La ventana de enfrente (I)

La ventana de enfrente (I)

Los que seguís mi blog desde el principio seguro que os habréis sorprendido al ver que he vuelto a titular un post con el nombre de una película que ya usé en su momento. Sin embargo, todo tiene una explicación. De hecho este nombre es la de 1998 protagonizada por Christopher Reeve y  no la de 1954 dirigida por Hitchcok. Si de ella se hizo un remake, actualizando la historia a los nuevos tiempos, también he decidido hacer lo mismo con el post que escribí en su momento.

Me explicaré mejor.

Para quien no quiera pinchar y releerse la entrada original, sólo diré que cuando vivía en casa de mis padres, había una ventana en la finca de enfrente en la que vi de todo, empezando por un chaval que se desnudaba para ponerse el equipo de ciclista, hasta parejas follando o alguno haciéndose una paja sin cortarse un pelo. Al final ese piso se quedó vacío un tiempo y yo dejé de vivir en casa de mis padres, con lo que tampoco controlé lo que pasaba ya en ese edificio.

Pues bien, aprovechando el buen tiempo y que mis padres se han ido un tiempo a descansar fuera, a mí (que pringo todo el verano) me ha tocado ser quien se encargue de dar un vistazo al piso, regar las plantas, mirar el correo y demás.

La semana pasada entre unas cosas y otras tuve mucho lío y no fue hasta el jueves por la tarde cuando pude acercarme. Aprovechando la coyuntura (y el aire acondicionado) decidí quedarme allí a pasar la noche.

Antes de acostarme, me acerqué a bajar la persiana y sin prestar demasiada atención miré al edificio de enfrente hasta que mis ojos se fijaron en algo que me llamó la atención, y que justamente estaba en el piso que tan buenos momentos me dio en el pasado.

En el balcón estaba un hombre madurete, alto  y  con muy buen cuerpo, asomado en calzoncillos tipo slip. El hombre, de unos 45-50 años, con buen pectoral y velludete, la verdad es que daba mucho morbo, así que me quedé mirando como atontado y recordando todo lo que en su momento había visto en la misma vivienda.

Me metí para adentro, disimuladamente, pero no sin dejar de mirar por la ventana al maromo que tenía en el piso de enfrente, no fuese que en un descuido se sacase la polla o algo y yo me lo perdiese.

Sin embargo, a los pocos minutos se metió hacia adentro, en lo que era el comedor (se veía el sofá), quedando mi visión tapada por la cortina.  No habían pasado ni dos segundos cuando otros dos tíos aparecieron de repente sentándose en ese sofá del que yo tenía una visión perfecta. El primero tendría unos 30 años más o menos y llevaba unos gayumbos tipo boxers blancos que dejaban ver un perfecto paquete cuando se sentaba. El otro, algo más mayor que el anterior,  llevaba únicamente unos slips que al ser oscuros no me dejaban apreciar más detalle. Los dos de gimnasio, sin camisetas y velludetes, que parecían sacados de cualquier película de Falcon Studios o similar.

Yo, como dije entonces, nunca he compartido piso ni cuando estaba en la Universidad, así que no sé si es habitual que unos compañeros vayan así por casa. Tampoco sé si la relación que les unía era familiar… pero vamos, a mí en ese momento la relación que tuviesen ellos me importaba más bien poco, disfrutando como estaba de la visión que tenía ante mis ojos.

Pensé, eso sí,  que en mi época pajillera lo que estaba viendo me hubiese dado para soberanas pajas y para hacerme pasar horas y horas pendiente de ese edificio. Sin embargo, y aunque morbo me estaba dando, eso no iba pasar (me dije), siendo ya una persona hecha y derecha con bastantes años a mi espalda…

Fue pensar eso cuando de repente, el tío mayor salió al balcón con una pequeña toalla blanca en su cintura…que se quitó para colgarla del tendedero quedando totalmente desnudo. No contento con eso, se volvió a apoyar en la barandilla disfrutando de la buena noche que estaba haciendo (y que me estaba haciendo pasar a mí).

De polla la verdad es que el tío iba, encima,  bastante bien y cuando se metió de nuevo hacia adentro, la visión del culo también me dejó sin habla.

Y como si tal cosa se sentó entonces entre los otros dos tíos  a ver la televisión.

Me quedé un rato más, agazapado, mirando a aquellos tres hombretones. El hombre desnudo y los otros dos colegas, o familiares, o lo que fuesen, a su lado… y la verdad es que la estampa era de foto. De foto y ampliación, vamos.

Mi mente a esas alturas no se estaba quieta y ya me imaginaba que en cualquier momento los otros se quitarían también los calzoncillos, o que el del medio cogería las otras dos pollas y comenzaría a pajearlas, o que se harían unas mamadas o…

Nada de eso sucedió, claro,  aunque conociendo los antecedentes de esa casa, tampoco me hubiera extrañado.

