Amigos con derechos

Amigos con derechos

Es curioso que de los amigos con los que tengo más confianza recuerdo poco del momento en que nos conocimos.

A ver, recuerdo más o menos el lugar o la época, pero no soy capaz de recordar el momento inicial en el que comenzó esa amistad.

Me ha pasado siempre, y la última vez, y de las más curiosas, es con un nuevo amigo que me he echado de unos meses a esta parte.

Sé que nos conocimos en un chat gay, y de madrugada, un día que volví a casa más cachondo de lo habitual y entré a Internet para “desahogarme” un poco.

No sé ni quién entró a quién, ni de qué hablamos ni nada más. El  único recuerdo que tengo es que no sé muy bien porqué empezamos a mandarnos fotos guarras por el móvil. Fotos guarras nuestras, quiero aclarar, cuando no es algo que yo suela hacer, y menos con un desconocido. Pero este tío desde el primer momento, y no sé muy bien porqué, me dio muchísima confianza.

Al día siguiente (la noche anterior acabó en paja, of course),  y una vez borrado el número de móvil de este tío (no pensé que volviéramos a hablar) me sorprendió recibir un mensaje suyo. Me dijo que lo había pasado muy bien y sin saber cómo comenzamos a escribirnos desde entonces.

El chico es andaluz, y si seguís mi blog, es algo que ya de por sí me gusta mucho. De mi misma edad y soltero, tiene pareja si bien no convive con  él  puesto que el novio es de Murcia. Trabaja para el Ayuntamiento de su ciudad y como tiene las tardes libres se ha buscado un sinfín de ocupaciones (a cual más friki) que le mantiene ocupado la mayor parte del día.

Nudista de siempre, en casa suele ir en bolas y no tiene ningún reparo en mandarme fotos desnudo prácticamente todos los días. Lo curioso es que no sé si por la confianza que me da, por el buen rollo o por lo que sea, pero el hecho es que él también debe tener un arsenal de fotos mías como Dios me trajo al mundo…

Y no solo de mí, sino que de todos sus amigos tiene fotos así, y lo ve como algo supernormal, sean sus amigos heteros o gays. Que yo recuerde, a amigos míos sí he visto en bolas a más de uno, pero fotos de ellos, pues como que no, y nunca se me ocurriría pedirles algunas bajo ningún concepto. Él, al contrario y en serio que no me extraña porque con la labia que tiene puede conseguir eso y mucho más.

De ahí pasamos a conocernos por cam y aparte de cibersexo (que también), en estos meses hemos hecho de todo: Desde ayudarme a acelerar el portátil, recomendarme películas anime (es un experto),  aconsejarme aplicaciones del móvil o enseñarme a tener un huertecito urbano. Como yo le digo, es un poco como tener hilo directo con el Youtuber del momento, que igual te sirve para un roto que para un descosido.

Y por el móvil lo mismo, empezamos con lo que he dicho con fotos y demás, y ahora es que hablamos de todo, por WhatsApp y por teléfono, a diario,  como si fuésemos amigos de toda la vida.

De hecho, ahora mismo, creo que incluso puede que tenga más confianza con él que con amigos míos “reales” y es algo que me sorprende mucho.

Sí que es cierto que algo ha ayudado en todo esto y es que cuando llego a casa después de trabajar, ver a la familia o amigos, y veo que estoy solo, tengo a alguien en el móvil con quien puedo seguir hablando como si fuese un compañero de piso. De hecho llegamos incluso a darnos las buenas noches al acostarnos y los buenos días al despertar. Como si viviéramos juntos, vamos.

Ya hemos hablado de conocernos en persona alguna vez. Prisa no tenemos ninguno de los dos. Vivimos lejos y tenemos cada uno nuestra vida montada. El tiene pareja, así que interés sexual por mí no tiene ninguno, pero yo tampoco por él, a pesar de todo lo que hayamos hecho online. Una cosa es en plan virtual y otra en plan real, y teniendo pareja ninguno de los dos piensa en ir más allá.

Tal vez nos hayamos abierto los dos mutuamente por un asunto de necesidad. O de soledad, quien sabe. Pero es curioso cómo esas personas de las que no esperabas nada, puede convertirse en un apoyo para los buenos y malos momentos.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Anuncios

El sexto sentido

El sexto sentido

Hace un par de días me echaron las cartas.

Pude elegir entre que me leyeran las líneas de la mano o que me echaran el Tarot y opté por esto último, más que nada por lo visual que me ha resultado siempre esa baraja.

