Super Drags

Super Drags

Mira que me habían dicho que me iba a gustar, que la iba a disfrutar y que me lo iba a pasar pipa, pero aún así…

Aún así no me animaba a darle una oportunidad a una nueva serie. No era la primera que me recomendaban y que dejaba a mitad. Últimamente me ha pasado bastante. Con “La Maldición de Hill House”, con “La Casa de Papel” o incluso con “Juego de Tronos” de la que no pasé de la segunda temporada…

Así que empecé poco a poco.

Primero vi que eran pocos capítulos, nada más 5 de no más de 20 minutos cada uno, con lo que si me los veía del tirón y no me gustaban poco tiempo habría perdido en mi vida.

Luego vi algo de los dibujos y me encantó ver que eran realmente (como el mismo nombre hacía sospechar) de un estilo muy similar al de las “Las Supernenas”, serie que me gustó mucho en su día, sobre todo por la animación de Craig McCracken, o a las de “El laboratorio de Dexter”  y “Star Wars: Guerras Clon”, ambas de Genndy Tartakovsky.

Y por último me animé del todo al ver que uno de los que doblaba los dibujos  era el gran Keunam, actor de doblaje conocido en YouTube por hacer versiones de Disney tales como “La Cenicienta ibérica”, o  “La Bella durmiente ibérica”  (por cierto, que la versión del hada de los nieves que circuló hace un tiempo por WhatsApp  no es suya, aunque lo parezca). Keunam, por cierto, se hizo más conocido al público en general a raíz de su participación en la primera edición de “Tu Cara no me suena todavía”, en el año 2017.

Total, que con todos esos mimbres, el otro día vi la serie del tirón y me pareció de las más divertidas que he visto en mucho tiempo.

El argumento es superismple,:  Patrick, Donizete y Ralph son unos amigos que trabajan en unos grandes almacenes y que se convierten en tres heroínas: Lemon, Scarlet y Safira , las Super Drags, responsables de proteger a la comunidad LGBT (o LGTBXYZ como dicen en la serie)

Ya me enganché nada más empezar, justo antes de los créditos iniciales, cuando en la primera acción de las Superdrags a la hora de rescatar un bus secuestrado, le soban el paquete al malo aprovechando que ha sufrido un desmayo jeje,. A partir de ahí la serie es un desfase por todos lados sin muchos miramientos (de hecho la serie no es tolerada a menores de 16 años).

Aun no había acabado el primer capítulo y cuando vi que encima era medio musical, con número y canción intercalada sin venir a cuento,  ya estaba disfrutando yo de lo lindo y arrepintiéndome de no haber empezado a ver la serie mucho tiempo antes.

Los capítulos en sí repiten el mismo patrón de malo malísimo que quiere dominar la tierra (en este caso, a todo el colectivo), y las super se encargan de desbaratar sus planes. Además, todo encaja en un plan superior de intentar que Goldiva (diva Gay donde las haya) no pueda dar su concierto en la ciudad, para desesperación de todos sus seguidores.

Aparte de todo eso, mención aparte por supuesto es el acierto en el doblaje que le han puesto aquí, ambientándolo en nuestro país y tirando de recursos conocidos para hacerla más cercana (Murcia, qué hermosa eres).

Además, aunque tira de muchísimos topicazos del mundo gay (musicales, la pluma, el culto al físico,  los cuartos oscuros, el uso de dildos, etc) , en ningún momento molesta o se hace cansina puesto que, con humor, se puede criticar absolutamente todo (aparte del buen rollo que transmite en general).

La serie, disponible en Netflix, es originalmente brasileña y debido al éxito que ha tenido (en inglés, el doblaje lo han hecho algunas drags del programa  RuPaul’s drag race), han empezado ya a rodar la segunda y tercera temporada.

Si os ha picado la curiosidad, por aquí os dejo el tráiler.

