Tío Vania

Tío Vania

Ya os he hablado algunas veces en este blog de maridos que le ponen los cuernos a sus mujeres con otros hombres.

Muchos se consideran heteros curiosos o bisexuales. Pero también hay algunos que aún considerándose gays, debido a situaciones familiares o sociales, deciden casarse con una mujer para estar más “integrados” en la sociedad.

Esta forma de pensar, por suerte, ya se está perdiendo, pero existen generaciones que en su momento no veían otra opción.

Hasta ahora siempre he hablado de este tema por gente que he conocido durante estos años, o amigos de amigos, pero hace unos meses, alguien de mi entorno familiar decidió dar un paso al frente.

Mi tío (llamémosle V.), se casó hará casí 40 años cuando aún era muy joven. Durante este tiempo ha tenido tres hijos, dos chicos y una chica, esta última aún adolescente, formando, a la vista de los demás, una familia normal y corriente.

Hace poco tiempo él abandonó la casa familiar porque había “descubierto” que era gay, y que se sentía atraído por un compañero de trabajo.

El terremoto en la familia fue bastante fuerte. Muy fuerte. Algunos, sorprendidos, otros no tanto. En mi caso en concreto, nada sorprendido.

Mi sospechas respecto de él, he de confesar que ya empezaron hace años, e incluso hice velada referencia en el post de LoschicosdelBarrio. Allí os comenté que un chaval con el que me enrollé, me habló de mi tío de una forma que hacía ver que le conocía bien. Demasiado bien. Estaba claro que entre ellos algo había pasado, sin embargo, por discreción o porque no quería en aquel momento saber nada más, no quise confirmar si había habido sexo entre ellos (si bien su sonrisa dejaba lugar a pocas dudas).

Posteriormente, esas sospechas fueron en aumento.

Igual para alguien fuera de este entorno, las cosas de las que mi tío hablaba no significaban nada, pero para mí, sí. Decir, por ejemplo, que le gustaba mucho pasear por ciertos jardines de mi ciudad (donde en el mundillo gay se sabe que son famosos por el cancaneo); contar que se había apuntado al polideportivo más gay de toda Valencia (os hablé de él en un post anterior), o incluso el tipo de ropa que se compraba últimamente (en conocidas tiendas de ropa gay) me hicieron confirmar que al menos mi tío sería bisexual.

En los últimos tiempos, la situación (al menos para mis ojos) era tan evidente que llegué a pensar que su mujer, mi tía, estaría ya al tanto de todo. Que incluso serían como una pareja abierta o algo así, porque me parecía del todo increíble que ella no se hubiese dado cuenta de nada.

Así que cuando mi tío salió del armario, me pareció hasta cierto punto lógico y consecuente, aunque decir que ha sido ahora cuando ha descubierto lo suyo, es algo que no se cree ni él mismo.

La situación ahora mismo entre el matrimonio es nula, claro. Y con sus tres hijos, aunque correcta, supongo que por las circunstancias tardará todavía mucho en recomponerse.

El problema viene porque  si bien su homosexualidad, latente o no, llevaba con él muchos años, es ahora cuando en ese estado de “libertad” quiere recuperar el tiempo perdido, aún a costa de todo.

¿Es lícito hacer algo así? pues supongo que sí, claro, pero tampoco creo yo que se pueda pretender vivir una vida que no has vivido como si tuvieses veinte años. Supongo que hay una época para todo, y si actualmente rozas los 60 años, pretender ir con sudaderas y ropa juvenil e intentar cerrar todos los locales como si fueses un universitario, puede resultar un poco patético desde mi punto de vista.

Porque eso es lo que ocurre ahora. Con el compañero de trabajo se ve que no prosperó la cosa (por lo visto él también está casado pero no quiere dar ese paso), y ahora mi tío va a la caza de jovencitos descarriados, jovencitos que igual tienen la edad de su hijo mayor, sin pensar que puede resultar ridículo a estas alturas de la vida.

¿Es una crítica lo que estoy haciendo? ¿Acaso no tiene el derecho a reiniciar una nueva vida? Pues sí, claro que sí, por supuesto. Pero es la primera vez que veo de cerca cuáles son los resultados directos de un “reseteo” en toda regla, y me duele por lo que deja en el camino.

Por otro lado, contarle a todo el mundo determinadas cosas (Valencia muchas veces es un pañuelo) -básicamente anécdotas sobre los cuernos que le ponía a mí tía, orgías en las que participa, o saunas a las que va-  que tarde o temprano puede que le lleguen a oídos de familiares (como es mi caso), no me parece demasiado correcto.

