A pleno sol

A pleno sol

Finiquitado ya prácticamente el verano, este año decidí pasar mis últimos días de vacaciones yendo a la playa nudista.

En estos sitios, y da igual a qué playa vayas, se suele encontrar siempre el mismo tipo de “fauna” habitual.

Por un lado, aunque cada vez menos, están aquellos que no se quitan el bañador ni por saber morir. Suelen ir solos, y se pasan el rato mirando a diestro y siniestro de una forma compulsiva. Son “mirones” de manual, que disfrutan mirando pero evitando siempre poner su cuerpo a la vista.

Después están los que yo llamo “marrones”, que son aquellos que desde primeros de mayo hasta finales de octubre se pasan el día tomando el sol hasta que tienen ese color oscuro  integral tan poco sano que más que bronceados parecen pintados.

Tras estos, estarían los que yo llamo “los desahuciados” que suelen ser tios de cincuenta y  muchos años, generalmente pienso que casados, que van a la playa a la espera de que en la zona de cruising haya movimiento. En este caso, en las dunas, pero puede ser una fábrica/casa abandonada o un bosque cercano. Aunque este grupo son los más numerosos, pocas veces se suelen enrollar entre ellos.

Luego estarían  aquellos tíos buenorros que no sé muy bien de qué van. Y digo eso porque se suelen pasear alrededor de otros tíos y subir y bajar de la zona de cruising buscando algo que no se sabe muy bien qué es. Hay gente que piensa que son chaperos (yo lo pienso) mientras otros piensan que son divas tan exigentes y narcisistas que sólo se quieren a sí mismos, rechazando a todos los que se les puedan acercar.

Después vendrían las parejitas, que están tan enamoradas que sólo se miran el uno al otro y van de la toalla al agua, entre arrumacos, con una forma de andar que más parece que floten entre algodones. (Por cierto que estas mismas parejas, años después, irán a la playa buscando a un tercero con el que enrollarse, y animar de esta forma, su monotonía conyugal…).

Y por último estarían el grupo de los solitarios como yo, que van a la playa con una revista y a escuchar algo de música entre baño y baño, disfrutando a solas del buen tiempo.

El útlimo dia antes de volverme, decidí pasar todo el día en la playa aprovechando ya los últimos rayos de sol. Estando ahí tumbado, sobre mi toalla y con mi culete blanco al aire (fruto de la marca del bañador que he llevado casi todo el verano) me dediqué a observar a todos y cada uno de los grupos de los que os he hablado.

Estando así, y un poco a mi bola también, otro solitario se puso cerca de donde yo estaba.

Un chico con barbita, de mi edad o un poco más joven, que nada más despelotarse dejó ver que estaba depilado íntegramente. Se puso boca abajo, enseñando un culazo tan bien puesto, que ni en esa postura se le deformó lo más mínimo.

Me quedé observando ese culo, ajeno a todo lo demás, cuando vi cómo empezó a apretar y soltar los cachetes, con movimientos hipnóticos para mí. Pensé en ese momento que estaba haciendo gimnasia y que por ese motivo tenía el culo que tenía. Inocente de mí, hizo un movimiento de pelvis que me hizo ver el pollón gordo que gastaba, por lo que entendí que lo que estaba haciendo con el culete eran movimientos de estar follándose la toalla…

A mí en ese momento me entró la risa floja, la verdad. El tío, al ver cómo yo sonreía (más bien me descojonaba) pensó que le había sonreído a él y comenzó a mirarme y calentarse más de la cuenta. Al momento se cambió de postura y mirando hacia mí me enseñó cómo se le había puesto ya el rabo de duro. Yo, tumbado como estaba, y que no soy de piedra, noté como mi polla comenzó a tener vida propia con lo que me la coloqué como pude… animando al tío todavía más. Fue cuando se echó saliva en la mano y comenzó a menéarsela sin dejar de mirarme.

Yo en ese momento ya no sabía donde ponerme porque, entre otras cosas, en la playa seguía paseando gente por la orilla (parejas gays, heteros, y también tías solas) y alrededor también había gente de todo tipo viendo (o no) ese espectáculo.  En eso que una gaviota en plan vuelo rasante hizo distraerme un poco, y al seguirla con la mirada dirección dunas, y volver después la mirada al tío, provoqué sin querer un malentendido total: El tío pensó que le ofrecía algo, y ni corto ni perezoso se levantó y se fue hacia las dunas (zona cruising) esperando que yo le siguiera hasta el lugar.

