Breakdown

Breakdown

Si cuando empecé en el mundillo del ambiente, todo me llamaba la atención por esa curiosidad inicial cuando te acercas a algo desconocido, con el paso del tiempo, esa sensación fue desapareciendo hasta quedar en su lugar una apatía más que evidente.

El quedar todos los fines de semana para hacer lo mismo, conocer gente que no tenía demasiado en común conmigo, y con la que a lo sumo llegaría a uno o dos polvos, hizo que empezase a cuestionarme si valía la pena perder mi tiempo en algo así.

(Sí , de quedar para follar, también se cansa uno)

Está claro que lo pasaba bien con mi grupete de amigos, pero el ir a la zona de ambiente siempre era por si conseguía ligar con alguien afín, y estaba claro que me sentía mucho más cómodo intentando ligar a través del chat que en persona.

Si querías, como yo, llegar a algo más con alguien (pareja, vamos), tenía ya claro que no iba a encontrarlo en una discoteca gay, por mucho que lo intentara, porque realmente tampoco a mí me iba mucho ese mundo.

Mi grupo de amigos (MaríaRaquel, Guillermo, Quique …) se había ido formando poco a poco. Me sentía agusto entre ellos siendo lo que era (gay) y por inercia,  o porque me sentía cómodo siguiendo a la manada, hice todo lo posible por adaptarme, pero llegó un día en que aquello dejo de funcionar.

El momento en el que me di cuenta en que hasta aquí habíamos llegado fue a raíz de la monumental bronca que hubo en mi casa y de la que ya os hablé en su día.

Digamos que ese fue el inicio de un camino del que no hubo vuelta atrás.

Incluso Quique, a raiz de aquel momento, y por sus movidas propias, comenzó también a separarse de mí y por tanto de todos nosotros.

Al grupo, tocado, le afectó bastante todo aquello quedando reducido a digamos el núcleo más inicial, que era el formado por Raquel, Guillermo y yo.

A partir de entonces, ya nada fue igual.

Y es que no era lo mismo irse de fiesta con un grupo amplio que únicamente con Raquel y Guillermo, que enseguida ligaba. A mí, como siempre, me costaba algo más, y muchas veces, por no dejar sola a Raquel, ya ni me lo planteaba.

Todos esos cambios, más el notar que ya te hacías, en cierta forma, “mayor” (no es igual como te tomas las cosas con veinte años que con treinta), fueron modificando mi forma de ver la vida.

En esa espiral de pensamientos, Guillermo organizó una fiesta por su 30 cumpleaños.

Guillermo, como en todo en la vida, no tenía medida. Si organizaba una cena, ponía comida para un regimiento. Si era un viaje, era un crucero por todo lo alto. Y si era una fiesta de cumpleaños, era la mega fiesta.

Así que invitó a ex-ligues, con sus rolletes nuevos, con amigos de amigos. Y cada uno llevando a su propia mariliendre (que en estas fiestas, viste mucho, claro). Total que allí se reunió todo lo que se puede ver en una discoteca gay, pero en escasos 70 metros cuadrados.

Raquel, que ya llegó un poco tocada, se sintió mal al poco de llegar (creo que no probó ni la cena) así que me quedé prácticamente sólo rodeado de un montón de gente a la que no conocía prácticamente de nada.

Guillermo, era evidente que no iba a estar demasiado pendiente de mí en toda la noche, pues estaba en plan anfitrión, saludando a todo el mundo como si fuese el embajador de las fiestas de Ferrero Rocher. Además que lo hacía de tal forma que pensarías que eran amigos de toda la vida, cuando realmente él amistades tenía pocas, aunque sí muchas ganas de aparentar.

Y es que en eso se basaba todo, en la “apariencia”.

Para intentar socializar un poco, me puse a beber (como hacía siempre), y fue cuando, mirando alrededor, empecé a decirme a mí mismo: Pablo, realmente tú encajas? has encajado alguna vez en todo este tiempo en este mundillo? y cada vez tenía más clara una respuesta…

Por allí estaba el típico de la ceja depilada, la musculoca, la mariliendre de manual, el guaperas, el grupete que van siempre en pack de tres, los superreinvidicativos del orgullo monotemáticos,  los plumeras, dos drags queen y demás fauna con la que yo tenía poco en común más allá de que a todos nos iban los nabos. Guillermo realmente tampoco es que perteneciera a ningún grupo en particular (guaperas sí, pero poco más) pero él por por “ser el más guay” era capaz de vender a su madre con tal de adaptarse a su entorno.

