Olvídate de mí

Olvídate de mí

Los primeros días desde que M. me dejó los pasé realmente mal. Como encima no acababa de entender los motivos concretos que habían precipitado la situación, la tortura todavía era mayor.

Pasaba de pensar que era fuerte y que iba a poder superar esa situación, a pensar que era el ser mas desgraciado sobre la faz de la tierra y que la vida ya no tenía ningún sentido. Mientras, la sensación de soledad que la ruptura me había dejado me acompañaba las 24 horas del día.

Durante esa primera fase, y con el móvil encima todo el tiempo, no sé ni la de veces que estuve tentado de escribirle preguntándole los motivos del desenlace, o si la ruptura iba a ser definitiva esta vez. En realidad, intentaba inventarme alguna excusa para poder reiniciar algún tipo de contacto con él, si bien, en el fondo, sabía ya que todo había acabado entre nosotros.

Las semanas siguientes las pasé concentrado sobre todo en el trabajo. Durante ese tiempo creo que hice más horas extra que en toda mi vida, para alegría de mis jefes, por supuesto. Lo único que intentaba era que así pasase el tiempo lo más rápido posible.

Y llegar agotado a casa.

Y no pensar.

Pero eso era complicado y al final, siempre en algún momento del día se me pasaba por la cabeza todo lo bueno que habia pasado con M. Porque esa es otra, la memoria es muy puta en esas ocasiones y sólo recuerda la parte buena de la situación, haciéndome olvidar todo lo malo (que también) había pasado con él.

Curioso es igualmente el intentar escuchar música para distraerte en ese estado. Yo sabía que ninguna canción hablaba de mi, ni de nosotros, pero ya hacía mi mente todo lo posible (ay, ese subconsciente), para asociarlo con lo que me había pasado.

Canciones como “Dueles” de  Jesse y Joy,  “Miel en la nevera” del gran Tino Casal o “Procuro Olvidarte” ponían música y letra a lo que era por entonces mi existencia.

Y el tiempo seguía pasando, de una forma más lenta de lo normal.

Yo nunca he sido muy de ir a psicólogos para superar mis problemas (ya comenté mi mala experiencia por aquí), pero sí se me ocurrió mirar esta vez en páginas web de autoayuda por ver si aplicando alguna técnica de superación personal, podía comenzar a salir de ese pozo del que de momento no encontraba el fondo.

De todas las que leí (no hablar con él ni de él, hacer deporte, eliminar pensamientos negativos…), el primero que apliqué fue el de borrar de mi teléfono el número de móvil de M, porque aún habiendo pasado ya bastante tiempo, lo seguía teniendo agregado como contacto.

Y es que era como si al borrarlo, fuera a eliminar también cualquier resquicio o esperanza de que lo nuestro no fuese un adiós definitivo.

Pero ese paso era necesario, y al final, lo borré. Y funcionó.

Aunque los días se me seguían haciendo largos, poco a poco (muy poco a poco de hecho), comencé a asumir lo que había pasado, que nada de aquello volvería y que tenía que mirar más hacia el futuro en lugar de hacia el pasado.

Hacer deporte también me ayudó. Retomé la natación (que había abandonado durante todo ese tiempo), y el efecto endorfina, comenzó a hacer el resto.

Lo que no hice fue aplicar el dicho de “la mancha de mora con otra roja se borra”. Mis ganas de conocer a otra persona que me hiciese olvidarle, seguían bajo mínimos. NI sexual (de momento) ni de forma afectiva tenía ganas de reiniciar nada con nadie. Uno se conoce bastante a sí mismo, y para aplicar esa técnica, todavía no estaba preparado.

Sin embargo, y cuando parecía que comenzaba a remontar el vuelo, me dio entonces por pensar que igual mi ex ya había conocido a alguien y que igual ese había sido el motivo de la ruptura. Y si me había puesto los cuernos? Y si eso pudiese explicarlo todo? Y si…?

(supongo que en el fondo, buscaba algún motivo para odiarle…)

Fue entonces cuando pedí hora en el Centro Médico al que solía acudir periódicamente para hacerme las pruebas serológicas en mi época de pendoneo. Me iba a quedar más tranquilo (yo es que pienso en cuernos y me entran mis miedos, es algo automático) y además era como poner mi marcador sexual de nuevo a 0 para la época que, tarde o temprano, pudiese venir.

Pedí cita y cuando acudí, la doctora me recordó, a pesar de haber pasado tantos años desde la última vez. Aquella fue al comienzo de mi relación con M, cuando decidimos, de mutuo acuerdo, tener relaciones apeleras entre nosotros, para lo que necesitabamos estar seguros de nosotros mismos

Fue entonces, con las preguntas de rigor (“Cuantas relaciones sexuales ha tenido en los últimos tres meses?”, “y en los últimos seis meses”?) cuando se percató de que mi relación se había ido a pique.