Pero no lo hice. Aunque tengo mi punto exhibicionista, el sexo en público no es lo mío, así que aunque fuese en una zona retirada… yo ahí en la playa no pensaba hacer nada.  Por lo menos mientras el calentón no fuese a más.

Al momento el tio volvió, con cara de incredulidad, y se volvió a poner boca abajo, volviendo como al principio a follarse la toalla sin dejar de mirarme. A mí la situación me empezó a agobiar. El tío estaba muy pero que muy bueno (demasiado) y antes de que la situación se me fuese de las manos y no pudiera controlarme decidí vestirme y largarme del lugar con el rabo (tieso) entre las piernas.

Nada más ver que me vestía para irme, el tío empezó a hacer lo mismo, y yo empecé a pensar mal…

De camino por la orilla, el tío me comenzó a seguir a una distancia prudencial. Cuando llevábamos ya un ratillo andando, me giré y le pregunté si es que él también iba andando hasta su casa pues habíamos pasado ya las dos zonas de parking.  Me dijo que sí con la cabeza y poco más.

En eso que llegó un momento en que ya se puso a mi altura.  Le pregunté entonces si era de la zona, y me dijo que no, que de un pueblo cercano y que había ido a pasar el día. ¿Andando? le pregunté yo.  Fue entonces cuando se quedó parado, me tiró mano al paquete y con un “me he quedado con ganas de chupártela”, dio media vuelta y volvió a la zona de playa de la que nos habíamos largado.

Yo me quedé flipado por la situación en sí y pensé en algo que me había estado rondando: que el tío era chapero y simplemente me había estado ofreciendo sus servicios. Estaba demasiado bueno, y con la de chulazos que había en la playa… no era lógico que se hubiese fijado en mí.

Llegué a casa y después de pegarme una ducha fría (y hacerme una paja) hablé con un amigo que me dijo que  “había tontos en el mundo y luego estaba yo, que no sabía ya ni reconocer cuándo había ligado”. Yo intenté decirle que no creía que fuese el caso, que el tío estaba tremendo y todo lo demás, a lo que me acabó diciendo que aunque era fácil levantarme la polla, “la autoestima la seguía teniendo por los suelos”.

La verdad es que al final me dejó con la duda, aunque claro, a esas alturas ya poco podía hacer. Eso sí, como anécdota de final de verano, me pareció curiosa.

Si es que lo que no me pase a mí…

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Delitos y faltas

Delitos y faltas

Ahora que empieza a hacer calor (o caloret) por estas latitudes y la temporada de playa ya ha comenzado, me gustaría contaros algo que me pasó a finales del verano pasado.

Como sabéis, de unos años a esta parte me aficioné a ir a las playas nudistas. No ya por la supuesta libertad que se respira en esos sitios, sino más bien por el hecho de ver cuerpos al sol, y poner también el tuyo a la vista de los demás. El hecho de bañarse en bolas, he de reconocer que me encanta, así que eso también es un punto a su favor.

Sin embargo, no tenía yo el cuerpo para farolillos, así que el verano pasado fui a playas textiles, más que nada porque hacer cosas que hacía con mi ex, y lo de la playa era una de ellas, me seguía recordando demasiado a él. No fue hasta final del verano cuando me dije a mí mismo que eso no podía seguir así y que debía retomar ya esas viejas y sanas costumbres.

Así que me cogí los bártulos y me fui a una playa de una población cercana que me gustaba bastante por lo tranquila que era. Y porque tenía chiringuito y para una cerveza fresquita, siempre venía bien.

Como por aquel entonces tenía puesta la app esta de ligoteo, me puse a mirar (más por cotilleo que por otra cosa) a ver qué chulazos tenía a mi alrededor. En esos sitios de concentración gay, la verdad es que la app suele echar humo, y ese caso no iba a ser menos. Miré algunos, hablé con otros, saludé a unos cuantos…y al final nada de nada porque además estaban todos en el pueblo (no en la playa).

Sólo con uno que me llamó la atención porque el cuerpo parecía esculpido por lo mucho que se le marcaban los abdominales pude mantener cierta conversación hasta que de repente se quedó mudo (no es la primera vez que me pasa).

No le di demasiada importancia y seguí a la mía en plan relax total hasta que se me empezó a echar el tiempo encima. Esa noche había quedado para cenar y tenía aún que volver a mi ciudad, ducharme y arreglarme un poco.

Fue en el momento de recoger las cosas de la playa cuando el de los abdominales decidió retomar la conversación, diciéndome que iba hacia la playa ahora mismo, y que por dónde estaba.

