Las chicas del calendario

Las chicas del calendario

Siempre que de pequeño iba con mi padre al taller mecánico del barrio, me sorprendía de la cantidad de calendarios de tías en bolas que habían colgando de las paredes.

Y encima no se podía decir que fuesen demasiado discretos, porque algunos, incluso, rozaban lo pornográfico, aunque estaban ahí, a la vista de todos.

En la actualidad esto no se ve tanto, o esa impresión tengo yo.

Gracias al respeto a la mujer, actualmente los tíos se cortan más en colgar algo así en un establecimiento público. Por educación y por cultura.

A la par que estos calendarios de tías han perdido alcance visual, los calendarios de tíos han ido en auge.

No se cuelgan en talleres ni nada (más que nada porque supongo que hay pocos gays o mujeres currando como mecánicos), pero cada año salen más y más calendarios de hombres ligeritos de ropa.

El primero de este tipo y que más éxito tiene en la actualidad, es el de Dieux du Stade.

Este calendario lleva ya más de 15 años obsequiandonos a todos con imágenes con una fuerte carga homoerótica gracias sobre todo a la cantidad de machorros que se han desnudado en sus páginas. Fue en 2001 cuando al presidente del club de rugby parisino Stad Français Paris, el señor Max Guazzini, se le ocurrió la genial idea de atraer el interés del público proponiendo a sus jugadores que enseñasen carne. Y vaya si la enseñaron.

Desde entonces los calendarios se han vendido por millones y han ido incluyendo a deportistas de otras categorías como natación, fútbol o ciclismo.

Mención aparte es el making of que suelen hacer de la grabación, donde se ve a todos los chulazos en movimiento, por si en versión estática os ha sabido a poco.

A rebufo de este éxito, y en versión castiza, tenemos el calendario de Madrid Titanes.

Este equipo de rugby español tiene el honor de ser el primer equipo de jugadores gay de España. Formado en 2012, desde el 2014 ya compite en partidos oficiales y lleva también unos años publicando su propio calendario.

Por cierto que sin salir de deporte, otro calendario también conocido es el de Gods of Sport.

Bueno, calendario o libro, porque es algo que no me ha quedado claro. Similar en concepto a lo que es ahora Dieux du Stade, solo he encontrado referencias en 2010 y en 2014 y aunque en algunas páginas hablan de éste como uno de los calendarios de tíos más famosos, desconozco si aún se sigue editando como tal.

Dejando el mundo de los deportes, y pasando al del frikismo, uno de los más originales me ha resultado el de pelirrojos (Red Hot) porque por lo menos de sale de lo que es habitual.

A los que, como a mí, les de cierto morbo el mundo rojizo, sabrán disfrutar de las fotos de estos tíos y así averiguar si todo el pelo de su cuerpo tiene el mismo color.

(Por cierto, que aparte de calendario, también editan libros con el mismo contenido)

Y por último, os hablo del más bizarro de todos con diferencia, que es el calendario ortodoxo de curas 2017.

Estos calendarios surgieron en 2012 por el colectivo rumano Orthodox priest, como un medio para condenar la homofobia imperante en la iglesia ortodoxa y por extensión, en las sociedades de Europa del este.

Si bien en algunas páginas dan credibilidad a que son curas reales los que se prestan a posar en las fotos (en actitudes desde el sadomasoquismo hasta prácticas sexuales bastante explícitas) la verdad es que son modelos los que vestidos con hábitos, aparecen en sus páginas.

Con independencia de si para reclamar algo sea necesario provocar de esta manera, hay que decir que tanto las fotos como los vídeos que presentan son, por menos habituales, bastante morbosos con lo que lo dejo por aquí para que pegueis un vistazo.

Por último añadir que así como otros años por Navidades, estaban por las calles los bomberos poniendo a la venta sus calendarios benéficos, no sé que ha pasado este año en Valencia que no he visto a ninguno, y mira que alegraban la vista.

Espero que en otras ciudades sí hayáis tenido esa suerte y que el año que viene, por aquí, se animen de nuevo.

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En la casa

En la casa

Aunque en general siempre daba con buena gente cuando quedaba con tíos, sí que es verdad que echando la vista atrás, sí que tengo también recuerdos de algunos que me salieron bastante rana.

Uno de estos últimos fue un tío que por el chat me pareció bastante agradable pero que cuando nos conocimos en persona me agobié bastante.

Alfonso se llamaba y me comentó que era médico. Me habló al principio mucho de su trabajo pero no recuerdo cómo la conversación degeneró bastante hasta acabar hablando de sexo, de lo que le gustaría que le hicieran y lo que le gustaría hacerme a mí.

Yo como muchas veces me calentaba con nada, enseguida le dije que porqué no quedábamos y me lo hacía en persona y allí que me fui (ya os he comentado varias veces que en pocas ocasiones me he traído gente a casa -manías que tiene uno-).

