Sobreviviré

Sobreviviré

Cuando retomé el contacto con mi amiga Raquel, ella ya llevaba años saliendo por el ambiente.

Guillermo y ella se conocieron en el primer trabajo que tuvieron ambos y desde entonces se hicieron inseparables. Fue a raíz de ese momento cuando ella conoció el mundillo gay y empezó a acompañarlo a él por el ambiente, primero por curiosidad, y luego ya porque disfrutaba en todo ese entorno.

Cuando Guillermo conoció a César y se hicieron novios, el grupo fue abriéndose e incorporando a gente que entraba y salía del mismo. Fue tiempo después cuando yo me incorporé a ese grupo.

Sin embargo, a diferencia de ellos, yo seguía saliendo de fiesta también con mis amigos heteros, por lo que mi vida social no giraba únicamente alrededor del ambiente. Raquel, en cambio, ya era para entonces una mariliendre a tiempo completo. Por eso me sorprendía tanto cuando, a veces, cuando estaba de bajón, decía que estaba harta de estar sola.

Pero ¿como iba  a conseguir novio saliendo siempre por el ambiente?

Esos días de bajón, Raquel me hablaba de noches en las que había salido con Guillermo y compañía y al final ella terminaba en la barra, en plan alcohólica, mientras todos los tíos se enrollaban unos con otros. Al final se volvía sola a su casa y muchas veces, llorando.

Ella, de todos modos,me decía que a veces había ligado por allí, que no todo el mundo era gay, pero yo, que por entonces tenía una mente bastante cuadriculada, decía que si iban por el ambiente, eran gay, no había otra, y es que no me cabía otra posibilidad.

Por eso me sorprendió tanto el día que ligó ante mis propios ojos en la discoteca a la que solíamos ir.

Julián era un chico algo mayor que nosotros por aquella época, y que justamente esa noche habían sacado de casa a la fuerza una pareja de amigos suyos gays. Era hetero, llevaba divorciado seis meses y sus amigos habían decidido que ya era hora de que saliera a conocer gente (y lo llevaban a un sitio de ambiente…)

Guillermo conocía de vista a uno de la pareja y fue a raíz de ahí cuando Raquel y Julián se conocieron, y parecieron gustarse. Tanto, que al poco empezaron una relación.

A mí de primeras el chico me parecía majo, pero me hacía sospechar de él el lugar donde se habían conocido. Por lo visto, él se consideraba gay friendly, pero a mí me hacia pensar si realmente no sería gay a secas.

Recuerdo que estas cosas las hablé con Guillermo en su momento y el me decía que “Julián realmente era gay, pero que él mismo todavía no lo sabía”, y era una frase que, aunque me hacía mucha gracia, me sabía mal por mi amiga Raquel.

Sin embargo, a pesar de las sospechas, su relación parecía ir muy bien. Incluso me llegaron a dar ciertos celos, porque Julián había conseguido apartarla a ella un poco de nosotros, lo que hacía que nos sintiéramos en cierta forma huérfanos. Si antes cualquier problema, sólo hacía falta descolgar el teléfono para hablar con ella, ahora, teniendo ella novio, la cosa cambiaba.

De ahí que las dudas que he comentado que teníamos sobre Julián, hicieran plantearme si nacían de un pensamiento racional o de esa parte de nosotros que deseaba que Raquel volviese a ser la mariliendre de manual que siempre estaba a nuestro lado.

Pronto la relación entre ellos empezó a fallar. Y es que por lo visto, aunque desde fuera todo parecía ir viento en popa, de puertas para adentro la situación no era la misma.

Y es que no había sexo entre ellos.

Llevaban ya casi tres meses de relación y parecía que la relación no había sido aún “consumada”. Por lo que Raquel contaba, por culpa de Julián que le ponía mil excusas para no hacerlo. Al principio, porque tenía muy reciente lo de su ex (hombre, habían pasado ya seis meses, pero bueno). Luego porque no quería ir tan rápido en la relación (si hubiese sido alguien muy religioso podía colar, pero no era el caso). Otro día porque había bebido mucho (yo bebía más que él, pero supongo que a cada uno le afecta de una forma), hasta llegar al temido y muy conocido “hoy no, que me duele la cabeza”.

Así que imaginad cómo podría estar Raquel, que llevaba media vida sin novio y que ahora en esos tres meses, seguía sin comerse una polla rosca. Según ella tenía el dedo índice desecho y es que, aunque lo había intentado todo, no había forma de calentar a ese hombre de ninguna forma.

Claro, cuando oímos eso, Guillermo y yo nos miramos con cara de “ya lo decía yo”, pero tampoco quisimos echar más leña al fuego, e intentamos animarla diciendo que mejor era que lo hablase con él, tranquilamente, para ver hacía dónde quería que fuese esa relación, porque con el calentón que llevaba, ella no iba a poder seguir así mucho tiempo.

Así que al final lo hablaron y pudo confirmar lo que los demás ya sospechábamos, y era que se había dado cuenta “gracias a ella” (que hay que ser cruel para decir algo así), que igual no era tan hetero como pensaba, y que tal vez su relación con su pareja no había funcionado tampoco por el mismo motivo.

Por supuesto cortaron en ese mismo momento y Raquel se hundió en la miseria. Sobre todo por algo que ya me dijo al poco de salir yo con ella del armario, y es que estaba harta de atraer siempre a gays.

