

(Puedo imaginar lo que estaba haciendo en el baño, pues salió a toda prisa con un bultaco en el pantalón de campeonato, aunque yo no le dije nada).

Me ofreció tomar otra cerveza , e incluso que si quería podía quedarme a dormir, pues tenía otra habitación disponible, a lo que dije que no, le agradecí el masaje y me fui, volviendo ya de madrugada hacia mi casa.

¿Y -aparte de dolor de huevos- qué gané yo con todo eso?

Pues evidentemente nada. ¿Que me dio morbo la situación? Pues sí, no os puedo engañar. Pero jugar con las expectativas de los demás, he de reconocer que no es algo para estar demasiado orgulloso.

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Les Garçons Sauvages

Les Garçons Sauvages

Hace ya bastantes meses, una de las cuentas cinéfilas de Twitter a las que sigo puso el tráiler de la película francesa de 2017 “Les Garçons Sauvages” con una breve reseña.

El tráiler en cuestión era éste:

Nada más verlo me llamó mucho la atención, y el argumento todavía más:

“5 jóvenes, condenados por matar a su profesora, son enviados con un capitán de barco que promete en dos meses cambiar su personalidad. Sin embargo, no es sólo su personalidad lo que va a cambiar.”

Como siempre que me pasa en estos casos, localicé la película pero no ha sido hasta hace pocos días cuando por fin pude verla, y me ha sorprendido mucho.

No sé cómo hablar de ella sin hacer spoilers ni contar demasiado de su argumento. Sólo diré que el papel de los cinco chicos lo interpretan cinco jóvenes actrices y el motivo está más que claro a medida que va avanzando la película…

La historia en sí es bastante bizarra. Original es poco. Homsexualidad latente, transexualidad (a su manera), junto con violencia gratuita, erotismo, drama, cine clásico de aventuras…. un pastiche superextraño del que no sale nada mal parada.

Visualmente es una maravilla. Con esa mezcla de blanco y negro y color (aunque no venga muy a cuento, también hay que decirlo) es una gozada verla. La verdad es que en ese sentido la disfruté de principio a fin, salvando los trastos ante los agujeros de argumento (que también los tiene).

Las actuaciones muy bien, no sólo de los chicos/chicas principales, sino también, y sobre todo, del capitán. Bueno, del capitán y de ese “rabo” suyo que parece un actor más por los primeros planos de los que goza en la película. (Momento aparte, ése en el que estando en la barquita, sentado, marca un paquete tal que parece una tercera pierna…).

La película, dirigida por Bertrand Mandico (en su debut en un largometraje), se presentó en la 74 edición del Festival de Cine de Venecia y desde entonces no ha dejado a nadie indiferente. De hecho fue elegida mejor película 2018 según “Les Cahiers du Cinema”, y se llevó el primer premio del Festival de Cine independiente de Burdeos.

Por cierto que si la véis en versión original, aprenderéis algo de francés, pero también de inglés pues hay momentos en la película en el que se pasa de un idioma a otro sin motivo aparente (por ejemplo, el diálogo entre el capitán y la Dra. Severine).

Si os gustan las películas “diferentes”, seguro que sabréis disfrutarla.

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