Nada más llegar, me sorprendió mucho la pinta que tenía este tío. Aparte de que era evidente que tenía más edad de la que me había dicho (eso es un clásico por internet), el aspecto tanto de su casa como de él eran un tanto…extrañas.

Aparte de que me abrió la puerta llevando sólo unos calzoncillos negros de rejilla para así en teoría calentarme desde el minuto uno (la verdad es que el efecto fue justo el contrario), hablaba de una forma que no sé si estaba drogado o pensaba que era sexy su forma de arrastrar las palabras.

Su casa, mientras, era como una mezcla entre síndrome de Diógenes y la casa de Alaska y Mario. Todo con un toque así como kitsh, pero en plan descuidado, guarro, como si estuviese en medio de una mudanza eterna.

De hecho le pregunté si se estaba trasladando o algo y me dijo que no, que vivía ahí prácticamente toda su vida, y como que no entendía mi pregunta…

Me llevó a su comedor y aquello ya era esperpéntico. Aparte de que no he visto persona con tan poco gusto para los colores (no me considero decorador ni nada pero es que la mezcla de telas de cebra y leopardo hacían daño a la vista…), hacía un olor como a cuarto cerrado que echaba para atrás. Las paredes más mierda no podían tener, y si en su momento habían sido blancas, ahora tenían un color entre pardo y gris oscuro. Había incluso restos de comida sobre la mesa, que yo pensé que ya le podría haber dado por arreglar un poco la casa si esperas visita, pero bueno.

A esas alturas yo ya estaba pensando de qué forma largarme de allí sin que se sintiese molesto, pero he de reconocer que a pesar de todo, el tío tenía un muy buen cuerpo y con dos arrumacos que me hizo, ya pensé lo típico de “en peores plazas te has corrido has toreado”…

Fuimos a su habitación y, por suerte, era lo mejor de la casa (aunque eso no quería decir mucho), y aparte de cierto desbarajuste de ropa sobre una silla, un armario que sería de su abuela, y un orinal de cerámica en un rincón, la cama parecía limpia.

Empezamos a darnos el lote y al poco de empezar, el tío sin querer le dio una patada a un vaso con agua que tenía sobre su mesilla, rompiéndose en mil pedazos. Entre que se fue a por la escoba y el recogedor a a arreglar un poco el estropicio, a mí la verdad es que se me empezó a bajar el calentón. Para colmo empecé a ver los libros que tenía en su estantería y eran la mar de extraños todos, con muchos libros de sectas, de apariciones marianas y de temas de extraterrestres.

Ya volvió otra vez y a mí entre unas cosas y otras ya no me apetecía hacer demasiado en esa casa. Se lo comenté de buenos modos, pero por lo visto a él le daba igual lo que yo quisiese o no quisiese hacer, así que me dijo que al menos me quedase hasta que se hiciese una paja porque le daba morbo que yo me quedase a verlo.

Y ahí me quedé, de pie al lado de su cama, como un pasmarote, mientras él se hacía una gayola a dos manos…

Una vez acabó, le dije que me alegraba si él había disfrutado, pero que yo ya me iba.

Sí que antes de irme le pregunté si realmente era médico y ejercía (más que nada por no ir nunca a su lugar de trabajo) y él, muy ofendido, se fue hasta otra habitación y me sacó, llena de polvo, la Orla de su promoción de Medicina.

Se ve que a pesar de ser más raro que un perro verde, el hombre tenía su orgullo y amor propio, claro.

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Despertares

Despertares

Pasado el susto con el loco de la colina del que os hablé en Psicosis, volví a las andadas y no tardé mucho en quedar con otro que conocí en una sala de chat.

En este caso fue el tercer y último tío con apariencia de trípode humano con el que he quedado en mi vida, después de mis experiencias que conté en La Cortina de Humo y Boogie Nights

Este hombre se llamaba Agustín y era algo más mayor que yo, aunque realmente no lo aparentaba. Quedé en su casa, a las tantas de la mañana y al poco de empezar a enrollarnos, se sacó del pantalón sus 21 cm de carne y los puso sobre una mesa al lado de una regla para que viese que no mentía.

Y fue sobre esa misma mesa donde me metió ese pedazo de polla por todos lados, haciendo que pasase una de las noches más bestiales que recuerdo (de hecho es de las pocas veces que conseguí correrme sin apenas tocarme).

Al día siguiente, me volvió a llamar. Esta vez me dijo que le apetecía que fuese otra vez a su casa pero que me quedase a dormir esa noche.

Lo de dormir, era algo que me molaba mucho. Estaba en una etapa de mi vida en la que tenía claro que iba a disfrutar del sexo y nada más, sin pareja ni nada. Pero algo en mi interior me decía muchas veces que me estaba intentado engañar a mí mismo, y el notar cómo me palpitaba el corazón al decirme lo de que quería dormir conmigo, lo demostraba.  Así que no tardé demasiado en acercarme a su casa.

