Hechizo de luna

Hechizo de luna

O de superluna.

Por si no lo sabíais, este pasado lunes se pudo ver la luna más grande y brillante desde el 25 de enero de 1948, y no se podrá ver otra igual hasta el año 2034.

(Otra cosa es cómo la percibamos aquí en la Tierra, porque yo creo que la última, que fue en verano, me pareció mucho más grande que ésta, pero bueno).

La luna, o mejor dicho los ciclos lunares, son los responsable ante todo del movimiento de las mareas, pero tambien del desarrollo de las plantas, y otros aspectos vinculados con la naturaleza.

Y a las personas nos afecta? pues a unos más que a otros y en mi caso en concreto, bastante.

Y es que siempre que ha habido luna llena mi libido sexual ha estado por las nubes.

La primera vez q me di cuenta de su influjo fue un verano, en el apartamento de la playa, en el que en una misma tarde-noche cayeron 4 pajotes seguidos.

Todavía era un adolescente y recuerdo que en la última paja, repantigado en una tumbona del balcón (ya he hablado alguna vez de mi vena exhibicionista), la luz de la luna iluminaba tanto la escena que me pude limpiar tranquilamente sin manchar nada.

Pasados unos años, cuando ya empecé a quedar con tíos, tanto el primero como el segundo con el que quedé fueron en noches de luna llena. En esos casos me acuerdo porque con el primero hablamos de hombres lobo al  darnos cuenta del aspecto de la luna, y en el segundo como follamos al aire libre fue más fácil fijarnos.

A partir de ahí no es que me fijase a todas horas en la luna pero sí que, a toro pasado, los días que hacía locuras (tríos, folladas bestiales, intentos de orgía) me fijaba que coincidía siempre con noches  de luna llena.

Incluso llegué a tener de favorita en el ordenador una página donde estaba los ciclos lunares anuales, y la consultaba habitualmente. Como quien mira el tiempo que hará al día siguiente, pero de otro modo.

Así, tanto las situaciones de El bueno, el feo, y el malo como las de La visita o Morbo ocurrieron durante esas noches.

Por contra, las épocas de luna nueva el efecto era totalmente contrario. de una época de calentón brutal pasaba a una época de sequía que duraba lo que duraba la oscuridad de las noches.

Incluso esas épocas coincidían con periodos de bajones, en los que no sólo perdía las ganas de sexo, sino también las ganas de ocio, fiesta o como queráis llamarlo.

Yo esto lo he hablado con amigos y la verdad es que de una forma tan acusada como la mía, no conozco más casos.

En Internet lo único que se habla es de los efectos en las enfermedades mentales (los llamados lunáticos), pero no creo que este sea mi caso. O eso espero.

Sí que es cierto que los efectos atmosféricos (lluvia, sol, viento) nos afectan más de lo que nos pensamos, pero mi “afección” lunar va por otros derroteros.

Por suerte, o por desgracia, esta influencia con los años se ha ido atenuando.

Ahora no es que no me afecte ya, pero ni hago las barbaridades que hacía, ni voy buscando sexo a saco para saciar mi “apetito”, con lo que digamos que la situación no es lo que era.

Supongo que además, el cumplir años también tiene bastante que ver, y la estabilidad, y aunque sigo poniéndome más palote de lo habitual estas noches, el influjo queda ya bastante rebajado.

Y si lo preguntáis, aunque la luna sea mucho más grande estos días, eso no significa que me afecte más,  con lo que la frase de “el tamaño no importa” aquí también se cumple.

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Escándalo en el plató

Escándalo en el plató

Ahora que se está debatiendo en mi Comunidad día sí día también cuándo comenzará a emitir de nuevo la televisión autonómica valenciana, quisiera recuperar un fragmento de uno de sus programas estrella de hace años.

Por si no lo sabéis, la antigua televisión (Canal Nou) se cerró envuelta en un gran polémica, en noviembre del año 2013.

Con el cambio de gobierno surgido tras las últimas elecciones autonómicas, se decidió como medida estrella reabrir de nuevo la televisión, con otro nombre, otro presupuesto, y otros objetivos.

La antigua televisión pasó por épocas buenas, malas, y muy malas, y durante una etapa en concreto estuvo repleto de programas de telebasura que conseguían, eso sí, bastante audiencia.

