El condón asesino

El condón asesino

Una de las primeras cosas que M. y yo hicimos en plan pareja fue ir a hacernos juntos las pruebas del VIH. No es nada romántico, lo sé, pero el motivo estaba claro: si yo no estaba seguro ni de mí mismo, cómo iba a fiarme de otro?

Meses antes, en una de esas etapas mías calenturientas, había contactado con un tío con el que, aunque había hablado alguna vez por Internet, no tenía el gusto de conocer en persona.

El plan era folleteo y poco más, y con esa intención tan clara me invitó una noche a su casa.

Aunque igual ha dado otra impresión por aquí, la mayoría de las veces que quedaba en plan “noche loca” no pasaba de los morreos y las pajas. Sólo los días de mucho calentón era cuando, realmente, acababa follando.

Esa noche fue una de ésas y como el tío físicamente me molaba, y yo a él, tuve claro nada más llegar que en esa cita iba a haber sexo con mayúsculas.

Encima siendo ambos versátiles, la noche prometía que iba a ser larga.

Empezamos enrollándonos en una especie de sofá relax, para después bajar al suelo (en la alfombra, de esas de pelo largo), y subir luego hasta apoyarnos sobre la mesa del comedor.

Si primero había empezado follandomelo  yo (tenía uno de esos culitos mulliditos que a mi me flipan) fue al llegar a la mesa cuando se cambiaron las tornas.

Sacó un segundo condón de la caja (el primero aún me colgaba a mí de la polla) dispuesto a, con algo de lubricante,  follarme en medio del comedor.

Ya empezó mal intentando meterla en plan brusco cuando yo, de primeras, soy bastante estrecho (ya entendéis lo que quiero decir), y siguió mal intentando forzar algo que no hacía sino tener el efecto contrario.

Fue entonces cuando yo opté por tumbarme boca arriba, en plan tía (postura que no me gusta demasiado) para ver si la cosa se hacía más fácil, y porque, con lo caliente que iba, no estaba yo dispuesto a irme sin haber recibido mi dosis de polla.

En esa postura entró por sí sola y justo cuando estábamos en medio del mete-saca,  un ruido nítido de desgarro nos dejó a ambos helados, y en completo silencio.

El sonido fue similar a cuando un globo de estos de los críos, explota cuando se hincha demasiado.

En este caso, algo elástico y también de “goma”, era lo que había reventado…

Quietos como estábamos, le dije que sacase la polla muy lentamente, esperando que el sonido no fuera lo que ya imaginábamos los dos.

Recuerdo perfectamente la sensación al ver cómo salió la polla con medio condón adherido aún al tronco, pero dejando el capullo totalmente al aire.

La cara desencajada suya, supongo que era también un reflejo de la mia, porque yo no me podía creer lo que había pasado.

Es cierto que él ni siquiera había llegado a correrse, pero el hecho de saber que había “follado a pelo” con un desconocido hacía que todos mis agobios, de los que os hablé en Obsesión, volviesen de golpe a mi cabeza.

Aunque el tío también estaba acojonado, fue al ver mi reacción, mi ansiedad en esos pocos minutos, que él pasó a tranquilizarme insistiendo en que “estaba limpio”.

A mí en ese momento me podía decir misa que yo no iba a creerle. Yo sólo quería irme de allí y encerrarme los próximos meses hasta que un certificado médico me dijese que no tenía nada.

Me vestí en un minuto dispuesto a irme y, aunque él me lo impidió en un principio, al final me dejó marchar pidiéndome eso sí que me tranquilizara por lo menos.

En mi recorrido a casa pensaba que hasta el sexo seguro puede fallar a veces, y que igual esta vez sí, podía haberlo cagado pero bien.

Los días siguientes yo era totalmente como un zombi. Aunque iba a trabajar, estaba con la familia, o los amigos, mi cabeza siempre estaba en otro sitio y, como no, pensando siempre en lo peor.

El chico, mientras, ya no sabía cómo decirme que me calmase. Me mandaba mensajes, y me llamaba (llamadas que yo rechazaba) sólo para decirme que aunque él también tenía razones para estar asustado, que confiaba en mí desde el minuto uno que me había conocido.

Yo, por supuesto, no pensaba igual de él, y así se lo decia, echándole incluso la culpa de algo de lo que ninguno de los dos era culpable.

Fui cruel, borde, desagradable y todo lo que os podáis imaginar, y es que cuando me entran estos miedos irracionales (o no) mi reacción no es demasiado adulta que digamos.

Finalmente, una semanas después, me dijo que por favor fuese a su casa, que quería enseñarme algo.