He de decir que no creo especialmente en estas historias. Siempre he pensado que muchas veces se usa más la intuición que otra cosa, pero he de reconocer que en algunas de las cosas que me dijo, acertó bastante.

A nivel laboral me dijo que estoy en una etapa de tranquilidad y que veía que en un futuro próximo iría la cosa igual o mejor, de lo cual me alegré bastante. De un posible lío con mi jefe, no mencionó nada, así que supongo que la cosa se quedará como está (cachis…)

A nivel de salud no me vio nada grave lo cual también es una buena noticia ahora y siempre. Y más después de mis últimos problemillas de salud que me tuvieron unos días apartado de todo.

Fue a nivel personal cuando me definió por encima y es en lo que más se aproximó a mi realidad. Yo supongo que viendo la edad que tengo (cuarentón ya) y que no tenía anillo de casado, ayudó bastante a su adivinación, pero me sorprendió la forma en que habló de mi situación actual.

Me dijo que me veía estancado en la vida. Que aunque ansiaba un cambio a mejor, yo mismo me ponía trabas para que eso no sucediera. Que yo era mi peor enemigo ahora mismo. Que mi actitud de tirar la toalla no me iba a beneficiar en nada, y que yo mismo lo sabía.

Que si quería tener pareja, necesitaba abrirme. Conocer primero a otra gente, abrir mi círculo de amigos y probar experiencias nuevas,  y que lo otro ya vendría rodado, pero que yo mismo me negaba todo eso.

Y que todo venía provocado por un asunto del pasado.

Por supuesto yo uní cabos en todo momento y entendí a la perfección de lo que hablaba. Supongo que esto funciona así, que te dicen cosas generales, algo con lo que igual todos nos identificamos y es tu subconsciente quien ya se encarga de darle una explicación a todo lo que te dicen. Es decir, entender lo que realmente te interesa.

Realmente no sé ahora nada más que no supiese hace dos días, pero sí me hizo pensar si es verdad lo de que no quiero abrirme más…

Si echo mi vista atrás, conservo amigos de todas las etapas de mi vida por las que he pasado (colegio, universidad, primeros trabajos, estancia en el extranjero…), así que no creo que eso sea del todo cierto. Sí que es verdad, en cambio, que últimamente me cuesta mucho más conocer a otras personas, y si tengo la posibilidad de intentarlo… me echo atrás.

En estos últimos años las únicas personas nuevas a las que he conocido son un chico hetero curioso con el que tengo muy buena relación (más virtual ya que otra cosa) y un excompañero al que conocí hace años y con el que he retomado la amistad.

(Bueno, y también con un chico que conocí por casualidad, al que no conozco en persona -vivimos lejos- y del que os hablaré otro día).

También es verdad que con los años, cuesta mucho más hacer amistades nuevas (en eso los críos tienen mucha más facilidad), con lo que supongo que no es algo que me pase a mí solamente.

De todos modos, de amigos no me puedo quejar (tengo muy buenos), pero sí de lo de no tener pareja.  Supongo que, como me dijo, para eso también debería de abrirme a la gente pero a día de hoy no estoy ni medio dispuesto.

Tal vez tenga razón y yo sea mi peor enemigo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Philadelphia

Philadelphia

Si todo me hubiese ido mas o menos normal estas últimas semanas, este post lo habría publicado el mismo uno de diciembre, pero como la vida propone y Dios dispone, lo cuelgo hoy que es cuando he podido acabarlo.

La vez que el VIH más me tocó de cerca, a parte de por mis paranoias más o menos recurrentes (y no sólo a esta enfermedad, sino a cualquier otra -es lo que tiene ser hipocondriaco-) fue hace ya muchos años y a raíz de un reportaje de televisión.

Recuerdo que estaba con mi amiga María en su casa, y en eso que empezaron con un reportaje sobre la gripe. Que si  virus para arriba que si virus para abajo cuando de pronto hablaron, sin venir mucho a cuento, de otro tipo de enfermedades. Entre ellas, trataron el SIDA, así como de pasada y metiendo el miedo en el cuerpo. Hablo de una época en la que los documentales sobre ese tipo de enfermedades eran bastante catastrofistas. Epocas en la que cuando alguien había superado determinados años siendo VIH positivo sin desarrollar la enfermedad, se hablaba como si fuera un verdadero milagro.

