El Código Da Vinci

El Código Da Vinci

Aunque mi pareja y yo, desde el inicio, supimos que éramos bastante distintos, siempre habían cosas en las que coincidíamos bastante. Así, el hecho de viajar, ir de tapas, el gusto por el mar, o el cine, eran puntos en común que nos unieron desde un principio.

Y también el porno.

Como ya sabéis, a mí es un tipo de cine que me gusta bastante. Y no sólo para pajearse, sino como género en sí mismo. Pues a M. le pasaba prácticamente igual. Por eso no me sorprendió demasiado cuando un día me enseñó en un armario una cantidad enorme de CD’s y DVD’s con cientos de películas almacenadas.

Le pedí enseguida unas cuantas tarrinas de pelis para pegarles un vistazo y ahí me encontré de todo. Desde las primeras de la época precondom, de los años 70 o así, hasta ya las últimas grabadas en plan gonzo que daban mucho mas realismo a los polvazos.

Recuerdo que así estuve una tarde entretenido en mi casa hasta que dí con un DVD en el que sólo ponía XXX.

Así como en las otras ponía el nombre de la productora o bien los títulos de la película, en esa únicamente ponía ese símbolo, que bien podía servir para un porno sin más o para la película de acción del mismo título.

Puse el disco en el ordenador y ante mí salió un documento que tal y como ponía en la pantalla venía protegido con una contraseña de siete dígitos.

Enseguida pensé en quitar el disco y no prestarle demasiada atención. Si estaba protegido, y oculto entre el porno, era porque contendría algo íntimo de mi pareja que yo no tenía ningún derecho a averiguar. Al fin y al cabo, todos tenemos secretos, ¿no?

Sin embargo ese pensamiento duró poco.

A los cinco minutos ya estaba yo buscando en tutoriales por todo Internet alguna forma de saltarse una contraseña en un documento encriptado. De ahí pasé a descargarme aplicaciones que prometían saltarse las protecciones si es que no estaban demasiado curradas. Diez minutos después ya estaba yo pasando de un programa a a otro intentando que alguno me funcionase, y con una ansiedad que ya empezaba a desbordarse.

Y al final sonó la flauta.

Con un programa conseguí que aleatoriamente fuese probando letras y números hasta que el documento reconociese alguno. De esa forma conseguí la primera y la última letra, con lo que el programa supuso que no habían números en la contraseña (generalmente la gente pone dígitos al final o al principio, pero pocas veces en medio).

Una vez ya quedaban descartados los números, el programa echaba mano de diccionario para probar palabras de todo tipo. Y después de estar varias horas intentando, al final…se abrió el documento.

He de reconocer que en ese instante (sólo en ese) me sentí un poco mal conmigo mismo por haberme convertido en un hacker para espiar a mi propio novio (con todo lo que eso conlleva, lo sé). Pero se me había metido en la cabeza que quería averiguar lo que había escondido y no pude parar hasta conseguirlo.

En el DVD había sólo un par de carpetas.

En la primera había fotos de M. y otro chico.

Eran fotos de viajes, de cenas en grupo, de paisajes… Todo muy normal. Sabía que M. había tenido una pareja durante bastante tiempo así que supuse que era el chico con el que aparecía en la mayoría de fotos. Un chico muy guapo, por cierto.

Cerré esa carpeta y abrí la otra.

En esa también salían juntos M. y el chaval. Pero ya sin ropa.

Eran fotos eróticas, o más bien tirando a porno, en las que salían los dos, desnudos, y follando. Los lugares eran conocidos, puesto que era la propia cama de su casa, o el comedor, sobre el sofá donde justamente M. y yo habíamos follado la tarde anterior.

En un principio, al ver todas esas fotos, me chocó bastante porque se me hizo raro ver a mi novio, en esas circunstancias con otra persona que no era yo. Además, al estar en sitios comunes para mí, la situación se me hacía más chocante todavía.

