Taekwondo

Taekwondo

Hace un tiempo, asistí en Twitter a una conversación entre varios usuarios que comentaban si la película “Taekwondo” valía la pena. Unos decían que sí, y otros que no, pero todos valoraban lo buenorros que estaban los actores protagonistas.

Como uno es curioso de por sí, se me ocurrió entonces buscar en Internet hasta que di con la película. Comencé entonces a verla hasta que un escalofrío recorrió mi espalda en el momento en que aparecieron en pantalla el nombre de sus autores:

Marco Berger  y Martín Farina.

¿No os suenan estos nombres? a mí sí, y si alguno de vosotros es seguidor de mi blog, también os sonarán, pues fueron los mismos autores que engendraron una ¿película? llamada Fulboy.

En su día,  aquello me pareció una “auténtica mierda”, así que podéis pensar qué es lo que decidí hacer con esta nueva película: No verla. Y así la dejé, guardada en mi ordenador, como una de tantas.

Pues lo que son las cosas, hace unos días me dio por revisitarla, darle una nueva oportunidad y …. me sorprendió, puesto que la película es bastante mejor que su predecesora.

A ver, tanto Fulboy como Taekwondo comparten el hecho de sacar maromos ligeros de ropa, imágenes homoeróticas y algunos desnudos que otros, pero lo que de verdad las diferencia es que esta última, al menos tiene un argumento.

Y es que la película se centra en un fin de semana en la que el protagonista, Fernando (Lucas Papa), invita a un amigo suyo, Germán (Gabriel Epstein), que conoce de clases de Taekwondo para que pase unos días con él y sus amigos en la casa familiar.

El tema es que Germán es gay, y no sabe exactamente si su amigo, el que le invitó, lo es también y quiere algo con él, o son simples pajas mentales que él se monta en su cabeza, por lo que durante toda la película existe una tensión sexual que no se resolverá hasta el final. Gracias a eso, la verdad es que la película engancha, por lo menos conmigo lo hizo, y eso que la película tiene un exceso de metraje que llega hasta los 112 minutos.

Además, los tíos (sobre todo Germán) están bastante bien en su conjunto.

Unos tíos que porque dicen todo el rato que son heteros, que si llega a ser por cómo actúan entre ellos (en bolas varias veces, desnudándose muy juntos, miradas en las duchas…) cualquiera diría que son todos gays, pero bueno.

De hecho el momento en el que llega el amigo-camello y comenta cómo están de buenos todos los tíos de la casa,  es mas o menos la sensación que uno tiene cuando está viendo la película.

Como parte mala, sí que diría que hay unas escenas (igual que pasaba en Fulboy) de bastante vergüenza ajena. Por ejemplo, cuando se ponen a hablar de SuperMario Bros, o cuando juegan entre ellos a la Gallinita Ciega que creo yo que es un juego para críos no mayores de 10 años y no para unos hombres hechos y derechos como los protagonistas de la película. Por no hablar de la escena de “machos cabríos” en la que saludan en plan babosos a la vecina que llama para pedir unos periódicos viejos, que más bien parece que sean expresidiarios que hayan estado unos 20 años sin mojar el churro…

Como parte buena, de hecho, son los generosos desnudos. Para el primero no hay que esperar mucho, por cierto. A los dos minutos escasos el “ruso” sale como Dios lo trajo al mundo (de cintura para abajo) enseñando el rabo con toda la naturalidad. A partir de ahí pues hay desnudos en la piscina, desnudos en las duchas, desnudos cuando se acuestan, etc. Mención aparte la escena de la ducha colectiva (en la que el bueno de Germán está sentado en el suelo y todos comienzan a desnudarse dejando sus pollas y culos a la altura de los ojos del chaval, que yo estoy en esa escena y de verdad que no respondo…) y las escenas en las que tanto Fernando como Germán se desnudan para intentar calentar al otro como quien no quiere la cosa (con esa toalla a medio tapar el pubis…).