Y tampoco pretender que tus padres, que ya son muy mayores, acepten con total normalidad algo que para ellos, por su mentalidad, puede que les cueste asimilar. Y contarle los pormenores de tus correrías sexuales, tampoco creo que ayude demasiado.

Supongo, y espero por su bien, que esta nueva etapa pase pronto, y al menos vuelva a ser la mitad de persona que era antes, porque no me parece justo un cambio tan radical de vida cuando quieras que no, es imposible hacer como si no existiesen 40 años de vida anterior.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

El jardinero fiel

El jardinero fiel

Mi segunda pareja se llamaba Bruno, y era, como el título indica, jardinero. Bueno, estudiante de jardinería más bien, porque el chaval era bastante más jovencito que yo.

Así como generalmente la gente con la que contactaba era de mi misma edad, o mayor, en el caso de Bruno fue al contrario. Yo contaría por entonces con 28-29 años ya, y él acababa de cumplir los 20.

Nos conocimos también por el chat y gracias sobre todo a que él mintió con su edad (me dijo que tenía 25) porque sino, seguramente ni hubiésemos llegado a quedar.

Bruno vivía de forma independiente en un piso de su abuela. Yo por aquél entonces aún vivía en casa de mis padres, con lo que fue en su casa donde nos conocimos por primera vez. Y nos conocimos follando, claro.

Yo cuando le vi ya me imaginé que había mentido con la edad porque realmente se le veía demasiado crío, pero me dio morbo follarme a alguien así, no voy a negarlo. Encima él era bastante pasivete, y a mí, por tanto, con él me salía la vena “empotradora” que saco a relucir de vez en cuando.

Fue al acabar el polvo cuando me comentó su verdadera edad (esto no es la primera vez que me lo hacen, por cierto) pero como total era un polvo y lo había disfrutado mucho, me dio un poco igual.

Sin embargo, quién lo iba a decir, la relación entre nosotros fue poco a poco a más, quedando varias veces hasta que nos dimos cuenta de que algo estaba surgiendo entre nosotros.

Poco tiempo después, ya empecé a conocer a sus amigos, y él a los míos, señal ya clara de que entre nosotros ya no había sólo sexo.

Con los suyos, nada mas conocerlos, yo me sentí bastante desubicado. Sinceramente, me sentía mayor entre ellos. Más mayor de lo que realmente era. Las conversaciones y el modo de vida de ellos (estudiantes la mayoría) chocaba demasiado con los míos, y era evidente el conflicto intergeneracional.

En el sentido contrario, con mis amigos, aunque al principio bien (mejor de lo que esperaba) al poco ya empezaron a surgir frases en plan: “asaltacunas”, “niñero” “dale el biberón” (esto con doble sentido) y cosas así que sin querer, empezaron a hacer mella en nuestra relación.

Además, a mi amigo Quique le entraron como medio celos de nuestra relación, cosa que a mí me alegró mucho, pero me hizo pensar que si realmente me gustaba estar con alguien como Quique no sabía entonces qué estaba haciendo yo con alguien como Bruno.

Por otro lado, a Bruno le gustaba que yo mantuviese esa actitud de “dominante” que tenía en la cama, también en la vida diaria, y eso a mí, no me salía demasiado. Y si me salía, era forzado. A mí en el día a día me gustaba para mí a una pareja con la que pudiese compartir la vida de igual a igual, y esa sensación un poco de padre con hijo (salvando las distancias) me estaba empezando a pasar factura.

En el sexo, mientras, de puta madre. El tenía un cuerpecito delgadito que me volvía loco. Y a pesar de que por regla general no me suelen gustar más jóvenes a él le había cogido el punto desde el primer momento. Ahí sí me salía la vena machorra que tanto le gustaba y a él podía “usarlo” como me viniese en gana para disfrute de ambos. A veces incluso le decía que era como un muñeco hinchable en la cama, que se dejaba hacer de todo, y sólo con verle reir con aquello ya se me caía la baba (de la boca, no seáis mal pensados).

Pero como he dicho muchas veces por aquí, cuando lo único que funciona bien a dos personas es el sexo y lo demás empieza a tambalearse, empiezan mis comidas de tarro, porque a mí a la larga me aburre la situación.

A diferencia de lo que ocurrió con mi primer ex (Lorenzo), esta vez no me callé mis movidas mentales y las hablé con él en todo momento. En este caso, él notaba también lo mismo que yo, que la cosa como pareja no estaba funcionando como a los dos nos gustaría, y que tarde o temprano la situación tendría un final. Y nos dimos un tiempo. Un tiempo, al menos, en que hablamos de intentar vernos menos entre nosotros, para saber si nuestra pareja tenía o no futuro.

