50 primeras citas

50 primeras citas

Pensando estos días en mis últimas quedadas con tíos, me estoy dando cuenta de que hay un denominador común en todas ellas, y es el “miedo” a segundas y posteriores citas. Se le puede llamar “miedo” o respeto, intranquilidad o lo que sea, pero es algo que empieza a preocuparme.

Hace años (creo que no demasiados) cuando quedaba con alguien, pensaba en el presente y poco más. Sí que es verdad que aunque fuese únicamente para follar, sí que analizaba en dos segundos mis posibilidades de pareja (sentimental que es uno), pero si surgía la posibilidad de repetir la cita, y el tío  me molaba, no me lo pensaba ni dos veces.

Ahora la situación es bastante distinta. Aunque cuando me surge la oportunidad quedo sin demasiados problemas, la negatividad se ha apoderado de mí. A todo el mundo le veo alguna pega, con lo que cuando me ha salido la posibilidad de repetir la quedada, mi primera respuesta siempre ha sido decir que no

He pasado de enamorarme a las primeras de cambio a que se me endurezca el corazón como una piedra. Siempre me digo a mí mismo que el tío no vale la pena, que realmente no me gustó tanto cuando quedé con él, que es muy alto, que es muy bajo, que es muy gordo o que es muy flaco.

Por rechazar he rechazado a gente que vivía lejos de mi casa, o al contrario, por el solo hecho de ser vecinos.

A gente que era mas joven que yo, sólo por tener dos o tres años menos, o a gente que era mayor por el hecho de sacarme cinco (cuando mi ex me sacaba más…).

Recuerdo que antes, cuando recibía un mensaje del tío con el que había quedado, me daba un subidón de alegría increíble. Pensar “pues le he gustado de veras”, me subía el ego, y me hacía coger con más ganas una segunda cita que no tardaba en llegar.

Ahora es todo lo contrario. Y no sólo me pasa con los tíos con los que he quedado para un polvo y adiós, sino que me pasa con cualquier tío con el que he quedado incluso para tomar un café.

Con estos es más complicado todavía porque encima yo nunca sé qué contestar al siguiente mensaje, cuando te sueltan  un “pues me has caído muy bien”. Porque contestar “pues a mí no me has interesado nada” me parece un poco brusco (aunque sea la verdad).

Quizás el problema sea la comparación.

Porque a pesar del tiempo que ha pasado, yo sigo comparando a todo el mundo que conozco con quien vosotros sabéis… Y en todas las comparaciones todos salen perdiendo.

Igual, como me dice un amigo, lo que me pasa es que estoy idealizando una relación que hace mucho que terminó. Demasiado ya para estar todavía así. Igual mi problema es como cuando alguien muere, que mientras no lo deje marchar de mi cabeza, poco podré hacer.

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Piraña 3D

Piraña 3D

Una cosa habitual cuando viajas, es el momento en que te encuentras a un español por el mundo. Si encima, ya no español, sino que incluso es de tu propia ciudad, la emoción ya se desborda totalmente. Que puede que no lo conozcas de nada, ni él a ti tampoco, pero el hecho de encontrarse a un “vecino” fuera de tu entorno habitual, a todos, creo yo, nos alegra.

Hace poco me sucedió algo similar. Estando fuera, durante mis últimas vacaciones, me encontré vía app con uno que me sonaba de haber intercambiado algún (casto) mensaje en su día. Ni habíamos quedado ni nada, pero su perfil me sonaba por la foto tan sugerente que tenía: un torso desnudo velludete.

Le escribí diciendo que yo también era de Valencia, y enseguida iniciamos una conversación.

El tío iba más caliente que yo y eso se notaba. Empezó a enviarme fotos a cual más explícita y aunque eso es algo que a mí no me pone demasiado (hay que dejar cosas a la imaginación), al poco ya me había calentado y me dirigía al hotel donde él se alojaba.

Me había comentado que se había cogido el fin de semana para desconectar un poco y que por eso tampoco quería dar demasiados rodeos. Me dijo que entrase directamente al hotel y cogiese el ascensor de la izquierda, que subiese a la cuarta planta y que allí me estaría esperando, en la habitación 402, con la puerta entreabierta desnudo sobre la cama. Y que lo hacía así por el morbo de la situación. Las cosas claras, vamos.

Llegué, subí y entré.

