La Visita

La Visita

En los fines de semana previos a que comenzase la temporada de verano, mis padres se solían acercar al apartamento de la playa para poner las cosas apunto de cara a las vacaciones.

Algunos de esos fines de semana, yo solía acompañarles y así aparte de echar una mano, ya aprovechaba los primeros calores estivales para tumbarme en la arena y pillar algo de moreno.

Si coincidía con mis amigos de veraneo allí, genial, pero como no siempre era posible, aprovechaba simplemente para descansar y disfrutar unos días en familia.

Lo malo era si ese fin de semana coincidía con un calentón del quince de los míos, que me entraban unas ganas locas de mojar el churro.

En circunstancias habituales, lo lógico hubiese sido entrar en el chat y buscar a alguien con quien aliviarme, pero estando en una época en la que Internet no lo copaba todo como ahora, la única solución posible era el acceso a través de los cibercafés del pueblo.

Recuerdo en concreto un sábado por la tarde que estaba más salido de lo habitual que localicé un local en el que no había demasiada gente. Ahora lo pienso y no sé si sería capaz de ponerme a buscar sexo en un lugar tan público como eran aquellos locales, pero cuando las ganas apretaban, mi timidez habitual desaparecía por completo.

Al poco, contacté con un chaval que vivía en un pueblo costero cercano al mío y enseguida me invitó a su casa. Yo ese finde recuerdo que no había ido en mi coche, sino que por comodidad había subido en el de mis padres, por lo que al pillarme algo lejos, le dije que no iba a poder ser. Él, que debía ir igual o más caliente que yo, me dijo que no era problema, que podía pasar a a recogerme y traerme después de vuelta.

Y así hicimos, quedamos en la rotonda de acceso al pueblo, y a los quince minutos escasos allí que se plantó. Aunque habíamos quedado sin fotos ni nada, la verdad es que el chaval estaba bastante apañado. Recuerdo que me molaron sobre todo sus brazos, que estaban definidos pero sin pasarse. Y que tenía cara de buena persona, que eso, quieras que no, me daba confianza.

LLegamos a su casa, y sin hablar demasiado (íbamos a lo que íbamos), ya empezamos a morrearnos. Yo comencé a bajar mis manos por su espalda dispuesto cuanto antes a llegar a su culo, que ya me había fijado al entrar que prometía bastante. Fue apretarlo contra mí y ya me di cuenta de que no me había equivocado.

Ya al tacto se le notaba firme y duro, así que le di la vuelta para bajarle los pantalones y vérselo bien. Cuando se lo vi, flipé. Junto con el del brasileño, era de los mejores culos que había visto hasta ese momento, y de hecho a día de hoy no he conocido a nadie que los supere.

Sí que me dijo que aunque era pasivo, en una primera cita nunca se dejaba follar, así que aunque me quedé con las ganas, pasamos una buena tarde de mamadas y pajas.

Después de corrernos los dos y ducharnos (yo sin dejar de tocarle el culazo), me dijo si antes de acercarme a casa le podía acompañar a hacer una visita rápida a una amiga que había vuelto de viaje. A mí me sorprendió un poco, pero como era él quien me había llevado y quien me tenía que devolver, no pude negarme.

Fue a dos calles de su apartamento, subimos, y resulta que allí había mas gente. Estaba su amiga, el novio de la amiga, y otras dos chicas más.

El chaval me presentó como un amigo suyo de Valencia y pronto me di cuenta de que aquella visita iba a ser de todo menos “rápida”.

A los pocos minutos de estar allí, el telefonillo empezó a echar humo hasta que nos juntamos en su casa unas diez o quince personas en una especie de fiesta de bienvenida o algo así, a la dueña de la casa (había estado un año viviendo en el extranjero).

La situación en sí era superextraña, y más si pensamos que hasta hacía un par de horas, yo a mi “amigo” no lo conocía de nada, y ahora estaba conociendo a todos sus amigos sin venir a cuento.

El chaval,  en un principio intentó no despegarse de mí, pero llegó un momento en que se puso a hablar con otras personas, y a mí me toco improvisar intentando justificar un poco mi presencia ante la gente que no me conocía de nada.

La visita rápida se convirtió al final en una cena en toda regla (pidieron pizzas aparte del picoteo que ya había) y luego pasamos a las copas, momento en que empecé a beber como un cosaco para así al menos intentar soltarme un poco. Y lo conseguí. Tanto, que acabamos la noche enrollándonos en un sofá sin importarnos el resto de amigos/as de su grupo.

Al final salimos de la casa cerca de las tres de la mañana, los dos medio empalmados, y descojonándonos por lo surrealista que había resultado la visita.

Antes de subir al coche para devolverme a casa, aún paramos en  la suya a “tomarnos la última”. Salimos al balcón a tomar el aire, y una vez apoyado él en la barandilla, me puse detrás a mordisquearle el cuello. Le quité la camiseta y fui bajando lentamente hasta desabrocharle el pantalón y ver ante mí de nuevo ese culito tan bueno que tenía.

