Morbo

Morbo

Cerrada ya mi etapa por el ambiente y aparcada mi búsqueda de pareja (duradera), decidí que mi vida sexual iba a consistir a partir de entonces en disfrutar de mis morbos, filias o como queráis llamarlo.

En el fondo, en todas mis experiencias sexuales buscaba (algunas veces más claramente y otras de forma más inconsciente), ese “algo más” que nunca acababa de llegar.

Aunque eran muchas veces quedadas para sexo,  siempre buscaba tios con los que tuviese cierta afinidad (en estudios, edad, trabajo o similares) por si acaso se daba la posibilidad de que después del polvo pudiese iniciarse algún tipo de relación.

Pensé entonces que si tenía decidido estar soltero el resto de mi vida, no me iba a privar entonces de dar rienda suelta a mis “perversiones” por llamarlas de alguna forma, así que me puse manos a la obra.

Digamos que empecé en plan light para ir luego subiendo poco a poco.

Como ya conté en su día, cuando era adolescente, con amigos, medio en broma medio en serio, veíamos de vez en cuando pelis porno y alguno acababa sacándose la polla para acabar haciéndose un pajote delante de los demás.

Me rondaba en la cabeza repetir esa experiencia con un desconocido así que entré al chat y puse en el general tal cual lo que buscaba. Pronto me entraron varios privados hasta que me decanté por uno.

Por lo que me comentó era un tío hetero, casado, con críos pequeños, que tenía desde hace tiempo esa curiosidad de hacer algo así también. Me dejó muy claro que ni era hetero curioso, ni bi, ni quería probar a hacer nada conmigo. Incluso me dejó claro que no iba a haber ningún contacto físico entre ambos.

Acepté su lista de prohibiciones y me dirigí hacia su casa, que tampoco es que estuviese demasiado alejada de la mía (cosa que en un principio le asustó un poco).

Al llegar allí, me dio la mano (así que algo de contacto físico ya había), me ofreció un refresco, me hizo sentar en el sofá y me dijo que podía elegir el listado de películas que tenía.

Me sorprendió que para ser tan hetero, tuviera un listado de películas gays tan extenso, dividido además por temáticas. El tío se ve que dominaba el género, porque nos pusimos a hablar de actores y productoras, rompiendo así un poco el hielo inicial.

Elegimos finalmente una de brasileños que me encantan, sobre todo por el culete (soy muy de culos, ya sabéis) que suelen tener por regla general (y de lo que puedo dar fe).

Empezó la película y fue él el primero que se bajó los pantalones hasta los tobillos, enseñando una polla que aunque estaba medio morcillona, ya prometía lo suyo.

Me dijo que hiciese yo lo mismo, aunque yo me desnudé del todo para estar más cómodo (cosa que no le importó, quitándose él la camiseta a continuación).

Durante la película (que era muy buena, por cierto) yo estuve todo el rato mirando por el rabillo del ojo su pajote que era lo que más morbo me daba. Tampoco quería mirarle directamente porque siendo tan “hetero” mi intención no era cortarle el rollo, así que lo hice con disimulo, hasta que me percaté que él tampoco estaba mirando demasiado la película.

Empezamos entonces a mirarnos con descaro, tanto a los ojos como a la polla, escuchando los gemidos de los brasileños de fondo.

En un momento dado, diciéndome que le estaba dando mucho morbo ver lo excitado que estaba (soy bastante expresivo en esos momentos), me propuso que me acercara a él, así que acabé poniéndome a su lado.

Estar muslo con muslo con un tío con pinta de machote (que aparte me gustaba, era morenito, con algo de vello, y  con un físico agradable), hetero, con morbo, y con el que estás compartiendo el momento íntimo de cascártela,  para mí fue un auténtico gustazo, así que si seguía a ese ritmo iba a acabar pronto.

Yo intentaba aflojar la marcha, porque quería que la noche fuese algo más larga (o por lo menos que acabase la peli), pero notar cómo me estaba mirando el tío, me calentaba todavía más.

Por lo visto él tenía ya la misma excitación porque sin decir nada, cogió su brazo izquierdo y me lo puso alrededor del cuello (un gesto en plan colega) mientras con su mano derecha comenzó a acariciarme la pierna, ascendiendo desde la rodilla muy suavemente.

Finalmente llegó poco a poco hasta la ingle, y de ahí comenzó a acariciarme los huevos, momento en el que le dije que si seguía por ese camino me iba a hacer explotar de placer.

Sólo me dijo entonces que me incorporara, que me pusiera sobre él en el sofá y que me corriese sobre su cuerpo. Y eso hice, claro.

De normal ya he contado alguna vez por aquí que suelto bastante pero si el morbo o la situación lo hace “distinto” aquello es como un surtidor de gasolina. En este caso fue así y al acabar parecía que le habían echado un bote de nata líquida sobre el pecho.

El no tardó mucho en hacer lo mismo sobre sí, y por la cantidad que vi que soltaba, también le había calentado bastante todo aquello.

