Cuenta conmigo

Cuenta conmigo

Por causas ajenas a la voluntad del autor, durante un tiempo no habrá contenido nuevo en el blog.

“La vida, a veces, te lleva por unos derroteros de los que es imposible poder sustraerse”.

Disculpen las molestias y manténganse a la espera.

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Los Amantes Pasajeros

Los Amantes Pasajeros

Últimamente veo mucho en las películas porno a un actor llamado Austin Wolf.

Película que me pongo a ver, película en la que sale él.

Supongo que en esta industria, cuando les da por alguien, hasta que no lo exprimen en tropecientas películas no se cansan. Y como la gente se satura pronto de ver a los mismos parteanires y la fecha de caducidad de los mismos es tan corta, pues todavía más.

También es verdad que igual es un poco como cuando te escayolan una pierna, que entonces parece que ves a todo el mundo escayolado, cuando en realidad es que simplemente te fijas más en ellos. Igual es que como este actor me gusta, me estoy fijando más en él ahora y parece que en todas las últimas películas que he visto salga él.

Por una cosa o por otra, creo que ya me he visto toda la filmografía completa de este actor.

Y como uno es curioso por naturaleza, me he puesto a buscar un poco sobre él, y voy a compartirlo con vosotros.

Resulta que Austin, nacido en Texas hará unos treintaytantos años (no he conseguido encontrar su edad real), fue un chaval con el que se metían todos sus compañeros en su etapa juvenil por ser extremadamente delgado y con voz aflautada.

¿Así que qué se le ocurrió hacer? Pues machacarse horas y horas en el gimnasio, para ver si así superaba sus complejos. Y parece que lo consiguió, aunque se pasó de frenada.

Conseguido así un cuerpo recauchutado, se ve que se encontró que entonces era superatractivo para los demás, Y aunque empezó primero con chicas, pronto pasó a los chicos, siendo el primero con el que se acostó – a los 16 años -, el novio (ahora marido) de una de sus hermanastras.

Después, se ve que se echó novio y se mudó a Nueva York, y allí la cosa se desmadró del todo, pues se convirtió en adicto al sexo, llevándose por delante, entre otras cosas, su relación de pareja.

Y empezó a ir a terapia para superar su adicción. Pero o la terapia no funcionó muy bien o él pensó que si no podía luchar contra ella qué mejor que sacarle algún partido, así que decidió hacerse primero chapero (escort) y luego actor porno.

Como chapero se ve que se lo rifaban tanto hombres como mujeres y parejas. Y algunos actores / actrices de Hollywood (sin citar nombres), también.

Y de ahí al porno, en el que piensa estar unos años hasta que el cuerpo aguante.

Es justo en esa industria donde ha conocido a su pareja actual, Tyler Wolf, con el que por cierto le he visto actuando y he de decir que tienen muy buena com-penetración.

Pues hasta aquí su vida, extraída básicamente de varias entrevistas, y en concreto de una  de la web the sword, y que os dejo completa por aquí para los más interesados.

¿Y cómo es como actor porno? Pues un zamarro de los buenos, versátil y con una hipersensibilidad en los pezones que es digna de admirar. Y que sobre todo sorprende en el momento de la corrida, pues no he visto nunca a nadie con unos orgasmos tan prolongados. Y ya no es que sean largos, es que encima se le corta la respiración y  le dan tantos espasmos y contracciones que es todo un espectáculo.

Lo curioso es que me guste tanto cuando a mí ni me molan los tíos rubios, ni que estén tatuados.  Bueno, igual él es más castaño que rubio, pero tatuajes tiene y no son discretos precisamente.

Por cierto que fue gracias a estos tatuajes cuando el año pasado, Austin fue conocido más de la cuenta. O mas bien reconocido.

Y es que se ve que en un vuelo con la compañía Delta Airlines, se lió con el azafato, un chaval de unos 20 años, en el wáter de la aeronave, con tan mala suerte de que grabaron el momento.  Unas grabaciones que las carga el diablo, como todos sabemos. Así que los videos acabaron en Twitter y aunque lo retiraron enseguida ya fue tarde. Por lo visto, se veía claramente al chavalín con el uniforme de la compañía, enrollándose con un maromo al que reconocieron rápidamente en las redes por los tatuajes de su cuerpo…

El resultado fue que al joven lo expedientaron sin empleo ni sueldo (la famosa “mala imagen para la compañía”) y a Austin le hicieron más conocido fuera de la industria del porno.