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50 sombras de Grey

50 sombras de Grey

Desde que estoy trabajando en  mi empresa, por el puesto de jefe han pasado varias personas. Se ve que es un puesto de paso para ir a otros superiores, por lo que la duración media de las jefaturas es de unos dos años como mucho.

Por ese puesto han pasado tanto mujeres que eran un encanto como señoras que era para darles de comer aparte. Hombres accesibles y que eran como uno más, a tios inaccesibles que para hablar con ellos había que pedir una audiencia. Como en todos sitios, supongo.

Lo que nunca había tenido era un jefe gay.

Ya cuando iba a venir, la gente habló de que era gay. No si era bueno o si era mal jefe, sino que era gay. Cosa que no creo que influya para trabajar, pero la gente es muchas veces así de corta.

A mí, si soy sincero, me hizo cierta ilusión. No por nada, pero sí por tener a alguien más del gremio en mi mismo trabajo (porque que yo supiese, hasta ese momento, era el único).

Nada más verlo, el hombre me pareció guapete y poco más, porque personalmente me pareció un tipo bastante seco y de los que marcan mucho las distancias con el personal a su cargo. Y eso a pesar de ser un tío joven. Bueno, joven tampoco, más bien cuarentón, pero que es la media del departamento.

Con el tiempo, la relación con él fue mejorando y su antipatía, más bien coraza, fue desapareciendo progresivamente.

Y entonces comencé a verle más atractivo.

Hasta el momento en que me empezó a caer mejor, la verdad es que no me había fijado en lo bien que le quedaba el traje. Ni en el culete que marcaba con según qué pantalones. O el paquetón que se le veía cuando se sentaba. O incluso el pectoral que se adivinaba cuando se ponía una simple camiseta. (Esto es algo que me ha pasado siempre, que si alguien me caía mal, ni me atraía ni nada…hasta que empezaba a gustarme)

Encima la relación entre nosotros fue mejorando bastante. De una seriedad absoluta al hablar, poco a poco fuimos pasando a un buen rollo y una buena relación que ya empezó a poner en alerta a los demás compañeros.  Muchos no dijeron nada, pero otros ya comenzaron a insinuar cosas… y ahí siguen.

Yo intento que esos comentarios no me afecten demasiado, pero, por si acaso, sigo manteniendo las distancias (es mi jefe) e intento que no haya nada más que una simpatía entre nosotros.

Otra cosa es lo que me gustaría que pasara.

Y es que el tema jefe-empleado empiezo a darme cuenta de que algo de morbo sí tiene.

La otra tarde, estando los dos solos en la oficina me llamó  a su despacho para tratar unos temas. Últimamente, ya nada más verme, me sonríe y mantiene esa media sonrisa toda la conversación. Empezamos a hablar de trabajo pero luego, no sé muy bien cómo acabamos hablando de películas porno… Y hablar de eso con un jefe, a mi particularmente, me da morbillo. Tanto que pensé que nos íbamos a empezar a calentar y protagonizar alguna escena sexual allí mismo sobre la mesa, cosa que por supuesto… no sucedió.

También es verdad que no sé si es imaginación mía o qué, pero cuando estamos con más compañeros, aunque hay buen rollo entre ambos, no es lo mismo que cuando estamos solos. De hecho recuerdo hace unos días que él estaba explicándome algo a dos centímetros escasos de mí, con una mano encima de mi hombro, y cuando llegó otro compañero a la oficina, automáticamente él se separó y mantuvo la distancia el resto de la conversación.

Yo tengo claro que los dos sabemos que el otro es gay. Ninguno de los dos hemos dicho nada al respecto. Yo no le pienso preguntar nada (repito, sigue siendo mi jefe), aunque él sí me ha preguntado varias veces si tengo novia, a lo que respondo que no…y nada más.

Otra cosa sería poder irme de fiesta con este hombre algún día.

En las cenas de empresa, siempre se suele sentar a mi lado, y aunque bebemos y charlamos más de la cuenta (ahí le da un poco igual que haya más gente), las cosas nunca van más allá, aunque solemos ser de los últimos en irnos del lugar.