Después de limpiarnos un poco y quitar la película, que acabó unos minutos después, me dijo que entendiese que la discreción para él era súperimportante y todas esas cosas que suelen decir los hombres casados.

Le comenté que no tenía que preocuparse de nada, y que no iba a saludarle por la calle, si era eso lo que me pedía.

Antes de despedirse, me comentó que la semana siguiente tampoco estaba su mujer y que si yo quería podíamos hacer esto de vez en cuando.

Le agradecí su invitación pero no lo volví a hacer, al fin y al cabo se trataba de cumplir un morbo (o por lo menos de repetir experiencia de mi adolescencia) y se agolpaban ya otras ideas en mi cabeza para cumplir a corto plazo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

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Infiltrados

Infiltrados

Como sabéis que el mundillo del porno es algo que me gusta desde siempre, que conozco a actores por su nombre y todo, y que me sé más o menos la vida de alguno (como ya comenté en los posts de La noche de los muertos vivientes y Volver a empezar), hoy quería hablaros de unos actores en el porno gay que lo más curioso de todo es que…no son gays.

El nombre técnico de esta gente son “gay por pay”, o lo que es lo mismo, que hacen de gays por pasta. Bueno, no es que hagan de gays, simplemente se follan a tíos ante las cámaras. Y es que por lo visto se paga mucho más a los actores en el porno gay que en el hetero (ahí son mejores pagadas las tías).

Generalmente estos actores-que han existido en el cine desde siempre- solían hacer de activos y para conseguir calentarse echaban mano de ciertos chavales cuya función era excitar al personal entre toma y toma -buena película sobre el tema es “The fluffer” (2001)-. Sin embargo, desde la llegada de la Viagra, con tomarse una pastillita la situación se solucionaba por sí sola, pudiendo grabar sus escenas durante varias horas con independencia de sus gustos sexuales.

Últimamente, la situación de estos actores ha ido cambiando y partiendo de la base de que “igual de maricona es el que da como el que toma”, muchos han optado por ser versátiles, cuando no totalmente pasivos (al fin y al cabo es poner el culo y poco más), con lo que su situación en el mercado se ha revalorizado mucho, cobrando mucho más por el morbo que saben que provoca ver a un hetero a cuatro patas.

Los actores más conocidos en ese gremio, son:

JohnnyRapid
Johnny Rapid

Este jovencito actor suele ser uno de los pasivos más cotizados. De los que son usados como una marioneta en sus películas (recuerdo una escena en la que se lo follan en una cárcel que es antológica).

Por eso me sorprendió tanto saber que estaba casado y con una hija. Saltó a la fama cuando su productora Men.com, ofreció a Justin Bieber una cantidad millonaria por rodar una escena junto a él.

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Peter North

Curioso caso el del actor Peter North, que empezó rodando escenas en películas gay con el nombre de Matt Ramsey.

A este actor lo empecé a ver en las primeras películas porno que vi en mi vida y me sorprendía por lo lechero que podía llegar a ser. Cuando me enteré de que había empezado en el mundillo como actor gay, no paré hasta que encontré esas primeras películas vintage.

pavel novotny
Pavel Novotny

Rubio actor checo nacido en Praga, ha trabajado tanto en películas gay, como bisexuales y heterosexuales.

Fue de los primeros en reconocer abiertamente su heterosexualidad aunque también dijo que sólo actuaría como activo en sus películas. Finalmente acabó recibiendo la oferta económica que le hizo cambiar de “postura” al respecto, comenzando a grabar bastantes títulos como pasivo.

zeb atlas
Zeb Atlas

A este hombre lo definiría como una mezcla entre Mario Casas y el muñeco de Michelín. Mide 1,90 y pesa 113 kg de puro músculo. Con éste me pasó lo mismo que con Peter North. Lo empecé viendo en películas hetero hasta que un día lo vi dándolo todo con un compañero de reparto en una película gay.

En este caso no queda del todo claro si realmente es gay for pay, o hetero for pay, porque parece que realmente es bastante abierto…

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Sebastian Young

Sebastian Young es, digamos, como el “malote” del grupo. Ha entrado y salido de la cárcel en innumerables ocasiones. Con un historial delictivo como para empapelar una pared entera, está casado y actúa en el porno gay para pagar a sus abogados y las distintas multas que le han ido cayendo durante estos años.

De los más reputados actores actuales, no tiene problemas en ser penetrado ante las cámaras.

rafa garcia
Rafa García

Por último, en el caso de España, tenemos también a actores de la talla (ejem, ejem) de Rafa (el hermano de Dinio, el que fue novio de Marujita Díaz…) que últimamente ha hecho también alguna cosilla en el porno gay (como activo -de momento-), aunque pienso que llamar actor a este hombre es denostar a todo un gremio.

