El hombre invisible

El hombre invisible

Hará unos cinco años recuerdo estar un día, en la playa tomando el sol tranquilamente, cuando ví a un señor pasear por la orilla. Me fijé en él por el slip fardahuevos que llevaba y porque a pesar de ser un hombre madurete, aún tenía un aspecto bastante agradable.

El hombre paseaba de arriba abajo y cuando se cruzaba con algún chaval en su camino le miraba directamente a los ojos. Se notaba que intentaba dar señales como que estaba en el mercado, y que además quería rollo. No lo hacía en plan descarado, ni molesto, pero dejaba bien claro del pie del que cojeaba.

Estuvo un buen rato paseando hasta que se cansó, y se volvió hacia su toalla dispuesto a largarse del lugar. Pasó entonces por mi lado y pude ver en su rostro la imagen de alguien abatido,  desanimado, derrotado. Esoy seguro de que no era la primera vez que intentaba ligar y volvía  a su casa en la soledad más absoluta, y literalmente con el rabo entre las piernas. Como si no existiera, como si fuera el hombre invisible.

A día de hoy, me siento como ese hombre.

Y es que rebasar determinada edad, complica muchas cosas.  Es algo parecido a lo que pasa en el mundo del cine, cuando las actrices dicen que no hay papeles para mujeres mayores de 40 años, que es como si no existiesen, como si desapareciesen. Que sólo hay papeles para jovencitas o para madres y abuelas de los protagonistas.

Todo esto lo vengo a decir porque intentar, en el mundo gay, con 40 años (y sin tener un cuerpazo) ligar es tarea complicada por no decir imposible.

El chat, que tantos buenos momentos me dio en el pasado es ahora mismo algo totalmente distinto a lo que fue. O por lo menos yo no lo recuerdo así. Hubo una época en la que en el chat general tú hablabas con la gente, tenías una conversación sobre cualquier cosa y si veías que congeniabas, entonces ya pasabas al privado (el lugar donde terminase la charla ya era otra cosa)

A día de hoy, las conversaciones se reducen a “¿Alguno quiere polla?” “busco gente que me empotre en grupo”, “¿Alguno folla a pelo?” y variantes de estas tres frases.  Y eso sí, cuidado con la edad que pones, que entonces te arriesgas a que no te entre ni el tato. Es justo ahora cuando entiendo a la gente que mentía con la edad y siempre se quedaba en los 39 por muchos años que pasasen. Pones que tienes tu edad real y ya no hay nada que hacer. Comprobado.

Por otro lado,, las aplicaciones, tipo Grindr y Wapo, siempre han servido para lo que han servido: follar. Pero ahí tenemos el mismo problema. En un mercado de la carne como ése, si quieres mojar el churro has de tener un buen físico y o te has machacado en el gimnasio durante los años anteriores o con 40 años cumplidos, el paso del tiempo ya se empieza a reflejar. Y o estás dispuesto a usar filtros, o Photoshop directamente, o esperas lo imposible. Pero al menos hay una pequeña esperanza, y es que en ese submundo a los jovencitos parece que les gusta la gente “madura”… (yo no me veo encuadrado en el grupo de los “maduretes” pero por lo que parece me han metido ya aunque no quiera). ¿El problema? que nunca me ha gustado la gente jovencita en el sexo (no sé en el futuro lo que diré sobre eso), ni como posible pareja.

Por ultimo quedaría la opción fuera de internet. Intentar ligar por el ambiente que es algo que hoy por hoy ni me lo planteo. Sobre eso ya he hablado alguna vez por aquí, y si no  me gustaba antes,  no creo que me vaya a gustar ahora, con unos cuantos años más sobre la espalda…

¿Entonces que queda?

Pues evidentemente NADA.

Igual lo mejor es centrarse en uno mismo un tiempo y dejar de buscar. Muchas veces cuando menos te lo esperas, encuentras algo (aunque si os soy sincero nunca he creído en esa frase…)

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

 

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El Graduado

El Graduado

En paralelo a lo que me iba ocurriendo en la vida real, con el tema de Raquel y Guillermo, yo seguía cultivando mi vida virtual, buscando gente para pegar un polvo de vez en cuando.

A Andrés le conocí un domingo por la tarde y en este caso tenía bien claro que lo único que iba a haber entre nosotros, era un revolcón.

Así como en otros casos, sí que esperaba, al menos indirectamente, quedar para follar y a ver si de paso podía surgir algo más (aunque igual no conscientemente, en el fondo sí lo hacía), en el caso de Andrés, el interés era puramente sexual.

Más que nada porque me llevaba más de 20 años.

Si yo por aquel entonces debía contar con unos 23 o 24 años, él tenía ya 46, aunque como se dice en estos casos, muy bien llevados.

Cuando contactamos por Internet, y me dijo su edad, mi primera reacción recuerdo que fue decirle lo típico de “eres demasiado mayor para mí”, pero seguimos hablando y me dí cuenta de que en el fondo me atraía el hecho de poder estar con alguien de esa edad. Siempre he tenido muchas fantasías y morbos, y una de ellas, era esa. Después de la charla, me mandó una foto y ya me ganó del todo.