Como remate a esta situación pasó algo que marcaría el tiempo de descuento entre nosotros. Él se fue a una especie de viaje fin de curso con la Escuela de Jardinería, y a mi se me fue la cabeza y me puse en el móvil la app del Bender (Wapo ahora) como ya os conté en el post de Infiel.

Quedé con un chaval (mayor que yo) pero no llegó a pasar nada porque me volvió la conciencia a tiempo. Cuando volvió Bruno, aunque no le hablé de lo que había pasado realmente, sí le comenté que llegados a ese punto yo creía que lo mejor era no alargar más la situación.

Aún así, nos dimos una segunda oportunidad, un tiempo más en el que ver si realmente queríamos eso, y aunque los primeros días parecieron funcionar bien, la brecha que había entre los dos (básicamente por la edad) siguió haciéndose más grande.

Finalmente cortamos, de mutuo acuerdo y sin dramas de ningún tipo, a los nueve meses de iniciar la relación (exactamente el mismo tiempo que con mi primera pareja).

Lo más curioso es que después de cortar, volvimos a follar (a petición suya, eso sí). Y ese día, siendo el último, le metí una follada de esas antológicas y difíciles de olvidar, para que me recordase siempre.

Y bueno, creo que como método de despedida cuando se acaba una relación no está mal ¿no?

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El Abuelo

El Abuelo

Los que seguís este blog desde el principio, supongo que sabéis que desde hace bastantes años, suelo ir nadar a una piscina cubierta. De hecho, mi habilidad deportiva se reduce básicamente a la práctica de bicicleta y natación, o por lo menos, son los únicos deportes que he conseguido incorporar a mi rutina diaria.

Hacer deporte fue el motivo principal que me llevó a apuntarme, pero he de reconocer que el momento vestuario, también influyó bastante.

Siendo un polideportivo municipal, durante estos años he coincidido con gente de toda edad y condición. La mayoría se suele apuntar entre septiembre y enero, y aunque algunos continúan año tras año,  la tónica habitual es que la gente no tenga demasiada constancia.

En este tiempo, en los vestuarios la verdad es que he visto de todo. Desde tíos exhibicionistas que te alegran la vista mientras se afeitan en bolas (nunca he entendido el motivo, salvo que sea para ahorrar agua en casa), pasando por jóvenes ultratímidos que se duchan en bañador y se cambian sin quitarse la toalla, hasta mirones que de una forma descarada no le quitan ojo de encima a todos los tíos de alrededor.

De uno de estos últimos os quería hablar hoy.

A ver, no es el primer voyeur descarado con el que me encuentro en los vestuarios. Recuerdo el caso de uno, hace unos años, que incluso me daba conversación cuando me veía en la ducha y no me quitaba ojo ni de la polla ni del culo (le veía reflejado en el pomo de la ducha cuando me daba la espalda). Lo curioso es que este hombre, estaba casado y con hijos pequeños (en el barrio, al fin y al cabo, de vista nos conocíamos casi todos), y aún así no se cortaba demasiado mirando.

Pero el caso del que quiero hablar es distinto porque si aquél lo hacia más o menos con disimulo (al menos si le pillabas, desviaba la mirada), lo de este hombre es de un descaro tremendo.

Este señor es bastante más mayor que yo. Para edades soy muy malo, pero estará en una edad indeterminada entre los 50 y los 60 años. De cuerpo aún está potable, incluso diría que macizorro (se nota que el que tuvo, retuvo), pero al tener el pelo y la barba totalmente blancos, tiene un aspecto que me recuerda mucho al abuelito de Heidi.

De un tiempo a esta parte sí me había dado cuenta de que cuando me cambiaba en el vestuario, el hombre no dejaba de mirarme (a los ojos) y de arriba abajo, con lo que sinceramente me cortaba un poco cambiarme delante de él.

Bueno, me cortaba pero a su vez me calentaba, porque al tener yo un punto exhibicionista, el ver a alguien como disfrutaba mirándome, me hacía venirme arriba enseguida.

Últimamente, la situación ha ido a más.

Ahora este hombre ya ha optado, si entro al vestuario, por cambiarse siempre en la taquilla más cercana a la mía, para supongo poder verme mejor de cerca. Yo siempre que está él, intento no mirarle a los ojos directamente, para que no se piense que a mí también me mola él o algo, pero aún así no puedo evitar que la polla se me ponga totalmente morcillona cuando sé que no pierde detalle de mi cuerpo.