Yo no. Yo cada vez tenía más claro que jamás me iba a sentir agusto en ese ambiente. Más bien al contrario, porque era cuando más distinto me sentía.

En una discoteca esa sensación, aunque estaba, como que se difuminaba más (también bebía mucho más) pero el hecho de estar todos concentrados en un sitio tan pequeño, hizo que esa sensación aumentase exponencialmente.

No era la primera vez que me sentía así (de hecho lo he contado por aquí muchas veces) pero ese día, tal vez por encontrarme solo aunque rodeado de gente, algo en mi interior dijo basta. Asumí entonces que yo ni era ni iba a ser un “gay al uso” por mucho que lo intentara. Que jamás iba a encajar en mi entorno.

De hecho, es curioso pero en mi vida virtual digamos que era mucho más yo que en la “real” pues ahí sí dejaba claro que realmente “no me gustaba la gente que hiciese de ser gay el centro de su vida” y sin querer, me estaba dando cuenta de que me estaba convirtiendo en alguien que yo mismo rechazaba.

Así que decidí dar a mi vida un giro de 180 grados, y apartarme de todo ese ambiente por un tiempo indefinido.

Seguí quedando con ellos, porque su amistad no la iba a perder (en la actualidad seguimos siendo amigos), pero ya no volví por el ambiente, siendo las quedadas con ellos mucho más tranquilas.

Para follar, seguía teniendo el chat y ya está porque eso era ya a lo único que aspiraba. Incluso me dije a mí mismo que tenía que estar preparado para estar solo el resto de mi vida y que era algo a lo que tendría que empezar a acostumbrarme. Si en todos estos años sólo había podido tener dos relaciones de 9 meses cada una, era porque era demasiado raruno para encajar con alguien, por lo que eso iba a seguir siendo así en un futuro.

Tenía, por tanto, que aprender a vivir sin la necesidad acuciante de conocer a otra persona, puesto que a partir de entonces tampoco iba a hacer nada por conseguirlo.

Con el tiempo me di cuenta de que uno no puede planificar las cosas hasta ese extremo y que cuando menos te lo esperas, la vida te lleva por otro lado.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

Los chicos del barrio

Los chicos del barrio

Aunque nunca he vivido en ningún barrio gay de mi ciudad, basta con ponerse una app de ligoteo en el móvil para darse cuenta de que todos vivimos prácticamente rodeados por tíos a los que les gustan los tíos.

En la época en la que pisaba el ambiente, me daba cuenta de eso cada noche que salía por la zona, pues reconocía a algunos de haberlos visto por mi barrio (con mi amigo Quique, por ejemplo, me pasó así).

Otro de estos vecinos, se llamaba Jose. De hecho vivía en una finca que, aunque pertenecía a la misma comunidad de vecinos que mis padres, daba a una calle trasera, por lo que a este lo tenía menos localizado.

Con él en concreto ya había hablado hacía tiempo por el chat y en el momento en que le pasé mi foto, curiosamente él se cayó del mismo, por lo que supuse que no le había gustado nada (había gente que optaba por tomar las de Villadiego en lugar de decir claramente que no eras su tipo).

Por eso me sorprendió que intentase ligar conmigo cuando coincidimos en la discoteca. De hecho le recordé aquella huida y él ni siquiera se acordaba de mí, o por lo menos eso decía. El alcohol se notaba que hacía rato que corría por sus venas, pero como a mí el chico me molaba, decidí seguirle el rollo a ver hasta dónde estaría dispuesto a llegar esa vez.

Y llegamos hasta el final, en su casa, en bolas los dos y sobre su cama (una cama, por cierto, con dosel que aparte de curioso, era lo más parecido a estar en una película de Disney)

He de recordaros que con este fue con quien estrené mi nueva polla y tengo que reconocer que tenía mis miedos por ese motivo. Pero con la cogorza que llevaba el chaval, hubiese dado igual que se acostase conmigo o con un caballo, porque consciente del todo no estuvo en toda la noche, así que ni se fijó en ese detalle ni en nada.

De este chico, sí que me llevé algo que desde entonces es un fetichismo más en mis relaciones y es que nada más empezar con los magreos, empezó a sudar por todo el cuerpo. Pero no lo digo  en plan cerdo, sino más bien en plan morboso. A mi verle esas perlitas de sudor que se le iban formando por la espalda al poco de empezar, me excitaban como no me había pasado nunca.