Y fui, claro, pero sin intención de pasar del recibidor (no me preguntéis porqué) y fue allí donde me entregó un papel donde constaba que se había hecho las pruebas de VIH y hepatitis con resultado negativo.

Al ver eso, volví a ser persona, le pedí disculpas, y aún me sentí peor cuando me dijo que le había hecho las pruebas un médico amigo suyo, que hasta entonces no sabía que era gay, y al que le había contado todo para que le hiciese las pruebas lo más pronto posible…

Yo me comprometí a hacerme las pruebas también, pero me dijo que no hacía falta. Que si quería, me las hiciese por mí, pero no por él. Sólo me pidió que si otra vez pasaba por algo similar, no volviese a tratar a nadie como lo había tratado a él, porque le había hecho bastante daño.

Me gustaría decir que aprendí la lección, pero me conozco bien y no se cómo podré reaccionar en un futuro ante situaciones de este estilo.

Esa vez, las pruebas me las hice ya con mi pareja, como indiqué al principio (resultaron negativas para ambos) y creo que, a pesar de todo, sólo entonces pude respirar completamente aliviado.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Hechizo de luna

Hechizo de luna

O de superluna.

Por si no lo sabíais, este pasado lunes se pudo ver la luna más grande y brillante desde el 25 de enero de 1948, y no se podrá ver otra igual hasta el año 2034.

(Otra cosa es cómo la percibamos aquí en la Tierra, porque yo creo que la última, que fue en verano, me pareció mucho más grande que ésta, pero bueno).

La luna, o mejor dicho los ciclos lunares, son los responsable ante todo del movimiento de las mareas, pero tambien del desarrollo de las plantas, y otros aspectos vinculados con la naturaleza.

Y a las personas nos afecta? pues a unos más que a otros y en mi caso en concreto, bastante.

Y es que siempre que ha habido luna llena mi libido sexual ha estado por las nubes.

La primera vez q me di cuenta de su influjo fue un verano, en el apartamento de la playa, en el que en una misma tarde-noche cayeron 4 pajotes seguidos.

Todavía era un adolescente y recuerdo que en la última paja, repantigado en una tumbona del balcón (ya he hablado alguna vez de mi vena exhibicionista), la luz de la luna iluminaba tanto la escena que me pude limpiar tranquilamente sin manchar nada.

Pasados unos años, cuando ya empecé a quedar con tíos, tanto el primero como el segundo con el que quedé fueron en noches de luna llena. En esos casos me acuerdo porque con el primero hablamos de hombres lobo al  darnos cuenta del aspecto de la luna, y en el segundo como follamos al aire libre fue más fácil fijarnos.

A partir de ahí no es que me fijase a todas horas en la luna pero sí que, a toro pasado, los días que hacía locuras (tríos, folladas bestiales, intentos de orgía) me fijaba que coincidía siempre con noches  de luna llena.

Incluso llegué a tener de favorita en el ordenador una página donde estaba los ciclos lunares anuales, y la consultaba habitualmente. Como quien mira el tiempo que hará al día siguiente, pero de otro modo.

Así, tanto las situaciones de El bueno, el feo, y el malo como las de La visita o Morbo ocurrieron durante esas noches.

Por contra, las épocas de luna nueva el efecto era totalmente contrario. de una época de calentón brutal pasaba a una época de sequía que duraba lo que duraba la oscuridad de las noches.

Incluso esas épocas coincidían con periodos de bajones, en los que no sólo perdía las ganas de sexo, sino también las ganas de ocio, fiesta o como queráis llamarlo.

Yo esto lo he hablado con amigos y la verdad es que de una forma tan acusada como la mía, no conozco más casos.

En Internet lo único que se habla es de los efectos en las enfermedades mentales (los llamados lunáticos), pero no creo que este sea mi caso. O eso espero.

Sí que es cierto que los efectos atmosféricos (lluvia, sol, viento) nos afectan más de lo que nos pensamos, pero mi “afección” lunar va por otros derroteros.

Por suerte, o por desgracia, esta influencia con los años se ha ido atenuando.

Ahora no es que no me afecte ya, pero ni hago las barbaridades que hacía, ni voy buscando sexo a saco para saciar mi “apetito”, con lo que digamos que la situación no es lo que era.

Supongo que además, el cumplir años también tiene bastante que ver, y la estabilidad, y aunque sigo poniéndome más palote de lo habitual estas noches, el influjo queda ya bastante rebajado.

Y si lo preguntáis, aunque la luna sea mucho más grande estos días, eso no significa que me afecte más,  con lo que la frase de “el tamaño no importa” aquí también se cumple.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Siete años en el Tibet

Siete años en el Tibet

Cuando el metro estaba llegando a la estación le vi junto al andén, y en lo primero que pensé fue en que, aunque estaba igual que en la foto, me lo imaginaba algo más alto.