Y cuando me dijo “lástima, haciais buena pareja”, algo en mi interior se resquebrajó de golpe y allí mismo, delante de la doctora, me derrumbé.

Curioso que en esos meses, había intentado no llorar ante nadie. Ni ante amigos, ni por supuesto familiares. De puertas afuera yo era un tipo fuerte, siempre intentando hacer sonreir a los demás, aunque el funeral fuese por dentro. Sólo en mi casa, en privado, y por las noches, me permitía hundirme. Cuando nadie me viera.

Y sin embargo, allí, delante de la doctora, en su consulta, no pude más.

Terminé abrazado con la doctora y cuando me recompuse, como pude, le comenté que quería quedarme tranquilo y que intentaba buscar algún motivo, que me negaba a admitir que todo hubiera acabado, sin más motivos que los que ya sabía…

La doctora solo me dijo que a veces no hay más motivos, que las cosas acaban, y que torturarse por eso no me iba a solucionar nada. Y que romper cosas, cabrearse o llorar ayudaba, pero guardárselo para uno mismo, no.

Me comentó también que las pruebas me las iba a hacer porque me conocía y porque sabía que lo necesitaba para empezar de nuevo.

Por supuesto la prueba salió negativa, pero ese papel me ayudó a cerrar toda una etapa a la que ponía entonces un punto y final.

(O eso pensaba yo…)

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Call me by your name

Call me by your name

No sólo de pan vive el hombre, ni este blog de mis historias.

Como ya hice alguna vez en mi anterior etapa, voy a comentaros hoy una película (de temática) que está ahora mismo en cartelera.

“Call me by your name” es una película dirigida por Luca Guadagnino, escrita por James Ivory, adaptación de una novela de André Aciman, y protagonizada por Armie Hammer y Timothée Chalamet, en el que creo que es su primer papel como protagonista en cine.

La primera vez que oí hablar de esta película fue en Twitter donde todo el mundo que la había visto la ponía por las nubes. A mí, las películas de temática ya he comentado alguna vez que no me atraen demasiado porque muchas veces las veo cortadas por el mismo patrón. En este caso, al leer por encima el argumento también pensé en lo mismo, puesto que esas de “despertar al sexo en la juventud” es algo ya visto mil veces en la pantalla.

Aún así le di una oportunidad por el único motivo que me interesaba y era por la ambientación, en el norte de Italia,  en pleno verano y con una cuidada fotografía (por lo poco que había visto en el tráiler).

No sé si os lo he dicho alguna vez, pero para mí la mejor época del año es siempre el verano (primavera también, pero menos), y no sólo porque es la época de vacaciones por excelencia, sino por el propio tiempo, la luz, el calor, el sol y la alegría de vivir que siempre me da esa estación del año (justo lo contrario que el invierno).

De ese modo películas como por ejemplo “Magia a la luz de la luna”, de Woody Allen, “El talento de Mr. Ripley ” y “Las dos caras de Enero” ambas, adaptaciones de novelas de Patricia Highsmith, o incluso el musical “Mamma Mía” me llevaron al cine más por su fotografía que por las películas en sí mismas (aunque después todas me gustaron, por cierto).

Por ese motivo principal fue, por tanto, por lo que decidí acercarme a ver la de “Call me by your name”.

Y he de decir que no me equivoqué.

No me equivoqué, digo, en saber que los paisajes me iban a encantar, porque lo que es la historia en sí,  no me transmitió absolutamente nada. Bueno, algo de aburrimiento sí que me transmitió para qué engañarnos.

Y es que en ningún momento me metí en la historia que contaban.

Para empezar, la elección de los actores a mí me chirría bastante.

A Armie Hammer yo lo conocía única y exclusivamente por “El jinete pálido” cuyo principio y final es de lo más espectacular que he visto en una película de vaqueros, pero del resto de la película ni me acuerdo de lo pesada que resultaba. Sabía que había salido en otras pelis (“La Red Social”, por ejemplo) pero no era alguien a quien le siguiera la pista.

Como actor no es gran cosa (o yo, por lo menos,  no lo veo), pero sí , es muy guapo, y alto, y elegante, y eso viste mucho en pantalla.

Al otro chaval, Timothée, el jovencito,  no lo conocía y para mí ha sido un verdadero descubrimiento. De hecho, su actuación es lo único que salvaría de toda la película, porque representa a la perfección esa inocencia juvenil de los años de la pubertad.

El problema para mí viene con la edad de ambos actores. Según he leído, Armie que tiene 31 años (aunque aparenta más)  hace en la película como si fuese un estudiante de postgrado de edad indeterminada, mientras que Timothée, que tiene en realidad 22 años, hace el papel de un chaval de 17 (que son los que aparenta).   Y esa diferencia es lo que a mí me hizo la historia como menos creíble, más que nada porque al primero no me lo creí en su papel de estudiante y a partir de ahí ya todo fue cuesta abajo.