Estoy casi seguro de que a solas las cosas serían diferente.

Lástima que eso no creo que se pueda saber…

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Metrópolis

Metrópolis

Hay que ver lo que le gusta un musical a un gay. O por lo menos  a mí, que mira que me gustan…

De nano, yo creo que ya se me notaba demasiado mis preferencias, porque me tragaba “My Fair Lady” o “Sonrisas y Lágrimas” cada vez que las ponían en la tele. Con la excusa de que le gustaban a mi hermana, las veía con ella pero también las disfrutaba yo. Con la edad, intentando ocultar estos gustos (por motivos de parecer más machito, claro) intenté obviar este tipo de películas hasta que llegó “Moulin Rouge” y otra vez volví a alucinar.

En teatro, he ido a ver “El rey león”, “Jesucristo Superstar”, “Hoy no me puedo levantar” (dos veces) y “Grease”, y aún me quedan bastantes que quiero ver.

Aún así no todos los musicales me suelen gustar. Con “La La Land”, por ejemplo, me aburrí de principio a fin, y lo mismo me pasó con “El Gran Showman” y eso que su banda sonora es de las mejores que he oído en mucho tiempo.

Y es que generalmente si la banda sonora me gusta, me suele gustar también la película, porque lo que realmente me atrapa es la buena música unida al cine.

Por esa misma razón, fui hace poco a ver “Bohemian Rhapsody”, la de Queen, pues gustándome la música del mítico grupo, sabía que la película no me iba a defraudar. Y no lo hizo. Sí que es verdad que la película está algo “descafeinada” en muchos tramos. De hecho, la escena de la fiesta que se ve en la película por lo visto fue mucho más bizarra, llegando a haber camareros desnudos, enanos ofreciendo drogas de todo tipo a los invitados e incluso mamadas gratis en los baños. Escenas que en la película no salen por motivos obvios.  Pero lo dicho, quitando esto, la película se deja ver, la actuación del protagonista es una pasada y conoces cosas de Freddie Mercury que al menos yo no conocía.

Sí que conocía en cambio otra cosa de Freddie que no sale en la película y que quería comentar por aquí, y es que la primera canción firmada por él en solitario fue “Love kills” de la BSO de … Metrópolis.

Por si no lo sabíais, la historia de esta película es más que curiosa.

Estrenada en el año 1927, esta película del director Fritz Lang (obra cumbre del expresionismo alemán), sufrió casi desde su estreno múltiples recortes debido a su extensa duración de aproximadamente 3 horas. Para su estreno en EEUU, de hecho, ya se redujo el metraje a casi la mitad, dejándola en 115 minutos. Posteriormente, el film siguió sufriendo alteraciones hasta llegar a unos 90 minutos de duración con un montaje, además, que no tenía demasiado sentido. La llegada de la Segunda Guerra Mundial, con Hitler a la cabeza todavía fue peor, pues se quemaron los negativos originales, perdiendo para siempre la película tal y como fue rodada.

Y así estuvo durante casi 60 años hasta que un productor italiano, llamado Giorgio Moroder (compositor de cine, ganador de tres Oscar y origen de la música techno actual), se propuso restaurar la película y volver  a estrenarla con ciertos añadidos tales como imágenes coloreadas, efectos especiales y una nueva banda sonora (la original estaba perdida) con los mejores grupos de los 80.

Y es en esa banda sonora, con cantantes como Pat Benatar, Bonnie Tyler y Adam Ant, donde Freddie Mercury compuso una canción llamada “Love Kills”, que no por menos conocida es peor que otras del célebre cantante. Sí que es cierto que se llevó un Razzie por esta canción (antiOscar) que ya me gustaría a mí saber quien votó ese año porque se cubrió de gloria, la verdad.