Cayó en una minidepresión durante un tiempo, pero al salir, ella volvió otra vez a sus salidas por el ambiente y a seguir como si nada de aquello hubiese pasado.

Yo me ofrecí a salir con ella de vez en cuando por sitios de no ambiente, pero ella se negaba diciendo que quien la conociese, tendría que quererla como ella era y que esas salidas formaban ya parte de su vida.

Por supuesto, por si os cabe alguna duda, Raquel a día de hoy sigue soltera, y aunque de normal es superfeliz, sigue teniendo los bajones que tiene cíclicamente maldiciendose por su mala suerte por no tener pareja.

Egoístamente, los demás seguimos teniendo a una amiga para toda la vida.

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La duda

La duda

El pasado fin de semana, quedé con un amigo al que conozco de toda la vida y del que siempre he tenido dudas. Dudas sexuales, para ser más exactos.

El ahora es un perfecto padre de familia, con mujer y con dos hijos, pero aún así, digamos que mis sospechas sobre él siguen intactas como el primer día.

Nos conocemos desde el colegio y nunca le vi interesado en ninguna chica. Es más, le veía más interesado en los tíos que incluso yo mismo. Además, tengo bastantes recuerdos de él, cuando estábamos en los vestuarios, mirando a los demás chicos cómo se desnudaban, del mismo modo que lo hacía yo en aquélla época.

Tras dejar la escuela, perdimos el contacto entre nosotros durante bastante tiempo hasta que por circunstancias de la vida años después, finalizando la carrera, nos reencontramos. Y él, al igual que yo, seguía sin novia.

Y así estuvo durante muchos años hasta que un día, de buenas a primeras, apareció con una chica que le habían presentado unos amigos de sus padres. Fue más o menos en la época en la que yo también pensaba que tenía que buscarme una chica por disimular,  para no dar de qué hablar, por lo que pensé que lo suyo no iba a cuajar de ningún modo, porque yo ya estaba bastante convencido de que él era de mi gremio.

A los pocos meses se casaron en un bodorrio por todo lo alto, así que para esas alturas ya supuse que me había equivocado.

Sin embargo, en la boda también me sorprendió que del grupo de sus amigos, sólo uno tuviera novia, y que los demás, como yo, fuéramos solterones, por lo que las dudas me volvieron a la cabeza.

De hecho fue allí donde conocí a su mejor amigo, un chaval moreno y bien plantado, que también fue sin pareja. Lo curioso es que si hablando con él ese día ya me dio que pensar (fue una sensación en general) tiempo después ya aclaré mis dudas cuando me lo encontré comiéndose la boca con otro en la discoteca de ambiente a la que solía ir. Aún así, que mi amigo tuviera a su vez un buen amigo gay, tampoco demostraba nada por sí solo, aunque era un suma y sigue que seguía dándome que pensar.

Además, cuando se me ocurrió aquella idea de unir mis grupos de amigos gays, con los heteros, aunque resultó una mierda finalmente, mis amigos Guillermo, Raquel y compañía, que para estas cosas son bastante marujones, tampoco tuvieron dudas de que mi amigo era gay, a pesar de estar casado.

Y este fin de semana tuve otra ocasión para seguir con mis dudas, y es que cuando después de cenar salimos un rato, se encontró con un chaval que a mí me sonaba de alguna página de estas de contactos de tíos (ya os he comentado alguna vez que soy buen fisonomista) y aunque mi amigo le saludó, un poco apartado de su mujer y los críos, estaba claro que estaba agobiado por la situación. Luego, cuando le preguntó su mujer, aclaró que lo conocía de un curso (excusa que yo mismo he usado alguna vez para no decir de qué conocía a alguien) e intentó cambiar de tema, visiblemente incómodo.

Pero este no es el único caso de amigos de los que tengo mis dudas.

No hace mucho, un excompañero de trabajo con el que coincidí durante 8 años, y con el que siempre me he llevado muy bien, me ha comentado que se ha echado novia y que si todo va bien el año que viene se casa, y estaré invitado (con lo que disfruto yo en esos saraos…).

En este caso en concreto me llamó la atención una cosa. Y es que nada más presentarse en el curro, a la mínima contaba a quien quisiera escuchar que había tenido novia durante muchos años y que hacia poco que había cortado la relación. Y a mí cuando alguien sin venir a cuento te explica algo así, me acuerdo de un dicho que es: “excusa no pedida, acusación manifiesta”.

Encima el chaval siempre ha estado muy bueno (anda que no me quedaba yo veces mirándole el paquete y culete que marcaba en el trabajo), y que un tío así ni tuviese novia ni alardease de conquistas…raro, raro, raro.

Además, recuerdo una vez, mirando su Facebook, al principio, cuando todo el mundo se lo abría al menos para cotillear a los demás (sí, yo era de esos), pues daba que pensar porque la mayoría de sus colegas eran bastante gays.

Y ahora, de repente, ¿se echa novia? ¿cuando estás cerca de los 40 tacos? a ver, que puede ser, no te digo yo que no, pero no sé, en el curro él siempre fue mi sospechoso número uno.

Además, cuando nos enteramos hace poco que otro del curro que lo tenía bastante callado se había casado con un hombre, los demás compañeros se sorprendieron bastante, menos él y yo, que no nos sorprendimos tanto…¿casualidad? ¿radar gay?