De unos días a esta parte, incluso, si me retraso y voy a la piscina un poco más tarde de lo normal, el hombre, ya cambiado para irse a la piscina, hace como que busca algo en la taquilla simplemente para que yo me pueda cambiar y ver cómo me desnudo delante de él. (Lo tengo comprobado). Y al revés, igual. Si por alguna de aquellas él sale antes de la piscina, se va al vestuario a cambiarse y yo salgo después, él, aunque ya esté cambiado para irse, vuelve a disimular con cualquier excusa para al menos ver cómo me desnudo para meterme en las duchas (es entonces cuando, una vez me ha visto desnudo, ya se va del vestuario).

Y si coincidimos en las duchas ahí todavía es peor, porque se pone justo en la que está enfrente de la mía (son abiertas), para ver cómo me enjabono. Si hay más gente, yo no hago demasiado, pero si estamos él y yo sólos, pues qué queréis que os diga, he de reconocer que me gusta jugar con el jabón, recreándome más de la cuenta en hacerme la limpieza de bajos.

Además, si estoy de espaldas y sé que me está mirando, espero a girarme para que él me vea cuando ya tengo la polla toda gorda, y el momento en que, sin querer, juntamos las miradas y veo su cara de vicio, he de reconocer que me pone mucho.

Yo todo esto lo intento hacer con todo el disimulo posible, claro, como si realmente no supiese que me está mirando, y creo que es justo eso (el hacerme el tonto) lo que más me excita de toda la situación que os cuento.

¿Calientapollas? pues puede ser, no os digo yo que no, pero si al hombre le gusta mirar y recrearse ¿por que voy yo a quitarle ese gusto? O como dijeron una vez en la tele (creo que fue Boris Izaguirre):

¿Y quién soy yo para negarle un orgasmo a alguien?

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El bueno, el feo y el malo

El bueno, el feo y el malo

De las primeras veces que haces algo en la vida,  nunca te olvidas. Así, queda guardada en tu memoria la primera vez que vas a una discoteca, la primera vez que fumas, la primera paja, el primer polvo…y el primer trío.

Fue un sábado noche, que había salido con mis amigos (heteros) para celebrar el cumpleaños de uno de ellos y volví a casa bastante más alcoholizado de lo habitual. Además, dos colegas habían acabado la noche enseñando el culo por la calle (es lo que tiene beber mucho) y eso había hecho que volviera calentito a casa, con lo que sabía que no iba a coger el sueño si no me la cascaba antes de acostarme.

Sin embargo aquella noche no me apetecía terminarla de esa forma, así que entré en Internet por si aún podía follar con alguien. Serían ya como las cuatro de la mañana cuando contacté con un tío que me dijo que vivía con su pareja, y que les apetecía pegar un polvete con un tercero. En lugar de mandarnos fotos para vernos, decidimos poner la cam.

El chaval con el que hablaba era moreno, guapete, y por lo que se veía, de cuerpo bastante fibrado. Sin embargo, su pareja, que estaba sentado al lado de él sin hablar mucho , no me gustó nada. Era un hombre bastante mas mayor, con algo de barriga, y sin atractivo ninguno. Aún así, con el calentón que llevaba, la experiencia nueva y que de los dos de la pareja, al menos uno sí me gustaba bastante, accedí a quedar con ellos. Como vivían en una localidad cercana a mi ciudad, y a mí no me apetecía coger el coche (tampoco yo estaba en condiciones), me dijeron que vendrían ellos a recogerme y que tardarían una media hora.

(Cuando me bajé a la calle a esperarles, recuerdo que me vino a la mente que me iba a ir con dos desconocidos en un coche ajeno, y que si en ese momento me querían secuestrar y sacarme los riñones, nadie se iba a enterar de nada. Por suerte, la gente no suele ser así.)

Al poco rato, un coche azul marino grande, paró junto a mí, me abrieron la puerta y me senté detrás. Conducía el que me gustaba y de copiloto iba su pareja, el señor mayor. Nada más verlo pensé que no me había equivocado en mi apreciación inicial, y hasta le saqué un parecido, en concreto con Jose Luis Moreno, que bueno, como productor/showman o lo que sea ahora no sé como le irá, pero vamos, excitarme, a mi no me ha excitado nunca.

LLegamos a su casa, un chalet alejado de la carretera, y nada más entrar el tío que me gustaba me invitó a una copa, mientras Jose Luis (le voy a llamar así, porque no recuerdo sus nombres reales) no quiso tomar nada. Me senté en el sofá entre los dos y al poco rato ya empezaron a meterme mano. El guapo comenzó a besarme mientras el mayor fue directamente a mi bragueta.

A mí la situación me parecía muy morbosa desde que había entrado por la puerta, así que el empalme que llevaba ya era monumental. Jose Luis nada mas verme la polla, comenzó a mamarla, mientras yo seguía morreándome con su novio que era quien de verdad me gustaba.

