La casa de cera

La casa de cera

Nunca he entendido el éxito de los YouTubers.

En mi época de agilipollado (ahora llamados también PostMilennials) si tenías un amigo que estaba jugando en las máquinas recreativas, estabas deseando que acabase la partida para jugar tú enseguida. Ahora la gente disfruta viendo en YouTube a gente que juega sus partidas y las va comentando. Y encima con miles de seguidores. Que no sé dónde está el interés, pero bueno.

Luego están también gente como un tal Wismichu que ha hecho una especie de película llamada “Bocadillo” que se ha llevado los peores abucheos del Festival de Sitges, con disculpas incluidas del director del certamen, por esa especie de experimento sociológico que ha creado (aquí tenéis mas información).

O también está otro llamado El Rubius, que ha conseguido tener incluso una serie de animación tipo anime producida por Movistar + (basado en el comic de mismo nombre) y que se puede ver ya mismo en su plataforma. Y cuyas críticas no están siendo demasiado buenas, por cierto.

Luego están las influencers, tipo Dulceida, las itgirls del momento,  que se dedican a dar consejos sobre  moda y  cualquier cosa inimaginable, y que tienen sus propios canales donde hablan de todo ese mundo.

El colmo ya es en Corea del Sur, donde hay gente que se pone a comer (“muk-bang” se llama), y la gente ve cómo comen rodeados de platos (aunque por lo que he leído esta moda se debe a que empieza a haber mucha gente sola y eso mitiga un poco su soledad).

Pues bien, toda esta gente,  tiene miles de seguidores que no sé muy bien porqué les siguen cuando, para mí, lo que hacen tienen cero interés.

Por haber, ahora en Internet es que hay de todo, y para todos. Por no decir de tutoriales, donde gente anónima desempaqueta cosas que ha comprado (Unboxing) para quitarte ya de paso la emoción que daba abrir en tu casa cualquier regalo que cayese en tus manos.

Curioso por cierto este mundo del Tutorial que te explica cómo hacer cualquier cosa. Sin ir más lejos. un amigo mío que compró hace poco un regalo para su hijo en un bazar (sin instrucciones) consiguió únicamente por las iniciales que descifró de la etiqueta (en chino) un tutorial que explicaba cómo montarlo.

Toda esta (larga) introducción viene a cuento porque el otro día en YouTube llegué a un tutorial creado por un señor con un canal propio que mira tú por donde, consiguió interesarme.

El Sr. en cuestión, inglés él, es un tal Jack Dunn que se dedica al noble arte de la depilación masculina.

Llegué a su canal (no me preguntéis cómo) y vi que tenía videos de tíos muy apañados  en el que, de paso que les depilaba, iba comentando el tipo de ceras que se tienen que usar para según qué zonas del cuerpo.

Yo no sabía por ejemplo que había ceras de tantos colores y consistencias, en ese mundo que hasta ese momento era un gran desconocido para mí.

Lo bueno fue que empecé a ver que había videos de tíos buenos en su camilla, donde el amigo Jack les depila mientras explica las técnicas que usa para hacerlo…

Los primeros son bastante light y les comienza depilando el entrecejo, los hombros o el pecho.

Lo  interesante viene en los videos donde el hombre se pone a explicar cómo depilar el pubis y la zona anal. Porque en esos vídeos se ve absolutamente todo y sin ningún tipo de censura.

Videos en los que en un primer plano de los genitales, el bueno de Jack comienza a moverle la polla a su cliente de un lado para otro, agarrándole bien los huevos, y con una serie de magreos que no sé como el hombre no se empalma con tanto movimiento.

De hecho en el segundo vídeo de este tipo que tiene, el chaval (más joven) un poco más animado sí que está, y no digo que tiesa, pero algo morcillona con tanto movimiento para arriba y para abajo sí que se le pone.

De depilación genital te explica tanto las “ingles brasileñas” (que en un tío lo veo raro) como la depilación del pubis de forma completa. Incluso les llega a depilar la polla a lo largo del tronco estirando tanto el rabo que parece que se lo vaya a arrancar.

Ya para rematar, para explicar como depilar la zona del culo, los tíos (he visto 3 videos así) se le ponen a cuatro patas y con un buen primer plano el hombre les pone la cera calentita por toda la raja, dejándoles el culito tan suave como el de un bebé. En estos vídeos, además, les abre tanto el culo a dos manos y se pone tan cerca que yo no sé cómo no acaba la historia con un buen beso negro pero esto ya es cosa mía….