Pero ya no sólo por la edad, y esta es mi otra crítica, sino por la historia en sí, porque vamos a ver (alerta, spoiler): llega el ayudante de la Universidad del  padre a pasar un verano con la familia, y el padre no hace más que intentar un acercamiento de su hijo con el señor este (que no es un señor, vale, pero a mí me lo parecía). Pero ¿para qué? ¿para que lo saque a pasear por ahí y no se aburra?  Y aunque eso tenga un pase (pongamos que me creo a Armie Hammer en su papel) la historia de amor ¿qué sentido tiene? Es  que a mí me pareció totalmente forzada, mal resuelta y sin nada de originalidad. ¿No deberían haber habido algunas señales antes de que se diesen el primer beso? por lo menos para el espectador, digo yo, porque yo no las vi por ningún lado.

Pienso que igual se me ha endurecido el corazón y ya todo lo que suene a pastelón y amor verdadero me produce urticaria. No digo yo que no, que todo puede ser. Pero sinceramente, es que no entiendo todo el hype formado por esta película, la verdad.

También pienso que igual todo ese boom entre el mundillo gay ha sido por el chavalín , que es guapete (y se le ve el culo) y ya digo que es lo mejor de la película (su actuación, no el culo), pero a mí no me puso nada.  Como a mí no me gustan tan a-medio-hacer, pues igual me dejó la película tan frío, ya no sé.

O igual es simplemente cosa del marketing, y de la cuota gay,  que obliga a que cada año para la carrera en los premios tenga que ir alguna película de temática (el año pasado fue “Moonlight”, de la que hoy ya no se acuerda ni el tato.)

En los próximos Oscar está nominada a mejor película, mejor actor protagonista (Timothée, claro), mejor guión adaptado y mejor canción original.

Igual no se lleva nada o se los lleva todos, pero a mí igualmente me daría una cosa que otra.

Sé que ésta no ha sido una crítica demasiado constructiva, así que podéis decirme lo que pensáis vosotros sobre la película, porque me espero cualquier cosa.

Os dejo el tráiler.

 

Volver

Volver

Un año es demasiado tiempo. Y un año y un mes, todavía más.

Lo digo porque ése es el tiempo que ha pasado desde que dejé el blog. Y también es el tiempo que ha pasado desde que mi relación con M. se fuera al garete.
Durante todo este tiempo han sido un montón de veces las que quise volver por aquí, pero no pude. Con una autoestima bajo mínimos, había cosas que se me hacían cuesta arriba. Y retomar el blog era una de ellas. Así que siempre que veía una razón para volver, me decía a mí mismo otras tantas para no hacerlo.

Sin embargo sabía, que tarde o temprano volvería. Y lo tenía claro por algo muy simple: y es que cualquier situación cotidiana, en mi cabeza quedaba registrada bajo un nombre de película. Archivada para “cuando retomase el blog”. Y ese día, tal vez, ha llegado.

En su momento empezar este blog me sirvió para mucho más de lo que me había imaginado. Ordené mis ideas, mis historias, y al expresarlas, me sirvió en cierto modo como terapia. Espero que en esta nueva temporada (ni que fuese una serie de TV…) también me ayude en el mismo sentido.

Sí he de reconocer que otro motivo para mi regreso ha sido el incesante goteo de mensajes de ánimo y apoyo que he recibido de gente que no me conocía de nada. O eso pensaba yo (erróneamente). Y es que no podía ni imaginar el vínculo invisible que se establece, gracias a esto, con las personas que están al otro lado de la pantalla.

Mails que me decían por ejemplo que si conmigo “habían reído, amado o temido” con el de mi ruptura “habían llorado”. Y que por eso me escribían, para animarme y devolverme los que les aportaba a ellos, para hacerme ver que estaban conmigo.

O que me animaban a dejar de hablar de mi ex durante un tiempo “para ir dejando de pensar en él”. Y que me ofrecían, desinteresadamente su amistad porque entendían lo que era “la desesperación y miedo a la soledad”.

También comentarios que me escribieron muchos por aquí, en mi último post, pero también en los meses posteriores, en los que no escribía absolutamente nada.

O por Twitter, preguntándome, meses y meses después de haber cerrado el chiringuito, si algún día volvería al blog.

Por cierto, fue en esa misma red social donde hice una encuesta preguntando si debía retomar mi actividad bloguera en este 2018 y ganó el SÍ por la mínima (que la otra opción más votada fuera “Escribías un blog?” es lo de menos…).

Lo que no tengo claro, también lo digo, es si continuar en esta nueva etapa el orden cronológico que siempre seguí escribiendo. Más que nada porque recordar esos años en pareja, aún me sacuden por dentro (…tiritas para este corazón partío…). Supongo que saltaré para adelante y para atrás, comentando mi vida actual, o tiraré de flashbacks, que es un recurso, como el blog, muy cinematográfico también.