Y es que lo pensé en su momento e insisto ahora. Hay casas en las que muere gente y queda el fantasma en su interior, ¿no? pues esta tiene que ser algo igual, pero con alguien cachondo que provoca que la gente que allí se aloje no tenga ningún reparo en desnudarse a la vista del vecindario.

Y bienvenidos sean.

Lo que está claro es que creo que este año pasaré muchas más veces de las necesarias a regar las plantas de mis padres, que digo yo que es una pena que se mueran cada verano, ¿verdad?

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La extraña pareja

La extraña pareja

Una vez ya asumida mi “soltería”, la primera zona de mi cuerpo que se reactivó fue la situada de cintura para abajo.

Mientras que mi cerebro seguía analizando los motivos, y mi corazón seguía con un hueco difícil de llenar, mi rabo comenzó a tener vida propia, por lo que decidí darme una alegría (que ya necesitaba).

Me instalé una app  de ligoteo (folleteo) y tras ponerme un poco al día en su funcionamiento, opté por enseñar toda la carne posible (en un mercado así ¿qué se  puede enseñar sino?).

Los primeros que me entraron fueron una pareja de mediana edad.

Mis experiencias con tríos nunca habían sido demasiado memorables, y ya que iba a volver a mis andanzas sexuales después de tanto tiempo, pensé que igual era buena idea intentar quitarme esa espinita y matar así dos pájaros de un tiro (nunca mejor dicho).

Tras la típica conversación simple-calentorra, me dijeron su dirección y hacia allí que me fui sin pensar en nada más.

Llegué a la casa y llamé al telefonillo. Mientras subía en el ascensor no dejé de pensar en el nerviosismo que me estaba entrando por no saber qué me iba a encontrar allí arriba, sensación, por cierto, que hacía mucho tiempo que no experimentaba.

Cuando llegué al piso, lo primero que me sorprendió  fue que ya en el rellano me recibió uno de los dos totalmente desnudo y con la polla a media asta.

Entré y solo me dio tiempo a decir “joder, vaya recibimiento”, momento en que aprovechó el otro de la pareja a meterme su rabo en la boca, sin decirme ni buenas siquiera…

En la vida me habían hecho algo así, sin mediar palabra, y se notaba que estos iban a ir a saco desde el minuto uno. Me hicieron agachar y mientras yo le comía la polla al número 2, el número 1 empezó a preguntarme si quería algo para beber, o comer…

La situación era cómica por motivos obvios pero hasta que su pareja no le acabó diciendo “¿cállate pesado, no ves que ya está comiendo?” el otro no paró de ofrecerme cosas de su nevera.

Yo estaba que me ahogaba con el pedazo de tranca del tío,  y me estaba dando bastante morbo, no puedo negarlo (y eso que ese rollo tan sumiso mío lo desconocía  hasta ese momento…)

Cuando el nº1 vio que yo iba a estar ocupado un buen rato se agachó entonces para chuparme a mí  también la polla puesto que a esas alturas de la película ya me la había sacado yo del pantalón.

Así estuvimos no sé ni cuanto tiempo (me comenzó a doler la mandíbula) hasta que decidieron que pasáramos a su habitación para estar más cómodos. (De camino, por el pasillo, ambos me fueron desnudando).

Al llegar al cuarto, lo primero que me llamó la atención fue el pedazo de mega-cama enorme que ocupaba prácticamente toda la sala. Lo segundo, fue que no había persianas y las cortinas estaban totalmente abiertas, por los que los de la finca de enfrente iban a tener una visión cojonuda.

Les pregunte si no iban a cerrar y me contestaron que no, que el espectáculo iba a ser gratuito. Yo como tengo un puntito exhibicionista bastante acusado no puse peros, claro, así que el nº 2 se tumbó en la cama, yo seguí chupando y el novio se puso entonces a comerme el culete (disfruto mucho con eso).

Así estuvimos tiempo, escuchando también al nº 2 diciéndome una cantidad de guarradas que ni en las pelis porno que suelo ver. De golpe, en lugar de la lengua del colega nº 1, empecé a notar algo duro que me rebotaba entre las nalgas. Me incorporé de inmediato,  diciéndole que  si pensaba metérmela sin condón, se olvidase, porque eso no iba a pasar. Me negó la mayor y yo volví a mis quehaceres domésticos (chupar polla, vamos).

Al minuto, de nuevo, el nº 1 comenzó a golpearme con el rabo buscando un agujero por donde meterla (esta vez ayudándose de un dedo).  Me incorporé de nuevo, ahora ya,  cabreado.

No me estaba gustando nada la situación (el nº 1 tampoco me atraía demasiado, la verdad), así que dije que si iba a seguir así yo me largaba y punto, porque a pelo no iba a follar. Enseguida me dijeron que no, y tras una pequeña bronca del nº 2 a su pareja, ambos se agacharon, esta vez en plan putitas, y comenzaron a comérmela por turnos.

La escena era tan morbosa, conmigo frente a un ventanal abierto de par en par, de pie con estos dos chupándomela a salivazos mientras me magreban el culo y los huevos, que no aguanté demasiado y acabé corriéndome directamente sobre ellos.