Esa vez nos liamos y follamos (bueno, él a mí) en el sofá, y después de aquello, como ya era tarde, fue cuando nos fuimos a la cama.

El se puso detrás de mí, desnudo, con su brazo por encima, y con esa sensación de estar tan agustito, cogí el sueño enseguida.

No tardé mucho en despertarme y notar como “algo” intentaba abrirse camino. El tío se había animado de nuevo y ni corto ni perezoso intentó follarme en ese momento sin crema ni nada, y el dolor que sentí fue increíble. Si ya que me despierten a mitad noche me jode bastante, que me despierten haciéndome daño, todavía más…

El tío se ve que era de los del rollo de “aunque te digan que no, es que sí”, y como si mi culete fuese suyo, siguió haciendo de las suyas, con lo que el dolor todavía era mas intenso. Le dije que parase pero encima aún me cogió de los brazos para que me estuviese quieto, como si con eso yo fuese a relajarme de alguna forma…

Al final del forcejejo (porque es lo que era ya en toda regla) pude quitármelo de encima, mandándole, de paso, a la mierda. Aún me dijo que pensó que yo lo estaba disfrutando, pero la verdad es que estuve lo que quedó de noche con un dolor interno que aún llegúe a pensar, ya en mi casa, si me había desgarrado por dentro. Por suerte a la mañana siguiente, el dolor ya había pasado.

Tiempo después, le comenté a otro con el que ligué, esta misma situación y me comentó que me entendía en lo referente a lo bonito que era dormir abrazados. Me dijo además que no tenía porqué haber sexo entre nosotros si a mí no me apetecía y que podía acercarme esa noche a su casa a dormir con él…

Yo, que no me fiaba, y habiéndome dicho donde trabajaba, me acerqué a su negocio para ver al tío y hablar un poco con él. En persona me pareció majo y sincero, así que esa misma noche me acerqué a su casa.

Cenamos tranquilamente y nos acostamos. simplemente con la idea de estar abrazados y nada más. El chico me comentó que hacía mucho que no tenía pareja y que el acostarse con un tío era lo que más echaba en falta. Yo sentía lo mismo, así que me sentí afortunado de dar con alguien así (muchas veces pienso que me conformo con cosas bastante simples, pero bueno).

Todo iba genial, hasta que de repente empezó a decir que hacía mucho calor y que era mejor que nos desnudásemos del todo los dos (íbamos en gayumbos).

Al momento de estar desnudos, volvió a acurrucarse a mi lado, diciendo que así estaríamos más cómodos. Y empecé a notar como se le ponía dura detrás de mí. Aun así, como ya tenía sueño, al poco caí rendido.

No tardé demasiado en despertarme y ver como me la estaba chupando con una cara de vicio que flipaba, mientras se pajeaba mientras lo hacía. Como yo no soy de piedra, enseguida me puse a tono, claro, e incluso acabamos rematando la faena, pero con una sensación de que me habían tomado el pelo como nunca…

Luego encima tuvo la cara dura de decirme que quería volver a “dormir” conmigo al día siguiente, pero entre que el chico no me mataba demasiado y que tampoco tenía claro (otra vez) qué es lo que buscaba yo en la vida, no lo volví a ver más.

Todo esto viene a cuento porque hace pocos días, una compañera de trabajo comentó que su pareja de ahora la despertaba a todas horas por la noche para follar y que luego llegaba rendida al trabajo.

El resto de compañeras se dividieron entre la envidia por algo así, y las que decían que como su pareja las despertase para eso, le metían una patada en los huevos que se le iba a quitar la tontería para mucho tiempo.

Y es que lo que para unos puede ser una maravillla, para otros es una pesadilla, pero supongo que eso dependerá del momento y las circunstancias de cada uno, ¿no creéis?

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Toy Story

Toy Story

Si a este post tuviera que ponerle un subtítulo, sería “Madre mía cómo ha cambiado el cuento”. Y es que voy a hablar hoy de otro tipo de juguetes, digamos más para adultos.

Desde que me fui del casa del masajista que no dejaba de pensar que si yo había disfrutado, el tener que trabajar de algo así, sobando a tios unos detrás de otro, tenía que ser una pasada, así que me pillé un bote de aceite de masajes por si alguno me dejaba que se lo diese en plan amateur.

Muy pronto di con uno que por lo que me dijo en el chat, tenía los mismos morbos que yo. Empecé a contarle qué era lo que quería hacerle cuando le viese, y ya sólo hablando de eso nos pusimos cachondísimos los dos.

Quedamos a la media hora, en su casa, un adosado que estaba a las afueras de la ciudad. No tenía muy claro qué puerta era, así que cuando ya estaba en su calle, le mandé un mensajito para que me contestase. Me escribió el número de su puerta y lo más curioso fue lo que me puso a continuación:”Entras y subes”.