Todo subió de grado cuando vi que también había vídeos. Si en fotos resultaba fuerte ver todo aquello, los vídeos, con sus gemidos y demás eran ya rollo pornográficos.

Y reconozco que me empalmé. Me excitó mucho ver a mi novio penetrando a otro. O como se lo hacían a él. O la comida de culo que le hacía al chaval que estaba que se derretía con los lametones. En ese momento creo que entendí el mundo de los cornudos-consentidos, y las parejas abiertas que disfrutan viendo a sus parejas follando con otras personas.

En mi mente se agolpaban sentimientos encontrados, pero mi polla indicaba que le gustaba ver todo aquello, así que acabé haciendo lo que suelo hacer cuando veo una porno: masturbarme.

Una vez acabé, dispuesto ya a quitar el DVD, algo arrepentido por lo que había hecho, fue cuando me di cuenta de un detalle al que hasta ese momento no había prestado atención y es que tanto las fotos como los vídeos venían con su fecha. Algunas eran antiguas, pero otras, bastante recientes. Muy recientes. Demasiado recientes diría yo.

Las últimas fotos y vídeos eran del mismo mes en el que había conocido a M.

No se solapaban en el tiempo, pero casi. Si yo lo había conocido a finales de mes, allí había fotos de dos semanas antes.

Yo sabía que él había tenido una relación de años, y que lo habían dejado. Pero según él lo habían dejado “hacía unos meses” y las fechas por tanto no me cuadraban…con lo que decenas de preguntas se empezaron a agolpar en mi interior:

¿Y si realmente aún no se había roto la anterior relación cuando empezó conmigo? ¿Puede iniciarse una nueva relación pasado solo unos días entre una persona y otra? ¿Estaba conmigo por tapar un vacío anterior?

Y sobre todo…¿Cómo podía preguntarle todas estas cosas sin mencionarle cómo lo había averiguado?

No tardaría mucho tiempo en hablar con él.

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(¡¡Y felices fiestas a todos, que ya es Navidad!!)

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Ángeles y demonios

Ángeles y demonios

La primera vez que me fijé en los mormones como objeto de deseo fue de adolescente, a través de un libro de memorias de la actriz Susana Estrada.

Si no sabéis quién era esta señora (cosa lógica por otra parte), diré que fue una musa erótica de los años 70, todo un icono sexual durante la transición española.

Esta buena mujer escribió en su época un libro bastante explícito (en los años del destape fue un auténtico escándalo) donde detallaba con todo lujo de detalles sus encuentros sexuales a lo largo de los años.

Ese libro, por casualidad, cayó en mis manos cuando aún era bastante crío y digamos que me dejó marcado. En uno de sus capítulos, y el que más recuerdo por otro lado, la actriz hablaba de una vez que entraron en su casa unos mormones para explicarle las bondades de esta religión. La mujer, por lo visto, solía ir desnuda en casa, así que sólo se puso una bata para abrir la puerta.

De los dos, uno se sentó más alejado , y el otro, que llevaba la voz cantante, se sentó a su lado. Susana, calentorra como ella sola, al ver la cara de niño bueno, contaba que comenzó un juego de enseñar sn querer, hasta que se dejó un pecho fuera y parte del sexo al aire (de hecho, el libro autobiográfico se titulaba “Húmedo Sexo”). Al final creo recordar que no llegaba a follar ni nada, pero sí que conseguía dejar al chaval con un calentón del quince, totalmente erecto, provocando que tuviese que irse antes de hora junto a su compañero. Luego creo recordar que ella comentaba que del calentón que tenía, tuvo que aplacar su calor corporal bajo el agua de la ducha, dirigiendo el chorro a su entrepierna…

Si no era así, era algo parecido (ya os digo que hablo de memoria) y me dejó tan buenos recuerdos que más de una paja cayó con ese capítulo en concreto.

