Intocable

Intocable

Para intentar contrarrestar un poco lo deprimente que resultó mi post anterior, quería hablaros hoy un poco desde la esperanza.

Y es que no todo en la búsqueda de nuevas relaciones ha resultado tan triste.

Hace unos meses, en Skype, me apareció un contacto al que no recordaba de nada.

Si lo tenía agregado es porque en algún momento del pasado, él y yo habíamos hablado, claro, pero ninguno de los dos recordábamos ni el dónde ni el cuándo. Eso no pareció un impedimento para empezar una conversación, y de hecho al poco, ambos nos dimos cuenta de que nuestras charlas comenzaron a ser bastante fluidas. Y eso a pesar de que los dos éramos bastante diferentes

Él, heterosexual y viviendo con su novia. Yo, gay, y soltero, viviendo solo. Fue, de hecho por esa sensación de soledad cuando casi sin darme cuenta fui abriéndome a él poco a poco. También él, aunque reacio en un principio, fue cogiendo confianza conmigo, iniciando ambos, casi sin darnos cuenta, una curiosa amistad.

Tanto nos fuimos abriendo que al poco ya nos empezamos a confesar nuestros morbos sexuales. Así, resultó que él, a pesar de su heterosexualidad, tenía un morbo desde hacía años y era ver a dos tíos montándoselo entre ellos. Pero no en una película (de hecho, no le gustan las porno), sino en directo, ejerciendo él más bien de director de la escena erótico-festiva. Yo sobre eso le comenté que estando yo sin pareja lo veía difícil, cuando además tampoco estaba pasando por una etapa demasiado activa sexualmente.

Entonces ya me dijo que bueno… que si no era con dos tíos entre sí, con uno sólo le valía, y que ya cumpliría la otra fantasía cuando pudiese

Fue a partir de esa conversación cuando empezamos a poner la cam por Skype, aunque no enfocando la cara precisamente…

Así nuestras charlas, aunque seguíamos hablando de todo, comenzaron a acabar con un desahogo monumental entre nosotros. Hablando en plata, que acababan en paja.

El siguiente paso, claro, ya fue intentar quedar en persona.

Comenzamos poco a poco a tratar ese tema, y aunque no poníamos aún fecha y hora, sí empezamos a pensar en cómo podría ser nuestra primera cita. De todo lo que comentamos, una cosa sí me dejó clara y es que, muy a mi pesar, no habría entre nosotros ningún contacto físico.

A mí al principio eso me dejó algo frío, pero claro, quedar con alguien heterosexual, (morboso, pero heterosexual) tenía sus limitaciones, y como antes que nada lo que yo quería era conocerle en persona, acepté.

A mí traer a gente desconocida a mi casa no es algo que me haya gustado nunca (si seguís mi blog, es algo de lo que he hablado alguna vez que otra). Ir a la suya, estaba descartado desde el primer momento, así que había que pensar en quedar en un territorio neutral: un sitio público. Un bar (eso sí, cercano a mi casa, por lo que pudiese pasar).

Cuando le vi acercarse, la verdad es que me sorprendió. Era una persona a la que no había visto ni en foto pero me pareció bastante majo. Guapete incluso. Y el saber que era heterosexual, me daba un morbo tremendo, para qué engañarnos.

La charla resultó incluso mejor de lo que me esperaba. El tío además es que me caía superbién, y yo a él también, eso se notaba. Tanto que como no me cansaba de repetirle, aunque nos hubiésemos conocido en otras circunstancias, hubiésemos acabando siendo igualmente colegas.

Fue al acabar la cita en el bar cuando le dije si quería subir a mi casa. A él se le notaba nervioso por el tema, y yo tampoco quería presionarle demasiado, pero finalmente aceptó mi invitación (tampoco se resistió mucho).

Llegamos a casa y casi sin hablar, nos bajamos los pantalones. Él me dijo varias veces cómo ponerme y aunque yo hice un amago de acercarme a él, su cara de agobio me hizo desistir del intento.  A pesar de la situación tan extraña, la verdad es que morbo sí me dio, y ambos acabamos pajeándonos con una distancia prudencial entre nosotros.

Fue tras ese instante, cuando la sangre acumulada volvió a subir a su cerebro, cuando le entró un bajón tremendo y casi sin decir palabra, salió como un rayo de mi casa.

Sin embargo, esa noche volvió a conectarse, y aunque avergonzado por haberse largado sín más, me pidió que entendiese su situación. Y es que no tiene que ser fácil tener un morbo que no puedes saciar, evidentemente, con la persona con la que compartes tu vida.

Pensé que tras esa quedada, igual nuestra relación se enfriaría, y que la amistad que teníamos ya, se podría ir a la porra, pero nada más lejos de la realidad.

Poco tiempo después, volvimos a quedar.

Esta vez habíamos propuestos cosas, juegos que podríamos practicar, eso sí manteniendo el pacto de cero contacto físico entre nosotros.

