Toda mi vida, y debido a mis inseguridades, baja autoestima y cierto grado de inmadurez crónica he necesitado siempre la aceptación de los demás.

Si a nivel afectivo siempre fue así, era lógico que a nivel sexual también me sucediese tres cuartos de lo mismo.

Por ese motivo, cuando he quedado para un polvo siempre he preferido gustar yo más al otro que en sentido contrario. Tampoco es que haya estado con tíos espantosos, pero sí que, puestos a elegir,  he preferido siempre poner cachondo al otro, antes que calentarme yo mismo.

Por eso muchas veces he podido parecer un calientapollas.

Muchas veces inconscientemente, he de aclarar, sin embargo, otras muchas, de una forma totalmente consciente y buscada.

Hace poco me sucedió una situación de las últimas.

Me contactó un hombre por la app para ver si pasábamos la noche juntos. Que buscaba sexo, vamos. El tío me mandó fotos y no me gustó nada. Bastante más mayor que yo, tenía un cuerpo como de lombriz que no me atrajo en absoluto. Sin embargo, tenía bastante labia y me pareció un tio educado al menos (ya uno se conforma con poco). Así que le mandé fotos guarrindongas mías y por el tono de la conversación noté que le gustaron mucho.

Yo en plan cachondeo le seguía el rollo pero poco más, hasta que, hablando un poco de todo, me empezó a decir que estaba haciendo un cursillo de quiropráctica y que quería en un futuro ver si podía dedicarse a eso, pues era algo que le gustaba mucho.

A mí, lo he contado alguna vez, me da cierto morbo recibir masajes, con lo que, a pesar de que sabía claramente lo que este hombre buscaba, me ofrecí a ir a su casa para que practicase conmigo esos masajes que estaba aprendiendo a dar.

No tardó ni un minuto en mandarme la dirección y teléfono de contacto, así que ni corto ni perezoso me planté en su casa en diez minutos.

En persona la verdad es que aún era casi más poca cosa que en las fotos. Vestido con una camiseta y un pantalón corto, se le veía además bastante nervioso, con lo que pensé que muchas visitas de este tipo no solía recibir.

Yo soy mas bien del montón, pero desde que entré por la puerta no paró de decirme lo alto  y bien plantado que le parecía, además de guapo y mil piropos más.

Para romper un poco el hielo, me invitó a tomar una cervecita, mientras él hablaba sin parar debido, pienso yo, a su nerviosismo.

Me contó a qué se dedicaba (era enfermero) y que se había metido en el tema de quiropráctica,  meditación, uso de aceites esenciales y demás  por medio de una amiga a la que le gustaban todos esos rollos. También me habló de su familia, de sus aficiones, amigos y demás, pasando de unos temas a otros sin solución de continuidad.

Tanto hablaba que a mí me empezó a entrar sueño ahí sentando en el sofá. Intentaba mantener los ojos abiertos pero se me cerraban. Tanta era la modorra que al final se dio cuenta y me dijo que antes de que cayera frito que pasase a su habitación y me daba el masaje ya que había venido para eso.

Y eso hicimos.

Me dijo que me quitase la camiseta y me bajase un poco el pantalón para no manchar, pues usaba un tipo de aceite de coco que, aunque se absorbía enseguida por el cuerpo, sí podía dejar rastro en la ropa.

Nada más oir eso, y aprovechando la situación, le dije que para evitar que me manchase, casi mejor que me desnudaba del todo si a él no le importaba.

“Hombre, por mí mejor jeje”. – es lo único que acertó a decir-

Y así me puse, como Dios me trajo al mundo, ahí tirado sobre la cama.

El hombre no tardó nada en untarme el cuerpo con el aceite por el cuello y espalda y empezar a masajear. La verdad es que no lo hacía nada mal, y entre la cerveza y que ya era tarde, a mí me empezó a entrar de nuevo más sueño de lo normal.

Me dijo entonces que si me dormía que no pasaba nada, que eso era señal de que estaba relajado y que simplemente me dejara llevar.

Yo noté que cuando llegaba con el masaje a la parte baja de la espalda, paraba en seco y volvía a subir, con lo que me propuse averiguar qué podría pasar si yo me hacía el dormido.

Me puse entonces a hacer como si roncase. Con los ojos cerrados completamente, me puse a respirar con algo más de fuerza y dejando totalmente inerte el cuerpo.  El masajista me preguntó entonces si  dormía a lo que yo ya ni contesté.