Un poco avergonzado, les dije que sentía haberme corrido tan pronto y que me iba a ir, pero se negaron, y es que era ahora (después de lo que es habitual) cuando a ellos les gustaba conocer a las personas con las que follaban.

Estuvimos hablando un rato y fue ahí cuando me di cuenta de la extraña pareja con la que había estado.

Y es que lo primero que me dijeron es que tenían esa cama gigante porque hasta hacía bien poco habían sido un trío. Pero un trío formal, en un plano sentimental. Que habían vivido los tres juntos durante unos quince años hasta que habían decidido romper (al menos una pata de la relación).

Pero si eso me había parecido original, por lo no habitual, lo siguiente sí que me dejó ojiplático.

Y es que el nº 2 había estado casado (con mujer) durante bastantes años. Que hasta ahí, vale. Pero lo sorprendente era el hecho de que tuviera un hijo del cual desconocía su existencia hasta hacía un año (su madre, embarazada de él, se lo ocultó cuando éste la dejó por un hombre, trasladándose poco después a Argentina). Además, ese hijo había aparecido en su vida, no por casualidad, sino en el momento en que se dio cuenta de que era gay, igual que su padre. Sin embargo el hijo volvió acompañado, casado con una mujer, que aceptaba la sexualidad de su marido de mil amores…

Por si eso no fuera poco, por lo visto, la madre del chico se había vuelto a casar con un terrateniente millonario que les había puesto en la calle (vivían todos juntos) cuando se enteró de la homosexualidad de su hijastro.

Yo a esas alturas ya estaba flipando. Toda la historia era propia de Almodóvar en sus mejores tiempos, pero la verdad es que me fueron enseñando álbumes de fotos, y he de reconocer que el padre y el hijo eran como dos gotas de agua (no se podía negar su parentesco, la verdad).

Ademas, por su profesión (trabajaban en el mundo del cine/teatro/televisión como productores o algo así) me empezaron también a enseñar fotos de ellos con famosos, ya que por lo visto estaban muy bien considerados en ese mundillo, y se habían hecho un nombre a lo largo de los años.

Al final acabé cenando con ellos, en bolas los tres, mientras me comentaban miles de anécdotas. A los postres volvimos a ponernos tiesos y acabaron follando ellos dos sobre la mesa mientras yo me pajeaba como un mono disfrutando del momento.

Fue una quedada por lo menos curiosa, y además me sorprendió que, pasado el calentón inicial, ambos fueran unos tíos muy cultos, educados y agradables, nada que ver como cuando se ponían calentorros, que se transformaban (sobre todo el nº 2) en verdaderos pornostars.

Solo al final, volviendo a casa, fue cuando pensé si de verdad lo de follar sin sentimientos me llenaba como antes. Imagino que la sangre volvió a regar mi cerebro y el agujero del corazón quedó de nuevo, abierto.

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Hechizo de luna

Hechizo de luna

O de superluna.

Por si no lo sabíais, este pasado lunes se pudo ver la luna más grande y brillante desde el 25 de enero de 1948, y no se podrá ver otra igual hasta el año 2034.

(Otra cosa es cómo la percibamos aquí en la Tierra, porque yo creo que la última, que fue en verano, me pareció mucho más grande que ésta, pero bueno).

La luna, o mejor dicho los ciclos lunares, son los responsable ante todo del movimiento de las mareas, pero tambien del desarrollo de las plantas, y otros aspectos vinculados con la naturaleza.

Y a las personas nos afecta? pues a unos más que a otros y en mi caso en concreto, bastante.

Y es que siempre que ha habido luna llena mi libido sexual ha estado por las nubes.

La primera vez q me di cuenta de su influjo fue un verano, en el apartamento de la playa, en el que en una misma tarde-noche cayeron 4 pajotes seguidos.

Todavía era un adolescente y recuerdo que en la última paja, repantigado en una tumbona del balcón (ya he hablado alguna vez de mi vena exhibicionista), la luz de la luna iluminaba tanto la escena que me pude limpiar tranquilamente sin manchar nada.

Pasados unos años, cuando ya empecé a quedar con tíos, tanto el primero como el segundo con el que quedé fueron en noches de luna llena. En esos casos me acuerdo porque con el primero hablamos de hombres lobo al  darnos cuenta del aspecto de la luna, y en el segundo como follamos al aire libre fue más fácil fijarnos.

A partir de ahí no es que me fijase a todas horas en la luna pero sí que, a toro pasado, los días que hacía locuras (tríos, folladas bestiales, intentos de orgía) me fijaba que coincidía siempre con noches  de luna llena.

Incluso llegué a tener de favorita en el ordenador una página donde estaba los ciclos lunares anuales, y la consultaba habitualmente. Como quien mira el tiempo que hará al día siguiente, pero de otro modo.