Aquello lo vi, recuerdo, no mucho después de haber salido del armario por todo lo alto, por lo que al acabar el reportaje le comenté a mi amiga el miedo que tenía a pillar algo así, y lo traumática que fue mi primera experiencia por ese miedo absurdo. Al acabar de desahogarme, me dijo que ella conocía a alguien que tenía VIH, para añadir después que a esa persona yo también la conocía. La primera persona que se me pasó por la cabeza al oir aquello fue su pareja, su novio (al que no tragaba).  Se lo pregunté directamente y me soltó un “pues no, de qué vas” que demostraba que  mucha gracia no le había hecho la pregunta.  Pensé a continuación en nuestra amiga común, Raquel, pues era una época suya de despendole total y pensé si podía haber sido ella la “afectada”. Tampoco era ella, tranquilo, me dijo.

Al final me rendí, pues aunque dije un par de nombre más, no era ninguno de ellos ni por aproximación. Finalmente, soltó la bomba cuando me dijo que quien tenía VIH era Guillermo.

Recuerdo que me costó reaccionar. En ningún momento pensé que pudiera ser él, porque pensé que le conocía bien. Como que “no le pegaba” y además teniendo una pareja más o menos estable en ese momento (aunque para él, “estabilidad” era estar un mes con el mismo)

Explicándolo ahora, y conforme el pensamiento actual, me doy cuenta de los prejuicios que tenía yo por entonces. Bueno, yo y la sociedad en general, aunque eso no me exime a mí de culpa. Pero era así, me chocaba que alguien con pareja como tenía Guillermo por entonces fuese VIH positivo. Veía más probable que alguien que tenía pinta de putero (el novio de María),  o que estaba despendolada (Raquel en aquella época) tuviese más papeletas que Guillermo. Prejuicios, prejuicios y más prejuicios…

Le pregunté a María entonces si la pareja de Guillermo, César, también lo era, y me dijo que no. Que por lo visto Guillermo lo había pillado de un rollo anterior que había tenido pero que su pareja lo sabía y no le preocupaba. Que Guillermo nunca lo había ocultado, y que a César le daba un poco igual pues lo quería demasiado (pena que luego acabaran como acabaran).

Por lo visto, Raquel fue la primera que se enteró de su enfermedad, cosa lógica pues ellos eran amigos desde hacía muchos años. Luego ya se lo fue contando al resto de amigos a medida que los iba conociendo. Bueno, a todos menos a mí.

Quedamos en que yo no le diría a Guilermo cómo me había enterado y que iba a seguir actuando de forma normal con él. Y eso intenté. Pero pronto empecé a emparanoiarme. Así, por ejemplo, cuando iba a cenar a su casa salía lo peor de mí. ¿Y si me cortaba con algún cuchillo? ¿Y si me volvía dar algún pico como hacía de vez en cuando? ¿y sí…?

“Y SÍ” otra vez esas dos malditas palabras…

Inconscientemente, me separé tambien un poco de él. Ahora que lo escribo siento hasta vergüenza (no es la primera vez que me pasa cuando he escrito algun post de los colgados) pero, repito, y aunque no sirva de total justificación…era otra época.

Así fue hasta que un día, en el chat, alguien que me djio que lo conocía empezó a ponerlo verde, diciendo que era un salido que tenía lo que se merecía, que si tal que si cual. Ahí no lo pude evitar y empecé a defenderle como a poca gente había defendido en mi vida. Me daba igual su pasado sexual. Antes que nada, era amigo mío y además muy buen tío. Y nadie podia decir de nadie ninguna salvajada de ese tipo.

Esa conversacion me sirvió como excusa para hablar con Raquel, y decirle que me habian dicho eso de él, y preguntarle si era verdad sin tener que delatar a María. Me lo confirmó, claro. Y me dijo también que nunca me lo había contado porque conociéndome, con lo hipocondrias que era, no sería bueno para ninguna de las dos partes. Que no había necesidad. Y tenía razón. Raquel me conocía bien y sabía lo que podía pasarme, lo que de hecho me estaba pasando.

Raquel fue la que le dijo a Guillermo que yo lo sabía, y que bueno, si quería hablar comigo. Y lo hablamos, y me explicó muchas cosas de la enfermedad que yo mismo desconocía,  Y que el principal obstáculo era ése, la desinformación y los prejuicios. Y que una cosa llevaba a la otra.

Por suerte, esos prejuicios han ido desapareciendo con el tiempo. El último, el de que el  VIH deje de ser un motivo de exclusión para conseguir un empleo público, equiparándola a otras enfermedades como la diabetes por ejemplo.