(Eso sí, por tener, sí que tiene una buena herramienta de trabajo, no nos engañemos)

Una cosa más. Si os ha interesado el post, que sepáis que una  productora porno se sacó de la manga un reality sobre el tema en el año 2014, donde un grupo de actores heteros convivían en una mansión (al estilo Jersey/Geordie/Gandía Shore) mientras se preparaban (¿?) para sus rodajes en el mundo gay.

El reality se centra en las personas que viven este estilo de vida tabú y no convencional, la exploración de las relaciones dinámicas entre el propietario, los trabajadores y los actores del sitio web para adultos brokestraightboys

Con esta frase, que no tiene desperdicio, se promocionaban tanto en la emisión online, como por la televisión por cable donde emitían en EEUU.

Os dejo el trailer pinchando aquí.

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Tío Vania

Tío Vania

Ya os he hablado algunas veces en este blog de maridos que le ponen los cuernos a sus mujeres con otros hombres.

Muchos se consideran heteros curiosos o bisexuales. Pero también hay algunos que aún considerándose gays, debido a situaciones familiares o sociales, deciden casarse con una mujer para estar más “integrados” en la sociedad.

Esta forma de pensar, por suerte, ya se está perdiendo, pero existen generaciones que en su momento no veían otra opción.

Hasta ahora siempre he hablado de este tema por gente que he conocido durante estos años, o amigos de amigos, pero hace unos meses, alguien de mi entorno familiar decidió dar un paso al frente.

Mi tío (llamémosle V.), se casó hará casí 40 años cuando aún era muy joven. Durante este tiempo ha tenido tres hijos, dos chicos y una chica, esta última aún adolescente, formando, a la vista de los demás, una familia normal y corriente.

Hace poco tiempo él abandonó la casa familiar porque había “descubierto” que era gay, y que se sentía atraído por un compañero de trabajo.

El terremoto en la familia fue bastante fuerte. Muy fuerte. Algunos, sorprendidos, otros no tanto. En mi caso en concreto, nada sorprendido.

Mi sospechas respecto de él, he de confesar que ya empezaron hace años, e incluso hice velada referencia en el post de LoschicosdelBarrio. Allí os comenté que un chaval con el que me enrollé, me habló de mi tío de una forma que hacía ver que le conocía bien. Demasiado bien. Estaba claro que entre ellos algo había pasado, sin embargo, por discreción o porque no quería en aquel momento saber nada más, no quise confirmar si había habido sexo entre ellos (si bien su sonrisa dejaba lugar a pocas dudas).

Posteriormente, esas sospechas fueron en aumento.

Igual para alguien fuera de este entorno, las cosas de las que mi tío hablaba no significaban nada, pero para mí, sí. Decir, por ejemplo, que le gustaba mucho pasear por ciertos jardines de mi ciudad (donde en el mundillo gay se sabe que son famosos por el cancaneo); contar que se había apuntado al polideportivo más gay de toda Valencia (os hablé de él en un post anterior), o incluso el tipo de ropa que se compraba últimamente (en conocidas tiendas de ropa gay) me hicieron confirmar que al menos mi tío sería bisexual.

En los últimos tiempos, la situación (al menos para mis ojos) era tan evidente que llegué a pensar que su mujer, mi tía, estaría ya al tanto de todo. Que incluso serían como una pareja abierta o algo así, porque me parecía del todo increíble que ella no se hubiese dado cuenta de nada.

Así que cuando mi tío salió del armario, me pareció hasta cierto punto lógico y consecuente, aunque decir que ha sido ahora cuando ha descubierto lo suyo, es algo que no se cree ni él mismo.

La situación ahora mismo entre el matrimonio es nula, claro. Y con sus tres hijos, aunque correcta, supongo que por las circunstancias tardará todavía mucho en recomponerse.

El problema viene porque  si bien su homosexualidad, latente o no, llevaba con él muchos años, es ahora cuando en ese estado de “libertad” quiere recuperar el tiempo perdido, aún a costa de todo.

¿Es lícito hacer algo así? pues supongo que sí, claro, pero tampoco creo yo que se pueda pretender vivir una vida que no has vivido como si tuvieses veinte años. Supongo que hay una época para todo, y si actualmente rozas los 60 años, pretender ir con sudaderas y ropa juvenil e intentar cerrar todos los locales como si fueses un universitario, puede resultar un poco patético desde mi punto de vista.

Porque eso es lo que ocurre ahora. Con el compañero de trabajo se ve que no prosperó la cosa (por lo visto él también está casado pero no quiere dar ese paso), y ahora mi tío va a la caza de jovencitos descarriados, jovencitos que igual tienen la edad de su hijo mayor, sin pensar que puede resultar ridículo a estas alturas de la vida.

¿Es una crítica lo que estoy haciendo? ¿Acaso no tiene el derecho a reiniciar una nueva vida? Pues sí, claro que sí, por supuesto. Pero es la primera vez que veo de cerca cuáles son los resultados directos de un “reseteo” en toda regla, y me duele por lo que deja en el camino.