Y sí, en la cama había un tío completamente desnudo, velludete… pero con algo más de tripa que las fotos que me había enseñado.  Que no es que estuviese embarazado de 9 meses, pero  de 4 o 5 igual  sí.

De hecho le pregunté si era el mismo que el de las fotos, y me dijo que sí, pero que últimamente había engordado “un poco”.

En ese momento se puso en pie y el tío me sacaba una cabeza (y eso que soy alto). Era una bestia parda, grande, moreno como recién salido de una película de Falcon Studios o Men.com. Se abalanzó sobre mí y sin dejar de morrearme, me empezó a desnudar.

A mí la situación me empezó a dar un morbazo bestial con lo que lo de su tripa en 3D empezó a pasar a un segundo plano. Me llevó en volandas casi a la ducha (chico limpio) y ahí empezó a comerme a besos. Pero no eran besos normales. Con cada morreo, mordía un poco.  Comenzó entonces a bajar hacia abajo hasta que llegó a mis pezones y ahí empezó a succionar, mordisquear y lamer que creí que me desmayaba ahí mismo.

Siempre pensé que yo no tenía sensibilidad en esa zona pero qué equivocado estaba…

Estuvo varios minutos concentrado con mis pezonacos que al final me empezó a doler de tanto que me los había trabajado. Jamás me los había visto tan en punta, y pensé que como se acercase un poco más podría hasta sacarle un ojo.

 Me dio la vuelta (el tío era tan grande que yo parecía un muñeco en sus manos) y empezó a mordisquearme desde el cuello hasta los tobillos. En el culo me pegó cada mordisco que me tuve que girar para asegurarme de que no me había arrancado una nalga completa. De hecho pensé que igual había dado con un caníbal, y que habría ya un reguero de sangre mío en el suelo de la bañera (peliculero que es uno…).

De ahí pasamos a la cama, sin dejar de tenerlo sobre mí. De hecho estaba tan pegado a mí que me costaba respirar con semejante maromo ahí encima. Comenzó entonces a bajar por mi cuerpo hasta llegar a la polla y lo que hizo fue comerme los huevos como si no hubiera un mañana. Todo con pequeños mordiscos, claro que sí, supongo que marca de la casa.

Así estuvimos bastante rato. Mucho rato Era del tipo de gente al que le gustaba hacer disfrutar y eso se notaba. Llegó un momento en que si me tocaba yo un poco notaba que iba a acabar corriéndome. y así se lo dije. No tardó ni dos segundos en cogérmela y hasta que no solté mi última gota no paró.

Exhausto, agotado por la situación (podéis imaginaros una fuente de esas de chorros, porque fue algo parecido), le dije que lo sentía pero que no podía más. Él dijo que había pasado muy bien y que le apetecía estar un rato conmigo en la cama, que ya se correría luego.

Ahí el hombre se explayó y me comentó que en realidad tenía pareja, chico, y que no estaban muy bien entre ellos. Que vivían en un pueblo bastante alejado de donde yo vivo y que el hecho de verme en la app era porque trabajaba por donde yo vivía. Me dijo que realmente no sabía que hacer, porque a su novio le quería, pero que en sexo se aburría bastante con él. Necesitaba desahogarse. Y no sólo a nivel sexual.

Estuvimos charlando un buen rato, aunque yo soy bastante malo para aconsejar a nadie.

Después nos volvimos a duchar, y aunque nos animamos los dos de nuevo, a mí se me había hecho bastante tarde con lo que ya me tuve que ir.

Al día siguiente él se fue y lo pude comprobar por los kilómetros que ya nos separaban en la aplicación. Lo que no se me fue fue el dolor en los pezones durante una semana. De hecho incluso se me llegaron a poner morados por el pedazo de mordiscos que me había pegado el tío, así que os podéis imaginar lo hipersensibles que los tuve durante ese tiempo.

Al volver a mi ciudad, el tío volvió a aparecer. Sin embargo, no he querido volver a quedar con él, aunque me lo ha propuesto. Sigue con su pareja, y a mí es algo que me incomoda. Vale que es solo sexo y que el problema, en todo caso, es suyo. Pero inmiscuirme en una pareja, aunque sea así, no va demasiado conmigo.

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Estación Central de Brasil

Estación Central de Brasil

La época estival que ahora está acabando es la época del año en la que más activo estoy sexualmente. Bueno,  mejor dicho, con ganas estoy todo el año pero es durante esta época en la que esas ganas se materializan más. Yo supongo que se junta no sólo las ganas, sino también el calor, y esa desinhibición propia de estos meses, que hace que todos (creo yo) liguemos más.