A los dos en ese momento nos dio un poco igual que nos pudiese ver alguien, así que le acabé haciendo una comida de culo que ni en las películas. Técnicamente era la segunda vez que quedábamos, así que esta vez sí se dejó follar y ahí mismo, en su balcón, que lo hicimos.

Acabamos la noche en una especie de tumbona que tenía y que parecía ni hecha adrede para pegar el polvo que pegamos. Incluso acabamos mirando las estrellas y tapados por una manta de sofá, que para el caso nos vino que ni pintada.

Cuando me dejó en casa a las tantas de la mañana, pensé que había sido de las citas mas entretenidas que había tenido nunca, ya que habían sido como varias condensadas en una sola.

Unas semanas después, volvimos a vernos, e incluso con el tiempo fue de las primeras personas con las que fui a una playa nudista.

Sin embargo, ese verano que podríamos habernos visto más, nuestras vacaciones no coincidieron, y con el tiempo acabamos perdiendo el contacto. Y fue una lástima, porque el chico era un cachondo, en el sentido amplio de la palabra.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

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Gremlins

Gremlins

No fue hasta el día siguiente, lunes, cuando me di cuenta de que había vuelto acompañado de mi fin de semana en Barcelona.

Ya me había parecido extraño las molestias que tenía en el pubis durante todo el día, pero lo achaqué a que había estrenado unos calzoncillos nuevos y mi hipersensibilidad habitual a según qué tejidos. Pero cuando esas molestias pasaron a un picor en toda regla pensé que algo mal iba por allí abajo.

LLegué a casa después del curro y lo primero que hice fue desnudarme y empezar a mirarme por si veía algo fuera de lo normal. Me percaté primero de las marcas rojizas que ya tenía en la piel de haberme pasado las últimas horas rascándome como si fuera un perro sarnoso. Al momento vi un punto negro enganchado a un pelo, estiré de él y lo dejé sobre el mármol blanco de la pila del baño. Me quedé fijamente mirando hasta que vi cómo avanzaba lentamente con pequeños pasos como si fuese un minúsculo cangrejo.

Volví a mirarme el pubis y vi que, como imaginaba, ése no era el único ejemplar de su especie: Tenía anidada toda una familia entre la pelambrera.

El agobio que me entró en ese momento es difícil de explicar.

Lo primero que se me ocurrió fue mirar en Internet por confirmar que lo que tenía eran ladillas y no otra cosa. Y no había duda, lo eran.

Aparte de tener que ver miles de fotos a cual más desagradable (infestaciones, con heridas sangrientas, y bicharracos ampliados al microscopio que parecían Godzillas), leí lo que se tenía que hacer para eliminarlos:

“…existen cremas, champús y lociones que contienen hexacloruro de benceno gamma o permetrina y que son eficaces si se usan correctamente. Aunque el parásito vive poco tiempo separado del cuerpo, es conveniente cambiar sábanas, toallas y ropas para evitar la reinfestación. Es recomendable encerrar en bolsas aisladas toda la ropa y lavarla a altas temperaturas -superior a 40ª-“

Una vez buscada la solución, lo siguiente fue llamar a Yago para explicarle lo que me había contagiado. El también se sorprendió porque a él ni le picaba nada ni se había descubierto nada.

Como yo seguía sin recordar lo que había pasado la noche de marras, le pregunté si es que habíamos estado con más gente sin saberlo, que no me lo ocultase porque ahora ya no tenía remedio.

Me aseguró que no, que por quién le tomaba (se cabreó incluso), y que igual era cosa mía y yo ya los llevaba de antes…

Nos recriminamos de todo, fruto del nerviosismo del momento y porque para ambos, era la primera infección de tipo sexual que teníamos.

Sí que me comentó que él un santito no era (ya lo sabía), y que en esa misma cama donde habíamos estado, había hecho tríos, e incluso orgías, y no hacía demasiado tiempo.

Le aconsejé lo que había leído, que lavase la ropa a temperatura elevada y que comprase un producto específico contra la “pediculosis”, que era el nombre técnico de la infestación que teníamos.

Tras la conversación con Yago, quedaba la parte más vergonzosa para mí, que era ir a una farmacia a comprar el antídoto. Y más despues de la surrealista experiencia que había tenido al comprar lubricante. Para evitar males mayores, decidí acudir a otra.

Lo primero que pregunté a la chica que me atendió es que quería un producto que llevase permetrina en altas cantidades, sin especificarle nada más.

Al instante me trajo un champú y una loción para que eligiese, añadiendo que “era la época habitual, y que era algo mucho más común de lo que la gente pensaba”.

Me sorprendió la tranquilidad con lo que lo comentó la mujer, y decidí comprar ambos productos para  cortar por lo sano.