El tema es que estos dos amigos de los que os hablo, si los analizo bien,  tienen algo en común, y en concreto es que son de familias bastante conservadoras, es decir, lo que son católicas, apostólicas y romanas.

Que yo no lo critico ni nada, pero que a estas alturas aún haya gente que por contentar a sus familias, por muy tradicionales que sean, se casen y tengan hijos (sean estos casos o no), pues me choca bastante.

Tampoco digo yo que salgan del armario si no quieren (yo ya sabéis que lo estoy, pero a medias) pero tener a estas alturas de la vida, un matrimonio en plan  tapadera, yo ya no lo veo.

De todos modos, ya os digo que simplemente con estos dos colegas, sólo son dudas. Razonables o no, eso no se puede saber si no pregunto (y no es mi intención). Tal vez sean simplemente bisexuales, o igual heteros curiosos, o igual…sean pensamientos míos que no llevan a ninguna parte.

¿Vosotr@s que opináis?

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Divergente

Divergente

Este fin de semana pasado he vuelto a revivir esa sensación que he tenido desde siempre de estar a medio camino entre el mundo hetero y el mundo gay.

El sábado quedé con mis amigos heteros de toda la vida. La mayoría, casados y con hijos ya. Una amiga y yo somos los únicos solteros. Yo estoy convencido de que ella es lesbiana y lo pienso, entre otros motivos, porque siempre hemos tenido esa relación de amor-odio tan característica.

El resto de amigos estoy convencido de que saben nuestras inclinaciones sexuales pero siempre ha sido un tema del que no se ha hablado nunca. Tema tabú, por así decirlo. Bueno, sí se ha hablado, pero por su parte, y con las típicas frases estereotipadas de hace mil años relativas al mundo homosexual. Aún existe gente así, sí. Y son tanto hombres, como mujeres.

Recuerdo no hace mucho que una amiga del grupo dijo que una conocida suya hacía poco que había dicho que era lesbiana, y que aunque lo habían asumido todas muy bien, porque no se lo esperaban, cuando empezó a traer a su novia, se sentían “incómodas” y que finalmente habían perdido el contacto con ella. Sobran los comentarios.

O algunos amigos, con los típicas gracias de cuidado en los vestuarios, que si hay maricas hay que ir con el culo pegado a la pared y todas esas gracias muy típicas de… ¿principios del siglo XX? ¿del XIX?

Frases que siempre me han hecho ver que si quería mantener la amistad, mejor no sacar determinados temas con ellos.

Algunos pensaréis que con amigos así, mejor no tener enemigos, y de verdad que hay muchos días que lo pienso. Muchos. Pero por otro lado, intento quitar hierro al asunto, intentando pensar que es como tener amigos con otras ideas políticas, o religiosas, o de fútbol, que si ya sabes cómo son, pues hay cosas de las que es mejor no hablar. (O igual simplemente me intento autoconvencer porque no quiero tirar más de 20 años de amistad por la borda).

Yo hace mucho que dejé de reirles las gracias y de seguirles el rollo. Incluso digamos que me sale la vena reivindicativa (sin ser yo nada de eso) cuando se tocan temas gays. Pienso que provocan en mí, que sea más gay de lo que ya soy (no sé si me explico).

Tal vez si lo dijese, todo cambiaría. Al menos estoy seguro de que se cortarían con ciertos comentarios. Pero nunca he encontrado el momento, la oportunidad, la fuerza suficiente para hablar de estos temas con ellos. Y a estas alturas de mi vida, no creo que lo vaya a hacer nunca.

Por otro lado, el domingo quedé con mis amigos gays, y ahí me pasa tres cuartos de lo mismo.

A ver, igual ahora ya no tanto, porque con la edad lo relativizas todo y estamos todos como más asentados, pero yo recuerdo cuando salíamos más en la época del ambiente, que yo me sentía totalmente diferente a ellos.

Ni me he sentido identificado nunca con la “música gay”, ni he visto demasiadas series ni películas de “temática”, ni he hablado nunca en femenino (ni por hacer la gracia). Tampoco he tenido gusto a la hora de elegir la ropa, de hecho tengo gusto cero en temas de estética.  Y no me funciona el radar gay, nunca lo ha hecho.

Sé que suenan a estereotipos maris de toda la vida, y sé que ya no es todo el mundo así (por suerte), pero la mayoría de los que he conocido en este mundillo, sí. Y me ha repateado siempre la superficialidad por el ambiente, que siempre ha sido total. Y el acabar hablando de pollas, culos, activos y pasivos, sobre todo cuando se reunía un grupo ya bastante grande de gays. Por no decir del tema de darse dos besos cuando conocías a otros (cuando yo sólo he dado dos besos a mis amigas o a mi familia, de toda la vida), y no hablemos ya de los piquitos en la boca…

Son cosas que me hacían sentir más hetero de lo que realmente era.

Este domingo por ejemplo, se pusieron a hablar del tema del matrimonio gay, adopción de hijos y todo eso, y me parece muy bien, cada uno que haga lo que quiera, pero no va conmigo, no es una aspiración que personalmente haya tenido nunca. Y claro, cómo puedes decir algo así. Enseguida miradas de desconfianza, de rechazo, como en plan “es que él no es de los nuestros”, “nunca lo ha sido”, “es que aún está armarizado”. Porque sí, esa es otra, aún lo estoy. En determinados ámbitos de mi vida o con determinada gente (parte de mi familia, parte de mis amigos) nunca he tenido ni las ganas, ni el coraje para confesarlo.