Lo gracioso es que no hace mucho, al actor le dieron un premio a mejor actor y en su discurso acabó con un “keep climbing”, algo así como “sigamos subiendo” que no es otro que es el slogan de Delta Airlines.

Supongo que al azafato expedientado, igual no le hizo tanta gracia…

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Mientras duermes

Mientras duermes

Toda mi vida, y debido a mis inseguridades, baja autoestima y cierto grado de inmadurez crónica he necesitado siempre la aceptación de los demás.

Si a nivel afectivo siempre fue así, era lógico que a nivel sexual también me sucediese tres cuartos de lo mismo.

Por ese motivo, cuando he quedado para un polvo siempre he preferido gustar yo más al otro que en sentido contrario. Tampoco es que haya estado con tíos espantosos, pero sí que, puestos a elegir,  he preferido siempre poner cachondo al otro, antes que calentarme yo mismo.

Por eso muchas veces he podido parecer un calientapollas.

Muchas veces inconscientemente, he de aclarar, sin embargo, otras muchas, de una forma totalmente consciente y buscada.

Hace poco me sucedió una situación de las últimas.

Me contactó un hombre por la app para ver si pasábamos la noche juntos. Que buscaba sexo, vamos. El tío me mandó fotos y no me gustó nada. Bastante más mayor que yo, tenía un cuerpo como de lombriz que no me atrajo en absoluto. Sin embargo, tenía bastante labia y me pareció un tio educado al menos (ya uno se conforma con poco). Así que le mandé fotos guarrindongas mías y por el tono de la conversación noté que le gustaron mucho.

Yo en plan cachondeo le seguía el rollo pero poco más, hasta que, hablando un poco de todo, me empezó a decir que estaba haciendo un cursillo de quiropráctica y que quería en un futuro ver si podía dedicarse a eso, pues era algo que le gustaba mucho.

A mí, lo he contado alguna vez, me da cierto morbo recibir masajes, con lo que, a pesar de que sabía claramente lo que este hombre buscaba, me ofrecí a ir a su casa para que practicase conmigo esos masajes que estaba aprendiendo a dar.

No tardó ni un minuto en mandarme la dirección y teléfono de contacto, así que ni corto ni perezoso me planté en su casa en diez minutos.

En persona la verdad es que aún era casi más poca cosa que en las fotos. Vestido con una camiseta y un pantalón corto, se le veía además bastante nervioso, con lo que pensé que muchas visitas de este tipo no solía recibir.

Yo soy mas bien del montón, pero desde que entré por la puerta no paró de decirme lo alto  y bien plantado que le parecía, además de guapo y mil piropos más.

Para romper un poco el hielo, me invitó a tomar una cervecita, mientras él hablaba sin parar debido, pienso yo, a su nerviosismo.

Me contó a qué se dedicaba (era enfermero) y que se había metido en el tema de quiropráctica,  meditación, uso de aceites esenciales y demás  por medio de una amiga a la que le gustaban todos esos rollos. También me habló de su familia, de sus aficiones, amigos y demás, pasando de unos temas a otros sin solución de continuidad.

Tanto hablaba que a mí me empezó a entrar sueño ahí sentando en el sofá. Intentaba mantener los ojos abiertos pero se me cerraban. Tanta era la modorra que al final se dio cuenta y me dijo que antes de que cayera frito que pasase a su habitación y me daba el masaje ya que había venido para eso.

Y eso hicimos.

Me dijo que me quitase la camiseta y me bajase un poco el pantalón para no manchar, pues usaba un tipo de aceite de coco que, aunque se absorbía enseguida por el cuerpo, sí podía dejar rastro en la ropa.

Nada más oir eso, y aprovechando la situación, le dije que para evitar que me manchase, casi mejor que me desnudaba del todo si a él no le importaba.