Al principio del verano, estando en la playa un domingo por la mañana recibí un mensaje por mi app de ligoteo de cabecera. Generalmente lo que entra más por los ojos es la foto que ponga el otro en el perfil, pero en este caso la fotografía (un primer plano de su boca) tampoco es que llamase demasiado la atención. Lo que sí tenía el chico era labia, porque empezamos una conversación con bastante facilidad. Tanto que al poco ya me estaba invitando a ir por donde él vivía para tomarnos algo. Y fui.

Generalmente antes de quedar con alguien se pide foto de cara (o de cuerpo) para ver antes lo que te vas a encontrar después, pero en este caso ni el la pidió ni yo a él tampoco. En eso estaba pensando cuando llegué al lugar donde habíamos quedado y mientras le estaba escribiendo vi un tio apoyado en un árbol que me miró, mientras él también escribía por el móvil. El hombre en cuestión iba vestido por su peor enemigo, con el pelo color azul pálido, y varios piercings en las orejas. También llevaba un barrigón de campeonato y la camiseta a duras penas podía taparle el ombligo. Cuando vi tal imagen, y pensé que podía ser mi cita, me dije a mí mismo que era mejor tomar las de Villadiego y de una forma educada soltar alguna excusa. Eso  me disponía a hacer cuando recibí un mensaje en el  que el tío me decía que me estaba esperando en su casa y que cuando estuviese cerca le avisase. Respiré tranquilo al darme cuenta de que me había equivocado de persona.

Llegué a su portal y para evitar una posible situación incómoda, dado el tío que me había encontrado en la calle, le dije que mejor bajase y nos fuésemos a tomar algo. Cuando bajó respiré, aliviado, porque el chico estaba bastante bien. Con barbita recortada, moreno, y de aspecto en general bastante agradable.

Hablamos y nos tomamos una cervecita y enseguida note por el acento que no era de por aquí. Me dijo que realmente era brasileño y automáticamente me vino a la mente el otro brasileño con el que estuve hace años y del que os hablé aquí.

Subimos a su casa y en contra de lo que pudiera parecer, no fue un aquí te pillo y aquí te mato. El hombre tenía conversación. Me comentó que había venido hace 25 años desde su pueblo natal en Brasil a completar sus estudios de ingeniería. En Brasil había trabajado incluso en algo de temas ferroviarios, pero sin embargo, una vez la crisis empezó en España, tuvo que dejar aparcada su profesión y dedicarse a lo que hacía ahora, organizar eventos de todo tipo (reciclarse o morir, supongo). El hombre me pareció majo, incluso me invitó a comer. No fue hasta llegar al postre cuando empezamos a enrollarnos.

Sí que me gustó que el tío, encima, era bastante limpio y antes de ir a más, pasamos los dos por la ducha. Ahí nos enjabonamos por todos lados  (todos todos) y nos empezamos a magrear y sobarnos de arriba abajo.

Lo que más llamaba la atención, como buen brasileño, era el pedazo de culo que se gastaba. Dos brasileños con los que he estado y los dos con culazo, con lo que no creo que sea casualidad la fama que tienen en el resto del mundo.

Encima al tío, como a mí, le gustaba besar. Del baño pasamos al comedor, al sofá, donde seguimos enrollándonos, y de ahí a la cama. El tío me daba morbo, yo por lo que parecía también a él, y los dos íbamos calientes como una plancha, así que la jornada resultó perfecta.

Después de las pajas de ambos (porque no llegamos a follar) aún estuvimos un rato de charla desnuditos en la cama, el boca abajo y yo sobándole el culete.  Al final, que a lo tonto se nos iba a juntar la comida con la cena, decidí irme, no sin antes intercambiarnos los teléfonos, por si acaso.

Días después, estando en casa, recibí un mensaje de él diciendo que estaba por mi barrio (le había dicho donde vivía) y que acababa de salir del trabajo, por lo que le apetecía una “ducha, un helado y un abrazo”.

Fue recibir el mensaje y no sé muy bien porqué, me entró un agobio a las primeras de cambio. Era un miércoles, había tenido un mal día en el curro y lo que más me apetecía era cenar algo rápido y acostarme, con lo que su mensaje me descolocó un poco.