También es porque nunca me ha gustado hablar de mi vida privada. Nunca me he sentido cómodo ni con esos temas ni con ningunos relativos a mi intimidad…hasta que empecé a escribir este blog.

(Es una contradicción en sí misma, lo sé, y tal vez por eso muchas veces me sirve como válvula de escape).

Tal vez diréis, que igual el truco habría sido unir esos dos grupos de amigos, para tal vez unir así las dos partes de mí mismo. Normalizarlo todo. Y lo hice. Bueno, al menos durante un tiempo lo intenté.

No sé si os acordáis, que a María, aunque retomé el contacto en la facultad, la conocía del colegio, igual que a Raquel. Pues bien, como de mi clase seguía teniendo contacto con más gente (y a día de hoy la mantengo), hubo una época en la que intenté varias veces juntar esos grupos y la experiencia resultó desastrosa.

A espaldas de unos, se criticaban los otros, y no había nada que les hiciese tener buena relación entre ellos. Y es que el único vínculo que los unía era yo, y porque yo he tenido siempre como varias capas en mí mismo. Soy como un batiburrillo de varias personas.

Friki, pero normal. Gay con ramalazos heteros. Muy formal en la calle, pero un vicioso en la cama. Divertido por fuera, pero con nubarrones por dentro.

Y todo eso me ha hecho sentir muchas veces como alguien solitario, aunque estuviese rodeado de amigos, como una persona diferente, raruna, extraña.

En una palabra, y como dice el tíulo, Divergente.

(Sí, hoy me he levantado con el pie izquierdo…)

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Mientras dormías

Mientras dormías

Una vez acabados los años en la Universidad, empecé a buscar trabajo, esperando tener alguna posibilidad de currar de lo mío. En aquella época me daba un poco igual dónde me saliese la oportunidad, así que no sólo lo intenté por mi ciudad, sino que también por el resto de España.

De hecho, pensé que estando alejando de mi ciudad y familia, incluso podía estar mas libre en el tema gay, sin preocuparme por el qué dirán (que aún me seguía preocupando).

En una de estas, me salió una entrevista de trabajo en Sevilla (acordaros que yo soy de Valencia) y allí que estaba dispuesto a irme.

Como la entrevista sería un sábado por la mañana, y no me apetecía pegarme la paliza del desplazamiento directo, pensé en dormir allí un viernes, para así estar más despejado.

Se lo comenté a un buen amigo (hetero) que había vivido durante un tiempo en esa ciudad para que me aconsejase sitios para ir, y me comentó que se venía conmigo, que hacía mucho tiempo que no iba por la zona y que así se me haría el viaje menos pesado.

Pillamos por Internet un hotel bastante apañado, reservamos para dos noches,  y allí que nos largamos a pasar el fin de semana.

La idea era llegar un viernes noche, la entrevista sería el sábado por la mañana, y luego tendríamos el resto del sábado y la mañana del domingo de ocio. Que salía bien lo del trabajo, genial, que no, pues me habría servido como excusa para conocer Sevilla.

Por retrasos del tren, llegamos más tarde de lo que pensábamos, así que nada más llegar al hotel, dejamos las cosas, cenamos algo rápido y nos fuimos a acostar (yo al día siguiente madrugaba).

Nada más llegar a la habitación notamos que hacía demasiado calor ahí dentro. Estaba la calefacción puesta a tope y no hubo forma humana de apagarla, así que íbamos a dormir calentitos (aunque yo no imaginaba cuánto).

Las camas eran dos, grandes, pero juntas, con las mesillas de noche a cada extremo, con lo que no había forma de separarlas.

Como hacía calor, la verdad es que para dormir, nos acostamos en calzoncillos porque era lo más cómodo, y aunque habían mantas en las camas, las tuvimos que quitar del calor que hacía. Nos  estábamos ahogando. Tanto, que tuvimos que abrir las ventanas un poco y aunque entraba bastante claridad, al menos entraba algo de fresco de la calle.

Pues bien, estando así, oigo a mi amigo todo el rato quejándose del calor hasta que dice que no puede más y que va a dormir desnudo. Y dicho y hecho, cogió los gayumbos y la camiseta, y al suelo con todo.

Yo esto lo oí, estando de espaldas a él, y en ese momento no sabía si hacerme el tonto y girarme como si no supiese nada, o esperar un tiempo prudencial a que él se quedase dormido.

He de deciros que a mi amigo, nunca lo había visto en bolas, y esa noche lo iba a tener durmiendo a mi lado totalmente desnudo (y recordad que tenía que estar algo descansado para la mañana siguiente).

En el momento en que oí que mi amigo se puso a roncar, me giré con mucho cuidado para no hacer ruido y fue cuando empezó el espectáculo.

Creo que esa noche, de medía, debí dormí una o dos horas, no más, por el morbo que me dio la situación. Estuve todo el rato mirándole la polla. Cómo le palpitaba, cómo se le empalmaba a cada rato, cómo se le movía a izquierda o a derecha, o cómo le reposaba sobre el pubis… Cuando no, se daba la vuelta y se colocaba de forma que dejaba todo el culete abierto a mi disposición, sin que yo pudiera quitarle el ojo de encima.