Hablamos de disfrutar con consoladores, usar una regla como fusta sexual, sumisión…

Pero una cosa es la fantasía y otra la realidad, así que llegado el momento, y aunque dimos un paso más que en nuestra quedada anterior, todo fue mucho más light que lo esperado salvo por un momento crucial: me dejó tocarle por encima de los calzoncillos para disfrutar del empalme que ya se adivinaba.

El final fue el mismo: corrida, agobio y adiós.

Esa misma noche, por Skype, incluso me comentó que no podía volver a pasar algo así, pues comenzaba a tener miedo de sí mismo y de no poder poner el freno en una tercera ocasión.

Yo le dije que no se preocupara, que le entendía, y que para mí tampoco era fácil esa situación, pues estaba en una época en mi vida en la que echaba más de menos un buen abrazo, o desayunar acompañado, a otra cosa, y que eso, él, evidentemente, no me lo podía proporcionar.

Por eso me sorprendió que al día siguiente, por la mañana, llamasen a mi puerta.

Y más me sorprendió abrir y encontrarme con él, que entró, me dio un abrazo como hacía tiempo que no me lo daba nadie, y me dijo que venía a desayunar conmigo.

Que si eso podía ayudarme, saltarse sus reglas estaba justificado. Y lo más importante, que para eso estaban los amigos.

Se que es hetero, se que está emparejado y no va a pasar nada más que una amistad entre nosotros (espero que duradera). Pero estoy en un momento en la vida en que esos pequeños momentos, esos pequeños detalles, son con los que más disfruto. Y como le dije a él el otro día, conocerle es una de las cosas más bonitas que me han pasado últimamente.

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El hombre invisible

El hombre invisible

Hará unos cinco años recuerdo estar un día, en la playa tomando el sol tranquilamente, cuando ví a un señor pasear por la orilla. Me fijé en él por el slip fardahuevos que llevaba y porque a pesar de ser un hombre madurete, aún tenía un aspecto bastante agradable.

El hombre paseaba de arriba abajo y cuando se cruzaba con algún chaval en su camino le miraba directamente a los ojos. Se notaba que intentaba dar señales como que estaba en el mercado, y que además quería rollo. No lo hacía en plan descarado, ni molesto, pero dejaba bien claro del pie del que cojeaba.

Estuvo un buen rato paseando hasta que se cansó, y se volvió hacia su toalla dispuesto a largarse del lugar. Pasó entonces por mi lado y pude ver en su rostro la imagen de alguien abatido,  desanimado, derrotado. Esoy seguro de que no era la primera vez que intentaba ligar y volvía  a su casa en la soledad más absoluta, y literalmente con el rabo entre las piernas. Como si no existiera, como si fuera el hombre invisible.

A día de hoy, me siento como ese hombre.

Y es que rebasar determinada edad, complica muchas cosas.  Es algo parecido a lo que pasa en el mundo del cine, cuando las actrices dicen que no hay papeles para mujeres mayores de 40 años, que es como si no existiesen, como si desapareciesen. Que sólo hay papeles para jovencitas o para madres y abuelas de los protagonistas.

Todo esto lo vengo a decir porque intentar, en el mundo gay, con 40 años (y sin tener un cuerpazo) ligar es tarea complicada por no decir imposible.

El chat, que tantos buenos momentos me dio en el pasado es ahora mismo algo totalmente distinto a lo que fue. O por lo menos yo no lo recuerdo así. Hubo una época en la que en el chat general tú hablabas con la gente, tenías una conversación sobre cualquier cosa y si veías que congeniabas, entonces ya pasabas al privado (el lugar donde terminase la charla ya era otra cosa)

A día de hoy, las conversaciones se reducen a “¿Alguno quiere polla?” “busco gente que me empotre en grupo”, “¿Alguno folla a pelo?” y variantes de estas tres frases.  Y eso sí, cuidado con la edad que pones, que entonces te arriesgas a que no te entre ni el tato. Es justo ahora cuando entiendo a la gente que mentía con la edad y siempre se quedaba en los 39 por muchos años que pasasen. Pones que tienes tu edad real y ya no hay nada que hacer. Comprobado.

Por otro lado,, las aplicaciones, tipo Grindr y Wapo, siempre han servido para lo que han servido: follar. Pero ahí tenemos el mismo problema. En un mercado de la carne como ése, si quieres mojar el churro has de tener un buen físico y o te has machacado en el gimnasio durante los años anteriores o con 40 años cumplidos, el paso del tiempo ya se empieza a reflejar. Y o estás dispuesto a usar filtros, o Photoshop directamente, o esperas lo imposible. Pero al menos hay una pequeña esperanza, y es que en ese submundo a los jovencitos parece que les gusta la gente “madura”… (yo no me veo encuadrado en el grupo de los “maduretes” pero por lo que parece me han metido ya aunque no quiera). ¿El problema? que nunca me ha gustado la gente jovencita en el sexo (no sé en el futuro lo que diré sobre eso), ni como posible pareja.

Por ultimo quedaría la opción fuera de internet. Intentar ligar por el ambiente que es algo que hoy por hoy ni me lo planteo. Sobre eso ya he hablado alguna vez por aquí, y si no  me gustaba antes,  no creo que me vaya a gustar ahora, con unos cuantos años más sobre la espalda…

¿Entonces que queda?

