La casa de cera

La casa de cera

Nunca he entendido el éxito de los YouTubers.

En mi época de agilipollado (ahora llamados también PostMilennials) si tenías un amigo que estaba jugando en las máquinas recreativas, estabas deseando que acabase la partida para jugar tú enseguida. Ahora la gente disfruta viendo en YouTube a gente que juega sus partidas y las va comentando. Y encima con miles de seguidores. Que no sé dónde está el interés, pero bueno.

Luego están también gente como un tal Wismichu que ha hecho una especie de película llamada “Bocadillo” que se ha llevado los peores abucheos del Festival de Sitges, con disculpas incluidas del director del certamen, por esa especie de experimento sociológico que ha creado (aquí tenéis mas información).

O también está otro llamado El Rubius, que ha conseguido tener incluso una serie de animación tipo anime producida por Movistar + (basado en el comic de mismo nombre) y que se puede ver ya mismo en su plataforma. Y cuyas críticas no están siendo demasiado buenas, por cierto.

Luego están las influencers, tipo Dulceida, las itgirls del momento,  que se dedican a dar consejos sobre  moda y  cualquier cosa inimaginable, y que tienen sus propios canales donde hablan de todo ese mundo.

El colmo ya es en Corea del Sur, donde hay gente que se pone a comer (“muk-bang” se llama), y la gente ve cómo comen rodeados de platos (aunque por lo que he leído esta moda se debe a que empieza a haber mucha gente sola y eso mitiga un poco su soledad).

Pues bien, toda esta gente,  tiene miles de seguidores que no sé muy bien porqué les siguen cuando, para mí, lo que hacen tienen cero interés.

Por haber, ahora en Internet es que hay de todo, y para todos. Por no decir de tutoriales, donde gente anónima desempaqueta cosas que ha comprado (Unboxing) para quitarte ya de paso la emoción que daba abrir en tu casa cualquier regalo que cayese en tus manos.

Curioso por cierto este mundo del Tutorial que te explica cómo hacer cualquier cosa. Sin ir más lejos. un amigo mío que compró hace poco un regalo para su hijo en un bazar (sin instrucciones) consiguió únicamente por las iniciales que descifró de la etiqueta (en chino) un tutorial que explicaba cómo montarlo.

Toda esta (larga) introducción viene a cuento porque el otro día en YouTube llegué a un tutorial creado por un señor con un canal propio que mira tú por donde, consiguió interesarme.

El Sr. en cuestión, inglés él, es un tal Jack Dunn que se dedica al noble arte de la depilación masculina.

Llegué a su canal (no me preguntéis cómo) y vi que tenía videos de tíos muy apañados  en el que, de paso que les depilaba, iba comentando el tipo de ceras que se tienen que usar para según qué zonas del cuerpo.

Yo no sabía por ejemplo que había ceras de tantos colores y consistencias, en ese mundo que hasta ese momento era un gran desconocido para mí.

Lo bueno fue que empecé a ver que había videos de tíos buenos en su camilla, donde el amigo Jack les depila mientras explica las técnicas que usa para hacerlo…

Los primeros son bastante light y les comienza depilando el entrecejo, los hombros o el pecho.

Lo  interesante viene en los videos donde el hombre se pone a explicar cómo depilar el pubis y la zona anal. Porque en esos vídeos se ve absolutamente todo y sin ningún tipo de censura.

Videos en los que en un primer plano de los genitales, el bueno de Jack comienza a moverle la polla a su cliente de un lado para otro, agarrándole bien los huevos, y con una serie de magreos que no sé como el hombre no se empalma con tanto movimiento.

De hecho en el segundo vídeo de este tipo que tiene, el chaval (más joven) un poco más animado sí que está, y no digo que tiesa, pero algo morcillona con tanto movimiento para arriba y para abajo sí que se le pone.

De depilación genital te explica tanto las “ingles brasileñas” (que en un tío lo veo raro) como la depilación del pubis de forma completa. Incluso les llega a depilar la polla a lo largo del tronco estirando tanto el rabo que parece que se lo vaya a arrancar.

Ya para rematar, para explicar como depilar la zona del culo, los tíos (he visto 3 videos así) se le ponen a cuatro patas y con un buen primer plano el hombre les pone la cera calentita por toda la raja, dejándoles el culito tan suave como el de un bebé. En estos vídeos, además, les abre tanto el culo a dos manos y se pone tan cerca que yo no sé cómo no acaba la historia con un buen beso negro pero esto ya es cosa mía….