Así, tanto las situaciones de El bueno, el feo, y el malo como las de La visita o Morbo ocurrieron durante esas noches.

Por contra, las épocas de luna nueva el efecto era totalmente contrario. de una época de calentón brutal pasaba a una época de sequía que duraba lo que duraba la oscuridad de las noches.

Incluso esas épocas coincidían con periodos de bajones, en los que no sólo perdía las ganas de sexo, sino también las ganas de ocio, fiesta o como queráis llamarlo.

Yo esto lo he hablado con amigos y la verdad es que de una forma tan acusada como la mía, no conozco más casos.

En Internet lo único que se habla es de los efectos en las enfermedades mentales (los llamados lunáticos), pero no creo que este sea mi caso. O eso espero.

Sí que es cierto que los efectos atmosféricos (lluvia, sol, viento) nos afectan más de lo que nos pensamos, pero mi “afección” lunar va por otros derroteros.

Por suerte, o por desgracia, esta influencia con los años se ha ido atenuando.

Ahora no es que no me afecte ya, pero ni hago las barbaridades que hacía, ni voy buscando sexo a saco para saciar mi “apetito”, con lo que digamos que la situación no es lo que era.

Supongo que además, el cumplir años también tiene bastante que ver, y la estabilidad, y aunque sigo poniéndome más palote de lo habitual estas noches, el influjo queda ya bastante rebajado.

Y si lo preguntáis, aunque la luna sea mucho más grande estos días, eso no significa que me afecte más,  con lo que la frase de “el tamaño no importa” aquí también se cumple.

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Prêt-à-porter

Prêt-à-porter

Aquella tarde recuerdo que entré al chat más por inercia que por otra cosa, así que ni siquiera tenía intención de quedar con nadie si se daba el caso.

Esas veces que entraba así, lo único que hacía era leer lo que la gente ponía en el general por si alguno me llamaba la atención. Y vaya si lo hizo.

La frase que puso “fotógrafo27” me llamó la atención enseguida porque decía algo así como que si alguno quería hacerse un book de fotos erótico, esa era la ocasión.

Para una persona con un puntillo exhibicionista como yo, la posibilidad de hacerse unas cuantas fotos en bolas en plan profesional la verdad es que sonaba muy pero que muy bien, así que me puse a hablar por privado con él.

Me comentó que era fotógrafo, con un estudio bastante céntrico, y aunque hacía fotografía sobre todo de moda, de vez en cuando le gustaba hacer fotos de desnudos, y sabía que había gente no profesional a la que le molaría tener buenas fotos de ese tipo (al menos, yo no era el único).

Me dijo cuánto cobraba por hacerme las fotos aunque no consigo recordar ahora la cantidad que me dijo. Tampoco pienso que fuese mucho dinero porque sino igual me hubiese echado atrás la idea, que uno tiene sus morbos, pero tampoco me iba a dejar el sueldo por hacer algo así.

Me dijo la dirección donde tenía el estudio y quedamos en vernos una hora después.

Aprovechando que sabía su nombre y la dirección del lugar, lo busqué en google para asegurarme de que fuera cierto todo lo que me había contado, y sí, el estudio fotográfico existía, llevaba su nombre y tenía página web. E incluso tenía colgadas fotos de modelos que habían trabajado con él.

A la hora acordada llegué a lugar. Para evitar que hubiese más gente, quedamos a la hora en que cerraba el establecimiento al público, así me podría hacer las fotos más relajadamente, sin tener que atender a gente entrando y saliendo del lugar.

Lo primero que me sorprendió al ver al chaval fue lo tímido que me pareció al saludarme. Yo cuando conozco a alguien de buenas a primeras, tampoco es que sea la alegría de la huerta, pero es que a este chico ya lo ví demasiado cortado..

Me hizo pasar a una habitación contigua donde me iba a hacer las fotos y vi lo que era un estudio profesional de fotografía. La sala era totalmente blanca con los típicos paraguas esos que se ponen para evitar reflejos, detrás había una pantalla de tela también en blanco, focos de iluminación por todos lados, y algunos elementos de decoración que seguramente se usarían para las fotos, pues había una silla, un diván y un jarrón enorme con flores.

Me dijo que me me podía ir desnudando mientras él acudía a por la cámara de fotos que iba a usar para la sesión..

A mí la situación aunque en cierta forma era algo cortante (sobre todo por la actitud tan distante del fotógrafo), me empezó a dar morbo nada más empecé a desnudarme. Tanto que ya tenía la polla morcilllona y prometía que se iba a poner mucho más alegre por momentos.

Me puse en el medio de la zona de fotos y en ese momento apareció el fotógrafo con una cámara reflex de esas bastante tochas. Nada más verme, se acercó adonde estaba yo,  apuntó con el tele objetivo que llevaba y…se le cayó la cámara al suelo.