Los vídeos que voy a poner a continuación corresponden a un programa que se emitió durante dos temporadas, entre 1997 y 1999, y que se emitía con gran éxito de público los viernes noche.

En realidad el programa empezó a emitirse en 1992 con el nombre de “Carta Blanca”, y consistía en debatir temas de actualidad, con público en plató que también podía intervenir en directo.

Tras algunos mínimos cambios en el funcionamiento del programa, en 1997 pasó a llamarse “Parle vosté, calle vosté” (“Hable usted, Calle usted”) intentando evitar los temas demasiado polémicos hasta que llegó el tema de la transexualidad al programa.

Para poneros en contexto, he de decir que era también la época de “Esta noche cruzamos el Mississippi” con La Veneno, o los debates que acababan como el rosario de la aurora en “Moros y Cristianos” (ambos en Telecinco).

En este caso también fue así, pero llegando a unas cotas de vergüenza ajena como pocas veces se había visto en televisión. Por supuesto el programa fue líder de audiencia y a mí todo lo que allí sucedió esa noche se me quedó grabado en la retina.

Y es que reconozco que me lo pasé pipa y me descojoné por momentos. Tanto es así que un buen día se me ocurrió buscar en Internet por si encontraba algo de aquello y cuál fue mi sorpresa que encontré que alguien había subido el momento mas surrealista del programa, dividiéndolo en tres partes (gracias, GustavoCL).

El fragmento en cuestión se inicia en el momento que entra en escena una trans llamada Manuela Trasobares.

Manuela, catalana de nacimiento, es una cantante, pintora, escultora (fue artista fallera) y política (llegó a concejala en un pueblecito de Castellón) que en este programa en concreto dio la campanada.

Los vídeos en cuestión se explican por sí solos, pero aún así os pongo en antecedentes:

En el primero, Manuela comienza a hacer una reivindicación de su colectivo hasta que se vuelve completamente loca y….
(Tranquilos que aunque empieza hablando en catalán, a partir del minuto 1:57 pasa al castellano).

En el segundo, después de “la noche de los cristales rotos”, el público se viene arriba y el presentador ya no sabe ni por donde va con lo que opta por expulsar de la clase a los que se portan mal…

Y en el tercer vídeo, como fin de fiesta actúa Manuela, nuestra Manuela ya, con su pie de micro y convertida en una auténtica diva del género.

Para acabar, os dejo aquí el monólogo inicial al completo, que es para retener en la memoria por los siglos de los siglos.

“Yo soy artista, soy cantante de ópera, soy mezzosoprano dramática, pero aparte de esto soy una persona que adora la estética. Me encanta Rubens, me encanta el barroquismo. Qué bonito esas figuras! Qué bonito esos dorados! Por qué no la mujer vestirse con toda su lujuria! Por qué no hablar del sexo? Por qué no hablar de la fuerza de la carne?  Por qué?! Por qué nos hemos de reprimir? Por qué? Durante tantos años la represión y la máscara. De qué me tengo que disfrazar ahora?  De una qué?”

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La noche de Halloween

La noche de Halloween

Aunque mi relación con M. ya había empezado, todavía tardaría bastante en hablarlo con mis amigos. Además, al inicio nuestra relación se basó sobre todo en el sexo (quedábamos para follar directamente), así que tampoco era necesario, aún, hablar de eso con nadie.

Aparte de esto, desde lo que comenté en Breakdown, mi amistad con el grupo gay ya no es lo que era. A ver, con mi amiga Raquel sí que seguía quedando habitualmente, pero así en plan grupo, juntos, ya no tanto.

Sólo cuando había alguna celebración importante es cuando nos volvíamos a reunir todos.

Una de esas quedadas fue por estas fechas, en las que Guillermo nos invitó a su casa para cenar y celebrar Halloween.

Ya he contado alguna vez que cuando Guillermo montaba algo lo montaba a la grande, y está vez no iba a ser una excepción, así que mandó editar unas invitaciones, personalizadas para cada uno, para invitarnos a su fiesta.

Yo con Halloween, hasta entonces, tenía una relación de amor-odio. Me ha pasado siempre eso con las fiestas foráneas. No es que tenga nada en contra porque sí, pero me ha reventado siempre lo de echar por tierra todo lo nuestro y abrazar enseguida cualquier novedad de fuera por tonta que sea.