Total que estos videos, este tipo de tutoriales sí que los acabé disfrutando porque una cosa tan visual… tan explicativa… sí que me ha hecho entender este mundo de Internet del que tan poco conocía.

Por cierto que os dejó la página web por si os ha picado la curiosidad (jeje) tanto como a mí.

http://www.jackdunn.co.uk/

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50 primeras citas

50 primeras citas

Pensando estos días en mis últimas quedadas con tíos, me estoy dando cuenta de que hay un denominador común en todas ellas, y es el “miedo” a segundas y posteriores citas. Se le puede llamar “miedo” o respeto, intranquilidad o lo que sea, pero es algo que empieza a preocuparme.

Hace años (creo que no demasiados) cuando quedaba con alguien, pensaba en el presente y poco más. Sí que es verdad que aunque fuese únicamente para follar, sí que analizaba en dos segundos mis posibilidades de pareja (sentimental que es uno), pero si surgía la posibilidad de repetir la cita, y el tío  me molaba, no me lo pensaba ni dos veces.

Ahora la situación es bastante distinta. Aunque cuando me surge la oportunidad quedo sin demasiados problemas, la negatividad se ha apoderado de mí. A todo el mundo le veo alguna pega, con lo que cuando me ha salido la posibilidad de repetir la quedada, mi primera respuesta siempre ha sido decir que no

He pasado de enamorarme a las primeras de cambio a que se me endurezca el corazón como una piedra. Siempre me digo a mí mismo que el tío no vale la pena, que realmente no me gustó tanto cuando quedé con él, que es muy alto, que es muy bajo, que es muy gordo o que es muy flaco.

Por rechazar he rechazado a gente que vivía lejos de mi casa, o al contrario, por el solo hecho de ser vecinos.

A gente que era mas joven que yo, sólo por tener dos o tres años menos, o a gente que era mayor por el hecho de sacarme cinco (cuando mi ex me sacaba más…).

Recuerdo que antes, cuando recibía un mensaje del tío con el que había quedado, me daba un subidón de alegría increíble. Pensar “pues le he gustado de veras”, me subía el ego, y me hacía coger con más ganas una segunda cita que no tardaba en llegar.

Ahora es todo lo contrario. Y no sólo me pasa con los tíos con los que he quedado para un polvo y adiós, sino que me pasa con cualquier tío con el que he quedado incluso para tomar un café.

Con estos es más complicado todavía porque encima yo nunca sé qué contestar al siguiente mensaje, cuando te sueltan  un “pues me has caído muy bien”. Porque contestar “pues a mí no me has interesado nada” me parece un poco brusco (aunque sea la verdad).

Quizás el problema sea la comparación.

Porque a pesar del tiempo que ha pasado, yo sigo comparando a todo el mundo que conozco con quien vosotros sabéis… Y en todas las comparaciones todos salen perdiendo.

Igual, como me dice un amigo, lo que me pasa es que estoy idealizando una relación que hace mucho que terminó. Demasiado ya para estar todavía así. Igual mi problema es como cuando alguien muere, que mientras no lo deje marchar de mi cabeza, poco podré hacer.

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Piraña 3D

Piraña 3D

Una cosa habitual cuando viajas, es el momento en que te encuentras a un español por el mundo. Si encima, ya no español, sino que incluso es de tu propia ciudad, la emoción ya se desborda totalmente. Que puede que no lo conozcas de nada, ni él a ti tampoco, pero el hecho de encontrarse a un “vecino” fuera de tu entorno habitual, a todos, creo yo, nos alegra.

Hace poco me sucedió algo similar. Estando fuera, durante mis últimas vacaciones, me encontré vía app con uno que me sonaba de haber intercambiado algún (casto) mensaje en su día. Ni habíamos quedado ni nada, pero su perfil me sonaba por la foto tan sugerente que tenía: un torso desnudo velludete.

Le escribí diciendo que yo también era de Valencia, y enseguida iniciamos una conversación.

El tío iba más caliente que yo y eso se notaba. Empezó a enviarme fotos a cual más explícita y aunque eso es algo que a mí no me pone demasiado (hay que dejar cosas a la imaginación), al poco ya me había calentado y me dirigía al hotel donde él se alojaba.