Sí que quería, para acabar el post, y para poner además un poco en antecedentes, hablar de los actores secundarios del blog, que son parte de mis amigos y conocidos  (y de los que por cierto algunos me habéis preguntado).

Así, centrándonos un poco, la situación actual de todos ellos es la siguiente:

  • Raquel: Seguimos siendo muy buenos amigos, los mejores. Es madre de una niña. Tras muchos bandazos en su vida, y reinventada miles de veces,  ahora se considera vegana, animalista y feminista. Mañana, no lo sé.
  • Quique: Desaparecido en combate. A los pocos días de acabar mi relación con M. la de amistad con Quique también se fue al traste. Mi paciencia tuvo un límite y llegó un momento en que se desbordó. Nos hemos seguido viendo, muy a mi pesar, porque es de las personas con las que más me suelo encontrar por mi ciudad.
  • Guillermo: Tras su ultima ruptura, con denuncias mutuas, dinero de por medio, celos y cuernos – mutuos también – juró que nunca mas se iba a liar con nadie. Desde entonces ha tenido cuatro parejas más.
  • María: La última noticia que tengo de ella es que, casada con el hombre de Atapuerca,  con dos niños y un perro, se ha convertido en una perfecta madre de familia y amada esposa. (Curioso que esa relación suya por la que nunca dimos un duro, sea ahora la mas estable y tradicional)
  • M.: Durante seis meses tras la ruptura no supe nada de él. Durante los siguientes seis meses, sí.  A día de hoy, ningún contacto.
  • Yo: Pues con un año más sobre mis espaldas desde la última vez que escribí (la madurez es lo que tiene) sigo con mis ocurrencias, mis inseguridades, mis alegrías y mis penas, que espero ir desgranando por aquí poco a poco. Si queréis seguirlas de nuevo, ya sabéis por donde estoy.

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Fin

Fin

Hoy hace dos meses desde que publiqué el post de Siete años en el Tibet dedicado a M., mi pareja, el día de su cumpleaños.

Dos meses desde que hice el ridículo mayor del siglo al abrir completamente mi corazón en el post más personal escrito por mí hasta la fecha.

Ya en el comentario que M. dedicó a mi post tenía que haber sospechado algo:

“Cuando descubrí el blog de Pablo y leí sus historias me pregunté: habrá abierto un blog porque echa de menos su vida anterior de aventuras y folleteo? :-)) Pero, aunque a nadie le amarga un dulce, cuando estás a gusto con tu pareja te das cuenta de todo lo que puedes llegar a sentir, a gozar aun con las cosas más simples y cotidianas, las aventuras que vives y todas las que puedes vivir si has tenido la suerte de amar y ser correspondido. Seguramente no habrá nada que lo supere. M.”

Un comentario muy bonito, sí, pero a su vez muy frío. Demasiado frío para lo que yo había escrito en ese post (o igual soy yo, que ahora lo veo con otros ojos).

“Timidez”- pensé -. “Vergüenza” – me dijo él -.

Pero no, esa frialdad estaba ahí, a la vista de todos, y no supe darme cuenta a tiempo.

A principios de esta semana, M. cortó conmigo.

Podría adornarlo ahora mismo. Decir “M. y yo lo hemos dejado” o “nos hemos dado un tiempo”, pero eso sería engañarme a mí mismo y engañaros a vosotros.

M. me ha dejado. Así, tal cual.

¿El motivo?

“Hace tiempo que dejé de quererte”.

Cuando alguien a quien sigues queriendo (porque mi problema ahora mismo es que le sigo queriendo) te suelta algo así, sin paños calientes, en frío, duele. Duele mucho. Sobre todo si, como me pasa a mí, es algo que no te esperas. Porque por muchos problemas y altibajos por los que últimamente había pasado nuestra relación, era algo que, ahora mismo, no me esperaba.

Es curioso que hace pocos días quedé con mi amigo Quique, del que os he hablado por aquí más de una vez, y me dijo algo que me sorprendió por lo inesperado. Me comentó que lo que yo sentía por M. realmente no era amor sino dependencia y que incluso él consideraba que M. no estaba enamorado de mí, sino que simplemente se dejaba querer y poco más.

A mí, ese comentario, si os soy sincero, me molestó un poco, y pensé que quién era él para hacerme un comentario así.

Igual simplemente era un amigo que lo único que quería era abrirle los ojos a alguien que se empeñaba en mantenerlos cerrados.

El año pasado M. ya me dijo algo similar a lo de que ya no me quería. Y lo dejamos. Pero sólo por unos días, los suficientes para que él, arrepentido, me dijese que no pensaba en serio lo que me había dicho, y que había sido fruto de una bronca que habíamos tenido los dos.

Y yo le creí. Y volvimos.

Igual lo único que quise entonces fue creerle y hacer como si aquél comentario nunca hubiese existido.

Igual ya entonces era dependencia.

Tal vez por eso ahora estoy tan mal.