Total que estos videos, este tipo de tutoriales sí que los acabé disfrutando porque una cosa tan visual… tan explicativa… sí que me ha hecho entender este mundo de Internet del que tan poco conocía.

Por cierto que os dejó la página web por si os ha picado la curiosidad (jeje) tanto como a mí.

http://www.jackdunn.co.uk/

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Anuncios

El exótico Hotel Marigold

El exótico Hotel Marigold

Estos días, hablando con un amigo del blog por e-mail (hola, Jota), he empezado a recordar mis días nudistas con mi ex. Tampoco es que estuviésemos todo el día en bolas, pero sí que es verdad que en esto del nudismo, empezamos los dos juntos.

A mí tampoco es que me apasionase demasiado al principio, pero la única forma de que él fuese a la playa era yendo a ese tipo de playas, como un aliciente, digamos, porque él muy playero tampoco es que fuera. Luego, claro, ya le fui cogiendo el gusto.

El punto más álgido, por llamarlo así, de nuestra época de nudismo fue el día en que fuimos a un hotel nudista.

Fue uno de esos veranos en que, por un motivo u otro, no coincidíamos juntos más que unos pocos días de vacaciones. Además, no recuerdo muy bien porqué, pero ese año nos pilló el toro y no habíamos decidido aún dónde irnos a descansar esos días, aunque ya estábamos a mediados de agosto.

Finalmente decidimos irnos a la Costa Brava pero con las fechas que eran tampoco teníamos muchos sitios libres donde alojarnos. Había dos opciones, o un hotel algo alejado de la costa, o escoger otro, mucho más cerca…  y que era nudista.

Escogimos este último.

De camino al lugar, recuerdo que comentábamos cómo sería aquello y la verdad es que teníamos en la cabeza una idea sacada totalmente de la serie “Benny Hill”. En concreto, en un capítulo acudían a un hotel nudista y casualmente en todas las escenas siempre había algo (una planta, un libro, una mesa…) que tapaba las “partes” de las personas.

Así que entre risas, morbillo y algo de vergüenza llegamos al lugar y nada más entrar… normalidad absoluta.

Yo daba por hecho que el personal del hotel iría vestido, eso sí, pero pensé que la clientela iría con todo al aire. Nada más lejos de la realidad. Cuando llegamos, había también allí una pareja (chico-chica) de franceses que acababa de llegar y que como nosotros, también iban vestidos. Unas chicas, que dejaban el hotel en ese momento, iban igualmente vestidas de arriba abajo.

Una vez instalados, visitamos las instalaciones y todo el mundo iba vestido, recepcionistas, clientela, personal de limpieza, etc con lo que el nudismo en el lugar brillaba por su ausencia.

El hotel era muy familiar, no tenía más de 8 habitaciones, y por lo que averiguamos lo que es el naturismo se podía practicar en la piscina  y jardín, pero no en las instalaciones comunes del hotel.

Sí que había en cambio, una especie de reservado, con jacuzzi, y cama balinesa en el exterior para pasar una noche de cena romántica y algo más (se supone, eso sí, que en bolas).

De todos los clientes del hotel, con quienes más coincidimos, curiosamente, fue con la pareja francesa que vimos el primer día al llegar.

Coincidíamos a la hora de desayunar, comer e incluso en las excursiones por los alrededores que hicimos, pero hablar, lo que se dice hablar, hablamos poco con ellos. Nos saludábamos, y nada más. Recuerdo haber pensado que lástima que el hotel no fuese nudista 100% pues el chaval, desnudo, seguro que tenía un buen polvo.

Lo bueno del hotel, aparte de que el sitio en sí era precioso, era que estaba muy cerca de una playa nudista, y claro, ahí sí que lo pudimos practicar tranquilamente.