Sin embargo, pienso yo que falta todavía mucha más información. O más accesible. Y para muestra, un botón.  El año pasado cuando estaba en la playa con el chico medio delincuente del que os hablé, me comentó de pasada que tomaba PrEP.  Que no usaba condones porque tomaba PrEP. Por si no lo sabéis esas siglas significan Profilaxis preexposición y lo que supone es tomar un medicamente a diario para evitar que puedas contagiarte. Algo así como la píldora de las mujeres para evitar quedarse embarazadas. Pero eso no es la panacea, y no sirve tampoco para evitar contraer otras enfermedades de transmisión sexual.

¿Eso la gente lo sabe? Y suerte aún que este tomase algo, porque si entras en las  apps de contacto cada vez hay más gente que busca tener sexo “a pelo” como si no pasase nada. Y por desgracia, pasa. Y aunque el VIH es ya más como una enfermedad crónica que otra cosa, no está de más que la gente vuelva a tener un poco de cabeza. Vamos, digo yo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

50 primeras citas

50 primeras citas

Pensando estos días en mis últimas quedadas con tíos, me estoy dando cuenta de que hay un denominador común en todas ellas, y es el “miedo” a segundas y posteriores citas. Se le puede llamar “miedo” o respeto, intranquilidad o lo que sea, pero es algo que empieza a preocuparme.

Hace años (creo que no demasiados) cuando quedaba con alguien, pensaba en el presente y poco más. Sí que es verdad que aunque fuese únicamente para follar, sí que analizaba en dos segundos mis posibilidades de pareja (sentimental que es uno), pero si surgía la posibilidad de repetir la cita, y el tío  me molaba, no me lo pensaba ni dos veces.

Ahora la situación es bastante distinta. Aunque cuando me surge la oportunidad quedo sin demasiados problemas, la negatividad se ha apoderado de mí. A todo el mundo le veo alguna pega, con lo que cuando me ha salido la posibilidad de repetir la quedada, mi primera respuesta siempre ha sido decir que no

He pasado de enamorarme a las primeras de cambio a que se me endurezca el corazón como una piedra. Siempre me digo a mí mismo que el tío no vale la pena, que realmente no me gustó tanto cuando quedé con él, que es muy alto, que es muy bajo, que es muy gordo o que es muy flaco.

Por rechazar he rechazado a gente que vivía lejos de mi casa, o al contrario, por el solo hecho de ser vecinos.

A gente que era mas joven que yo, sólo por tener dos o tres años menos, o a gente que era mayor por el hecho de sacarme cinco (cuando mi ex me sacaba más…).

Recuerdo que antes, cuando recibía un mensaje del tío con el que había quedado, me daba un subidón de alegría increíble. Pensar “pues le he gustado de veras”, me subía el ego, y me hacía coger con más ganas una segunda cita que no tardaba en llegar.

Ahora es todo lo contrario. Y no sólo me pasa con los tíos con los que he quedado para un polvo y adiós, sino que me pasa con cualquier tío con el que he quedado incluso para tomar un café.

Con estos es más complicado todavía porque encima yo nunca sé qué contestar al siguiente mensaje, cuando te sueltan  un “pues me has caído muy bien”. Porque contestar “pues a mí no me has interesado nada” me parece un poco brusco (aunque sea la verdad).

Quizás el problema sea la comparación.

Porque a pesar del tiempo que ha pasado, yo sigo comparando a todo el mundo que conozco con quien vosotros sabéis… Y en todas las comparaciones todos salen perdiendo.

Igual, como me dice un amigo, lo que me pasa es que estoy idealizando una relación que hace mucho que terminó. Demasiado ya para estar todavía así. Igual mi problema es como cuando alguien muere, que mientras no lo deje marchar de mi cabeza, poco podré hacer.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

The Company Men

The Company Men

Una de las cosas que más echas en falta cuando cambias de ciudad es a los amigos. El hecho de poder salir por ahí con colegas, pasa  a cero durante las primeras semanas, con lo que la sensación de desapego todavía se hace mayor.

Por suerte se puede decir que siempre he sido bastante sociable, con lo que en esas circunstancias, las ganas de conocer gente nueva se amplió considerablemente.

Igual por eso desde el principio hice tan buenas migas con mi nuevo compañero de trabajo.

Por eso y porque siendo la mayoría de compañeros unos señores de cierta edad (algunos ya al borde de la jubilación) el que me pusieran con alguien de mi quinta facilitó mucho las cosas.