Pues evidentemente NADA.

Igual lo mejor es centrarse en uno mismo un tiempo y dejar de buscar. Muchas veces cuando menos te lo esperas, encuentras algo (aunque si os soy sincero nunca he creído en esa frase…)

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El gurú del sexo

El gurú del sexo

Los días en que no tengo demasiado que hacer, me gusta entretenerme en YouTube. Empiezo viendo un vídeo de lo que sea, y con la reproducción automática del sistema, que te recomienda vídeos similares al que estás viendo, puedo echar perfectamente un par de horas. Soy una persona fácil para engancharme a lo que sea, también lo digo.

Pues bien, no sé cómo lo hago pero es entrar en Internet y siempre acabo viendo  algo de porno o similar (la cabra, que tira al monte). Y con el tema de vídeos no iba a ser distinto.

Vosotros diréis, ¿porno en YouTube? pues evidentemente, no, claro (no lo permiten las normas de la aplicación), pero sí algo digamos erótico-festivo que puedes ver si te das de alta en la propia página (para asegurarse que eres mayor de edad).

Empecé viendo música francesa a raíz de la canción Merci” del próximo festival de Eurovisión (que me encanta, aunque no creo que gane). La canción va sobre el drama de los refugiados y si véis el vídeo por eso van con la manta térmica y el chaleco salvavidas por las ciudades de Europa. Pero bueno, a lo que iba, que empecé viendo eso, y acabé viendo un video de una tía también francesa ambientado en unos vestuarios masculinos.

La canción se llama “Les garçons dans les vestiaires” (que no creo que haga falta traducción), tiene más años que el tato, y la canta una tal Clarika.

Os dejo aquí abajo el making of, ya que el original no me deja colgarlo.

El vídeo tiene un aire retro que tira un poco para atrás, pero la verdad es que la canción la oí dos veces, es pegadiza, y las imágenes que se ven en el videoclip tienen su puntito. Tampoco es que se vea nada así demasiado explícito (no sé porqué lo censura YouTube) pero la verdad es que los culetes están bastante bien. Y bajo la ducha, más.  Uno, que tiene fijación por los vestuarios masculinos.

Pero lo curioso es que después, vídeo arriba vídeo abajo, di con un tío que se llama Luigi Doménico y tiene un montón de vídeos explicando de todo sobre el sexo: como ligar, como follar, como hacer que llegue una mujer al orgasmo, etc. No obstante se presenta como “coach de seducción y sexualidad”.

El hombre es heterosexual (una lástima) y te va desgranando cosas pero sin cortarse ni un pelo ni medio. Hablando de temas sexuales con todo lujo de detalles. Además de guapete, el chico tiene un acento algo peculiar que también le ayuda bastante.

Así estuve viendo vídeos suyos hasta que me di cuenta de que en algunos aparecía ligerito de ropa. La cosa empezó a animarse hasta que empecé a darme cuenta de que en otros ya salía completamente desnudo de cintura para abajo…

Para colmo descubrí que también tiene página web (www.maestriasexual.com) y se me ocurrió pegarle un vistazo.

En la página hay un poco de todo. Que sí tienda erótica, que si venta de productos, que si un foro, y cómo no, los videos antedichos.

De todos, los que más abundan son los de alargamientos de pene (se ve que es un experto sobre el tema, que ha experimentado él mismo), y ahí es donde el hombre no deja lugar a la imaginación…

Yo de estos temas, el único contacto es el famoso vídeo de “a mí me gustan grandes” y el no menos famoso de la serie Aida donde hacían una sátira sobre el anterior.

Sin embargo, el gurú sexual de Luigi se toma el tema mucho más en serio, y no te explica las bondades con sólo unas clases teóricas, sino que también te explica la parte práctica del asunto…

Os pongo unos ejemplos:

En este, el tío te enseña como practicar el “jelquing” que no es sino el sistema para hacer bien el alargamiento. Y te lo enseña así, como Dios lo trajo al mundo y dándole un montón de movimientos al manubrio.  Te lo explica en plan educativo, claro, sin nada de morbo ni nada, pero entre el acento que tiene y lo bueno que está, pues vaya tela…

El segundo es este otro. A raíz del anterior pensé: joder ¿no habrá alguno en el que se le vea empalmado?. Porque ya puestos, si el tío no tiene pudor alguno ¿por qué no? Y aquí tenemos el premio gordo, señores, demostrando (según él) lo bien que le ha funcionado el elonghipenne.

Encima, el bueno de Luigi, es un poco como yo, y a lo tonto, en su web, entre una cosa y otra, te va contando su vida: que si tuvo una novia con la que cortó pero que aún le ayuda grabando videos (también los ha colgado), que porqué se dedica a esto, que cómo era su vida anterior,  y cosas así.

Total que las dos horas iniciales se convirtieron en cuatro y paré porque al final había quedado a cenar con amigos que sino, ahí sigo.