Uno de esos días, estando en esa playa recuerdo que nos sorprendió ver llegar a un matrimonio con un chaval de unos 18 o 19 años, de padres cuarentones.  Nada más llegar se desnudaron y el padre empezó a ponerle crema a su hijo por todo el cuerpo. Y cuando digo todo, es TODO… La verdad es que nos sorprendió la situación, pensando que igual no eran familia, pero como el chaval le llamaba papá, pues mucha duda tampoco podíamos tener (aunque le estuviese poniendo crema por toda la raja del culo…). Ya la cosa subió de tono cuando empezaron a jugar en el agua, abrazarse (que más parecían refregarse), para acabar en la arena jugando a una especie de lucha grecorromana que ponía palote a cualquiera. Tal era la situación que las posturas acababan con el rabo del padre golpeando la cara del hijo, o el culete del chaval restregándose por el careto del padre…mientras la mujer/madre leía una revista del corazón como si tal cosa. Todo muy normal, vamos.

El resto de días fueron bastante mas “tranquilos” menos el último, por lo curioso.

Y es que justamente ese último día de playa me fijé que un poco mas adelante, en la orilla había un tío recostado con un pedazo de manguera increíble entre las piernas. El tío iba con su chica, que también tenía unas buenas peras, de esas que tumbada se le desparramaban por los lados. A mí ella me daba un poco igual, pero él era digno de ver por el cacho  tranca que gastaba. Tanto miré que en una de esas el tío se dio cuenta, me miró y sonrió. Le comentó algo a la chica, que también se giró y nos sonrió, y es que resulta que eran la parejita francesa que estaba alojada en nuestro mismo hotel…

Cuando se fueron, pasaron además directamente por donde estábamos nosotros y nos saludaron de manera bastante efusiva, ahí en bolas los cuatro como estábamos.

Al día siguiente, he de reconocer que tuvo su gracia volver a coincidir en el desayuno ya vestidos cuando el día anterior habíamos estado como Dios nos trajo al mundo. Al menos pudimos ver en bolas a alguien del hotel, jeje.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

La ventana de enfrente (II)

La ventana de enfrente (II)

La verdad es que este verano me está resultando bastante atípico. Entre que tengo las vacaciones más que repartidas (yo diría que troceadas) este año, y el calor que está haciendo, estoy que ni he podido desconectar del todo en vacaciones, ni tampoco estoy en el trabajo al cien por cien.

Encima, debido al calor, estoy con una sensación de apatía contínua que tampoco es muy normal que digamos. Por culpa de esta desgana, no he podido actualizar demasiado el blog durante este tiempo.

Lo curioso es que si bien sí que me había propuesto escribir algo esta semana, el hecho es que iba a hablar de otra cosa que he tenido que posponer porque la actualidad,  como siempre, manda.

Y es que como habéis visto por el título del post he decidido volver a hablar del ya famoso piso erótico-festivo de enfrente de casa de mis padres. O mejor dicho, de sus inquilinos.

Anoche me pasé por casa de mis padres, ya sabéis, a controlar un poco y regar las plantitas y como quien no quiere la cosa me volví a asomar por ver si veía algo en la ventana de enfrente.

Sin embargo,  aunque la persiana estaba subida no había nadie en su interior, o si lo había no se veía nada pues la luz estaba apagada. Además, en el balcón contíguo, el toldo estaba bajado por lo que esta vez no tenía visión ninguna.

Me quedé un rato viendo la tele antes de acostarme cuando oí un sonido de chirrido que denotaba que un toldo estaba siendo izado, me asomé y …bingo!.

Ahí estaba otra vez el maromo del que os hablé, el madurete, con unos slips negros iguales que los del otro día (espero que no use siempre los mismos, que sino…).  Estuvo un rato asomado y al poco se metió dentro donde apareció enseguida el chaval más joven, que si bien la otra vez iba con unos boxers blancos esta vez llevaba unos slips también del mismo color.

Por lo que se podía ver estaban ambos cenando, y sentados como estaban los dos en el sofá, supongo que viendo la televisión por los reflejos de luces que les iluminaban a ratos.

La verdad es que cansado como estaba, y teniendo que trabajar hoy temprano, no les presté demasiada atención en ese momento y me fui a la ducha dispuesto a refrescarme un poco antes de irme a la cama.

Fue al salir y pasar de nuevo por el comedor para cerrar la ventana cuando volví a asomarme y me di cuenta de que los vecinos estaban ya en el postre. En concreto con el helado. Y es que el joven llevaba una tarrina y cada uno con su cucharita lo compartían como buenos….¿amantes? Y es que eso denotaba algo más que una simple amistad. De hecho me recordó a mí y a mi ex, que en verano empezábamos los dos con el helado y hasta que no nos acabábamos la tarrina, como que no párabamos de zampar.