“Hombre, por mí mejor jeje”. – es lo único que acertó a decir-

Y así me puse, como Dios me trajo al mundo, ahí tirado sobre la cama.

El hombre no tardó nada en untarme el cuerpo con el aceite por el cuello y espalda y empezar a masajear. La verdad es que no lo hacía nada mal, y entre la cerveza y que ya era tarde, a mí me empezó a entrar de nuevo más sueño de lo normal.

Me dijo entonces que si me dormía que no pasaba nada, que eso era señal de que estaba relajado y que simplemente me dejara llevar.

Yo noté que cuando llegaba con el masaje a la parte baja de la espalda, paraba en seco y volvía a subir, con lo que me propuse averiguar qué podría pasar si yo me hacía el dormido.

Me puse entonces a hacer como si roncase. Con los ojos cerrados completamente, me puse a respirar con algo más de fuerza y dejando totalmente inerte el cuerpo.  El masajista me preguntó entonces si  dormía a lo que yo ya ni contesté.

Y bajó entonces sus manos hacia el culete. Noté como volvía a echar aceite en la zona, y empezó a masajearme el culo como si no hubiera un mañana. De vez en cuando yo me movía, o hacía el amago de “despertarme”, con lo que él paraba en seco y no volvía  a tocarme hasta que yo volvía a hacerme el dormido.

Así estuve un buen rato, mientras notaba como por la parte posterior, algo empezaba a hacerme tope contra el colchón de la cama…

Hice entonces como que me despertaba, disculpándome por haberme quedado dormido y diciendo que igual era oportuno que me fuese antes de quedarme sopas del todo. Él, que se negó en redondo, me dijo además que todavía faltaba que me diera el masaje por delante, con lo que me dio indicaciones para que me pusiese boca arriba, pues había llegado ese momento.

Cuando me giré hacia él casí pude sacarle un ojo de lo tieso que iba ya.

Me hice entonces como el avergonzado por la situación, a lo que (sin dejar de mirarme el mástil) me comentó que no me preocupara, que eso era muestra de que mi cuerpo estaba recibiendo energía positiva o algo así, y que me podía relajar que no pasaba nada.

Lo hice y otra vez jugué a hacerme el dormido de nuevo.  Hasta ese momento el me masajeaba la zona del pectoral y estómago, y algo de las piernas. En el momento en el que volví a hacer como si roncase, me tóco los huevos y el rabo con unos movimientos que eran lo más parecido a una paja.

Sin embargo, llegó un momento en que supongo que por vergüenza o por no querer aprovecharse de alguien dormido, paró en seco. Oí como se iba y volvía, echándome una sábana por encima y saliendo después  de la habitación.

Así estuve unos cinco minutos.

Cinco minutos en los que me sentí bastante mal conmigo mismo, pues había estado calentando sin venir a cuento a una persona con la que yo realmente no quería nada.

Estuve un rato hasta que mi calentón se bajó, me vestí y salí de la habitación para buscarlo a él

Al oírme salió del baño.

(Puedo imaginar lo que estaba haciendo en el baño, pues salió a toda prisa con un bultaco en el pantalón de campeonato, aunque yo no le dije nada).

Me ofreció tomar otra cerveza , e incluso que si quería podía quedarme a dormir, pues tenía otra habitación disponible, a lo que dije que no, le agradecí el masaje y me fui, volviendo ya de madrugada hacia mi casa.

¿Y -aparte de dolor de huevos- qué gané yo con todo eso?

Pues evidentemente nada. ¿Que me dio morbo la situación? Pues sí, no os puedo engañar. Pero jugar con las expectativas de los demás, he de reconocer que no es algo para estar demasiado orgulloso.

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Les Garçons Sauvages

Les Garçons Sauvages

Hace ya bastantes meses, una de las cuentas cinéfilas de Twitter a las que sigo puso el tráiler de la película francesa de 2017 “Les Garçons Sauvages” con una breve reseña.

El tráiler en cuestión era éste:

Nada más verlo me llamó mucho la atención, y el argumento todavía más:

“5 jóvenes, condenados por matar a su profesora, son enviados con un capitán de barco que promete en dos meses cambiar su personalidad. Sin embargo, no es sólo su personalidad lo que va a cambiar.”