Hubo un momento en que recuerdo que me incorporé cuando él tenía la polla ya totalmente tiesa, porque quería verle bien, de arriba abajo.

En esa posición, desnudo y con el arma lista era un auténtico morbazo.

Durante mucho rato estuve incluso tentado de hacer algo, pero era un colega, hetero, no sabía nada de lo mío,  y no era plan jugarse la amistad por algo así. Lo único a que me atreví fue a taparle con la sábana durante unos momentos, y así con el roce tocarle un poco los huevos y la polla.

El culo, una vez que se puso demasiado hacia a mí se lo sobé bien sobado empujándole para que se pusiese en su cama, pero poco más.

Llegó un momento, en que no podía seguir en ese estado, tenía que coger el sueño de alguna forma, así que aprovechando que él tenía girada la cara hacia el otro costado, me la saqué y empecé a cascármela mirando su cuerpo a mi lado. Creo que no tardé ni dos segundos en correrme, de lo que tenía ahí acumulado de toda la noche. Me fui al baño a limpiarme y al volver aún tuve que contenerme de seguir mirándole porque ya era demasiado tarde y el cansancio ya iba haciendo mella.

A la mañana siguiente, casi sin dormir, hice la entrevista de trabajo que por cierto me salió de pena, aunque no creo que tuviese nada que ver la noche que había pasado, sino porque no creo que fuese el perfil que buscaban.

El resto del fin de semana fue bastante entretenido, aunque la siguiente noche que pasamos en el hotel la calefacción ya estaba arreglada y mi colega no se desnudó completamente para dormir, quedándose sólo en calzoncillos (aun así el paquete abultado con la polla superempalmada se lo vi igualmente).

Muchas veces pensé que con lo dormido que estaba, igual pude hacer algo más con mi amigo (de buen rollo), pero viendo una noticia que salió en prensa hace unos años, se me quitaron las ganas.

Y es que según explicaban, estando unos amigos durmiendo tras haberse emborrachado juntos, “…,el acusado, según el fiscal con el ánimo de satisfacer sus deseos sexuales y aprovechándose de que el chico estaba sumido en un sueño profundo, lo desnudó de cintura para abajo y comenzó a hacerle una felación. Cuando esta persona llegó a introducirse el pene de su amigo en la boca éste se despertó sobresaltado, le manifestó su disgusto y le dijo que era heterosexual. Además se vistió y se marchó. La Fiscalía señala que, a consecuencia de este incidente, este amigo ha padecido un cuadro ansioso por el que ha sido tratado psicológicamente durante cuatro meses”.

Y encima pedían por el chaval 2 años y 3.600 euros por los daños y secuelas causadas.

Al final no sé si lo condenaron al chico o no, pero vamos, tampoco veo yo que una mamada te pueda producir secuelas y daños psicológicos, pero bueno, lo que os decía, que visto lo visto menos mal que no hice nada.

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Noche de fin de año

Noche de fin de año

Si ya de por sí las Navidades son unas fiestas “curiosas” en las que todo el mundo parece que tiene que ser feliz porque lo dice el calendario, cuando llegamos a Nochevieja todavía es peor.

Esa noche parece que tenga que ser la del mayor desfase del año. En la que, por obligación, debas disfrutar de lo lindo, pegándote un fiestón antológico. Que si un sábado no te apetece salir, no pasa nada, pero si en Nochevieja no sales, es que eres un bicho raro.

Encima esa noche va como por edades o épocas. Está la de cuando tienes 18/20 años en la que se llevaba eso de ir de etiqueta a una macrodiscoteca con todo incluido. Y luego pasamos a otra, más mayores en la que se llevaba el escaparse a cualquier sitio lo más lejano que te puedas echar a la cara para pasar sólo esa noche. Tú te vas a Lugo? Yo a París! Qué digo París, a Nueva York!

Porque esa es otra, recuerdo la competición cuando éramos mas jovencitos, contando quién se había acostado más tarde. ¿A vosotros no os pasaba? Si uno decía que esa noche se había acostado a las 6 de la mañana, otro decía que había llegado a su casa a las 10, pero aún otro decía que hasta la hora de comer no había vuelto.

Yo como siempre he sido bastante contracorrriente, ni pasé por la época de vestirse de etiqueta, ni pasé por lo de irme a cualquier sitio lo más lejano posible.

Lo que sí es verdad es que la mayoría de Nocheviejas han sido bastante extrañas. Recuerdo una en que en el pub en el que estábamos hicieron una redada de la policía que fue lo más animado de la noche. Otra, que la acabamos en el hospital por un accidente (nada grave) de un amigo. Y otra, en el que la madre (recién divorciada) de una amiga apareció a mitad de noche algo bebida, se acopló a nosotros y empezó a refregarse con todos los tíos que pillaba, para vergüenza de su propia hija.

Y es que con la manía esa de que nadie se puede quedar sin plan esa noche, sí que en Nochevieja recuerdo siempre haber quedado con amigos, pero también con gente que no conoces de nada y que sólo vas  a conocer esa noche. Son los que se quedan descolgados y se acoplan a una cena ajena.

A mí nunca me ha gustado eso de juntar varios grupos de amigos, porque luego nunca sabes cómo se pueden llevar entre ellos, pero claro, como esa noche vale todo, pues no queda otra.

