Infiel

Infiel

Hoy quería hablaros de la infidelidad en pareja.

No entraría aquí todo lo que sean parejas abiertas, tema de cornudos consentidos, tríos, mundo swinger o similares. En esos casos, son ellos los que ponen las reglas en su pareja, y si ambos las aceptan, me parece genial.

(De hecho si os gusta ese mundo podéis leer blogs muy interesantes como el de unhombrelibre o el de cuernosgaybisex).

Yo me refiero a parejas en las que una de las dos partes, engaña a la otra sin su consentimiento. Porque si partimos de que en una relación el tema de la sinceridad es muy importante, la infidelidad rompe justamente con eso.

Dicho esto, he de reconocer que  dos veces en mi vida estuve apunto de ser infiel.

La primera vez fue justamente con Lorenzo, de quien os hablé en el último post. Como ya os conté llegó un momento en que mi relación no podía alargarla más, así que recuerdo que entré un día al chat pidiendo consejos sobre cómo cortar con alguien provocando el menor daño posible y di con un chaval que no vivía demasiado lejos de mi casa. Al notar el estado de agobio en el que me encontraba, me dijo que lo mejor era quedar a tomar algo y así hablarlo cara a cara, que seguro que me iba a sentir mejor.

Estuvimos un rato en una cafetería, y al terminar de la charla me comentó que estaba claro que mi pareja no tenía futuro y me dijo que si quería ir a su casa… Yo accedí, a sabiendas de lo que eso significaba (que no era tonto), pero fue dar unos cuantos pasos y arrepentirme, diciéndole que aunque tenía claro que mi situación no podía continuar así, irme con él en ese momento no era la mejor forma de solucionarlo.  Al día siguiente, cortaba con Lorenzo.

Años después, estando nuevamente en pareja, la cosa no funcionaba nada bien. Digamos que me sentía estancado, y nos empezamos a dar cuenta de que lo nuestro no iba a ninguna parte. Era ya la época del Bender (la aplicación de ligoteo), así que un día de calentón en el que él estaba fuera, me bajé la app, y automáticamente ligué con uno. En ese caso, fui directamente a su domicilio (no sin cuestionarme qué coño estaba haciendo). Subí a su casa, un poco de charla, y cuando ya estábamos en su cama, ambos con los pantalones por los tobillos y ya palotes, me entró un ataque de conciencia brutal, y le dije que me iba. Le comenté que tenía novio, y que aunque no nos iba bien ahora, si me acostaba con él no me lo podría quitar de la cabeza. Yo pensé que se cabrearía, por actuar un poco de calientapollas, pero me dijo que me entendía, y que si no iba a estar agusto era mejor así.

Incluso antes de despedirme de su casa, me dijo una frase que se me quedó grabada:

“tu novio tiene mucha suerte por estar con alguien como tú”

Sin embargo,  para mí era justo al contrario porque yo me sentía bastante mal por aquello, y cuando mi novio volvió de viaje, recuerdo que me costaba mirarle a la cara. Nunca le reconocí lo que pasó, pero sí tuvimos una conversación bastante sincera entre nosotros y aunque nos dimos una segunda oportunidad que pareció funcionar bastante bien, poco tiempo después, cortamos definitivamente.

Si que es cierto que en estas dos veces, mi relación de pareja estaba prácticamente muerta, y aún así no llegué a rematar nada porque no me parecía justo engañar de ese modo a la otra persona (y aparte los remordimientos que me entraron, que fueron increíbles).

Por eso no consigo comprender qué pasa por la mente de una persona que es infiel de forma habitual, y que nunca se llega a cuestionar el daño que puede estar haciendo.

Y es que a lo largo de mi vida he conocido bastantes casos (tanto heteros como gays) de cornudos y corneadores.

Un amigo de mi pareja, de hecho, está casado y con una hija, y a lo largo de bastante tiempo ha tenido una amante fija a la que veía cuando podía, invéntandose mil historias para ir a verla. Y cuando terminó la relación con esa, empezó con otra del mismo modo.

¿La excusa? que su relación con su pareja está rota, pero que si tuviese que divorciarse, el gasto que eso le supondría sería increíble, así que mejor seguir así.