Lo curioso de todo es que yo, por aquella época, ni siquiera sabía muy bien quiénes eran los mormones, y no fue hasta unos años después cuando me crucé con una pareja por la calle.

Por si no lo sabéis, los mormones, o, como se denomina en realidad , el “Movimiento de los Santos de los Últimos Días” es una comunidad formada por un grupo de iglesias cristianas escindidas a partir de la llamada Iglesia de Cristo, y fundada por el estadounidense Joseph Smith en 1830. Por las ciudades son fácilmente reconocibles, al ser generalmente dos chicos jovencitos (y rubios), vestidos con pantalón negro y camisa blanca, los que intentarán captarte para su causa.

Os podéis imaginar cuando me abordaron la primera vez, el morbo que me dieron (yo aún era virgen, por cierto) y al recordar todo lo del libro y verlos en persona, tan guapos ellos, mi imaginación hizo de las suyas.

Volvieron a pasar otros años cuando di por casualidad, ya metidos de lleno en mi época pajillera – pornográfica compulsiva, con un vídeo llamado “A holy visit” del actor porno y productor Lucio Saints. Pues bien, aquí el macizorro de Lucio va un poco más allá de lo arriba contado, y  tras recibir en albornoz a dos jóvenes mormones, acaba follandose a uno en el sofá a la vista del otro, que se se hace una paja viendo el espectáculo.

La escena además juega con el hecho que el activo es un maromo moreno y grandullón, mientras el pasivo es rubiete y delgadito, con lo que el morbazo de verlos juntos es bastante tremendo.

Con todos estos antecedentes, os podéis imaginar entonces la alegría que me dio descubrir hace poco que un estudio haya decidido ambientar sus vídeos porno alrededor de todo ese mundillo.

En concreto la compañía se llama MormonBoyz (con Z, sí) y aunque es bastante novata les auguro un gran futuro. Y es que como supongo que saben que hay mucha gente a la que le da morbo todas esas situaciones, se han dedicado a hacer infinidad de vídeos sobre todas las supuestas fases pues las que pasa un acólito hasta formar parte de su comunidad.

Así, hay vídeos desde simples mamadas a los no iniciados, hasta auténticas orgías en las que participan los líderes supremos, pasando por folladas de los más jóvenes en sus habitaciones o escenas solitarias con consoladores.

Si encima, como a mí, os gusta también un poco el rollete intergeneracional disfrutaréis mucho, pero sino, no pasa nada porque ya digo que hay para todos los gustos.

Por lo demás, que sepáis que son vídeos cortos, de no más de media hora, pero para lo que son y para lo que sirven, no creo que importe demasiado…verdad?

Espero que los disfruteis. Os dejo el enlace aquí.

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El condón asesino

El condón asesino

Una de las primeras cosas que M. y yo hicimos en plan pareja fue ir a hacernos juntos las pruebas del VIH. No es nada romántico, lo sé, pero el motivo estaba claro: si yo no estaba seguro ni de mí mismo, cómo iba a fiarme de otro?

Meses antes, en una de esas etapas mías calenturientas, había contactado con un tío con el que, aunque había hablado alguna vez por Internet, no tenía el gusto de conocer en persona.

El plan era folleteo y poco más, y con esa intención tan clara me invitó una noche a su casa.

Aunque igual ha dado otra impresión por aquí, la mayoría de las veces que quedaba en plan “noche loca” no pasaba de los morreos y las pajas. Sólo los días de mucho calentón era cuando, realmente, acababa follando.

Esa noche fue una de ésas y como el tío físicamente me molaba, y yo a él, tuve claro nada más llegar que en esa cita iba a haber sexo con mayúsculas.

Encima siendo ambos versátiles, la noche prometía que iba a ser larga.

Empezamos enrollándonos en una especie de sofá relax, para después bajar al suelo (en la alfombra, de esas de pelo largo), y subir luego hasta apoyarnos sobre la mesa del comedor.