Habíamos chateado por primera vez la tarde de antes y como ninguno de los dos tenía prisa, habíamos decidido dejar esa cita para la tarde del día siguiente. Únicamente nos habíamos mandado foto (yo le mandé una mía…disfrazado de buzo) y habíamos tenido una breve charla por teléfono.

Mis últimas citas habían resultado una mierda, y de ésta no esperaba tampoco nada en concreto. A ver, soy sincero, habíamos quedado para follar, pero me pillaba en una época en la que si surgía algo más, pues bien, y sino, también.

Al poco de vernos y romper un poco el hielo, comenzamos a hablar de nuestras vidas y me sorprendió que tuviese el mismo trabajo que Yago, de quien os hablé en Vicky Cristina Barcelona Incluso se había desplazado de su ciudad de origen para trabajar aquí (lo mismo que tuvo que hacer Yago trasladándose a Barcelona).

El hilo conductor de nuestra conversación fue prácticamente ése y aunque la conversación era fluida, algo en mi interior me decía que yo a él no le había gustado y que me iba a volver a casa sin mojar el churro. Y era una lástima porque el hombre me parecía atractivo (sobre todo por los brazos definidos que tenía). Sin embrago, me equivoqué, y cuando ya pensaba que nos íbamos a despedir fue cuando me invitó a subir a su casa para tomar algo.

Nada más sentarme en el sofá me sorprendió, aparte del pedazo de televisión impresionante que ocupaba media pared, una foto de la estantería donde se le veía con una mujer muy guapa vestida de novia…

Automáticamente, le pregunté por la foto, claro (no fuese que me tocase salir por patas si llegaba la parienta) y aunque me dijo que era de la boda de su hermana, si que me contestó que él había estado casado (otro punto en común con Yago).

Después de ese momento de confesiones ya empezamos a darnos el lote en el comedor hasta que nos fuimos a su cama para estar más cómodos.

Fue cuando ya estábamos en bolas los dos cuando me dijo que me tenía que decir algo más sobre él y era que me había mentido con su edad…

Si no recuerdo mal, me dijo que tenía 39 años cuando en realidad tenía ya 43. Que igual visto ahora, con perspectiva, era una chorrada (total, iba a ser un polvo) pero el tío tenía algo que me gustaba y saber que tenía demasiados años como para empezar una relación (yo, a la mínima, analizaba mis posibilidades de pareja) me decepcionó un poco.

De todos modos, le dije que agradecía su sinceridad aunque fuese a destiempo (tal vez no hubiese quedado esos días con alguien que me llevaba diez años), pero estando ya tiesos los dos, prefería que dejaramos de hablar y pasar a follar directamente.

Del polvo en cuestión, la verdad es que no recuerdo mucho (y es curioso, porque me acuerdo prácticamente de la primera vez con todos) pero sí del momento posterior: nos pegamos una buena ducha y cuando ya estaba dispuesto a irme, fue cuando me dijo que porqué no me quedaba a cenar y a dormir con él.

Si seguís de vez en cuando mi blog, os podéis imaginar lo que esas palabras significaron para mí, así que no hizo falta que me lo dijera dos veces y me quedé con él toda la noche.

Simplemente vimos la tele, cenamos y nos acostamos, abrazados, hasta que nos cogió el sueño. No follamos de nuevo. Sólo fue eso, pero yo no necesitaba más.

A la mañana siguiente, como él entraba a trabajar mucho antes que yo, incluso me acercó a casa en su coche no sin antes decirme que había estado muy agusto conmigo.

Ese mismo día, por la tarde, me mandó un mensaje diciendo que quería volver a verme. Yo cuando lo recibí, me alegré (te sube la moral, quieras que no), pero me sorprendió porque no pensé que a este hombre lo fuese a volver a ver más. Y también en eso me equivoqué.

Nos vimos esa tarde, y la siguiente. Esa misma semana incluso ya me quedaba a dormir en su casa mientras él se iba a trabajar antes que yo.

Era básicamente quedar para tener sexo, pero también nos reíamos mucho, pensando en nuestra diferencia de edad, en que realmente teníamos poco en común, en lo diferentes que éramos…

Recuerdo que incluso me comentó la frase de un amigo suyo que le decía que conocía a gente que empezando así, luego habían durado casi nueve años…

Pues bien, hace poco que él y yo cumplimos 7 años como pareja.

Siete años en los que, casi sin darnos cuenta, empezamos una relación desde cero, y sin buscar nada (sólo sexo) el día en que nos conocimos.