Me había comentado que se había cogido el fin de semana para desconectar un poco y que por eso tampoco quería dar demasiados rodeos. Me dijo que entrase directamente al hotel y cogiese el ascensor de la izquierda, que subiese a la cuarta planta y que allí me estaría esperando, en la habitación 402, con la puerta entreabierta desnudo sobre la cama. Y que lo hacía así por el morbo de la situación. Las cosas claras, vamos.

Llegué, subí y entré.

Y sí, en la cama había un tío completamente desnudo, velludete… pero con algo más de tripa que las fotos que me había enseñado.  Que no es que estuviese embarazado de 9 meses, pero  de 4 o 5 igual  sí.

De hecho le pregunté si era el mismo que el de las fotos, y me dijo que sí, pero que últimamente había engordado “un poco”.

En ese momento se puso en pie y el tío me sacaba una cabeza (y eso que soy alto). Era una bestia parda, grande, moreno como recién salido de una película de Falcon Studios o Men.com. Se abalanzó sobre mí y sin dejar de morrearme, me empezó a desnudar.

A mí la situación me empezó a dar un morbazo bestial con lo que lo de su tripa en 3D empezó a pasar a un segundo plano. Me llevó en volandas casi a la ducha (chico limpio) y ahí empezó a comerme a besos. Pero no eran besos normales. Con cada morreo, mordía un poco.  Comenzó entonces a bajar hacia abajo hasta que llegó a mis pezones y ahí empezó a succionar, mordisquear y lamer que creí que me desmayaba ahí mismo.

Siempre pensé que yo no tenía sensibilidad en esa zona pero qué equivocado estaba…

Estuvo varios minutos concentrado con mis pezonacos que al final me empezó a doler de tanto que me los había trabajado. Jamás me los había visto tan en punta, y pensé que como se acercase un poco más podría hasta sacarle un ojo.

 Me dio la vuelta (el tío era tan grande que yo parecía un muñeco en sus manos) y empezó a mordisquearme desde el cuello hasta los tobillos. En el culo me pegó cada mordisco que me tuve que girar para asegurarme de que no me había arrancado una nalga completa. De hecho pensé que igual había dado con un caníbal, y que habría ya un reguero de sangre mío en el suelo de la bañera (peliculero que es uno…).

De ahí pasamos a la cama, sin dejar de tenerlo sobre mí. De hecho estaba tan pegado a mí que me costaba respirar con semejante maromo ahí encima. Comenzó entonces a bajar por mi cuerpo hasta llegar a la polla y lo que hizo fue comerme los huevos como si no hubiera un mañana. Todo con pequeños mordiscos, claro que sí, supongo que marca de la casa.

Así estuvimos bastante rato. Mucho rato Era del tipo de gente al que le gustaba hacer disfrutar y eso se notaba. Llegó un momento en que si me tocaba yo un poco notaba que iba a acabar corriéndome. y así se lo dije. No tardó ni dos segundos en cogérmela y hasta que no solté mi última gota no paró.

Exhausto, agotado por la situación (podéis imaginaros una fuente de esas de chorros, porque fue algo parecido), le dije que lo sentía pero que no podía más. Él dijo que había pasado muy bien y que le apetecía estar un rato conmigo en la cama, que ya se correría luego.

Ahí el hombre se explayó y me comentó que en realidad tenía pareja, chico, y que no estaban muy bien entre ellos. Que vivían en un pueblo bastante alejado de donde yo vivo y que el hecho de verme en la app era porque trabajaba por donde yo vivía. Me dijo que realmente no sabía que hacer, porque a su novio le quería, pero que en sexo se aburría bastante con él. Necesitaba desahogarse. Y no sólo a nivel sexual.

Estuvimos charlando un buen rato, aunque yo soy bastante malo para aconsejar a nadie.

Después nos volvimos a duchar, y aunque nos animamos los dos de nuevo, a mí se me había hecho bastante tarde con lo que ya me tuve que ir.

Al día siguiente él se fue y lo pude comprobar por los kilómetros que ya nos separaban en la aplicación. Lo que no se me fue fue el dolor en los pezones durante una semana. De hecho incluso se me llegaron a poner morados por el pedazo de mordiscos que me había pegado el tío, así que os podéis imaginar lo hipersensibles que los tuve durante ese tiempo.