Por cierto que la película reestrenada así provocó una fuerte polémica, si bien fue el germen para que filmotecas de todo el mundo se pusiesen manos a la obra y, gracias a media hora encontrada en Argentina, completar la película Metrópolis tal y como fue concebida por su autor, incluso con una banda sonora al efecto.

Yo esta versión, digamos, más ortodoxa no la he visto, pero sí la anterior que he comentado, la de Moroder, y he de decir que a mí personalmente me encantó. Los efectos especiales no chirrían demasiado, sino que la actualizan, la música es ochentera a tope, con sus sintetizadores incluidos, que no hacen sino realzar determinadas escenas, y el uso de los colores tampoco estropean lo que es el concepto de la película.

Esta versión la encontré por 4 euros en una tienda y como siempre había querido ver la peli (de hecho, C3PO de Star Wars, está basado en el robot femenino de la película) me la compré. Y flipé al verla. Encima el argumento es de esos que por muchos años que pasen no pierden actualidad (lucha de clases) y tiene momentos que son una joya cinematográfica. Por comentar un poco, os diré que está ambientada en el año 2026 donde los obreros viven en su propia ciudad bajo tierra y trabajan para que los de arriba, los de la ciudad de Metrópolis, puedan vivir cómodamente. Y así es hasta que el hijo del jefe de la ciudad se enamora de una muchacha por la que baja a las profundidades y comienza una revolución que lo cambiará todo….

Por cierto que volviendo otra vez a Freddie, fue gracias a esta colaboración con la película por lo que Queen pudo usar escenas de Metrópolis para el vídeo musical de otro de los éxitos de la banda, como fue Radio Ga Ga.

Os dejo por aquí el tráiler de esta versión de Metrópolis, por si os ha picado la curiosidad.

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Lobezno

Lobezno

Como ya os he comentado alguna vez, una de mis aficiones favoritas es poner una canción en YouTube y que la propia página comience con la reproducción automática a recomendarte música similar.

Mientras hago eso en el ordenador, en segundo plano me pongo bien a contestar correos o trabajar con otros programas. El otro día, escuchando canciones de ese modo tuve que volver a YouTube porque la canción que estaba escuchando me gustaba mucho. Y me gustaba sobre todo por la voz del cantante.

La canción que sonaba era Dance to this interpretada por un chaval llamado Troye Sivan con la compañía de Ariana Grande, esta sí, supongo, más conocida por todos.

Me sorprendió mucho la música y el vídeo en sí,  ambientado en una especie de psiquiátrico y que no parece tener demasiado sentido, también  os lo digo. El cantante, muy jovencito, me pareció por sus movimientos supergay,  y bastante guapete además (como se nota que me estoy convirtiendo ya en un viejo verde…), así que me puse a averiguar un poco más sobre él.

Por lo visto, el chaval nació en Sudáfrica hace 23 años, aunque pronto se mudó a Australia que es donde vive en la actualidad. Comenzó colgando vídeos en YouTube (otro youtuber) hasta que un cazatalentos musical lo vio y le ofreció un contrato discográfico. Revisé sus canciones y aparte de tener muchas bastante pegadizas (Talk me down, Youth), me di cuenta de que había alguna más que ya había oído sin percatarme de que fuese suya. Es el caso de There for you cantada a dúo junto con Martin Garrix y que se oyó bastante el año pasado.

Si por eso fuera poco, también recientemente en una película de temática llamada “Love, Simon” (que aún no he visto) la canción principal de la Banda Sonora era suya, llamada Strawberries & Cigarettes.

Y hablando de temática, en el año 2013 , Troye decidió salir del armario en su propio canal de YouTube ante los miles de seguidores de su cuenta. Me dio por verlo y la verdad es que se le nota totalmente sincero y real. Incluso se le ve algo nervioso tratando de explicar como fue lo que sintió al contárselo a su mejor amiga y luego a su familia. Me gusto verlo y sentí  cierta envidia por los chavales de esta época que pueden entrar en Internet y tener una referencia de este estilo para sentirse identificados (en mi época adolescente no había nada parecido ni por asomo, más bien al contrario).