Por otro lado, contarle a todo el mundo determinadas cosas (Valencia muchas veces es un pañuelo) -básicamente anécdotas sobre los cuernos que le ponía a mí tía, orgías en las que participa, o saunas a las que va-  que tarde o temprano puede que le lleguen a oídos de familiares (como es mi caso), no me parece demasiado correcto.

Y tampoco pretender que tus padres, que ya son muy mayores, acepten con total normalidad algo que para ellos, por su mentalidad, puede que les cueste asimilar. Y contarle los pormenores de tus correrías sexuales, tampoco creo que ayude demasiado.

Supongo, y espero por su bien, que esta nueva etapa pase pronto, y al menos vuelva a ser la mitad de persona que era antes, porque no me parece justo un cambio tan radical de vida cuando quieras que no, es imposible hacer como si no existiesen 40 años de vida anterior.

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Vicky Cristina Barcelona

Vicky  Cristina Barcelona

Generalmente, cuando me masturbaba con algún desconocido por cam, una vez terminada la paja, no volvíamos a tener contacto. Sin embargo, en el caso de Yago, fue distinto. Ya incluso la primera vez que lo hicimos, hablamos más de lo habitual, y lo que en principio iba a ser sólo un desahogo, acabó siendo una buena amistad.

Yago era gallego, y aunque tenía sólo dos o tres años más que yo, estaba casado y con una hija a punto de entrar en la adolescencia. Las primeras veces que hablamos no me pareció que dicha situación le provocase ningún problema, pero con el tiempo, una vez cogimos confianza, me di cuenta de que dicha apreciación no era del todo cierta.

Este chico se había casado muy joven, con 19 años recién cumplidos, cuando su novia se quedó embarazada. Por lo que me contaba, no tuvo otro remedio y por aquél momento no se planteó ni su sexualidad ni nada por el estilo. Era algo que tenía que hacer y punto. Pero pasados ya los años, se empezó a dar cuenta del error que había cometido y ahora se encontraba en una encrucijada de la que no sabía muy bien cómo salir.

Lo que sí tenía claro es que no pensaba ponerle los cuernos a su mujer, más allá de lo que hacía de vez en cuando por cam. Ése, para mí era un gesto que le honraba, porque pocos hombres (tal y como había conocido) eran capaces de autolimitarse tanto por respeto a la otra persona.

Sin embargo, toda la situación empezó a desbordarle hasta el punto de que había pensado en “quitarse de enmedio”. Yago tenía pensado incluso la forma de hacerlo y por lo visto lo tenía todo bastante planificado

Días antes, para avisarnos cuando estábamos en Internet, nos habíamos dado los teléfonos y aunque no nos habíamos llamado nunca, ese día lo hice. Tardó en contestar y cuando lo hizo, lo hizo llorando. La verdad es que escuchar a alguien llorar a cientos de kilómetros, te da una sensación de impotencia que no había sentido nunca, así que hice todo lo posible por calmarlo y que viera que esa no podía ser una opción, que al menos pensase en su hija. Al final se consiguió tranquilizar y durante los siguientes días alternamos las llamadas y las conversaciones por Internet.

Finalmente decidió confesarle todo a su mujer y plantearle la separación. Un divorcio que iba a ser de todo menos fácil. A partir de ese momento nuestras conversaciones comenzaron a distanciarse en el tiempo. Por horarios de mi trabajo encima tampoco me conectaba tanto como antes, por lo que entre unas cosas y otras, con los meses, acabamos perdiendo prácticamente el contacto.

Debió pasar casi un año cuando nos volvimos a encontrar sin saberlo en el chat. Él me dijo que vivía en Barcelona e incluso me dio otro nombre distinto al suyo, pero cuando me pasó su contacto de MSN ya supe que era Yago.

Ambos nos alegramos mucho al reencontrarnos. Él, porque me dijo que siempre iba a estar agradecido por aquella llamada que le ayudó tanto al salir del pozo, y yo porque con él siempre tuve una conexión especial.

Me dijo que tras el divorcio (tremendo) con su mujer, le habían ofrecido un ascenso en su empresa y aunque ello conllevaba un cambio de ciudad, no se lo había pensado ni dos veces. Por lo que me comentaba, estaba como un chiquillo con zapatos nuevos. En tema hombres, ya no era virgen y por lo visto estaba tratando de recuperar el tiempo perdido.

Nuestra amistad parecía intacta, volvimos a retomar incluso nuestras conversaciones telefónicas hasta que un día me dijo que quería conocerme, y que me invitaba a Barcelona un fin de semana.

Ese mismo sábado me planté en la ciudad condal. En nuestras conversaciones, le había comentado alguna vez lo mucho que me molaba ver a un tío con camisa blanca, así que cuando llegué a la estación no me sorprendió verlo así vestido. Y me gustó. Nos abrazamos y me acompañó hasta su casa, que estaba a poco más de dos manzanas.