Fue pensar en mi ex, y cómo no, una sensación de melancolía me invadió de lleno, así que decidí cerrar la ventana y largarme a dormir, para así evitar pensar demasiado.

Por suerte, debido al calor no cogí el sueño pronto y en una de mis múltiples escapadas hacia la nevera a por algo fresquito, pasé de nuevo por el comedor, me asomé y ya entonces vi la luz encendida de la ventana. Esa ventana que tan buenos momentos me ha hecho pasar.

Fue pensar así y al minuto el madurete se acercó a la cama (que es lo que se veía en primer plano) y tal y como estaba se bajó los calzoncillos hasta los tobillos dejando su polla totalmente al aire. Una vez recogidos los gayumbos del suelo se giró y abrió el armario a sus espaldas, dejándome  a la vista el pedazo de culo del buen señor.

Una vez guardados los gayumbos y recogida la ropa que sacó del armario y dejó sobre la silla, el vecino se tumbó en la cama, cara arriba y debido al calor (que hacía, sí, pero que también tendría el hombre en su interior) empezó a magrearse la polla poniéndola a tono en pocos segundos. La suya y la mía, evidentemente, que a esas alturas ya estaba igual de tiesa que la que estaba viendo. Encima no sólo se tocaba el rabo sino que también se acariciaba ingles y culete, con lo que se notaba que el tío tenía ganas de fiesta…

Y la fiesta no tardó en llegar. Apareció entonces el chaval joven, se quitó los calzoncillos blancos, enseñando su polla ya en ese momento morcillona y se acercó a su ¿novio? para tocarle también el pedazo pollón que ya tenía el madurete mientras le daba un piquito bastante casto.

Y cuando parecía que iba a empezar lo bueno….fundido a negro. Alguno de los dos, se me escapa quien, apagó las luces. El chaval se acercó a la ventana (lo distinguía en la penumbra) y bajó la persiana del todo.

Supongo que de los dos, el más tímido es el chico joven. Tímido y con un aguante para el calor que es de admirar, porque con el torro que hacía ayer era para haber abierto el ventanal de par en par y que entrase el fresquito.

Bueno, el fresquito y mi mirada, claro. Que a mi me dejaron con las ganas de ver cómo acababan la noche, aunque eso no creo que les importase mucho…

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

La ventana de enfrente (I)

La ventana de enfrente (I)

Los que seguís mi blog desde el principio seguro que os habréis sorprendido al ver que he vuelto a titular un post con el nombre de una película que ya usé en su momento. Sin embargo, todo tiene una explicación. De hecho este nombre es la de 1998 protagonizada por Christopher Reeve y  no la de 1954 dirigida por Hitchcok. Si de ella se hizo un remake, actualizando la historia a los nuevos tiempos, también he decidido hacer lo mismo con el post que escribí en su momento.

Me explicaré mejor.

Para quien no quiera pinchar y releerse la entrada original, sólo diré que cuando vivía en casa de mis padres, había una ventana en la finca de enfrente en la que vi de todo, empezando por un chaval que se desnudaba para ponerse el equipo de ciclista, hasta parejas follando o alguno haciéndose una paja sin cortarse un pelo. Al final ese piso se quedó vacío un tiempo y yo dejé de vivir en casa de mis padres, con lo que tampoco controlé lo que pasaba ya en ese edificio.

Pues bien, aprovechando el buen tiempo y que mis padres se han ido un tiempo a descansar fuera, a mí (que pringo todo el verano) me ha tocado ser quien se encargue de dar un vistazo al piso, regar las plantas, mirar el correo y demás.

La semana pasada entre unas cosas y otras tuve mucho lío y no fue hasta el jueves por la tarde cuando pude acercarme. Aprovechando la coyuntura (y el aire acondicionado) decidí quedarme allí a pasar la noche.

Antes de acostarme, me acerqué a bajar la persiana y sin prestar demasiada atención miré al edificio de enfrente hasta que mis ojos se fijaron en algo que me llamó la atención, y que justamente estaba en el piso que tan buenos momentos me dio en el pasado.