Por último deciros que Troye también se dedica profesionalmente a la actuación y si bien ahora mismo está en teatro, su papel más conocido hasta la fecha (por lo menos por aquí) es el que hizo en la película “Lobezno”, donde interpretaba al protagonista en versión juvenil al principio de la peli (ya decía yo que el chaval me sonaba…).

Os dejo por aquí el vídeo de la canción que comenté al principio y por el que me dio por escribir este post, a ver si os gusta.

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La Trastienda

La Trastienda

No hace mucho, un sábado por la mañana,  recibí un mensaje del Wapo en el que con el típico “qué cerca sales” un tío me entró con ganas de cachondeo. Esa charla,  bastante divertida, acabó derivando en si tenía huevos o no de ir a llevarle  un café  a su trabajo (una floristería) puesto que no había podido desayunar en condiciones. A mí basta que me digan “a que no eres capaz” para hacer algo (en eso soy bastante inmaduro), así que compré un cafetito en un bar y hacia su trabajo que me fui.

Cuando llegué, el tío alucinó porque pensó que no iba a ser capaz de llevarle el café prometido. Antes de ir ya nos habíamos mandado fotos y yo le había dicho cómo iba vestido, para así evitar confusiones. Estuvimos charlando un poco hasta que me dijo que pasase a su trastienda.

Un poco de charla entre nosotros y ambos nos dimos cuenta de que había algo de tensión sexual y que no íbamos a tardar demasiado en resolver.

Al poco empezamos a comernos las bocas, y el empalme fue casi instantáneo. El problema era que siendo un establecimiento abierto al público, la gente entraba a cada rato por lo que mucho, mucho no podíamos hacer…o eso pensaba yo.

Cada vez que entraba alguien, un sonido como de pájaro nos avisaba en la trastienda por lo que él se adecentaba un poco y salía como si nada. El tema es que la cosa se fue calentando y cada vez que salía, la hinchazón de su paquete era cada vez mayor por lo que intentaba con la camiseta tapar lo que podía. A mí la verdad es que el hecho de que entrase gente a cada rato empezó a darme morbo así que intenté sacarle partido a la situación, con lo que empecé a desnudarme poco a poco. Cada vez que el volvía de atender al público yo iba cada vez más desnudo hasta que acabé totalmente en bolas y él ya subiéndose por las paredes.

Entraba, nos enrollábamos y el salía al mostrador ya como podía. En una de tantas, en la que él se llegó a quedar desnudo de cintura para abajo,  tardó tanto en arreglarse y salir (su polla no bajaba) que ya empecé a darme cuenta de que la situación se nos estaba yendo de las manos, por lo que pisé el freno. Para enfriar un poco la situación, mientras él atendía fuera decidí vestirme de nuevo…y menos mal que lo hice. Cinco minutos después llegó su hermana a hablar con él y entró en la trastienda donde se encontró conmigo.

La cara del tío al entrar era un poema, aunque al verme ya vestido se relajó un poco. Me presentó como un amigo que había ido de visita y yo saludé cordialmente, diciendo que ya me iba para evitar una situación incómoda y posibles malos rollos. Nada más salir del local me escribió un mensaje diciendo que por favor no me fuese muy lejos, que su hermana estaría poco tiempo. Y así fue, unos 15 minutos después me dijo que volviese y acabásemos lo que habíamos empezado. Y eso hicimos.

Por fin cerró el local y en la trastienda dimos rienda suelta al calentón que llevábamos acumulado.  El sofá y la silla que tenía nos dio mucho más juego del que pensábamos y la corrida de ambos fue de campeonato (por cierto que me alegró dar con otro igual o más lechero que yo, que ya es).