Encima yo, como de buenas a primeras soy algo tímido, pues esa noche, me da por beber como una esponja para así soltarme un poco, y muchas veces me he soltado demasiado.

Una de esas fue en casa de mi amiga María, la de la facultad, que por cierto seguía sin saber que a mí me gustaban los tíos…

En esa cena, estábamos María y su novio (un impresentable chuloputas al que sólo ella aguantaba), Raquel (la mariliendre), Guillermo y César (aunque éste se fue antes de las uvas, de lo cual me alegré). Aparte, también estaba una pareja de amigos (heteros) de María, que el resto no conocíamos de nada, y un chaval que parecía mudo porque que yo recuerde no abrió casi la boca en toda la noche.

De lo que es la cena en sí, recuerdo que todos mezclamos un montón de bebidas distintas, porque cada uno había traído una botella y por no hacer un feo nos las bebimos todas, así que al acabar de cenar ya íbamos todos bastante contentos…

Después de las uvas salimos a la calle para irnos de fiesta y en el primer pub que fuimos ya empezamos con las copas, el garrafón y demás, y ahí ya entré en la fase en la que tengo vagos recuerdos, solo como flashes, situaciones sueltas, a cual más extraña.

Así por ejemplo, lo siguiente que recuerdo es intentando entrar en un sitio de ambiente adonde nos quería llevar Guillermo, para cabreo del novio chulo de María que decía que a sitios de “maricones” no entraba, diciendo además que él era el único del grupo.

Yo en ese momento entré en fase defensa del colectivo y dije que él no era el único, que yo también era gay (así delante de todos, incluso gente que no conocía, y a grito pelado).

Me acuerdo que María dijo que no me creía, que yo estaba de coña, pero cuando le dije que no, se quedó como catatónica y sin saber muy bien porqué se puso a llorar, directamente, mientras su novio decía que ya habían dos “maricones” en el grupo, que qué asco de gente, que si nos dábamos por el culo, y burradas así…

Como todo esto fue a las puerta de una discoteca gay, lo de insultar así gratuitamente digamos que no sentó demasiado bien a la gente que estaba en la entrada, así que salieron dos tíos y empezaron a encararse con el novio de María, mientras a esta no se le pasaba el berrinche.

A partir de ahí, ya tengo lapsus en mi memoria, porque lo siguiente fue ver al impresentable del novio en el suelo mientras se pegaba con otro.

Luego cuando se calmó la cosa él novio dijo que se iba a su casa que ya le habían dado la noche, o algo así, porque la cosa es que ya no tengo recuerdos de él del resto de noche. María seguía llorando.

Guillermo luego también desapareció no sé muy bien adonde se iría.

Aparte, recuerdo que el chico de la pareja hetero amigos de María no paraba de preguntarme que desde cuando era yo gay, que cómo lo había notado, que si había tenido novio…preguntas un poco indiscretas (nos habíamos conocido esa noche) que hicieron que a la novia le cambiara la cara y le empezara a preguntar que a santo de qué tenía él tanto interés (a mi también me extrañó).

Otra escena de la noche que recuerdo fue volviendo a casa de María porque alguien se había dejado la cartera (no me preguntéis quien) y llegar y darse cuenta de que no tenía las llaves y tener que bajar luego a la calle a buscarlas.

Cuando aparecieron (en el pub) y estábamos en casa, María, hablando con Raquel, se percató de que era la última en enterarse de que yo era gay, y se encerró en el baño a seguir llorando por no haber confiado en ella (fue todo tan surrealista…). Y aún se cabreó más cuando encima se enteró de que no sólo era gay, sino que además “ejercía”, porque ya me había acostado con tíos (como si yo fuese asexuado o algo así.).

Al final, la noche no sé ni a qué hora acabó y recuerdo volviéndome a casa con el chaval que parecía mudo y sin casi ni hablar entre nosotros, que yo a día de hoy no sé si se enteró de algo de lo que pasó…

Bueno, espero que aunque no sea tan movidita como la que os he contado, paséis igualmente una muy buena Nochevieja.

Nos vemos el próximo año. Feliz 2016!!

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Yo, él y Raquel

Yo, él y Raquel

El día en que Raquel llegó acompañada de sus dos amigos gays, yo no le quité ojo al más alto, Guillermo. Yo mido casi 1,80 y él me sacaba prácticamente una cabeza. Rubio, de ojos azules, parecía nórdico más que español. El otro, César, era todo lo contrario, moreno, bajito y regordete.

Ellos, aunque en ese momento no estaban juntos, sí que habían sido pareja, pero de esas que no paran de discutir a todas horas y que se aguantan más como amigos que como novios (aún cortarían y se volverían a juntar tres o cuatro veces más).

Con César, al ser totalmente contrarios la verdad es que yo creo que nos caímos mal desde el minuto uno. El cumplía todos los estereotipos del mundo gay que nunca he soportado: pluma total, hablaba en femenino muchas veces (su frase “que guarra eres, mari” me ponía de los nervios), con ropa superceñida…lo que viene a ser una locaza de toda la vida.