Luego están otros casos que también conozco en el que según ellos hay que diferenciar el amor, del sexo.

De estos conozco a un tío que tiene novia desde hace años, que viven juntos, pero que  es tan machote él que siempre necesita más, y por eso se acuesta con tíos y tías (se reconoce bisexual), sin importarle absolutamente nada.

Lo fuerte es que él siempre dice que está superenamorado de su novia y que una cosa no quita a la otra. Pero a mí engañar de esa forma a alguien que se supone quieres tanto, me chirría un poco.

Y vale que es solo sexo, pero no creo yo que si ella se enterase, el saber ese detalle le aliviaría mucho más (siendo que con los cuernos que lleva la pobre, no cabe ya por la puerta).

Y puedo entender que cada uno es un mundo y que lo que le parece mal a una persona, a otra le parece estupendo (de hecho el tema de la infidelidad suele ser bastante polémico), pero pienso que el engaño en una pareja, nunca puede ser sano.

Por último aclarada mi opinión al respecto, solo queda añadir una cosa más.

Y es que he de reconoceros que la gente infiel, aunque me repelen por todo lo que he explicado (me pongo automáticamente en la piel del cornudo/a), también he de reconocer que me generan una atracción, digamos, malsana, supongo que por esa actitud hipermachorrra que suelen desprender todos ellos y que he podido comprobar más de una vez.

Ya véis, contradicciones que tiene uno…

¿A todo esto, vosotr@s qué pensáis?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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El Mariachi

El Mariachi

La primera vez que llegó internet a mi casa, lo que más valoré, aparte de poder ver porno a todas horas, fue el poder comunicarme con otros que “entendían” perfectamente por lo que estaba pasando.

Como mucha gente, el primer chat que conocí (de hecho creo que no conozco a día de hoy ninguno más) fue el de chueca.

Puse un nick cualquiera y me puse a hablar con todo el que pillaba en el canal. Entonces no era como ahora, en la que todo el mundo busca sexo, sin más, no. Por aquél entonces la gente hablaba, tenían conversación, más allá del “cuanto te mide” y del “eres pasivo?”.

Un nick que me llamó la atención fue el de  ORION38.

A mí siempre me ha atraído la civilización egipcia y por si no lo sabéis, hay estudios que afirman que las Pirámides de Giza están orientadas hacia la constelación de Orión, de ahí que se sospeche que la separación entre ellas no fue aleatoria. Yo esos estudios los conocía, y la persona bajo ese nick también, con lo que la conversación desde el primer momento resultó muy fácil.

El chico (mayor que yo), me comentó que era mexicano, pero que llevaba viviendo en Zaragoza por su trabajo de ingeniero ya 7 años y que vivía con su novio. Yo le conté mas o menos mi vida también y estuvimos hablando durante bastante tiempo esa primera vez.

Cuando acabamos, nos intercambiamos los e-mails para seguir en contacto, puesto que no había ni skype, ni wassap, ni messenger, ni nada que se le pareciese.

Estuvimos escribiéndonos alrededor de 2 meses. Como vivíamos lejos y además él tenía pareja, la posibilidad de conocernos era bastante remota, de ahí que igual, por esa sensación de “no buscar nada”,  nos podíamos contar de todo: fantasías, morbos, sentimientos, alegrías, penas…

Hasta que un día, por casualidades de la vida, se nos dio la posibilidad de conocernos.

Yo por aquella época (primeros años de la universidad), me apuntaba a varios cursos de esos de verano para poder complementar mis estudios. Como aquellos que me interesaban los ofertaban varias universidades, yo eché la solicitud a todas ellas, pero justamente la única que aceptó mi solicitud fue la de Zaragoza.

Así que se lo dije, nos intercambiamos teléfonos y para Zaragoza que me fui.

De la semana que estuve por allí, por cuestión de horarios míos y suyos (y de su novio -para no coincidir-), sólo pudimos vernos tres días.

El primero, quedamos en la puerta de la residencia de estudiantes donde me alojé esa semana.  Aunque ya nos conocíamos por fotos, verlo en persona, me impactó.