Me acerqué al portal y efecticamente la puerta estaba abierta. A mi derecha una escalera y subiendo tres habitaciones. Llegúe arriba y cuando me acostumbré a la oscuridad, vi que en la de mi izquierda estaba el tío tumbado boca abajo en la cama con unos slips blancos marcando culete.

Recuerdo que le comenté que si llegaba a ser un ladrón o un asesino, él mismo me lo habría puesto a huevo, pero me dijo que le había dado bastante confianza (un clásico en mi vida) y que además le molaban las sorpresas.

Me desnudé totalmente y comencé poco a poco a untarle el cuerpo con el aceite. Lo curioso es que como no lo había probado antes, no imaginaba lo escurridizo que era el líquido y poco a poco empecé a pringarle toda la cama.

Le comenté que igual era mejor poner una toalla o algo debajo, pero el tío ya había empezado a ponerse cachondo perdido y no entraba a razones, así que yo seguí a lo mío sin preocuparme ya de nada.

Llegué a la parte de su culete con los masajes y lo primero que hice fue tirarle el aceite por encima. Al ser los calzoncillos blancos, enseguida caló y empezó a trasparentarle toda la raja del culo con lo que la visión fue tremenda. Empecé a esparcírselo bien hasta que no pude más y de un tirón le quité los gayumbos colocándose él en una posición que pedía guerra claramente.

Aún quise aguantar un poco mas el tema masajes y le seguí toqueteando por las piernas hasta que llegué a los tobillos. Desde abajo, la posición del tío, brillando con el aceite, entreabierto de piernas, con los huevos y la polla asomando y el culete cada vez más en pompa era para haberle hecho varias fotos seguidas.

Al final ya dejé el aceite en el suelo y empecé a restregarme con él como si no hubiera un mañana. Mientras, le mordía la oreja que aún le ponía más cachondo de lo que ya estaba. Fui bajando hasta que le hice una comida de culo (que por cierto lo tenía totalmente rasurado) de esas antológicas.

El tío ya mas que caliente estaba hirviendo. Se le notaba por los gemidos y sobre todo por los movimientos de cadera que hacía. Incluso me apretaba la cabeza contra su culo para que no parase lo que estaba haciendo.

Así hasta que en un momento dado, se dio la vuelta boca arriba y comenzó a pajearse cara a mí. Me dijo que me levantase y me acercase a los cajones de la cómoda que tenía enfrente y sacase lo que había en el tercer cajón. Abrí sin saber muy bien qué me encontraría y fue cuando vi sus juguetitos.

Había dos consoladores, uno grande, negro, con aspecto y textura de polla real, y otro más pequeño, tipo misil, con un botón rojo en la parte trasera. Cogí ambos y me dirigí a la cama pensando en lo que iba a dar de sí la cita.

Le puse un poco de aceite al pequeño del botón rojo y rápidamente se lo metí al tío por el culo. El, automáticamente giró la ruedecita del botón rojo y aquello le empezó a vibrar.

Aunque yo esos consoladores. o similares, ya los conocía de la época en que trabajé en el SexShop (y no es algo que me llamase la atención especialmente) jamás los había visto usar a nadie tan de cerca y ver como disfrutaba de aquello el tío fue increíble.

Encima el consolador se ve que tenía como varias posiciones y en cuanto descubrí eso, empecé a aumentar la velocidad poco a poco, metiéndoselo y sacándoselo sin dejar de mirar la cara de placer del tío. Cuando llegué a la máxima velocidad llegó un momento en que el chaval comenzó a poner los ojos tan en blanco que tuve que parar, porque pensé que se me iba a quedar catatónico en cualquier momento.

En ese momento que se lo saqué, el tío no perdió comba, y fue cuando aprovechó para decirme que era momento de meterle el otro.

Yo, como soy muy bien mandao, lo unté bien de aceite y le comencé a meter el pedazo enorme de polla negra para adentro. Lo que mas me alucinó fue la facilidad con la que entraban tantos y tantos centímetros seguidos. Igual le estaba llegando ya al esófago, pero yo no podía parar de darle, hipnotizado como estaba por el espectáculo.

Él se notaba que no podía mas. Su cuerpo, entre el aceite, el sudor y los movimientos de cadera que pegaba a cada rato, estaba ya al límite y os juro que pensé que en cualquier momento se me quedaba muerto ahí mismo. Le dije que se corriese ya (estaba pajeándose pero cuando estaba apunto, el tío cabrón aun paraba y todo), y a los pocos segundos empezó a eyacular a borbotones sobre su cuerpo.

Fue ver eso y con solo tocármela un minuto yo hice lo mismo pues el morbo que me había dado toda la situación había sido bestial.

Después de acabar, pequeña charla, la ducha y para casa.

Con este chico aun quedé un par de veces más, e incluso me llegó a regalar un juguetito de los suyos (uno nuevo, no penséis mal), para que yo disfrutase también de la fiesta.

