Morbo

Morbo

Cerrada ya mi etapa por el ambiente y aparcada mi búsqueda de pareja (duradera), decidí que mi vida sexual iba a consistir a partir de entonces en disfrutar de mis morbos, filias o como queráis llamarlo.

En el fondo, en todas mis experiencias sexuales buscaba (algunas veces más claramente y otras de forma más inconsciente), ese “algo más” que nunca acababa de llegar.

Aunque eran muchas veces quedadas para sexo,  siempre buscaba tios con los que tuviese cierta afinidad (en estudios, edad, trabajo o similares) por si acaso se daba la posibilidad de que después del polvo pudiese iniciarse algún tipo de relación.

Pensé entonces que si tenía decidido estar soltero el resto de mi vida, no me iba a privar entonces de dar rienda suelta a mis “perversiones” por llamarlas de alguna forma, así que me puse manos a la obra.

Digamos que empecé en plan light para ir luego subiendo poco a poco.

Como ya conté en su día, cuando era adolescente, con amigos, medio en broma medio en serio, veíamos de vez en cuando pelis porno y alguno acababa sacándose la polla para acabar haciéndose un pajote delante de los demás.

Me rondaba en la cabeza repetir esa experiencia con un desconocido así que entré al chat y puse en el general tal cual lo que buscaba. Pronto me entraron varios privados hasta que me decanté por uno.

Por lo que me comentó era un tío hetero, casado, con críos pequeños, que tenía desde hace tiempo esa curiosidad de hacer algo así también. Me dejó muy claro que ni era hetero curioso, ni bi, ni quería probar a hacer nada conmigo. Incluso me dejó claro que no iba a haber ningún contacto físico entre ambos.

Acepté su lista de prohibiciones y me dirigí hacia su casa, que tampoco es que estuviese demasiado alejada de la mía (cosa que en un principio le asustó un poco).

Al llegar allí, me dio la mano (así que algo de contacto físico ya había), me ofreció un refresco, me hizo sentar en el sofá y me dijo que podía elegir el listado de películas que tenía.

Me sorprendió que para ser tan hetero, tuviera un listado de películas gays tan extenso, dividido además por temáticas. El tío se ve que dominaba el género, porque nos pusimos a hablar de actores y productoras, rompiendo así un poco el hielo inicial.

Elegimos finalmente una de brasileños que me encantan, sobre todo por el culete (soy muy de culos, ya sabéis) que suelen tener por regla general (y de lo que puedo dar fe).

Empezó la película y fue él el primero que se bajó los pantalones hasta los tobillos, enseñando una polla que aunque estaba medio morcillona, ya prometía lo suyo.

Me dijo que hiciese yo lo mismo, aunque yo me desnudé del todo para estar más cómodo (cosa que no le importó, quitándose él la camiseta a continuación).

Durante la película (que era muy buena, por cierto) yo estuve todo el rato mirando por el rabillo del ojo su pajote que era lo que más morbo me daba. Tampoco quería mirarle directamente porque siendo tan “hetero” mi intención no era cortarle el rollo, así que lo hice con disimulo, hasta que me percaté que él tampoco estaba mirando demasiado la película.

Empezamos entonces a mirarnos con descaro, tanto a los ojos como a la polla, escuchando los gemidos de los brasileños de fondo.

En un momento dado, diciéndome que le estaba dando mucho morbo ver lo excitado que estaba (soy bastante expresivo en esos momentos), me propuso que me acercara a él, así que acabé poniéndome a su lado.

Estar muslo con muslo con un tío con pinta de machote (que aparte me gustaba, era morenito, con algo de vello, y  con un físico agradable), hetero, con morbo, y con el que estás compartiendo el momento íntimo de cascártela,  para mí fue un auténtico gustazo, así que si seguía a ese ritmo iba a acabar pronto.

Yo intentaba aflojar la marcha, porque quería que la noche fuese algo más larga (o por lo menos que acabase la peli), pero notar cómo me estaba mirando el tío, me calentaba todavía más.

Por lo visto él tenía ya la misma excitación porque sin decir nada, cogió su brazo izquierdo y me lo puso alrededor del cuello (un gesto en plan colega) mientras con su mano derecha comenzó a acariciarme la pierna, ascendiendo desde la rodilla muy suavemente.

Finalmente llegó poco a poco hasta la ingle, y de ahí comenzó a acariciarme los huevos, momento en el que le dije que si seguía por ese camino me iba a hacer explotar de placer.

Sólo me dijo entonces que me incorporara, que me pusiera sobre él en el sofá y que me corriese sobre su cuerpo. Y eso hice, claro.

De normal ya he contado alguna vez por aquí que suelto bastante pero si el morbo o la situación lo hace “distinto” aquello es como un surtidor de gasolina. En este caso fue así y al acabar parecía que le habían echado un bote de nata líquida sobre el pecho.

El no tardó mucho en hacer lo mismo sobre sí, y por la cantidad que vi que soltaba, también le había calentado bastante todo aquello.

Después de limpiarnos un poco y quitar la película, que acabó unos minutos después, me dijo que entendiese que la discreción para él era súperimportante y todas esas cosas que suelen decir los hombres casados.

Le comenté que no tenía que preocuparse de nada, y que no iba a saludarle por la calle, si era eso lo que me pedía.

Antes de despedirse, me comentó que la semana siguiente tampoco estaba su mujer y que si yo quería podíamos hacer esto de vez en cuando.