Áún cuando lo envolvía, añadió otra frase que todavía me sorprendió más: “…y los niños con lo revoltosos que son, que enseguida están juntos,  pues es lo que pasa…”

Mi cara ya era un poema, porque básicamente no entendía a qué venía un comentario así (pensé si me había visto cara de pedófilo o algo…) así que nada más salir leí el prospecto y fue cuando me di cuenta de que el mismo producto servía tanto para los piojos (pelo de la cabeza), como para las ladillas (pelo púbico), con lo que respiré aliviado.

Durante la siguiente semana estuve lavándome con el champú lo que era el pubis y lo que no lo era, porque me obsesioné tanto con los bichitos, que acabé usándolo por todo el cuerpo como si fuese un gel.  Aparte me depilé los huevos, el pubis y parte de las piernas, y ya después me aplicaba la loción en spray (era como una colonia).

Los calzoncillos y ropa de cama también los metí en la lavadora a una temperatura alta, para así acabar con los posibles huevos que podían haber dejado.

Yago por su parte, aparte de comprarse la loción, se depiló absolutamente todo el cuerpo (y eso que el hombre era bastante osito). No contento con eso se ve que no entendió bien lo que le comenté, y se metió en una bañera con agua medio hirviendo, que por poco se escalda vivo (según me comentó, estuvo días con leche hidratante para calmarse la piel).

Durante un tiempo, Yago y yo estuvimos bastante mosqueados, ya que cada uno echaba la culpa al otro de lo que había sucedido (yo estaba convencido de que yo no era, porque hacía un tiempo que estaba en el dique seco). Incluso llegamos a plantearnos si podría haber sido en el baño de algún pub, en el vestuario de su gimnasio o en mi piscina… en fin, mil cosas.

Por suerte, la relación entre nosotros mejoró  e incluso volvimos a vernos tiempo después, otra vez en Barcelona (aunque he de confesar que un poco acojonado por si volvía otra vez con compañeros indeseables, pero no fue el caso).

Meses después Yago encontró pareja, un chaval también separado como él, y con un crío pequeño, con lo que enseguida se sintieron identificados el uno con el otro.

Si de algo aprendí de todo esto, es que por mucho cuidado que tengas (condones), o te metes en un convento de ursulinas, o tarde o temprano, si tienes una vida sexual más o menos activa, puedes encontrarte con sorpresas no deseadas.

Por suerte, la cosa quedó en una simple anécdota, aunque he de reconocer que desde entonces cada vez que en la playa veo un cangrejo, me recorre un hormigueo por todo el cuerpo…

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La cortina de humo

La cortina de humo

Nunca he estado interesado demasiado en la política pero sí que es verdad que procuro siempre estar atento a lo que pasa en todos los ámbitos, y la política, nos guste o no, es uno de ellos.

(Tranquilos, que no voy a entrar en polémicas de ningún tipo).

Lo vengo a decir porque quieras que no, cuando uno es un personaje público y lleva una doble vida, igual debería ir con cuidado sobre qué es lo que hace por Internet si no quiere que se sepa.

Esto lo digo porque la persona de la que os voy a hablar hoy, tuvo la suerte de contactar con alguien que es bastante discreto (yo), porque si llega a dar con otro que le hubiese querido complicar la vida, se la hubiera complicado, y mucho.

Así que permitidme que por esta vez sea bastante difuso y no dé nombres, edad, ni nada que pueda comprometer a la persona en cuestión.

Realmente, no recuerdo con exactitud en qué lugar le conocí (si chat, si Cam4, si Gaydar…), pues el primer recuerdo que tengo de él ya fue de su rabazo, haciéndonos una paja mutua por la cam del Messenger.

Y digo rabazo porque este fue el segundo de los tres tíos pollones con los que he estado en mi vida (del primero ya os hablé aquí). Este hombre, por decirlo finamente, era totalmente un caballo. Su polla relajada ya llamaba la atención, pero ver después ese trozo de carne cómo crecía, era una visión que impresionaba.

Como ya he comentado alguna vez, yo no solía poner la cara mientras me pajeaba por Internet, pero sí que es verdad que muchas veces dejaba ver sin querer, un poco más de mí de lo que quisiera. A este hombre le pasó igual, y en el momento de correrse, la cam le jugó una mala pasada, dejándome ver sus labios. Sólo ese detalle, unido también a su voz que me resultaba conocida, hizo que tuviera claro quién era, por lo que le pregunté si me acababa de pajear con un político, concejal del Ayuntamiento para más señas.

Y claro, su primera reacción fue quitar la cam. Para tranquilizarle, le comenté que no pasaba nada, que yo era de fiar, y que no pensaba decir nada a nadie si le preocupaba eso. Él al principio no lo acabó de ver claro, pero como siempre suelo dar bastante confianza (soy bastante transparente en ese sentido), al final aceptó volver a poner la cam mientras se fumaba un cigarrillo a cara descubierta.

Básicamente nuestra amistad partió de ahí, a golpe de pajotes de cam, hasta que un día, por morbo (en cierta forma era como estar con un famoso) le comenté si le apetecía que nos conociéramos. Él, aunque primero se mostró reacio, no tardó mucho en decirme que sí.