“Hace tiempo que dejé de quererte”

Desde que me lo dijo, creo que no soy persona, o al menos, no soy la persona que era hasta hace una semana.

Me despierto porque hay que despertar; trabajo porque hay que trabajar y me alimento porque hay que alimentarse.

Dormir también debería hacerlo, pero de momento, no puedo.

Saber que más de siete años se han ido al traste con esa frase hace mucho daño. Más que por lo pasado, por el futuro que yo pensaba junto a él, pero que sé que ya no existirá.

Ver como todos tus sueños, esperanzas y proyectos desaparecen, hechos pedazos, te hacen plantearte el sentido de la vida, si es que la ha tenido alguna vez.

Ahora si miro hacia el futuro sólo veo desesperanza, frustración y miedo. Miedo a la soledad. Un miedo que hacía tiempo que no sentía.

Si habéis seguido mi blog desde el principio, os habréis dado cuenta de cómo había ansiado siempre tener pareja (más allá de los polvos esporádicos). O mejor dicho, cómo ansiaba una pareja como la que hasta ahora formaba con M.

Vale que nos diferenciaban muchas cosas, pero siempre pensé que en el fondo eso era lo especial de nuestra relación.

“Hace tiempo que dejé de quererte”

Está claro que me equivocaba.

Ahora ya da igual. Realmente es que todo me da igual.

Si hasta ahora venía contando como hilo conductor del blog lo que era mi vida, tener que hablaros ahora de estos últimos años vividos junto a él (tenía muchas anécdotas que quería contar), me provocaría un sufrimiento innecesario, con lo que no creo que sea capaz de continuar.

Y sinceramente, y disculpadme que sea tan honesto, esto es lo que menos me preocupa ahora mismo.

Si el año pasado fue de los más extraños de mi vida por muchas circunstancias (fue como vivir en una montaña rusa constante), no parece que 2017 haya empezado demasiado bien.

Veremos cómo sigue.

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Las chicas del calendario

Las chicas del calendario

Siempre que de pequeño iba con mi padre al taller mecánico del barrio, me sorprendía de la cantidad de calendarios de tías en bolas que habían colgando de las paredes.

Y encima no se podía decir que fuesen demasiado discretos, porque algunos, incluso, rozaban lo pornográfico, aunque estaban ahí, a la vista de todos.

En la actualidad esto no se ve tanto, o esa impresión tengo yo.

Gracias al respeto a la mujer, actualmente los tíos se cortan más en colgar algo así en un establecimiento público. Por educación y por cultura.

A la par que estos calendarios de tías han perdido alcance visual, los calendarios de tíos han ido en auge.

No se cuelgan en talleres ni nada (más que nada porque supongo que hay pocos gays o mujeres currando como mecánicos), pero cada año salen más y más calendarios de hombres ligeritos de ropa.

El primero de este tipo y que más éxito tiene en la actualidad, es el de Dieux du Stade.

Este calendario lleva ya más de 15 años obsequiandonos a todos con imágenes con una fuerte carga homoerótica gracias sobre todo a la cantidad de machorros que se han desnudado en sus páginas. Fue en 2001 cuando al presidente del club de rugby parisino Stad Français Paris, el señor Max Guazzini, se le ocurrió la genial idea de atraer el interés del público proponiendo a sus jugadores que enseñasen carne. Y vaya si la enseñaron.

Desde entonces los calendarios se han vendido por millones y han ido incluyendo a deportistas de otras categorías como natación, fútbol o ciclismo.

Mención aparte es el making of que suelen hacer de la grabación, donde se ve a todos los chulazos en movimiento, por si en versión estática os ha sabido a poco.

A rebufo de este éxito, y en versión castiza, tenemos el calendario de Madrid Titanes.

Este equipo de rugby español tiene el honor de ser el primer equipo de jugadores gay de España. Formado en 2012, desde el 2014 ya compite en partidos oficiales y lleva también unos años publicando su propio calendario.

Por cierto que sin salir de deporte, otro calendario también conocido es el de Gods of Sport.

Bueno, calendario o libro, porque es algo que no me ha quedado claro. Similar en concepto a lo que es ahora Dieux du Stade, solo he encontrado referencias en 2010 y en 2014 y aunque en algunas páginas hablan de éste como uno de los calendarios de tíos más famosos, desconozco si aún se sigue editando como tal.

Dejando el mundo de los deportes, y pasando al del frikismo, uno de los más originales me ha resultado el de pelirrojos (Red Hot) porque por lo menos de sale de lo que es habitual.

A los que, como a mí, les de cierto morbo el mundo rojizo, sabrán disfrutar de las fotos de estos tíos y así averiguar si todo el pelo de su cuerpo tiene el mismo color.

(Por cierto, que aparte de calendario, también editan libros con el mismo contenido)

Y por último, os hablo del más bizarro de todos con diferencia, que es el calendario ortodoxo de curas 2017.