Poco a poco empezamos a quitarnos la ropa los tres y cuando ya estuvimos en bolas, me llevaron a su habitación.

El guapo se tumbó sobre la cama y yo fui directamente a chuparle el rabo que en ese momento ya estaba apuntando al techo. Jose Luis, mientras se puso detrás de mí para poder comerme el culo.

Recuerdo que yo alternaba la polla del guapo con sus huevos, y después le besaba, y nos decíamos frases que nos iban excitando aún más. Se notaba que estábamos disfrutando los dos.

En ese momento, Jose Luis dejó mi culete y se tumbó al lado de su novio, enfocándome con su polla a la cara para que también yo se la chupase.

A mí mientras el hombre estaba o detrás de mí, o chupándome el rabo, la verdad es que estaba disfrutando del trío (porque no le veía), pero como a mí él hombre no me ponía absolutamente nada, la idea de chupársela, pues tampoco…. Así que seguí chupándosela a su novio, mientras pajeaba a Joseluis, sin mirarle.

El hombre aunque se dejaba hacer, quería algo más, claro. Intentó besar a su novio pero el novio no dejaba de morrerase conmigo a cada rato, con lo que también pasaba un poco de él (yo ahí pensé ya que si su pareja no le prestaba demasiada atención, tampoco iba a hacerlo yo…).

Al poco, el guapo se puso detrás de mí a la altura de mi culete y empezó a restregarme el rabo. Teniendo delante a Jose Luis que repito, no me gustaba nada, lo único que se me ocurrió fue comenzar a besarle en el cuello y así evitaba tener contacto visual con él.

El guapo, ya muy excitado, me dijo que iba a ir por un condón porque me quería follar, que no iba a desperdiciar un culete así de dispuesto. Le dije que sí, que yo también quería, que él me gustaba mucho…Fue en ese momento cuando Jose Luis, con evidente cara de cabreo, se levantó de golpe de la cama y se fue sin decir nada.

Yo me quedé un poco mosqueado por la situación. Le pregunté si esa reacción era normal y me dijo que sí,  que  su pareja siempre tenia que montar un número, y  que no le diese ninguna importancia.

Y que me iba a follar igualmente.

Hasta que de pronto se oyó un portazo tremendo. Ahí ya el guapo me dijo que iba a ver qué le pasaba al novio…

La discusión que oí desde el cuarto, a gritos, fue tremenda: El joven le echaba en cara que montase como siempre un circo, que era muy dramático y que estaba aburrido ya de todas sus movidas. El otro, también chillando, le decía que todos le gustaban más que él, que siempre le dejaba de lado y cosas así

Yo me asomé al pasillo y para rebajar el tono dije que me iba a vestir y me iba, que no era plan seguir ahí en esa situación.

Me volví a la habitación a cambiarme y al instante llegó el guapete pidiéndome disculpas por todo, y que no era plan que yo me fuese así. Se agachó y comenzó a hacerme una mamada mientras me tocaba el culo .

Yo la verdad es que en ese momento flipé, pero como el tio me molaba, la polla la verdad es que al segundo volvió a ponerse firme. Encima tenía el agobio de que si Jose Luis salía de la habitación en donde se había encerrado y volvía y pillaba a su novio tragando tranquilamente, la situación podía volverse aún mas dramática.

Al poco noté como el orgasmo me venía y solté el semen sobre su pecho justo cuando oía como el novio abría su habitación y salía al pasillo.

El chico se limpió rápido y salió a atender al novio como si nada.

Me vestí y el guapete me dijo que me acercaba a casa. El otro,nada más oír eso dijo que él también me acompañaba, supongo que por miedo a que me liase con el otro en el coche  o algo.

La vuelta se hizo totalmente en silencio y ya al llegar a casa y despedirme el chaval me dijo que sentía la noche que me habían dado, me dio un beso, y me guiñó un ojo. (Su pareja, ni me miró)

Gracias a esta primera experiencia, surrealista como pocas, me gustaría aconsejar lo siguiente:

  •  A las parejas: Si váis a hacer un trío, por favor, tened claras las cosas, porque por lo que he podido comprobar, siempre es uno el que arrastra al otro a hacer algo así, y eso, creedme, en la cama, se nota.
  • A los novatos: Intentad que si vais a estar con una pareja, os gusten las dos personas con las que vais a acostaros, porque de verdad que se pasa mucho mejor.

Posteriormente he hecho otros tríos y aunque las situaciones mejoraron progresivamente, creo que es de las pocas fantasías que he realizado  en la vida real que no han sido ni de coña tan morbosas como me imaginaba.