Cuando fui a su casa, me sorprendió ver que quien más nervioso estaba de los dos era él. Me comentó que se había separado recientemente, que tenía una hija pequeña de su matrimonio, y que aunque tenía claro desde hacía tiempo que le atraían los tíos, realmente nunca antes había estado con ninguno.

Lo que sí tenía claro era que él quería ser el activo, que de momento lo de pasivo no le llamaba la atención. Teniendo la ventaja de que yo era versátil, por esa parte no iba a haber ningún problema.

Esa primera vez fue en el mismo comedor donde estábamos, le dije que se sentase porque realmente quería ver si esa polla que había visto ya por Internet era tal cual se veía, y al bajarle los pantalones, pude ver que el bultaco que marcaba así lo demostraba.

Cuando ya le quité los calzoncillos, el pedazo de carne saltó como un resorte sobre mi cara, impregnándome ya de su líquido preseminal la mejilla. Los huevos, además, iban en proporción con su polla, por lo que el conjunto que tenía ante mí era espectacular.

El miembro en erección le medía exactamente 21.5 cm (medidas que pude comprobar yo mismo, regla en mano). Y claro, viendo el tremendo miembro que tenía este hombre,  me vino a la mente enseguida mi última experiencia con un pollón similar, de la que no guardaba demasiado buen recuerdo.

Sin embargo, por suerte para ambos, este hombre sí que sabía bien lo que tenía entre las piernas y cómo usarlo. Incluso tenía preparado un kit completo para la ocasión, con su lubricante, vaselina, y condones XXL para facilitar la penetración y que el disfrute fuese completo.

Ese día en concreto, del comedor no salimos. Me folló en el sofá a cuatro patas y después sobre la mesa del comedor, y de verdad que lo pasé de puta madre. Si de normal suelo echar corridas bastante abundantes, esa noche fue tal la cantidad que solté mientras me follaba que pensé que me licuaba.

Al acabar, hubo algo que me descolocó por completo y es que se puso a llorar sobre mí como un niño. Me dijo que eran muchos años queriendo disfrutar con un hombre de esa forma, y que en ese momento, gracias a mí,  era la persona más feliz del mundo.

Por supuesto que esa no fue la única vez que nos vimos, claro. Durante un tiempo. quedamos para follar varias veces y digamos que bautizamos todos los rincones de su casa. De hecho, y no sé muy bien porqué, lo hicimos en todos los sitios posibles menos en su cama. Incluso lo llegamos a hacer en la habitación que tenía para su hija (iba a su casa fines de semana alternos) rodeados de muñequitos de Hello Kitty.

Al final acabó por lo de siempre, y es que uno de los dos acabó enamorándose del otro (y no fui yo).

Le dije que el sexo con él era una pasada, que su polla me encantaba, y que me lo pasaba genial con él también, pero que con las circunstancias que él tenía yo no podía iniciar una relación (y más con una hija pequeña -no me veía yo de padre postizo-), así que, sintiéndolo mucho, si él quería algo mas, lo mejor entonces era dejarlo.

Él me dijo que respetaba mi decisión, y me pidió que siguiésemos follando como si nada me hubiese dicho, pero eso para mí ya no era posible. Al final, seguir así, como si nada, le hubiese hecho más daño, por lo que conscientemente fui enfriando la relación poco a poco, hasta que al final dejamos de vernos.

Al finalizar aquella legislatura, dejó el cargo público que tenía y no volvió a presentarse en las listas. Incluso tiempo después acabó dejando la política totalmente debido a “motivos personales”.

Supongo que a partir de entonces pudo vivir su sexualidad libremente, dentro del anonimato que tanto ansiaba.

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Los chicos del barrio

Los chicos del barrio

Aunque nunca he vivido en ningún barrio gay de mi ciudad, basta con ponerse una app de ligoteo en el móvil para darse cuenta de que todos vivimos prácticamente rodeados por tíos a los que les gustan los tíos.

En la época en la que pisaba el ambiente, me daba cuenta de eso cada noche que salía por la zona, pues reconocía a algunos de haberlos visto por mi barrio (con mi amigo Quique, por ejemplo, me pasó así).

Otro de estos vecinos, se llamaba Jose. De hecho vivía en una finca que, aunque pertenecía a la misma comunidad de vecinos que mis padres, daba a una calle trasera, por lo que a este lo tenía menos localizado.

Con él en concreto ya había hablado hacía tiempo por el chat y en el momento en que le pasé mi foto, curiosamente él se cayó del mismo, por lo que supuse que no le había gustado nada (había gente que optaba por tomar las de Villadiego en lugar de decir claramente que no eras su tipo).

Por eso me sorprendió que intentase ligar conmigo cuando coincidimos en la discoteca. De hecho le recordé aquella huida y él ni siquiera se acordaba de mí, o por lo menos eso decía. El alcohol se notaba que hacía rato que corría por sus venas, pero como a mí el chico me molaba, decidí seguirle el rollo a ver hasta dónde estaría dispuesto a llegar esa vez.