Así, por ejemplo, en Navidad nunca me ha gustado Papá Noel, Santa claus o como queráis llamarlo. Yo siempre he celebrado los Reyes Magos y lo seguiré haciendo toda mi vida. Y, desde otro punto de vista, la fiesta de San Juan en verano, con sus saltos de olas, hogueras, deseos y demás siempre me ha parecido una auténtica chorrada.

Con Halloween me pasaba tres cuartos de lo mismo, sólo que a mi Yo friki sí que le gustaba todo eso, igual que le gusta el cine de terror y pasar miedo sin ningún motivo.

Así que me disfrace más o menos (iba de Drácula, con su capa y todo) y allí que nos plantamos Raquel y yo,  ella con vestido rojo en plan diablesa-putilla.

Nada más llegar a su casa ya sorprendía ver que la puerta de entrada estaba totalmente cubierta de telarañas, incluso con sus arañas colgando.

Cuando entrabas dentro, te recibia Guillermo vestido como el mayordomo de la familia Addams y te daba la bienvenida a su casa.

Por cierto que su casa no era demasiado grande pero esa noche en concreto le sacó un partido increíble. Y es que donde empezaba el pasillo había colgado decenas de bolsas de basura por las paredes y el techo, creando una especie de pasaje del terror que dividía el corredor en cuatro zonas. Allí habían maniquíes descuartizados, ratas de goma, fotos de carteles de películas de terror, calabazas y toda la parafernalia típica.

Luego ya llegabas al comedor. Ese comedor que normalmente estaba llena de muebles y que esa vez, no preguntéis como, estaba únicamente ocupado por una mesa enorme cubierta por sábanas y candelabros con velas que iluminaban tenuemente la habitación.

Y con esa mínima luz cenamos en esa ocasión.

Nosotros habíamos llegado tarde, todo un clásico en nosotros, así que directamente nos sentamos a comer con el resto de gente, que entre que estaban disfrazados y la poca luz que había no consigo ya ni recordar quien había esa noche.

Porque además, para crear mas ambiente, a Guillermo se le ocurrió poner en bucle un audio de chirridos, gritos y sonidos de sierra mecánica que creaban un ambiente muy acorde pero que nos impedía escucharnos unos a otros.

Pero eso no fue todo, porque la cena también estaba ambientada en todo ese submundo: ensalada de la muerte con setas venenosas, ojos sangrientos (huevos duros) con dedos amputados (minifrankfurts),  hamburguesa con tripas de rana (menestra de verduras) y conjuros sangrientos (sirope de fresa) como postre.

Al final no sabíamos muy bien ni lo que cenamos ni de lo que hablamos ni los que éramos, pero la verdad es que fue una de las noches más divertidas que he pasado nunca y a partir de ahí le cogí mucho más gusto a celebrar esta fiesta.

De hecho creo que desde entonces, siempre que se acerca está época, busco alguna actividad relacionada con el miedo o terror y la verdad es que lo disfruto mucho.

(Sin olvidar ir también al cementerio con la familia y ver alguna tumba que da pánico por sí sola…)

Aún así, me niego a lo de “Trick or treat” de los niños, que hasta eso ha llegado también por aquí. Así que si algún día llaman a mi puerta, pueden dejarse los dedos en el timbre que no pienso abrir, y más con esa traducción cutre al castellano, en plan “truco o trato”, que no tiene ningún sentido.

Y es que hay cosas por las que no paso.

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Siete años en el Tibet

Siete años en el Tibet

Cuando el metro estaba llegando a la estación le vi junto al andén, y en lo primero que pensé fue en que, aunque estaba igual que en la foto, me lo imaginaba algo más alto.

Habíamos chateado por primera vez la tarde de antes y como ninguno de los dos tenía prisa, habíamos decidido dejar esa cita para la tarde del día siguiente. Únicamente nos habíamos mandado foto (yo le mandé una mía…disfrazado de buzo) y habíamos tenido una breve charla por teléfono.

Mis últimas citas habían resultado una mierda, y de ésta no esperaba tampoco nada en concreto. A ver, soy sincero, habíamos quedado para follar, pero me pillaba en una época en la que si surgía algo más, pues bien, y sino, también.