Sí que es cierto que mis tríos nunca han sido como los que se ven en las películas de todos follando con todos, dobles penetraciones o cosas así, tal vez por eso me sigue excitando más verlo en la ficción que recordar las experiencias que yo mismo he tenido.

¿Y vosotr@s que experiencias teneis con tríos?

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El Graduado

El Graduado

En paralelo a lo que me iba ocurriendo en la vida real, con el tema de Raquel y Guillermo, yo seguía cultivando mi vida virtual, buscando gente para pegar un polvo de vez en cuando.

A Andrés le conocí un domingo por la tarde y en este caso tenía bien claro que lo único que iba a haber entre nosotros, era un revolcón.

Así como en otros casos, sí que esperaba, al menos indirectamente, quedar para follar y a ver si de paso podía surgir algo más (aunque igual no conscientemente, en el fondo sí lo hacía), en el caso de Andrés, el interés era puramente sexual.

Más que nada porque me llevaba más de 20 años.

Si yo por aquel entonces debía contar con unos 23 o 24 años, él tenía ya 46, aunque como se dice en estos casos, muy bien llevados.

Cuando contactamos por Internet, y me dijo su edad, mi primera reacción recuerdo que fue decirle lo típico de “eres demasiado mayor para mí”, pero seguimos hablando y me dí cuenta de que en el fondo me atraía el hecho de poder estar con alguien de esa edad. Siempre he tenido muchas fantasías y morbos, y una de ellas, era esa. Después de la charla, me mandó una foto y ya me ganó del todo.

Andrés, era moreno, algo más bajo que yo, y en la foto que me mandaba iba vestido con traje (era comercial). A mí los tíos con traje, pues qué queréis que os diga, siempre me han dado morbo. Así que se lo dije, y le comenté si no le importaba (aunque fuese domingo), esperarme así vestido en su casa.

Y me dijo que sí, claro.

Cuando llegué a su casa y me abrió la puerta, con un traje gris oscuro, su camisa y su corbata, flipé.

La típica charla para romper un poco el hielo y luego ya empezamos a meternos mano. En un momento dado me puse de pié y le dije que él también lo hiciera, para así poder desnudarle yo mismo.

Recuerdo que el hecho tener delante de mí a un madurito, trajeado, y que se iba dejando desnudar poco a poco, hizo que se me fuese poniendo la polla a mil.

Empecé por los zapatos, calcetines y luego los pantalones, hasta que le dejé en calzoncillos. Llevaba unos gayumbos blancos, y el empalme ya en ese momento era más que evidente.

Luego le desabroché la camisa botón a botón, calentándole todavía más. Intenté desanudarle la corbata, pero no pude, así que le cogí de ella como si fuese una correa y me lo llevé a la cama.

Si eso había sido morboso, follar con él fue una gozada. El era bastante versátil así que si primero se dejó hacer de todo, después, adoptando el rol de activo, me reventó a mí por todos lados.

Una vez acabamos, me despedí y me fui para mi casa.

Así como otras veces me iba pensando que ojalá volviésemos a encontrarnos, en ese caso no fue así, porque había cumplido una fantasía, la había disfrutado y pensaba que eso era todo.

Sin embargo no podía estar más equivocado…

Al día siguiente, Andrés me mandó un sms diciéndome lo mucho que había disfrutado. Él acababa de salir de una relación de muchos años y me dijo que esa tarde necesitaba algo así, pero que quería que lo volviésemos a repetir.

Y fui esa misma noche. Y dos días después volví a ir. Y otra tarde, y luego otra…

En total fue una relación que se alargó durante casi 6 meses. Una relación basada únicamente en el sexo, por lo menos por mi parte, porque en ese sentido sí que me enganché muchísimo.

Además, es que en cuestión de morbos también éramos parecidos, y siempre me esperaba vestido de traje, aunque fuese fin de semana,  para poder disfrutar de esa fantasía mía.

También le gustaba, como a mí, follar en sitios que no tenían porqué ser la cama, así que durante ese tiempo, follamos en la cocina, mesa del comedor, la ducha…incluso en el cuarto de contadores de su finca, un día que saltó la instalación eléctrica y lo bajamos a arreglar.

Después de follar, muchas veces me quedaba a cenar, a dormir, algunas a desayunar, veíamos alguna película, oíamos música, etc.

Fue una relación perfecta durante ese tiempo salvo que no salíamos de su casa…nunca.

Él al principio dijo que entendía mis reparos, por la diferencia de edad, por el qué dirán. Pero con el tiempo, él tenía la esperanza de que yo pudiese cambiar, que algún día no muy lejano, consiguiese superar esos “miedos” e iniciar una relación sentimental con él.