Si primero había empezado follandomelo  yo (tenía uno de esos culitos mulliditos que a mi me flipan) fue al llegar a la mesa cuando se cambiaron las tornas.

Sacó un segundo condón de la caja (el primero aún me colgaba a mí de la polla) dispuesto a, con algo de lubricante,  follarme en medio del comedor.

Ya empezó mal intentando meterla en plan brusco cuando yo, de primeras, soy bastante estrecho (ya entendéis lo que quiero decir), y siguió mal intentando forzar algo que no hacía sino tener el efecto contrario.

Fue entonces cuando yo opté por tumbarme boca arriba, en plan tía (postura que no me gusta demasiado) para ver si la cosa se hacía más fácil, y porque, con lo caliente que iba, no estaba yo dispuesto a irme sin haber recibido mi dosis de polla.

En esa postura entró por sí sola y justo cuando estábamos en medio del mete-saca,  un ruido nítido de desgarro nos dejó a ambos helados, y en completo silencio.

El sonido fue similar a cuando un globo de estos de los críos, explota cuando se hincha demasiado.

En este caso, algo elástico y también de “goma”, era lo que había reventado…

Quietos como estábamos, le dije que sacase la polla muy lentamente, esperando que el sonido no fuera lo que ya imaginábamos los dos.

Recuerdo perfectamente la sensación al ver cómo salió la polla con medio condón adherido aún al tronco, pero dejando el capullo totalmente al aire.

La cara desencajada suya, supongo que era también un reflejo de la mia, porque yo no me podía creer lo que había pasado.

Es cierto que él ni siquiera había llegado a correrse, pero el hecho de saber que había “follado a pelo” con un desconocido hacía que todos mis agobios, de los que os hablé en Obsesión, volviesen de golpe a mi cabeza.

Aunque el tío también estaba acojonado, fue al ver mi reacción, mi ansiedad en esos pocos minutos, que él pasó a tranquilizarme insistiendo en que “estaba limpio”.

A mí en ese momento me podía decir misa que yo no iba a creerle. Yo sólo quería irme de allí y encerrarme los próximos meses hasta que un certificado médico me dijese que no tenía nada.

Me vestí en un minuto dispuesto a irme y, aunque él me lo impidió en un principio, al final me dejó marchar pidiéndome eso sí que me tranquilizara por lo menos.

En mi recorrido a casa pensaba que hasta el sexo seguro puede fallar a veces, y que igual esta vez sí, podía haberlo cagado pero bien.

Los días siguientes yo era totalmente como un zombi. Aunque iba a trabajar, estaba con la familia, o los amigos, mi cabeza siempre estaba en otro sitio y, como no, pensando siempre en lo peor.

El chico, mientras, ya no sabía cómo decirme que me calmase. Me mandaba mensajes, y me llamaba (llamadas que yo rechazaba) sólo para decirme que aunque él también tenía razones para estar asustado, que confiaba en mí desde el minuto uno que me había conocido.

Yo, por supuesto, no pensaba igual de él, y así se lo decia, echándole incluso la culpa de algo de lo que ninguno de los dos era culpable.

Fui cruel, borde, desagradable y todo lo que os podáis imaginar, y es que cuando me entran estos miedos irracionales (o no) mi reacción no es demasiado adulta que digamos.

Finalmente, una semanas después, me dijo que por favor fuese a su casa, que quería enseñarme algo.

Y fui, claro, pero sin intención de pasar del recibidor (no me preguntéis porqué) y fue allí donde me entregó un papel donde constaba que se había hecho las pruebas de VIH y hepatitis con resultado negativo.

Al ver eso, volví a ser persona, le pedí disculpas, y aún me sentí peor cuando me dijo que le había hecho las pruebas un médico amigo suyo, que hasta entonces no sabía que era gay, y al que le había contado todo para que le hiciese las pruebas lo más pronto posible…

Yo me comprometí a hacerme las pruebas también, pero me dijo que no hacía falta. Que si quería, me las hiciese por mí, pero no por él. Sólo me pidió que si otra vez pasaba por algo similar, no volviese a tratar a nadie como lo había tratado a él, porque le había hecho bastante daño.