Al volver a mi ciudad, el tío volvió a aparecer. Sin embargo, no he querido volver a quedar con él, aunque me lo ha propuesto. Sigue con su pareja, y a mí es algo que me incomoda. Vale que es solo sexo y que el problema, en todo caso, es suyo. Pero inmiscuirme en una pareja, aunque sea así, no va demasiado conmigo.

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La Trastienda

La Trastienda

No hace mucho, un sábado por la mañana,  recibí un mensaje del Wapo en el que con el típico “qué cerca sales” un tío me entró con ganas de cachondeo. Esa charla,  bastante divertida, acabó derivando en si tenía huevos o no de ir a llevarle  un café  a su trabajo (una floristería) puesto que no había podido desayunar en condiciones. A mí basta que me digan “a que no eres capaz” para hacer algo (en eso soy bastante inmaduro), así que compré un cafetito en un bar y hacia su trabajo que me fui.

Cuando llegué, el tío alucinó porque pensó que no iba a ser capaz de llevarle el café prometido. Antes de ir ya nos habíamos mandado fotos y yo le había dicho cómo iba vestido, para así evitar confusiones. Estuvimos charlando un poco hasta que me dijo que pasase a su trastienda.

Un poco de charla entre nosotros y ambos nos dimos cuenta de que había algo de tensión sexual y que no íbamos a tardar demasiado en resolver.

Al poco empezamos a comernos las bocas, y el empalme fue casi instantáneo. El problema era que siendo un establecimiento abierto al público, la gente entraba a cada rato por lo que mucho, mucho no podíamos hacer…o eso pensaba yo.

Cada vez que entraba alguien, un sonido como de pájaro nos avisaba en la trastienda por lo que él se adecentaba un poco y salía como si nada. El tema es que la cosa se fue calentando y cada vez que salía, la hinchazón de su paquete era cada vez mayor por lo que intentaba con la camiseta tapar lo que podía. A mí la verdad es que el hecho de que entrase gente a cada rato empezó a darme morbo así que intenté sacarle partido a la situación, con lo que empecé a desnudarme poco a poco. Cada vez que el volvía de atender al público yo iba cada vez más desnudo hasta que acabé totalmente en bolas y él ya subiéndose por las paredes.

Entraba, nos enrollábamos y el salía al mostrador ya como podía. En una de tantas, en la que él se llegó a quedar desnudo de cintura para abajo,  tardó tanto en arreglarse y salir (su polla no bajaba) que ya empecé a darme cuenta de que la situación se nos estaba yendo de las manos, por lo que pisé el freno. Para enfriar un poco la situación, mientras él atendía fuera decidí vestirme de nuevo…y menos mal que lo hice. Cinco minutos después llegó su hermana a hablar con él y entró en la trastienda donde se encontró conmigo.

La cara del tío al entrar era un poema, aunque al verme ya vestido se relajó un poco. Me presentó como un amigo que había ido de visita y yo saludé cordialmente, diciendo que ya me iba para evitar una situación incómoda y posibles malos rollos. Nada más salir del local me escribió un mensaje diciendo que por favor no me fuese muy lejos, que su hermana estaría poco tiempo. Y así fue, unos 15 minutos después me dijo que volviese y acabásemos lo que habíamos empezado. Y eso hicimos.

Por fin cerró el local y en la trastienda dimos rienda suelta al calentón que llevábamos acumulado.  El sofá y la silla que tenía nos dio mucho más juego del que pensábamos y la corrida de ambos fue de campeonato (por cierto que me alegró dar con otro igual o más lechero que yo, que ya es).

Cuando acabamos, le ayudé a cerrar la tienda y hablamos un rato, de mi vida y sobre todo de la suya, con una situación familiar, bastante más complicada.El chico era dueño a partes iguales con su mujer de la floristería.  Sí, de él y su mujer. Yo me quedé en ese momento un poco helado,  y me percaté de que no llevaba anillo de casado, aunque tampoco eso significaba mucho. Me confesó que aunque su matrimonio estaba ya roto, y en vías de divorcio, como socios del negocio seguían tan normales y por motivos económicos a ambos les interesaba que siguiese siendo así. También por esos motivos, seguían compartiendo domicilio conyugal. Estaba claro que con este tío lo único que tendría sería sexo y en ese momento me pareció bien.