Y llegamos hasta el final, en su casa, en bolas los dos y sobre su cama (una cama, por cierto, con dosel que aparte de curioso, era lo más parecido a estar en una película de Disney)

He de recordaros que con este fue con quien estrené mi nueva polla y tengo que reconocer que tenía mis miedos por ese motivo. Pero con la cogorza que llevaba el chaval, hubiese dado igual que se acostase conmigo o con un caballo, porque consciente del todo no estuvo en toda la noche, así que ni se fijó en ese detalle ni en nada.

De este chico, sí que me llevé algo que desde entonces es un fetichismo más en mis relaciones y es que nada más empezar con los magreos, empezó a sudar por todo el cuerpo. Pero no lo digo  en plan cerdo, sino más bien en plan morboso. A mi verle esas perlitas de sudor que se le iban formando por la espalda al poco de empezar, me excitaban como no me había pasado nunca.

Lo que se dice follar, esa noche no follamos, porque de verdad que el estado en el que él se encontraba más hubiese sido una violación que otra cosa, aunque sí que nos magreamos todo lo que pudimos hasta acabar en una buena paja. Bueno, miento, acabó él y nada más hacerlo me dio la espalda para dormir la mona, con lo que yo tuve que acabar mirándole su espalda y culete empapado (con esas gotitas de sudor que me estaban volviendo loco).

Acabada la faena, me cambié y me fui, dejándolo dormido en su cama, y pensando lo que ya pensé la primera vez que nos vimos por el chat, que realmente yo no era su tipo. Y es que en el estado en el que venía de la discoteca, a este chaval le hubiese dado igual acostarse conmigo que con cualquier otro.

Semanas después, volvimos a coincidir por las calles del barrio, otra noche que volvíamos de fiesta los dos.

Esa vez, aunque iba menos alcoholizado que la otra, me dijo directamente que llevaba un calentón del quince y que si quería, podía subir a echarle una mano (nunca mejor dicho) ya que los dos volvíamos sin compañía.

Y aunque sabía que iba otra vez a ser su recurso de última hora, allí que me fui de nuevo.

El chico a mí me gustaba, me atraía mucho, pero yo no tenía nada claro lo de que yo le gustase, más bien me usaba para desahogarse y yo me dejaba. Una especie de quid pro quo.

Esa vez nos lo montamos en el sofá, porque era en serio que el calentón que tenía era descomunal, (en el ascensor ya me enseñó la polla toda tiesa que llevaba) y se ve que la cama ya le pillaba demasiado lejos.

Y otra vez al poco de empezar, el chico empezó a sudar por todos sus poros. Yo al abrazarle y notar cómo se me empezaban a resbalar las manos por su cuerpo me excitaba aún mas, porque era como si el chaval se empapase en aceite y esa sensación me encantaba.

Esa noche tampoco follamos, porque estaba claro que el chaval sólo buscaba magreos, mamadas y jueguecitos, pero yo me lo pasé pipa igualmente. El problema vino otra vez en el momento paja, que en cuanto él acabó, me empezó a meter prisa para que hiciese lo mismo, porque era evidente que una vez él se desahogaba, tú le molestabas a su lado.

Recuerdo que aunque esa vez sí se lo recriminé, a él no le pareció importar mucho mi opinión, con lo que una vez terminé mi faena, y como tampoco se le podían pedir peras al olmo, me fui para mi casa que estaba prácticamente al doblar la esquina.

Aún hubo una tercera vez que pude haberme liado con él, porque volvimos a coincidir en un pub, una noche, y otra vez le pillé con ganas (que no había encontrado a otro, vamos).

El tema es que esa vez me comentó que conocía a mi familia de vista pero que no me había dicho nada para que no me agobiase, y que además conocía mucho a un tío mío que también vivía por el barrio. Vamos, que me tenía bastante localizado desde hacía tiempo (cosa que me había negado en un primer momento).

Además también me reconoció que realmente yo no era su tipo ni por asomo, pero que como estaba claro que él me molaba a mí, pues que un apaño de estos de vez en cuando no nos iba a venir mal a ninguno de los dos.

(Y es que se ve que a este chaval el alcohol unas veces le ponía calentorro y otras veces le daba por tener ataques de sinceridad, porque sino, no me explico a qué vino aquella conversación esa noche).

Pero esa vez, supongo que por orgullo, por miedo a que mi familia se fuese a enterar de algo (vivíamos demasiado cerca) o por lo que fuera, le acabé diciendo que no, que para eso mejor me quedaba con mis colegas, y que ya acababa yo pajeándome a solas en mi casa, porque así es como iba a acabar la noche de todos modos.

Aún vi al chaval de vez en cuando por el barrio muchas veces más, y aunque por educación nos seguimos saludando durante un tiempo, una vez cambié de casa le perdí el rastro completamente.

Sin embargo, hace dos semanas le vi corriendo por el río, y verle con la cara empapada de sudor, me hizo recordar esos buenos momentos compartidos.

