A pleno sol

A pleno sol

Finiquitado ya prácticamente el verano, este año decidí pasar mis últimos días de vacaciones yendo a la playa nudista.

En estos sitios, y da igual a qué playa vayas, se suele encontrar siempre el mismo tipo de “fauna” habitual.

Por un lado, aunque cada vez menos, están aquellos que no se quitan el bañador ni por saber morir. Suelen ir solos, y se pasan el rato mirando a diestro y siniestro de una forma compulsiva. Son “mirones” de manual, que disfrutan mirando pero evitando siempre poner su cuerpo a la vista.

Después están los que yo llamo “marrones”, que son aquellos que desde primeros de mayo hasta finales de octubre se pasan el día tomando el sol hasta que tienen ese color oscuro  integral tan poco sano que más que bronceados parecen pintados.

Tras estos, estarían los que yo llamo “los desahuciados” que suelen ser tios de cincuenta y  muchos años, generalmente pienso que casados, que van a la playa a la espera de que en la zona de cruising haya movimiento. En este caso, en las dunas, pero puede ser una fábrica/casa abandonada o un bosque cercano. Aunque este grupo son los más numerosos, pocas veces se suelen enrollar entre ellos.

Luego estarían  aquellos tíos buenorros que no sé muy bien de qué van. Y digo eso porque se suelen pasear alrededor de otros tíos y subir y bajar de la zona de cruising buscando algo que no se sabe muy bien qué es. Hay gente que piensa que son chaperos (yo lo pienso) mientras otros piensan que son divas tan exigentes y narcisistas que sólo se quieren a sí mismos, rechazando a todos los que se les puedan acercar.

Después vendrían las parejitas, que están tan enamoradas que sólo se miran el uno al otro y van de la toalla al agua, entre arrumacos, con una forma de andar que más parece que floten entre algodones. (Por cierto que estas mismas parejas, años después, irán a la playa buscando a un tercero con el que enrollarse, y animar de esta forma, su monotonía conyugal…).

Y por último estarían el grupo de los solitarios como yo, que van a la playa con una revista y a escuchar algo de música entre baño y baño, disfrutando a solas del buen tiempo.

El útlimo dia antes de volverme, decidí pasar todo el día en la playa aprovechando ya los últimos rayos de sol. Estando ahí tumbado, sobre mi toalla y con mi culete blanco al aire (fruto de la marca del bañador que he llevado casi todo el verano) me dediqué a observar a todos y cada uno de los grupos de los que os he hablado.

Estando así, y un poco a mi bola también, otro solitario se puso cerca de donde yo estaba.

Un chico con barbita, de mi edad o un poco más joven, que nada más despelotarse dejó ver que estaba depilado íntegramente. Se puso boca abajo, enseñando un culazo tan bien puesto, que ni en esa postura se le deformó lo más mínimo.

Me quedé observando ese culo, ajeno a todo lo demás, cuando vi cómo empezó a apretar y soltar los cachetes, con movimientos hipnóticos para mí. Pensé en ese momento que estaba haciendo gimnasia y que por ese motivo tenía el culo que tenía. Inocente de mí, hizo un movimiento de pelvis que me hizo ver el pollón gordo que gastaba, por lo que entendí que lo que estaba haciendo con el culete eran movimientos de estar follándose la toalla…

A mí en ese momento me entró la risa floja, la verdad. El tío, al ver cómo yo sonreía (más bien me descojonaba) pensó que le había sonreído a él y comenzó a mirarme y calentarse más de la cuenta. Al momento se cambió de postura y mirando hacia mí me enseñó cómo se le había puesto ya el rabo de duro. Yo, tumbado como estaba, y que no soy de piedra, noté como mi polla comenzó a tener vida propia con lo que me la coloqué como pude… animando al tío todavía más. Fue cuando se echó saliva en la mano y comenzó a menéarsela sin dejar de mirarme.

Yo en ese momento ya no sabía donde ponerme porque, entre otras cosas, en la playa seguía paseando gente por la orilla (parejas gays, heteros, y también tías solas) y alrededor también había gente de todo tipo viendo (o no) ese espectáculo.  En eso que una gaviota en plan vuelo rasante hizo distraerme un poco, y al seguirla con la mirada dirección dunas, y volver después la mirada al tío, provoqué sin querer un malentendido total: El tío pensó que le ofrecía algo, y ni corto ni perezoso se levantó y se fue hacia las dunas (zona cruising) esperando que yo le siguiera hasta el lugar.

Pero no lo hice. Aunque tengo mi punto exhibicionista, el sexo en público no es lo mío, así que aunque fuese en una zona retirada… yo ahí en la playa no pensaba hacer nada.  Por lo menos mientras el calentón no fuese a más.