Días después me escribió de nuevo. Quería ver si podíamos quedar de nuevo en su tienda para repetir lo mismo. Y lo repetimos. Sin embargo, una experiencia nueva tiene su morbo la primera vez, la segunda… pues ya no tanto.

Aún intentó que hubiese una tercera vez, pero a mí ya no me apeteció. Supongo que se quedaría bastante chafado por el mensaje que le envié, dejándole claro que no siempre iba a estar a su disposición (“cuando dejo de estar caliente, vuelvo a ser persona”), así que la cosa ya quedó en nada.

Él pareja no buscaba, supongo que lo único tener un follamigo para quedar de vez en cuando, y yo pensé que para eso mejor era tener a alguien con una situación bastante menos complicada que la suya.

Bueno, eso pensé yo o eso me dije a mí mismo, puesto que de nuevo pensar en iniciar algo con alguien (sea ese algo lo que fuese) me había empezado a poner nervioso…

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Estación Central de Brasil

Estación Central de Brasil

La época estival que ahora está acabando es la época del año en la que más activo estoy sexualmente. Bueno,  mejor dicho, con ganas estoy todo el año pero es durante esta época en la que esas ganas se materializan más. Yo supongo que se junta no sólo las ganas, sino también el calor, y esa desinhibición propia de estos meses, que hace que todos (creo yo) liguemos más.

Al principio del verano, estando en la playa un domingo por la mañana recibí un mensaje por mi app de ligoteo de cabecera. Generalmente lo que entra más por los ojos es la foto que ponga el otro en el perfil, pero en este caso la fotografía (un primer plano de su boca) tampoco es que llamase demasiado la atención. Lo que sí tenía el chico era labia, porque empezamos una conversación con bastante facilidad. Tanto que al poco ya me estaba invitando a ir por donde él vivía para tomarnos algo. Y fui.

Generalmente antes de quedar con alguien se pide foto de cara (o de cuerpo) para ver antes lo que te vas a encontrar después, pero en este caso ni el la pidió ni yo a él tampoco. En eso estaba pensando cuando llegué al lugar donde habíamos quedado y mientras le estaba escribiendo vi un tio apoyado en un árbol que me miró, mientras él también escribía por el móvil. El hombre en cuestión iba vestido por su peor enemigo, con el pelo color azul pálido, y varios piercings en las orejas. También llevaba un barrigón de campeonato y la camiseta a duras penas podía taparle el ombligo. Cuando vi tal imagen, y pensé que podía ser mi cita, me dije a mí mismo que era mejor tomar las de Villadiego y de una forma educada soltar alguna excusa. Eso  me disponía a hacer cuando recibí un mensaje en el  que el tío me decía que me estaba esperando en su casa y que cuando estuviese cerca le avisase. Respiré tranquilo al darme cuenta de que me había equivocado de persona.

Llegué a su portal y para evitar una posible situación incómoda, dado el tío que me había encontrado en la calle, le dije que mejor bajase y nos fuésemos a tomar algo. Cuando bajó respiré, aliviado, porque el chico estaba bastante bien. Con barbita recortada, moreno, y de aspecto en general bastante agradable.

Hablamos y nos tomamos una cervecita y enseguida note por el acento que no era de por aquí. Me dijo que realmente era brasileño y automáticamente me vino a la mente el otro brasileño con el que estuve hace años y del que os hablé aquí.

Subimos a su casa y en contra de lo que pudiera parecer, no fue un aquí te pillo y aquí te mato. El hombre tenía conversación. Me comentó que había venido hace 25 años desde su pueblo natal en Brasil a completar sus estudios de ingeniería. En Brasil había trabajado incluso en algo de temas ferroviarios, pero sin embargo, una vez la crisis empezó en España, tuvo que dejar aparcada su profesión y dedicarse a lo que hacía ahora, organizar eventos de todo tipo (reciclarse o morir, supongo). El hombre me pareció majo, incluso me invitó a comer. No fue hasta llegar al postre cuando empezamos a enrollarnos.

Sí que me gustó que el tío, encima, era bastante limpio y antes de ir a más, pasamos los dos por la ducha. Ahí nos enjabonamos por todos lados  (todos todos) y nos empezamos a magrear y sobarnos de arriba abajo.