Me gustaría decir que aprendí la lección, pero me conozco bien y no se cómo podré reaccionar en un futuro ante situaciones de este estilo.

Esa vez, las pruebas me las hice ya con mi pareja, como indiqué al principio (resultaron negativas para ambos) y creo que, a pesar de todo, sólo entonces pude respirar completamente aliviado.

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Año uno

Año uno

El 25 de noviembre de 2015 comencé a escribir mi primer post, por lo que este blog acaba de cumplir su primer año de vida.

Por aquel entonces estaba yo pasando por una muy mala época.

No hacía mucho que me habían comunicado que en un mes me iba a la calle tras ocho años ininterrumpidos trabajando en la misma empresa. Reestructuración de plantilla.

Aparte, mi relación de pareja no es que estuviese pasando por su mejor momento. De hecho, poco tiempo después incluso dimos por finiquitada la relación, aunque por suerte todo se pudo reconducir.

En ese estado de hundimiento anímico fue cuando, por casualidad, di con el blog de malagasensual y me enganche a él sin ningún motivo en concreto, como ya expliqué en el Sur.

También me dio por aquel entonces por entrar en páginas web de autoayuda (cuando estoy mal soy de los que se agarra a un clavo ardiendo) y fue cuando leí que escribir, en determinadas situaciones, ayuda a veces a salir del pozo.

Así, la ecuación Tiempo libre + bajón vital + necesidad de compartir + morbo en general (eso que no falte) fue el origen inicial de todo esto.

Cuando empecé, muy fuerte, escribiendo cada día, jamás pensé que podría estar con esto durante tanto tiempo.

De hecho, si por aquel entonces hubiese espaciado más el tiempo entre posts, hubiese tenido contenido para varios años.

Escribí tan seguido al comienzo porque me asesoré un poco por medio de tutoriales y en todos se aconsejaba ser constante en los inicios. Eso y hacerse publicidad comentando en otros blogs similares.

Reconozco que al principio, por tanto, comentaba en otros blogs por el simple hecho de publicitarme (soy así de cutre, lo siento chicos), pero poco a poco me atraparon los pequeños “lazos” que se fueron formando en esta comunidad bloguera.

Así, con los blogs al margen se fue creando un toma y daca de comentarios y lecturas que es de las mejores cosas que me ha reportado escribir por aquí.

Recuerdo además, el subidón de adrenalina que me dio al ver como poco a poco mi blog fue enlazándose con otros, haciéndome ver que algo bien estaría haciendo.

De todos ellos, con dos en concreto tengo mucha más afinidad (y no hace falta que diga nombres). Uno, porque fue el origen de todo esto como ya he comentado antes, y el otro porque me ha dado muestras de ser un verdadero colega, a pesar de la distancia.

Todo esto y también los correos que empecé a recibir (sobre todo al principio) fue lo que me animó durante todo este tiempo a seguir escribiendo.

Sí que es cierto que, por circunstancias, escribo mucho menos ahora que antes pero al menos un post semanal si que sigue cayendo. Y quién sabe si algún día pueda volver a escribir con más continuidad.

Así que aunque es verdad que el número de lectores no es muy allá (39.000 visitas en un año tampoco es como para echar cohetes), espero poder mantener a los que me seguís y que como yo cuando las escribo disfrutéis de todas mis historias.

Por tanto solo puedo decir que Feliz aniversario y, por supuesto, gracias a tod@s por leerme, aunque sea de vez en cuando.

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Hechizo de luna

Hechizo de luna

O de superluna.

Por si no lo sabíais, este pasado lunes se pudo ver la luna más grande y brillante desde el 25 de enero de 1948, y no se podrá ver otra igual hasta el año 2034.