La verdad es que también pienso que esta película me gustó mucho más que la anterior porque me sentí identificado en varios momentos. La historia, en general,  me recordó bastante (a su modo) con lo que comenté justamente en mi último post, en el  que hablé de las dudas que tengo respecto de la homosexualidad de un amigo. La escena en que se acuestan y Fernando decide dormir en bolas, también me recordó a una situación similar que viví, hace muchos años y que comenté en Mientras dormías. Por último, también las escenas en las que los protagonistas se desnudan uno frente al otro,  me hizo rememorar lo que viví un verano y de lo que os hablé en The kings of summer.

En definitiva, y por todo lo dicho, esta vez sí la recomiendo. Además,  si como a mí, os gusta ver films ambientados en la época en la que estamos, no hay mejor opción que una película veraniega, con tíos dándose chapuzones en la piscina, pulsión erótico-festiva, desnudos y cierta “intriga” que al menos, a mí, me hicieron no perder el interés en ningún momento.

Os dejo el tráiler.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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Prêt-à-porter

Prêt-à-porter

Aquella tarde recuerdo que entré al chat más por inercia que por otra cosa, así que ni siquiera tenía intención de quedar con nadie si se daba el caso.

Esas veces que entraba así, lo único que hacía era leer lo que la gente ponía en el general por si alguno me llamaba la atención. Y vaya si lo hizo.

La frase que puso “fotógrafo27” me llamó la atención enseguida porque decía algo así como que si alguno quería hacerse un book de fotos erótico, esa era la ocasión.

Para una persona con un puntillo exhibicionista como yo, la posibilidad de hacerse unas cuantas fotos en bolas en plan profesional la verdad es que sonaba muy pero que muy bien, así que me puse a hablar por privado con él.

Me comentó que era fotógrafo, con un estudio bastante céntrico, y aunque hacía fotografía sobre todo de moda, de vez en cuando le gustaba hacer fotos de desnudos, y sabía que había gente no profesional a la que le molaría tener buenas fotos de ese tipo (al menos, yo no era el único).

Me dijo cuánto cobraba por hacerme las fotos aunque no consigo recordar ahora la cantidad que me dijo. Tampoco pienso que fuese mucho dinero porque sino igual me hubiese echado atrás la idea, que uno tiene sus morbos, pero tampoco me iba a dejar el sueldo por hacer algo así.

Me dijo la dirección donde tenía el estudio y quedamos en vernos una hora después.

Aprovechando que sabía su nombre y la dirección del lugar, lo busqué en google para asegurarme de que fuera cierto todo lo que me había contado, y sí, el estudio fotográfico existía, llevaba su nombre y tenía página web. E incluso tenía colgadas fotos de modelos que habían trabajado con él.

A la hora acordada llegué a lugar. Para evitar que hubiese más gente, quedamos a la hora en que cerraba el establecimiento al público, así me podría hacer las fotos más relajadamente, sin tener que atender a gente entrando y saliendo del lugar.

Lo primero que me sorprendió al ver al chaval fue lo tímido que me pareció al saludarme. Yo cuando conozco a alguien de buenas a primeras, tampoco es que sea la alegría de la huerta, pero es que a este chico ya lo ví demasiado cortado..

Me hizo pasar a una habitación contigua donde me iba a hacer las fotos y vi lo que era un estudio profesional de fotografía. La sala era totalmente blanca con los típicos paraguas esos que se ponen para evitar reflejos, detrás había una pantalla de tela también en blanco, focos de iluminación por todos lados, y algunos elementos de decoración que seguramente se usarían para las fotos, pues había una silla, un diván y un jarrón enorme con flores.

Me dijo que me me podía ir desnudando mientras él acudía a por la cámara de fotos que iba a usar para la sesión..

A mí la situación aunque en cierta forma era algo cortante (sobre todo por la actitud tan distante del fotógrafo), me empezó a dar morbo nada más empecé a desnudarme. Tanto que ya tenía la polla morcilllona y prometía que se iba a poner mucho más alegre por momentos.

Me puse en el medio de la zona de fotos y en ese momento apareció el fotógrafo con una cámara reflex de esas bastante tochas. Nada más verme, se acercó adonde estaba yo,  apuntó con el tele objetivo que llevaba y…se le cayó la cámara al suelo.