Como siempre que me pasa en estos casos, localicé la película pero no ha sido hasta hace pocos días cuando por fin pude verla, y me ha sorprendido mucho.

No sé cómo hablar de ella sin hacer spoilers ni contar demasiado de su argumento. Sólo diré que el papel de los cinco chicos lo interpretan cinco jóvenes actrices y el motivo está más que claro a medida que va avanzando la película…

La historia en sí es bastante bizarra. Original es poco. Homsexualidad latente, transexualidad (a su manera), junto con violencia gratuita, erotismo, drama, cine clásico de aventuras…. un pastiche superextraño del que no sale nada mal parada.

Visualmente es una maravilla. Con esa mezcla de blanco y negro y color (aunque no venga muy a cuento, también hay que decirlo) es una gozada verla. La verdad es que en ese sentido la disfruté de principio a fin, salvando los trastos ante los agujeros de argumento (que también los tiene).

Las actuaciones muy bien, no sólo de los chicos/chicas principales, sino también, y sobre todo, del capitán. Bueno, del capitán y de ese “rabo” suyo que parece un actor más por los primeros planos de los que goza en la película. (Momento aparte, ése en el que estando en la barquita, sentado, marca un paquete tal que parece una tercera pierna…).

La película, dirigida por Bertrand Mandico (en su debut en un largometraje), se presentó en la 74 edición del Festival de Cine de Venecia y desde entonces no ha dejado a nadie indiferente. De hecho fue elegida mejor película 2018 según “Les Cahiers du Cinema”, y se llevó el primer premio del Festival de Cine independiente de Burdeos.

Por cierto que si la véis en versión original, aprenderéis algo de francés, pero también de inglés pues hay momentos en la película en el que se pasa de un idioma a otro sin motivo aparente (por ejemplo, el diálogo entre el capitán y la Dra. Severine).

Si os gustan las películas “diferentes”, seguro que sabréis disfrutarla.

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A pleno sol

A pleno sol

Finiquitado ya prácticamente el verano, este año decidí pasar mis últimos días de vacaciones yendo a la playa nudista.

En estos sitios, y da igual a qué playa vayas, se suele encontrar siempre el mismo tipo de “fauna” habitual.

Por un lado, aunque cada vez menos, están aquellos que no se quitan el bañador ni por saber morir. Suelen ir solos, y se pasan el rato mirando a diestro y siniestro de una forma compulsiva. Son “mirones” de manual, que disfrutan mirando pero evitando siempre poner su cuerpo a la vista.

Después están los que yo llamo “marrones”, que son aquellos que desde primeros de mayo hasta finales de octubre se pasan el día tomando el sol hasta que tienen ese color oscuro  integral tan poco sano que más que bronceados parecen pintados.

Tras estos, estarían los que yo llamo “los desahuciados” que suelen ser tios de cincuenta y  muchos años, generalmente pienso que casados, que van a la playa a la espera de que en la zona de cruising haya movimiento. En este caso, en las dunas, pero puede ser una fábrica/casa abandonada o un bosque cercano. Aunque este grupo son los más numerosos, pocas veces se suelen enrollar entre ellos.

Luego estarían  aquellos tíos buenorros que no sé muy bien de qué van. Y digo eso porque se suelen pasear alrededor de otros tíos y subir y bajar de la zona de cruising buscando algo que no se sabe muy bien qué es. Hay gente que piensa que son chaperos (yo lo pienso) mientras otros piensan que son divas tan exigentes y narcisistas que sólo se quieren a sí mismos, rechazando a todos los que se les puedan acercar.

Después vendrían las parejitas, que están tan enamoradas que sólo se miran el uno al otro y van de la toalla al agua, entre arrumacos, con una forma de andar que más parece que floten entre algodones. (Por cierto que estas mismas parejas, años después, irán a la playa buscando a un tercero con el que enrollarse, y animar de esta forma, su monotonía conyugal…).

Y por último estarían el grupo de los solitarios como yo, que van a la playa con una revista y a escuchar algo de música entre baño y baño, disfrutando a solas del buen tiempo.