Una vez instalado, me enseñó fotos de su hija y su ex, con quien seguía llevándose bastante mal. Me dijo que lo que se le hacía más duro sobre todo era estar alejado de su hija, pero que las circunstancias venían como venían y no se arrepentía para nada del paso dado.

Me comentó el planning que me tenía organizado y antes de salir por la puerta, me pegó un morreo a traición que, lo que son las cosas, hizo que ambos nos relajásemos a partir de ese momento. Nos gustábamos los dos y eso se notaba, así que el fin de semana prometía.

Me hizo visita cultural completa: Ramblas, la Barceloneta, visita a la Sagrada Familia, Parque Güell… y ya por la noche, salimos de fiesta por la zona gay de la ciudad.

Esa noche yo bebí. Bebí bastante. Hasta el punto de empezar a morrearnos apoyados en la barra del primer bar al que entramos. Que vale, que era de ambiente, pero yo no solía darme el lote en público, por timidez más que nada. Supongo que el estar en una ciudad ajena, me desinhibí totalmente, haciendo que me diese igual todo.

En la discoteca en la que estuvimos, pasó tres cuartos de lo mismo, sólo que ahí encima, empezamos a meternos mano los dos, sobre todo él que no dejó de magrearme el culo mientras bailábamos y así estuvo durante un buen rato. Finalmente, cuando el calentón nos oprimía el pantalón de una forma descarada, nos fuimos ya para su casa sin dejar de morrearnos por la calle.

El último recuerdo que tengo de esa noche fue llegando al portal de su casa.

La siguiente imagen ya fue al día siguiente, despertarme en su cama, junto a él, ambos desnudos.

De lo que pasó esa noche no guardo ningún recuerdo. Ninguno. Yo esas cosas las había visto en películas y siempre pensé que por mucho que bebieses, algún recuerdo tendrías que tener. Hasta que me pasó a mí.

Por lo que me dijo, fue una buena noche, y por los condones usados que habían en el suelo, así debió de haber sido. De lo que sí me acuerdo es de la resaca que teníamos ambos esa mañana. Nos fuimos a la ducha y ahí nos dimos un biberón mañanero que al menos me espabiló bastante.

Ese día nos fuimos a Sitges (más gay no podía ser todo), y después de pasar un rato por la playa y comer, nos volvimos para recoger mis cosas y acercarme al tren.

Nos despedimos en la estación, dándonos un pico delante de todos que aunque me dio algo de vergüenza, me supo a gloria.

En el viaje de vuelta, traté de recordar los buenos momentos vividos, sin saber que, sin darme cuenta, estaba volviendo acompañado a Valencia…

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El pequeño ruiseñor

El pequeño ruiseñor

Si me seguís de vez en cuando, os habréis dado cuenta de que a mí el rollo papaíto me ha gustado siempre, así que el morbillo de estar, de vez en cuando, con algún hetero curioso, tenía su punto.

Con el que os voy a hablar hoy contacté por mi chat de siempre, y después de intercambiar un poco las impresiones de cada uno y pasarnos foto (esta vez sólo de cara), me planté en su casa.

Generalmente los tíos casados preferían quedar fuera de su casa, por motivos evidentes, pero aprovechando que su mujer y su hija (pequeña) iban a estar fuera todo el fin de semana, me invitó directamente a su domicilio con la excusa de estar más cómodos.

El chaval no es que fuera especialmente guapo, pero tenía un puntito atractivo que me gustaba, y era su barbita (aún no habíamos llegado a la época de la sobreexplotación hipster de la barba actual).

Nos tomamos una copa antes de romper un poco el hielo (momento que aprovechó para explicarme que eso sólo lo hacía de uvas a peras -“porque no era marica”-), y después nos fuimos ya a su cama.

Reconozco que empezar a enrollarte rodeado de fotos del tío con el que estás y su mujer por todos lados, aunque tiene su morbo, da un poco de mal rollo (por lo menos a mí, por colaborar en cuernos ajenos), pero como siempre, al empezar a enrollarnos, la sangre comenzó a dejar de regar mi cerebro.

Mi empalme ya empezó a ser evidente y teniendo al tío morreándome encima de mí, comencé a meterle mano al culete, toqueteando unas nalgas bastante firmes. Mientras, poco a poco, ambos empezamos a desnudarnos.

Al final nos quedamos ambos en calzoncillos, momento en que me dí cuenta de que aunque mi empalme era evidente, el suyo, en cambio, brillaba por su ausencia. Le comenté si estaba agusto, si yo le molaba y él me dijo que sí en todo momento, y me parecía sincero, con lo que algo en concreto no me cuadraba en la situación.

Y fue en el momento de desnudarle totalmente cuando encontré el motivo.

Siempre había oído hablar de los micropenes, pero hasta que no te cruzas con uno no te haces una idea real de a qué se refiere esa definición. Aquello, que realmente estaba empalmado, no sería más grande que mi dedo pulgar. De hecho, sus huevos abultaban más que la polla, con lo que el aspecto en sí era más parecido a tres testículos, o un apéndice, que a un miembro viril en erección.