Yo por el ruido que hizo pensé que la cámara se le había hecho polvo, pero por lo visto sólo se salió el objetivo, y aunque intentó encajarlo de nuevo, no había forma. Yo en lugar de estar ahí parado intenté ayudar también, con lo que durante unos minutos la situación se volvió algo surrealista, pues ahí estaba el “modelo”, como dios lo trajo al mundo, y con una erección incipiente, intentando arreglarle la cámara al fotógrafo que en ese momento estaba como un flan de nervioso.

Cuando por fin quedó arreglado el objetivo (o eso parecía), yo volví a ponerme en el centro de la habitación esperando que el fotógrafo me hiciese alguna indicación de cómo ponerme, por la situación de las luces y cosas así.. Lo curioso es que él también parecía esperar indicaciones de algún tipo, así que durante unos segundos, ninguno de los dos supo qué hacer.

A mí a esas alturas lo que me había parecido morboso, ya estaba dejando de serlo, porque me estaba dando cuenta de que el fotógrafo parecía tener horchata en las venas.

Fui yo el que le tuvo que preguntarle entonces que cómo me ponía, si quería de espaldas o por delante, si me quedaba en el centro o en un lado más cerca de los focos.

El a esas preguntas sólo sabía decirme que me pusiese como quisiera, que como yo estuviera cómodo.

Yo cómodo estaba, pero si él era un profesional de esto, yo suponía que tendría que saber como se tenía que poner la persona a la que fotografiaba, ¿no? que se supone que se dedicaba a sacar lo mejor de sus modelos (o eso tenía entendido yo, aunque con tanto photoshop, a saber ya…)..

Cuando le dije que si era o no profesional de esto, se ve que le toqué un poco la moral y  me dijo que vale, que me pusiera de espaldas, que abriese un poco las piernas, que me iba a sacar fotos por detrás porque tenía un buen culete que daba bien en la cámara. Luego me dijo que me pusiese cara a él con los brazos detrás de mi cuello,  y que no me moviese demasiado porque el juego de sombras quedaba muy bien también. Y luego….poco más.

Era como que sólo sabía decir esas dos frases tipo “juego de sombras” y “quedaba bien en cámara” porque las repitió a partir de ese momento un montón de veces.

Aparte, que tampoco me daba ninguna indicación sobre cómo posar.

Así, si por ejemplo había que hacerse fotos tumbado, era yo el que lo proponía. Si quería hacer fotos con algo de lo que había de “atrezzo” también fui yo quien lo propuso (me hice fotos sobre el diván y sentado en la silla), y si quería fotos un poco más fuertes (me hizo una como si me estuviese masturbando), también fue  a propuesta mía.

Al final, superado ya un poco por la situación, le pregunté si me iba a hacer muchas más fotos o qué, porque tenía que ir luego a hacer un recado.

Me dijo entonces que se le había ido el santo al cielo, pero que ya me había hecho suficientes (cuando yo supuse que ni siquiera tenía claro cuántas me había sacado).

Mientras me vestía, más decepcionado que otra cosa, le dije que fuese claro, que si realmente había hecho eso alguna vez antes porque muy suelto no le había visto.

Entonces me confesó que realmente era la primera vez que hacía algo así. Pero no sólo eso sino que realmente no era ni fotógrafo ni nada, pues el estudio era de su padre (que se llamaba igual que él, por eso su nombre coincidía). Por eso también el agobio que le produjo que se le cayese la cámara, y la poca iniciativa que tenía a la hora de sacar las fotos.

Evidentemente me dijo que lo había hecho por el morbillo de fotografiar a un tío en bolas, y que no me iba a cobrar nada por la sesión.

Después de vestirme, me pasó las fotos a un USB que me dijo que llevara, y me fui de allí más decepcionado que otra cosa.

De las fotos, que aún las conservo, la verdad es que pude aprovechar sólo unas cuantas, porque la mayoría salieron más que borrosas pues era evidente que el teleobjetivo no había quedado muy bien encajado que digamos.

Pero bueno, al menos siempre podré decir que fui modelo por un día.

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