Sin embargo, aunque lo pasaba muy bien estando a su lado, eso nunca pasó.

Aparte, como dije al principio, esto sucedía cuando poco a poco me iba abriendo al mundo gay, a través de mi salida del armario con Guillermo, o mi amistad con Raquel, pero entendía que en esa parte de mi vida, Andrés no me aportaba nada realmente.

¿Y por qué no paré esa relación tiempo antes si sabía que no iba a ningún lado? Pues porque disfrutaba mucho follando con él, eso lo primero. Y lo segundo porque fue la primera vez en que me di cuenta que el sentirse querido por alguien también se disfrutaba, aunque realmente yo no estuviese sintiendo exactamente lo mismo por él.

Llegó un momento en que supe que eso tenía que acabar, y siempre que iba a su casa, iba con la intención de cortar con él, decirle que hasta aquí habíamos llegado, pero acabábamos siempre en la cama (o en el sofá, o en la cocina), y después de eso era difícil decir nada…

Hasta que un día, no aguantó más y explotó. Me dijo que se ahogaba entre las cuatro paredes de su casa, que necesitaba un cambio, salir conmigo a la calle, poder presentarme a algún amigo suyo, algo. Y en ese momento…tampoco pude decirle que era mejor dejarlo, así que nos fuimos al cine, a ver una película (no recuerdo cuál), que me apetecía ver.

Y de camino al cine, pasó lo que tenía que pasar, que unos compañeros (tampoco eran amigos) de la Facultad, me vieron y se pararon a saludarme.

Igual ni se percataron en la existencia de Andrés a mi lado, o si se percataron, tal vez no le dieron ninguna importancia. Pero mi mente no me decía eso, claro.

En el cine, no pude ni seguir el hilo de la película pensando que qué habrían pensado, que estaba claro que sabían que estábamos liados, que qué vergüenza, que si era muy mayor,  que si tal que si cual.

Una vez terminada la película, volvimos a su casa, y hablamos. Y decidimos (mejor dicho, decidí), que lo mejor era dejarlo.

Por él no, por él hubiésemos seguido más tiempo, esperando que yo cambiase, que mi forma de ver las cosas fuese distinta, pero eso, a corto plazo por lo menos con él, no iba a pasar.

A veces me arrepiento un poco porque creo que al alargar la situación tanto en el tiempo el daño que le hice fue aún mayor, pero supongo que de todo se aprende, y aunque a veces siento que igual jugué un poco con él, guardo un buen recuerdo de aquellos meses.

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El Mariachi

El Mariachi

La primera vez que llegó internet a mi casa, lo que más valoré, aparte de poder ver porno a todas horas, fue el poder comunicarme con otros que “entendían” perfectamente por lo que estaba pasando.

Como mucha gente, el primer chat que conocí (de hecho creo que no conozco a día de hoy ninguno más) fue el de chueca.

Puse un nick cualquiera y me puse a hablar con todo el que pillaba en el canal. Entonces no era como ahora, en la que todo el mundo busca sexo, sin más, no. Por aquél entonces la gente hablaba, tenían conversación, más allá del “cuanto te mide” y del “eres pasivo?”.

Un nick que me llamó la atención fue el de  ORION38.

A mí siempre me ha atraído la civilización egipcia y por si no lo sabéis, hay estudios que afirman que las Pirámides de Giza están orientadas hacia la constelación de Orión, de ahí que se sospeche que la separación entre ellas no fue aleatoria. Yo esos estudios los conocía, y la persona bajo ese nick también, con lo que la conversación desde el primer momento resultó muy fácil.

El chico (mayor que yo), me comentó que era mexicano, pero que llevaba viviendo en Zaragoza por su trabajo de ingeniero ya 7 años y que vivía con su novio. Yo le conté mas o menos mi vida también y estuvimos hablando durante bastante tiempo esa primera vez.

Cuando acabamos, nos intercambiamos los e-mails para seguir en contacto, puesto que no había ni skype, ni wassap, ni messenger, ni nada que se le pareciese.

Estuvimos escribiéndonos alrededor de 2 meses. Como vivíamos lejos y además él tenía pareja, la posibilidad de conocernos era bastante remota, de ahí que igual, por esa sensación de “no buscar nada”,  nos podíamos contar de todo: fantasías, morbos, sentimientos, alegrías, penas…

Hasta que un día, por casualidades de la vida, se nos dio la posibilidad de conocernos.

Yo por aquella época (primeros años de la universidad), me apuntaba a varios cursos de esos de verano para poder complementar mis estudios. Como aquellos que me interesaban los ofertaban varias universidades, yo eché la solicitud a todas ellas, pero justamente la única que aceptó mi solicitud fue la de Zaragoza.