Al momento el tio volvió, con cara de incredulidad, y se volvió a poner boca abajo, volviendo como al principio a follarse la toalla sin dejar de mirarme. A mí la situación me empezó a agobiar. El tío estaba muy pero que muy bueno (demasiado) y antes de que la situación se me fuese de las manos y no pudiera controlarme decidí vestirme y largarme del lugar con el rabo (tieso) entre las piernas.

Nada más ver que me vestía para irme, el tío empezó a hacer lo mismo, y yo empecé a pensar mal…

De camino por la orilla, el tío me comenzó a seguir a una distancia prudencial. Cuando llevábamos ya un ratillo andando, me giré y le pregunté si es que él también iba andando hasta su casa pues habíamos pasado ya las dos zonas de parking.  Me dijo que sí con la cabeza y poco más.

En eso que llegó un momento en que ya se puso a mi altura.  Le pregunté entonces si era de la zona, y me dijo que no, que de un pueblo cercano y que había ido a pasar el día. ¿Andando? le pregunté yo.  Fue entonces cuando se quedó parado, me tiró mano al paquete y con un “me he quedado con ganas de chupártela”, dio media vuelta y volvió a la zona de playa de la que nos habíamos largado.

Yo me quedé flipado por la situación en sí y pensé en algo que me había estado rondando: que el tío era chapero y simplemente me había estado ofreciendo sus servicios. Estaba demasiado bueno, y con la de chulazos que había en la playa… no era lógico que se hubiese fijado en mí.

Llegué a casa y después de pegarme una ducha fría (y hacerme una paja) hablé con un amigo que me dijo que  “había tontos en el mundo y luego estaba yo, que no sabía ya ni reconocer cuándo había ligado”. Yo intenté decirle que no creía que fuese el caso, que el tío estaba tremendo y todo lo demás, a lo que me acabó diciendo que aunque era fácil levantarme la polla, “la autoestima la seguía teniendo por los suelos”.

La verdad es que al final me dejó con la duda, aunque claro, a esas alturas ya poco podía hacer. Eso sí, como anécdota de final de verano, me pareció curiosa.

Si es que lo que no me pase a mí…

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Fuego en el cuerpo

Fuego en el cuerpo

Una de las mejores cosas del verano es poder ir con menos ropa de la habitual.

Ir con pantalones largos todo el año y pasar a poder airear las piernas, bien en bañador o en bermudas, no tiene ni punto de comparación. Poder ir fresquito es una de las mejores cosas de esta época del calendario.

Y si en pantalón corto se va fresquito, ir en bolas completamente ya es todo un gustazo.

Sin embargo, aunque antes con mi ex si que acudía a las playas nudistas de forma habitual,  últimamente no me he prodigado mucho. En todo el verano, habré ido unas cuatro o cinco veces, a solas, y poco más. Y eso que este año tenía un amiguete de Twitter que me dijo que le acompañase, pero al final por una cosa o por otra nunca surgió la oportunidad. Y no surgió por culpa mía, puesto que entre que me daba pereza, y cierta vergüenza porqué no decirlo, al final lo dejé pasar.

Donde sí he practicado más el nudismo es en mi casa. De hecho creo que desde el mes de mayo o junio yo es llegar a casa y desnudarme completamente y así me paso el resto del día si es que no tengo que salir. Que salir a la calle, quiero decir, porque lo que es al balcón no tengo demasiados problemas en asomarme. Total, entre las plantas y demás, poco se podría ver desde enfrente (y si me viesen…me daría un poco igual).

Lo que veo más gracioso a la hora de estar desnudo en casa, es el hecho de hacer las tareas domésticas como Dios me trajo al mundo, aunque con algo más de pelo. Pasar la escoba, el mocho o poner la lavadora así tal cual, con la chorra al aire, es algo que siempre me ha dado cierto morbillo. Más que nada porque durante un tiempo pensé incluso en aprovecharme de la situación. Fue hace muchos años, cuando se me ocurrió ofrecer mis servicios para  tareas y reparaciones domésticas, desnudo, en plan morboso y con la idea de sacarme unas pelas. La idea se me pasó pronto. Solo necesité hacer una búsqueda en milanuncios y me di cuenta de que no era el primero al que se le había ocurrido la idea… y además que de ahí al chaperismo igual había un solo paso.

Pero bueno, volvamos al presente, y como decía,  hacer cosas de casa completamente en porra es algo que en cierta forma me pone. Pero eso, para según qué cosas es un peligro, y es que hará unas semanas, se me ocurrió ponerme a planchar la ropa acumulada de la semana…

Me puse primero con los pantalones, las  camisas, camisetas, y cuando ya estaba apunto de acabar, sin venir a cuento me animé más de la cuenta (ejem, ejem) y eso con una plancha al rojo vivo puede ser un peligro. Ni me di cuenta que la polla se me empezó a empalmar hasta que noté como el glande entraba en contacto con la base de la plancha… El berrido que dí creo que se oyó en dos manzanas a la redonda. Y eso que como buen operado de fimosis, no tengo toda la sensibilidad que debiera en la zona, pero esa placa ardiendo la noté. Vaya si la noté.