En el balcón estaba un hombre madurete, alto  y  con muy buen cuerpo, asomado en calzoncillos tipo slip. El hombre, de unos 45-50 años, con buen pectoral y velludete, la verdad es que daba mucho morbo, así que me quedé mirando como atontado y recordando todo lo que en su momento había visto en la misma vivienda.

Me metí para adentro, disimuladamente, pero no sin dejar de mirar por la ventana al maromo que tenía en el piso de enfrente, no fuese que en un descuido se sacase la polla o algo y yo me lo perdiese.

Sin embargo, a los pocos minutos se metió hacia adentro, en lo que era el comedor (se veía el sofá), quedando mi visión tapada por la cortina.  No habían pasado ni dos segundos cuando otros dos tíos aparecieron de repente sentándose en ese sofá del que yo tenía una visión perfecta. El primero tendría unos 30 años más o menos y llevaba unos gayumbos tipo boxers blancos que dejaban ver un perfecto paquete cuando se sentaba. El otro, algo más mayor que el anterior,  llevaba únicamente unos slips que al ser oscuros no me dejaban apreciar más detalle. Los dos de gimnasio, sin camisetas y velludetes, que parecían sacados de cualquier película de Falcon Studios o similar.

Yo, como dije entonces, nunca he compartido piso ni cuando estaba en la Universidad, así que no sé si es habitual que unos compañeros vayan así por casa. Tampoco sé si la relación que les unía era familiar… pero vamos, a mí en ese momento la relación que tuviesen ellos me importaba más bien poco, disfrutando como estaba de la visión que tenía ante mis ojos.

Pensé, eso sí,  que en mi época pajillera lo que estaba viendo me hubiese dado para soberanas pajas y para hacerme pasar horas y horas pendiente de ese edificio. Sin embargo, y aunque morbo me estaba dando, eso no iba pasar (me dije), siendo ya una persona hecha y derecha con bastantes años a mi espalda…

Fue pensar eso cuando de repente, el tío mayor salió al balcón con una pequeña toalla blanca en su cintura…que se quitó para colgarla del tendedero quedando totalmente desnudo. No contento con eso, se volvió a apoyar en la barandilla disfrutando de la buena noche que estaba haciendo (y que me estaba haciendo pasar a mí).

De polla la verdad es que el tío iba, encima,  bastante bien y cuando se metió de nuevo hacia adentro, la visión del culo también me dejó sin habla.

Y como si tal cosa se sentó entonces entre los otros dos tíos  a ver la televisión.

Me quedé un rato más, agazapado, mirando a aquellos tres hombretones. El hombre desnudo y los otros dos colegas, o familiares, o lo que fuesen, a su lado… y la verdad es que la estampa era de foto. De foto y ampliación, vamos.

Mi mente a esas alturas no se estaba quieta y ya me imaginaba que en cualquier momento los otros se quitarían también los calzoncillos, o que el del medio cogería las otras dos pollas y comenzaría a pajearlas, o que se harían unas mamadas o…

Nada de eso sucedió, claro,  aunque conociendo los antecedentes de esa casa, tampoco me hubiera extrañado.

Y es que lo pensé en su momento e insisto ahora. Hay casas en las que muere gente y queda el fantasma en su interior, ¿no? pues esta tiene que ser algo igual, pero con alguien cachondo que provoca que la gente que allí se aloje no tenga ningún reparo en desnudarse a la vista del vecindario.

Y bienvenidos sean.

Lo que está claro es que creo que este año pasaré muchas más veces de las necesarias a regar las plantas de mis padres, que digo yo que es una pena que se mueran cada verano, ¿verdad?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Las chicas del calendario

Las chicas del calendario

Siempre que de pequeño iba con mi padre al taller mecánico del barrio, me sorprendía de la cantidad de calendarios de tías en bolas que habían colgando de las paredes.

Y encima no se podía decir que fuesen demasiado discretos, porque algunos, incluso, rozaban lo pornográfico, aunque estaban ahí, a la vista de todos.

En la actualidad esto no se ve tanto, o esa impresión tengo yo.

Gracias al respeto a la mujer, actualmente los tíos se cortan más en colgar algo así en un establecimiento público. Por educación y por cultura.

A la par que estos calendarios de tías han perdido alcance visual, los calendarios de tíos han ido en auge.