No sé qué efectividad tendrá todo lo que anuncia este hombre en su página (a mí estas cosas siempre me han parecido un camelo), pero bueno, si el resultado es lo que importa, el chaval tiene un rabo la mar de apañado ¿verdad?

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Amistad

Amistad

Habrían pasado ya unos seis meses desde la ruptura cuando un día recibí en mi bandeja de entrada un correo de mi ex.

Me escribía para preguntarme cómo estaba y ver si era posible iniciar entre nosotros una amistad.

Cuando éramos pareja, ya habíamos hablado mucho sobre este tema. Yo tenía bastante claro que tras una ruptura, no pensaba que una amistad fuese viable. Él no lo tenía tan claro como yo. Bueno, eso decía de boquilla, porque cuando su ex intentó, años después, una especie de acercamiento, mi ex le dio con la puerta en las narices.

Si eso yo lo pensaba cuando aún estábamos juntos, ahora que la separación ya era un hecho entre nosotros, no tenía porqué cambiar de opinión, y así se lo dije.

En realidad escribí varios correos de respuesta. En el primero le decía de todo menos bonito pero a medida que fui reestructurando lo que escribía, lo fui también suavizando.

Finalmente le dije que aunque habían pasado ya varios meses, volverle a ver todavía me iba a provocar más daño, así que mejor dejábamos las cosas como estaban puesto que aún no era el momento para aquello.

Sin embargo, donde dije digo digo Diego, y a las pocas semanas era yo quien le escribía, recordándole que teníamos aún cosas pendientes de devolver entre nosotros, y que quedar para eso nos podría servir de excusa.

Así que decidimos poner día y hora.

La mañana del reencuentro, incluso me escribió un whatsapp para confirmar que no me había echado para atrás. He de reconocer que volver a ver su teléfono en mi móvil ya me removió por dentro, y de camino a donde habíamos quedado se me cruzaron un montón de cosas por la cabeza.

Mi idea era simplemente devolverle las cosas que aún tenía por casa (algún CD. ropa, llaves, etc) y adiós muy buenas. Si todo había acabado, cuanto más rápido finiquitásemos lo que quedaba, mejor para los dos.  Sin embargo en cuanto lo vi acercarse desde el extremo de la calle, me desarmé por completo. Seguía igual de atractivo que la última vez que le había visto, y como yo le decía muchas veces, “me derretí al verle”.

Para rematar, me dijo una tontería de las suyas (con ese humor andaluz tan característico) y los dos empezamos a reírnos como bobos. Igual que cuando estábamos juntos.

Decidimos entonces, una vez roto el hielo inicial, irnos a tomar algo y recordar tiempos pasados. Y las horas nos pasaron volando.

De todo lo que tenía pensando decirle, recriminándole muchas cosas, no le comenté ni la mitad, puesto que veía que a pesar de todo era mucho más lo bueno que aún me unía a él, que lo malo que nos había separado.

Cuando me volví a casa, y como le había dicho que tenía borrado su teléfono, me pidió que lo agregase de nuevo, y es que quería mantener una amistad conmigo, a pesar de mis reticencias.

Y lo hice.

Mi amiga Raquel no lo veía tan claro. Ella me decía que yo seguía colgado de él y que retomar una mínima relación no me iba a ayudar en nada. Yo le dije que estaba equivocada, claro, que los dos éramos adultos y que tenía bastante claro lo que había ya entre nosotros.

Durante los meses siguientes, aunque no nos veíamos todas las semanas sí que empezamos a escribirnos algún whatsapp y a vernos para tomar algo, recordar cosas y sobre todo reírnos mucho. Ambos seguíamos sin pareja, y teníamos bastante tiempo libre para vernos.

Lo peor de quedar con él así era al despedirnos. Cada uno se iba a su domicilio y nos despedíamos con un (casto) abrazo. Era al entrar en casa cuando una sensación de vacío me invadía de nuevo. Una sensación que pensé que ya había logrado superar y que desaparecía por completo en el momento en que recibía mensajes suyos en el móvil.

Fue ahí cuando me di cuenta de que algo volvía a estar pasando.

Si habíamos retomado la amistad, y nos llevábamos tan bien, igual es que se había dado cuenta de que no podía vivir sin mí. Que igual estaba arrepentido. Que tal vez estaba intentando volver conmigo…

Así que se lo pregunté directamente, por si me estaba confundiendo yo, o me estaba mandado señales de nuevo. Su respuesta fue singular.  Se reía y sólo decía: “Tiempo al tiempo” o  “Nunca se sabe”. Muy enigmático, pero con una puerta abierta a la esperanza. De hecho volvíamos a estar como cuando éramos pareja, pero sin tener sexo.

Yo me volví a sentir tan agusto con él,  que incluso un día, jugando en un bar con su móvil (haciendo el chorra),  le dije que le iba a mirar los contactos por si tenía alguno nuevo. El, medio risa medio en serio, se negó, haciendo el amago como de quitarme su móvil de las manos. En ese medio forcejeo, la pantalla se abrió, y vi claramente un mensaje de wasap que decía: “hola guapo, te echo de menos”.