Me sorprendió puesto que tampoco habíamos quedado en nada, y yo, como soy bastante cuadriculado y había decidido que me volvía, pasé un poco del tema…hasta que me crucé con alguien que iba con el móvil en la mano mirando a todos lados.

Me hizo gracia la situación  y entonces sí, me presenté y ambos nos dimos cuenta de que eramos los de la app.

El chico era algo más joven que yo y bastante guapo. Delgadito, en las fotos parecía mucho más cuadrado de lo que estaba. En realidad estaba fibrado, mucho, y por eso se le marcaban tanto los abdominales.

En el momento en que nos conocimos, ambos íbamos vestidos (él sin camiseta) y convencido de quedarme un rato más para ver hasta donde llegaba la situación, nos tumbamos en la arena sobre las toallas.

El chico la verdad es que tenía conversación. Era una mezcla entre timidez y morbo que me atrajo enseguida. La conversación pronto entró en otros derroteros y ambos nos desnudamos para estar más “cómodos”.

A mí, como la convesación, sin querer, había subido de tono, se me estaba ya poniendo la polla morcillona y al ver al chaval a mi lado como dios lo trajo al mundo y ver que la naturaleza con él había sido generosa, todavía me puse más.

A los pocos minutos, ya estábamos comiéndonos la boca. Y un poco después el encima de mí para notar como mi polla le rebotaba en las nalgas.

He de decir que estábamos a la vista de todos y aunque cortados, como que no podíamos parar de ponernos burros los dos, calientes como estábamos.

Había buen rollo y eso la verdad es que se notaba. Tan buen rollo había que, no sé muy bien porqué (bueno, sí, por algo que pasa siempre, que doy confianza enseguida) el chaval vio necesario contarme que acababa de salir de la cárcel…

A mí esa revelación, la verdad es que me cortó totalmente el rollo. Que alguien que no conoces de nada, te suelte algo así, en serio que acojona.

El chaval, al notar mi reacción (se me bajó la polla enseguida) se disculpó, diciéndome que si me lo estaba contando no era para asustarme, sino porque le había dado tan buena impresión que necesitaba contármelo.

Me dijo que le habían detenido la policía, porque por lo visto, pesaba sobre él una orden de busca y captura. Que le habían metido en un lío de estafa y fraude, con una banda organizada. Que se ve que habían cogido sus datos sin saber y que le habían encalomado algo que no había hecho. Un testaferro de toda la vida, aunque él se declaraba inocente, claro.

Yo la verdad es que ni creí que fuese inocente del todo, ni pensé que el chaval que tenía a mi lado me fuese a dar miedo. Así que me volví a relajar, aunque he de decir que no tanto como al prinicpio.

Fuimos entonces a bañarnos, ya que entre el sol, y el sofocón que me había dado con su revelación, tenía demasiado calor.

En el agua, retomada la confianza, pasó tres cuartos de lo mismo. Nos comimos las bocas cono si no hubiese un mañana y haciendo el caballito, nuestros rabos volvieron a ponerse como lanzas.

En ese momento, ni corto ni perezoso, el tio se salió del agua, y yo con él, con lo que si nos llegamos a cruzar con alguien, hubiésemos dado un buen espectáculo, empalmados como íbamos por la arena.

En la playa aquello fue a más de nuevo. Encima el tio me contaba historias de la cárcel, de las duchas, de maromos que había visto, y a mí, encima todavía me empezó a dar más morbo la situación.

A él también, claro, y en un momento dado me propuso que nos fuéramos a la parte de atrás, donde las dunas,  a comérnoslas un rato.  Y eso hicimos. Fue unos minutos nada más, en los que él se agachó y empezó a tragar, hasta que no sé de dónde, comenzó a venir gente hacia nosotros. Eso ya nos dio un poco más de corte (sobre todo a él) y decidimos que era mejor dejarlo.

Para colmo nos dimos cuenta de que a los dos se nos había hecho demasiado tarde. Yo tenía que irme que aún me quedaba un buen tramo hasta llegar a casa y él también tenía que irse puesto que había quedado con su abogado para resolver algunos asuntos pendientes.

Nos intercambiamos los teléfonos y aún estuvimos hablando un poco más hasta que llegamos al lugar de nuestra despedida, ya en el pueblo.

Antes de irse, me dijo que le había gustado lo buen tío que parecía, y que le había dado mucha confianza. Que no era el tipo de gente con la que se solía relacionar, y que igual la cárcel le ayudaba a reformarse un poco.  Dicho esto, se aupó y me dio un pico en la boca, en un gesto bastante tierno y a la vista de todo el mundo.