Cuando me lo presentaron me pareció un chico guapete, sin más, y me preocupé más de si era o no buen tío que de otra cosa. Con el tiempo, la relación profesional fue pasando a un segundo plano, comenzando una relación ya de compañeros y finalmente de amistad.

Nos acostumbramos entonces a salir a tomar unas cervezas fuera del trabajo, ir a ver alguna película,  tumbarnos en la playa, o a cualquier cosa que se nos ocurriese.
También conocí a amigos suyos, y al final esa sensación de desarraigo se fue mitigando.
Era un buen tío y los dos congeniamos bastante.

Sí me llamaba la atención que a pesar de ser un chaval de cierta edad (treinta y tantos entonces), no tuviese novia ni hablase de chicas. Yo tampoco hablaba demasiado de tías, más que nada porque por aquel entonces lo que tenía era novio,  y era algo que en ningún momento se me ocurrió comentar.  Ni tampoco preguntárselo a él.

Las veces que cambiaba de trabajo sí me proponía que a las primeras de cambio diría que soy gay, y ya está. Pero luego ni encontraba el momento, ni la ocasión, ni nada que justificase que yo me abriese así a las primeras de cambio. Sin embargo, tampoco después encontraba el momento ni el lugar.

En este caso sí estuve un par de veces apunto de comentárselo a él. Más que nada porque sospechaba que él también lo era. Pero como así estaban bien las cosas, y por aquel entonces yo no buscaba nada más, lo dejé pasar.

Tanto lo dejé pasar que llegó un momento en que yo finalmente pude volverme a mi ciudad, pues mi etapa en el “extranjero” había llegado a su fin.

El ultimo día, recuerdo que nos hicimos unas cervezas de despedida y me confesó que me iba a echar mucho de menos en el trabajo, tanto a nivel profesional como personal. Su despedida me tocó bastante la fibra e incluso me hizo pensar que, tal vez, mis sospechas no estuviesen mal encaminadas.

Durante los siguientes meses la verdad es que mantuvimos el contacto gracias sobre todo a las nueves tecnologías, tipo whatssap, que hacen que por lo menos cualquier despedida no sea del todo definitiva.

Pues bien, hace unos meses, ese compañero de trabajo se incorporó a un nuevo puesto de trabajo, y esta vez, lo que son las cosas, ese puesto está en mi ciudad.

En este tiempo nos hemos vuelto a ver, cada vez de forma más asidua. Hemos retomado nuestros momentos de cervezas,  nuestras frikadas,  y nos hemos dado cuenta de que aquella amistad continúa intacta. Como si el tiempo no hubiese pasado.

Él sigue soltero, igual que cuando nos conocimos, solo que esta vez yo también estoy soltero y sin compromiso.

Sin embargo, como entonces ni yo le he comentado nada a él de mi sexualidad, ni por supuesto él a mí.

Que él esté soltero no tiene porqué significar matemáticamente que sea gay, eso está claro, pero hay ciertas cosas que me hacen pensar que sí lo es (¿sexto sentido?), pero la verdad es que sigo sin tenerlo del todo claro.

Hay un dicho que es bastante esclarecedor (y bestia como él solo) que dice más o menos que “más de 30 años y soltero, maricón o putero” y bueno, mucha pinta de puteros no tenemos ninguno de los dos…

Podría arriesgarme (y que sea lo que Dios quiera), pero hay dos posibles situaciones que me tiran para atrás: que sea hetero y al meter la pata, nuestra amistad quede afectada, o que sea gay y yo no le atraiga lo más mínimo (cosa de lo más lógica por otra parte).

De momento, casi que prefiero quedarme como estoy, como amigos y con esa tensión sexual no resuelta (por mi parte) que al menos da cierta vidilla a mi (por momentos) aburrida vida.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Delitos y faltas

Delitos y faltas

Ahora que empieza a hacer calor (o caloret) por estas latitudes y la temporada de playa ya ha comenzado, me gustaría contaros algo que me pasó a finales del verano pasado.

Como sabéis, de unos años a esta parte me aficioné a ir a las playas nudistas. No ya por la supuesta libertad que se respira en esos sitios, sino más bien por el hecho de ver cuerpos al sol, y poner también el tuyo a la vista de los demás. El hecho de bañarse en bolas, he de reconocer que me encanta, así que eso también es un punto a su favor.