El útlimo dia antes de volverme, decidí pasar todo el día en la playa aprovechando ya los últimos rayos de sol. Estando ahí tumbado, sobre mi toalla y con mi culete blanco al aire (fruto de la marca del bañador que he llevado casi todo el verano) me dediqué a observar a todos y cada uno de los grupos de los que os he hablado.

Estando así, y un poco a mi bola también, otro solitario se puso cerca de donde yo estaba.

Un chico con barbita, de mi edad o un poco más joven, que nada más despelotarse dejó ver que estaba depilado íntegramente. Se puso boca abajo, enseñando un culazo tan bien puesto, que ni en esa postura se le deformó lo más mínimo.

Me quedé observando ese culo, ajeno a todo lo demás, cuando vi cómo empezó a apretar y soltar los cachetes, con movimientos hipnóticos para mí. Pensé en ese momento que estaba haciendo gimnasia y que por ese motivo tenía el culo que tenía. Inocente de mí, hizo un movimiento de pelvis que me hizo ver el pollón gordo que gastaba, por lo que entendí que lo que estaba haciendo con el culete eran movimientos de estar follándose la toalla…

A mí en ese momento me entró la risa floja, la verdad. El tío, al ver cómo yo sonreía (más bien me descojonaba) pensó que le había sonreído a él y comenzó a mirarme y calentarse más de la cuenta. Al momento se cambió de postura y mirando hacia mí me enseñó cómo se le había puesto ya el rabo de duro. Yo, tumbado como estaba, y que no soy de piedra, noté como mi polla comenzó a tener vida propia con lo que me la coloqué como pude… animando al tío todavía más. Fue cuando se echó saliva en la mano y comenzó a menéarsela sin dejar de mirarme.

Yo en ese momento ya no sabía donde ponerme porque, entre otras cosas, en la playa seguía paseando gente por la orilla (parejas gays, heteros, y también tías solas) y alrededor también había gente de todo tipo viendo (o no) ese espectáculo.  En eso que una gaviota en plan vuelo rasante hizo distraerme un poco, y al seguirla con la mirada dirección dunas, y volver después la mirada al tío, provoqué sin querer un malentendido total: El tío pensó que le ofrecía algo, y ni corto ni perezoso se levantó y se fue hacia las dunas (zona cruising) esperando que yo le siguiera hasta el lugar.

Pero no lo hice. Aunque tengo mi punto exhibicionista, el sexo en público no es lo mío, así que aunque fuese en una zona retirada… yo ahí en la playa no pensaba hacer nada.  Por lo menos mientras el calentón no fuese a más.

Al momento el tio volvió, con cara de incredulidad, y se volvió a poner boca abajo, volviendo como al principio a follarse la toalla sin dejar de mirarme. A mí la situación me empezó a agobiar. El tío estaba muy pero que muy bueno (demasiado) y antes de que la situación se me fuese de las manos y no pudiera controlarme decidí vestirme y largarme del lugar con el rabo (tieso) entre las piernas.

Nada más ver que me vestía para irme, el tío empezó a hacer lo mismo, y yo empecé a pensar mal…

De camino por la orilla, el tío me comenzó a seguir a una distancia prudencial. Cuando llevábamos ya un ratillo andando, me giré y le pregunté si es que él también iba andando hasta su casa pues habíamos pasado ya las dos zonas de parking.  Me dijo que sí con la cabeza y poco más.

En eso que llegó un momento en que ya se puso a mi altura.  Le pregunté entonces si era de la zona, y me dijo que no, que de un pueblo cercano y que había ido a pasar el día. ¿Andando? le pregunté yo.  Fue entonces cuando se quedó parado, me tiró mano al paquete y con un “me he quedado con ganas de chupártela”, dio media vuelta y volvió a la zona de playa de la que nos habíamos largado.

Yo me quedé flipado por la situación en sí y pensé en algo que me había estado rondando: que el tío era chapero y simplemente me había estado ofreciendo sus servicios. Estaba demasiado bueno, y con la de chulazos que había en la playa… no era lógico que se hubiese fijado en mí.