Lo curioso es que él no parecía preocupado por su situación. El tío en ningún momento me comentó “mira, me pasa esto…” o “espero que no te sorprenda…” o algo así. No. Para él era como una situación supernormal, así que para no herir sus sentimientos, intenté actuar como si tal cosa.

De hecho comencé a comerle los huevos, que es algo que me gusta bastante, pegándole de vez en cuando a su pollita algún lametón que otro (porque otra cosa no podía hacer con eso), y él parecía disfrutarlo mucho.

Lo que no entiendo es cómo pensando en todo aquello, no se me bajó a mí la erección, porque he de reconoceros que en ese momento, no tenía la cabeza en ese lugar, evidentemente.

Y es que, mientras, no dejaba de pensar en su mujer, en su pobre mujer. E incluso que no entendía cómo podía haber tenido una hija, porque esa polla difícilmente le entraría a su mujer unos pocos centímetros. Igual cuando eyaculaba, soltaba el chorro a mucha distancia, y la habría embarazado así, porque de otro modo yo lo veía complicado.

Por suerte, pronto me dijo que quería chupármela para que yo también disfrutara, cosa que agradecí en ese momento, ya que mi mente había comenzado a divagar por sí sola.

Hubo un momento gracioso y fue cuando me comentó que él no me quería penetrar, que no le molaba eso con un tío. Y lo dijo tan convencido, que es lo que mas me sorprendía de todo, cuando era evidente que no es que no le molase, es que realmente no sé como me lo podría haber hecho.

Al final de tanto movimiento y roce, llegó el momento de la eyaculación, que la mía fue menos caudalosa que otras veces (motivo evidente), y la suya tampoco es que fuese nada del otro mundo, volviendo a confirmar que no sé cómo había podido embarazar de forma natural a su mujer (a su pobre mujer).

Antes de irme, abrazados los dos en la cama, tuvimos una breve conversación:

– No has comentado nada.

Yo, haciéndome el tonto, pregunté:

– ¿Comentado algo sobre qué?

– Siempre lo he tenido así, pero bueno, se agradece que no hayas hecho comentarios.

Intentando quitarle hierro al asunto, sólo le dije que no pasaba nada pero que podía habérmelo advertido antes, así no me hubiese llevado la sorpresa.

Entonces él, sin un ápice de vergüenza me soltó:

– Es que en mi época los ombligos los hacían que cicatrizasen hacia afuera, y por eso tiene ese aspecto tan raro…

¿¿El ombligo?? Mirándole la polla ni siquiera había reparado en su ombligo, que sí, que lo tenía hacia afuera y no era muy bonito que digamos, pero como para fijarse en algo así…

En serio que con ese hombre no entendí nada. Vale que está bien no tener complejos de ningún tipo y tampoco iba a ser yo quien le provocase un trauma, pero yo creo que tanto si es por encima de la media como si es por debajo, la gente debería advertir de lo que tiene, ¿no creéis?

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La duda

La duda

El pasado fin de semana, quedé con un amigo al que conozco de toda la vida y del que siempre he tenido dudas. Dudas sexuales, para ser más exactos.

El ahora es un perfecto padre de familia, con mujer y con dos hijos, pero aún así, digamos que mis sospechas sobre él siguen intactas como el primer día.

Nos conocemos desde el colegio y nunca le vi interesado en ninguna chica. Es más, le veía más interesado en los tíos que incluso yo mismo. Además, tengo bastantes recuerdos de él, cuando estábamos en los vestuarios, mirando a los demás chicos cómo se desnudaban, del mismo modo que lo hacía yo en aquélla época.

Tras dejar la escuela, perdimos el contacto entre nosotros durante bastante tiempo hasta que por circunstancias de la vida años después, finalizando la carrera, nos reencontramos. Y él, al igual que yo, seguía sin novia.

Y así estuvo durante muchos años hasta que un día, de buenas a primeras, apareció con una chica que le habían presentado unos amigos de sus padres. Fue más o menos en la época en la que yo también pensaba que tenía que buscarme una chica por disimular,  para no dar de qué hablar, por lo que pensé que lo suyo no iba a cuajar de ningún modo, porque yo ya estaba bastante convencido de que él era de mi gremio.

A los pocos meses se casaron en un bodorrio por todo lo alto, así que para esas alturas ya supuse que me había equivocado.

Sin embargo, en la boda también me sorprendió que del grupo de sus amigos, sólo uno tuviera novia, y que los demás, como yo, fuéramos solterones, por lo que las dudas me volvieron a la cabeza.