Estos calendarios surgieron en 2012 por el colectivo rumano Orthodox priest, como un medio para condenar la homofobia imperante en la iglesia ortodoxa y por extensión, en las sociedades de Europa del este.

Si bien en algunas páginas dan credibilidad a que son curas reales los que se prestan a posar en las fotos (en actitudes desde el sadomasoquismo hasta prácticas sexuales bastante explícitas) la verdad es que son modelos los que vestidos con hábitos, aparecen en sus páginas.

Con independencia de si para reclamar algo sea necesario provocar de esta manera, hay que decir que tanto las fotos como los vídeos que presentan son, por menos habituales, bastante morbosos con lo que lo dejo por aquí para que pegueis un vistazo.

Por último añadir que así como otros años por Navidades, estaban por las calles los bomberos poniendo a la venta sus calendarios benéficos, no sé que ha pasado este año en Valencia que no he visto a ninguno, y mira que alegraban la vista.

Espero que en otras ciudades sí hayáis tenido esa suerte y que el año que viene, por aquí, se animen de nuevo.

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La cena de los idiotas

La cena de los idiotas

Sabía que tenía que hablar con mi pareja, pero no encontraba el modo.

Por ser demasiado cotilla, me había enterado (y de una forma muy visual) de que igual estábamos los dos intentando iniciar algo sobre unas cenizas (todavía humeantes) de una relación anterior.

Mi cabeza entre unas cosas y otras era un hervidero, así que cuanto antes hablase y aclarase mis dudas, mucho mejor sería para los dos.

Le devolví la tarrina de DVD’s que había cogido de su casa con la esperanza de que fuese él mismo quien se diese cuenta de que en su interior estaba el disco XXX, por lo que lo coloqué a la vista, encima de todos los demás.

Nada más verlo, su rostro cambió de semblante. Fue cuando se dió cuenta de que me había llevado justamente ESA tarrina de peliculas, y que igual yo podría haber tenido cierta curiosidad…

En un principio le comenté que había visto el DVD y que me extrañó que tuviese una contraseña. “Cosas personales”, me dijo.

Seguí preguntándole sobre si era algo de su trabajo, tipo archivos confidenciales o algo así, y me comentó (oh, casualidad) que era justamente eso, temas de contabilidad y nóminas de sus trabajadores.

“¿Y a eso le pones XXX?”, le pregunté yo, ya algo mosqueado porque no soporto que me tomen el pelo en mi propia cara (y si es tu pareja quien lo hace todavía peor)

Cuando aún me respondió “Cada uno le pone el nombre que quiere”, ya no pude soportar más. Le dije que lo había visto todo. Que había visto sus fotos y sus vídeos sexuales. Que su pareja estaba bastante bien desnudo. Y que por las fechas, al parecer, no hacía tanto de todo aquello.

Su primera reacción fue de enfado. Cuando, yo, ya venido arriba incluso le dije cómo había conseguido hackear ese archivo, su siguiente reacción fue ya de un cabreo descomunal. Su enfado no era sólo por haber sacado a la luz algo muy personal suyo, sino también por cómo lo había hecho (y reconozco que llevaba razón).

Fue una tarde de bastantes reproches, malas caras y medias verdades. Sólo conseguí que me asegurara que no había compaginado ambas relaciones y que no quería hablar conmigo de nada de su vida anterior. Que yo no tenía porqué pedirle explicaciones de ningún tipo por algo que había averiguado saltándome toda la confianza que él podía tener en mí.

Dicho de otro modo que el fin no justificaba los medios que yo había empleado.

Toda esta conversación pasó horas antes de una cena en la que yo iba a conocer a sus amigos, con lo que el camino de su casa hasta la casa de un colega suyo donde íbamos a cenar fue lo más parecido a un velatorio.

Ir sin ganas a una cena es lo peor que puedes hacer, porque ya vas como predispuesto a que salga mal, pero si además, el anfitrión nada más conocerte te dice, sin venir a cuento, “Qué haces, puta?” ya no sabes dónde meterte.

Y es que el anfitrión resultó ser el típico gracioso, sin gracia. El que se cree el alma de la fiesta gracias a que un grupo de palmeros le ríen todas y cada una de sus giipolleces. A mí, con ese saludo inicial, digamos que ya me “ganó” para el resto de la noche…

Si ya esa presentación me pareció de traca, cuando fue llegando la gente, a mí me dieron ganas de salir corriendo. Y es que cada uno que me presentaba, no se quedaba contento sin hacer una comparación con el ex de mi pareja. Por lo visto todos lo conocían a él bastante, y en lugar de apoyar a mi novio, se ve que encima aún habían tomado parte por su ex.

Cuando una pareja se rompe, yo entiendo que mantener los amigos comunes pueda ser complicado. Quien más, quien menos, e independientemente de a quien conoces primero, puede tener más feeling con uno o con otro, con lo que es complicado mantener una amistad con las dos partes, cuando ya no son pareja. Hasta ahí lo puedo entender, pero que eso lo manifiesten con la cara o con gestos, por ahí ya no.