Y bajó entonces sus manos hacia el culete. Noté como volvía a echar aceite en la zona, y empezó a masajearme el culo como si no hubiera un mañana. De vez en cuando yo me movía, o hacía el amago de “despertarme”, con lo que él paraba en seco y no volvía  a tocarme hasta que yo volvía a hacerme el dormido.

Así estuve un buen rato, mientras notaba como por la parte posterior, algo empezaba a hacerme tope contra el colchón de la cama…

Hice entonces como que me despertaba, disculpándome por haberme quedado dormido y diciendo que igual era oportuno que me fuese antes de quedarme sopas del todo. Él, que se negó en redondo, me dijo además que todavía faltaba que me diera el masaje por delante, con lo que me dio indicaciones para que me pusiese boca arriba, pues había llegado ese momento.

Cuando me giré hacia él casí pude sacarle un ojo de lo tieso que iba ya.

Me hice entonces como el avergonzado por la situación, a lo que (sin dejar de mirarme el mástil) me comentó que no me preocupara, que eso era muestra de que mi cuerpo estaba recibiendo energía positiva o algo así, y que me podía relajar que no pasaba nada.

Lo hice y otra vez jugué a hacerme el dormido de nuevo.  Hasta ese momento el me masajeaba la zona del pectoral y estómago, y algo de las piernas. En el momento en el que volví a hacer como si roncase, me tóco los huevos y el rabo con unos movimientos que eran lo más parecido a una paja.

Sin embargo, llegó un momento en que supongo que por vergüenza o por no querer aprovecharse de alguien dormido, paró en seco. Oí como se iba y volvía, echándome una sábana por encima y saliendo después  de la habitación.

Así estuve unos cinco minutos.

Cinco minutos en los que me sentí bastante mal conmigo mismo, pues había estado calentando sin venir a cuento a una persona con la que yo realmente no quería nada.

Estuve un rato hasta que mi calentón se bajó, me vestí y salí de la habitación para buscarlo a él

Al oírme salió del baño.

(Puedo imaginar lo que estaba haciendo en el baño, pues salió a toda prisa con un bultaco en el pantalón de campeonato, aunque yo no le dije nada).

Me ofreció tomar otra cerveza , e incluso que si quería podía quedarme a dormir, pues tenía otra habitación disponible, a lo que dije que no, le agradecí el masaje y me fui, volviendo ya de madrugada hacia mi casa.

¿Y -aparte de dolor de huevos- qué gané yo con todo eso?

Pues evidentemente nada. ¿Que me dio morbo la situación? Pues sí, no os puedo engañar. Pero jugar con las expectativas de los demás, he de reconocer que no es algo para estar demasiado orgulloso.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

10 comentarios en “Mientras duermes

  1. Pues ganaste un buen masajes con el que seguro que dormiste luego plácida y profundamente, aparte de la situación morbosa en sí. No me suena haber leido que le dijeras que querias sexo y a lo que te ofreciste fue a que te diera un masaje, por lo tanto no hubo engaño.
    Por sus expectativas, bueno, eso es cosa de él, y el que no se hubiera atrevido a más ( con tu posible negación o consentimiento ) es cosa de él, de sus miedos e inseguridades.
    Y seguro que te disfrutó, sin llegar a lo sexual.
    Creo 😉

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  2. Pues estoy de acuerdo con el comentario que te ha dejado Perro. A mí tmp me parece que le hubieras prometido sexo.
    Aunque tmb te digo una cosa: una pajilla bien hecha podías haberte llevado, y te evitabas el dolor de huevos! Seguro que a él le hubiera molado llevarte hasta el final y a ti tmb te hubiera gustado descargar (supongo).
    Me encantan tus experiencias y como lo cuentas.
    Un abrazo,
    Hotdardo 🎯

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    1. Pues a eso justo me refería. Creo que me hubiese dado más morbo ver cómo se pajeaba él, que la situación de que él me pajease. Me gusta más ver disfrutar que hacerlo yo. Raro que es uno, jeje.
      Y me alegro de que te gusten mis cosas.
      Saludos.

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  3. Yo soy el señor y te mato aunque el también podría haber puesto de su parte y haberse lanzado, vamos yo lo hubiese hecho. Con lo que me gusta a mi un masaje, por donde dices que está? Jajajajaja

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