Siete años en los que me he sentido como en una nube y aunque hayamos pasado por malos momentos (algunos, muy recientes) siempre hemos sabido superarlos juntos.

Hace poco tiempo que él descubrió este blog.

Sabía de su existencia (a él le oculto pocas cosas) pero no le había mencionado nunca el nombre del blog más que nada para evitar que me cortase al escribir según qué cosas.

No sé cómo, pero al final, dió con el blog y como de cualquier cosa mala se puede extraer una buena, he querido  hoy hablar de él.

Y es que este año, que por circunstancias no podemos estar juntos, no se me ocurre otra forma mejor que felicitarle así por su cumpleaños.

Y aunque no suelo poner música, permitidme esta vez que ponga un vídeo, bastante antiguo (momento moñas) que significa mucho para ambos.

Para M. TQM.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

En la casa

En la casa

Aunque en general siempre daba con buena gente cuando quedaba con tíos, sí que es verdad que echando la vista atrás, sí que tengo también recuerdos de algunos que me salieron bastante rana.

Uno de estos últimos fue un tío que por el chat me pareció bastante agradable pero que cuando nos conocimos en persona me agobié bastante.

Alfonso se llamaba y me comentó que era médico. Me habló al principio mucho de su trabajo pero no recuerdo cómo la conversación degeneró bastante hasta acabar hablando de sexo, de lo que le gustaría que le hicieran y lo que le gustaría hacerme a mí.

Yo como muchas veces me calentaba con nada, enseguida le dije que porqué no quedábamos y me lo hacía en persona y allí que me fui (ya os he comentado varias veces que en pocas ocasiones me he traído gente a casa -manías que tiene uno-).

Nada más llegar, me sorprendió mucho la pinta que tenía este tío. Aparte de que era evidente que tenía más edad de la que me había dicho (eso es un clásico por internet), el aspecto tanto de su casa como de él eran un tanto…extrañas.

Aparte de que me abrió la puerta llevando sólo unos calzoncillos negros de rejilla para así en teoría calentarme desde el minuto uno (la verdad es que el efecto fue justo el contrario), hablaba de una forma que no sé si estaba drogado o pensaba que era sexy su forma de arrastrar las palabras.

Su casa, mientras, era como una mezcla entre síndrome de Diógenes y la casa de Alaska y Mario. Todo con un toque así como kitsh, pero en plan descuidado, guarro, como si estuviese en medio de una mudanza eterna.

De hecho le pregunté si se estaba trasladando o algo y me dijo que no, que vivía ahí prácticamente toda su vida, y como que no entendía mi pregunta…

Me llevó a su comedor y aquello ya era esperpéntico. Aparte de que no he visto persona con tan poco gusto para los colores (no me considero decorador ni nada pero es que la mezcla de telas de cebra y leopardo hacían daño a la vista…), hacía un olor como a cuarto cerrado que echaba para atrás. Las paredes más mierda no podían tener, y si en su momento habían sido blancas, ahora tenían un color entre pardo y gris oscuro. Había incluso restos de comida sobre la mesa, que yo pensé que ya le podría haber dado por arreglar un poco la casa si esperas visita, pero bueno.

A esas alturas yo ya estaba pensando de qué forma largarme de allí sin que se sintiese molesto, pero he de reconocer que a pesar de todo, el tío tenía un muy buen cuerpo y con dos arrumacos que me hizo, ya pensé lo típico de “en peores plazas te has corrido has toreado”…

Fuimos a su habitación y, por suerte, era lo mejor de la casa (aunque eso no quería decir mucho), y aparte de cierto desbarajuste de ropa sobre una silla, un armario que sería de su abuela, y un orinal de cerámica en un rincón, la cama parecía limpia.

Empezamos a darnos el lote y al poco de empezar, el tío sin querer le dio una patada a un vaso con agua que tenía sobre su mesilla, rompiéndose en mil pedazos. Entre que se fue a por la escoba y el recogedor a a arreglar un poco el estropicio, a mí la verdad es que se me empezó a bajar el calentón. Para colmo empecé a ver los libros que tenía en su estantería y eran la mar de extraños todos, con muchos libros de sectas, de apariciones marianas y de temas de extraterrestres.

Ya volvió otra vez y a mí entre unas cosas y otras ya no me apetecía hacer demasiado en esa casa. Se lo comenté de buenos modos, pero por lo visto a él le daba igual lo que yo quisiese o no quisiese hacer, así que me dijo que al menos me quedase hasta que se hiciese una paja porque le daba morbo que yo me quedase a verlo.