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Weekend

Weekend

Este fin de semana, leyendo sobre las nominaciones a los Oscar 2016, en concreto las nominadas como mejor actriz, me ha sorprendido ver que Charlotte Rampling estaba nominada por una película, “45 años”, dirigida por Andrew Haigh.

A mí de buenas a primeras ese nombre de director ya me sonaba de algo y pegando una vista rápida en Internet, me fijé que la anterior película dirigida por este director, fue “Weekend” (2011) película de temática (gay) que curiosamente vi no hace mucho.

Ya comenté una vez que no soy muy de películas de temática, más que nada porque muchas veces abusan de tópicos en los que no suelo verme reflejado, sin embargo ésta en concreto sí que me gustó bastante.

Si no hace mucho os hablé de otra película llamada Solo, en la que hablaban sobre las citas que comienzan a través de Internet y que casaba mucho con la temática de este blog, hoy también quiero recomendaros esta película y que además se inicia con un ligue en una discoteca de ambiente.

Tal y como dice el título, la película se encuadra justamente en lo que es un fin de semana, desde el viernes por la noche hasta el domingo por la tarde, y refleja de manera muy realista lo que son los sentimientos encontrados que se pueden vivir a lo largo de una “relación” tan corta.

Es una película además que se basa casi totalmente en las conversaciones entres sus dos personajes principales, que son Russell (Tom Cullen) y Glen (Chris New).

El personajes de Russell es el de un homosexual que sigue en el armario salvo para unos pocos amigos. Tímido y algo introvertido, conoce una noche a Glen en una discoteca y  aunque tiene claro que es un polvo nada más,  no puede evitar colgarse bastante a las primeras de cambio, intentando convertir un simple polvo en una relación más duradera.

Por otro lado, el personaje de Glen, es el de un joven artista mucho más extrovertido que Russell, y que es el primero que quiere marcar distancias, puesto que aunque lo pasan de maravilla durante el tiempo que pasan juntos (en todos los ámbitos posibles -hay varios polvos en la película-), no quiere atarse más debido a sus circunstancias.

Yo sinceramente es una película que recomiendo, tanto por las buenas actuaciones de sus actores (con una muy buena química entre ellos), como en la ambientación de la película (muy cercana a películas de corte social como las de Ken Loach, por ejemplo).

Sí que aviso que es una película en la que hablan bastante, puesto que en la mayoría de escenas únicamente están los dos actores en una habitación, manteniendo largas conversaciones entre ellos. Gracias a eso, los dos personajes se confiesan todos sus pensamientos, incluso los más ocultos, y es lo que marcará la relación posterior entre ellos.

Pero es justamente esas conversaciones lo que más me atrajo de la película, pues al ser tan creíbles y naturales, hacen que te identifiques totalmente con los personajes.

Bueno, por lo menos yo sí me sentí identificado. Sobre todo con el personaje de Russell, pues yo sé lo que es acostarse con alguien y aparte de la química sexual que se crea, pensar aunque sea inconscientemente que con esa persona puede haber algo más.

Por no hablar de que una vez resuelta la tensión sexual entre dos perfectos desconocidos, es cierto que llegas a tener conversaciones a corazón abierto, contando muchas mas cosas de ti mismo que igual a otros amigos de más años no has contado nunca.

Y todo eso se refleja a la perfección en la película.

Cuestión aparte es el final de la misma, que a mí me transmitió muchísimo. No quiero destriparlo aquí, claro, pero sí decir que para mí es el único fin posible tal y cómo se desarrollan los acontecimientos, evitando además la lágrima fácil y el rollo sentimentaloide que no hubieran llevado a ninguna parte.

Realmente no sé si la película se llegó a estrenar en España o no.

Yo la vi en versión original con subtítulos y así, aparte de refrescar el inglés (es bueno acostumbrar el oído), no me perdí detalle de la actuación de los actores, que ya dije antes que para mí es lo mejor de la película.

Os dejo por aquí el trailer de la peli, por si queréis pegarle un vistazo.

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El Médico

El Médico

Otro al que pude llamar follamigo (aunque bastante breve) fue a un médico al que conocí chateando. Así como en el último caso que os conté, el del chef, hasta que no estuve en su casa no me dijo que tenía pareja, este en cambio no me lo negó en ningún momento. Estaba casado (con mujer) y con un crío pequeño, y lo de quedar con tíos, me dijo, sólo lo hacía de vez en cuando.

Aunque yo en esa época no creía realmente que lo de la bisexualidad existiese (como ya os comenté) el hecho de estar con un tío que se definía a sí mismo como hetero, la verdad es que me daba bastante morbo, así que no tardé mucho en decirle que nos viésemos.

Las tres veces que follamos fue en su trabajo.

Aunque por las mañanas curraba en un hospital, por las tardes tenía consulta privada, que aparte no me pillaba demasiado lejos de casa, así que era allí donde quedábamos.