No se cuelgan en talleres ni nada (más que nada porque supongo que hay pocos gays o mujeres currando como mecánicos), pero cada año salen más y más calendarios de hombres ligeritos de ropa.

El primero de este tipo y que más éxito tiene en la actualidad, es el de Dieux du Stade.

Este calendario lleva ya más de 15 años obsequiandonos a todos con imágenes con una fuerte carga homoerótica gracias sobre todo a la cantidad de machorros que se han desnudado en sus páginas. Fue en 2001 cuando al presidente del club de rugby parisino Stad Français Paris, el señor Max Guazzini, se le ocurrió la genial idea de atraer el interés del público proponiendo a sus jugadores que enseñasen carne. Y vaya si la enseñaron.

Desde entonces los calendarios se han vendido por millones y han ido incluyendo a deportistas de otras categorías como natación, fútbol o ciclismo.

Mención aparte es el making of que suelen hacer de la grabación, donde se ve a todos los chulazos en movimiento, por si en versión estática os ha sabido a poco.

A rebufo de este éxito, y en versión castiza, tenemos el calendario de Madrid Titanes.

Este equipo de rugby español tiene el honor de ser el primer equipo de jugadores gay de España. Formado en 2012, desde el 2014 ya compite en partidos oficiales y lleva también unos años publicando su propio calendario.

Por cierto que sin salir de deporte, otro calendario también conocido es el de Gods of Sport.

Bueno, calendario o libro, porque es algo que no me ha quedado claro. Similar en concepto a lo que es ahora Dieux du Stade, solo he encontrado referencias en 2010 y en 2014 y aunque en algunas páginas hablan de éste como uno de los calendarios de tíos más famosos, desconozco si aún se sigue editando como tal.

Dejando el mundo de los deportes, y pasando al del frikismo, uno de los más originales me ha resultado el de pelirrojos (Red Hot) porque por lo menos de sale de lo que es habitual.

A los que, como a mí, les de cierto morbo el mundo rojizo, sabrán disfrutar de las fotos de estos tíos y así averiguar si todo el pelo de su cuerpo tiene el mismo color.

(Por cierto, que aparte de calendario, también editan libros con el mismo contenido)

Y por último, os hablo del más bizarro de todos con diferencia, que es el calendario ortodoxo de curas 2017.

Estos calendarios surgieron en 2012 por el colectivo rumano Orthodox priest, como un medio para condenar la homofobia imperante en la iglesia ortodoxa y por extensión, en las sociedades de Europa del este.

Si bien en algunas páginas dan credibilidad a que son curas reales los que se prestan a posar en las fotos (en actitudes desde el sadomasoquismo hasta prácticas sexuales bastante explícitas) la verdad es que son modelos los que vestidos con hábitos, aparecen en sus páginas.

Con independencia de si para reclamar algo sea necesario provocar de esta manera, hay que decir que tanto las fotos como los vídeos que presentan son, por menos habituales, bastante morbosos con lo que lo dejo por aquí para que pegueis un vistazo.

Por último añadir que así como otros años por Navidades, estaban por las calles los bomberos poniendo a la venta sus calendarios benéficos, no sé que ha pasado este año en Valencia que no he visto a ninguno, y mira que alegraban la vista.

Espero que en otras ciudades sí hayáis tenido esa suerte y que el año que viene, por aquí, se animen de nuevo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

En la casa

En la casa

Aunque en general siempre daba con buena gente cuando quedaba con tíos, sí que es verdad que echando la vista atrás, sí que tengo también recuerdos de algunos que me salieron bastante rana.

Uno de estos últimos fue un tío que por el chat me pareció bastante agradable pero que cuando nos conocimos en persona me agobié bastante.

Alfonso se llamaba y me comentó que era médico. Me habló al principio mucho de su trabajo pero no recuerdo cómo la conversación degeneró bastante hasta acabar hablando de sexo, de lo que le gustaría que le hicieran y lo que le gustaría hacerme a mí.

Yo como muchas veces me calentaba con nada, enseguida le dije que porqué no quedábamos y me lo hacía en persona y allí que me fui (ya os he comentado varias veces que en pocas ocasiones me he traído gente a casa -manías que tiene uno-).

Nada más llegar, me sorprendió mucho la pinta que tenía este tío. Aparte de que era evidente que tenía más edad de la que me había dicho (eso es un clásico por internet), el aspecto tanto de su casa como de él eran un tanto…extrañas.

