Delitos y faltas

Delitos y faltas

Ahora que empieza a hacer calor (o caloret) por estas latitudes y la temporada de playa ya ha comenzado, me gustaría contaros algo que me pasó a finales del verano pasado.

Como sabéis, de unos años a esta parte me aficioné a ir a las playas nudistas. No ya por la supuesta libertad que se respira en esos sitios, sino más bien por el hecho de ver cuerpos al sol, y poner también el tuyo a la vista de los demás. El hecho de bañarse en bolas, he de reconocer que me encanta, así que eso también es un punto a su favor.

Sin embargo, no tenía yo el cuerpo para farolillos, así que el verano pasado fui a playas textiles, más que nada porque hacer cosas que hacía con mi ex, y lo de la playa era una de ellas, me seguía recordando demasiado a él. No fue hasta final del verano cuando me dije a mí mismo que eso no podía seguir así y que debía retomar ya esas viejas y sanas costumbres.

Así que me cogí los bártulos y me fui a una playa de una población cercana que me gustaba bastante por lo tranquila que era. Y porque tenía chiringuito y para una cerveza fresquita, siempre venía bien.

Como por aquel entonces tenía puesta la app esta de ligoteo, me puse a mirar (más por cotilleo que por otra cosa) a ver qué chulazos tenía a mi alrededor. En esos sitios de concentración gay, la verdad es que la app suele echar humo, y ese caso no iba a ser menos. Miré algunos, hablé con otros, saludé a unos cuantos…y al final nada de nada porque además estaban todos en el pueblo (no en la playa).

Sólo con uno que me llamó la atención porque el cuerpo parecía esculpido por lo mucho que se le marcaban los abdominales pude mantener cierta conversación hasta que de repente se quedó mudo (no es la primera vez que me pasa).

No le di demasiada importancia y seguí a la mía en plan relax total hasta que se me empezó a echar el tiempo encima. Esa noche había quedado para cenar y tenía aún que volver a mi ciudad, ducharme y arreglarme un poco.

Fue en el momento de recoger las cosas de la playa cuando el de los abdominales decidió retomar la conversación, diciéndome que iba hacia la playa ahora mismo, y que por dónde estaba.

Me sorprendió puesto que tampoco habíamos quedado en nada, y yo, como soy bastante cuadriculado y había decidido que me volvía, pasé un poco del tema…hasta que me crucé con alguien que iba con el móvil en la mano mirando a todos lados.

Me hizo gracia la situación  y entonces sí, me presenté y ambos nos dimos cuenta de que eramos los de la app.

El chico era algo más joven que yo y bastante guapo. Delgadito, en las fotos parecía mucho más cuadrado de lo que estaba. En realidad estaba fibrado, mucho, y por eso se le marcaban tanto los abdominales.

En el momento en que nos conocimos, ambos íbamos vestidos (él sin camiseta) y convencido de quedarme un rato más para ver hasta donde llegaba la situación, nos tumbamos en la arena sobre las toallas.

El chico la verdad es que tenía conversación. Era una mezcla entre timidez y morbo que me atrajo enseguida. La conversación pronto entró en otros derroteros y ambos nos desnudamos para estar más “cómodos”.

A mí, como la convesación, sin querer, había subido de tono, se me estaba ya poniendo la polla morcillona y al ver al chaval a mi lado como dios lo trajo al mundo y ver que la naturaleza con él había sido generosa, todavía me puse más.

A los pocos minutos, ya estábamos comiéndonos la boca. Y un poco después el encima de mí para notar como mi polla le rebotaba en las nalgas.

He de decir que estábamos a la vista de todos y aunque cortados, como que no podíamos parar de ponernos burros los dos, calientes como estábamos.

Había buen rollo y eso la verdad es que se notaba. Tan buen rollo había que, no sé muy bien porqué (bueno, sí, por algo que pasa siempre, que doy confianza enseguida) el chaval vio necesario contarme que acababa de salir de la cárcel…

A mí esa revelación, la verdad es que me cortó totalmente el rollo. Que alguien que no conoces de nada, te suelte algo así, en serio que acojona.