Yo por el ruido que hizo pensé que la cámara se le había hecho polvo, pero por lo visto sólo se salió el objetivo, y aunque intentó encajarlo de nuevo, no había forma. Yo en lugar de estar ahí parado intenté ayudar también, con lo que durante unos minutos la situación se volvió algo surrealista, pues ahí estaba el “modelo”, como dios lo trajo al mundo, y con una erección incipiente, intentando arreglarle la cámara al fotógrafo que en ese momento estaba como un flan de nervioso.

Cuando por fin quedó arreglado el objetivo (o eso parecía), yo volví a ponerme en el centro de la habitación esperando que el fotógrafo me hiciese alguna indicación de cómo ponerme, por la situación de las luces y cosas así.. Lo curioso es que él también parecía esperar indicaciones de algún tipo, así que durante unos segundos, ninguno de los dos supo qué hacer.

A mí a esas alturas lo que me había parecido morboso, ya estaba dejando de serlo, porque me estaba dando cuenta de que el fotógrafo parecía tener horchata en las venas.

Fui yo el que le tuvo que preguntarle entonces que cómo me ponía, si quería de espaldas o por delante, si me quedaba en el centro o en un lado más cerca de los focos.

El a esas preguntas sólo sabía decirme que me pusiese como quisiera, que como yo estuviera cómodo.

Yo cómodo estaba, pero si él era un profesional de esto, yo suponía que tendría que saber como se tenía que poner la persona a la que fotografiaba, ¿no? que se supone que se dedicaba a sacar lo mejor de sus modelos (o eso tenía entendido yo, aunque con tanto photoshop, a saber ya…)..

Cuando le dije que si era o no profesional de esto, se ve que le toqué un poco la moral y  me dijo que vale, que me pusiera de espaldas, que abriese un poco las piernas, que me iba a sacar fotos por detrás porque tenía un buen culete que daba bien en la cámara. Luego me dijo que me pusiese cara a él con los brazos detrás de mi cuello,  y que no me moviese demasiado porque el juego de sombras quedaba muy bien también. Y luego….poco más.

Era como que sólo sabía decir esas dos frases tipo “juego de sombras” y “quedaba bien en cámara” porque las repitió a partir de ese momento un montón de veces.

Aparte, que tampoco me daba ninguna indicación sobre cómo posar.

Así, si por ejemplo había que hacerse fotos tumbado, era yo el que lo proponía. Si quería hacer fotos con algo de lo que había de “atrezzo” también fui yo quien lo propuso (me hice fotos sobre el diván y sentado en la silla), y si quería fotos un poco más fuertes (me hizo una como si me estuviese masturbando), también fue  a propuesta mía.

Al final, superado ya un poco por la situación, le pregunté si me iba a hacer muchas más fotos o qué, porque tenía que ir luego a hacer un recado.

Me dijo entonces que se le había ido el santo al cielo, pero que ya me había hecho suficientes (cuando yo supuse que ni siquiera tenía claro cuántas me había sacado).

Mientras me vestía, más decepcionado que otra cosa, le dije que fuese claro, que si realmente había hecho eso alguna vez antes porque muy suelto no le había visto.

Entonces me confesó que realmente era la primera vez que hacía algo así. Pero no sólo eso sino que realmente no era ni fotógrafo ni nada, pues el estudio era de su padre (que se llamaba igual que él, por eso su nombre coincidía). Por eso también el agobio que le produjo que se le cayese la cámara, y la poca iniciativa que tenía a la hora de sacar las fotos.

Evidentemente me dijo que lo había hecho por el morbillo de fotografiar a un tío en bolas, y que no me iba a cobrar nada por la sesión.

Después de vestirme, me pasó las fotos a un USB que me dijo que llevara, y me fui de allí más decepcionado que otra cosa.

De las fotos, que aún las conservo, la verdad es que pude aprovechar sólo unas cuantas, porque la mayoría salieron más que borrosas pues era evidente que el teleobjetivo no había quedado muy bien encajado que digamos.

Pero bueno, al menos siempre podré decir que fui modelo por un día.

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El desconocido del lago

El desconocido del lago

Cuando hablé el otro día de mis primeras experiencias con las playas nudistas, se me olvidó comentar que no fue hasta ir a esos lugares cuando conocí lo que realmente era el “cruising”.

Para quien no lo sepa, el cruising es el término inglés que define la actividad de buscar sexo en lugares públicos, como parques, playas o descampados, principalmente referido a los varones homosexuales (Wikipedia dixit). En castellano, también se conoce como “cancaneo” pero como es una palabra que no me gusta demasiado, evitaré usarla en este post.

A ver, sí que conocía de oídas en qué consistía esa práctica sexual. Incluso sabía de zonas en mi ciudad donde se practicaba.

Así, en Valencia (y supongo que en el resto de ciudades de toda España y del mundo en general), siempre había oído hablar de los servicios de algunos centros comerciales y de los alrededores de la Estación de Autobuses.

O ya al aire libre, la zona del Río y los Jardines del Real (más conocidos como Viveros), donde siempre ha sido habitual a determinadas horas ver a muchos abueletes tocándose la polla cuando pasabas, señal inequívoca de que iban buscando “guerra”.