En ese momento se me cayó el alma a los pies.

Eché la conversación para atrás y pude leer que el sentimiento, por lo visto, era mutuo, puesto que él también echaba de menos a aquel desconocido al que por las fotos que habían mi ex podía doblar en edad perfectamente…

Mi primera reacción fue levantarme e irme del lugar, cabreado. Él vino detrás, diciendo que bueno, que sí, que tenía pareja, y que le había conocido a las pocas semanas de dejarlo conmigo… pero que la culpa la tenía yo por haberle mirado el móvil.

Eso aún me rebotó más (en parte, tenía razón) así que lo único que pude hacer fue largarme de allí a toda prisa, con una sensación entre decepción y vergüenza.

Estaba claro que él ya podía hacer lo que le viniese en gana. Que no estábamos juntos y todo eso, pero no sé qué necesidad tenía de engañarme, de decirme que él no estaba con nadie cuando no era cierto. Además, sabiendo como pensaba yo sobre la amistad post-relación y todas las chinitas que yo le echaba, estaba claro que al menos podía haberme puesto el freno, cuando en realidad me estaba dando alas para que yo siguiese ilusionándome de nuevo.

Volví a casa y borré otra vez su teléfono, como si eso pudiese aliviarme de algún modo.

Aún le he visto varias veces más por la ciudad, y como mucho tomamos un café y hablamos de nuestras cosas, pero manteniendo bastante las distancias por mi parte.

En este caso el refranero español es bastante sabio y si hay uno que dice “donde hubo fuego, quedan cenizas” creo yo que es mejor no avivarlas bajo ningún concepto…

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Rencor

Rencor

Reconozco que uno de mis peores defectos es que soy bastante rencoroso. Soy de las personas que aunque perdona, nunca olvida. Como que me queda un resentimiento que es difícil de eliminar.
Esto viene a cuento porque a raíz de mi ruptura, cuando más me hizo falta tirar de amistades (en teoría, un apoyo en los momentos de bajón), hubo dos personas que me decepcionaron bastante.
Una era una amistad de las de hace años, y otra una nueva amistad de la que esperaba mucho más. Ingenuo que es uno.
El primero fue Quique, del que os he hablado en el blog muchas veces.
Aunque siempre  fue una persona que aparecía y desaparecía de mi vida, cuando me hizo falta siempre estuvo ahí. Y cuando quedábamos, era como si no hubiese pasado el tiempo entre nosotros.
Él fue una de las primeras personas que supo de mi nueva situación de soltero. No penséis mal que no se lo dije con la idea de iniciar nada sexual o sentimental con él (tengo bastante claro que no le atraigo). Además, lo que más me hacía falta en ese momento era una charla, un abrazo, y poco más.
Así que le propuse quedar a los pocos días.
Me dijo que ese mismo domingo iba a participar en una carrera popular y que podíamos quedar a almorzar después. Que además le hacía ilusión que alguien le fuese a esperar en la meta.

Y allí me planté.
La verdad es que con la de gente que había corriendo, pensé que no le iba a ver pasar, pero en una curva se apartó el mogollón de gente  y le vi (marcando paquete en mallas, por cierto).
Me acerqué a la meta, esperando entonces volverle a ver y ya no hubo forma.
Le llamé por teléfono y me dijo que estaba recogiendo las cosas (se ve que daban una bolsa con merchandising a los participantes) y que nos veríamos mejor en la esquina de la misma avenida donde estábamos. Y ahí esperé durante largos minutos que se convirtieron en más de media hora. Impaciente ya, volví a llamarle. Para mi sorpresa, me colgó. Volví a insistir y otra vez cortar la comunicación fue su única respuesta. Le mandé entonces varios mensajes. Mensajes que leía pero no contestaba. Finalmente cansado, y dolido, me marché del lugar no sin antes escribirle un último whatsapp mandándole a la mierda.

Quique nunca me explicó los motivos de aquello porque ni ese día ni los posteriores se dignó en contestarme.
Meses después, apareció de nuevo en mi móvil. Me preguntó si quedábamos para tomar algo. Como si tal cosa. Como si nada hubiera pasado. Yo sólo le respondí una frase: No tienes vergüenza ni la conoces. No contestó y acabé borrando su teléfono de mi agenda.

Estas Navidades me lo volví a encontrar por la ciudad. Le pregunté entonces si no creía que me debía alguna explicación. Sólo me dijo que no me rayase, y que no fuera tan rencoroso que eso no me iba a llevar a ningún lado. Que tenía prisa y que ya me llamaría para tomar algo un día de estos.

Por supuesto ni me llamó ni espero que lo haga.