No tenía ningunas ganas de quedar con él. El polvete había estado bien, pero no sé si lo que el quería era repetir la quedada sexual o esa segunda cita es que quería algo más. En mi cabeza se empezaron a agolpar un montón de sentimientos encontrados que acabaron por hacerme escribir lo siguiente “no tengo helados en casa y es tarde, mañana madrugo ,así que lo siento pero no”.

Su mensaje fue simplemente un “ok, perdona si te ha molestado”, que me hizo sentir bastante mal.

Tiempo después, me volvió a escribir, pero justamente esos días yo estaba fuera, de vacaciones, con lo que, encima, yo creo que pensó que le estaba dando largas de nuevo, así que aún quedé peor. Me contestó con otro mensaje que denotaba que esa vez el molesto era él.

Aun intenté escribirle yo, tiempo después, y fue él quien me dijo que estaba fuera, con un mensaje supercortante que me hizo ver que alargar esta situación ya no tenía demasiado sentido.

Era la primera vez en bastante tiempo que alguien intentaba quedar conmigo  para una segunda cita y sin embargo, yo eché por la borda esa oportunidad, no sé si voluntaria o involuntariamente.

Lo peor de todo es que en este verano, no ha sido la única vez que me ha pasado.

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Delitos y faltas

Delitos y faltas

Ahora que empieza a hacer calor (o caloret) por estas latitudes y la temporada de playa ya ha comenzado, me gustaría contaros algo que me pasó a finales del verano pasado.

Como sabéis, de unos años a esta parte me aficioné a ir a las playas nudistas. No ya por la supuesta libertad que se respira en esos sitios, sino más bien por el hecho de ver cuerpos al sol, y poner también el tuyo a la vista de los demás. El hecho de bañarse en bolas, he de reconocer que me encanta, así que eso también es un punto a su favor.

Sin embargo, no tenía yo el cuerpo para farolillos, así que el verano pasado fui a playas textiles, más que nada porque hacer cosas que hacía con mi ex, y lo de la playa era una de ellas, me seguía recordando demasiado a él. No fue hasta final del verano cuando me dije a mí mismo que eso no podía seguir así y que debía retomar ya esas viejas y sanas costumbres.

Así que me cogí los bártulos y me fui a una playa de una población cercana que me gustaba bastante por lo tranquila que era. Y porque tenía chiringuito y para una cerveza fresquita, siempre venía bien.

Como por aquel entonces tenía puesta la app esta de ligoteo, me puse a mirar (más por cotilleo que por otra cosa) a ver qué chulazos tenía a mi alrededor. En esos sitios de concentración gay, la verdad es que la app suele echar humo, y ese caso no iba a ser menos. Miré algunos, hablé con otros, saludé a unos cuantos…y al final nada de nada porque además estaban todos en el pueblo (no en la playa).

Sólo con uno que me llamó la atención porque el cuerpo parecía esculpido por lo mucho que se le marcaban los abdominales pude mantener cierta conversación hasta que de repente se quedó mudo (no es la primera vez que me pasa).

No le di demasiada importancia y seguí a la mía en plan relax total hasta que se me empezó a echar el tiempo encima. Esa noche había quedado para cenar y tenía aún que volver a mi ciudad, ducharme y arreglarme un poco.

Fue en el momento de recoger las cosas de la playa cuando el de los abdominales decidió retomar la conversación, diciéndome que iba hacia la playa ahora mismo, y que por dónde estaba.

Me sorprendió puesto que tampoco habíamos quedado en nada, y yo, como soy bastante cuadriculado y había decidido que me volvía, pasé un poco del tema…hasta que me crucé con alguien que iba con el móvil en la mano mirando a todos lados.

Me hizo gracia la situación  y entonces sí, me presenté y ambos nos dimos cuenta de que eramos los de la app.

El chico era algo más joven que yo y bastante guapo. Delgadito, en las fotos parecía mucho más cuadrado de lo que estaba. En realidad estaba fibrado, mucho, y por eso se le marcaban tanto los abdominales.

En el momento en que nos conocimos, ambos íbamos vestidos (él sin camiseta) y convencido de quedarme un rato más para ver hasta donde llegaba la situación, nos tumbamos en la arena sobre las toallas.

El chico la verdad es que tenía conversación. Era una mezcla entre timidez y morbo que me atrajo enseguida. La conversación pronto entró en otros derroteros y ambos nos desnudamos para estar más “cómodos”.