Llegué a casa y después de pegarme una ducha fría (y hacerme una paja) hablé con un amigo que me dijo que  “había tontos en el mundo y luego estaba yo, que no sabía ya ni reconocer cuándo había ligado”. Yo intenté decirle que no creía que fuese el caso, que el tío estaba tremendo y todo lo demás, a lo que me acabó diciendo que aunque era fácil levantarme la polla, “la autoestima la seguía teniendo por los suelos”.

La verdad es que al final me dejó con la duda, aunque claro, a esas alturas ya poco podía hacer. Eso sí, como anécdota de final de verano, me pareció curiosa.

Si es que lo que no me pase a mí…

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Fuego en el cuerpo

Fuego en el cuerpo

Una de las mejores cosas del verano es poder ir con menos ropa de la habitual.

Ir con pantalones largos todo el año y pasar a poder airear las piernas, bien en bañador o en bermudas, no tiene ni punto de comparación. Poder ir fresquito es una de las mejores cosas de esta época del calendario.

Y si en pantalón corto se va fresquito, ir en bolas completamente ya es todo un gustazo.

Sin embargo, aunque antes con mi ex si que acudía a las playas nudistas de forma habitual,  últimamente no me he prodigado mucho. En todo el verano, habré ido unas cuatro o cinco veces, a solas, y poco más. Y eso que este año tenía un amiguete de Twitter que me dijo que le acompañase, pero al final por una cosa o por otra nunca surgió la oportunidad. Y no surgió por culpa mía, puesto que entre que me daba pereza, y cierta vergüenza porqué no decirlo, al final lo dejé pasar.

Donde sí he practicado más el nudismo es en mi casa. De hecho creo que desde el mes de mayo o junio yo es llegar a casa y desnudarme completamente y así me paso el resto del día si es que no tengo que salir. Que salir a la calle, quiero decir, porque lo que es al balcón no tengo demasiados problemas en asomarme. Total, entre las plantas y demás, poco se podría ver desde enfrente (y si me viesen…me daría un poco igual).

Lo que veo más gracioso a la hora de estar desnudo en casa, es el hecho de hacer las tareas domésticas como Dios me trajo al mundo, aunque con algo más de pelo. Pasar la escoba, el mocho o poner la lavadora así tal cual, con la chorra al aire, es algo que siempre me ha dado cierto morbillo. Más que nada porque durante un tiempo pensé incluso en aprovecharme de la situación. Fue hace muchos años, cuando se me ocurrió ofrecer mis servicios para  tareas y reparaciones domésticas, desnudo, en plan morboso y con la idea de sacarme unas pelas. La idea se me pasó pronto. Solo necesité hacer una búsqueda en milanuncios y me di cuenta de que no era el primero al que se le había ocurrido la idea… y además que de ahí al chaperismo igual había un solo paso.

Pero bueno, volvamos al presente, y como decía,  hacer cosas de casa completamente en porra es algo que en cierta forma me pone. Pero eso, para según qué cosas es un peligro, y es que hará unas semanas, se me ocurrió ponerme a planchar la ropa acumulada de la semana…

Me puse primero con los pantalones, las  camisas, camisetas, y cuando ya estaba apunto de acabar, sin venir a cuento me animé más de la cuenta (ejem, ejem) y eso con una plancha al rojo vivo puede ser un peligro. Ni me di cuenta que la polla se me empezó a empalmar hasta que noté como el glande entraba en contacto con la base de la plancha… El berrido que dí creo que se oyó en dos manzanas a la redonda. Y eso que como buen operado de fimosis, no tengo toda la sensibilidad que debiera en la zona, pero esa placa ardiendo la noté. Vaya si la noté.

Lo primero que hice fue acudir al baño y ponerme la polla bajo el agua del grifo. Yo no quería ni mirar lo que me había hecho, sólo esperar a que se me pasase esa sensación. Cuando ya empecé a notar que el dolor pasaba fue cuando miré y digamos que no fue tan mal como esperaba: solo una marca en forma de V en la parte baja del glande.