Cuando llegué a casa, aparte de la paja porque me iban a reventar los huevos por la tarde que había pasado, se me ocurrió hacer una búsqueda rápida en Internet, y sí, todo lo que me había contado era verdad. Había varias páginas de periódicos contando lo sucedido y las iniciales coincidían con el chaval.

Cómo acabaría, no lo sé. He estado tentado de llamarle o escribirle en todo este tiempo, pero a día de hoy ni una cosa ni la otra. Espero, eso sí, que no  se haya metido de nuevo en líos y que como dijo, su paso por la cárcel le haya servido al menos para algo.

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Limanakia

Limanakia

No hace mucho os hablé en este blog de “El desconocido del lago“, una película de intriga ambientada en una zona de cruising francesa.

Pues bien, hace poco di por casualidad con un cortometraje que parece que lo hubieran hecho con las escenas eliminadas de aquella película. Y digo eliminadas por lo explícitas que son para aparecer en una película mínimamente conercial.

Y es que este corto es una sucesión de imágenes de mamadas y folladas reales grabadas con lo que, parece ser (o eso simula en algunas escenas), una cámara oculta.

Las escenas se ven de una forma clara, sin filtros, aunque sí se difumina la cara de los participantes para preservar su intimidad.

Se supone, por tanto, que de actores profesionales nada, con lo que lo que se ve en el film es el fruto de calentones reales entre tíos amateurs.

Lo único que está editado es la contraposición de imágenes, pues se montan varias escenas a la vez, una al lado de la otra, para que así la zona tenga la apariencia de una gran orgía al aire libre.

El nombre de la película viene dado por la zona de playa donde está grabada. Limanakia es realmente una zona rocosa, de calas, situado en el sur de Atenas. En concreto en la zona de Leoforos Poseidón.

Yo, de Grecia, conocía Mikonos como el paraíso gay por excelencia (una especie de Ibiza griega) pero se ve que esta zona en concreto es también conocida por los amantes del cruising del mundo.

El autor de este cortometraje es un tal Antonio da Silva, y leyendo información sobre él no me queda claro si realmente es director de cine, o lo que pretende es realizar un estudio sociológico sobre el fenómeno del sexo gay alrededor del planeta.

Y es que desde el año 2011 hasta este año 2016 ha realizado ni más ni menos que 19 cortos, con una duración entre los cuatro el más corto y unos 36 minutos el más largo, con argumentos tan variados como el sexo en público, el sexo en pareja, el sexo intergeneracional o el sexo durante celebraciones de todo tipo.

Y con títulos tan sugerentes como “Daddies”, “Nude dudes”,”Cariocas” o “Brazil Carnival”, donde las escenas explícitas se intercalan desordenadamente con un estilo de grabación próximo al documental.

Según su página web, su director (portugués de nacimiento aunque londinense de adopción) no se considera asimismo «pornografo», aunque sí un artista que usa sus gustos personales y su interés por el cuerpo masculino para plasmar imágenes de sexo de una forma, al menos, distinta a lo visto hasta ahora.

Si veo alguna película más de este autor, ya la iré comentando por aquí. De momento, os dejo un enlace a su página web y al tráiler de este corto en concreto.

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El desconocido del lago

El desconocido del lago

Cuando hablé el otro día de mis primeras experiencias con las playas nudistas, se me olvidó comentar que no fue hasta ir a esos lugares cuando conocí lo que realmente era el “cruising”.

Para quien no lo sepa, el cruising es el término inglés que define la actividad de buscar sexo en lugares públicos, como parques, playas o descampados, principalmente referido a los varones homosexuales (Wikipedia dixit). En castellano, también se conoce como “cancaneo” pero como es una palabra que no me gusta demasiado, evitaré usarla en este post.

A ver, sí que conocía de oídas en qué consistía esa práctica sexual. Incluso sabía de zonas en mi ciudad donde se practicaba.

Así, en Valencia (y supongo que en el resto de ciudades de toda España y del mundo en general), siempre había oído hablar de los servicios de algunos centros comerciales y de los alrededores de la Estación de Autobuses.

O ya al aire libre, la zona del Río y los Jardines del Real (más conocidos como Viveros), donde siempre ha sido habitual a determinadas horas ver a muchos abueletes tocándose la polla cuando pasabas, señal inequívoca de que iban buscando “guerra”.