Sin embargo, no tenía yo el cuerpo para farolillos, así que el verano pasado fui a playas textiles, más que nada porque hacer cosas que hacía con mi ex, y lo de la playa era una de ellas, me seguía recordando demasiado a él. No fue hasta final del verano cuando me dije a mí mismo que eso no podía seguir así y que debía retomar ya esas viejas y sanas costumbres.

Así que me cogí los bártulos y me fui a una playa de una población cercana que me gustaba bastante por lo tranquila que era. Y porque tenía chiringuito y para una cerveza fresquita, siempre venía bien.

Como por aquel entonces tenía puesta la app esta de ligoteo, me puse a mirar (más por cotilleo que por otra cosa) a ver qué chulazos tenía a mi alrededor. En esos sitios de concentración gay, la verdad es que la app suele echar humo, y ese caso no iba a ser menos. Miré algunos, hablé con otros, saludé a unos cuantos…y al final nada de nada porque además estaban todos en el pueblo (no en la playa).

Sólo con uno que me llamó la atención porque el cuerpo parecía esculpido por lo mucho que se le marcaban los abdominales pude mantener cierta conversación hasta que de repente se quedó mudo (no es la primera vez que me pasa).

No le di demasiada importancia y seguí a la mía en plan relax total hasta que se me empezó a echar el tiempo encima. Esa noche había quedado para cenar y tenía aún que volver a mi ciudad, ducharme y arreglarme un poco.

Fue en el momento de recoger las cosas de la playa cuando el de los abdominales decidió retomar la conversación, diciéndome que iba hacia la playa ahora mismo, y que por dónde estaba.

Me sorprendió puesto que tampoco habíamos quedado en nada, y yo, como soy bastante cuadriculado y había decidido que me volvía, pasé un poco del tema…hasta que me crucé con alguien que iba con el móvil en la mano mirando a todos lados.

Me hizo gracia la situación  y entonces sí, me presenté y ambos nos dimos cuenta de que eramos los de la app.

El chico era algo más joven que yo y bastante guapo. Delgadito, en las fotos parecía mucho más cuadrado de lo que estaba. En realidad estaba fibrado, mucho, y por eso se le marcaban tanto los abdominales.

En el momento en que nos conocimos, ambos íbamos vestidos (él sin camiseta) y convencido de quedarme un rato más para ver hasta donde llegaba la situación, nos tumbamos en la arena sobre las toallas.

El chico la verdad es que tenía conversación. Era una mezcla entre timidez y morbo que me atrajo enseguida. La conversación pronto entró en otros derroteros y ambos nos desnudamos para estar más “cómodos”.

A mí, como la convesación, sin querer, había subido de tono, se me estaba ya poniendo la polla morcillona y al ver al chaval a mi lado como dios lo trajo al mundo y ver que la naturaleza con él había sido generosa, todavía me puse más.

A los pocos minutos, ya estábamos comiéndonos la boca. Y un poco después el encima de mí para notar como mi polla le rebotaba en las nalgas.

He de decir que estábamos a la vista de todos y aunque cortados, como que no podíamos parar de ponernos burros los dos, calientes como estábamos.

Había buen rollo y eso la verdad es que se notaba. Tan buen rollo había que, no sé muy bien porqué (bueno, sí, por algo que pasa siempre, que doy confianza enseguida) el chaval vio necesario contarme que acababa de salir de la cárcel…

A mí esa revelación, la verdad es que me cortó totalmente el rollo. Que alguien que no conoces de nada, te suelte algo así, en serio que acojona.

El chaval, al notar mi reacción (se me bajó la polla enseguida) se disculpó, diciéndome que si me lo estaba contando no era para asustarme, sino porque le había dado tan buena impresión que necesitaba contármelo.

Me dijo que le habían detenido la policía, porque por lo visto, pesaba sobre él una orden de busca y captura. Que le habían metido en un lío de estafa y fraude, con una banda organizada. Que se ve que habían cogido sus datos sin saber y que le habían encalomado algo que no había hecho. Un testaferro de toda la vida, aunque él se declaraba inocente, claro.

Yo la verdad es que ni creí que fuese inocente del todo, ni pensé que el chaval que tenía a mi lado me fuese a dar miedo. Así que me volví a relajar, aunque he de decir que no tanto como al prinicpio.

Fuimos entonces a bañarnos, ya que entre el sol, y el sofocón que me había dado con su revelación, tenía demasiado calor.