Y he de reconocer que la verdad es que “consolar” consuelan bastante, y en las épocas de soledad que todos tenemos alguna vez, cumplen su cometido muy pero que muy bien.

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Un final feliz

Un final feliz

Desde que fui al fisioterapeuta y salí medio “armado” de aquella sesión, con tantos refregones y toqueteos, que me rondaba por la cabeza dar con algún masajista que aparte de dejarme la espalda en su sitio, me acabase con un final feliz.

Dado que estaba en una etapa en mi vida en la que tenía claro que lo único que buscaba de un tío era ya placer sexual, me dio por buscar entonces en milanuncios o alguna página similar (no recuerdo exactamente a través de cuál fue).

El anuncio que me llamó la atención fue curiosamente uno que no dejaba claro el tipo de masajes que daba. En realidad se anunciaba como quiromasajista para todo tipo de dolencias tales como dolor de espalda, lumbalgias o contracturas, pero también indicaba que daba masajes relajantes. Y específicaba que masajeaba piernas y glúteos.

Igual no iba a acabar la sesión con un final como el que yo había pensado, pero el hecho de que me masajeasen bien el culo, me daba ya morbo por sí solo.

Llamé, me dijo dónde tenía la consulta, y quedamos esa misma tarde alrededor de las seis.

Nada más entrar (domicilio particular) me llamó la atención lo profesional que parecía, lo cual en ese momento, no sé si me gustaba o no (no tenía claro que tipo de “atención” me iba a prestar).

Me pasó a una habitación acondicionada al efecto, en la que aparte de la camilla, había multitud de aceites en una estantería. La habitación, olía a incienso o algo así, pues tenía una varita encendida sobre una mesilla. De fondo, música ambiente tipo chill-out.

Me dijo que depende del masaje era un precio u otro. Me comentó que el completo era desnudo, y evidentemente escogí ese.

Lo curioso es que no sólo se refería a que yo me desnudase, sino que él también se quedó como dios lo trajo al mundo.

Me tumbé sobre la camilla y comenzó a esparcir varios aceites en mi cuerpo. Algunos estaban calientes al contacto con la piel y otros más fríos, con lo que el contraste me provocaba varias reacciones.

Empezó por los pies, y luego fue subiendo. Tobillos, muslos…hasta llegar al culo.

En esa zona me abrió un poco las piernas, y noté como dejaba correr un poco de aceite entre mis nalgas. Empezó primero con un suave magreo, hasta que empecé a notar como sus dedos masajeaban suavemente la zona del ano.

Cuando llegó a esa parte dí un pequeño respingo, lo suficiente para girarme y ver que por cómo tenía él la polla en esos momentos, el masaje a él también le estaba excitando.

El siguió un rato en esa zona y luego fue subiendo a la zona de la espalda y hombros, donde también estuvo un rato largo pues me comentó que esa zona la tenía bastante contracturada (lo cual era cierto).

Una vez terminado, me dijo que me podía dar la vuelta, que también me iba a dar un masaje por delante.

Cuando me giré, podéis imaginar cómo tenía el mástil del barco, que iba viento en popa y a toda vela…

Encima el líquido preseminal salía ya a sus anchas, pues los magreos recibidos lo habían propulsado a base de bien.

El masajista al verme la polla, me preguntó, en plan irónico, si lo estaba pasando bien, a lo que yo contesté que sí, y que por lo que veía también él lo estaba disfrutando.

Me comentó entonces que no me podía ni imaginar cómo eran los tíos que iban a su consulta y que para uno que estaba bien, era normal que él también se estuviese animando de esa forma.

Tras esa breve conversación, el tío comenzó de nuevo el masaje, primero por lo pies, y luego subiendo lentamente.

De las piernas, esta vez, pasó al pecho y abdominales, que es un sitio donde no me habían dado nunca un masaje, la verdad.

También me masajeó el cráneo desde atrás.

(Os recuerdo que el masajista iba en bolas, con lo que en ese masaje craneal, tenía sus huevos y polla a escasos centímetros de mi cara).

Y finalmente pasó a hacerme un masaje en la polla.

Primero echó otro tipo de aceite (olía a coco, de eso me acordaré siempre) en la zona de mis huevos e ingles.

Pasó las manos muy suavemente…sin dejar de mirarme a la cara mientras lo hacía.

Luego el aceite lo esparció por todo el tronco de la polla y con mucha tranquilidad comenzó a hacerme una paja como no me habían hecho en la vida.

Al estar tan embadurnado de aceite, sus manos se movían con toda facilidad, desde la punta del glande hasta la base, y cada vez iba aumentando el ritmo.

De normal, para correrme, siempre he tenido que ser yo quien me lo haga, pero en esa situación, con un morbo acentuado por todo el masaje anterior, el tío en bolas a mi lado, la música, el incienso y la situación en general, yo estaba ya apunto de explotar.

Tanto que le avisé, que no iba a tardar en correrme, y él me dijo que lo hiciese, que quería que disfrutase del “masaje”.