Aparte de que me abrió la puerta llevando sólo unos calzoncillos negros de rejilla para así en teoría calentarme desde el minuto uno (la verdad es que el efecto fue justo el contrario), hablaba de una forma que no sé si estaba drogado o pensaba que era sexy su forma de arrastrar las palabras.

Su casa, mientras, era como una mezcla entre síndrome de Diógenes y la casa de Alaska y Mario. Todo con un toque así como kitsh, pero en plan descuidado, guarro, como si estuviese en medio de una mudanza eterna.

De hecho le pregunté si se estaba trasladando o algo y me dijo que no, que vivía ahí prácticamente toda su vida, y como que no entendía mi pregunta…

Me llevó a su comedor y aquello ya era esperpéntico. Aparte de que no he visto persona con tan poco gusto para los colores (no me considero decorador ni nada pero es que la mezcla de telas de cebra y leopardo hacían daño a la vista…), hacía un olor como a cuarto cerrado que echaba para atrás. Las paredes más mierda no podían tener, y si en su momento habían sido blancas, ahora tenían un color entre pardo y gris oscuro. Había incluso restos de comida sobre la mesa, que yo pensé que ya le podría haber dado por arreglar un poco la casa si esperas visita, pero bueno.

A esas alturas yo ya estaba pensando de qué forma largarme de allí sin que se sintiese molesto, pero he de reconocer que a pesar de todo, el tío tenía un muy buen cuerpo y con dos arrumacos que me hizo, ya pensé lo típico de “en peores plazas te has corrido has toreado”…

Fuimos a su habitación y, por suerte, era lo mejor de la casa (aunque eso no quería decir mucho), y aparte de cierto desbarajuste de ropa sobre una silla, un armario que sería de su abuela, y un orinal de cerámica en un rincón, la cama parecía limpia.

Empezamos a darnos el lote y al poco de empezar, el tío sin querer le dio una patada a un vaso con agua que tenía sobre su mesilla, rompiéndose en mil pedazos. Entre que se fue a por la escoba y el recogedor a a arreglar un poco el estropicio, a mí la verdad es que se me empezó a bajar el calentón. Para colmo empecé a ver los libros que tenía en su estantería y eran la mar de extraños todos, con muchos libros de sectas, de apariciones marianas y de temas de extraterrestres.

Ya volvió otra vez y a mí entre unas cosas y otras ya no me apetecía hacer demasiado en esa casa. Se lo comenté de buenos modos, pero por lo visto a él le daba igual lo que yo quisiese o no quisiese hacer, así que me dijo que al menos me quedase hasta que se hiciese una paja porque le daba morbo que yo me quedase a verlo.

Y ahí me quedé, de pie al lado de su cama, como un pasmarote, mientras él se hacía una gayola a dos manos…

Una vez acabó, le dije que me alegraba si él había disfrutado, pero que yo ya me iba.

Sí que antes de irme le pregunté si realmente era médico y ejercía (más que nada por no ir nunca a su lugar de trabajo) y él, muy ofendido, se fue hasta otra habitación y me sacó, llena de polvo, la Orla de su promoción de Medicina.

Se ve que a pesar de ser más raro que un perro verde, el hombre tenía su orgullo y amor propio, claro.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Despertares

Despertares

Pasado el susto con el loco de la colina del que os hablé en Psicosis, volví a las andadas y no tardé mucho en quedar con otro que conocí en una sala de chat.

En este caso fue el tercer y último tío con apariencia de trípode humano con el que he quedado en mi vida, después de mis experiencias que conté en La Cortina de Humo y Boogie Nights

Este hombre se llamaba Agustín y era algo más mayor que yo, aunque realmente no lo aparentaba. Quedé en su casa, a las tantas de la mañana y al poco de empezar a enrollarnos, se sacó del pantalón sus 21 cm de carne y los puso sobre una mesa al lado de una regla para que viese que no mentía.

Y fue sobre esa misma mesa donde me metió ese pedazo de polla por todos lados, haciendo que pasase una de las noches más bestiales que recuerdo (de hecho es de las pocas veces que conseguí correrme sin apenas tocarme).