Cuando acabamos, le ayudé a cerrar la tienda y hablamos un rato, de mi vida y sobre todo de la suya, con una situación familiar, bastante más complicada.El chico era dueño a partes iguales con su mujer de la floristería.  Sí, de él y su mujer. Yo me quedé en ese momento un poco helado,  y me percaté de que no llevaba anillo de casado, aunque tampoco eso significaba mucho. Me confesó que aunque su matrimonio estaba ya roto, y en vías de divorcio, como socios del negocio seguían tan normales y por motivos económicos a ambos les interesaba que siguiese siendo así. También por esos motivos, seguían compartiendo domicilio conyugal. Estaba claro que con este tío lo único que tendría sería sexo y en ese momento me pareció bien.

Días después me escribió de nuevo. Quería ver si podíamos quedar de nuevo en su tienda para repetir lo mismo. Y lo repetimos. Sin embargo, una experiencia nueva tiene su morbo la primera vez, la segunda… pues ya no tanto.

Aún intentó que hubiese una tercera vez, pero a mí ya no me apeteció. Supongo que se quedaría bastante chafado por el mensaje que le envié, dejándole claro que no siempre iba a estar a su disposición (“cuando dejo de estar caliente, vuelvo a ser persona”), así que la cosa ya quedó en nada.

Él pareja no buscaba, supongo que lo único tener un follamigo para quedar de vez en cuando, y yo pensé que para eso mejor era tener a alguien con una situación bastante menos complicada que la suya.

Bueno, eso pensé yo o eso me dije a mí mismo, puesto que de nuevo pensar en iniciar algo con alguien (sea ese algo lo que fuese) me había empezado a poner nervioso…

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Estación Central de Brasil

Estación Central de Brasil

La época estival que ahora está acabando es la época del año en la que más activo estoy sexualmente. Bueno,  mejor dicho, con ganas estoy todo el año pero es durante esta época en la que esas ganas se materializan más. Yo supongo que se junta no sólo las ganas, sino también el calor, y esa desinhibición propia de estos meses, que hace que todos (creo yo) liguemos más.

Al principio del verano, estando en la playa un domingo por la mañana recibí un mensaje por mi app de ligoteo de cabecera. Generalmente lo que entra más por los ojos es la foto que ponga el otro en el perfil, pero en este caso la fotografía (un primer plano de su boca) tampoco es que llamase demasiado la atención. Lo que sí tenía el chico era labia, porque empezamos una conversación con bastante facilidad. Tanto que al poco ya me estaba invitando a ir por donde él vivía para tomarnos algo. Y fui.

Generalmente antes de quedar con alguien se pide foto de cara (o de cuerpo) para ver antes lo que te vas a encontrar después, pero en este caso ni el la pidió ni yo a él tampoco. En eso estaba pensando cuando llegué al lugar donde habíamos quedado y mientras le estaba escribiendo vi un tio apoyado en un árbol que me miró, mientras él también escribía por el móvil. El hombre en cuestión iba vestido por su peor enemigo, con el pelo color azul pálido, y varios piercings en las orejas. También llevaba un barrigón de campeonato y la camiseta a duras penas podía taparle el ombligo. Cuando vi tal imagen, y pensé que podía ser mi cita, me dije a mí mismo que era mejor tomar las de Villadiego y de una forma educada soltar alguna excusa. Eso  me disponía a hacer cuando recibí un mensaje en el  que el tío me decía que me estaba esperando en su casa y que cuando estuviese cerca le avisase. Respiré tranquilo al darme cuenta de que me había equivocado de persona.

Llegué a su portal y para evitar una posible situación incómoda, dado el tío que me había encontrado en la calle, le dije que mejor bajase y nos fuésemos a tomar algo. Cuando bajó respiré, aliviado, porque el chico estaba bastante bien. Con barbita recortada, moreno, y de aspecto en general bastante agradable.

Hablamos y nos tomamos una cervecita y enseguida note por el acento que no era de por aquí. Me dijo que realmente era brasileño y automáticamente me vino a la mente el otro brasileño con el que estuve hace años y del que os hablé aquí.