En cambio Guillermo y yo, por ser de un humor similar, casi que enseguida empezamos a llevarnos bien. Ya os he comentado alguna vez que a mí los tios que se pasan de tremendos, suelen hacer en mí que me entre una sensación de inseguridad, como si me acomplejasen, por lo que si intento hablar con alguien así, me salen balbuceos y palabras sin sentido alguno (me ha pasado toda la vida). Pero con él, no, porque como era un tío cachondo, divertido, y con el que me reía mucho, eso me hacía que lo viese como una persona, digamos, “más humana”, más accesible, y eso me provocaba verlo con otros ojos.

Con palabras mas simples: Que Guillermo me ponía calentorro perdido.

Además, él era de los que tenían más acusado el llamado “radar gay”, con el que se supone puedes detectar quién pierde aceite a tu alrededor. (En mi caso, yo creo que nací con ese radar defectuoso porque pocas veces he acertado así en seco).

Pues conmigo, medio en broma medio en serio, se ve que se le activó y cuando empezamos a tener más confianza, me empezaba a picar con ese tema.

Que me gustaba el fútbol, pues él decía que a ver si me iban a gustar los futbolistas y no lo sabía, porque con esos paquetes y culitos que marcaban, no me extrañaba…

Si le decía que en ese momento no tenía novia, me  tiraba los trastos y me soltaba que no podía ser, que con lo guapete que era, a ver si es que yo tenía otra clase de gustos…

Siempre estaba con esas coñas y a mí, la verdad es que me hacía gracia. (Si esas mismas bromas me las hubiese hecho César, me hubiese cogido un mosqueo que para qué, pero como me las hacía el que me ponía la polla como una morcilla de Burgos…).

Así que con el tiempo, viendo que nos llevábamos tan bién, pensé que ya era el momento de confesarle que yo también era gay, que a los dos nos iba lo mismo (y así si había suerte le podía proponer si quería rollo, la verdad).

Lo que pasa es que como por aquél entonces siempre que quedábamos estábamos también con Raquel, o con Raquel y César,  pues no encontraba el momento.

Hasta que un día, que estaba yo de compras por la calle, me lo encontré por casualidad, y le invité a tomar un café.

Y ahí hablando un poco de esto y de lo otro, le dije que tenía que decirle algo que él ya sospechaba, y es que a mí también me iban los tíos.

Yo pensaba que me iba a decir algo en plan: “Ya lo sabía” “Me di cuenta desde el principio” “Vámonos a la cama que ya estamos tardando” o algo así.

Pero no, en su lugar me soltó: “No me jodas. Si yo lo decía de coña. La que se va a llevar un disgusto es Raquel, que tú le gustas y ella piensa que ella a ti también…”.

La verdad es que en ese momento nos quedamos los dos callados sin saber muy bien qué decir. Fue unos segundos verdaderamente incómodos de los que al final salimos con humor, con alguna parida que dijo él que ya no recuerdo.

Quedamos en que no se lo iba a decir a Raquel por el momento, y que más adelante, cuando viese el momento ya hablaría yo con ella.

Si antes éramos amigos, después de mi confesión, la verdad es que lo fuimos todavía más, y muchas veces ya quedábamos los tres solos (él y yo a solas todavía poco).

Imaginaos el panorama, él, Raquel y yo, y de los tres el único que sabía todos nuestros “secretos” era Guillermo.

A mí me molaba Guillermo (aunque eso no se lo había dicho aún) , y yo le molaba a Raquel, con lo que la amistad entre nosotros yo creo que podría llamarse una amistad interesada más bien.

Y eso es algo en lo que siempre he pensado desde aquella época : ¿Pueden dos gays, ser amigos simplemente, sin tener interés sexual? ¿Y un chico y una chica, heteros, también?

Porque en nuestro caso, funcionaba todo porque la tensión sexual existía, por lo menos por una parte de cada “pareja”.

Muchos diréis que sí, que no tiene nada que ver, pero yo siempre me he planteado que en esos casos siempre existe una especie de tensión sexual no resuelta por alguna de las partes.

A ver, no me refiero en otros casos. Evidentemente en  parejas, en los que el chico de un lado y la chica del otro son amigos, por poner un ejemplo, en esos casos sí, pero para mí no cuentan ya que hablamos de, digamos, dos bloques de parejas (yo me entiendo).

Me refiero a casos de hombres/mujeres solteros (me da igual si “enteros” o no), en los que se hacen amigos/as de hombres/mujeres también solteros. En esos casos estoy convencido de que alguno quiere ser más que amigo, aunque la otra parte no se entere.

Por lo menos es lo que pasaba en nuestro caso, que Guillermo no sabía que él me ponía muy cerdo cuando estaba junto a él, y yo no sabía (en teoría) que le subía la temperatura a Raquel, cuando ella estaba conmigo.

Así que en nuestra ignorancia, seguimos siendo amigos durante bastante tiempo, aunque la situación fue poco a poco haciéndose algo más insostenible, sobre todo por la insistencia de Guillermo en que saliese del armario a todos los efectos, lo que no era mi intención.

Aunque eso no tardaría demasiado en pasar, quisiese yo o no.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Mi chica

Mi chica

Los últimos años en la universidad, aunque intentábamos seguir en todas las clases el mismo grupo de amigos, se hacía un poco complicado.

Entre asignaturas troncales y optativas, lo más lógico era coincidir en las principales y luego ya mucho más en la cafetería (yo la biblioteca la verdad es que la pisaba poco).