Lo primero que hice fue acudir al baño y ponerme la polla bajo el agua del grifo. Yo no quería ni mirar lo que me había hecho, sólo esperar a que se me pasase esa sensación. Cuando ya empecé a notar que el dolor pasaba fue cuando miré y digamos que no fue tan mal como esperaba: solo una marca en forma de V en la parte baja del glande.

Como mientras planchaba estaba, además en plena conversación de wasap con un amigo (y viendo la tele – como para estar atento a la plancha-) se me ocurrió mandarle la foto de la señal de mi polla para que me diese algún tipo de consejo, aprovechando que este amigo sabe absolutamente de todo. Lo primero que hizo fue descojonarse, claro, y una vez pasada la gracia ya empezó a decirme cosas que podía ponerme en la zona. Descartado el aloe vera (porque no tenía a mano) y los cubitos de hielo (por miedo a que del frío se me quedasen pegados), se le ocurrió que usase protector labial o similar que tiene un alto contenido en glicerina. Y eso hice. Durante ese y varios días después.

Finalmente el dolor pasó y la marca se fue borrando por sí sola. Y menos mal porque los primeros días incluso estuve tentado de acudir al Centro de Salud, pero sólo de imaginarme explicando la situación al médico…descarté la idea.

Así que nudismo sí, pero protección para según qué cosas, también, que aunque últimamente la use poco… le sigo teniendo aprecio.

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Cadena de favores

Cadena de favores

Cuando comenté hace poco el tema de mi reciente “asexualidad“, se me olvidó comentar un hecho que fue el que realmente me motivó a escribir sobre eso. Y es que mi amor platónico, mi crush como se dice ahora, me propuso quedar…y le dije que no. De nuevo.

Para poneros un poco en antecedentes, os diré que hace muchos años en un trabajo di con un chaval que me gustaba bastante. En realidad nos conocíamos desde pequeños, pues nuestras familias por aquel entonces tenían cierta amistad, pero con el paso del tiempo perdimos el contacto. Él, algo mayor que yo, fue quien me reconoció nada mas entrar a currar allí y durante ese tiempo nuestra relación no pasó más allá de lo laboral. El tema es que el tío estaba bastante bien. Recuerdo que muchas veces iba a currar con ganas simplemente de coincidir con él, porque me molaba ver como marcaba pectoral y sobre todo ese culete que se gastaba. Evidentemente nunca me atreví a decirle nada y cuando dejé de trabajar allí, el contacto con él también desapareció.

Con el tiempo, limpiando los contactos del Messenger, di con alguien que ya ni recordaba. Hablamos un poco, supusimos que nos habíamos conocido en algún chat gay, y no fue hasta que pusimos la cam cuando nos dimos cuenta de quiénes éramos, y sí, era él.

Ambos nos pusimos al día, yo le dije lo mucho que me gustaba de siempre pero nunca pasó nada más pues yo, para él, era como un “hermano pequeño” tal y como él me recordaba cada vez que hablábamos. Sin embargo, un día le pillé con ganas y me dijo que sin que sirviera de precedente podíamos quedar para pegar un polvo. Pero para mí ya era tarde pues por aquel entones yo había iniciado una relación y le dije que no (por primera vez).

Y volvimos a perder el contacto.

Todo esto ya lo conté en su día, pero lo que son las cosas, lo que pensé que sería un punto y final se convirtió en un punto y seguido.

Hace unos meses, trasteando por Internet, a un chaval se le ocurrió meterme en un grupo de Skype de gays que organizaban quedadas. La idea era buena, pero entre que cada vez estoy  más asocial y mis ganas de conocer gente nueva bajo mínimos, no duré ni dos días. Fue justo cuando iba a salirme del grupo cuando me entró alguien que me pareció simpático. Hablamos un rato y… ¡Voilá! otra vez era él.

Retomamos el tiempo como si no hubiera pasado nada y la amistad siguiera intacta. Yo, entre frase y frase, seguía tirándole la caña a ver si había suerte, pero no la había. Para él seguía siendo como un hermano y de ahí no se podía sacar nada más.

Hasta hace unas semanas, que me propuso, así sin más, venirse a mi casa para dormir en bolas. Y fue cuando le dije que No (por segunda vez).

¿El motivo? Pues tanto mi asexualidad como mis nulas ganas de conocer/estar con nadie más. Y vale que él no me había propuesto nada, pero mi líbido había desaparecido por completo y así se lo hice saber.

Y ése fue el desencadenante para escribir el post sobre asexualidad.

Sin embargo…

Esta vez ninguno de los dos desaparecimos y seguimos hablando por Skype como si nada, aunque sí nos planteamos que a lo tonto, desde que habíamos dejado de trabajar juntos no nos habíamos vuelto a ver, salvo por Internet.