Al poco de vernos y romper un poco el hielo, comenzamos a hablar de nuestras vidas y me sorprendió que tuviese el mismo trabajo que Yago, de quien os hablé en Vicky Cristina Barcelona Incluso se había desplazado de su ciudad de origen para trabajar aquí (lo mismo que tuvo que hacer Yago trasladándose a Barcelona).

El hilo conductor de nuestra conversación fue prácticamente ése y aunque la conversación era fluida, algo en mi interior me decía que yo a él no le había gustado y que me iba a volver a casa sin mojar el churro. Y era una lástima porque el hombre me parecía atractivo (sobre todo por los brazos definidos que tenía). Sin embrago, me equivoqué, y cuando ya pensaba que nos íbamos a despedir fue cuando me invitó a subir a su casa para tomar algo.

Nada más sentarme en el sofá me sorprendió, aparte del pedazo de televisión impresionante que ocupaba media pared, una foto de la estantería donde se le veía con una mujer muy guapa vestida de novia…

Automáticamente, le pregunté por la foto, claro (no fuese que me tocase salir por patas si llegaba la parienta) y aunque me dijo que era de la boda de su hermana, si que me contestó que él había estado casado (otro punto en común con Yago).

Después de ese momento de confesiones ya empezamos a darnos el lote en el comedor hasta que nos fuimos a su cama para estar más cómodos.

Fue cuando ya estábamos en bolas los dos cuando me dijo que me tenía que decir algo más sobre él y era que me había mentido con su edad…

Si no recuerdo mal, me dijo que tenía 39 años cuando en realidad tenía ya 43. Que igual visto ahora, con perspectiva, era una chorrada (total, iba a ser un polvo) pero el tío tenía algo que me gustaba y saber que tenía demasiados años como para empezar una relación (yo, a la mínima, analizaba mis posibilidades de pareja) me decepcionó un poco.

De todos modos, le dije que agradecía su sinceridad aunque fuese a destiempo (tal vez no hubiese quedado esos días con alguien que me llevaba diez años), pero estando ya tiesos los dos, prefería que dejaramos de hablar y pasar a follar directamente.

Del polvo en cuestión, la verdad es que no recuerdo mucho (y es curioso, porque me acuerdo prácticamente de la primera vez con todos) pero sí del momento posterior: nos pegamos una buena ducha y cuando ya estaba dispuesto a irme, fue cuando me dijo que porqué no me quedaba a cenar y a dormir con él.

Si seguís de vez en cuando mi blog, os podéis imaginar lo que esas palabras significaron para mí, así que no hizo falta que me lo dijera dos veces y me quedé con él toda la noche.

Simplemente vimos la tele, cenamos y nos acostamos, abrazados, hasta que nos cogió el sueño. No follamos de nuevo. Sólo fue eso, pero yo no necesitaba más.

A la mañana siguiente, como él entraba a trabajar mucho antes que yo, incluso me acercó a casa en su coche no sin antes decirme que había estado muy agusto conmigo.

Ese mismo día, por la tarde, me mandó un mensaje diciendo que quería volver a verme. Yo cuando lo recibí, me alegré (te sube la moral, quieras que no), pero me sorprendió porque no pensé que a este hombre lo fuese a volver a ver más. Y también en eso me equivoqué.

Nos vimos esa tarde, y la siguiente. Esa misma semana incluso ya me quedaba a dormir en su casa mientras él se iba a trabajar antes que yo.

Era básicamente quedar para tener sexo, pero también nos reíamos mucho, pensando en nuestra diferencia de edad, en que realmente teníamos poco en común, en lo diferentes que éramos…

Recuerdo que incluso me comentó la frase de un amigo suyo que le decía que conocía a gente que empezando así, luego habían durado casi nueve años…

Pues bien, hace poco que él y yo cumplimos 7 años como pareja.

Siete años en los que, casi sin darnos cuenta, empezamos una relación desde cero, y sin buscar nada (sólo sexo) el día en que nos conocimos.

Siete años en los que me he sentido como en una nube y aunque hayamos pasado por malos momentos (algunos, muy recientes) siempre hemos sabido superarlos juntos.

Hace poco tiempo que él descubrió este blog.