Y ahí me quedé, de pie al lado de su cama, como un pasmarote, mientras él se hacía una gayola a dos manos…

Una vez acabó, le dije que me alegraba si él había disfrutado, pero que yo ya me iba.

Sí que antes de irme le pregunté si realmente era médico y ejercía (más que nada por no ir nunca a su lugar de trabajo) y él, muy ofendido, se fue hasta otra habitación y me sacó, llena de polvo, la Orla de su promoción de Medicina.

Se ve que a pesar de ser más raro que un perro verde, el hombre tenía su orgullo y amor propio, claro.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Despertares

Despertares

Pasado el susto con el loco de la colina del que os hablé en Psicosis, volví a las andadas y no tardé mucho en quedar con otro que conocí en una sala de chat.

En este caso fue el tercer y último tío con apariencia de trípode humano con el que he quedado en mi vida, después de mis experiencias que conté en La Cortina de Humo y Boogie Nights

Este hombre se llamaba Agustín y era algo más mayor que yo, aunque realmente no lo aparentaba. Quedé en su casa, a las tantas de la mañana y al poco de empezar a enrollarnos, se sacó del pantalón sus 21 cm de carne y los puso sobre una mesa al lado de una regla para que viese que no mentía.

Y fue sobre esa misma mesa donde me metió ese pedazo de polla por todos lados, haciendo que pasase una de las noches más bestiales que recuerdo (de hecho es de las pocas veces que conseguí correrme sin apenas tocarme).

Al día siguiente, me volvió a llamar. Esta vez me dijo que le apetecía que fuese otra vez a su casa pero que me quedase a dormir esa noche.

Lo de dormir, era algo que me molaba mucho. Estaba en una etapa de mi vida en la que tenía claro que iba a disfrutar del sexo y nada más, sin pareja ni nada. Pero algo en mi interior me decía muchas veces que me estaba intentado engañar a mí mismo, y el notar cómo me palpitaba el corazón al decirme lo de que quería dormir conmigo, lo demostraba.  Así que no tardé demasiado en acercarme a su casa.

Esa vez nos liamos y follamos (bueno, él a mí) en el sofá, y después de aquello, como ya era tarde, fue cuando nos fuimos a la cama.

El se puso detrás de mí, desnudo, con su brazo por encima, y con esa sensación de estar tan agustito, cogí el sueño enseguida.

No tardé mucho en despertarme y notar como “algo” intentaba abrirse camino. El tío se había animado de nuevo y ni corto ni perezoso intentó follarme en ese momento sin crema ni nada, y el dolor que sentí fue increíble. Si ya que me despierten a mitad noche me jode bastante, que me despierten haciéndome daño, todavía más…

El tío se ve que era de los del rollo de “aunque te digan que no, es que sí”, y como si mi culete fuese suyo, siguió haciendo de las suyas, con lo que el dolor todavía era mas intenso. Le dije que parase pero encima aún me cogió de los brazos para que me estuviese quieto, como si con eso yo fuese a relajarme de alguna forma…

Al final del forcejejo (porque es lo que era ya en toda regla) pude quitármelo de encima, mandándole, de paso, a la mierda. Aún me dijo que pensó que yo lo estaba disfrutando, pero la verdad es que estuve lo que quedó de noche con un dolor interno que aún llegúe a pensar, ya en mi casa, si me había desgarrado por dentro. Por suerte a la mañana siguiente, el dolor ya había pasado.

Tiempo después, le comenté a otro con el que ligué, esta misma situación y me comentó que me entendía en lo referente a lo bonito que era dormir abrazados. Me dijo además que no tenía porqué haber sexo entre nosotros si a mí no me apetecía y que podía acercarme esa noche a su casa a dormir con él…

Yo, que no me fiaba, y habiéndome dicho donde trabajaba, me acerqué a su negocio para ver al tío y hablar un poco con él. En persona me pareció majo y sincero, así que esa misma noche me acerqué a su casa.

Cenamos tranquilamente y nos acostamos. simplemente con la idea de estar abrazados y nada más. El chico me comentó que hacía mucho que no tenía pareja y que el acostarse con un tío era lo que más echaba en falta. Yo sentía lo mismo, así que me sentí afortunado de dar con alguien así (muchas veces pienso que me conformo con cosas bastante simples, pero bueno).

Todo iba genial, hasta que de repente empezó a decir que hacía mucho calor y que era mejor que nos desnudásemos del todo los dos (íbamos en gayumbos).

Al momento de estar desnudos, volvió a acurrucarse a mi lado, diciendo que así estaríamos más cómodos. Y empecé a notar como se le ponía dura detrás de mí. Aun así, como ya tenía sueño, al poco caí rendido.