Así que una tarde, charlando, me propuso quedar por la noche después de que él saliese del curro, a tomar algo en un pub cerca de su casa.

Y esta vez le dije que sí.  Y eso a pesar de que esa misma mañana me había hecho un esguince que me había dejado el tobillo hecho un asco. Pero no podía decir que no una vez más.

Y allí que me fui.

Cuando le vi llegar me hizo bastante ilusión ya que aunque nos habíamos visto por Internet mientras hablábamos, no era lo mismo.

A pesar del tiempo que había pasado yo le vi igual de potente que entonces, e incluso en un momento que fue al baño vi que los pantalones por detrás le quedaban igual de bien que por aquel entonces.

La conversación pronto subió de tono, pues él era consciente de lo mucho que me ponía desde siempre. Y eso le hacía gracia.

En una parte de la charla, se acordó incluso  de una propuesta que le hice en su día, de depilarle la espalda pues él me había comentado alguna vez lo difícil que se le hacía a él hacerlo por si solo.

Fue entonces cuando me dijo que eso le seguía costando horrores y que si le podía hacer el favor ya que estaba allí, de subir a su casa y ayudarle con la crema depilatoria.

No me lo tuvo que pedir dos veces.

Subimos a su casa y nos fuimos directamente al baño (pues compartía el piso y no era plan despertar al personal).

Se quitó la camiseta y pude ver entonces el pectoral que tanto morbo me daba cuando trabajábamos juntos. Peludete, sin pasarse, sí que era verdad que por hombros y espalda tenía bastante más. Cogí la crema y la unté por detrás como si le estuviese dando un masaje en el que yo era quien más disfrutaba. Tanto que me animé, diciéndole que le iba a manchar los pantalones y que no era plan… Su respuesta me sorprendió ya que, aunque no dijo nada, se bajó la ropa quedándose como Dios lo trajo al mundo.

Curiosamente en el culete no tenía casi pelo, pero aún así, le comenté que iba a ponerle también crema ya que lo tenía a mi disposicón.  A él todo esto le hacía gracia, se reía, pero nada más.  Estaba claro que a quien le daba morbo era a mí, aunque él… se dejaba hacer.

Una vez bien untado el culo de crema, había que esperar, momento en que se dio la vuelta para charlar conmigo tranquilamente (si no fuera porque él iba totalmente desnudo y yo con un bulto en la entrepierna que ya me hacía hasta daño).

Después, ya pasado el tiempo, fue el momento de quitar la crema para ver el efecto sobre su cuerpo. Y eso ya fue en la ducha. Y para que no me manchase, me propuso meterme también en bolas con él ahí dentro….

Le dije que iba armado y peligroso aunque a él no pareció importarle, más bien al contrario. Y ahí me puse, detrás de él a quitarle la crema, enjabonarle y ponerle crema hidratante mientras iba más tieso que tieso, rozando cada vez que le tocaba contra ese culazo que tantas ganas de conocer tenía.

Finalmente, salimos del baño, me invitó a una cerveza y no fue al ir a levantarme cuando mi esguince me recordó que seguía allí.

Fue cuando él me dijo que “favor con favor se paga” y cuando pensé que la noche iba a acabar de otra forma, fue cuando se ofreció a llevarme a casa en coche para no sobrecargar más mi tobillo dañado…

Cuando llegué a casa, era tal el dolor de huevos que tenía, que podían haberme amputado el pie entero que ni siquiera lo hubiese notado.

Al menos la noche sirvió para darme cuenta de que no estaba tan asexual como pensaba…

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La casa de cera

La casa de cera

Nunca he entendido el éxito de los YouTubers.

En mi época de agilipollado (ahora llamados también PostMilennials) si tenías un amigo que estaba jugando en las máquinas recreativas, estabas deseando que acabase la partida para jugar tú enseguida. Ahora la gente disfruta viendo en YouTube a gente que juega sus partidas y las va comentando. Y encima con miles de seguidores. Que no sé dónde está el interés, pero bueno.

Luego están también gente como un tal Wismichu que ha hecho una especie de película llamada “Bocadillo” que se ha llevado los peores abucheos del Festival de Sitges, con disculpas incluidas del director del certamen, por esa especie de experimento sociológico que ha creado (aquí tenéis mas información).

O también está otro llamado El Rubius, que ha conseguido tener incluso una serie de animación tipo anime producida por Movistar + (basado en el comic de mismo nombre) y que se puede ver ya mismo en su plataforma. Y cuyas críticas no están siendo demasiado buenas, por cierto.

Luego están las influencers, tipo Dulceida, las itgirls del momento,  que se dedican a dar consejos sobre  moda y  cualquier cosa inimaginable, y que tienen sus propios canales donde hablan de todo ese mundo.