Al instante, noté que me venían los primeros espasmos y comencé a correrme.

Ya he comentado alguna vez que yo soy bastante lechero, pero si el morbo es mayúsculo, no sólo tiro cantidad sino que encima suelto varios trallazos, y en esa ocasión fue así.

El primer perdigonazo fue directo hacia arriba, llegándole hasta el pecho al masajista.

Al ver que yo lanzaba mucho, al tío no se le ocurrió entonces otra cosa que enfocar la polla hacia a mí, para evitar que le siguiese llenando. Sin embargo, el segundo trallazo no acabó donde él esperaba, sino sobre unas cortinas que estaban a mi espalda y que tapaban la ventana de la habitación.

Al ver el peligro que tenía mi rabo, me lo volvió a girar de nuevo, con lo que el tercer lanzamiento fue a parar a la pared de mi izquierda, que encima, al ser de un color oscuro todavía hacía que resaltase más el “gotelé”.

Ya el cuarto, agotándome las reservas, cayó sobre la camilla y el suelo. Y el quinto únicamente sobre mi pierna.

Una vez recuperado (tardé unos segundos en recuperar las fuerzas) vi el estropicio de habitación que le había dejado en un momento, y me entró un ataque de vergüenza que para qué.

El dijo que no pasaba nada, que se limpiaba todo y ya estaba, pero algo molesto sí se le veía (sobre todo por la cortina, que parecía buena y se la había dejado bonita…).

Finalmente le pagué lo que habíamos señalado y me fui bastante contento, pues he de reconocer que salí mucho más feliz de como había entrado.

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Prêt-à-porter

Prêt-à-porter

Aquella tarde recuerdo que entré al chat más por inercia que por otra cosa, así que ni siquiera tenía intención de quedar con nadie si se daba el caso.

Esas veces que entraba así, lo único que hacía era leer lo que la gente ponía en el general por si alguno me llamaba la atención. Y vaya si lo hizo.

La frase que puso “fotógrafo27” me llamó la atención enseguida porque decía algo así como que si alguno quería hacerse un book de fotos erótico, esa era la ocasión.

Para una persona con un puntillo exhibicionista como yo, la posibilidad de hacerse unas cuantas fotos en bolas en plan profesional la verdad es que sonaba muy pero que muy bien, así que me puse a hablar por privado con él.

Me comentó que era fotógrafo, con un estudio bastante céntrico, y aunque hacía fotografía sobre todo de moda, de vez en cuando le gustaba hacer fotos de desnudos, y sabía que había gente no profesional a la que le molaría tener buenas fotos de ese tipo (al menos, yo no era el único).

Me dijo cuánto cobraba por hacerme las fotos aunque no consigo recordar ahora la cantidad que me dijo. Tampoco pienso que fuese mucho dinero porque sino igual me hubiese echado atrás la idea, que uno tiene sus morbos, pero tampoco me iba a dejar el sueldo por hacer algo así.

Me dijo la dirección donde tenía el estudio y quedamos en vernos una hora después.

Aprovechando que sabía su nombre y la dirección del lugar, lo busqué en google para asegurarme de que fuera cierto todo lo que me había contado, y sí, el estudio fotográfico existía, llevaba su nombre y tenía página web. E incluso tenía colgadas fotos de modelos que habían trabajado con él.

A la hora acordada llegué a lugar. Para evitar que hubiese más gente, quedamos a la hora en que cerraba el establecimiento al público, así me podría hacer las fotos más relajadamente, sin tener que atender a gente entrando y saliendo del lugar.

Lo primero que me sorprendió al ver al chaval fue lo tímido que me pareció al saludarme. Yo cuando conozco a alguien de buenas a primeras, tampoco es que sea la alegría de la huerta, pero es que a este chico ya lo ví demasiado cortado..

Me hizo pasar a una habitación contigua donde me iba a hacer las fotos y vi lo que era un estudio profesional de fotografía. La sala era totalmente blanca con los típicos paraguas esos que se ponen para evitar reflejos, detrás había una pantalla de tela también en blanco, focos de iluminación por todos lados, y algunos elementos de decoración que seguramente se usarían para las fotos, pues había una silla, un diván y un jarrón enorme con flores.

Me dijo que me me podía ir desnudando mientras él acudía a por la cámara de fotos que iba a usar para la sesión..

A mí la situación aunque en cierta forma era algo cortante (sobre todo por la actitud tan distante del fotógrafo), me empezó a dar morbo nada más empecé a desnudarme. Tanto que ya tenía la polla morcilllona y prometía que se iba a poner mucho más alegre por momentos.

Me puse en el medio de la zona de fotos y en ese momento apareció el fotógrafo con una cámara reflex de esas bastante tochas. Nada más verme, se acercó adonde estaba yo,  apuntó con el tele objetivo que llevaba y…se le cayó la cámara al suelo.