El chaval, al notar mi reacción (se me bajó la polla enseguida) se disculpó, diciéndome que si me lo estaba contando no era para asustarme, sino porque le había dado tan buena impresión que necesitaba contármelo.

Me dijo que le habían detenido la policía, porque por lo visto, pesaba sobre él una orden de busca y captura. Que le habían metido en un lío de estafa y fraude, con una banda organizada. Que se ve que habían cogido sus datos sin saber y que le habían encalomado algo que no había hecho. Un testaferro de toda la vida, aunque él se declaraba inocente, claro.

Yo la verdad es que ni creí que fuese inocente del todo, ni pensé que el chaval que tenía a mi lado me fuese a dar miedo. Así que me volví a relajar, aunque he de decir que no tanto como al prinicpio.

Fuimos entonces a bañarnos, ya que entre el sol, y el sofocón que me había dado con su revelación, tenía demasiado calor.

En el agua, retomada la confianza, pasó tres cuartos de lo mismo. Nos comimos las bocas cono si no hubiese un mañana y haciendo el caballito, nuestros rabos volvieron a ponerse como lanzas.

En ese momento, ni corto ni perezoso, el tio se salió del agua, y yo con él, con lo que si nos llegamos a cruzar con alguien, hubiésemos dado un buen espectáculo, empalmados como íbamos por la arena.

En la playa aquello fue a más de nuevo. Encima el tio me contaba historias de la cárcel, de las duchas, de maromos que había visto, y a mí, encima todavía me empezó a dar más morbo la situación.

A él también, claro, y en un momento dado me propuso que nos fuéramos a la parte de atrás, donde las dunas,  a comérnoslas un rato.  Y eso hicimos. Fue unos minutos nada más, en los que él se agachó y empezó a tragar, hasta que no sé de dónde, comenzó a venir gente hacia nosotros. Eso ya nos dio un poco más de corte (sobre todo a él) y decidimos que era mejor dejarlo.

Para colmo nos dimos cuenta de que a los dos se nos había hecho demasiado tarde. Yo tenía que irme que aún me quedaba un buen tramo hasta llegar a casa y él también tenía que irse puesto que había quedado con su abogado para resolver algunos asuntos pendientes.

Nos intercambiamos los teléfonos y aún estuvimos hablando un poco más hasta que llegamos al lugar de nuestra despedida, ya en el pueblo.

Antes de irse, me dijo que le había gustado lo buen tío que parecía, y que le había dado mucha confianza. Que no era el tipo de gente con la que se solía relacionar, y que igual la cárcel le ayudaba a reformarse un poco.  Dicho esto, se aupó y me dio un pico en la boca, en un gesto bastante tierno y a la vista de todo el mundo.

Cuando llegué a casa, aparte de la paja porque me iban a reventar los huevos por la tarde que había pasado, se me ocurrió hacer una búsqueda rápida en Internet, y sí, todo lo que me había contado era verdad. Había varias páginas de periódicos contando lo sucedido y las iniciales coincidían con el chaval.

Cómo acabaría, no lo sé. He estado tentado de llamarle o escribirle en todo este tiempo, pero a día de hoy ni una cosa ni la otra. Espero, eso sí, que no  se haya metido de nuevo en líos y que como dijo, su paso por la cárcel le haya servido al menos para algo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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El hombre invisible

El hombre invisible

Hará unos cinco años recuerdo estar un día, en la playa tomando el sol tranquilamente, cuando ví a un señor pasear por la orilla. Me fijé en él por el slip fardahuevos que llevaba y porque a pesar de ser un hombre madurete, aún tenía un aspecto bastante agradable.

El hombre paseaba de arriba abajo y cuando se cruzaba con algún chaval en su camino le miraba directamente a los ojos. Se notaba que intentaba dar señales como que estaba en el mercado, y que además quería rollo. No lo hacía en plan descarado, ni molesto, pero dejaba bien claro del pie del que cojeaba.