El colmo ya es en Corea del Sur, donde hay gente que se pone a comer (“muk-bang” se llama), y la gente ve cómo comen rodeados de platos (aunque por lo que he leído esta moda se debe a que empieza a haber mucha gente sola y eso mitiga un poco su soledad).

Pues bien, toda esta gente,  tiene miles de seguidores que no sé muy bien porqué les siguen cuando, para mí, lo que hacen tienen cero interés.

Por haber, ahora en Internet es que hay de todo, y para todos. Por no decir de tutoriales, donde gente anónima desempaqueta cosas que ha comprado (Unboxing) para quitarte ya de paso la emoción que daba abrir en tu casa cualquier regalo que cayese en tus manos.

Curioso por cierto este mundo del Tutorial que te explica cómo hacer cualquier cosa. Sin ir más lejos. un amigo mío que compró hace poco un regalo para su hijo en un bazar (sin instrucciones) consiguió únicamente por las iniciales que descifró de la etiqueta (en chino) un tutorial que explicaba cómo montarlo.

Toda esta (larga) introducción viene a cuento porque el otro día en YouTube llegué a un tutorial creado por un señor con un canal propio que mira tú por donde, consiguió interesarme.

El Sr. en cuestión, inglés él, es un tal Jack Dunn que se dedica al noble arte de la depilación masculina.

Llegué a su canal (no me preguntéis cómo) y vi que tenía videos de tíos muy apañados  en el que, de paso que les depilaba, iba comentando el tipo de ceras que se tienen que usar para según qué zonas del cuerpo.

Yo no sabía por ejemplo que había ceras de tantos colores y consistencias, en ese mundo que hasta ese momento era un gran desconocido para mí.

Lo bueno fue que empecé a ver que había videos de tíos buenos en su camilla, donde el amigo Jack les depila mientras explica las técnicas que usa para hacerlo…

Los primeros son bastante light y les comienza depilando el entrecejo, los hombros o el pecho.

Lo  interesante viene en los videos donde el hombre se pone a explicar cómo depilar el pubis y la zona anal. Porque en esos vídeos se ve absolutamente todo y sin ningún tipo de censura.

Videos en los que en un primer plano de los genitales, el bueno de Jack comienza a moverle la polla a su cliente de un lado para otro, agarrándole bien los huevos, y con una serie de magreos que no sé como el hombre no se empalma con tanto movimiento.

De hecho en el segundo vídeo de este tipo que tiene, el chaval (más joven) un poco más animado sí que está, y no digo que tiesa, pero algo morcillona con tanto movimiento para arriba y para abajo sí que se le pone.

De depilación genital te explica tanto las “ingles brasileñas” (que en un tío lo veo raro) como la depilación del pubis de forma completa. Incluso les llega a depilar la polla a lo largo del tronco estirando tanto el rabo que parece que se lo vaya a arrancar.

Ya para rematar, para explicar como depilar la zona del culo, los tíos (he visto 3 videos así) se le ponen a cuatro patas y con un buen primer plano el hombre les pone la cera calentita por toda la raja, dejándoles el culito tan suave como el de un bebé. En estos vídeos, además, les abre tanto el culo a dos manos y se pone tan cerca que yo no sé cómo no acaba la historia con un buen beso negro pero esto ya es cosa mía….

Total que estos videos, este tipo de tutoriales sí que los acabé disfrutando porque una cosa tan visual… tan explicativa… sí que me ha hecho entender este mundo de Internet del que tan poco conocía.

Por cierto que os dejó la página web por si os ha picado la curiosidad (jeje) tanto como a mí.

http://www.jackdunn.co.uk/

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El exótico Hotel Marigold

El exótico Hotel Marigold

Estos días, hablando con un amigo del blog por e-mail (hola, Jota), he empezado a recordar mis días nudistas con mi ex. Tampoco es que estuviésemos todo el día en bolas, pero sí que es verdad que en esto del nudismo, empezamos los dos juntos.

A mí tampoco es que me apasionase demasiado al principio, pero la única forma de que él fuese a la playa era yendo a ese tipo de playas, como un aliciente, digamos, porque él muy playero tampoco es que fuera. Luego, claro, ya le fui cogiendo el gusto.

El punto más álgido, por llamarlo así, de nuestra época de nudismo fue el día en que fuimos a un hotel nudista.

Fue uno de esos veranos en que, por un motivo u otro, no coincidíamos juntos más que unos pocos días de vacaciones. Además, no recuerdo muy bien porqué, pero ese año nos pilló el toro y no habíamos decidido aún dónde irnos a descansar esos días, aunque ya estábamos a mediados de agosto.

Finalmente decidimos irnos a la Costa Brava pero con las fechas que eran tampoco teníamos muchos sitios libres donde alojarnos. Había dos opciones, o un hotel algo alejado de la costa, o escoger otro, mucho más cerca…  y que era nudista.

Escogimos este último.