Lo que más llamaba la atención, como buen brasileño, era el pedazo de culo que se gastaba. Dos brasileños con los que he estado y los dos con culazo, con lo que no creo que sea casualidad la fama que tienen en el resto del mundo.

Encima al tío, como a mí, le gustaba besar. Del baño pasamos al comedor, al sofá, donde seguimos enrollándonos, y de ahí a la cama. El tío me daba morbo, yo por lo que parecía también a él, y los dos íbamos calientes como una plancha, así que la jornada resultó perfecta.

Después de las pajas de ambos (porque no llegamos a follar) aún estuvimos un rato de charla desnuditos en la cama, el boca abajo y yo sobándole el culete.  Al final, que a lo tonto se nos iba a juntar la comida con la cena, decidí irme, no sin antes intercambiarnos los teléfonos, por si acaso.

Días después, estando en casa, recibí un mensaje de él diciendo que estaba por mi barrio (le había dicho donde vivía) y que acababa de salir del trabajo, por lo que le apetecía una “ducha, un helado y un abrazo”.

Fue recibir el mensaje y no sé muy bien porqué, me entró un agobio a las primeras de cambio. Era un miércoles, había tenido un mal día en el curro y lo que más me apetecía era cenar algo rápido y acostarme, con lo que su mensaje me descolocó un poco.

No tenía ningunas ganas de quedar con él. El polvete había estado bien, pero no sé si lo que el quería era repetir la quedada sexual o esa segunda cita es que quería algo más. En mi cabeza se empezaron a agolpar un montón de sentimientos encontrados que acabaron por hacerme escribir lo siguiente “no tengo helados en casa y es tarde, mañana madrugo ,así que lo siento pero no”.

Su mensaje fue simplemente un “ok, perdona si te ha molestado”, que me hizo sentir bastante mal.

Tiempo después, me volvió a escribir, pero justamente esos días yo estaba fuera, de vacaciones, con lo que, encima, yo creo que pensó que le estaba dando largas de nuevo, así que aún quedé peor. Me contestó con otro mensaje que denotaba que esa vez el molesto era él.

Aun intenté escribirle yo, tiempo después, y fue él quien me dijo que estaba fuera, con un mensaje supercortante que me hizo ver que alargar esta situación ya no tenía demasiado sentido.

Era la primera vez en bastante tiempo que alguien intentaba quedar conmigo  para una segunda cita y sin embargo, yo eché por la borda esa oportunidad, no sé si voluntaria o involuntariamente.

Lo peor de todo es que en este verano, no ha sido la única vez que me ha pasado.

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El exótico Hotel Marigold

El exótico Hotel Marigold

Estos días, hablando con un amigo del blog por e-mail (hola, Jota), he empezado a recordar mis días nudistas con mi ex. Tampoco es que estuviésemos todo el día en bolas, pero sí que es verdad que en esto del nudismo, empezamos los dos juntos.

A mí tampoco es que me apasionase demasiado al principio, pero la única forma de que él fuese a la playa era yendo a ese tipo de playas, como un aliciente, digamos, porque él muy playero tampoco es que fuera. Luego, claro, ya le fui cogiendo el gusto.

El punto más álgido, por llamarlo así, de nuestra época de nudismo fue el día en que fuimos a un hotel nudista.

Fue uno de esos veranos en que, por un motivo u otro, no coincidíamos juntos más que unos pocos días de vacaciones. Además, no recuerdo muy bien porqué, pero ese año nos pilló el toro y no habíamos decidido aún dónde irnos a descansar esos días, aunque ya estábamos a mediados de agosto.

Finalmente decidimos irnos a la Costa Brava pero con las fechas que eran tampoco teníamos muchos sitios libres donde alojarnos. Había dos opciones, o un hotel algo alejado de la costa, o escoger otro, mucho más cerca…  y que era nudista.

Escogimos este último.

De camino al lugar, recuerdo que comentábamos cómo sería aquello y la verdad es que teníamos en la cabeza una idea sacada totalmente de la serie “Benny Hill”. En concreto, en un capítulo acudían a un hotel nudista y casualmente en todas las escenas siempre había algo (una planta, un libro, una mesa…) que tapaba las “partes” de las personas.

Así que entre risas, morbillo y algo de vergüenza llegamos al lugar y nada más entrar… normalidad absoluta.