Estuvo un buen rato paseando hasta que se cansó, y se volvió hacia su toalla dispuesto a largarse del lugar. Pasó entonces por mi lado y pude ver en su rostro la imagen de alguien abatido,  desanimado, derrotado. Esoy seguro de que no era la primera vez que intentaba ligar y volvía  a su casa en la soledad más absoluta, y literalmente con el rabo entre las piernas. Como si no existiera, como si fuera el hombre invisible.

A día de hoy, me siento como ese hombre.

Y es que rebasar determinada edad, complica muchas cosas.  Es algo parecido a lo que pasa en el mundo del cine, cuando las actrices dicen que no hay papeles para mujeres mayores de 40 años, que es como si no existiesen, como si desapareciesen. Que sólo hay papeles para jovencitas o para madres y abuelas de los protagonistas.

Todo esto lo vengo a decir porque intentar, en el mundo gay, con 40 años (y sin tener un cuerpazo) ligar es tarea complicada por no decir imposible.

El chat, que tantos buenos momentos me dio en el pasado es ahora mismo algo totalmente distinto a lo que fue. O por lo menos yo no lo recuerdo así. Hubo una época en la que en el chat general tú hablabas con la gente, tenías una conversación sobre cualquier cosa y si veías que congeniabas, entonces ya pasabas al privado (el lugar donde terminase la charla ya era otra cosa)

A día de hoy, las conversaciones se reducen a “¿Alguno quiere polla?” “busco gente que me empotre en grupo”, “¿Alguno folla a pelo?” y variantes de estas tres frases.  Y eso sí, cuidado con la edad que pones, que entonces te arriesgas a que no te entre ni el tato. Es justo ahora cuando entiendo a la gente que mentía con la edad y siempre se quedaba en los 39 por muchos años que pasasen. Pones que tienes tu edad real y ya no hay nada que hacer. Comprobado.

Por otro lado,, las aplicaciones, tipo Grindr y Wapo, siempre han servido para lo que han servido: follar. Pero ahí tenemos el mismo problema. En un mercado de la carne como ése, si quieres mojar el churro has de tener un buen físico y o te has machacado en el gimnasio durante los años anteriores o con 40 años cumplidos, el paso del tiempo ya se empieza a reflejar. Y o estás dispuesto a usar filtros, o Photoshop directamente, o esperas lo imposible. Pero al menos hay una pequeña esperanza, y es que en ese submundo a los jovencitos parece que les gusta la gente “madura”… (yo no me veo encuadrado en el grupo de los “maduretes” pero por lo que parece me han metido ya aunque no quiera). ¿El problema? que nunca me ha gustado la gente jovencita en el sexo (no sé en el futuro lo que diré sobre eso), ni como posible pareja.

Por ultimo quedaría la opción fuera de internet. Intentar ligar por el ambiente que es algo que hoy por hoy ni me lo planteo. Sobre eso ya he hablado alguna vez por aquí, y si no  me gustaba antes,  no creo que me vaya a gustar ahora, con unos cuantos años más sobre la espalda…

¿Entonces que queda?

Pues evidentemente NADA.

Igual lo mejor es centrarse en uno mismo un tiempo y dejar de buscar. Muchas veces cuando menos te lo esperas, encuentras algo (aunque si os soy sincero nunca he creído en esa frase…)

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

 

La Red

La Red

Estos días pasados os he estado hablando de lo importante que fue para mí la llegada de Internet para empezar a quedar con tíos.

Lo que pasa es que me he centrado únicamente en hablaros del chat cuando no fue la única opción que buscaba para conocer gente.

En ese tiempo, conocí dos páginas que a día de hoy siguen usándose mucho, y son gaydar y bakala.

Si nunca habéis entrado en estas paginas os diré que consiste en poner algunos comentarios que te piden en un cuestionario (edad, ciudad, gustos musicales, morbos sexuales, etc), colgar unas cuantas fotos y esperar a que te entre gente.

Primero me abrí la de gaydar y, bueno, sí me entraba gente y yo también entraba a cotillear perfiles de otras personas, pero ligar, lo que se dice ligar, nunca ligué con nadie.