De camino al lugar, recuerdo que comentábamos cómo sería aquello y la verdad es que teníamos en la cabeza una idea sacada totalmente de la serie “Benny Hill”. En concreto, en un capítulo acudían a un hotel nudista y casualmente en todas las escenas siempre había algo (una planta, un libro, una mesa…) que tapaba las “partes” de las personas.

Así que entre risas, morbillo y algo de vergüenza llegamos al lugar y nada más entrar… normalidad absoluta.

Yo daba por hecho que el personal del hotel iría vestido, eso sí, pero pensé que la clientela iría con todo al aire. Nada más lejos de la realidad. Cuando llegamos, había también allí una pareja (chico-chica) de franceses que acababa de llegar y que como nosotros, también iban vestidos. Unas chicas, que dejaban el hotel en ese momento, iban igualmente vestidas de arriba abajo.

Una vez instalados, visitamos las instalaciones y todo el mundo iba vestido, recepcionistas, clientela, personal de limpieza, etc con lo que el nudismo en el lugar brillaba por su ausencia.

El hotel era muy familiar, no tenía más de 8 habitaciones, y por lo que averiguamos lo que es el naturismo se podía practicar en la piscina  y jardín, pero no en las instalaciones comunes del hotel.

Sí que había en cambio, una especie de reservado, con jacuzzi, y cama balinesa en el exterior para pasar una noche de cena romántica y algo más (se supone, eso sí, que en bolas).

De todos los clientes del hotel, con quienes más coincidimos, curiosamente, fue con la pareja francesa que vimos el primer día al llegar.

Coincidíamos a la hora de desayunar, comer e incluso en las excursiones por los alrededores que hicimos, pero hablar, lo que se dice hablar, hablamos poco con ellos. Nos saludábamos, y nada más. Recuerdo haber pensado que lástima que el hotel no fuese nudista 100% pues el chaval, desnudo, seguro que tenía un buen polvo.

Lo bueno del hotel, aparte de que el sitio en sí era precioso, era que estaba muy cerca de una playa nudista, y claro, ahí sí que lo pudimos practicar tranquilamente.

Uno de esos días, estando en esa playa recuerdo que nos sorprendió ver llegar a un matrimonio con un chaval de unos 18 o 19 años, de padres cuarentones.  Nada más llegar se desnudaron y el padre empezó a ponerle crema a su hijo por todo el cuerpo. Y cuando digo todo, es TODO… La verdad es que nos sorprendió la situación, pensando que igual no eran familia, pero como el chaval le llamaba papá, pues mucha duda tampoco podíamos tener (aunque le estuviese poniendo crema por toda la raja del culo…). Ya la cosa subió de tono cuando empezaron a jugar en el agua, abrazarse (que más parecían refregarse), para acabar en la arena jugando a una especie de lucha grecorromana que ponía palote a cualquiera. Tal era la situación que las posturas acababan con el rabo del padre golpeando la cara del hijo, o el culete del chaval restregándose por el careto del padre…mientras la mujer/madre leía una revista del corazón como si tal cosa. Todo muy normal, vamos.

El resto de días fueron bastante mas “tranquilos” menos el último, por lo curioso.

Y es que justamente ese último día de playa me fijé que un poco mas adelante, en la orilla había un tío recostado con un pedazo de manguera increíble entre las piernas. El tío iba con su chica, que también tenía unas buenas peras, de esas que tumbada se le desparramaban por los lados. A mí ella me daba un poco igual, pero él era digno de ver por el cacho  tranca que gastaba. Tanto miré que en una de esas el tío se dio cuenta, me miró y sonrió. Le comentó algo a la chica, que también se giró y nos sonrió, y es que resulta que eran la parejita francesa que estaba alojada en nuestro mismo hotel…

Cuando se fueron, pasaron además directamente por donde estábamos nosotros y nos saludaron de manera bastante efusiva, ahí en bolas los cuatro como estábamos.

Al día siguiente, he de reconocer que tuvo su gracia volver a coincidir en el desayuno ya vestidos cuando el día anterior habíamos estado como Dios nos trajo al mundo. Al menos pudimos ver en bolas a alguien del hotel, jeje.

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La ventana de enfrente (II)

La ventana de enfrente (II)

La verdad es que este verano me está resultando bastante atípico. Entre que tengo las vacaciones más que repartidas (yo diría que troceadas) este año, y el calor que está haciendo, estoy que ni he podido desconectar del todo en vacaciones, ni tampoco estoy en el trabajo al cien por cien.

Encima, debido al calor, estoy con una sensación de apatía contínua que tampoco es muy normal que digamos. Por culpa de esta desgana, no he podido actualizar demasiado el blog durante este tiempo.

Lo curioso es que si bien sí que me había propuesto escribir algo esta semana, el hecho es que iba a hablar de otra cosa que he tenido que posponer porque la actualidad,  como siempre, manda.