La otra persona que me decepcionó fue un bloguero al que conocí gracias a mi primera etapa en este mundillo.
Fue uno de los primeros en comentar en mis entradas. También de los primeros que me escribió un mail y gracias a eso, empezamos una especie de relación de amistad epistolar . La verdad es que congeniamos desde el principio y fue de los pocos que sabían de mis historias antes de que las contase por aquí. Él supo de primera mano mi crisis previa con mi ex, y en esos momentos, quieras que no, me sirvió de un gran apoyo.
Cuando la crisis ya fue total, también fue uno de los primeros que conoció de mi ruptura. A partir de ese momento, no sé muy bien el motivo, pero la relación telefónica, por mail, y por whatsapp, fue a menos.
Otra vez lo mismo, cuando más me hacía falta un desahogo, un apoyo, la situación fue a la inversa. Sí que es verdad que tampoco podía pedir peras al olmo. Vivíamos en ciudades distintas y tampoco era una amistad en el sentido estricto de la palabra…pero aún así, me sentó mal.
Meses después, por casualidad, me salió la ocasión de pasar un día en su ciudad. Dudé en si avisarle o no. Realmente la amistad ya se había enfriado bastante y no sé si venía ya a cuento vernos. Pero, coincidencias de la vida, unos días antes, me mandó un whatsapp, y aproveché y le dije que iba a ir el sábado a su ciudad, y que me apetecía conocerle.
Me dijo que sí, que le parecía perfecto, salvo que tenía unas cosas que hacer ese mismo día. Pero que iba a intentar solucionarlas para poder vernos aunque fuesen sólo un par de horas. Que él también quería conocerme.
Ese sábado, una vez terminé lo que había ido a hacer, le mandé un mensaje. Su respuesta, bastante escueta, fue: “Aún estoy liado. Ya te diré”.
Pero no me dijo nada. Pasaron los minutos, y las horas. Y no me contestó más.
Pensé en escribirle, en llamarle, pero…para qué.
Me volví de allí por la noche, sin haber recibido explicación de ningún tipo.
También lo borré de mis contactos, por cabreo, y pensé de nuevo en lo ingenuo que soy muchas veces.
Supongo que, como cuando me enamoro, me doy demasiado a las personas, con un resultado que a veces, no es el esperado.
Hace unos días me escribió de nuevo, por error, confundiéndome (encima) con otra persona. Tras recordarle quién era, me dijo que no entendía qué había pasado conmigo, y aún tuvo el valor de decirme que desaparecí sin decirle nada…
Mi única respuesta fue decirle que si de verdad no era capaz de entender el motivo de mi ausencia no hacía falta ni que siguiéramos la conversación. Y eso fue lo que hicimos.

Tal vez os parezca demasiado radical por actuar así. Puede, no lo discuto.  Pero no me molestó el hecho de que no quedasen, sino más bien el hecho de que no explicasen los motivos. Las cosas se hablan, pero lo de dejarlo pasar, lo de “no pasa nada” o “tampoco es para tanto” son frases que nunca han ido conmigo.

Supongo que, como en todo, en la amistad la confianza es un muy buen punto de partida, pero la decepción, el sentir que alguien te falla cuando tú los has dado todo, es un punto y final bastante difícil de solucionar.

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El asesinato de Gianni Versace

El asesinato de Gianni Versace

En este blog, aparte de mi vida, también he hablado de vez en cuando de películas, de las que por cierto suelo hacer críticas bastantes destructivas muchas veces. Hoy quería hablaros de una serie, en concreto de “El asesinato de Gianni Versace”, o lo que es lo mismo, la segunda temporada de American Crime Story.

Esta serie, estrenada este mismo año en EEUU y que Antena 3 la compró para nuestro país, se estrenó el domingo pasado con una muy buena audiencia (un 15,6 % de media en sus primeros tres capítulos emitidos del tirón).

Antena 3 llevaba ya varias semanas, yo creo que incluso meses, anunciando a todas horas la serie en cuestión. A mí me llamaba la atención sobre todo por las ganas de ver a nuestra Penélope Cruz transformada en una Donatella Versace con esa melena suya rubio platino característica. También por ver a Ricky Martin hacer de novio de Gianni Versace. Además, siendo la segunda temporada de la serie de American Crime Story, en la que la primera se dedicó íntegramente al “presunto” asesinato cometido por  OJ Simpson (que no he visto aún pero que tengo pendiente desde hace tiempo), pues aún me daban mas ganas de verla.

Sin embargo, siendo que el domingo pasado cayó de pleno en medio de la “semana” fallera (fiesta mayor en Valencia), no fue hasta hace dos días cuando por fin pude ver la serie con tranquilidad.

He de avisar, primero,  que no soy muy de engancharme a las series. Bueno, miento, no soy muy de engancharme a tanta serie como parece la moda ahora. Conozco a gente que tiene HBO, Netflix y Movistar+ y lo único que hacen es ver series, del tirón, una detrás de otra. Ni películas ni nada, sólo series. Que no se yo como no mezclan unas tramas con las otras, pero bueno.

Sin embargo, el primer capítulo de ésta, ya me enganchó. Fueron sólo los diez minutos del principio, antes incluso de salir los títulos de crédito, en las que sólo con los movimientos de cámara, la música, y las imágenes de los instantes previos al crimen, ya me dejaron sentado en el sofá.