(Otra cosa es cómo la percibamos aquí en la Tierra, porque yo creo que la última, que fue en verano, me pareció mucho más grande que ésta, pero bueno).

La luna, o mejor dicho los ciclos lunares, son los responsable ante todo del movimiento de las mareas, pero tambien del desarrollo de las plantas, y otros aspectos vinculados con la naturaleza.

Y a las personas nos afecta? pues a unos más que a otros y en mi caso en concreto, bastante.

Y es que siempre que ha habido luna llena mi libido sexual ha estado por las nubes.

La primera vez q me di cuenta de su influjo fue un verano, en el apartamento de la playa, en el que en una misma tarde-noche cayeron 4 pajotes seguidos.

Todavía era un adolescente y recuerdo que en la última paja, repantigado en una tumbona del balcón (ya he hablado alguna vez de mi vena exhibicionista), la luz de la luna iluminaba tanto la escena que me pude limpiar tranquilamente sin manchar nada.

Pasados unos años, cuando ya empecé a quedar con tíos, tanto el primero como el segundo con el que quedé fueron en noches de luna llena. En esos casos me acuerdo porque con el primero hablamos de hombres lobo al  darnos cuenta del aspecto de la luna, y en el segundo como follamos al aire libre fue más fácil fijarnos.

A partir de ahí no es que me fijase a todas horas en la luna pero sí que, a toro pasado, los días que hacía locuras (tríos, folladas bestiales, intentos de orgía) me fijaba que coincidía siempre con noches  de luna llena.

Incluso llegué a tener de favorita en el ordenador una página donde estaba los ciclos lunares anuales, y la consultaba habitualmente. Como quien mira el tiempo que hará al día siguiente, pero de otro modo.

Así, tanto las situaciones de El bueno, el feo, y el malo como las de La visita o Morbo ocurrieron durante esas noches.

Por contra, las épocas de luna nueva el efecto era totalmente contrario. de una época de calentón brutal pasaba a una época de sequía que duraba lo que duraba la oscuridad de las noches.

Incluso esas épocas coincidían con periodos de bajones, en los que no sólo perdía las ganas de sexo, sino también las ganas de ocio, fiesta o como queráis llamarlo.

Yo esto lo he hablado con amigos y la verdad es que de una forma tan acusada como la mía, no conozco más casos.

En Internet lo único que se habla es de los efectos en las enfermedades mentales (los llamados lunáticos), pero no creo que este sea mi caso. O eso espero.

Sí que es cierto que los efectos atmosféricos (lluvia, sol, viento) nos afectan más de lo que nos pensamos, pero mi “afección” lunar va por otros derroteros.

Por suerte, o por desgracia, esta influencia con los años se ha ido atenuando.

Ahora no es que no me afecte ya, pero ni hago las barbaridades que hacía, ni voy buscando sexo a saco para saciar mi “apetito”, con lo que digamos que la situación no es lo que era.

Supongo que además, el cumplir años también tiene bastante que ver, y la estabilidad, y aunque sigo poniéndome más palote de lo habitual estas noches, el influjo queda ya bastante rebajado.

Y si lo preguntáis, aunque la luna sea mucho más grande estos días, eso no significa que me afecte más,  con lo que la frase de “el tamaño no importa” aquí también se cumple.

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Escándalo en el plató

Escándalo en el plató

Ahora que se está debatiendo en mi Comunidad día sí día también cuándo comenzará a emitir de nuevo la televisión autonómica valenciana, quisiera recuperar un fragmento de uno de sus programas estrella de hace años.

Por si no lo sabéis, la antigua televisión (Canal Nou) se cerró envuelta en un gran polémica, en noviembre del año 2013.

Con el cambio de gobierno surgido tras las últimas elecciones autonómicas, se decidió como medida estrella reabrir de nuevo la televisión, con otro nombre, otro presupuesto, y otros objetivos.

La antigua televisión pasó por épocas buenas, malas, y muy malas, y durante una etapa en concreto estuvo repleto de programas de telebasura que conseguían, eso sí, bastante audiencia.