Y es que como habéis visto por el título del post he decidido volver a hablar del ya famoso piso erótico-festivo de enfrente de casa de mis padres. O mejor dicho, de sus inquilinos.

Anoche me pasé por casa de mis padres, ya sabéis, a controlar un poco y regar las plantitas y como quien no quiere la cosa me volví a asomar por ver si veía algo en la ventana de enfrente.

Sin embargo,  aunque la persiana estaba subida no había nadie en su interior, o si lo había no se veía nada pues la luz estaba apagada. Además, en el balcón contíguo, el toldo estaba bajado por lo que esta vez no tenía visión ninguna.

Me quedé un rato viendo la tele antes de acostarme cuando oí un sonido de chirrido que denotaba que un toldo estaba siendo izado, me asomé y …bingo!.

Ahí estaba otra vez el maromo del que os hablé, el madurete, con unos slips negros iguales que los del otro día (espero que no use siempre los mismos, que sino…).  Estuvo un rato asomado y al poco se metió dentro donde apareció enseguida el chaval más joven, que si bien la otra vez iba con unos boxers blancos esta vez llevaba unos slips también del mismo color.

Por lo que se podía ver estaban ambos cenando, y sentados como estaban los dos en el sofá, supongo que viendo la televisión por los reflejos de luces que les iluminaban a ratos.

La verdad es que cansado como estaba, y teniendo que trabajar hoy temprano, no les presté demasiada atención en ese momento y me fui a la ducha dispuesto a refrescarme un poco antes de irme a la cama.

Fue al salir y pasar de nuevo por el comedor para cerrar la ventana cuando volví a asomarme y me di cuenta de que los vecinos estaban ya en el postre. En concreto con el helado. Y es que el joven llevaba una tarrina y cada uno con su cucharita lo compartían como buenos….¿amantes? Y es que eso denotaba algo más que una simple amistad. De hecho me recordó a mí y a mi ex, que en verano empezábamos los dos con el helado y hasta que no nos acabábamos la tarrina, como que no párabamos de zampar.

Fue pensar en mi ex, y cómo no, una sensación de melancolía me invadió de lleno, así que decidí cerrar la ventana y largarme a dormir, para así evitar pensar demasiado.

Por suerte, debido al calor no cogí el sueño pronto y en una de mis múltiples escapadas hacia la nevera a por algo fresquito, pasé de nuevo por el comedor, me asomé y ya entonces vi la luz encendida de la ventana. Esa ventana que tan buenos momentos me ha hecho pasar.

Fue pensar así y al minuto el madurete se acercó a la cama (que es lo que se veía en primer plano) y tal y como estaba se bajó los calzoncillos hasta los tobillos dejando su polla totalmente al aire. Una vez recogidos los gayumbos del suelo se giró y abrió el armario a sus espaldas, dejándome  a la vista el pedazo de culo del buen señor.

Una vez guardados los gayumbos y recogida la ropa que sacó del armario y dejó sobre la silla, el vecino se tumbó en la cama, cara arriba y debido al calor (que hacía, sí, pero que también tendría el hombre en su interior) empezó a magrearse la polla poniéndola a tono en pocos segundos. La suya y la mía, evidentemente, que a esas alturas ya estaba igual de tiesa que la que estaba viendo. Encima no sólo se tocaba el rabo sino que también se acariciaba ingles y culete, con lo que se notaba que el tío tenía ganas de fiesta…

Y la fiesta no tardó en llegar. Apareció entonces el chaval joven, se quitó los calzoncillos blancos, enseñando su polla ya en ese momento morcillona y se acercó a su ¿novio? para tocarle también el pedazo pollón que ya tenía el madurete mientras le daba un piquito bastante casto.

Y cuando parecía que iba a empezar lo bueno….fundido a negro. Alguno de los dos, se me escapa quien, apagó las luces. El chaval se acercó a la ventana (lo distinguía en la penumbra) y bajó la persiana del todo.

Supongo que de los dos, el más tímido es el chico joven. Tímido y con un aguante para el calor que es de admirar, porque con el torro que hacía ayer era para haber abierto el ventanal de par en par y que entrase el fresquito.

Bueno, el fresquito y mi mirada, claro. Que a mi me dejaron con las ganas de ver cómo acababan la noche, aunque eso no creo que les importase mucho…

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La ventana de enfrente (I)

La ventana de enfrente (I)

Los que seguís mi blog desde el principio seguro que os habréis sorprendido al ver que he vuelto a titular un post con el nombre de una película que ya usé en su momento. Sin embargo, todo tiene una explicación. De hecho este nombre es la de 1998 protagonizada por Christopher Reeve y  no la de 1954 dirigida por Hitchcok. Si de ella se hizo un remake, actualizando la historia a los nuevos tiempos, también he decidido hacer lo mismo con el post que escribí en su momento.