No tardé demasiado en despertarme y ver como me la estaba chupando con una cara de vicio que flipaba, mientras se pajeaba mientras lo hacía. Como yo no soy de piedra, enseguida me puse a tono, claro, e incluso acabamos rematando la faena, pero con una sensación de que me habían tomado el pelo como nunca…

Luego encima tuvo la cara dura de decirme que quería volver a “dormir” conmigo al día siguiente, pero entre que el chico no me mataba demasiado y que tampoco tenía claro (otra vez) qué es lo que buscaba yo en la vida, no lo volví a ver más.

Todo esto viene a cuento porque hace pocos días, una compañera de trabajo comentó que su pareja de ahora la despertaba a todas horas por la noche para follar y que luego llegaba rendida al trabajo.

El resto de compañeras se dividieron entre la envidia por algo así, y las que decían que como su pareja las despertase para eso, le metían una patada en los huevos que se le iba a quitar la tontería para mucho tiempo.

Y es que lo que para unos puede ser una maravillla, para otros es una pesadilla, pero supongo que eso dependerá del momento y las circunstancias de cada uno, ¿no creéis?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

The kings of summer

The kings of summer

Ahora que el verano está entrando en su recta final es cuando suelo acordarme de aquellos veranos cuando era (más) joven y las vacaciones duraban tres meses completos.

Uno de aquellos veranos de los que mejor recuerdo tengo fue cuando tenía 16 años y viví mi primer, y único, “amor de verano”.

Desde bien pequeño, yo solía siempre veranear en los mismos apartamentos de un pueblo costero, con lo que año tras año solía coincidir con la misma gente.

Entre mi grupo de amigos había un chico madrileño con el que siempre me llevé muy bien, y ese verano en concreto vino un amigo y vecino suyo de Madrid para pasar los últimos días de sus vacaciones.

El chaval se llamaba Jesús, y era un año mayor que nosotros. Muy rubio y con ojos oscuros, me pareció muy guapete desde el primer momento, con lo que me colgué inmediatamente de él.

El chaval iba estar desde el viernes hasta el lunes por la mañana que es cuando se iría de vuelta a Madrid con mi amigo y su familia.

De ese viernes la verdad es que tengo pocos recuerdos, pero de ese sábado en concreto, y mira que han pasado años, sigo recordando todo lo que ocurrió como si no hubiera pasado el tiempo.

Recuerdo que amaneció nublado así que decidimos irnos a pescar al río, porque cuando estaba el tiempo así era cuando, en teoría, más fácil era que picaran.

Fuimos en el coche de un amigo (que ya era mayor de edad) y allí nos plantamos a pasar la mañana, que amenazaba con ponerse a llover de un momento a otro.

Estando allí, llegaron otros chavales de nuestra misma zona con los que nos llevabamos bastante mal. Empezamos pronto a picarnos unos a otros, en plan niñatos, que a pesar de la edad era lo que seguíamos siendo por aquella epoca.

En un momento dado, Jesús se levantó y ni corto ni perezoso se bajó el bañador para hacerles un calvo a los otros chavales, que estaban situados en la orilla de enfrente. Yo me quedé flipado, claro, porque aparte al tenerlo a lado le pude ver bien el pedazo culo que tenía el chaval. No contento con eso, y animado por la situación, aún se dio la vuelta, les enseñó la polla y comenzó a hacer movimientos de cadera como si se los estuviese zumbando a todos…

Mi amigo, partido de risa pero también un poco avergonzado, dijo que Jesús era así, y que cuando lo conociera un poco más, me daría cuenta de que estaba loco perdido.  A mí la verdad es que me encantó, y si me gustaba desde antes, a partir de ese momento y viendo lo que tenía entre las piernas (no calzaba mal, no), todavía mucho más.

Después de aquello, el tiempo nublado ya se convirtió en lluvioso y cogiendo los bártulos, nos fuimos hacia el coche intentando volver a casa antes de que la tormenta nos alcanzase.

Pero la tormenta nos alcanzó de lleno. Tanto que entre unas cosas y otras, cuando el amigo que iba en coche nos dejó en casa, íbamos como sopas. Como sus padres no estaban, decidí entonces quedarme un rato más con ellos y esperar a que pasase la tempestad.

Nada mas llegar, mi amigo nos dejó toallas y nos pusimos a secarnos un poco. Yo me quité la camiseta, y mientras mi amigo se fue al baño, Jesús se despelotó totalmente delante de mí, dándome la espalda, mientras buscaba unos calzoncillos que ponerse.