Así que se lo dije, nos intercambiamos teléfonos y para Zaragoza que me fui.

De la semana que estuve por allí, por cuestión de horarios míos y suyos (y de su novio -para no coincidir-), sólo pudimos vernos tres días.

El primero, quedamos en la puerta de la residencia de estudiantes donde me alojé esa semana.  Aunque ya nos conocíamos por fotos, verlo en persona, me impactó.

Era muy moreno, más bajito que yo, y muy guapo. Se le notaba que hacía bastante deporte porque se le marcaba bastante el pectoral en la camisa que llevaba. Me pareció muy atractivo.

Nos saludamos y nos fuimos a cenar. La sensación era como si nos conociéramos de toda la vida aunque en persona nos acabásemos de conocer. Pasamos una cena muy entretenida, y después, me acercó otra vez en el coche a la residencia. Y ya está. Ni siquiera nos besamos, nos despedimos y dijimos que nos veríamos a la noche siguiente.

Yo la verdad es que esa primera noche me quedé algo decepcionado, y claro, qué es lo primero que piensas? que no le has gustado. Que nos habíamos caído muy bien pero ya está.

También es verdad que él tenía pareja, y bueno, pudiera ser que él no quisiera ponerle los cuernos, pero sinceramente, a mí en ese momento, su pareja me importaba bastante poco.

A la noche siguiente me mandó un sms diciendo que por el trabajo no podía quedar a cenar conmigo, pero que si quería, después, me invitaba a tomar algo. Le dije que sí, claro, y me recogió sobre las 11 de la noche.

Nada mas subir al coche me dijo: “Siento si anoche la despedida resultó un poco fría, pero era tarde y mi novio esperaba ya en casa. Sin embargo hoy no está. Me gustaría que pasases la noche conmigo”

Uffff, creo que mi empalme fue instantáneo “Vamos a tu casa ya”, es lo que único que le dije.

Fue dejar el coche en su garaje y empezar a besarnos. Nos seguimos besando en el ascensor y en la entrada de su casa. Una vez dentro me llevó a su habitación sin dejar de morrearnos.  Yo estaba que no me lo creía.

Él era bastante mas mayor que yo, pero esa sensación de “protección” es la que más me gustaba de él.  Al contrario, yo para él era un estudiante jovencito, y además “virgen”, con todo el morbo añadido que eso tenía, según me comentó después.

Recuerdo tenerlo a él encima y empezar a meterle mano porque quería tocarle el culo. Y madre mía que culo tenía (tengo fijación por los culos, desde siempre).

Le dije que diese la vuelta que se tumbase él en la cama y le bajé los pantalones y los calzoncillos de golpe. Quería verle la polla. Me gustaría decir que tenía una buena herramienta, porque dicen que los bajitos…. pues ya se sabe… pero vamos, no.. Era bastante proporcionada al resto del cuerpo, y ya está, pero a mí me encantó, jeje.

De ahí pasamos a hacer un 69 porque él tambien quería. Mientras me empezó a meter dos dedos por el culo para que yo disfrutara todavía más.

En un momento dado, y como quien no quiere la cosa, saqué unos condones que iban conmigo en la cartera desde hacía tiempo. El se sorprendió, porque yo había pasado de “mosquita muerta” a llevar la iniciativa , pero le gustó ese cambio. Sin embargo, el primer condón que cogimos se rompió a la primera. Y el segundo, igual. Vamos, que estaban mas caducados que caducados…

Pero bueno, para jugar tampoco hacían falta condones.

Nos pasamos no sé ni cuanto tiempo chupando, lamiendo, jugueteando, disfrutando.

Al final yo no podía aguantar más y le dije que se diese la vuelta que quería correrme sobre su culo. Y vaya si lo hice, solté una de chorros que me quedaron los huevos como dos pasas, jeje . Recuerdo que él, al notar como le caía por la espalda y el culo, dijo “Tío, parece que me estés  meando”.

Él después de aquello, se giró sobre mí y se corrió sobre mi polla y huevos, quedando los dos, agotados.

Luego nos duchamos y me quedé a dormir, hasta las seis de la mañana que me fui para no cruzarme con su novio.

A la mañana siguiente, me acompaño a la estación a despedirse de mí. Le di un beso en el coche, y le dije que había disfrutado mucho. Él me dijo que me cuidase y que siempre se acordaría de mí.

Me hubiese gustado decir que a la vuelta hacia mi casa, fui muy feliz, pensando en cómo se había desarrollado todo, sin embargo me había empezado ya  una sensación de agobio que me acompañaría los próximos meses….

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