Me explicaré mejor.

Para quien no quiera pinchar y releerse la entrada original, sólo diré que cuando vivía en casa de mis padres, había una ventana en la finca de enfrente en la que vi de todo, empezando por un chaval que se desnudaba para ponerse el equipo de ciclista, hasta parejas follando o alguno haciéndose una paja sin cortarse un pelo. Al final ese piso se quedó vacío un tiempo y yo dejé de vivir en casa de mis padres, con lo que tampoco controlé lo que pasaba ya en ese edificio.

Pues bien, aprovechando el buen tiempo y que mis padres se han ido un tiempo a descansar fuera, a mí (que pringo todo el verano) me ha tocado ser quien se encargue de dar un vistazo al piso, regar las plantas, mirar el correo y demás.

La semana pasada entre unas cosas y otras tuve mucho lío y no fue hasta el jueves por la tarde cuando pude acercarme. Aprovechando la coyuntura (y el aire acondicionado) decidí quedarme allí a pasar la noche.

Antes de acostarme, me acerqué a bajar la persiana y sin prestar demasiada atención miré al edificio de enfrente hasta que mis ojos se fijaron en algo que me llamó la atención, y que justamente estaba en el piso que tan buenos momentos me dio en el pasado.

En el balcón estaba un hombre madurete, alto  y  con muy buen cuerpo, asomado en calzoncillos tipo slip. El hombre, de unos 45-50 años, con buen pectoral y velludete, la verdad es que daba mucho morbo, así que me quedé mirando como atontado y recordando todo lo que en su momento había visto en la misma vivienda.

Me metí para adentro, disimuladamente, pero no sin dejar de mirar por la ventana al maromo que tenía en el piso de enfrente, no fuese que en un descuido se sacase la polla o algo y yo me lo perdiese.

Sin embargo, a los pocos minutos se metió hacia adentro, en lo que era el comedor (se veía el sofá), quedando mi visión tapada por la cortina.  No habían pasado ni dos segundos cuando otros dos tíos aparecieron de repente sentándose en ese sofá del que yo tenía una visión perfecta. El primero tendría unos 30 años más o menos y llevaba unos gayumbos tipo boxers blancos que dejaban ver un perfecto paquete cuando se sentaba. El otro, algo más mayor que el anterior,  llevaba únicamente unos slips que al ser oscuros no me dejaban apreciar más detalle. Los dos de gimnasio, sin camisetas y velludetes, que parecían sacados de cualquier película de Falcon Studios o similar.

Yo, como dije entonces, nunca he compartido piso ni cuando estaba en la Universidad, así que no sé si es habitual que unos compañeros vayan así por casa. Tampoco sé si la relación que les unía era familiar… pero vamos, a mí en ese momento la relación que tuviesen ellos me importaba más bien poco, disfrutando como estaba de la visión que tenía ante mis ojos.

Pensé, eso sí,  que en mi época pajillera lo que estaba viendo me hubiese dado para soberanas pajas y para hacerme pasar horas y horas pendiente de ese edificio. Sin embargo, y aunque morbo me estaba dando, eso no iba pasar (me dije), siendo ya una persona hecha y derecha con bastantes años a mi espalda…

Fue pensar eso cuando de repente, el tío mayor salió al balcón con una pequeña toalla blanca en su cintura…que se quitó para colgarla del tendedero quedando totalmente desnudo. No contento con eso, se volvió a apoyar en la barandilla disfrutando de la buena noche que estaba haciendo (y que me estaba haciendo pasar a mí).

De polla la verdad es que el tío iba, encima,  bastante bien y cuando se metió de nuevo hacia adentro, la visión del culo también me dejó sin habla.

Y como si tal cosa se sentó entonces entre los otros dos tíos  a ver la televisión.

Me quedé un rato más, agazapado, mirando a aquellos tres hombretones. El hombre desnudo y los otros dos colegas, o familiares, o lo que fuesen, a su lado… y la verdad es que la estampa era de foto. De foto y ampliación, vamos.

Mi mente a esas alturas no se estaba quieta y ya me imaginaba que en cualquier momento los otros se quitarían también los calzoncillos, o que el del medio cogería las otras dos pollas y comenzaría a pajearlas, o que se harían unas mamadas o…

Nada de eso sucedió, claro,  aunque conociendo los antecedentes de esa casa, tampoco me hubiera extrañado.

Y es que lo pensé en su momento e insisto ahora. Hay casas en las que muere gente y queda el fantasma en su interior, ¿no? pues esta tiene que ser algo igual, pero con alguien cachondo que provoca que la gente que allí se aloje no tenga ningún reparo en desnudarse a la vista del vecindario.

Y bienvenidos sean.

Lo que está claro es que creo que este año pasaré muchas más veces de las necesarias a regar las plantas de mis padres, que digo yo que es una pena que se mueran cada verano, ¿verdad?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com