Los vídeos que voy a poner a continuación corresponden a un programa que se emitió durante dos temporadas, entre 1997 y 1999, y que se emitía con gran éxito de público los viernes noche.

En realidad el programa empezó a emitirse en 1992 con el nombre de “Carta Blanca”, y consistía en debatir temas de actualidad, con público en plató que también podía intervenir en directo.

Tras algunos mínimos cambios en el funcionamiento del programa, en 1997 pasó a llamarse “Parle vosté, calle vosté” (“Hable usted, Calle usted”) intentando evitar los temas demasiado polémicos hasta que llegó el tema de la transexualidad al programa.

Para poneros en contexto, he de decir que era también la época de “Esta noche cruzamos el Mississippi” con La Veneno, o los debates que acababan como el rosario de la aurora en “Moros y Cristianos” (ambos en Telecinco).

En este caso también fue así, pero llegando a unas cotas de vergüenza ajena como pocas veces se había visto en televisión. Por supuesto el programa fue líder de audiencia y a mí todo lo que allí sucedió esa noche se me quedó grabado en la retina.

Y es que reconozco que me lo pasé pipa y me descojoné por momentos. Tanto es así que un buen día se me ocurrió buscar en Internet por si encontraba algo de aquello y cuál fue mi sorpresa que encontré que alguien había subido el momento mas surrealista del programa, dividiéndolo en tres partes (gracias, GustavoCL).

El fragmento en cuestión se inicia en el momento que entra en escena una trans llamada Manuela Trasobares.

Manuela, catalana de nacimiento, es una cantante, pintora, escultora (fue artista fallera) y política (llegó a concejala en un pueblecito de Castellón) que en este programa en concreto dio la campanada.

Los vídeos en cuestión se explican por sí solos, pero aún así os pongo en antecedentes:

En el primero, Manuela comienza a hacer una reivindicación de su colectivo hasta que se vuelve completamente loca y….
(Tranquilos que aunque empieza hablando en catalán, a partir del minuto 1:57 pasa al castellano).

En el segundo, después de “la noche de los cristales rotos”, el público se viene arriba y el presentador ya no sabe ni por donde va con lo que opta por expulsar de la clase a los que se portan mal…

Y en el tercer vídeo, como fin de fiesta actúa Manuela, nuestra Manuela ya, con su pie de micro y convertida en una auténtica diva del género.

Para acabar, os dejo aquí el monólogo inicial al completo, que es para retener en la memoria por los siglos de los siglos.

“Yo soy artista, soy cantante de ópera, soy mezzosoprano dramática, pero aparte de esto soy una persona que adora la estética. Me encanta Rubens, me encanta el barroquismo. Qué bonito esas figuras! Qué bonito esos dorados! Por qué no la mujer vestirse con toda su lujuria! Por qué no hablar del sexo? Por qué no hablar de la fuerza de la carne?  Por qué?! Por qué nos hemos de reprimir? Por qué? Durante tantos años la represión y la máscara. De qué me tengo que disfrazar ahora?  De una qué?”

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La noche de Halloween

La noche de Halloween

Aunque mi relación con M. ya había empezado, todavía tardaría bastante en hablarlo con mis amigos. Además, al inicio nuestra relación se basó sobre todo en el sexo (quedábamos para follar directamente), así que tampoco era necesario, aún, hablar de eso con nadie.

Aparte de esto, desde lo que comenté en Breakdown, mi amistad con el grupo gay ya no es lo que era. A ver, con mi amiga Raquel sí que seguía quedando habitualmente, pero así en plan grupo, juntos, ya no tanto.

Sólo cuando había alguna celebración importante es cuando nos volvíamos a reunir todos.

Una de esas quedadas fue por estas fechas, en las que Guillermo nos invitó a su casa para cenar y celebrar Halloween.

