[Rec]

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Aunque la invención de la webcam haya sido para comunicarse entre personas, sobre todo alejadas geográficamente, para mí el único sentido que ha tenido siempre ha sido el de poder hacerse pajas con alguien. Ver y ser visto. Y punto.

Si bien ahora hay páginas dedicadas a eso, y de las que os hablaré en algún post próximo, yo lo hacía siempre a través del Messenger (anterior al Skype actual).

De las primeras veces que lo hice, no tengo demasiados recuerdos, pero sí de una en concreto que no creo que pueda olvidar nunca.

Para que os pongáis en contexto, estábamos en un momento en el que Guillermo ya sabía que yo era gay, y aunque la relación entre nosotros como amigos funcionaba bastante bien, yo seguía con la esperanza de ver si en algún momento podía ser algo mas.

Pero claro, él estaba tan bueno, que hacía surgir en mí todas mis inseguridades.

Ademas, estando con los demás del grupo, nunca teníamos momentos para nosotros solos, salvo alguna que otra charla esporádica.

Donde más me desahogaba con él era, por tanto, a través del Messenger ya que como yo siempre he tenido más facilidad de palabra que otra cosa, ahí, sin cortarme, podía decirle las cosas y ser yo mismo.

Sin embargo, pronto  me dejó claro que entre nosotros no iba a haber nada más porque no era el tipo de personas que a él le gustaban (tios buenorros, suelen buscar tios buenorros).

(¡Venga, digamos todos un Oooooooooh bien alto!)

Pero durante esas conversaciones también me di cuenta de que en cuestión de morbos, eso sí, eramos bastante parecidos.

Un día, hablando, me dijo que pusiese la cam, que me quería ver. Recuerdo que ese día hacía bastante fresco y cuando la conecté me sorprendió verlo a él en camiseta de tirantes, marcando pectorales y musculitos. Él estaba bueno, lo sabía y le gustaba que se lo dijesen.

En el buen término de la palabra, me di cuenta de que Guillermo era un buen calientapollas, y yo también quise seguir jugando.

Cuando le vi así vestido (o desvestido, según se mire), yo, para no ser menos, me quité el suéter que llevaba para que me viese en camiseta. Yo, aunque nunca he estado cachas, el tiempo empleado en la piscina algo se me notaba, así que no quería ser menos.

Pronto empezamos a calentarnos. Él me dijo que se iba a quitar la camiseta y después de hacerlo, vi como también (fuera de cámara) se quitaba los gayumbos con la excusa de que quería enseñarme de qué tipo eran los que él usaba (boxers de marca).

Me dijo que hiciera lo mismo y entre risas y tonterías, también lo hice, enseñándoselos a la cámara.

Yo ya estaba a tope, pero intentaba no ir por delante de él, porque no tenía claro hasta donde estaría él dispuesto a llegar.

Sin embargo, no contaba con que en esos casos, una parte de mi cuerpo cobra vida propia, y sin darme cuenta de lo que estaba enseñando yo por la cam, me dijo que por debajo me estaba asomando el periscopio…

En ese momento me entró la risa floja, y ya vi que bueno de perdidos al río  y bajé la cam hacia mi entrepierna para que viese cómo me estaba poniendo Guillermo la polla …

Él hizo lo mismo con su cam, y después de verle el cuerpo entero (depilado y con buen rabo, sin pasarse), empezamos a masturbarnos diciéndonos todas las guarradas que se nos ocurrían. De vez en cuando me ordenaba que me levantase, que me pasase el dedo por los pezones, que enseñase el culete y yo lo hacía todo.

El después hacía lo mismo que yo, así que pasamos un buen rato disfrutando del morbo del otro hasta que notamos que el calentón ya nos podía demasiado y que nos iban a explotar los huevos.

Cuando yo me caliento mucho, lubrico bastante (de jovencito llegué a consultarle al médico y todo) y eso sólo significa que la corrida será de las buenas. En ese caso fue así.  Como Guillermo me gustaba desde hace tiempo, y ya tenía claro que eso era lo máximo a lo que podía llegar con él, el momento del orgasmo fue tal que me llegó la leche hasta mi propia boca.

El vio eso, y no tardó ni dos segundos en correrse, claro, diciéndome a continuación que no sabía que yo podía llegar a ser tan morboso (aunque yo de primeras parezco tímido, a mi me calientas un poco y parezco otro).

A los dos días, habíamos quedado con el resto de la tropa (César, María, Raquel…) para cenar, y en un apartado le hablé de lo de la paja.

El dijo que era una cosa entre amigos, que no había que darle ninguna importancia, y que le había sorprendido verme tan excitado. Tanto, que de vez en cuando se ponía el vídeo porque le hacía gracia recordarlo…

Yo en ese momento no tenía ni idea de que se podían  hacer capturas de cam, así que aún le pregunté (tonto de mí) que de qué vídeo me estaba hablando.

Cuando me explicó, me agobié bastante.  Enseguida le dije que lo borrase, que de qué iba, que éramos colegas, que para qué lo quería…hasta que me dijo que simplemente lo quería guardar para a ver si así me “espoleaba un poco” y era capaz ya de decirle a Raquel que yo era gay, que era su amiga y que ya tocaba…

Ahí fue cuando pensé que Guillermo no sólo era un buen calientapollas, como ya había comprobado, sino que también era un auténtico gilipollas, como me estaba demostrando en ese momento.

No contento con eso, el colega me dio hasta un ultimátum, ya que si antes de fin de año no salía del armario, le enseñaría el vídeo a Raquel para que hablara por si solo.

Ah, y todo esto lo decía con su cachondeo habitual,  con sus risas y coñas,  que a mí en ese momento no me hacían ni puñetera gracia.

Yo en ese momento recuerdo que me quedé como en estado de shock, y como estábamos con más gente, tuve que disimular bastante.

Por un lado pensé que estaba tomándome el pelo y que ni me había grabado ni nada, que así era él. Pero por otro lado…llevaba mucho tiempo diciéndome que tenía que hacer un outing y que si no lo hacía yo iba a hacerlo él.

Por cierto que ahí comprendí esa frase tan manida que del amor al odio se pasa en un minuto, porque en esa cena, lo que yo sentí por Guillermo ya fue justamente eso.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com