Era muy moreno, más bajito que yo, y muy guapo. Se le notaba que hacía bastante deporte porque se le marcaba bastante el pectoral en la camisa que llevaba. Me pareció muy atractivo.

Nos saludamos y nos fuimos a cenar. La sensación era como si nos conociéramos de toda la vida aunque en persona nos acabásemos de conocer. Pasamos una cena muy entretenida, y después, me acercó otra vez en el coche a la residencia. Y ya está. Ni siquiera nos besamos, nos despedimos y dijimos que nos veríamos a la noche siguiente.

Yo la verdad es que esa primera noche me quedé algo decepcionado, y claro, qué es lo primero que piensas? que no le has gustado. Que nos habíamos caído muy bien pero ya está.

También es verdad que él tenía pareja, y bueno, pudiera ser que él no quisiera ponerle los cuernos, pero sinceramente, a mí en ese momento, su pareja me importaba bastante poco.

A la noche siguiente me mandó un sms diciendo que por el trabajo no podía quedar a cenar conmigo, pero que si quería, después, me invitaba a tomar algo. Le dije que sí, claro, y me recogió sobre las 11 de la noche.

Nada mas subir al coche me dijo: “Siento si anoche la despedida resultó un poco fría, pero era tarde y mi novio esperaba ya en casa. Sin embargo hoy no está. Me gustaría que pasases la noche conmigo”

Uffff, creo que mi empalme fue instantáneo “Vamos a tu casa ya”, es lo que único que le dije.

Fue dejar el coche en su garaje y empezar a besarnos. Nos seguimos besando en el ascensor y en la entrada de su casa. Una vez dentro me llevó a su habitación sin dejar de morrearnos.  Yo estaba que no me lo creía.

Él era bastante mas mayor que yo, pero esa sensación de “protección” es la que más me gustaba de él.  Al contrario, yo para él era un estudiante jovencito, y además “virgen”, con todo el morbo añadido que eso tenía, según me comentó después.

Recuerdo tenerlo a él encima y empezar a meterle mano porque quería tocarle el culo. Y madre mía que culo tenía (tengo fijación por los culos, desde siempre).

Le dije que diese la vuelta que se tumbase él en la cama y le bajé los pantalones y los calzoncillos de golpe. Quería verle la polla. Me gustaría decir que tenía una buena herramienta, porque dicen que los bajitos…. pues ya se sabe… pero vamos, no.. Era bastante proporcionada al resto del cuerpo, y ya está, pero a mí me encantó, jeje.

De ahí pasamos a hacer un 69 porque él tambien quería. Mientras me empezó a meter dos dedos por el culo para que yo disfrutara todavía más.

En un momento dado, y como quien no quiere la cosa, saqué unos condones que iban conmigo en la cartera desde hacía tiempo. El se sorprendió, porque yo había pasado de “mosquita muerta” a llevar la iniciativa , pero le gustó ese cambio. Sin embargo, el primer condón que cogimos se rompió a la primera. Y el segundo, igual. Vamos, que estaban mas caducados que caducados…

Pero bueno, para jugar tampoco hacían falta condones.

Nos pasamos no sé ni cuanto tiempo chupando, lamiendo, jugueteando, disfrutando.

Al final yo no podía aguantar más y le dije que se diese la vuelta que quería correrme sobre su culo. Y vaya si lo hice, solté una de chorros que me quedaron los huevos como dos pasas, jeje . Recuerdo que él, al notar como le caía por la espalda y el culo, dijo “Tío, parece que me estés  meando”.

Él después de aquello, se giró sobre mí y se corrió sobre mi polla y huevos, quedando los dos, agotados.

Luego nos duchamos y me quedé a dormir, hasta las seis de la mañana que me fui para no cruzarme con su novio.

A la mañana siguiente, me acompaño a la estación a despedirse de mí. Le di un beso en el coche, y le dije que había disfrutado mucho. Él me dijo que me cuidase y que siempre se acordaría de mí.

Me hubiese gustado decir que a la vuelta hacia mi casa, fui muy feliz, pensando en cómo se había desarrollado todo, sin embargo me había empezado ya  una sensación de agobio que me acompañaría los próximos meses….

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com