De hecho fue allí donde conocí a su mejor amigo, un chaval moreno y bien plantado, que también fue sin pareja. Lo curioso es que si hablando con él ese día ya me dio que pensar (fue una sensación en general) tiempo después ya aclaré mis dudas cuando me lo encontré comiéndose la boca con otro en la discoteca de ambiente a la que solía ir. Aún así, que mi amigo tuviera a su vez un buen amigo gay, tampoco demostraba nada por sí solo, aunque era un suma y sigue que seguía dándome que pensar.

Además, cuando se me ocurrió aquella idea de unir mis grupos de amigos gays, con los heteros, aunque resultó una mierda finalmente, mis amigos Guillermo, Raquel y compañía, que para estas cosas son bastante marujones, tampoco tuvieron dudas de que mi amigo era gay, a pesar de estar casado.

Y este fin de semana tuve otra ocasión para seguir con mis dudas, y es que cuando después de cenar salimos un rato, se encontró con un chaval que a mí me sonaba de alguna página de estas de contactos de tíos (ya os he comentado alguna vez que soy buen fisonomista) y aunque mi amigo le saludó, un poco apartado de su mujer y los críos, estaba claro que estaba agobiado por la situación. Luego, cuando le preguntó su mujer, aclaró que lo conocía de un curso (excusa que yo mismo he usado alguna vez para no decir de qué conocía a alguien) e intentó cambiar de tema, visiblemente incómodo.

Pero este no es el único caso de amigos de los que tengo mis dudas.

No hace mucho, un excompañero de trabajo con el que coincidí durante 8 años, y con el que siempre me he llevado muy bien, me ha comentado que se ha echado novia y que si todo va bien el año que viene se casa, y estaré invitado (con lo que disfruto yo en esos saraos…).

En este caso en concreto me llamó la atención una cosa. Y es que nada más presentarse en el curro, a la mínima contaba a quien quisiera escuchar que había tenido novia durante muchos años y que hacia poco que había cortado la relación. Y a mí cuando alguien sin venir a cuento te explica algo así, me acuerdo de un dicho que es: “excusa no pedida, acusación manifiesta”.

Encima el chaval siempre ha estado muy bueno (anda que no me quedaba yo veces mirándole el paquete y culete que marcaba en el trabajo), y que un tío así ni tuviese novia ni alardease de conquistas…raro, raro, raro.

Además, recuerdo una vez, mirando su Facebook, al principio, cuando todo el mundo se lo abría al menos para cotillear a los demás (sí, yo era de esos), pues daba que pensar porque la mayoría de sus colegas eran bastante gays.

Y ahora, de repente, ¿se echa novia? ¿cuando estás cerca de los 40 tacos? a ver, que puede ser, no te digo yo que no, pero no sé, en el curro él siempre fue mi sospechoso número uno.

Además, cuando nos enteramos hace poco que otro del curro que lo tenía bastante callado se había casado con un hombre, los demás compañeros se sorprendieron bastante, menos él y yo, que no nos sorprendimos tanto…¿casualidad? ¿radar gay?

El tema es que estos dos amigos de los que os hablo, si los analizo bien,  tienen algo en común, y en concreto es que son de familias bastante conservadoras, es decir, lo que son católicas, apostólicas y romanas.

Que yo no lo critico ni nada, pero que a estas alturas aún haya gente que por contentar a sus familias, por muy tradicionales que sean, se casen y tengan hijos (sean estos casos o no), pues me choca bastante.

Tampoco digo yo que salgan del armario si no quieren (yo ya sabéis que lo estoy, pero a medias) pero tener a estas alturas de la vida, un matrimonio en plan  tapadera, yo ya no lo veo.

De todos modos, ya os digo que simplemente con estos dos colegas, sólo son dudas. Razonables o no, eso no se puede saber si no pregunto (y no es mi intención). Tal vez sean simplemente bisexuales, o igual heteros curiosos, o igual…sean pensamientos míos que no llevan a ninguna parte.

¿Vosotr@s que opináis?

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El Médico

El Médico

Otro al que pude llamar follamigo (aunque bastante breve) fue a un médico al que conocí chateando. Así como en el último caso que os conté, el del chef, hasta que no estuve en su casa no me dijo que tenía pareja, este en cambio no me lo negó en ningún momento. Estaba casado (con mujer) y con un crío pequeño, y lo de quedar con tíos, me dijo, sólo lo hacía de vez en cuando.

Aunque yo en esa época no creía realmente que lo de la bisexualidad existiese (como ya os comenté) el hecho de estar con un tío que se definía a sí mismo como hetero, la verdad es que me daba bastante morbo, así que no tardé mucho en decirle que nos viésemos.

Las tres veces que follamos fue en su trabajo.

Aunque por las mañanas curraba en un hospital, por las tardes tenía consulta privada, que aparte no me pillaba demasiado lejos de casa, así que era allí donde quedábamos.

La primera vez fue una noche en la que nos lo montamos en una especie de cama plegable que tenía allí montada para casos de urgencia. Fue un polvo muy bueno, pero un polvo normal al fin y al cabo (él era activo, como buen hetero casado -la mayoría que he conocido, lo son-). Sin embargo, hablando un poco de todo, esa misma noche nos contamos todos los morbos y fetichismos que teníamos los dos, y eso lo usamos para la segunda quedada.