En una de estas asignaturas optativas de los últimos cursos, coincidí con María, una antigua compañera del colegio que aunque estudiábamos en la misma facultad y la misma carrera, nunca habíamos coincidido demasiado en las clases.

Ese año nos vimos bastante y hablando un día de si manteníamos contacto con algunos de nuestros antiguos compañeros de escuela, me comentó que sí, que continuaba quedando mucho con Raquel, una compañera con la que siempre me había llevado yo también muy bien, pero sin llegar a ser amigos.

Me comentó que ellas dos solían quedar mucho, y que Raquel era bastante “moderna”, y que siempre salía con dos chavales gays.

(La verdad es que me lo comentó como si fuese algo “exótico”, y visto con los ojos de ahora, la verdad es que choca un poco la expresión).

Yo fue oir lo de los colegas gays y enseguida pensar que tenía que hacer lo que fuese para conocerlos.

Mi experiencia en el mundo gay se reducía únicamente a conocer gente en internet, sexo, follamigos y poco más, pero por fin daba con alguien de mi entorno que podía introducirme en ese ambiente, que era lo que yo quería.

Aparte del sexo, ya tenía ganas de tener un colega, un confidente, alguien que me comprendiese realmente, y el saber que encima podía ser a través de alguien conocido me cambió los esquemas.

María y yo, por temas de estudios empezamos a quedar habitualmente, y yo siempre que podía, le sacaba el tema de su amiga, para ver si podíamos quedar con ella.

Y al final, de tanto insistir, un día quedamos María, Raquel y yo.

Hablamos de cuando eramos compañeros y todas esas cosas y poco a poco, cada vez que ellas quedaban, yo me iba de acoplado esperando que algún día llegase acompañada de sus “inseparables” amigos.

He de decir que yo, hasta ese momento no sabía lo que era una “mariliendre”.

La palabra en sí es bastante ofensiva, la verdad, y sino, atentos a la definición de wikipedia:

Mariliendre o Mariliendra es una expresión española (de marica despectivo para homosexual o de forma irónica usado para autodefinirse, y liendre también de forma irónica aludiendo a una forma de vida parásita adherida a su hospedador) para referirse a una mujer heterosexual que se asocia exclusivamente con hombres homosexuales y bisexuales, o mujeres cuyos amigos gays son muy cercanos.

Entre los sinónimos se pueden incluir amante del rocío de vientre negro, diosa gay, merluza, hada madrina o reja (de Regina, una famosa mariliendre sevillana).

Las mariliendres son a veces estereotipadas como mujeres poco agraciadas o solitarias que están buscando un sustituto para relaciones heterosexuales, o chicas populares y sociables de armas tomar que en secreto sienten atracción hacia hombres homosexuales. 

Quitando que jamás he oído nunca lo de “amante del rocío de vientre negro” (de lo de “merluza” mejor no hablamos), la verdad es que en Raquel esa definición, en lineas generales,  encajaba como un guante.

Raquel se pude decir que guapa, guapa nunca había sido, ni en la escuela ni en la época que nos reencontramos, pero sí bastante resultona. Al ser alta, morena, y rasgos muy marcados, la verdad es que llamaba la atención.

Por lo que comentaba, a ella le encantaba el ambiente gay, disfrutaba de lo lindo porque realmente no tenía que maquillarse como una puerta, ni ser distinta a la que era habitualmente (era muy divertida).

Había tenido relaciones que no iban a ningún lado, y otras bastante tormentosas, así que cuando conoció a sus amigos gays y vio que para salir con ellos sólo tenía que tener ganas de divertirse sin pensar en ligar, ella se encontraba a sus anchas.

Y comentaba que encima ligaba de vez en cuando.

(Eso era algo que por entonces yo no entendía porque si era una discoteca gay, pues pensaba que todo el mundo era gayer, aunque en eso, como en muchas cosas estaba equivocado).

Ella y yo congeniamos bastante desde un principio, con lo que cada vez que quedaban ellas, yo también iba.

Teníamos el mismo humor y nos llevábamos genial siempre, con lo que la amistad entre nosotros,  salió  por sí sola. De hecho muchas veces empezamos a salir ella y yo solos, sin Maria, porque nos encontrábamos muy agusto los dos.

Quién me iba a decir a mí, que con el tiempo,  Raquel y yo, nos haríamos inseparables.

Durante los siguientes años, muchas circunstancias nos fueron uniendo todavía más. Con el tiempo ella y yo fuimos más que amigos, confidentes, paño de lágrimas el uno del otro…

Llegamos a ser como una pareja, pero sin tener sexo entre nosotros.

(Bueno, miento, una vez en un viaje y pasados de copas, nos medio enrollamos -si, siendo gay, qué pasa-, y aún así, la  amistad entre nosotros no se vio alterada).

Además, cada vez que ella tenía pareja, pues me entraban como celos, que suena a egoísta por mi parte, lo sé, pero es lo que me pasaba y cuando le resultaban mal las relaciones (porque a la pobre siempre le han salido mal), pues aquí estaba yo para animarla.

Pero  lo que son las cosas, en ese momento, y aunque suene cruel por mi parte, ella sólo me interesaba como enlace para poder conocer a sus amigos.

Y un día por fin trajo a sus colegas gays.

Uno más bajito, moreno, gordito, y el otro, alto, rubio y guapo, y en el que me fijé a primera vista…pero de eso mejor os hablo en otro post.

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