Ya he contado alguna vez que cuando Guillermo montaba algo lo montaba a la grande, y está vez no iba a ser una excepción, así que mandó editar unas invitaciones, personalizadas para cada uno, para invitarnos a su fiesta.

Yo con Halloween, hasta entonces, tenía una relación de amor-odio. Me ha pasado siempre eso con las fiestas foráneas. No es que tenga nada en contra porque sí, pero me ha reventado siempre lo de echar por tierra todo lo nuestro y abrazar enseguida cualquier novedad de fuera por tonta que sea.

Así, por ejemplo, en Navidad nunca me ha gustado Papá Noel, Santa claus o como queráis llamarlo. Yo siempre he celebrado los Reyes Magos y lo seguiré haciendo toda mi vida. Y, desde otro punto de vista, la fiesta de San Juan en verano, con sus saltos de olas, hogueras, deseos y demás siempre me ha parecido una auténtica chorrada.

Con Halloween me pasaba tres cuartos de lo mismo, sólo que a mi Yo friki sí que le gustaba todo eso, igual que le gusta el cine de terror y pasar miedo sin ningún motivo.

Así que me disfrace más o menos (iba de Drácula, con su capa y todo) y allí que nos plantamos Raquel y yo,  ella con vestido rojo en plan diablesa-putilla.

Nada más llegar a su casa ya sorprendía ver que la puerta de entrada estaba totalmente cubierta de telarañas, incluso con sus arañas colgando.

Cuando entrabas dentro, te recibia Guillermo vestido como el mayordomo de la familia Addams y te daba la bienvenida a su casa.

Por cierto que su casa no era demasiado grande pero esa noche en concreto le sacó un partido increíble. Y es que donde empezaba el pasillo había colgado decenas de bolsas de basura por las paredes y el techo, creando una especie de pasaje del terror que dividía el corredor en cuatro zonas. Allí habían maniquíes descuartizados, ratas de goma, fotos de carteles de películas de terror, calabazas y toda la parafernalia típica.

Luego ya llegabas al comedor. Ese comedor que normalmente estaba llena de muebles y que esa vez, no preguntéis como, estaba únicamente ocupado por una mesa enorme cubierta por sábanas y candelabros con velas que iluminaban tenuemente la habitación.

Y con esa mínima luz cenamos en esa ocasión.

Nosotros habíamos llegado tarde, todo un clásico en nosotros, así que directamente nos sentamos a comer con el resto de gente, que entre que estaban disfrazados y la poca luz que había no consigo ya ni recordar quien había esa noche.

Porque además, para crear mas ambiente, a Guillermo se le ocurrió poner en bucle un audio de chirridos, gritos y sonidos de sierra mecánica que creaban un ambiente muy acorde pero que nos impedía escucharnos unos a otros.

Pero eso no fue todo, porque la cena también estaba ambientada en todo ese submundo: ensalada de la muerte con setas venenosas, ojos sangrientos (huevos duros) con dedos amputados (minifrankfurts),  hamburguesa con tripas de rana (menestra de verduras) y conjuros sangrientos (sirope de fresa) como postre.

Al final no sabíamos muy bien ni lo que cenamos ni de lo que hablamos ni los que éramos, pero la verdad es que fue una de las noches más divertidas que he pasado nunca y a partir de ahí le cogí mucho más gusto a celebrar esta fiesta.

De hecho creo que desde entonces, siempre que se acerca está época, busco alguna actividad relacionada con el miedo o terror y la verdad es que lo disfruto mucho.

(Sin olvidar ir también al cementerio con la familia y ver alguna tumba que da pánico por sí sola…)

Aún así, me niego a lo de “Trick or treat” de los niños, que hasta eso ha llegado también por aquí. Así que si algún día llaman a mi puerta, pueden dejarse los dedos en el timbre que no pienso abrir, y más con esa traducción cutre al castellano, en plan “truco o trato”, que no tiene ningún sentido.

Y es que hay cosas por las que no paso.

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