Y es que no hubo ninguno que no dijese algo: Que si el otro era más simpático, que si el otro era más alto, que si tenía un trabajo mas interesante, que si tal que si cual. Algunas cosas tuvieron la deferencia de no decirlas delante de mí (por suerte lo que escuché de que el otro era más guapo, no lo dijeron en mi cara), pero el resto de frases sí, y sin cortarse además.

La cena, encima fue con los típicos comentarios de cuartos oscuros, con su mariliendre de manual allí presente y todos los tópicos habituales, que a mí me suelen “encantar” en este tipo de reuniones (como ya sabéis si me seguís en el blog).

Yo con M. encima, estando medio cabreado, no hablé demasiado en toda la noche, y me tocó a mi lado otro chaval, de esos que ya se te atragantan nada más conocerlos. Este chico, para ya rematar la velada, se pasó toda la noche hablándome en femenino, a pesar de decirle más de una vez que no me molaba nada de eso. A él parecía que sí, y como los demás aun le reían la ocurrencia así estuvo hasta que a la hora de los postres, ya conseguí cambiar de sitio y ponerme en la otra punta.

“Qué antipático”, fue lo último que, encima, aún tuve que escucharle (al menos eso sí lo dijo en masculino).

Creo que fue de las noches más incómodas que he pasado nunca, y cuando ya M. se dio cuenta de lo mal que lo estaba pasando, con un gesto me hizo ver que ya nos íbamos a largar de allí.

Mi cara al salir de la casa era un poema. Si ya la tarde había sido mala por el cabreo de ambos, la noche todavía había salido peor. Y encima él, por ir a su bola, no se había enterado ni de la mitad de lo que había pasado.

Me fui tan cabreado de ahí por todo, que pagué con él todos los platos rotos. Le dije que igual lo mejor era no seguir en esa relación, que de verdad no sabía si estaba preparado en esos momentos para estar con alguien.Y que si el problema era yo, que no quería amargarle la vida a nadie. Y me fui.

No fue hasta dos días después cuando volvió a llamarme. Sólo quería hablar conmigo.

Quedamos a tomar un café y fue cuando me explicó que los amigos de la cena, eran más amigos de su novio que suyos. Que por eso me habían tratado de esa forma. Que fue su ex quien de un día para otro había decidido acabar con la relación, pero tanto él como M. habían dicho que fue algo de los dos, cuando no había sido así.

Que los primeros días, no me podía negar que seguía enamorado de su ex ya que varios años de relación no se pueden acabar de un plumazo. Que la noche que quedamos, sólo buscaba un polvo, algo de vidilla sexual que le hiciese olvidar su ruptura, pero que al conocerme había visto en mí algo más. Que no tenía previsto enamorarse de nuevo tan pronto, pero que es lo que le estaba pasando y que, ni una visita al psicólogo le hubiese podido ayudar tanto como yo lo estaba haciendo en esos momentos.

Aún así, si yo no quería seguir con él por lo que fuese, que lo entendía, pero que no cortase por desconfianza, o por compararme con otros, y menos por una cena o por amigos idiotas que todos tenemos.

Yo solo pude decir que sentía haber sido tan cotilla. Que tenía razón en enfadarse por haberle descubierto intimidades, y más de esa forma. Y que con amigos con los que él tenía era casi mejor no tener enemigos.

Eso sí, sólo le pedí una cosa, que lo pasado, pasado estaba. Y que a partir de entonces empezábamos de cero, sin mentiras, y sin muertos en el armario.

Y añadí algo más. Y es que viendo el morbo que me había dado verlo en acción, yo también quería protagonizar vídeos como aquellos, por lo que esa misma noche nos pusimos a la obra.

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(Y que tengáis un feliz 2017)

El Código Da Vinci

El Código Da Vinci

Aunque mi pareja y yo, desde el inicio, supimos que éramos bastante distintos, siempre habían cosas en las que coincidíamos bastante. Así, el hecho de viajar, ir de tapas, el gusto por el mar, o el cine, eran puntos en común que nos unieron desde un principio.

Y también el porno.

Como ya sabéis, a mí es un tipo de cine que me gusta bastante. Y no sólo para pajearse, sino como género en sí mismo. Pues a M. le pasaba prácticamente igual. Por eso no me sorprendió demasiado cuando un día me enseñó en un armario una cantidad enorme de CD’s y DVD’s con cientos de películas almacenadas.

Le pedí enseguida unas cuantas tarrinas de pelis para pegarles un vistazo y ahí me encontré de todo. Desde las primeras de la época precondom, de los años 70 o así, hasta ya las últimas grabadas en plan gonzo que daban mucho mas realismo a los polvazos.

