Efectos secundarios

Efectos secundarios

Una de las experiencias más bochornosas que me han pasado en la vida fue una vez que me acerqué a comprar lubricante a una Farmacia. Realmente fui a comprar lubricante y condones, pero con la compra de preservativos la verdad es que nunca he tenido ningún problema.

Supongo que es que como no tenía precisamente 16 años cuando empecé a comprar condones, pues esa vergüenza que se supone que se pasa cuando los compras por primera vez, yo no la pasé, porque ya me pilló mayorcito.

Pero con el lubricante fue distinto. Más que nada porque en mi cabeza yo pensaba que comprar algo así era como ir con un cartel diciendo que eres gay, pensando que era algo que en el mundo hetero no se usaba (es una gilipollez, lo sé, pero en mis inicios era así de simple).

Mi idea era coger el típico lubricante que vende una conocida marca de preservativos, y que suele estar en una estantería aparte, pero cuando llegué a la Farmacia vi que la estantería no estaba, así que lo tuve que pedir en el mostrador.

Con los condones no hubo problema. Enseguida me preguntó marca y si quería la caja pequeña o la grande, pero con el lubricante empezó el cachondeo.

Lo primero que me preguntó fue que para qué quería el lubricante. Yo en ese momento no entendí la pregunta, porque estando en una Farmacia supuse que estaba claro (ni que fuese para usarlo con el coche), aunque con el tiempo caí en que la pregunta creo que se refería a que por dónde iba a usarlo.

Yo en ese momento sólo le dije que para mantener relaciones sexuales, claro, y entonces me preguntó si es que mi pareja tenía sequedad vaginal…

Recuerdo que dudé unos segundos en qué responder a eso, y como no me veía diciendo “no, es para sexo anal”, pues le dije que sí, que era justo para eso, esperando ya que me sacase el lubricante y poder irme.

Al momento me vino el farmacéutico con un tubo de gel hidrosoluble para sequedad vaginal, tal y como ponía en la caja. Me dijo el precio y cuando ya le iba a pagar para llevármelo (aunque no era exactamente lo que buscaba, supuse que daría lo mismo), me empieza  a preguntar cosas en plan que cómo tenía las relaciones sexuales, en qué posturas (va en serio que lo preguntó) y si aparte de sequedad notaba si ella tenía molestias cuando la penetraba.

En ese momento ya no sabía ni qué contestarle y supongo que mi cara debía de ser un poema. Yo le decía que sí a todo, esperando acabar cuanto antes, porque en serio que no entendía para qué me estaba haciendo ese tipo de preguntas tan personales. Luego, no contento con eso, cogió el prospecto y empezó a leerlo:

“…alivia la sequedad vaginal (en casos de menopausia, post-parto, contracepción hormonal…) y elimina los molestos síntomas provocados por los picores…”

¿Tiene también picores? -me preguntó- y yo “sí, sí, también, alguna vez”

y seguía:

“…También facilita la inserción de tampones y termómetros rectales Está diseñado para lubricar la mucosa vaginal…”

(y dale con la vagina…)

Y ya por ultimo llegó a los efectos secundarios que encima me los leyó así en plan lento como si yo fuese imbécil para que lo entendiese mejor:

“No hay efectos secundarios perjudiciales por el uso del lubricante aunque al contener Glicerina, puede agravar infecciones vaginales en mujeres susceptibles”

¿Es alérgica a la glicerina?

Y yo, “no, no, no es alérgica a nada” (menos mal que ahí estuve atento y  no le dije que sí, que sino a estas alturas aún estoy eligiendo lubricante).

Al final ya por fin acabó de explicarme todas las maravillas del producto y me lo pude llevar de allí, con mas vergüenza que otra cosa.

Por cierto, ¿no os recuerda a algo esta situación? Pues a mí sí, me recordó mucho a la primera vez que compré películas porno gay, que ya os comenté en Hacemos una porno. Y yo no sé si es que cuando llegas a un sitio en el que lo único que quieres es comprar rápido e irte, notan que llegas nervioso y la gente se aprovecha, o no sé qué es lo que causo en los dependientes para pillar, en casos así, gente que parece que disfruten con el sufrimiento ajeno.

De todos modos, he de reconocer que la crema que me vendió era buena y le di bastante uso, aunque he de confesar que esa fue la primera y única vez que compré lubricante.

Y es que como la mayoría de relaciones sexuales que he tenido, han sido en casa ajena (a casa de mis padres pocas veces subía a gente y cuando ya empecé a vivir sólo,  tampoco -soy bastante celoso de mi intimidad-), pues era el otro el que se encargaba de aportar el material (he sido un gorrón toda mi vida, sí).

Esto hacía que muchas veces no tuviésemos nada a mano, con lo que puedo decir que para las relaciones sexuales, a estas alturas, he usado de todo.

Así por ejemplo, he usado gel y champú, que recomiendo usarlos en la misma ducha porque con el traqueteo hace bastante espuma.

También gel de aloe vera, que de buenas a primeras refresca, pero al rato provoca un escozor que puede llegar a ser algo molesto.

After Shave en crema, que es más o menos como el punto anterior, pero a lo bestia (el chaval acabó en el bidet refrescándose…)

Crema de las manos, de esas del bote azul que todos hemos tenido alguna vez por casa.

Y por último, que yo recuerde, aceite de masajes, que es lo mejor para estos casos, porque aunque enguarras las sábanas que da asco verlas, el morbo de juguetear mientras te escurres hace que luego sea todo la mar de placentero.

¿Y vosotros/as, que tipo de sucedáneos de lubricantes habéis usado?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com