Sabía de su existencia (a él le oculto pocas cosas) pero no le había mencionado nunca el nombre del blog más que nada para evitar que me cortase al escribir según qué cosas.

No sé cómo, pero al final, dió con el blog y como de cualquier cosa mala se puede extraer una buena, he querido  hoy hablar de él.

Y es que este año, que por circunstancias no podemos estar juntos, no se me ocurre otra forma mejor que felicitarle así por su cumpleaños.

Y aunque no suelo poner música, permitidme esta vez que ponga un vídeo, bastante antiguo (momento moñas) que significa mucho para ambos.

Para M. TQM.

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En la casa

En la casa

Aunque en general siempre daba con buena gente cuando quedaba con tíos, sí que es verdad que echando la vista atrás, sí que tengo también recuerdos de algunos que me salieron bastante rana.

Uno de estos últimos fue un tío que por el chat me pareció bastante agradable pero que cuando nos conocimos en persona me agobié bastante.

Alfonso se llamaba y me comentó que era médico. Me habló al principio mucho de su trabajo pero no recuerdo cómo la conversación degeneró bastante hasta acabar hablando de sexo, de lo que le gustaría que le hicieran y lo que le gustaría hacerme a mí.

Yo como muchas veces me calentaba con nada, enseguida le dije que porqué no quedábamos y me lo hacía en persona y allí que me fui (ya os he comentado varias veces que en pocas ocasiones me he traído gente a casa -manías que tiene uno-).

Nada más llegar, me sorprendió mucho la pinta que tenía este tío. Aparte de que era evidente que tenía más edad de la que me había dicho (eso es un clásico por internet), el aspecto tanto de su casa como de él eran un tanto…extrañas.

Aparte de que me abrió la puerta llevando sólo unos calzoncillos negros de rejilla para así en teoría calentarme desde el minuto uno (la verdad es que el efecto fue justo el contrario), hablaba de una forma que no sé si estaba drogado o pensaba que era sexy su forma de arrastrar las palabras.

Su casa, mientras, era como una mezcla entre síndrome de Diógenes y la casa de Alaska y Mario. Todo con un toque así como kitsh, pero en plan descuidado, guarro, como si estuviese en medio de una mudanza eterna.

De hecho le pregunté si se estaba trasladando o algo y me dijo que no, que vivía ahí prácticamente toda su vida, y como que no entendía mi pregunta…

Me llevó a su comedor y aquello ya era esperpéntico. Aparte de que no he visto persona con tan poco gusto para los colores (no me considero decorador ni nada pero es que la mezcla de telas de cebra y leopardo hacían daño a la vista…), hacía un olor como a cuarto cerrado que echaba para atrás. Las paredes más mierda no podían tener, y si en su momento habían sido blancas, ahora tenían un color entre pardo y gris oscuro. Había incluso restos de comida sobre la mesa, que yo pensé que ya le podría haber dado por arreglar un poco la casa si esperas visita, pero bueno.

A esas alturas yo ya estaba pensando de qué forma largarme de allí sin que se sintiese molesto, pero he de reconocer que a pesar de todo, el tío tenía un muy buen cuerpo y con dos arrumacos que me hizo, ya pensé lo típico de “en peores plazas te has corrido has toreado”…

Fuimos a su habitación y, por suerte, era lo mejor de la casa (aunque eso no quería decir mucho), y aparte de cierto desbarajuste de ropa sobre una silla, un armario que sería de su abuela, y un orinal de cerámica en un rincón, la cama parecía limpia.

Empezamos a darnos el lote y al poco de empezar, el tío sin querer le dio una patada a un vaso con agua que tenía sobre su mesilla, rompiéndose en mil pedazos. Entre que se fue a por la escoba y el recogedor a a arreglar un poco el estropicio, a mí la verdad es que se me empezó a bajar el calentón. Para colmo empecé a ver los libros que tenía en su estantería y eran la mar de extraños todos, con muchos libros de sectas, de apariciones marianas y de temas de extraterrestres.

Ya volvió otra vez y a mí entre unas cosas y otras ya no me apetecía hacer demasiado en esa casa. Se lo comenté de buenos modos, pero por lo visto a él le daba igual lo que yo quisiese o no quisiese hacer, así que me dijo que al menos me quedase hasta que se hiciese una paja porque le daba morbo que yo me quedase a verlo.