Yo daba por hecho que el personal del hotel iría vestido, eso sí, pero pensé que la clientela iría con todo al aire. Nada más lejos de la realidad. Cuando llegamos, había también allí una pareja (chico-chica) de franceses que acababa de llegar y que como nosotros, también iban vestidos. Unas chicas, que dejaban el hotel en ese momento, iban igualmente vestidas de arriba abajo.

Una vez instalados, visitamos las instalaciones y todo el mundo iba vestido, recepcionistas, clientela, personal de limpieza, etc con lo que el nudismo en el lugar brillaba por su ausencia.

El hotel era muy familiar, no tenía más de 8 habitaciones, y por lo que averiguamos lo que es el naturismo se podía practicar en la piscina  y jardín, pero no en las instalaciones comunes del hotel.

Sí que había en cambio, una especie de reservado, con jacuzzi, y cama balinesa en el exterior para pasar una noche de cena romántica y algo más (se supone, eso sí, que en bolas).

De todos los clientes del hotel, con quienes más coincidimos, curiosamente, fue con la pareja francesa que vimos el primer día al llegar.

Coincidíamos a la hora de desayunar, comer e incluso en las excursiones por los alrededores que hicimos, pero hablar, lo que se dice hablar, hablamos poco con ellos. Nos saludábamos, y nada más. Recuerdo haber pensado que lástima que el hotel no fuese nudista 100% pues el chaval, desnudo, seguro que tenía un buen polvo.

Lo bueno del hotel, aparte de que el sitio en sí era precioso, era que estaba muy cerca de una playa nudista, y claro, ahí sí que lo pudimos practicar tranquilamente.

Uno de esos días, estando en esa playa recuerdo que nos sorprendió ver llegar a un matrimonio con un chaval de unos 18 o 19 años, de padres cuarentones.  Nada más llegar se desnudaron y el padre empezó a ponerle crema a su hijo por todo el cuerpo. Y cuando digo todo, es TODO… La verdad es que nos sorprendió la situación, pensando que igual no eran familia, pero como el chaval le llamaba papá, pues mucha duda tampoco podíamos tener (aunque le estuviese poniendo crema por toda la raja del culo…). Ya la cosa subió de tono cuando empezaron a jugar en el agua, abrazarse (que más parecían refregarse), para acabar en la arena jugando a una especie de lucha grecorromana que ponía palote a cualquiera. Tal era la situación que las posturas acababan con el rabo del padre golpeando la cara del hijo, o el culete del chaval restregándose por el careto del padre…mientras la mujer/madre leía una revista del corazón como si tal cosa. Todo muy normal, vamos.

El resto de días fueron bastante mas “tranquilos” menos el último, por lo curioso.

Y es que justamente ese último día de playa me fijé que un poco mas adelante, en la orilla había un tío recostado con un pedazo de manguera increíble entre las piernas. El tío iba con su chica, que también tenía unas buenas peras, de esas que tumbada se le desparramaban por los lados. A mí ella me daba un poco igual, pero él era digno de ver por el cacho  tranca que gastaba. Tanto miré que en una de esas el tío se dio cuenta, me miró y sonrió. Le comentó algo a la chica, que también se giró y nos sonrió, y es que resulta que eran la parejita francesa que estaba alojada en nuestro mismo hotel…

Cuando se fueron, pasaron además directamente por donde estábamos nosotros y nos saludaron de manera bastante efusiva, ahí en bolas los cuatro como estábamos.

Al día siguiente, he de reconocer que tuvo su gracia volver a coincidir en el desayuno ya vestidos cuando el día anterior habíamos estado como Dios nos trajo al mundo. Al menos pudimos ver en bolas a alguien del hotel, jeje.

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La ventana de enfrente (II)

La ventana de enfrente (II)

La verdad es que este verano me está resultando bastante atípico. Entre que tengo las vacaciones más que repartidas (yo diría que troceadas) este año, y el calor que está haciendo, estoy que ni he podido desconectar del todo en vacaciones, ni tampoco estoy en el trabajo al cien por cien.

Encima, debido al calor, estoy con una sensación de apatía contínua que tampoco es muy normal que digamos. Por culpa de esta desgana, no he podido actualizar demasiado el blog durante este tiempo.

Lo curioso es que si bien sí que me había propuesto escribir algo esta semana, el hecho es que iba a hablar de otra cosa que he tenido que posponer porque la actualidad,  como siempre, manda.