La primera vez fue una noche en la que nos lo montamos en una especie de cama plegable que tenía allí montada para casos de urgencia. Fue un polvo muy bueno, pero un polvo normal al fin y al cabo (él era activo, como buen hetero casado -la mayoría que he conocido, lo son-). Sin embargo, hablando un poco de todo, esa misma noche nos contamos todos los morbos y fetichismos que teníamos los dos, y eso lo usamos para la segunda quedada.

Esa segunda vez fue un domingo por la mañana, también en la consulta. Nada más llegar, me llevó a un cuartito anexo que era el típico donde se hacen las revisiones médicas de todo tipo. Allí estaba la típica camillla, un parabán, el típico armario con gasas y agua oxigenada, aparatos médicos y todo lo demás. Me dijo que me pusiese cómodo sobre la camilla que enseguida vendría él. Cuando apareció, con la bata médica y el fonendoscopio al cuello, mi erección fue casi instantánea porque anda que no había soñado yo veces con hacer algo así en plan película porno.

Y empezamos el jugueteo en plan médico – paciente.

Primero me quitó la camiseta para auscultarme bien, haciendo que tosiese de vez en cuando para ver si tenía sanos los pulmones. (Mientras, con la mano libre no dejaba de magrearme el paquete).

Después, una vez comprobados mis bronquos, me bajó los pantalones y calzoncillos, dejando libre ya mi polla que andaba a esas alturas toda tiesa y babeando. Empezó primero a tocarme las ingles, por si tenía alguna hernia (eso dijo) y después a sobarme los huevos y el rabo, diciendo que lo tenía todo en su sitio (encima, cachondo)

Por último, me dijo que bajase al suelo y con las piernas bien abiertas me apoyase en la camilla porque me quería hacer un “tacto rectal”. Y vaya si me lo hizo.  Primero con los dedos untados en vaselina, y luego ya, cuando el calentón ya no le aguantaba dentro del pantalón, metiéndome la polla. Estuvo follándome un buen rato, hasta que acabé corriéndome sobre la camilla. Él lo hizo unos instantes después.

La tercera y última vez me mandó un mensaje para que fuese una tarde a su consulta. Me pareció raro porque quitando los viernes que me dijo que había algunos que no abría, siendo un miércoles era extraño. LLegué, llamé a la puerta y cuando abrieron me sorprendí bastante. La sala de espera estaba a rebosar de gente, y la secretaria, nada más verme, me preguntó si tenía cita para esa tarde. Yo como no sabía qué contestar, le dije que sí, pero que no estaba seguro, y haciendo como si mirase la cita en el móvil le mandé un mensaje al médico diciéndole que estaba fuera, que qué hacía. Al poco salió él y despidiéndose del paciente que salía de su despacho, dijo que pasase un momento, para sorpresa de la secretaria.

Una vez dentro le comenté que estaba loco, que la secretaria iba a sospechar y que además tenia la consulta llena, peo a él le daba todo un poco igual. Me puso sobre su mesa del despacho y casi sin hablar, me empezó a morrear y a desnudarme. A mí esa actitud tan machorra de él me ponía muy cerdo, he de reconocerlo, y el hecho de que el lugar donde lo hacíamos estuviese tan lleno de gente, aunque era peligroso, también me excitaba bastante.

Y bueno, esa vez lo hicimos allí mismo sobre su mesa. Además la persiana de su despacho era de esas apaisadas típicas de oficina que encima daba a la calle, y aunque por el sol era imposible que nos viesen desde fuera (o eso me pareció), desde dentro se veía claramente a la gente paseando por la avenida a la que daba…  Encima si desde allí oíamos el barullo de la gente en la sala de espera, era evidente de que desde fuera también podrían oirnos, así que para evitar mis gemidos, el tío me folló tapándome la boca con la mano (y que lo hiciese con la mano que llevaba el anillo de casado también me dio morbazo, para qué engañarnos).

Una vez acabado el polvo (algo rápido, eso sí) nos vestimos, y salimos fuera. El salió conmigo, me despidió dándome la mano y llamó al siguiente para que entrase, como si nada de aquello hubiese pasado.

Aparte de esas veces que follamos, otros días me llamaba desde su casa para excitarse conmigo. Lo curioso es que lo hacía muchas veces con su mujer por casa (me lo decía porque sabía que me daba morbo) y tenía que acabar yendo al baño para masturbarse oyendo mi voz.

Y claro llegó un momento en que yo empecé a padecer más por su mujer que él mismo, porque incluso me mandaba mensajes bastante subiditos de tono que no sabía si contestar, preocupado por si su móvil caía en malas manos…

Aún intentó que quedásemos una cuarta vez más, pero quería ya que fuésemos a su casa, aprovechando que su mujer había salido y el niño dormía en su habitación.

Ya me parecía peligroso lo de las llamadas y mensajes, como para ir y meterme directamente en su cama, así que le dije que no, que eso sí que no lo iba a hacer, y que creía que se le estaba yendo todo esto de las manos.

