Hoy toca echar la vista atrás.

Como continuación al post anterior, y un poco también como explicación del último post escrito a.C. (antes del Coronavirus), quería dar una explicación a mi ausencia durante estos últimos meses.

Todo empezó con una llamada.

Sólo recuerdo que había sido una semana agotadora, sobre todo a nivel laboral, y que era martes por la noche.

Estaba dispuesto a darme una ducha calentita y así destensar músculos (sobre todo los del cuello, que se me agarrotan cuando entro en tensión) cuando oí el móvil sonar.

Como hacía poco que había whatsappeado con el vigilante con el que estaba empezando (o no) una relación, automáticamente pensé que era él, con lo que casi sin mirar contesté de inmediato.

Al otro lado del teléfono, una voz masculina me preguntó si mi nombre era Pablo.

Una vez contestado afirmativamente, noté como se me erizó la piel de todo el cuerpo al oír que se identificaban como personal del Hospital, y tras pedirme tranquilidad, me dijeron que mi padre había sufrido un desmayo en plena calle y que debía acudir lo más pronto posible.

Salí disparado de casa, dispuesto a recoger en coche a mi madre y acudir allí de inmediato. De camino, avisé también a mi hermana comentándole la situación. Ella, por supuesto, no sabía nada pues a mí había sido el primero al que habían avisado, gracias al aviso AA PABLO que había puesto ya hace años en los contactos de su teléfono móvil.

Y es que ya hacía tiempo que era yo quien más se ocupaba de ellos. Tanto para visitas a médicos, como asuntos burocráticos, era yo quien tenía básicamente una agenda paralela para no perder de vista sus asuntos.

Y no  me importaba.

Una vez llegamos al Hospital, y preguntamos por él nos dieron la mala noticia: mi padre había sufrido un ictus cerebral y habían comenzado a hacerle diversas pruebas.

Las horas en Urgencias fueron angustiosas. Entre la tensión, los nervios e intentar dar ánimos a mi madre, aún ahora mismo no sé cuánto tiempo estuvimos allí sin saber nada.

Un tiempo que nos lo comimos mi madre y yo como pudimos pues a mi hermana “le había pillado en el supermercado y tenía que solucionar cosas” antes de acudir. Cosas como acabar la compra y llevar a sus hijos a las extraescolares, que se ve que en cuestión de urgencias eso era prioritario, claro, aunque mi sobrino el pequeño tenga ya 14 años…

Al final la espera (eterna) acabó y llegó mi hermana justo a tiempo para que saliera el médico a explicar la situación.

Lo que nos vino a decir fue que en el TAC que le habían hecho vieron daños importantes, pero que hasta que no se le pasase un poco la sedación no se podría saber el alcance de los daños cerebrales detectados.

Que había que esperar de nuevo

Finalmente nos pasamos en Urgencias prácticamente la noche, hasta que al final vimos salir a mi padre en silla de ruedas y con la mirada perdida.

El mazazo psicológico fue en ese momento, tremendo. Sobre todo por verlo ahí, postrado, y como ausente de todo lo que le rodeaba.

Por lo visto los daños habían sido a varios niveles pues, aparte de los daños en el aparato locomotor, también le había afectado al habla, como pudimos comprobar en cuanto mi padre intentó saludarnos.

El médico nos comentó entonces la situación:  Que los daños, aunque graves, no tenían porqué dejar secuelas a largo plazo. Que muchos pacientes con ictus se recuperan totalmente. Que lo importante era ahora una adecuada rehabilitación y sobre todo, mucha paciencia con el enfermo.

Como pudimos, nos llevamos a mi padre a su casa, dispuestos a asumir lo más pronto posible esa nueva situación.

Sin embargo no todos lo asumimos por igual.

Los siguientes días y meses fueron bastante duros.

Entre las idas y venidas al rehabilitador y posteriormente al neurólogo, los momentos de bajón (tanto de mi padre como de mi madre por verlo así) fueron minándome la moral. Sobre todo por ver que a pesar de las buenas palabras e intenciones de mi hermana, quien se encargaba de todo era yo.

Y es que fui yo quien cambió totalmente de horarios y hábitos para intentar que mi padre saliese adelante.

Para demostrarle que si de pequeño era él quien me llevaba de la mano era yo ahora quien le correspondía con lo mismo.

Y es que los hechos se demuestran con acciones, y no con palabras.

Porque está visto que, para según quién, si eres soltero y sin hijos, tienes menos vida que otra persona “normal”.

Porque el egoísmo muchas veces, saca lo peor de las personas.

Porque la vida a todos nos pone en su sitio.

Por suerte, mi padre fue mejorando poco a poco.

Que no volverá a ser el de antes, lo tengo claro, pero que al menos está mucho mejor de lo que estaba, no hay más que verlo.

Y que yo tengo la conciencia muy tranquila, también.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

10 comentarios en “La llamada

  1. Ánimo, hombre, lo peor es quedarse soltero en una familia que hay mujeres, porque las hermanas siempre tienen demasiadas cosas que hacer, pero eso no importa, sino has mostrado a ti mismo que sabes amar, afortunado el que te encuentre. Y sigue así y lo verás mejorar más aún. Que los padres cuando se hacen mayores no viven de pan sino de cariño filial. Felicidades.

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    1. No tenía muy claro si publicar este post en concreto (lo encontraba demasiado personal) pero la verdad es que me ha venido bien hacerlo. Muchas gracias por los ánimos.
      Saludos.

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  2. Siento mucho lo que le pasó a tu padre. Un duro mazazo ante el que has respondido como debías. Los padres son de lo mejor de la vida. Siempre están ahí, y lamentablemente hay gente que no se da cuenta hasta que emprenden el camino. Felicidades por darles en estos momentos todo tu amor. Un abrazo.

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  3. En todas las familias hay algo… Lo bueno es que tu conciencia siempre estará tranquila porque hiciste lo que debías con tu padre. Es un motivo de orgullo que siempre llevaras contigo. El tiempo pondrá a cada cual en su sitio. Enhorabuena por ser como eres!

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    1. A veces pienso que igual no se puede ser tan buena persona porque luego me pasa lo que me pasa, pero es lo que dices, y que al menos puedo dormir tranquilo por las noches. Saludos.

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  4. Ánimo Pablo sigue dándole cariño y ayudando xq poco a poco se mejora, igual no tan rápido como nos gustaría pero verás más avances, te deseamos mucha buena suerte y sobre todo mucho ánimo. El padre de suso, pasó por ello incluso yo mismo aunque no tan grave. La parte de tu hermana… bueno, no la compartimos pero seguro también lo pasa mal así que intenta ser comprensivo aunque parezca no merecerlo. Se fuerte!

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