Al día siguiente, me volvió a llamar. Esta vez me dijo que le apetecía que fuese otra vez a su casa pero que me quedase a dormir esa noche.

Lo de dormir, era algo que me molaba mucho. Estaba en una etapa de mi vida en la que tenía claro que iba a disfrutar del sexo y nada más, sin pareja ni nada. Pero algo en mi interior me decía muchas veces que me estaba intentado engañar a mí mismo, y el notar cómo me palpitaba el corazón al decirme lo de que quería dormir conmigo, lo demostraba.  Así que no tardé demasiado en acercarme a su casa.

Esa vez nos liamos y follamos (bueno, él a mí) en el sofá, y después de aquello, como ya era tarde, fue cuando nos fuimos a la cama.

El se puso detrás de mí, desnudo, con su brazo por encima, y con esa sensación de estar tan agustito, cogí el sueño enseguida.

No tardé mucho en despertarme y notar como “algo” intentaba abrirse camino. El tío se había animado de nuevo y ni corto ni perezoso intentó follarme en ese momento sin crema ni nada, y el dolor que sentí fue increíble. Si ya que me despierten a mitad noche me jode bastante, que me despierten haciéndome daño, todavía más…

El tío se ve que era de los del rollo de “aunque te digan que no, es que sí”, y como si mi culete fuese suyo, siguió haciendo de las suyas, con lo que el dolor todavía era mas intenso. Le dije que parase pero encima aún me cogió de los brazos para que me estuviese quieto, como si con eso yo fuese a relajarme de alguna forma…

Al final del forcejejo (porque es lo que era ya en toda regla) pude quitármelo de encima, mandándole, de paso, a la mierda. Aún me dijo que pensó que yo lo estaba disfrutando, pero la verdad es que estuve lo que quedó de noche con un dolor interno que aún llegúe a pensar, ya en mi casa, si me había desgarrado por dentro. Por suerte a la mañana siguiente, el dolor ya había pasado.

Tiempo después, le comenté a otro con el que ligué, esta misma situación y me comentó que me entendía en lo referente a lo bonito que era dormir abrazados. Me dijo además que no tenía porqué haber sexo entre nosotros si a mí no me apetecía y que podía acercarme esa noche a su casa a dormir con él…

Yo, que no me fiaba, y habiéndome dicho donde trabajaba, me acerqué a su negocio para ver al tío y hablar un poco con él. En persona me pareció majo y sincero, así que esa misma noche me acerqué a su casa.

Cenamos tranquilamente y nos acostamos. simplemente con la idea de estar abrazados y nada más. El chico me comentó que hacía mucho que no tenía pareja y que el acostarse con un tío era lo que más echaba en falta. Yo sentía lo mismo, así que me sentí afortunado de dar con alguien así (muchas veces pienso que me conformo con cosas bastante simples, pero bueno).

Todo iba genial, hasta que de repente empezó a decir que hacía mucho calor y que era mejor que nos desnudásemos del todo los dos (íbamos en gayumbos).

Al momento de estar desnudos, volvió a acurrucarse a mi lado, diciendo que así estaríamos más cómodos. Y empecé a notar como se le ponía dura detrás de mí. Aun así, como ya tenía sueño, al poco caí rendido.

No tardé demasiado en despertarme y ver como me la estaba chupando con una cara de vicio que flipaba, mientras se pajeaba mientras lo hacía. Como yo no soy de piedra, enseguida me puse a tono, claro, e incluso acabamos rematando la faena, pero con una sensación de que me habían tomado el pelo como nunca…

Luego encima tuvo la cara dura de decirme que quería volver a “dormir” conmigo al día siguiente, pero entre que el chico no me mataba demasiado y que tampoco tenía claro (otra vez) qué es lo que buscaba yo en la vida, no lo volví a ver más.

Todo esto viene a cuento porque hace pocos días, una compañera de trabajo comentó que su pareja de ahora la despertaba a todas horas por la noche para follar y que luego llegaba rendida al trabajo.

El resto de compañeras se dividieron entre la envidia por algo así, y las que decían que como su pareja las despertase para eso, le metían una patada en los huevos que se le iba a quitar la tontería para mucho tiempo.

Y es que lo que para unos puede ser una maravillla, para otros es una pesadilla, pero supongo que eso dependerá del momento y las circunstancias de cada uno, ¿no creéis?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com