Pues bien, aunque sabía que existía, no fue hasta empezar a acudir a las playas nudistas cuando pude comprobar en qué consistía realmente.

Y es que digamos que si durante el día el público habitual suele ser de tomar el sol, bañarse y relajarse, cuando el sol empieza a caer, estas mismas playas se van llenando de otro tipo de público que va buscando “otra cosa” muy distinta.

Así, al pasar por determinadas zonas de la playa (generalmente las dunas, o el parking, o caminos algo más escondidos), puedes ver claramente a gente buscando a gente, cuando no practicando sexo abiertamente.

La primera vez que me di de bruces con esa realidad paralela, fue una tarde que estando en la playa no podía aguantarme ya de mear. Aunque sé que es una guarrada, antes que nada intenté hacer dentro del agua, pero después de casi veinte minutos a remojo tuve claro que mi vejiga en alta mar no iba a conseguir soltar ni una gota.

Así que ni corto ni perezoso me desplacé a la parte trasera de la playa, donde las dunas te separan del resto de los bañistas, dispuesto a vaciarle el agua al canario.

Mi sorpresa vino cuando al ponerme en posición de mear, vi como enseguida de detrás de unos matorrales empezaron a salir, como si fueran setas, muchos tíos con ganas de polla.

Lo que más me sorprendió fue la edad de todos ellos. Por lo que yo he visto la mayoría de gente que hace cruising son de mediana edad para arriba (con independencia de la playa adonde vayas). Mucho hombre cincuentón. Muchos con pinta de casados que tienen en estos lugares un sitio digamos “discreto” donde desahogarse y si te he visto no me acuerdo.

Viendo que con “público” tampoco iba a conseguir mear, me desplacé unos metros hasta una zona algo menos concurrida pero volvió a pasar tres cuartos de lo mismo. Al minuto varios hombres se acercaban hacia a mí magreándose la polla y los huevos como si estuviesen enseñando su mercancía.

Y es que otra cosa que siempre me ha sorprendido es que un chaval joven, con ganas, se puede hartar de comer pollas ahí mismo, pues la gente que suele hacer cruising se pirra por los chavales mucho más jóvenes que ellos.

(De hecho, incluso, últimamente es bastante habitual que chaperos jóvenes -muchos, rumanos- se paseen por esas zonas y a la mínima pidan cierta cantidad antes de empezar a hacer nada. No tengo muy claro si realmente la gente está dispuesta a pagar, pero viendo que cada año aumenta la oferta, supongo que la respuesta es afirmativa).

Al final, evidentemente, no pude mear, pero me sirvió para conocer lo que se cuece en esa parte un tanto apartada de la playa.

Esa primera vez, recuerdo además que cuando cogí el camino de vuelta hacia el coche, al pasar por los caminos, sí que llegué a ver a gente masturbándose mutuamente, o haciéndose alguna mamada, y al pasar y ver “carne fresca” como incluso incitaban para que me uniese a la fiesta que tenían montada.

Posteriormente, situaciones similares las he visto en otras playas en las que he estado (que ya iré contando), y con un tipo de público bastante similar en todas ellas.

Todo esto que cuento, está muy bien reflejado en una muy buena película llamada “El desconocido del lago” (trailer aquí).

La película, francesa, del año 2013, fue dirigida por Alain Guiraudie y protagonizada por
Pierre Deladonchamps, Christophe Paou y Patrick D’Assumçao.

Ganó el premio al mejor director en Cannes (sección Un Certain Regarde), y tuvo 8 nominaciones a los César, consiguiendo el de actor revelación.

El argumento principal es el de un asesinato cometido en una zona de cruising (un lago del Sur de Francia), pero sirve al director para mostrar todo lo que se cuece alrededor de ese mundo.

Para eso, el director se basa en escenas totalmente explícitas (mucho desnudo, mucho folleteo), pero sin dejar de lado el suspense que impregna toda la atmósfera.

Una atmósfera, por cierto, muy bien conseguida porque la película no tiene BSO (no suena nada de música durante todo el metraje) sino que todo se basa en sonidos propios de la naturaleza, consiguiendo que parece que estés viviéndolo como un personaje más de la propia película.

Por cierto, que si quereis vivirlo también en primera persona, pero por medio de la lectura, recomiendo el blog “Diario de cruising” en el que un madrileño llamado Marcos cuenta todas sus aventuras y desventuras de sus veranos en las playas del sur de Alicante

Unas playas en las que por lo visto hay mejor nivel que lo que yo he visto por las zonas que conozco, todo sea dicho. Suerte que tienen algunos, jeje.

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La playa

La playa

Si me hubieseis preguntado hace unos años con qué palabras asocio el verano, tal vez hubiese dicho: calor, sol, playa, vacaciones o helados. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, debería unir la palabra “nudismo” a esta retahíla.

Sin embargo, en este post únicamente quería tratar mis primeros contactos en ese mundo, dejando mis experiencias en esas playas para posteriores entradas.