En el agua, retomada la confianza, pasó tres cuartos de lo mismo. Nos comimos las bocas cono si no hubiese un mañana y haciendo el caballito, nuestros rabos volvieron a ponerse como lanzas.

En ese momento, ni corto ni perezoso, el tio se salió del agua, y yo con él, con lo que si nos llegamos a cruzar con alguien, hubiésemos dado un buen espectáculo, empalmados como íbamos por la arena.

En la playa aquello fue a más de nuevo. Encima el tio me contaba historias de la cárcel, de las duchas, de maromos que había visto, y a mí, encima todavía me empezó a dar más morbo la situación.

A él también, claro, y en un momento dado me propuso que nos fuéramos a la parte de atrás, donde las dunas,  a comérnoslas un rato.  Y eso hicimos. Fue unos minutos nada más, en los que él se agachó y empezó a tragar, hasta que no sé de dónde, comenzó a venir gente hacia nosotros. Eso ya nos dio un poco más de corte (sobre todo a él) y decidimos que era mejor dejarlo.

Para colmo nos dimos cuenta de que a los dos se nos había hecho demasiado tarde. Yo tenía que irme que aún me quedaba un buen tramo hasta llegar a casa y él también tenía que irse puesto que había quedado con su abogado para resolver algunos asuntos pendientes.

Nos intercambiamos los teléfonos y aún estuvimos hablando un poco más hasta que llegamos al lugar de nuestra despedida, ya en el pueblo.

Antes de irse, me dijo que le había gustado lo buen tío que parecía, y que le había dado mucha confianza. Que no era el tipo de gente con la que se solía relacionar, y que igual la cárcel le ayudaba a reformarse un poco.  Dicho esto, se aupó y me dio un pico en la boca, en un gesto bastante tierno y a la vista de todo el mundo.

Cuando llegué a casa, aparte de la paja porque me iban a reventar los huevos por la tarde que había pasado, se me ocurrió hacer una búsqueda rápida en Internet, y sí, todo lo que me había contado era verdad. Había varias páginas de periódicos contando lo sucedido y las iniciales coincidían con el chaval.

Cómo acabaría, no lo sé. He estado tentado de llamarle o escribirle en todo este tiempo, pero a día de hoy ni una cosa ni la otra. Espero, eso sí, que no  se haya metido de nuevo en líos y que como dijo, su paso por la cárcel le haya servido al menos para algo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Intocable

Intocable

Para intentar contrarrestar un poco lo deprimente que resultó mi post anterior, quería hablaros hoy un poco desde la esperanza.

Y es que no todo en la búsqueda de nuevas relaciones ha resultado tan triste.

Hace unos meses, en Skype, me apareció un contacto al que no recordaba de nada.

Si lo tenía agregado es porque en algún momento del pasado, él y yo habíamos hablado, claro, pero ninguno de los dos recordábamos ni el dónde ni el cuándo. Eso no pareció un impedimento para empezar una conversación, y de hecho al poco, ambos nos dimos cuenta de que nuestras charlas comenzaron a ser bastante fluidas. Y eso a pesar de que los dos éramos bastante diferentes

Él, heterosexual y viviendo con su novia. Yo, gay, y soltero, viviendo solo. Fue, de hecho por esa sensación de soledad cuando casi sin darme cuenta fui abriéndome a él poco a poco. También él, aunque reacio en un principio, fue cogiendo confianza conmigo, iniciando ambos, casi sin darnos cuenta, una curiosa amistad.

Tanto nos fuimos abriendo que al poco ya nos empezamos a confesar nuestros morbos sexuales. Así, resultó que él, a pesar de su heterosexualidad, tenía un morbo desde hacía años y era ver a dos tíos montándoselo entre ellos. Pero no en una película (de hecho, no le gustan las porno), sino en directo, ejerciendo él más bien de director de la escena erótico-festiva. Yo sobre eso le comenté que estando yo sin pareja lo veía difícil, cuando además tampoco estaba pasando por una etapa demasiado activa sexualmente.

Entonces ya me dijo que bueno… que si no era con dos tíos entre sí, con uno sólo le valía, y que ya cumpliría la otra fantasía cuando pudiese

Fue a partir de esa conversación cuando empezamos a poner la cam por Skype, aunque no enfocando la cara precisamente…

Así nuestras charlas, aunque seguíamos hablando de todo, comenzaron a acabar con un desahogo monumental entre nosotros. Hablando en plata, que acababan en paja.

El siguiente paso, claro, ya fue intentar quedar en persona.