Esa segunda vez fue un domingo por la mañana, también en la consulta. Nada más llegar, me llevó a un cuartito anexo que era el típico donde se hacen las revisiones médicas de todo tipo. Allí estaba la típica camillla, un parabán, el típico armario con gasas y agua oxigenada, aparatos médicos y todo lo demás. Me dijo que me pusiese cómodo sobre la camilla que enseguida vendría él. Cuando apareció, con la bata médica y el fonendoscopio al cuello, mi erección fue casi instantánea porque anda que no había soñado yo veces con hacer algo así en plan película porno.

Y empezamos el jugueteo en plan médico – paciente.

Primero me quitó la camiseta para auscultarme bien, haciendo que tosiese de vez en cuando para ver si tenía sanos los pulmones. (Mientras, con la mano libre no dejaba de magrearme el paquete).

Después, una vez comprobados mis bronquos, me bajó los pantalones y calzoncillos, dejando libre ya mi polla que andaba a esas alturas toda tiesa y babeando. Empezó primero a tocarme las ingles, por si tenía alguna hernia (eso dijo) y después a sobarme los huevos y el rabo, diciendo que lo tenía todo en su sitio (encima, cachondo)

Por último, me dijo que bajase al suelo y con las piernas bien abiertas me apoyase en la camilla porque me quería hacer un “tacto rectal”. Y vaya si me lo hizo.  Primero con los dedos untados en vaselina, y luego ya, cuando el calentón ya no le aguantaba dentro del pantalón, metiéndome la polla. Estuvo follándome un buen rato, hasta que acabé corriéndome sobre la camilla. Él lo hizo unos instantes después.

La tercera y última vez me mandó un mensaje para que fuese una tarde a su consulta. Me pareció raro porque quitando los viernes que me dijo que había algunos que no abría, siendo un miércoles era extraño. LLegué, llamé a la puerta y cuando abrieron me sorprendí bastante. La sala de espera estaba a rebosar de gente, y la secretaria, nada más verme, me preguntó si tenía cita para esa tarde. Yo como no sabía qué contestar, le dije que sí, pero que no estaba seguro, y haciendo como si mirase la cita en el móvil le mandé un mensaje al médico diciéndole que estaba fuera, que qué hacía. Al poco salió él y despidiéndose del paciente que salía de su despacho, dijo que pasase un momento, para sorpresa de la secretaria.

Una vez dentro le comenté que estaba loco, que la secretaria iba a sospechar y que además tenia la consulta llena, peo a él le daba todo un poco igual. Me puso sobre su mesa del despacho y casi sin hablar, me empezó a morrear y a desnudarme. A mí esa actitud tan machorra de él me ponía muy cerdo, he de reconocerlo, y el hecho de que el lugar donde lo hacíamos estuviese tan lleno de gente, aunque era peligroso, también me excitaba bastante.

Y bueno, esa vez lo hicimos allí mismo sobre su mesa. Además la persiana de su despacho era de esas apaisadas típicas de oficina que encima daba a la calle, y aunque por el sol era imposible que nos viesen desde fuera (o eso me pareció), desde dentro se veía claramente a la gente paseando por la avenida a la que daba…  Encima si desde allí oíamos el barullo de la gente en la sala de espera, era evidente de que desde fuera también podrían oirnos, así que para evitar mis gemidos, el tío me folló tapándome la boca con la mano (y que lo hiciese con la mano que llevaba el anillo de casado también me dio morbazo, para qué engañarnos).

Una vez acabado el polvo (algo rápido, eso sí) nos vestimos, y salimos fuera. El salió conmigo, me despidió dándome la mano y llamó al siguiente para que entrase, como si nada de aquello hubiese pasado.

Aparte de esas veces que follamos, otros días me llamaba desde su casa para excitarse conmigo. Lo curioso es que lo hacía muchas veces con su mujer por casa (me lo decía porque sabía que me daba morbo) y tenía que acabar yendo al baño para masturbarse oyendo mi voz.

Y claro llegó un momento en que yo empecé a padecer más por su mujer que él mismo, porque incluso me mandaba mensajes bastante subiditos de tono que no sabía si contestar, preocupado por si su móvil caía en malas manos…

Aún intentó que quedásemos una cuarta vez más, pero quería ya que fuésemos a su casa, aprovechando que su mujer había salido y el niño dormía en su habitación.

Ya me parecía peligroso lo de las llamadas y mensajes, como para ir y meterme directamente en su cama, así que le dije que no, que eso sí que no lo iba a hacer, y que creía que se le estaba yendo todo esto de las manos.

Además, yo tampoco quería engancharme de alguien en su situación, que aunque morbosa, no era la mejor para ninguno de los dos, así que con el tiempo la cosa se fue enfriando hasta que acabamos perdiendo el contacto.

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