Recuerdo que así estuve una tarde entretenido en mi casa hasta que dí con un DVD en el que sólo ponía XXX.

Así como en las otras ponía el nombre de la productora o bien los títulos de la película, en esa únicamente ponía ese símbolo, que bien podía servir para un porno sin más o para la película de acción del mismo título.

Puse el disco en el ordenador y ante mí salió un documento que tal y como ponía en la pantalla venía protegido con una contraseña de siete dígitos.

Enseguida pensé en quitar el disco y no prestarle demasiada atención. Si estaba protegido, y oculto entre el porno, era porque contendría algo íntimo de mi pareja que yo no tenía ningún derecho a averiguar. Al fin y al cabo, todos tenemos secretos, ¿no?

Sin embargo ese pensamiento duró poco.

A los cinco minutos ya estaba yo buscando en tutoriales por todo Internet alguna forma de saltarse una contraseña en un documento encriptado. De ahí pasé a descargarme aplicaciones que prometían saltarse las protecciones si es que no estaban demasiado curradas. Diez minutos después ya estaba yo pasando de un programa a a otro intentando que alguno me funcionase, y con una ansiedad que ya empezaba a desbordarse.

Y al final sonó la flauta.

Con un programa conseguí que aleatoriamente fuese probando letras y números hasta que el documento reconociese alguno. De esa forma conseguí la primera y la última letra, con lo que el programa supuso que no habían números en la contraseña (generalmente la gente pone dígitos al final o al principio, pero pocas veces en medio).

Una vez ya quedaban descartados los números, el programa echaba mano de diccionario para probar palabras de todo tipo. Y después de estar varias horas intentando, al final…se abrió el documento.

He de reconocer que en ese instante (sólo en ese) me sentí un poco mal conmigo mismo por haberme convertido en un hacker para espiar a mi propio novio (con todo lo que eso conlleva, lo sé). Pero se me había metido en la cabeza que quería averiguar lo que había escondido y no pude parar hasta conseguirlo.

En el DVD había sólo un par de carpetas.

En la primera había fotos de M. y otro chico.

Eran fotos de viajes, de cenas en grupo, de paisajes… Todo muy normal. Sabía que M. había tenido una pareja durante bastante tiempo así que supuse que era el chico con el que aparecía en la mayoría de fotos. Un chico muy guapo, por cierto.

Cerré esa carpeta y abrí la otra.

En esa también salían juntos M. y el chaval. Pero ya sin ropa.

Eran fotos eróticas, o más bien tirando a porno, en las que salían los dos, desnudos, y follando. Los lugares eran conocidos, puesto que era la propia cama de su casa, o el comedor, sobre el sofá donde justamente M. y yo habíamos follado la tarde anterior.

En un principio, al ver todas esas fotos, me chocó bastante porque se me hizo raro ver a mi novio, en esas circunstancias con otra persona que no era yo. Además, al estar en sitios comunes para mí, la situación se me hacía más chocante todavía.

Todo subió de grado cuando vi que también había vídeos. Si en fotos resultaba fuerte ver todo aquello, los vídeos, con sus gemidos y demás eran ya rollo pornográficos.

Y reconozco que me empalmé. Me excitó mucho ver a mi novio penetrando a otro. O como se lo hacían a él. O la comida de culo que le hacía al chaval que estaba que se derretía con los lametones. En ese momento creo que entendí el mundo de los cornudos-consentidos, y las parejas abiertas que disfrutan viendo a sus parejas follando con otras personas.

En mi mente se agolpaban sentimientos encontrados, pero mi polla indicaba que le gustaba ver todo aquello, así que acabé haciendo lo que suelo hacer cuando veo una porno: masturbarme.

Una vez acabé, dispuesto ya a quitar el DVD, algo arrepentido por lo que había hecho, fue cuando me di cuenta de un detalle al que hasta ese momento no había prestado atención y es que tanto las fotos como los vídeos venían con su fecha. Algunas eran antiguas, pero otras, bastante recientes. Muy recientes. Demasiado recientes diría yo.

Las últimas fotos y vídeos eran del mismo mes en el que había conocido a M.

No se solapaban en el tiempo, pero casi. Si yo lo había conocido a finales de mes, allí había fotos de dos semanas antes.

Yo sabía que él había tenido una relación de años, y que lo habían dejado. Pero según él lo habían dejado “hacía unos meses” y las fechas por tanto no me cuadraban…con lo que decenas de preguntas se empezaron a agolpar en mi interior:

¿Y si realmente aún no se había roto la anterior relación cuando empezó conmigo? ¿Puede iniciarse una nueva relación pasado solo unos días entre una persona y otra? ¿Estaba conmigo por tapar un vacío anterior?

Y sobre todo…¿Cómo podía preguntarle todas estas cosas sin mencionarle cómo lo había averiguado?

No tardaría mucho tiempo en hablar con él.

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(¡¡Y felices fiestas a todos, que ya es Navidad!!)