Y ahí me quedé, de pie al lado de su cama, como un pasmarote, mientras él se hacía una gayola a dos manos…

Una vez acabó, le dije que me alegraba si él había disfrutado, pero que yo ya me iba.

Sí que antes de irme le pregunté si realmente era médico y ejercía (más que nada por no ir nunca a su lugar de trabajo) y él, muy ofendido, se fue hasta otra habitación y me sacó, llena de polvo, la Orla de su promoción de Medicina.

Se ve que a pesar de ser más raro que un perro verde, el hombre tenía su orgullo y amor propio, claro.

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Despertares

Despertares

Pasado el susto con el loco de la colina del que os hablé en Psicosis, volví a las andadas y no tardé mucho en quedar con otro que conocí en una sala de chat.

En este caso fue el tercer y último tío con apariencia de trípode humano con el que he quedado en mi vida, después de mis experiencias que conté en La Cortina de Humo y Boogie Nights

Este hombre se llamaba Agustín y era algo más mayor que yo, aunque realmente no lo aparentaba. Quedé en su casa, a las tantas de la mañana y al poco de empezar a enrollarnos, se sacó del pantalón sus 21 cm de carne y los puso sobre una mesa al lado de una regla para que viese que no mentía.

Y fue sobre esa misma mesa donde me metió ese pedazo de polla por todos lados, haciendo que pasase una de las noches más bestiales que recuerdo (de hecho es de las pocas veces que conseguí correrme sin apenas tocarme).

Al día siguiente, me volvió a llamar. Esta vez me dijo que le apetecía que fuese otra vez a su casa pero que me quedase a dormir esa noche.

Lo de dormir, era algo que me molaba mucho. Estaba en una etapa de mi vida en la que tenía claro que iba a disfrutar del sexo y nada más, sin pareja ni nada. Pero algo en mi interior me decía muchas veces que me estaba intentado engañar a mí mismo, y el notar cómo me palpitaba el corazón al decirme lo de que quería dormir conmigo, lo demostraba.  Así que no tardé demasiado en acercarme a su casa.

Esa vez nos liamos y follamos (bueno, él a mí) en el sofá, y después de aquello, como ya era tarde, fue cuando nos fuimos a la cama.

El se puso detrás de mí, desnudo, con su brazo por encima, y con esa sensación de estar tan agustito, cogí el sueño enseguida.

No tardé mucho en despertarme y notar como “algo” intentaba abrirse camino. El tío se había animado de nuevo y ni corto ni perezoso intentó follarme en ese momento sin crema ni nada, y el dolor que sentí fue increíble. Si ya que me despierten a mitad noche me jode bastante, que me despierten haciéndome daño, todavía más…

El tío se ve que era de los del rollo de “aunque te digan que no, es que sí”, y como si mi culete fuese suyo, siguió haciendo de las suyas, con lo que el dolor todavía era mas intenso. Le dije que parase pero encima aún me cogió de los brazos para que me estuviese quieto, como si con eso yo fuese a relajarme de alguna forma…

Al final del forcejejo (porque es lo que era ya en toda regla) pude quitármelo de encima, mandándole, de paso, a la mierda. Aún me dijo que pensó que yo lo estaba disfrutando, pero la verdad es que estuve lo que quedó de noche con un dolor interno que aún llegúe a pensar, ya en mi casa, si me había desgarrado por dentro. Por suerte a la mañana siguiente, el dolor ya había pasado.

Tiempo después, le comenté a otro con el que ligué, esta misma situación y me comentó que me entendía en lo referente a lo bonito que era dormir abrazados. Me dijo además que no tenía porqué haber sexo entre nosotros si a mí no me apetecía y que podía acercarme esa noche a su casa a dormir con él…

Yo, que no me fiaba, y habiéndome dicho donde trabajaba, me acerqué a su negocio para ver al tío y hablar un poco con él. En persona me pareció majo y sincero, así que esa misma noche me acerqué a su casa.

Cenamos tranquilamente y nos acostamos. simplemente con la idea de estar abrazados y nada más. El chico me comentó que hacía mucho que no tenía pareja y que el acostarse con un tío era lo que más echaba en falta. Yo sentía lo mismo, así que me sentí afortunado de dar con alguien así (muchas veces pienso que me conformo con cosas bastante simples, pero bueno).