Como mientras planchaba estaba, además en plena conversación de wasap con un amigo (y viendo la tele – como para estar atento a la plancha-) se me ocurrió mandarle la foto de la señal de mi polla para que me diese algún tipo de consejo, aprovechando que este amigo sabe absolutamente de todo. Lo primero que hizo fue descojonarse, claro, y una vez pasada la gracia ya empezó a decirme cosas que podía ponerme en la zona. Descartado el aloe vera (porque no tenía a mano) y los cubitos de hielo (por miedo a que del frío se me quedasen pegados), se le ocurrió que usase protector labial o similar que tiene un alto contenido en glicerina. Y eso hice. Durante ese y varios días después.

Finalmente el dolor pasó y la marca se fue borrando por sí sola. Y menos mal porque los primeros días incluso estuve tentado de acudir al Centro de Salud, pero sólo de imaginarme explicando la situación al médico…descarté la idea.

Así que nudismo sí, pero protección para según qué cosas, también, que aunque últimamente la use poco… le sigo teniendo aprecio.

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La conversación

La conversación

Estos días de vacaciones, y aprovechando que gracias a mi última quedada descubrí que no estaba tan “muerto” como pensaba, decidí volver a instalarme la app de ligoteo/folleteo.

Lo mío con esta app es una relación de amor-odio de manual. A estas alturas ya no sé ni cuantas veces me la he instalado ni cuántas me la he desinstalado. Me la pongo con ilusión, y me la acabo quitando con desesperación, pero ya sabiendo que tarde o temprano la volveré a instalar en el móvil.

Esta última vez, y  dado que me la instalé en el pueblo de mis padres (donde fui a pasar unos días), al menos los maromos cercanos que me salieron eran distintos a los ya habituales de la aplicación. Aunque bueno, no sé si se puede llamar “cercanos” a tíos que me salían a varios  kilómetros a la redonda, pero en estos sitios tan “rurales” es lo que hay. Si en Valencia me suelen salir unos 10 cada 500 metros, allí del mismo pueblo sólo me salió uno. El siguiente ya salía a 6km. El otro a 10 km, y así hasta el infinito.

Lo que sí tenían en común todos los de la zona es que ninguno tenía foto puesta. Cuanto más lejos (y más cerca de entorno urbano), más aparecían con foto, pero por allí… ¿Los motivos? pues evidentemente porque eran tíos casados o con novia, con lo que la discreción supongo que la  seguían  viendo necesaria. (Que la gente es muy abierta y moderna de puertas para afuera, pero luego…).

El primer día que me la instalé, me habló el único que estaba en el pueblo. Bueno, hablar – hablar no habló, porque lo primero que me apareció en el móvil fue una foto de un pedazo de rabo que parecía de un caballo. Ya luego me saludó. Bueno, saludar-saludar, tampoco, que lo que me dijo fue “¿tienes sitio? tengo media hora. ¿Follamos?”. Evidentemente le dije que no. Y no solo porque no pensaba hacer nada en casa de mis padres, sino porque a mí que me entren tan a saco, sin un mínimo ni nada, como que no me va mucho.

Después, ya me empezaron a entrar otros que estaban en localidades de alrededor. La zona es conocida por haber rutas de senderismo y acampada cercanas, con lo que me entraron algunos que estaban de excursión preguntándome también si tenía sitio… Incluso uno me ofreció ir al camping donde se encontraba ya  que “podía escaparse de su familia para  montárselo entre matorrales”. Tal cual. No iba a ir ni de coña y así se lo hice saber, recibiendo un “que te jodan” como respuesta.

Luego ya empezaron a entrarme otros que aunque sí saludaban, pensaban que mandando fotos cuanto más guarras más rápido iba a ir a follar con ellos. Me refiero a fotos de anos bien abiertos, o con sus caras tragando lefa, o incluso uno en plan fist… A mí, si el que no me saluden ni me den un mínimo de conversación ya me deja algo frío, el que me manden, sin pedirlas, fotos tan explícitas ya me corta directamente el rollo. Y no es porque yo me haya vuelto ahora un monje benedictino, es que en estos casos prefiero fotos algo más eróticas que otra cosa. Que se puede enseñar chicha (de hecho en esa app salgo en bolas), pero no de esa forma, digo yo.