Lo que se dice follar, esa noche no follamos, porque de verdad que el estado en el que él se encontraba más hubiese sido una violación que otra cosa, aunque sí que nos magreamos todo lo que pudimos hasta acabar en una buena paja. Bueno, miento, acabó él y nada más hacerlo me dio la espalda para dormir la mona, con lo que yo tuve que acabar mirándole su espalda y culete empapado (con esas gotitas de sudor que me estaban volviendo loco).

Acabada la faena, me cambié y me fui, dejándolo dormido en su cama, y pensando lo que ya pensé la primera vez que nos vimos por el chat, que realmente yo no era su tipo. Y es que en el estado en el que venía de la discoteca, a este chaval le hubiese dado igual acostarse conmigo que con cualquier otro.

Semanas después, volvimos a coincidir por las calles del barrio, otra noche que volvíamos de fiesta los dos.

Esa vez, aunque iba menos alcoholizado que la otra, me dijo directamente que llevaba un calentón del quince y que si quería, podía subir a echarle una mano (nunca mejor dicho) ya que los dos volvíamos sin compañía.

Y aunque sabía que iba otra vez a ser su recurso de última hora, allí que me fui de nuevo.

El chico a mí me gustaba, me atraía mucho, pero yo no tenía nada claro lo de que yo le gustase, más bien me usaba para desahogarse y yo me dejaba. Una especie de quid pro quo.

Esa vez nos lo montamos en el sofá, porque era en serio que el calentón que tenía era descomunal, (en el ascensor ya me enseñó la polla toda tiesa que llevaba) y se ve que la cama ya le pillaba demasiado lejos.

Y otra vez al poco de empezar, el chico empezó a sudar por todos sus poros. Yo al abrazarle y notar cómo se me empezaban a resbalar las manos por su cuerpo me excitaba aún mas, porque era como si el chaval se empapase en aceite y esa sensación me encantaba.

Esa noche tampoco follamos, porque estaba claro que el chaval sólo buscaba magreos, mamadas y jueguecitos, pero yo me lo pasé pipa igualmente. El problema vino otra vez en el momento paja, que en cuanto él acabó, me empezó a meter prisa para que hiciese lo mismo, porque era evidente que una vez él se desahogaba, tú le molestabas a su lado.

Recuerdo que aunque esa vez sí se lo recriminé, a él no le pareció importar mucho mi opinión, con lo que una vez terminé mi faena, y como tampoco se le podían pedir peras al olmo, me fui para mi casa que estaba prácticamente al doblar la esquina.

Aún hubo una tercera vez que pude haberme liado con él, porque volvimos a coincidir en un pub, una noche, y otra vez le pillé con ganas (que no había encontrado a otro, vamos).

El tema es que esa vez me comentó que conocía a mi familia de vista pero que no me había dicho nada para que no me agobiase, y que además conocía mucho a un tío mío que también vivía por el barrio. Vamos, que me tenía bastante localizado desde hacía tiempo (cosa que me había negado en un primer momento).

Además también me reconoció que realmente yo no era su tipo ni por asomo, pero que como estaba claro que él me molaba a mí, pues que un apaño de estos de vez en cuando no nos iba a venir mal a ninguno de los dos.

(Y es que se ve que a este chaval el alcohol unas veces le ponía calentorro y otras veces le daba por tener ataques de sinceridad, porque sino, no me explico a qué vino aquella conversación esa noche).

Pero esa vez, supongo que por orgullo, por miedo a que mi familia se fuese a enterar de algo (vivíamos demasiado cerca) o por lo que fuera, le acabé diciendo que no, que para eso mejor me quedaba con mis colegas, y que ya acababa yo pajeándome a solas en mi casa, porque así es como iba a acabar la noche de todos modos.

Aún vi al chaval de vez en cuando por el barrio muchas veces más, y aunque por educación nos seguimos saludando durante un tiempo, una vez cambié de casa le perdí el rastro completamente.

Sin embargo, hace dos semanas le vi corriendo por el río, y verle con la cara empapada de sudor, me hizo recordar esos buenos momentos compartidos.

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Studio 54

Studio 54

El otro día pasé por donde estaba la primera discoteca de ambiente que pisé en mi vida y ahora es un supermercado. Y donde estaba el primer pub gay al que fui, han puesto ahora un restaurante chino. Estoy mayor, es un hecho.