Yo por el ruido que hizo pensé que la cámara se le había hecho polvo, pero por lo visto sólo se salió el objetivo, y aunque intentó encajarlo de nuevo, no había forma. Yo en lugar de estar ahí parado intenté ayudar también, con lo que durante unos minutos la situación se volvió algo surrealista, pues ahí estaba el “modelo”, como dios lo trajo al mundo, y con una erección incipiente, intentando arreglarle la cámara al fotógrafo que en ese momento estaba como un flan de nervioso.

Cuando por fin quedó arreglado el objetivo (o eso parecía), yo volví a ponerme en el centro de la habitación esperando que el fotógrafo me hiciese alguna indicación de cómo ponerme, por la situación de las luces y cosas así.. Lo curioso es que él también parecía esperar indicaciones de algún tipo, así que durante unos segundos, ninguno de los dos supo qué hacer.

A mí a esas alturas lo que me había parecido morboso, ya estaba dejando de serlo, porque me estaba dando cuenta de que el fotógrafo parecía tener horchata en las venas.

Fui yo el que le tuvo que preguntarle entonces que cómo me ponía, si quería de espaldas o por delante, si me quedaba en el centro o en un lado más cerca de los focos.

El a esas preguntas sólo sabía decirme que me pusiese como quisiera, que como yo estuviera cómodo.

Yo cómodo estaba, pero si él era un profesional de esto, yo suponía que tendría que saber como se tenía que poner la persona a la que fotografiaba, ¿no? que se supone que se dedicaba a sacar lo mejor de sus modelos (o eso tenía entendido yo, aunque con tanto photoshop, a saber ya…)..

Cuando le dije que si era o no profesional de esto, se ve que le toqué un poco la moral y  me dijo que vale, que me pusiera de espaldas, que abriese un poco las piernas, que me iba a sacar fotos por detrás porque tenía un buen culete que daba bien en la cámara. Luego me dijo que me pusiese cara a él con los brazos detrás de mi cuello,  y que no me moviese demasiado porque el juego de sombras quedaba muy bien también. Y luego….poco más.

Era como que sólo sabía decir esas dos frases tipo “juego de sombras” y “quedaba bien en cámara” porque las repitió a partir de ese momento un montón de veces.

Aparte, que tampoco me daba ninguna indicación sobre cómo posar.

Así, si por ejemplo había que hacerse fotos tumbado, era yo el que lo proponía. Si quería hacer fotos con algo de lo que había de “atrezzo” también fui yo quien lo propuso (me hice fotos sobre el diván y sentado en la silla), y si quería fotos un poco más fuertes (me hizo una como si me estuviese masturbando), también fue  a propuesta mía.

Al final, superado ya un poco por la situación, le pregunté si me iba a hacer muchas más fotos o qué, porque tenía que ir luego a hacer un recado.

Me dijo entonces que se le había ido el santo al cielo, pero que ya me había hecho suficientes (cuando yo supuse que ni siquiera tenía claro cuántas me había sacado).

Mientras me vestía, más decepcionado que otra cosa, le dije que fuese claro, que si realmente había hecho eso alguna vez antes porque muy suelto no le había visto.

Entonces me confesó que realmente era la primera vez que hacía algo así. Pero no sólo eso sino que realmente no era ni fotógrafo ni nada, pues el estudio era de su padre (que se llamaba igual que él, por eso su nombre coincidía). Por eso también el agobio que le produjo que se le cayese la cámara, y la poca iniciativa que tenía a la hora de sacar las fotos.

Evidentemente me dijo que lo había hecho por el morbillo de fotografiar a un tío en bolas, y que no me iba a cobrar nada por la sesión.

Después de vestirme, me pasó las fotos a un USB que me dijo que llevara, y me fui de allí más decepcionado que otra cosa.

De las fotos, que aún las conservo, la verdad es que pude aprovechar sólo unas cuantas, porque la mayoría salieron más que borrosas pues era evidente que el teleobjetivo no había quedado muy bien encajado que digamos.

Pero bueno, al menos siempre podré decir que fui modelo por un día.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

El desconocido del lago

El desconocido del lago

Cuando hablé el otro día de mis primeras experiencias con las playas nudistas, se me olvidó comentar que no fue hasta ir a esos lugares cuando conocí lo que realmente era el “cruising”.

Para quien no lo sepa, el cruising es el término inglés que define la actividad de buscar sexo en lugares públicos, como parques, playas o descampados, principalmente referido a los varones homosexuales (Wikipedia dixit). En castellano, también se conoce como “cancaneo” pero como es una palabra que no me gusta demasiado, evitaré usarla en este post.

A ver, sí que conocía de oídas en qué consistía esa práctica sexual. Incluso sabía de zonas en mi ciudad donde se practicaba.

Así, en Valencia (y supongo que en el resto de ciudades de toda España y del mundo en general), siempre había oído hablar de los servicios de algunos centros comerciales y de los alrededores de la Estación de Autobuses.