Todo iba genial, hasta que de repente empezó a decir que hacía mucho calor y que era mejor que nos desnudásemos del todo los dos (íbamos en gayumbos).

Al momento de estar desnudos, volvió a acurrucarse a mi lado, diciendo que así estaríamos más cómodos. Y empecé a notar como se le ponía dura detrás de mí. Aun así, como ya tenía sueño, al poco caí rendido.

No tardé demasiado en despertarme y ver como me la estaba chupando con una cara de vicio que flipaba, mientras se pajeaba mientras lo hacía. Como yo no soy de piedra, enseguida me puse a tono, claro, e incluso acabamos rematando la faena, pero con una sensación de que me habían tomado el pelo como nunca…

Luego encima tuvo la cara dura de decirme que quería volver a “dormir” conmigo al día siguiente, pero entre que el chico no me mataba demasiado y que tampoco tenía claro (otra vez) qué es lo que buscaba yo en la vida, no lo volví a ver más.

Todo esto viene a cuento porque hace pocos días, una compañera de trabajo comentó que su pareja de ahora la despertaba a todas horas por la noche para follar y que luego llegaba rendida al trabajo.

El resto de compañeras se dividieron entre la envidia por algo así, y las que decían que como su pareja las despertase para eso, le metían una patada en los huevos que se le iba a quitar la tontería para mucho tiempo.

Y es que lo que para unos puede ser una maravillla, para otros es una pesadilla, pero supongo que eso dependerá del momento y las circunstancias de cada uno, ¿no creéis?

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Limanakia

Limanakia

No hace mucho os hablé en este blog de “El desconocido del lago“, una película de intriga ambientada en una zona de cruising francesa.

Pues bien, hace poco di por casualidad con un cortometraje que parece que lo hubieran hecho con las escenas eliminadas de aquella película. Y digo eliminadas por lo explícitas que son para aparecer en una película mínimamente conercial.

Y es que este corto es una sucesión de imágenes de mamadas y folladas reales grabadas con lo que, parece ser (o eso simula en algunas escenas), una cámara oculta.

Las escenas se ven de una forma clara, sin filtros, aunque sí se difumina la cara de los participantes para preservar su intimidad.

Se supone, por tanto, que de actores profesionales nada, con lo que lo que se ve en el film es el fruto de calentones reales entre tíos amateurs.

Lo único que está editado es la contraposición de imágenes, pues se montan varias escenas a la vez, una al lado de la otra, para que así la zona tenga la apariencia de una gran orgía al aire libre.

El nombre de la película viene dado por la zona de playa donde está grabada. Limanakia es realmente una zona rocosa, de calas, situado en el sur de Atenas. En concreto en la zona de Leoforos Poseidón.

Yo, de Grecia, conocía Mikonos como el paraíso gay por excelencia (una especie de Ibiza griega) pero se ve que esta zona en concreto es también conocida por los amantes del cruising del mundo.

El autor de este cortometraje es un tal Antonio da Silva, y leyendo información sobre él no me queda claro si realmente es director de cine, o lo que pretende es realizar un estudio sociológico sobre el fenómeno del sexo gay alrededor del planeta.

Y es que desde el año 2011 hasta este año 2016 ha realizado ni más ni menos que 19 cortos, con una duración entre los cuatro el más corto y unos 36 minutos el más largo, con argumentos tan variados como el sexo en público, el sexo en pareja, el sexo intergeneracional o el sexo durante celebraciones de todo tipo.

Y con títulos tan sugerentes como “Daddies”, “Nude dudes”,”Cariocas” o “Brazil Carnival”, donde las escenas explícitas se intercalan desordenadamente con un estilo de grabación próximo al documental.

Según su página web, su director (portugués de nacimiento aunque londinense de adopción) no se considera asimismo «pornografo», aunque sí un artista que usa sus gustos personales y su interés por el cuerpo masculino para plasmar imágenes de sexo de una forma, al menos, distinta a lo visto hasta ahora.

Si veo alguna película más de este autor, ya la iré comentando por aquí. De momento, os dejo un enlace a su página web y al tráiler de este corto en concreto.

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