La primera vez que fui a una, con amigos heteros, fue por puro morbo para poder ver a gente en bolas.

Por aquella época, yo todavía era menor de edad. De hecho, de los tres que fuimos, sólo uno era ya mayor de 18 y lo recuerdo porque él ya tenía carnet y nos acercamos con su coche a Javea.

La playa era mixta, con lo que había gente desnuda entremezclada con gente vestida. Nosotros no nos desnudamos y nos pasamos la mayor parte del tiempo en el agua babeando y mirando hacia todos lados. Mis amigos, a todas las chiquitas, y yo, con disimulo, a cualquier tío que entrase en el agua.

Pero quien más me marcó, para bien, fue un “papaito” que aunque se pasó toda la mañana vestido, al marcharse, se despelotó completamente para cambiarse de bañador, dejando una panorámica de su culo, que tardé mucho tiempo en olvidar.

La segunda vez que fui, bastantes años después, ya fue con mi amiga Raquel. No recuerdo muy bien porqué, pero un sábado acabamos en la playa seminudista de El Saler, muy próxima a Valencia ciudad.

En realidad acabamos en la frontera que separa la nudista de la textil y allí que plantamos la sombrilla.

Por aquel entonces, mi salida del armario forzada aún no se había producido, con lo que como en la vez anterior, tuve que disimular bastante. Tampoco nos desnudamos, aunque ella sí hizo topless, dejando al aire un par de tetazas que recibieron bastantes miradas ajenas.

De aquella experiencia, recuerdo a Raquel hablándome de algo a lo que no prestaba ninguna atención, concentrado como estaba en un chulazo que estaba a sus espaldas duchándose como Dios lo trajo al mundo.

Aquella imagen de un tío, desnudo, bajo una columna de agua fue de un morbazo difícil de olvidar.

Por último, la tercera vez que me acerqué a una nudista ya fue con mi pareja, la actual, bastante tiempo después. Esa vez fue a una población cercana, Pinedo, en una zona de playa abiertamente gay.

Me convenció él porque realmente, no sé si por prejuicios o por qué motivo, pero nunca me ha apetecido ir a “guettos”, a zonas adrede destinadas a gays, igual que me pasó cuando empecé a ir a zonas de ambiente (siempre he sido muy cuadriculado).

Encima, aquella vez, un domingo por la mañana, la edad media de la playa estaría en unos sesenta años…

Recuerdo incluso a un hombre muy mayor, en la orilla, agachándose buscando tellinas (coquinas) y de verdad que no era una imagen muy agradable de ver (si os acordáis del ojo de Sauron, sabéis de lo que hablo).

Y es que hasta  entonces, mi único interés por ir a esas playas era por ver “ganado”: tipos buenos enseñándolo todo. Ver culos, pollas, pechos peludos o buenas piernas de futbolista. No veía nada más allá. No encontraba otro motivo para ir a una nudista que no fuese eso.

Hasta que esa vez, animado por mi novio, me desnudé y me fui al agua en bolas. Y esa sensación de “libertad” lo trastocó todo.

Fue un cambio total y es que la sensación de bañarse desnudo es algo increíble. Además, la vuelta a la toalla sintiendo la mirada de los otros sobre tu cuerpo, si tienes como yo un punto exhibicionista, es también algo muy morboso, con lo que empecé a cogerle el gusto.

Eso no quiere decir ahora que cuando voy a la playa ya no mire a mi alrededor. No es así. Todos lo hacemos. Pero la sensación de tomar el sol, bañarse, pasear o hacer jueguecitos con tu pareja, sin ropa de ningun tipo, es algo que recomiendo a todo el mundo hacer alguna vez en la vida.

Así que si podéis, animaros este verano si tenéis alguna nudista cerca y ya me contáis porque además es algo que engancha. Y mucho.

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La Visita

La Visita

En los fines de semana previos a que comenzase la temporada de verano, mis padres se solían acercar al apartamento de la playa para poner las cosas apunto de cara a las vacaciones.

Algunos de esos fines de semana, yo solía acompañarles y así aparte de echar una mano, ya aprovechaba los primeros calores estivales para tumbarme en la arena y pillar algo de moreno.

Si coincidía con mis amigos de veraneo allí, genial, pero como no siempre era posible, aprovechaba simplemente para descansar y disfrutar unos días en familia.

Lo malo era si ese fin de semana coincidía con un calentón del quince de los míos, que me entraban unas ganas locas de mojar el churro.

En circunstancias habituales, lo lógico hubiese sido entrar en el chat y buscar a alguien con quien aliviarme, pero estando en una época en la que Internet no lo copaba todo como ahora, la única solución posible era el acceso a través de los cibercafés del pueblo.

Recuerdo en concreto un sábado por la tarde que estaba más salido de lo habitual que localicé un local en el que no había demasiada gente. Ahora lo pienso y no sé si sería capaz de ponerme a buscar sexo en un lugar tan público como eran aquellos locales, pero cuando las ganas apretaban, mi timidez habitual desaparecía por completo.