Subimos a su casa y en contra de lo que pudiera parecer, no fue un aquí te pillo y aquí te mato. El hombre tenía conversación. Me comentó que había venido hace 25 años desde su pueblo natal en Brasil a completar sus estudios de ingeniería. En Brasil había trabajado incluso en algo de temas ferroviarios, pero sin embargo, una vez la crisis empezó en España, tuvo que dejar aparcada su profesión y dedicarse a lo que hacía ahora, organizar eventos de todo tipo (reciclarse o morir, supongo). El hombre me pareció majo, incluso me invitó a comer. No fue hasta llegar al postre cuando empezamos a enrollarnos.

Sí que me gustó que el tío, encima, era bastante limpio y antes de ir a más, pasamos los dos por la ducha. Ahí nos enjabonamos por todos lados  (todos todos) y nos empezamos a magrear y sobarnos de arriba abajo.

Lo que más llamaba la atención, como buen brasileño, era el pedazo de culo que se gastaba. Dos brasileños con los que he estado y los dos con culazo, con lo que no creo que sea casualidad la fama que tienen en el resto del mundo.

Encima al tío, como a mí, le gustaba besar. Del baño pasamos al comedor, al sofá, donde seguimos enrollándonos, y de ahí a la cama. El tío me daba morbo, yo por lo que parecía también a él, y los dos íbamos calientes como una plancha, así que la jornada resultó perfecta.

Después de las pajas de ambos (porque no llegamos a follar) aún estuvimos un rato de charla desnuditos en la cama, el boca abajo y yo sobándole el culete.  Al final, que a lo tonto se nos iba a juntar la comida con la cena, decidí irme, no sin antes intercambiarnos los teléfonos, por si acaso.

Días después, estando en casa, recibí un mensaje de él diciendo que estaba por mi barrio (le había dicho donde vivía) y que acababa de salir del trabajo, por lo que le apetecía una “ducha, un helado y un abrazo”.

Fue recibir el mensaje y no sé muy bien porqué, me entró un agobio a las primeras de cambio. Era un miércoles, había tenido un mal día en el curro y lo que más me apetecía era cenar algo rápido y acostarme, con lo que su mensaje me descolocó un poco.

No tenía ningunas ganas de quedar con él. El polvete había estado bien, pero no sé si lo que el quería era repetir la quedada sexual o esa segunda cita es que quería algo más. En mi cabeza se empezaron a agolpar un montón de sentimientos encontrados que acabaron por hacerme escribir lo siguiente “no tengo helados en casa y es tarde, mañana madrugo ,así que lo siento pero no”.

Su mensaje fue simplemente un “ok, perdona si te ha molestado”, que me hizo sentir bastante mal.

Tiempo después, me volvió a escribir, pero justamente esos días yo estaba fuera, de vacaciones, con lo que, encima, yo creo que pensó que le estaba dando largas de nuevo, así que aún quedé peor. Me contestó con otro mensaje que denotaba que esa vez el molesto era él.

Aun intenté escribirle yo, tiempo después, y fue él quien me dijo que estaba fuera, con un mensaje supercortante que me hizo ver que alargar esta situación ya no tenía demasiado sentido.

Era la primera vez en bastante tiempo que alguien intentaba quedar conmigo  para una segunda cita y sin embargo, yo eché por la borda esa oportunidad, no sé si voluntaria o involuntariamente.

Lo peor de todo es que en este verano, no ha sido la única vez que me ha pasado.

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The Company Men

The Company Men

Una de las cosas que más echas en falta cuando cambias de ciudad es a los amigos. El hecho de poder salir por ahí con colegas, pasa  a cero durante las primeras semanas, con lo que la sensación de desapego todavía se hace mayor.

Por suerte se puede decir que siempre he sido bastante sociable, con lo que en esas circunstancias, las ganas de conocer gente nueva se amplió considerablemente.

Igual por eso desde el principio hice tan buenas migas con mi nuevo compañero de trabajo.