De la zona gay que conocía cuando salí por primera vez con mi grupo de amigos gays (Guillermo, Raquel, María (sin su novio homófobo), César y compañía) por el ambiente ya poco queda en la actualidad.

Recuerdo que para mí, el traspasar la entrada de una discoteca gay fue como una especie de rito de iniciación, más allá de la primera vez que me acosté con un tío.

De hecho, la primera noche me costó mucho entrar porque pensé que tanto a la entrada como a la salida de la discoteca me podía ver alguien de mi entorno hetero y saber demasiado de mi situación.

Además la única referencia que tenía de un sitio de ambiente lo tenía  del cine, en concreto del pub gay “La ostra azul” que salía en las películas de “Loca academia de policía” (¿véis lo mayor que soy?). Incluso al entrar pensé que iba a sonar la música del Bimbó de Georgie Dann (podéis ver la escena aquí). Evidentemente no fue así, ni tampoco la gente iba vestida de cuero.

De la música que sonaba, la verdad es que no tengo ya ningún recuerdo, pero sí de lo que vi nada más entrar: Dos drag queens de dos metros bailando sobre plataformas en medio de la pista, que ya pensé…mal empezamos. Y es que a mí todo el rollo drags y demás, lo llevo bastante mal. Encima César era supercolega de ellos/ellas y les saludó para que me presentaran (que yo creo que lo hizo adrede porque sabía que a mí ese mundillo, como que no).

También me sorprendió ver a mucha gente muy joven, que deberían tener los 18 recién cumplidos y con mucha pluma, en plan cejas depiladas y hablando en femenino, que también era algo que no me iba nada (ni me va).

Y alrededor de estos jovencitos, mucha gente mayor, algunos realmente muy mayores, que estaban en plan moscones, tirándole a todo lo que se movía (igual viéndolo con los ojos de ahora no eran tan mayores, quién sabe).

Así que lo que es a primer vistazo, mi impresión del sitio, y por extensión del mundo ambiente, no fue demasiado buena.

A ver, sí que es cierto que a mí, de normal, lo que son las discotecas (heteros o gay) nunca me han gustado demasiado y eso ya me condicionaba. Yo siempre he sido más de ir de tranquilo, en plan pub con amigos y algo de música , que ir a bailar a saco. Más que nada porque toda mi vida he sido arrítmico perdido, con lo que ese ambiente no me tiraba nada.

Y en esos caso, como siempre, la bebida es una gran aliada.

Otra cosa que me sorprendió de esas primeras veces fue que aparte de gays y mariliendres, también habían tíos que supuestamente eran heteros y que estaban allí porque acompañaban a amigos gays. Yo de la supuesta heterosexualidad de esos tíos siempre tuve dudas, la verdad, y aunque sí que es cierto que Raquel (mi amiga mari) muchas de las veces que salíamos se enrollaba con alguno, hubo un par de tíos que le salieron rana -ya me entendéis- con lo cual quedaba demostrada mi teoría…

Y es que en el tema ligue, era bastante fácil. De hecho recuerdo que yo, a los pocos minutos de entrar por primera vez en la discoteca, ligué. Aunque bueno, realmente hubo trampa, y es con quien me encontré fue con el chaval del que os hablé en Karate Kid, y esa misma noche acabé en su casa (con las caras de nomelopuedocreersehallevadoalchulazo de Guillermo y el resto del grupo, jeje).

Pero aún así, realmente no había noche que por una cosa o por otra no te entrase alguien. Y es que entrar a mí siempre me costaba más. Por un lado porque mi timidez me dominaba, y por otro porque pocas veces me atraía lo que había.

Y es que llegó un momento en que me empecé a plantear que si realmente, por lo general, el tipo de gente que pisaba esas discotecas tenía poco que ver conmigo, ¿que pensaba yo encontrar ahí? porque gente afín a mí, era evidente que no.

Bueno sí, alguien con quien poder pegar un polvo, pues sí se podía encontrar, pero lo que era un colega o ya más, pareja (que ya me empezaba a picar el gusanillo para eso), pues no.

Aún así, durante esos años pues ir, iba, como por inercia, y porque el grupo es lo que hacía, aunque muchas veces no me sentía nada cómodo. Luego con el tiempo, cada uno va encontrando su lugar, y estaba claro que el mio nunca estuvo allí.

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¡¡Que tengáis una feliz noche de Reyes y que os dejen mañana muchos regalos!!