O ya al aire libre, la zona del Río y los Jardines del Real (más conocidos como Viveros), donde siempre ha sido habitual a determinadas horas ver a muchos abueletes tocándose la polla cuando pasabas, señal inequívoca de que iban buscando “guerra”.

Pues bien, aunque sabía que existía, no fue hasta empezar a acudir a las playas nudistas cuando pude comprobar en qué consistía realmente.

Y es que digamos que si durante el día el público habitual suele ser de tomar el sol, bañarse y relajarse, cuando el sol empieza a caer, estas mismas playas se van llenando de otro tipo de público que va buscando “otra cosa” muy distinta.

Así, al pasar por determinadas zonas de la playa (generalmente las dunas, o el parking, o caminos algo más escondidos), puedes ver claramente a gente buscando a gente, cuando no practicando sexo abiertamente.

La primera vez que me di de bruces con esa realidad paralela, fue una tarde que estando en la playa no podía aguantarme ya de mear. Aunque sé que es una guarrada, antes que nada intenté hacer dentro del agua, pero después de casi veinte minutos a remojo tuve claro que mi vejiga en alta mar no iba a conseguir soltar ni una gota.

Así que ni corto ni perezoso me desplacé a la parte trasera de la playa, donde las dunas te separan del resto de los bañistas, dispuesto a vaciarle el agua al canario.

Mi sorpresa vino cuando al ponerme en posición de mear, vi como enseguida de detrás de unos matorrales empezaron a salir, como si fueran setas, muchos tíos con ganas de polla.

Lo que más me sorprendió fue la edad de todos ellos. Por lo que yo he visto la mayoría de gente que hace cruising son de mediana edad para arriba (con independencia de la playa adonde vayas). Mucho hombre cincuentón. Muchos con pinta de casados que tienen en estos lugares un sitio digamos “discreto” donde desahogarse y si te he visto no me acuerdo.

Viendo que con “público” tampoco iba a conseguir mear, me desplacé unos metros hasta una zona algo menos concurrida pero volvió a pasar tres cuartos de lo mismo. Al minuto varios hombres se acercaban hacia a mí magreándose la polla y los huevos como si estuviesen enseñando su mercancía.

Y es que otra cosa que siempre me ha sorprendido es que un chaval joven, con ganas, se puede hartar de comer pollas ahí mismo, pues la gente que suele hacer cruising se pirra por los chavales mucho más jóvenes que ellos.

(De hecho, incluso, últimamente es bastante habitual que chaperos jóvenes -muchos, rumanos- se paseen por esas zonas y a la mínima pidan cierta cantidad antes de empezar a hacer nada. No tengo muy claro si realmente la gente está dispuesta a pagar, pero viendo que cada año aumenta la oferta, supongo que la respuesta es afirmativa).

Al final, evidentemente, no pude mear, pero me sirvió para conocer lo que se cuece en esa parte un tanto apartada de la playa.

Esa primera vez, recuerdo además que cuando cogí el camino de vuelta hacia el coche, al pasar por los caminos, sí que llegué a ver a gente masturbándose mutuamente, o haciéndose alguna mamada, y al pasar y ver “carne fresca” como incluso incitaban para que me uniese a la fiesta que tenían montada.

Posteriormente, situaciones similares las he visto en otras playas en las que he estado (que ya iré contando), y con un tipo de público bastante similar en todas ellas.

Todo esto que cuento, está muy bien reflejado en una muy buena película llamada “El desconocido del lago” (trailer aquí).

La película, francesa, del año 2013, fue dirigida por Alain Guiraudie y protagonizada por
Pierre Deladonchamps, Christophe Paou y Patrick D’Assumçao.

Ganó el premio al mejor director en Cannes (sección Un Certain Regarde), y tuvo 8 nominaciones a los César, consiguiendo el de actor revelación.

El argumento principal es el de un asesinato cometido en una zona de cruising (un lago del Sur de Francia), pero sirve al director para mostrar todo lo que se cuece alrededor de ese mundo.

Para eso, el director se basa en escenas totalmente explícitas (mucho desnudo, mucho folleteo), pero sin dejar de lado el suspense que impregna toda la atmósfera.

Una atmósfera, por cierto, muy bien conseguida porque la película no tiene BSO (no suena nada de música durante todo el metraje) sino que todo se basa en sonidos propios de la naturaleza, consiguiendo que parece que estés viviéndolo como un personaje más de la propia película.

Por cierto, que si quereis vivirlo también en primera persona, pero por medio de la lectura, recomiendo el blog “Diario de cruising” en el que un madrileño llamado Marcos cuenta todas sus aventuras y desventuras de sus veranos en las playas del sur de Alicante

Unas playas en las que por lo visto hay mejor nivel que lo que yo he visto por las zonas que conozco, todo sea dicho. Suerte que tienen algunos, jeje.

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