A mí, como la convesación, sin querer, había subido de tono, se me estaba ya poniendo la polla morcillona y al ver al chaval a mi lado como dios lo trajo al mundo y ver que la naturaleza con él había sido generosa, todavía me puse más.

A los pocos minutos, ya estábamos comiéndonos la boca. Y un poco después el encima de mí para notar como mi polla le rebotaba en las nalgas.

He de decir que estábamos a la vista de todos y aunque cortados, como que no podíamos parar de ponernos burros los dos, calientes como estábamos.

Había buen rollo y eso la verdad es que se notaba. Tan buen rollo había que, no sé muy bien porqué (bueno, sí, por algo que pasa siempre, que doy confianza enseguida) el chaval vio necesario contarme que acababa de salir de la cárcel…

A mí esa revelación, la verdad es que me cortó totalmente el rollo. Que alguien que no conoces de nada, te suelte algo así, en serio que acojona.

El chaval, al notar mi reacción (se me bajó la polla enseguida) se disculpó, diciéndome que si me lo estaba contando no era para asustarme, sino porque le había dado tan buena impresión que necesitaba contármelo.

Me dijo que le habían detenido la policía, porque por lo visto, pesaba sobre él una orden de busca y captura. Que le habían metido en un lío de estafa y fraude, con una banda organizada. Que se ve que habían cogido sus datos sin saber y que le habían encalomado algo que no había hecho. Un testaferro de toda la vida, aunque él se declaraba inocente, claro.

Yo la verdad es que ni creí que fuese inocente del todo, ni pensé que el chaval que tenía a mi lado me fuese a dar miedo. Así que me volví a relajar, aunque he de decir que no tanto como al prinicpio.

Fuimos entonces a bañarnos, ya que entre el sol, y el sofocón que me había dado con su revelación, tenía demasiado calor.

En el agua, retomada la confianza, pasó tres cuartos de lo mismo. Nos comimos las bocas cono si no hubiese un mañana y haciendo el caballito, nuestros rabos volvieron a ponerse como lanzas.

En ese momento, ni corto ni perezoso, el tio se salió del agua, y yo con él, con lo que si nos llegamos a cruzar con alguien, hubiésemos dado un buen espectáculo, empalmados como íbamos por la arena.

En la playa aquello fue a más de nuevo. Encima el tio me contaba historias de la cárcel, de las duchas, de maromos que había visto, y a mí, encima todavía me empezó a dar más morbo la situación.

A él también, claro, y en un momento dado me propuso que nos fuéramos a la parte de atrás, donde las dunas,  a comérnoslas un rato.  Y eso hicimos. Fue unos minutos nada más, en los que él se agachó y empezó a tragar, hasta que no sé de dónde, comenzó a venir gente hacia nosotros. Eso ya nos dio un poco más de corte (sobre todo a él) y decidimos que era mejor dejarlo.

Para colmo nos dimos cuenta de que a los dos se nos había hecho demasiado tarde. Yo tenía que irme que aún me quedaba un buen tramo hasta llegar a casa y él también tenía que irse puesto que había quedado con su abogado para resolver algunos asuntos pendientes.

Nos intercambiamos los teléfonos y aún estuvimos hablando un poco más hasta que llegamos al lugar de nuestra despedida, ya en el pueblo.

Antes de irse, me dijo que le había gustado lo buen tío que parecía, y que le había dado mucha confianza. Que no era el tipo de gente con la que se solía relacionar, y que igual la cárcel le ayudaba a reformarse un poco.  Dicho esto, se aupó y me dio un pico en la boca, en un gesto bastante tierno y a la vista de todo el mundo.

Cuando llegué a casa, aparte de la paja porque me iban a reventar los huevos por la tarde que había pasado, se me ocurrió hacer una búsqueda rápida en Internet, y sí, todo lo que me había contado era verdad. Había varias páginas de periódicos contando lo sucedido y las iniciales coincidían con el chaval.

Cómo acabaría, no lo sé. He estado tentado de llamarle o escribirle en todo este tiempo, pero a día de hoy ni una cosa ni la otra. Espero, eso sí, que no  se haya metido de nuevo en líos y que como dijo, su paso por la cárcel le haya servido al menos para algo.