La serie está contada en forma de flashbacks saltando continuamente entre la búsqueda del asesino, Andrew Cunnanan,  los instantes previos y posteriores al crimen, así como los sucesos anteriores que le  llevaron a cometer el asesinato.  Y es que una cosa que desconocía es que en realidad el asesinato de Gianni fue el quinto crimen de un asesino en serie, y que el FBI ya le venía persiguiendo desde hacía tiempo.

Así, por ejemplo, el tercer capítulo de la temporada (último emitido el domingo pasado) se dedicó íntegramente a la reconstrucción de uno de los anteriores crímenes de Andrew. Ese capítulo, por si solo, ya daría para una película independiente de terror, porque la verdad es que impresionaba el grado de sadismo al que pudo llegar el asesino.

Aparte de la trama en sí, lo que también me gustó de la serie fue la ambientación de la época en que se enmarcaba. Ahora que gusta tanto el efecto nostalgia, sobre todo de los años 80 (Stranger Things), recordar ahora los 90 con esta serie también tiene su punto. De hecho, uno de los platos fuertes, fue recordar cómo se trataba el tema de la homosexualidad en la sociedad de la época (no tan abierta como ahora).

Los actores principales, quitando los anteriormente mencionados Penélope Cruz y el cantante Ricky Martin (a quien se le ve desnudo, por cierto) son bastante desconocidos.  El que más me gustó fue, por motivos obvios (qúe buen culo),  el actor Darren Criss, que hace el papel del asesino, y que ya había salido en la serie Glee, del mismo productor.

Y es que la serie está producida  por el gran  Ryan Murphy (quien también se encargó de dirigir el primer capítulo, y se nota). Por si no sabéis quien es, Ryan es el responsable de, aparte de la mencionada Glee (musical cafre ambientado en un instituto típico americano),  de American Horror Story, que ya van por la séptima temporada, de la que sólo he visto la primera y me encantó (otra serie de tantas pendientes de ver), y de otra serie de la que soy fan, Scream Queens, que sólo tuvo dos temporadas, y de la que ya os hablaré otro día.

Por último, añadir que en nuestro país fue sobre todo recordado este crimen por el tema de la detención del hijo de Andrés Pajares (Andrés Burguera – ¿qué habrá sido de él?-), a quien confundieron con el asesino y cuya situación, por cierto,  queda reflejada en uno de los capítulos ya emitidos.

Si no vistéis la serie y aún queréis engancharos, que sepáis que aún estáis a tiempo: esta misma noche de domingo emiten otra tanda de capítulos, dejando los tres últimos para el próximo martes (cosas de la contraprogamación de Antena 3).

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La extraña pareja

La extraña pareja

Una vez ya asumida mi “soltería”, la primera zona de mi cuerpo que se reactivó fue la situada de cintura para abajo.

Mientras que mi cerebro seguía analizando los motivos, y mi corazón seguía con un hueco difícil de llenar, mi rabo comenzó a tener vida propia, por lo que decidí darme una alegría (que ya necesitaba).

Me instalé una app  de ligoteo (folleteo) y tras ponerme un poco al día en su funcionamiento, opté por enseñar toda la carne posible (en un mercado así ¿qué se  puede enseñar sino?).

Los primeros que me entraron fueron una pareja de mediana edad.

Mis experiencias con tríos nunca habían sido demasiado memorables, y ya que iba a volver a mis andanzas sexuales después de tanto tiempo, pensé que igual era buena idea intentar quitarme esa espinita y matar así dos pájaros de un tiro (nunca mejor dicho).

Tras la típica conversación simple-calentorra, me dijeron su dirección y hacia allí que me fui sin pensar en nada más.

Llegué a la casa y llamé al telefonillo. Mientras subía en el ascensor no dejé de pensar en el nerviosismo que me estaba entrando por no saber qué me iba a encontrar allí arriba, sensación, por cierto, que hacía mucho tiempo que no experimentaba.

Cuando llegué al piso, lo primero que me sorprendió  fue que ya en el rellano me recibió uno de los dos totalmente desnudo y con la polla a media asta.

Entré y solo me dio tiempo a decir “joder, vaya recibimiento”, momento en que aprovechó el otro de la pareja a meterme su rabo en la boca, sin decirme ni buenas siquiera…

En la vida me habían hecho algo así, sin mediar palabra, y se notaba que estos iban a ir a saco desde el minuto uno. Me hicieron agachar y mientras yo le comía la polla al número 2, el número 1 empezó a preguntarme si quería algo para beber, o comer…

La situación era cómica por motivos obvios pero hasta que su pareja no le acabó diciendo “¿cállate pesado, no ves que ya está comiendo?” el otro no paró de ofrecerme cosas de su nevera.

Yo estaba que me ahogaba con el pedazo de tranca del tío,  y me estaba dando bastante morbo, no puedo negarlo (y eso que ese rollo tan sumiso mío lo desconocía  hasta ese momento…)

Cuando el nº1 vio que yo iba a estar ocupado un buen rato se agachó entonces para chuparme a mí  también la polla puesto que a esas alturas de la película ya me la había sacado yo del pantalón.