Al poco, contacté con un chaval que vivía en un pueblo costero cercano al mío y enseguida me invitó a su casa. Yo ese finde recuerdo que no había ido en mi coche, sino que por comodidad había subido en el de mis padres, por lo que al pillarme algo lejos, le dije que no iba a poder ser. Él, que debía ir igual o más caliente que yo, me dijo que no era problema, que podía pasar a a recogerme y traerme después de vuelta.

Y así hicimos, quedamos en la rotonda de acceso al pueblo, y a los quince minutos escasos allí que se plantó. Aunque habíamos quedado sin fotos ni nada, la verdad es que el chaval estaba bastante apañado. Recuerdo que me molaron sobre todo sus brazos, que estaban definidos pero sin pasarse. Y que tenía cara de buena persona, que eso, quieras que no, me daba confianza.

LLegamos a su casa, y sin hablar demasiado (íbamos a lo que íbamos), ya empezamos a morrearnos. Yo comencé a bajar mis manos por su espalda dispuesto cuanto antes a llegar a su culo, que ya me había fijado al entrar que prometía bastante. Fue apretarlo contra mí y ya me di cuenta de que no me había equivocado.

Ya al tacto se le notaba firme y duro, así que le di la vuelta para bajarle los pantalones y vérselo bien. Cuando se lo vi, flipé. Junto con el del brasileño, era de los mejores culos que había visto hasta ese momento, y de hecho a día de hoy no he conocido a nadie que los supere.

Sí que me dijo que aunque era pasivo, en una primera cita nunca se dejaba follar, así que aunque me quedé con las ganas, pasamos una buena tarde de mamadas y pajas.

Después de corrernos los dos y ducharnos (yo sin dejar de tocarle el culazo), me dijo si antes de acercarme a casa le podía acompañar a hacer una visita rápida a una amiga que había vuelto de viaje. A mí me sorprendió un poco, pero como era él quien me había llevado y quien me tenía que devolver, no pude negarme.

Fue a dos calles de su apartamento, subimos, y resulta que allí había mas gente. Estaba su amiga, el novio de la amiga, y otras dos chicas más.

El chaval me presentó como un amigo suyo de Valencia y pronto me di cuenta de que aquella visita iba a ser de todo menos “rápida”.

A los pocos minutos de estar allí, el telefonillo empezó a echar humo hasta que nos juntamos en su casa unas diez o quince personas en una especie de fiesta de bienvenida o algo así, a la dueña de la casa (había estado un año viviendo en el extranjero).

La situación en sí era superextraña, y más si pensamos que hasta hacía un par de horas, yo a mi “amigo” no lo conocía de nada, y ahora estaba conociendo a todos sus amigos sin venir a cuento.

El chaval,  en un principio intentó no despegarse de mí, pero llegó un momento en que se puso a hablar con otras personas, y a mí me toco improvisar intentando justificar un poco mi presencia ante la gente que no me conocía de nada.

La visita rápida se convirtió al final en una cena en toda regla (pidieron pizzas aparte del picoteo que ya había) y luego pasamos a las copas, momento en que empecé a beber como un cosaco para así al menos intentar soltarme un poco. Y lo conseguí. Tanto, que acabamos la noche enrollándonos en un sofá sin importarnos el resto de amigos/as de su grupo.

Al final salimos de la casa cerca de las tres de la mañana, los dos medio empalmados, y descojonándonos por lo surrealista que había resultado la visita.

Antes de subir al coche para devolverme a casa, aún paramos en  la suya a “tomarnos la última”. Salimos al balcón a tomar el aire, y una vez apoyado él en la barandilla, me puse detrás a mordisquearle el cuello. Le quité la camiseta y fui bajando lentamente hasta desabrocharle el pantalón y ver ante mí de nuevo ese culito tan bueno que tenía.

A los dos en ese momento nos dio un poco igual que nos pudiese ver alguien, así que le acabé haciendo una comida de culo que ni en las películas. Técnicamente era la segunda vez que quedábamos, así que esta vez sí se dejó follar y ahí mismo, en su balcón, que lo hicimos.

Acabamos la noche en una especie de tumbona que tenía y que parecía ni hecha adrede para pegar el polvo que pegamos. Incluso acabamos mirando las estrellas y tapados por una manta de sofá, que para el caso nos vino que ni pintada.

Cuando me dejó en casa a las tantas de la mañana, pensé que había sido de las citas mas entretenidas que había tenido nunca, ya que habían sido como varias condensadas en una sola.

Unas semanas después, volvimos a vernos, e incluso con el tiempo fue de las primeras personas con las que fui a una playa nudista.

Sin embargo, ese verano que podríamos habernos visto más, nuestras vacaciones no coincidieron, y con el tiempo acabamos perdiendo el contacto. Y fue una lástima, porque el chico era un cachondo, en el sentido amplio de la palabra.

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