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El hombre invisible

El hombre invisible

Hará unos cinco años recuerdo estar un día, en la playa tomando el sol tranquilamente, cuando ví a un señor pasear por la orilla. Me fijé en él por el slip fardahuevos que llevaba y porque a pesar de ser un hombre madurete, aún tenía un aspecto bastante agradable.

El hombre paseaba de arriba abajo y cuando se cruzaba con algún chaval en su camino le miraba directamente a los ojos. Se notaba que intentaba dar señales como que estaba en el mercado, y que además quería rollo. No lo hacía en plan descarado, ni molesto, pero dejaba bien claro del pie del que cojeaba.

Estuvo un buen rato paseando hasta que se cansó, y se volvió hacia su toalla dispuesto a largarse del lugar. Pasó entonces por mi lado y pude ver en su rostro la imagen de alguien abatido,  desanimado, derrotado. Esoy seguro de que no era la primera vez que intentaba ligar y volvía  a su casa en la soledad más absoluta, y literalmente con el rabo entre las piernas. Como si no existiera, como si fuera el hombre invisible.

A día de hoy, me siento como ese hombre.

Y es que rebasar determinada edad, complica muchas cosas.  Es algo parecido a lo que pasa en el mundo del cine, cuando las actrices dicen que no hay papeles para mujeres mayores de 40 años, que es como si no existiesen, como si desapareciesen. Que sólo hay papeles para jovencitas o para madres y abuelas de los protagonistas.

Todo esto lo vengo a decir porque intentar, en el mundo gay, con 40 años (y sin tener un cuerpazo) ligar es tarea complicada por no decir imposible.

El chat, que tantos buenos momentos me dio en el pasado es ahora mismo algo totalmente distinto a lo que fue. O por lo menos yo no lo recuerdo así. Hubo una época en la que en el chat general tú hablabas con la gente, tenías una conversación sobre cualquier cosa y si veías que congeniabas, entonces ya pasabas al privado (el lugar donde terminase la charla ya era otra cosa)

A día de hoy, las conversaciones se reducen a “¿Alguno quiere polla?” “busco gente que me empotre en grupo”, “¿Alguno folla a pelo?” y variantes de estas tres frases.  Y eso sí, cuidado con la edad que pones, que entonces te arriesgas a que no te entre ni el tato. Es justo ahora cuando entiendo a la gente que mentía con la edad y siempre se quedaba en los 39 por muchos años que pasasen. Pones que tienes tu edad real y ya no hay nada que hacer. Comprobado.

Por otro lado,, las aplicaciones, tipo Grindr y Wapo, siempre han servido para lo que han servido: follar. Pero ahí tenemos el mismo problema. En un mercado de la carne como ése, si quieres mojar el churro has de tener un buen físico y o te has machacado en el gimnasio durante los años anteriores o con 40 años cumplidos, el paso del tiempo ya se empieza a reflejar. Y o estás dispuesto a usar filtros, o Photoshop directamente, o esperas lo imposible. Pero al menos hay una pequeña esperanza, y es que en ese submundo a los jovencitos parece que les gusta la gente “madura”… (yo no me veo encuadrado en el grupo de los “maduretes” pero por lo que parece me han metido ya aunque no quiera). ¿El problema? que nunca me ha gustado la gente jovencita en el sexo (no sé en el futuro lo que diré sobre eso), ni como posible pareja.

Por ultimo quedaría la opción fuera de internet. Intentar ligar por el ambiente que es algo que hoy por hoy ni me lo planteo. Sobre eso ya he hablado alguna vez por aquí, y si no  me gustaba antes,  no creo que me vaya a gustar ahora, con unos cuantos años más sobre la espalda…

¿Entonces que queda?

Pues evidentemente NADA.

Igual lo mejor es centrarse en uno mismo un tiempo y dejar de buscar. Muchas veces cuando menos te lo esperas, encuentras algo (aunque si os soy sincero nunca he creído en esa frase…)

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La Red

La Red

Estos días pasados os he estado hablando de lo importante que fue para mí la llegada de Internet para empezar a quedar con tíos.

Lo que pasa es que me he centrado únicamente en hablaros del chat cuando no fue la única opción que buscaba para conocer gente.

En ese tiempo, conocí dos páginas que a día de hoy siguen usándose mucho, y son gaydar y bakala.

Si nunca habéis entrado en estas paginas os diré que consiste en poner algunos comentarios que te piden en un cuestionario (edad, ciudad, gustos musicales, morbos sexuales, etc), colgar unas cuantas fotos y esperar a que te entre gente.