Comenzamos poco a poco a tratar ese tema, y aunque no poníamos aún fecha y hora, sí empezamos a pensar en cómo podría ser nuestra primera cita. De todo lo que comentamos, una cosa sí me dejó clara y es que, muy a mi pesar, no habría entre nosotros ningún contacto físico.

A mí al principio eso me dejó algo frío, pero claro, quedar con alguien heterosexual, (morboso, pero heterosexual) tenía sus limitaciones, y como antes que nada lo que yo quería era conocerle en persona, acepté.

A mí traer a gente desconocida a mi casa no es algo que me haya gustado nunca (si seguís mi blog, es algo de lo que he hablado alguna vez que otra). Ir a la suya, estaba descartado desde el primer momento, así que había que pensar en quedar en un territorio neutral: un sitio público. Un bar (eso sí, cercano a mi casa, por lo que pudiese pasar).

Cuando le vi acercarse, la verdad es que me sorprendió. Era una persona a la que no había visto ni en foto pero me pareció bastante majo. Guapete incluso. Y el saber que era heterosexual, me daba un morbo tremendo, para qué engañarnos.

La charla resultó incluso mejor de lo que me esperaba. El tío además es que me caía superbién, y yo a él también, eso se notaba. Tanto que como no me cansaba de repetirle, aunque nos hubiésemos conocido en otras circunstancias, hubiésemos acabando siendo igualmente colegas.

Fue al acabar la cita en el bar cuando le dije si quería subir a mi casa. A él se le notaba nervioso por el tema, y yo tampoco quería presionarle demasiado, pero finalmente aceptó mi invitación (tampoco se resistió mucho).

Llegamos a casa y casi sin hablar, nos bajamos los pantalones. Él me dijo varias veces cómo ponerme y aunque yo hice un amago de acercarme a él, su cara de agobio me hizo desistir del intento.  A pesar de la situación tan extraña, la verdad es que morbo sí me dio, y ambos acabamos pajeándonos con una distancia prudencial entre nosotros.

Fue tras ese instante, cuando la sangre acumulada volvió a subir a su cerebro, cuando le entró un bajón tremendo y casi sin decir palabra, salió como un rayo de mi casa.

Sin embargo, esa noche volvió a conectarse, y aunque avergonzado por haberse largado sín más, me pidió que entendiese su situación. Y es que no tiene que ser fácil tener un morbo que no puedes saciar, evidentemente, con la persona con la que compartes tu vida.

Pensé que tras esa quedada, igual nuestra relación se enfriaría, y que la amistad que teníamos ya, se podría ir a la porra, pero nada más lejos de la realidad.

Poco tiempo después, volvimos a quedar.

Esta vez habíamos propuestos cosas, juegos que podríamos practicar, eso sí manteniendo el pacto de cero contacto físico entre nosotros.

Hablamos de disfrutar con consoladores, usar una regla como fusta sexual, sumisión…

Pero una cosa es la fantasía y otra la realidad, así que llegado el momento, y aunque dimos un paso más que en nuestra quedada anterior, todo fue mucho más light que lo esperado salvo por un momento crucial: me dejó tocarle por encima de los calzoncillos para disfrutar del empalme que ya se adivinaba.

El final fue el mismo: corrida, agobio y adiós.

Esa misma noche, por Skype, incluso me comentó que no podía volver a pasar algo así, pues comenzaba a tener miedo de sí mismo y de no poder poner el freno en una tercera ocasión.

Yo le dije que no se preocupara, que le entendía, y que para mí tampoco era fácil esa situación, pues estaba en una época en mi vida en la que echaba más de menos un buen abrazo, o desayunar acompañado, a otra cosa, y que eso, él, evidentemente, no me lo podía proporcionar.

Por eso me sorprendió que al día siguiente, por la mañana, llamasen a mi puerta.

Y más me sorprendió abrir y encontrarme con él, que entró, me dio un abrazo como hacía tiempo que no me lo daba nadie, y me dijo que venía a desayunar conmigo.

Que si eso podía ayudarme, saltarse sus reglas estaba justificado. Y lo más importante, que para eso estaban los amigos.

Se que es hetero, se que está emparejado y no va a pasar nada más que una amistad entre nosotros (espero que duradera). Pero estoy en un momento en la vida en que esos pequeños momentos, esos pequeños detalles, son con los que más disfruto. Y como le dije a él el otro día, conocerle es una de las cosas más bonitas que me han pasado últimamente.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com