A día de hoy sigo teniendo una perfil abierto en esta página y lo uso simplemente para ver de vez en cuando si me ha entrado alguien, que eso quieras que no te sube la autoestima,  pero para poco mas.

En bakala, aunque también me abrí perfil, hace tiempo que me olvidé de su contraseña así que es como si la hubiese cerrado.

Y es que nunca me gustó el funcionamiento en sí de páginas como estas.

Para empezar, a mí lo de que te llegase un mensaje en plan “me gustas” “me calientas” “me gustan tus fotos”, pues no sé, nunca me ha dicho nada. Y ya si me llegaba un simple guiño, apaga y vámonos… Muchos me entraban así, y la verdad es que aunque les contestaba por simple educación, a mí lo de esperar una contestación que igual tardaba una hora, me desesperaba.

O igual es porque cuando entraba iba con el calentón del quince, y eso hacía que buscase inmediatez, y con esas páginas de perfiles, eso se perdía.

Vale que ambas páginas tenían su chat y cosas así, pero para eso, me iba directamente al chat que conocía y ya estaba.

Por otro lado, nunca he entendido la manía en el mundillo gay de etiquetarlo todo y crear como grupos y subgrupos.

Me explico: ¿es necesario crear páginas para bakalas? ¿o para osos? ¿o para gente con pluma? ¿de verdad es necesario acotar tanto?

Yo por ejemplo, de bakala tengo poco, pero para un polvo, la estética macarrilla-chulito, pues me pone (ya lo he dicho muchas veces que a mí la actitud en un tío es lo que más me excita), por eso me hice perfil en esa página.

Pero eso no quita, que igual me gusten también los pijos, o los osos, no sé si me entendéis.

Esto comparado en el mundo hetero, yo creo que no existe, ¿no?

Igual me equivoco, pero vamos, sé que hay páginas como Meetic, para buscar pareja, pero no creo que haya algo similar para morenos, otra para rubios, otra para hipster… yo creo que no es necesario.

Al final ¿Qué se consigue con esto? pues que como yo en su época, todos estábamos en todas las aplicaciones.

De hecho pienso ahora en una pareja de Gandía, que entrase en la página que entrase ahí estaban ellos con su perfil. Encima me mandaban mensajes, y aunque les decía que no eran mi tipo, les daba igual porque ellos perfil que me hacía nuevo en otra página, perfil que me pinchaban (incluso en las apps del móvil).

Porque esa es otra, con el tiempo, en la era de los móviles, esas páginas y otras nuevas,  tipo Bender (como el famoso robot de Futurama) -ahora llamada Wapo-, o Grindr, se adaptaron a los nuevos formatos.

Al menos la ventaja que yo le veo a estas es que , como todos llevamos el móvil encima, pues sí que hay bastante rapidez en las contestaciones. Y al unir la localización por gps, siempre pillas a gente cercana. Está claro que está enfocada al folleteo, y funciona (doy fe) pero por lo menos en ese sentido, con ese formato funcionan bastante mejor que en su versión ordenador.

Pero otra vez lo mismo, más y más subgrupos dependiendo del estilo que lleves y/o te guste.

Y lo mismo que dije antes, en el mundo hetero de las apps, está Tinder, que el funcionamiento es básicamente igual, pero no creo que hayan inventado apps para tios de gym, pijos, góticos, etc. (y si lo hay y lo desconozco que alguien me saque de mi error).

También es verdad que para conocer gente, yo creo que la conversación es muy importante, por lo menos para mí, y el físico o lo que sea en fotos, pues sí, claro que importa, pero la actitud a mí siempre me ha dicho mucho, y eso hacía que siempre me decantase por usar el chat.

Igual es que soy yo así de raro, pero siempre me ha pasado y no creo que con los años se me vaya a quitar esa “manía”, qué le vamos a hacer…

Actualmente sí que sé de gente que usa Twitter, Instagram o Facebook para ligoteo (aunque no es el motivo por el que se crearon), yo de momento no tengo perfil en ningunas (en facebook duré un mes).

El día que me ponga, aviso, y os cuento qué opino de ellas.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com