Además, yo tampoco quería engancharme de alguien en su situación, que aunque morbosa, no era la mejor para ninguno de los dos, así que con el tiempo la cosa se fue enfriando hasta que acabamos perdiendo el contacto.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Solo

Solo

Los que seguís mi blog sabéis que los títulos de mis posts provienen de nombres de películas, la mayoría bastante conocidas. Muchas veces la relación con lo que escribo viene del propio argumento de la película, y otras es el propio título el que está vinculado con lo que cuento.

Cuando empecé a escribir, leí las recomendaciones y consejos de blogueros expertos sobre cómo hacer un blog, y la mayoría coincidían en que para conseguir un tráfico de visitas aceptable una de las cosas en las que había que poner más atención, era en encontrar un buen titular. Así, el título debía ser claro y explicar en concreto de qué iba el post, y además tener una o dos palabras que llamasen la atención del lector. Como véis, ninguna de estas dos cosas las he cumplido hasta ahora, pero como es mi blog y lo escribo como quiero, no pienso dejar de titular de esa forma (al friki que vive en mí, le gusta).

Pues bien, en esta entrada, y sin que sirva de precedente (o sí, quién sabe) el título coincide exactamente con el post, de modo que hoy quiero hablaros de una película argentina que se llama así, “Solo”.

La película, del año 2013, está dirigida por Marcelo Briem Stamm, y  protagonizada por Patricio Ramos y Mario Verón (y que yo sepa, muy conocidos aquí en España no son, por lo menos no me sonaban de haberlos vistos en otras películas).

Yo no sé vosotros, pero a mí me pasa que llega un momento en que tengo tal cantidad de películas acumuladas en el ordenador que no recuerdo ya ni quién me pasó alguna o dónde la conseguí o quién me la recomendó. Ésta en concreto es una de ellas, de ésas que te pones a ver sin saber casi nada del argumento, y de hecho creo que es lo mejor que me pudo pasar.

En este blog os he hablado muchas veces de las quedadas que he tenido por Internet, ¿verdad? pues la película empieza de ese mismo modo que os he narrado aquí tantas veces:

Manu, un chico que ha terminado una relación decide entrar al chat y conoce a Julio, con el que queda en su casa una hora después… y hasta ahí puedo leer.

Básicamente la película se centra en ellos dos (aunque salen recuerdos de la vida anterior de Manu, a modo de flashbacks) y lo que empieza como un drama romántico (con escenas de cama y sexo incluidas -sí, los dos salen desnudos-) va girando poco a poco hacia un thriller en el que no sabes realmente si los personajes están ocultando algo.

Además, toca un tema, el de quedar con desconocidos y todo lo que eso conlleva, en el que siempre he pensado, sobre todo esas primeras veces, y aunque yo no solía quedar en mi casa, esa sensación de desprotección siempre la tenía presente.

A mí la película me encantó, y después de verla me fastidió un poco el hecho de que haya películas que, como ésta, son muy buenas (a mi modo de ver) y luego pasan sin pena ni gloria por la cartelera.

Sí que es cierto que al ser una película de temática (gay) igual a la gente le para un poco.

Yo he de reconoceros que no suelo ver demasiadas películas de temática.

Bueno, a ver, a mí me gustan todos los géneros (terror y ciencia ficción sobre todo), pero no por el hecho de ser gay, me trago todas las películas de gays que estrenan en la cartelera. En cambio, tengo un conocido que sí hace eso. Tú le dices que traiga una película a casa para ver y todas las que trae siempre son de temática, que yo creo que ya no ve ningún otro género (si se le puede llamar género) más que ése. Y a mí eso me supera un poco, la verdad.

Pero bueno, supongo que sí es cierto que igual al estar encuadrada en ese grupo de películas no ha llegado al público de forma masiva. Igual sí se estrenaría en circuitos, o festivales independientes gays o algo así, pero poco más, y me parece una lástima porque creo que el guión es muy bueno, independientemente de con quien se acuesten los protagonistas.

También es cierto que el que no se haga demasiada publicidad ni marketing con determinadas películas tampoco ayuda. Pero eso pasa también con otras muchas. El otro día, por ejemplo, comentando en un blog amigo, pensé lo mismo de otra película de este año que me pareció impresionante (aunque no tiene nada que ver) que era Ex-Machina (2015, Alex Garland) y también poca gente la vio, una lástima.

En este caso también supongo que se pasaría por festivales de Ciencia Ficción, algunos independientes, y poco más, pero la mayoría de gente ni la vió ni conocía de su existencia.

Sí que es verdad que son géneros totalmente distintos, de países distintos, y con diferentes circunstancias de distribución, pero me da rabia estas cosas, y ahora que tengo una plataforma en Internet, pues no quería dejar pasar la oportunidad de recomendarlas.

Bueno, que me voy del tema, si os ha picado la curiosidad, os dejo por aquí el trailer de la película Solo y le echáis un vistazo.

(Y ya puestos, el de Ex-Machina también aquí)

Espero que os gusten.

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