Y es que como habéis visto por el título del post he decidido volver a hablar del ya famoso piso erótico-festivo de enfrente de casa de mis padres. O mejor dicho, de sus inquilinos.

Anoche me pasé por casa de mis padres, ya sabéis, a controlar un poco y regar las plantitas y como quien no quiere la cosa me volví a asomar por ver si veía algo en la ventana de enfrente.

Sin embargo,  aunque la persiana estaba subida no había nadie en su interior, o si lo había no se veía nada pues la luz estaba apagada. Además, en el balcón contíguo, el toldo estaba bajado por lo que esta vez no tenía visión ninguna.

Me quedé un rato viendo la tele antes de acostarme cuando oí un sonido de chirrido que denotaba que un toldo estaba siendo izado, me asomé y …bingo!.

Ahí estaba otra vez el maromo del que os hablé, el madurete, con unos slips negros iguales que los del otro día (espero que no use siempre los mismos, que sino…).  Estuvo un rato asomado y al poco se metió dentro donde apareció enseguida el chaval más joven, que si bien la otra vez iba con unos boxers blancos esta vez llevaba unos slips también del mismo color.

Por lo que se podía ver estaban ambos cenando, y sentados como estaban los dos en el sofá, supongo que viendo la televisión por los reflejos de luces que les iluminaban a ratos.

La verdad es que cansado como estaba, y teniendo que trabajar hoy temprano, no les presté demasiada atención en ese momento y me fui a la ducha dispuesto a refrescarme un poco antes de irme a la cama.

Fue al salir y pasar de nuevo por el comedor para cerrar la ventana cuando volví a asomarme y me di cuenta de que los vecinos estaban ya en el postre. En concreto con el helado. Y es que el joven llevaba una tarrina y cada uno con su cucharita lo compartían como buenos….¿amantes? Y es que eso denotaba algo más que una simple amistad. De hecho me recordó a mí y a mi ex, que en verano empezábamos los dos con el helado y hasta que no nos acabábamos la tarrina, como que no párabamos de zampar.

Fue pensar en mi ex, y cómo no, una sensación de melancolía me invadió de lleno, así que decidí cerrar la ventana y largarme a dormir, para así evitar pensar demasiado.

Por suerte, debido al calor no cogí el sueño pronto y en una de mis múltiples escapadas hacia la nevera a por algo fresquito, pasé de nuevo por el comedor, me asomé y ya entonces vi la luz encendida de la ventana. Esa ventana que tan buenos momentos me ha hecho pasar.

Fue pensar así y al minuto el madurete se acercó a la cama (que es lo que se veía en primer plano) y tal y como estaba se bajó los calzoncillos hasta los tobillos dejando su polla totalmente al aire. Una vez recogidos los gayumbos del suelo se giró y abrió el armario a sus espaldas, dejándome  a la vista el pedazo de culo del buen señor.

Una vez guardados los gayumbos y recogida la ropa que sacó del armario y dejó sobre la silla, el vecino se tumbó en la cama, cara arriba y debido al calor (que hacía, sí, pero que también tendría el hombre en su interior) empezó a magrearse la polla poniéndola a tono en pocos segundos. La suya y la mía, evidentemente, que a esas alturas ya estaba igual de tiesa que la que estaba viendo. Encima no sólo se tocaba el rabo sino que también se acariciaba ingles y culete, con lo que se notaba que el tío tenía ganas de fiesta…

Y la fiesta no tardó en llegar. Apareció entonces el chaval joven, se quitó los calzoncillos blancos, enseñando su polla ya en ese momento morcillona y se acercó a su ¿novio? para tocarle también el pedazo pollón que ya tenía el madurete mientras le daba un piquito bastante casto.

Y cuando parecía que iba a empezar lo bueno….fundido a negro. Alguno de los dos, se me escapa quien, apagó las luces. El chaval se acercó a la ventana (lo distinguía en la penumbra) y bajó la persiana del todo.

Supongo que de los dos, el más tímido es el chico joven. Tímido y con un aguante para el calor que es de admirar, porque con el torro que hacía ayer era para haber abierto el ventanal de par en par y que entrase el fresquito.

Bueno, el fresquito y mi mirada, claro. Que a mi me dejaron con las ganas de ver cómo acababan la noche, aunque eso no creo que les importase mucho…

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