Por eso y porque siendo la mayoría de compañeros unos señores de cierta edad (algunos ya al borde de la jubilación) el que me pusieran con alguien de mi quinta facilitó mucho las cosas.

Cuando me lo presentaron me pareció un chico guapete, sin más, y me preocupé más de si era o no buen tío que de otra cosa. Con el tiempo, la relación profesional fue pasando a un segundo plano, comenzando una relación ya de compañeros y finalmente de amistad.

Nos acostumbramos entonces a salir a tomar unas cervezas fuera del trabajo, ir a ver alguna película,  tumbarnos en la playa, o a cualquier cosa que se nos ocurriese.
También conocí a amigos suyos, y al final esa sensación de desarraigo se fue mitigando.
Era un buen tío y los dos congeniamos bastante.

Sí me llamaba la atención que a pesar de ser un chaval de cierta edad (treinta y tantos entonces), no tuviese novia ni hablase de chicas. Yo tampoco hablaba demasiado de tías, más que nada porque por aquel entonces lo que tenía era novio,  y era algo que en ningún momento se me ocurrió comentar.  Ni tampoco preguntárselo a él.

Las veces que cambiaba de trabajo sí me proponía que a las primeras de cambio diría que soy gay, y ya está. Pero luego ni encontraba el momento, ni la ocasión, ni nada que justificase que yo me abriese así a las primeras de cambio. Sin embargo, tampoco después encontraba el momento ni el lugar.

En este caso sí estuve un par de veces apunto de comentárselo a él. Más que nada porque sospechaba que él también lo era. Pero como así estaban bien las cosas, y por aquel entonces yo no buscaba nada más, lo dejé pasar.

Tanto lo dejé pasar que llegó un momento en que yo finalmente pude volverme a mi ciudad, pues mi etapa en el “extranjero” había llegado a su fin.

El ultimo día, recuerdo que nos hicimos unas cervezas de despedida y me confesó que me iba a echar mucho de menos en el trabajo, tanto a nivel profesional como personal. Su despedida me tocó bastante la fibra e incluso me hizo pensar que, tal vez, mis sospechas no estuviesen mal encaminadas.

Durante los siguientes meses la verdad es que mantuvimos el contacto gracias sobre todo a las nueves tecnologías, tipo whatssap, que hacen que por lo menos cualquier despedida no sea del todo definitiva.

Pues bien, hace unos meses, ese compañero de trabajo se incorporó a un nuevo puesto de trabajo, y esta vez, lo que son las cosas, ese puesto está en mi ciudad.

En este tiempo nos hemos vuelto a ver, cada vez de forma más asidua. Hemos retomado nuestros momentos de cervezas,  nuestras frikadas,  y nos hemos dado cuenta de que aquella amistad continúa intacta. Como si el tiempo no hubiese pasado.

Él sigue soltero, igual que cuando nos conocimos, solo que esta vez yo también estoy soltero y sin compromiso.

Sin embargo, como entonces ni yo le he comentado nada a él de mi sexualidad, ni por supuesto él a mí.

Que él esté soltero no tiene porqué significar matemáticamente que sea gay, eso está claro, pero hay ciertas cosas que me hacen pensar que sí lo es (¿sexto sentido?), pero la verdad es que sigo sin tenerlo del todo claro.

Hay un dicho que es bastante esclarecedor (y bestia como él solo) que dice más o menos que “más de 30 años y soltero, maricón o putero” y bueno, mucha pinta de puteros no tenemos ninguno de los dos…

Podría arriesgarme (y que sea lo que Dios quiera), pero hay dos posibles situaciones que me tiran para atrás: que sea hetero y al meter la pata, nuestra amistad quede afectada, o que sea gay y yo no le atraiga lo más mínimo (cosa de lo más lógica por otra parte).

De momento, casi que prefiero quedarme como estoy, como amigos y con esa tensión sexual no resuelta (por mi parte) que al menos da cierta vidilla a mi (por momentos) aburrida vida.

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