Así estuvimos no sé ni cuanto tiempo (me comenzó a doler la mandíbula) hasta que decidieron que pasáramos a su habitación para estar más cómodos. (De camino, por el pasillo, ambos me fueron desnudando).

Al llegar al cuarto, lo primero que me llamó la atención fue el pedazo de mega-cama enorme que ocupaba prácticamente toda la sala. Lo segundo, fue que no había persianas y las cortinas estaban totalmente abiertas, por los que los de la finca de enfrente iban a tener una visión cojonuda.

Les pregunte si no iban a cerrar y me contestaron que no, que el espectáculo iba a ser gratuito. Yo como tengo un puntito exhibicionista bastante acusado no puse peros, claro, así que el nº 2 se tumbó en la cama, yo seguí chupando y el novio se puso entonces a comerme el culete (disfruto mucho con eso).

Así estuvimos tiempo, escuchando también al nº 2 diciéndome una cantidad de guarradas que ni en las pelis porno que suelo ver. De golpe, en lugar de la lengua del colega nº 1, empecé a notar algo duro que me rebotaba entre las nalgas. Me incorporé de inmediato,  diciéndole que  si pensaba metérmela sin condón, se olvidase, porque eso no iba a pasar. Me negó la mayor y yo volví a mis quehaceres domésticos (chupar polla, vamos).

Al minuto, de nuevo, el nº 1 comenzó a golpearme con el rabo buscando un agujero por donde meterla (esta vez ayudándose de un dedo).  Me incorporé de nuevo, ahora ya,  cabreado.

No me estaba gustando nada la situación (el nº 1 tampoco me atraía demasiado, la verdad), así que dije que si iba a seguir así yo me largaba y punto, porque a pelo no iba a follar. Enseguida me dijeron que no, y tras una pequeña bronca del nº 2 a su pareja, ambos se agacharon, esta vez en plan putitas, y comenzaron a comérmela por turnos.

La escena era tan morbosa, conmigo frente a un ventanal abierto de par en par, de pie con estos dos chupándomela a salivazos mientras me magreban el culo y los huevos, que no aguanté demasiado y acabé corriéndome directamente sobre ellos.

Un poco avergonzado, les dije que sentía haberme corrido tan pronto y que me iba a ir, pero se negaron, y es que era ahora (después de lo que es habitual) cuando a ellos les gustaba conocer a las personas con las que follaban.

Estuvimos hablando un rato y fue ahí cuando me di cuenta de la extraña pareja con la que había estado.

Y es que lo primero que me dijeron es que tenían esa cama gigante porque hasta hacía bien poco habían sido un trío. Pero un trío formal, en un plano sentimental. Que habían vivido los tres juntos durante unos quince años hasta que habían decidido romper (al menos una pata de la relación).

Pero si eso me había parecido original, por lo no habitual, lo siguiente sí que me dejó ojiplático.

Y es que el nº 2 había estado casado (con mujer) durante bastantes años. Que hasta ahí, vale. Pero lo sorprendente era el hecho de que tuviera un hijo del cual desconocía su existencia hasta hacía un año (su madre, embarazada de él, se lo ocultó cuando éste la dejó por un hombre, trasladándose poco después a Argentina). Además, ese hijo había aparecido en su vida, no por casualidad, sino en el momento en que se dio cuenta de que era gay, igual que su padre. Sin embargo el hijo volvió acompañado, casado con una mujer, que aceptaba la sexualidad de su marido de mil amores…

Por si eso no fuera poco, por lo visto, la madre del chico se había vuelto a casar con un terrateniente millonario que les había puesto en la calle (vivían todos juntos) cuando se enteró de la homosexualidad de su hijastro.

Yo a esas alturas ya estaba flipando. Toda la historia era propia de Almodóvar en sus mejores tiempos, pero la verdad es que me fueron enseñando álbumes de fotos, y he de reconocer que el padre y el hijo eran como dos gotas de agua (no se podía negar su parentesco, la verdad).

Ademas, por su profesión (trabajaban en el mundo del cine/teatro/televisión como productores o algo así) me empezaron también a enseñar fotos de ellos con famosos, ya que por lo visto estaban muy bien considerados en ese mundillo, y se habían hecho un nombre a lo largo de los años.

Al final acabé cenando con ellos, en bolas los tres, mientras me comentaban miles de anécdotas. A los postres volvimos a ponernos tiesos y acabaron follando ellos dos sobre la mesa mientras yo me pajeaba como un mono disfrutando del momento.

Fue una quedada por lo menos curiosa, y además me sorprendió que, pasado el calentón inicial, ambos fueran unos tíos muy cultos, educados y agradables, nada que ver como cuando se ponían calentorros, que se transformaban (sobre todo el nº 2) en verdaderos pornostars.

Solo al final, volviendo a casa, fue cuando pensé si de verdad lo de follar sin sentimientos me llenaba como antes. Imagino que la sangre volvió a regar mi cerebro y el agujero del corazón quedó de nuevo, abierto.

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