Le agradecí su invitación pero no lo volví a hacer, al fin y al cabo se trataba de cumplir un morbo (o por lo menos de repetir experiencia de mi adolescencia) y se agolpaban ya otras ideas en mi cabeza para cumplir a corto plazo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

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El pequeño ruiseñor

El pequeño ruiseñor

Si me seguís de vez en cuando, os habréis dado cuenta de que a mí el rollo papaíto me ha gustado siempre, así que el morbillo de estar, de vez en cuando, con algún hetero curioso, tenía su punto.

Con el que os voy a hablar hoy contacté por mi chat de siempre, y después de intercambiar un poco las impresiones de cada uno y pasarnos foto (esta vez sólo de cara), me planté en su casa.

Generalmente los tíos casados preferían quedar fuera de su casa, por motivos evidentes, pero aprovechando que su mujer y su hija (pequeña) iban a estar fuera todo el fin de semana, me invitó directamente a su domicilio con la excusa de estar más cómodos.

El chaval no es que fuera especialmente guapo, pero tenía un puntito atractivo que me gustaba, y era su barbita (aún no habíamos llegado a la época de la sobreexplotación hipster de la barba actual).

Nos tomamos una copa antes de romper un poco el hielo (momento que aprovechó para explicarme que eso sólo lo hacía de uvas a peras -“porque no era marica”-), y después nos fuimos ya a su cama.

Reconozco que empezar a enrollarte rodeado de fotos del tío con el que estás y su mujer por todos lados, aunque tiene su morbo, da un poco de mal rollo (por lo menos a mí, por colaborar en cuernos ajenos), pero como siempre, al empezar a enrollarnos, la sangre comenzó a dejar de regar mi cerebro.

Mi empalme ya empezó a ser evidente y teniendo al tío morreándome encima de mí, comencé a meterle mano al culete, toqueteando unas nalgas bastante firmes. Mientras, poco a poco, ambos empezamos a desnudarnos.

Al final nos quedamos ambos en calzoncillos, momento en que me dí cuenta de que aunque mi empalme era evidente, el suyo, en cambio, brillaba por su ausencia. Le comenté si estaba agusto, si yo le molaba y él me dijo que sí en todo momento, y me parecía sincero, con lo que algo en concreto no me cuadraba en la situación.

Y fue en el momento de desnudarle totalmente cuando encontré el motivo.

Siempre había oído hablar de los micropenes, pero hasta que no te cruzas con uno no te haces una idea real de a qué se refiere esa definición. Aquello, que realmente estaba empalmado, no sería más grande que mi dedo pulgar. De hecho, sus huevos abultaban más que la polla, con lo que el aspecto en sí era más parecido a tres testículos, o un apéndice, que a un miembro viril en erección.

Lo curioso es que él no parecía preocupado por su situación. El tío en ningún momento me comentó “mira, me pasa esto…” o “espero que no te sorprenda…” o algo así. No. Para él era como una situación supernormal, así que para no herir sus sentimientos, intenté actuar como si tal cosa.

De hecho comencé a comerle los huevos, que es algo que me gusta bastante, pegándole de vez en cuando a su pollita algún lametón que otro (porque otra cosa no podía hacer con eso), y él parecía disfrutarlo mucho.

Lo que no entiendo es cómo pensando en todo aquello, no se me bajó a mí la erección, porque he de reconoceros que en ese momento, no tenía la cabeza en ese lugar, evidentemente.

Y es que, mientras, no dejaba de pensar en su mujer, en su pobre mujer. E incluso que no entendía cómo podía haber tenido una hija, porque esa polla difícilmente le entraría a su mujer unos pocos centímetros. Igual cuando eyaculaba, soltaba el chorro a mucha distancia, y la habría embarazado así, porque de otro modo yo lo veía complicado.

Por suerte, pronto me dijo que quería chupármela para que yo también disfrutara, cosa que agradecí en ese momento, ya que mi mente había comenzado a divagar por sí sola.

Hubo un momento gracioso y fue cuando me comentó que él no me quería penetrar, que no le molaba eso con un tío. Y lo dijo tan convencido, que es lo que mas me sorprendía de todo, cuando era evidente que no es que no le molase, es que realmente no sé como me lo podría haber hecho.

Al final de tanto movimiento y roce, llegó el momento de la eyaculación, que la mía fue menos caudalosa que otras veces (motivo evidente), y la suya tampoco es que fuese nada del otro mundo, volviendo a confirmar que no sé cómo había podido embarazar de forma natural a su mujer (a su pobre mujer).

Antes de irme, abrazados los dos en la cama, tuvimos una breve conversación:

– No has comentado nada.

Yo, haciéndome el tonto, pregunté:

– ¿Comentado algo sobre qué?

– Siempre lo he tenido así, pero bueno, se agradece que no hayas hecho comentarios.

Intentando quitarle hierro al asunto, sólo le dije que no pasaba nada pero que podía habérmelo advertido antes, así no me hubiese llevado la sorpresa.

Entonces él, sin un ápice de vergüenza me soltó:

– Es que en mi época los ombligos los hacían que cicatrizasen hacia afuera, y por eso tiene ese aspecto tan raro…

¿¿El ombligo?? Mirándole la polla ni siquiera había reparado en su ombligo, que sí, que lo tenía hacia afuera y no era muy bonito que digamos, pero como para fijarse en algo así…

En serio que con ese hombre no entendí nada. Vale que está bien no tener complejos de ningún tipo y tampoco iba a ser yo quien le provocase un trauma, pero yo creo que tanto si es por encima de la media como si es por debajo, la gente debería advertir de lo que tiene, ¿no creéis?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.