Total que cuando ya me estaba empezando a cansar de cotillear por la app me entró uno con una foto principal que cortaba el hipo. Un tío cachas, de mi quinta, moreno, velludete….vamos, de anuncio. Además me entró saludando, con educación, y sin faltas de ortografía ni nada (eso da puntos). Y encima el tío tenía conversación. Estuvimos una media hora hablando y me comentó que estaba de vacaciones (como yo) en casa de su familia en un pueblo cercano al mío, aunque (como yo también) vivía en Valencia. Que no tenía prisa de conocer a nadie, y que aunque buscaba follar (sí, lo reconozco, como yo también), no le importaría algo más. Era muy majo, un tiarrón y estaba hablando conmigo…

Ese primer día estuvimos hablando durante largo rato hasta que, como tenía cosas que hacer, le dije que le tenía que dejar. No pensé que al día siguiente me fuese a entrar de nuevo, diciendo que había estado agusto el día anterior, y que quería saber más de mí. Nos pedimos fotos. Primero normales, y luego ya más calentorras demostrándome que más que bueno, el tío estaba tremendo. Encima eran fotos en la ducha, a medio tapar, que insinuaban más que otra cosa y a mí empezó a darme mucho morbo. Tanto que por poco acaba la cosa en paja (a distancia) pero como que no era ni tiempo ni lugar, la cosa acabó antes de empezar.

Esa noche ya empecé a pensar que la situación me parecía algo rara. En mi mente cuadriculada los tios cachas de gimnasio se suelen relacionar con gente de gimnasio. Los buenorros con buenorros. Los normales con normales. Así que me chocaba que este tio estuviese interesado en alguien como yo, que soy bastante del montón porqué no decirlo. Así que se lo dije, que cómo era posible que alguien tan como él no ligase demasiado (eso me había dicho) ,y que igual yo no era su tipo.

Y ahí empezó el desastre.

El tio empezó a decirme que  él no se enamoraba de un cuerpo, pero sí de una persona. Que eso es muy bonito pero si buscaba, en principio, sexo, no cuadraba demasiado. Fue cuando me dijo que el sexo para él era muy importante, pero siempre que fuese un sexo “limpio”. Empezó entonces, sin venir a cuento, a contarme que lo peor de mantener relaciones sexuales era cuando se manchaban las sábanas…. Que muchas veces había tenido que tirar la ropa de cama porque ni con lejía salía aquello…. Antes de que se viniese arriba comentando detalles, le dije que no hacía falta que me contase más….pero pareció darle igual  y comenzó a relatarme todas las experiencias que había tenido en ese sentido… No voy a comentar aquí la retahíla de detalles asquerosos que me contó que le habían pasado porque no quiero que soltéis la pota pero solo diré que llegó un momento en que dejé de leer. Para intentar acabar el tema a mí se me ocurrió decir que la higiene era importante para todo y fue entonces cuando se vio en la necesidad de contarme cómo se hacía él los lavados internos….Aquí más de lo mismo, comentando con todo lujo de detalles lo que se metía o se dejaba de meter por el culo, ilustrando toda la conversación con fotos de los utensilios que usaba para la limpieza…

Como podeis imaginar aquí es cuando me di cuenta de porqué este maromo decía que no ligaba (ay las cabezas…). Al ver que yo ya no decía nada (yo estaba entre asqueado y alucinado) fue cuando pareció darse cuenta de que igual el tema me había incomodado, y así se lo hice saber. No sólo no le gustó mi reacción sino que encima se enfadó, pues por lo visto pensaba que “conmigo se podía hablar de todo” y que yo “era diferente a los demás” (¿?)…

Aún así me dijo que no se lo tuviese en cuenta, que cuándo quedábamos para follar, que volvía pronto a Valencia y que le apetecía algo rápido. Sin embargo yo, a esas alturas de la conversación, ya había perdido totalmente el interés en él, con el rollo totalmente cortado y pensando que ya no me parecía tan buenorro como al principio…

Y es que aunque hablar de menos pueda estar mal,  hablar de más también puede suponer una gran cagada.

Y en este caso …nunca mejor dicho.

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