Una vez los encontró, se giró hacia a mi para ponérselos mientras me alcanzaba a mí otros limpios con la idea de que yo hiciese lo mismo. Evidentemente yo me despeloté también, cara a él, resultando este como uno de los momentos más morbosos en esa mi incipiente sexualidad.

Una vez secos, ya salió mi amigo, y mientras nos tomábamos un refresco esperamos que dejase de llover.

Esa noche nos fuimos a cenar por ahí, los dos amigos madrileños y mi otro amigo valenciano. En esa época todavía no estbamos en plan ligoteo a saco, aunque sí nos ibamos a la zona de copas, sólo por cotillerar un poco y reirnos de la gente y del postureo que siempre ha habido en esos sitios (eso ya ocurría hace años)

Ya en la cena, mi amigo no dejó de decirme que le había caído muy bien a Jesús, que nuestro otro amigo no tanto, y que no había dejado de hablarle de mí en toda la tarde.

Yo, en mi inocencia, recuerdo que llegué a pensar si esa amistad igual significaba algo más, y que igual lo que yo estaba sintiendo, también lo estaba sintiendo él igualmente.

Esa noche, ya de vuelta decidimos tumbarnos en la playa de noche hasta que a alguno se le ocurrió la genial idea de desnudarse y bañarse en la playa. Yo en aquella época aún era bastante vergonzoso y me bañé en calzoncillos, siendo otra vez Jesús el único que se atrevió a bañarse en bolas, dejando otra imagen en mi mente que tardaría mucho tiempo en borrar

De vuelta a casa recuerdo que pensé que ese chaval me gustaba mucho, de una forma que no había sentido nunca antes…

El domingo fue un día playero total y era ya evidente que entre Jesús y yo había surgido un colegueo total. Tanto que los demás tenían como “celos” pues pasamos todo el día haciendo el chorra juntos.

Esa noche, que iba a ser la última, incluso dormí en su casa, en una cama supletoria pues iba a ser la última hasta el verano siguiente.

Y ahí también le volví a ver desnudo por todos lados (el chico no tenía ningún problema con eso) dejando imágenes en mi cabeza difíciles de borrar.

Al día siguiente ya fue la despedida, muy triste para mí, a pesar de haberle conocido sólo dos días antes.

En aquella época, durante el invierno, nos solíamos escribir los amigos, y con el madrileño era bastante habitual hacerlo. Sin embargo ese año también empecé a recibi cartas de Jesús, con lo cual ese “amor de verano” traspasó la estación inicial.

Poco a poco esos escritos se empezaron a espaciar en el tiempo.

Al verano siguiente, él también vino a Valencia, está vez al inicio del verano. Sin embargo, todo había cambiado.

Aunque seguíamos congeniando en muchas cosas,  se notaba que él había madurado mucho más que yo. Para colmo, tuve que aguantarme al ver como se enrollaba con dos guiris en mi cara la primera vez que salimos por la noche…

Era evidente que Jesús no era gay, nunca lo había sido, y simplemente yo me había montado una película en la cabeza que no se correspondía con la realidad.

Aun así, echando la vista atrás, recuerdo con una sonrisa todo lo que viví con aquel chaval durante ese fin de semana.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Toy Story

Toy Story

Si a este post tuviera que ponerle un subtítulo, sería “Madre mía cómo ha cambiado el cuento”. Y es que voy a hablar hoy de otro tipo de juguetes, digamos más para adultos.

Desde que me fui del casa del masajista que no dejaba de pensar que si yo había disfrutado, el tener que trabajar de algo así, sobando a tios unos detrás de otro, tenía que ser una pasada, así que me pillé un bote de aceite de masajes por si alguno me dejaba que se lo diese en plan amateur.

Muy pronto di con uno que por lo que me dijo en el chat, tenía los mismos morbos que yo. Empecé a contarle qué era lo que quería hacerle cuando le viese, y ya sólo hablando de eso nos pusimos cachondísimos los dos.

Quedamos a la media hora, en su casa, un adosado que estaba a las afueras de la ciudad. No tenía muy claro qué puerta era, así que cuando ya estaba en su calle, le mandé un mensajito para que me contestase. Me escribió el número de su puerta y lo más curioso fue lo que me puso a continuación:”Entras y subes”.

Me acerqué al portal y efecticamente la puerta estaba abierta. A mi derecha una escalera y subiendo tres habitaciones. Llegúe arriba y cuando me acostumbré a la oscuridad, vi que en la de mi izquierda estaba el tío tumbado boca abajo en la cama con unos slips blancos marcando culete.

Recuerdo que le comenté que si llegaba a ser un ladrón o un asesino, él mismo me lo habría puesto a huevo, pero me dijo que le había dado bastante confianza (un clásico en mi vida) y que además le molaban las sorpresas.