Pues bien, aunque sabía que existía, no fue hasta empezar a acudir a las playas nudistas cuando pude comprobar en qué consistía realmente.

Y es que digamos que si durante el día el público habitual suele ser de tomar el sol, bañarse y relajarse, cuando el sol empieza a caer, estas mismas playas se van llenando de otro tipo de público que va buscando “otra cosa” muy distinta.

Así, al pasar por determinadas zonas de la playa (generalmente las dunas, o el parking, o caminos algo más escondidos), puedes ver claramente a gente buscando a gente, cuando no practicando sexo abiertamente.

La primera vez que me di de bruces con esa realidad paralela, fue una tarde que estando en la playa no podía aguantarme ya de mear. Aunque sé que es una guarrada, antes que nada intenté hacer dentro del agua, pero después de casi veinte minutos a remojo tuve claro que mi vejiga en alta mar no iba a conseguir soltar ni una gota.

Así que ni corto ni perezoso me desplacé a la parte trasera de la playa, donde las dunas te separan del resto de los bañistas, dispuesto a vaciarle el agua al canario.

Mi sorpresa vino cuando al ponerme en posición de mear, vi como enseguida de detrás de unos matorrales empezaron a salir, como si fueran setas, muchos tíos con ganas de polla.

Lo que más me sorprendió fue la edad de todos ellos. Por lo que yo he visto la mayoría de gente que hace cruising son de mediana edad para arriba (con independencia de la playa adonde vayas). Mucho hombre cincuentón. Muchos con pinta de casados que tienen en estos lugares un sitio digamos “discreto” donde desahogarse y si te he visto no me acuerdo.

Viendo que con “público” tampoco iba a conseguir mear, me desplacé unos metros hasta una zona algo menos concurrida pero volvió a pasar tres cuartos de lo mismo. Al minuto varios hombres se acercaban hacia a mí magreándose la polla y los huevos como si estuviesen enseñando su mercancía.

Y es que otra cosa que siempre me ha sorprendido es que un chaval joven, con ganas, se puede hartar de comer pollas ahí mismo, pues la gente que suele hacer cruising se pirra por los chavales mucho más jóvenes que ellos.

(De hecho, incluso, últimamente es bastante habitual que chaperos jóvenes -muchos, rumanos- se paseen por esas zonas y a la mínima pidan cierta cantidad antes de empezar a hacer nada. No tengo muy claro si realmente la gente está dispuesta a pagar, pero viendo que cada año aumenta la oferta, supongo que la respuesta es afirmativa).

Al final, evidentemente, no pude mear, pero me sirvió para conocer lo que se cuece en esa parte un tanto apartada de la playa.

Esa primera vez, recuerdo además que cuando cogí el camino de vuelta hacia el coche, al pasar por los caminos, sí que llegué a ver a gente masturbándose mutuamente, o haciéndose alguna mamada, y al pasar y ver “carne fresca” como incluso incitaban para que me uniese a la fiesta que tenían montada.

Posteriormente, situaciones similares las he visto en otras playas en las que he estado (que ya iré contando), y con un tipo de público bastante similar en todas ellas.

Todo esto que cuento, está muy bien reflejado en una muy buena película llamada “El desconocido del lago” (trailer aquí).

La película, francesa, del año 2013, fue dirigida por Alain Guiraudie y protagonizada por
Pierre Deladonchamps, Christophe Paou y Patrick D’Assumçao.

Ganó el premio al mejor director en Cannes (sección Un Certain Regarde), y tuvo 8 nominaciones a los César, consiguiendo el de actor revelación.

El argumento principal es el de un asesinato cometido en una zona de cruising (un lago del Sur de Francia), pero sirve al director para mostrar todo lo que se cuece alrededor de ese mundo.

Para eso, el director se basa en escenas totalmente explícitas (mucho desnudo, mucho folleteo), pero sin dejar de lado el suspense que impregna toda la atmósfera.

Una atmósfera, por cierto, muy bien conseguida porque la película no tiene BSO (no suena nada de música durante todo el metraje) sino que todo se basa en sonidos propios de la naturaleza, consiguiendo que parece que estés viviéndolo como un personaje más de la propia película.

Por cierto, que si quereis vivirlo también en primera persona, pero por medio de la lectura, recomiendo el blog “Diario de cruising” en el que un madrileño llamado Marcos cuenta todas sus aventuras y desventuras de sus veranos en las playas del sur de Alicante

Unas playas en las que por lo visto hay mejor nivel que lo que yo he visto por las zonas que conozco, todo sea dicho. Suerte que tienen algunos, jeje.

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