Primero me abrí la de gaydar y, bueno, sí me entraba gente y yo también entraba a cotillear perfiles de otras personas, pero ligar, lo que se dice ligar, nunca ligué con nadie.

A día de hoy sigo teniendo una perfil abierto en esta página y lo uso simplemente para ver de vez en cuando si me ha entrado alguien, que eso quieras que no te sube la autoestima,  pero para poco mas.

En bakala, aunque también me abrí perfil, hace tiempo que me olvidé de su contraseña así que es como si la hubiese cerrado.

Y es que nunca me gustó el funcionamiento en sí de páginas como estas.

Para empezar, a mí lo de que te llegase un mensaje en plan “me gustas” “me calientas” “me gustan tus fotos”, pues no sé, nunca me ha dicho nada. Y ya si me llegaba un simple guiño, apaga y vámonos… Muchos me entraban así, y la verdad es que aunque les contestaba por simple educación, a mí lo de esperar una contestación que igual tardaba una hora, me desesperaba.

O igual es porque cuando entraba iba con el calentón del quince, y eso hacía que buscase inmediatez, y con esas páginas de perfiles, eso se perdía.

Vale que ambas páginas tenían su chat y cosas así, pero para eso, me iba directamente al chat que conocía y ya estaba.

Por otro lado, nunca he entendido la manía en el mundillo gay de etiquetarlo todo y crear como grupos y subgrupos.

Me explico: ¿es necesario crear páginas para bakalas? ¿o para osos? ¿o para gente con pluma? ¿de verdad es necesario acotar tanto?

Yo por ejemplo, de bakala tengo poco, pero para un polvo, la estética macarrilla-chulito, pues me pone (ya lo he dicho muchas veces que a mí la actitud en un tío es lo que más me excita), por eso me hice perfil en esa página.

Pero eso no quita, que igual me gusten también los pijos, o los osos, no sé si me entendéis.

Esto comparado en el mundo hetero, yo creo que no existe, ¿no?

Igual me equivoco, pero vamos, sé que hay páginas como Meetic, para buscar pareja, pero no creo que haya algo similar para morenos, otra para rubios, otra para hipster… yo creo que no es necesario.

Al final ¿Qué se consigue con esto? pues que como yo en su época, todos estábamos en todas las aplicaciones.

De hecho pienso ahora en una pareja de Gandía, que entrase en la página que entrase ahí estaban ellos con su perfil. Encima me mandaban mensajes, y aunque les decía que no eran mi tipo, les daba igual porque ellos perfil que me hacía nuevo en otra página, perfil que me pinchaban (incluso en las apps del móvil).

Porque esa es otra, con el tiempo, en la era de los móviles, esas páginas y otras nuevas,  tipo Bender (como el famoso robot de Futurama) -ahora llamada Wapo-, o Grindr, se adaptaron a los nuevos formatos.

Al menos la ventaja que yo le veo a estas es que , como todos llevamos el móvil encima, pues sí que hay bastante rapidez en las contestaciones. Y al unir la localización por gps, siempre pillas a gente cercana. Está claro que está enfocada al folleteo, y funciona (doy fe) pero por lo menos en ese sentido, con ese formato funcionan bastante mejor que en su versión ordenador.

Pero otra vez lo mismo, más y más subgrupos dependiendo del estilo que lleves y/o te guste.

Y lo mismo que dije antes, en el mundo hetero de las apps, está Tinder, que el funcionamiento es básicamente igual, pero no creo que hayan inventado apps para tios de gym, pijos, góticos, etc. (y si lo hay y lo desconozco que alguien me saque de mi error).

También es verdad que para conocer gente, yo creo que la conversación es muy importante, por lo menos para mí, y el físico o lo que sea en fotos, pues sí, claro que importa, pero la actitud a mí siempre me ha dicho mucho, y eso hacía que siempre me decantase por usar el chat.

Igual es que soy yo así de raro, pero siempre me ha pasado y no creo que con los años se me vaya a quitar esa “manía”, qué le vamos a hacer…

Actualmente sí que sé de gente que usa Twitter, Instagram o Facebook para ligoteo (aunque no es el motivo por el que se crearon), yo de momento no tengo perfil en ningunas (en facebook duré un mes).

El día que me ponga, aviso, y os cuento qué opino de ellas.

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