Me desnudé totalmente y comencé poco a poco a untarle el cuerpo con el aceite. Lo curioso es que como no lo había probado antes, no imaginaba lo escurridizo que era el líquido y poco a poco empecé a pringarle toda la cama.

Le comenté que igual era mejor poner una toalla o algo debajo, pero el tío ya había empezado a ponerse cachondo perdido y no entraba a razones, así que yo seguí a lo mío sin preocuparme ya de nada.

Llegué a la parte de su culete con los masajes y lo primero que hice fue tirarle el aceite por encima. Al ser los calzoncillos blancos, enseguida caló y empezó a trasparentarle toda la raja del culo con lo que la visión fue tremenda. Empecé a esparcírselo bien hasta que no pude más y de un tirón le quité los gayumbos colocándose él en una posición que pedía guerra claramente.

Aún quise aguantar un poco mas el tema masajes y le seguí toqueteando por las piernas hasta que llegué a los tobillos. Desde abajo, la posición del tío, brillando con el aceite, entreabierto de piernas, con los huevos y la polla asomando y el culete cada vez más en pompa era para haberle hecho varias fotos seguidas.

Al final ya dejé el aceite en el suelo y empecé a restregarme con él como si no hubiera un mañana. Mientras, le mordía la oreja que aún le ponía más cachondo de lo que ya estaba. Fui bajando hasta que le hice una comida de culo (que por cierto lo tenía totalmente rasurado) de esas antológicas.

El tío ya mas que caliente estaba hirviendo. Se le notaba por los gemidos y sobre todo por los movimientos de cadera que hacía. Incluso me apretaba la cabeza contra su culo para que no parase lo que estaba haciendo.

Así hasta que en un momento dado, se dio la vuelta boca arriba y comenzó a pajearse cara a mí. Me dijo que me levantase y me acercase a los cajones de la cómoda que tenía enfrente y sacase lo que había en el tercer cajón. Abrí sin saber muy bien qué me encontraría y fue cuando vi sus juguetitos.

Había dos consoladores, uno grande, negro, con aspecto y textura de polla real, y otro más pequeño, tipo misil, con un botón rojo en la parte trasera. Cogí ambos y me dirigí a la cama pensando en lo que iba a dar de sí la cita.

Le puse un poco de aceite al pequeño del botón rojo y rápidamente se lo metí al tío por el culo. El, automáticamente giró la ruedecita del botón rojo y aquello le empezó a vibrar.

Aunque yo esos consoladores. o similares, ya los conocía de la época en que trabajé en el SexShop (y no es algo que me llamase la atención especialmente) jamás los había visto usar a nadie tan de cerca y ver como disfrutaba de aquello el tío fue increíble.

Encima el consolador se ve que tenía como varias posiciones y en cuanto descubrí eso, empecé a aumentar la velocidad poco a poco, metiéndoselo y sacándoselo sin dejar de mirar la cara de placer del tío. Cuando llegué a la máxima velocidad llegó un momento en que el chaval comenzó a poner los ojos tan en blanco que tuve que parar, porque pensé que se me iba a quedar catatónico en cualquier momento.

En ese momento que se lo saqué, el tío no perdió comba, y fue cuando aprovechó para decirme que era momento de meterle el otro.

Yo, como soy muy bien mandao, lo unté bien de aceite y le comencé a meter el pedazo enorme de polla negra para adentro. Lo que mas me alucinó fue la facilidad con la que entraban tantos y tantos centímetros seguidos. Igual le estaba llegando ya al esófago, pero yo no podía parar de darle, hipnotizado como estaba por el espectáculo.

Él se notaba que no podía mas. Su cuerpo, entre el aceite, el sudor y los movimientos de cadera que pegaba a cada rato, estaba ya al límite y os juro que pensé que en cualquier momento se me quedaba muerto ahí mismo. Le dije que se corriese ya (estaba pajeándose pero cuando estaba apunto, el tío cabrón aun paraba y todo), y a los pocos segundos empezó a eyacular a borbotones sobre su cuerpo.

Fue ver eso y con solo tocármela un minuto yo hice lo mismo pues el morbo que me había dado toda la situación había sido bestial.

Después de acabar, pequeña charla, la ducha y para casa.

Con este chico aun quedé un par de veces más, e incluso me llegó a regalar un juguetito de los suyos (uno nuevo, no penséis mal), para que yo disfrutase también de la fiesta.

Y he de reconocer que la verdad es que “consolar” consuelan bastante, y en las épocas de soledad que todos tenemos alguna vez, cumplen su cometido muy pero que muy bien.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.