Andrés, era moreno, algo más bajo que yo, y en la foto que me mandaba iba vestido con traje (era comercial). A mí los tíos con traje, pues qué queréis que os diga, siempre me han dado morbo. Así que se lo dije, y le comenté si no le importaba (aunque fuese domingo), esperarme así vestido en su casa.

Y me dijo que sí, claro.

Cuando llegué a su casa y me abrió la puerta, con un traje gris oscuro, su camisa y su corbata, flipé.

La típica charla para romper un poco el hielo y luego ya empezamos a meternos mano. En un momento dado me puse de pié y le dije que él también lo hiciera, para así poder desnudarle yo mismo.

Recuerdo que el hecho tener delante de mí a un madurito, trajeado, y que se iba dejando desnudar poco a poco, hizo que se me fuese poniendo la polla a mil.

Empecé por los zapatos, calcetines y luego los pantalones, hasta que le dejé en calzoncillos. Llevaba unos gayumbos blancos, y el empalme ya en ese momento era más que evidente.

Luego le desabroché la camisa botón a botón, calentándole todavía más. Intenté desanudarle la corbata, pero no pude, así que le cogí de ella como si fuese una correa y me lo llevé a la cama.

Si eso había sido morboso, follar con él fue una gozada. El era bastante versátil así que si primero se dejó hacer de todo, después, adoptando el rol de activo, me reventó a mí por todos lados.

Una vez acabamos, me despedí y me fui para mi casa.

Así como otras veces me iba pensando que ojalá volviésemos a encontrarnos, en ese caso no fue así, porque había cumplido una fantasía, la había disfrutado y pensaba que eso era todo.

Sin embargo no podía estar más equivocado…

Al día siguiente, Andrés me mandó un sms diciéndome lo mucho que había disfrutado. Él acababa de salir de una relación de muchos años y me dijo que esa tarde necesitaba algo así, pero que quería que lo volviésemos a repetir.

Y fui esa misma noche. Y dos días después volví a ir. Y otra tarde, y luego otra…

En total fue una relación que se alargó durante casi 6 meses. Una relación basada únicamente en el sexo, por lo menos por mi parte, porque en ese sentido sí que me enganché muchísimo.

Además, es que en cuestión de morbos también éramos parecidos, y siempre me esperaba vestido de traje, aunque fuese fin de semana,  para poder disfrutar de esa fantasía mía.

También le gustaba, como a mí, follar en sitios que no tenían porqué ser la cama, así que durante ese tiempo, follamos en la cocina, mesa del comedor, la ducha…incluso en el cuarto de contadores de su finca, un día que saltó la instalación eléctrica y lo bajamos a arreglar.

Después de follar, muchas veces me quedaba a cenar, a dormir, algunas a desayunar, veíamos alguna película, oíamos música, etc.

Fue una relación perfecta durante ese tiempo salvo que no salíamos de su casa…nunca.

Él al principio dijo que entendía mis reparos, por la diferencia de edad, por el qué dirán. Pero con el tiempo, él tenía la esperanza de que yo pudiese cambiar, que algún día no muy lejano, consiguiese superar esos “miedos” e iniciar una relación sentimental con él.

Sin embargo, aunque lo pasaba muy bien estando a su lado, eso nunca pasó.

Aparte, como dije al principio, esto sucedía cuando poco a poco me iba abriendo al mundo gay, a través de mi salida del armario con Guillermo, o mi amistad con Raquel, pero entendía que en esa parte de mi vida, Andrés no me aportaba nada realmente.

¿Y por qué no paré esa relación tiempo antes si sabía que no iba a ningún lado? Pues porque disfrutaba mucho follando con él, eso lo primero. Y lo segundo porque fue la primera vez en que me di cuenta que el sentirse querido por alguien también se disfrutaba, aunque realmente yo no estuviese sintiendo exactamente lo mismo por él.

Llegó un momento en que supe que eso tenía que acabar, y siempre que iba a su casa, iba con la intención de cortar con él, decirle que hasta aquí habíamos llegado, pero acabábamos siempre en la cama (o en el sofá, o en la cocina), y después de eso era difícil decir nada…

Hasta que un día, no aguantó más y explotó. Me dijo que se ahogaba entre las cuatro paredes de su casa, que necesitaba un cambio, salir conmigo a la calle, poder presentarme a algún amigo suyo, algo. Y en ese momento…tampoco pude decirle que era mejor dejarlo, así que nos fuimos al cine, a ver una película (no recuerdo cuál), que me apetecía ver.

Y de camino al cine, pasó lo que tenía que pasar, que unos compañeros (tampoco eran amigos) de la Facultad, me vieron y se pararon a saludarme.

Igual ni se percataron en la existencia de Andrés a mi lado, o si se percataron, tal vez no le dieron ninguna importancia. Pero mi mente no me decía eso, claro.

En el cine, no pude ni seguir el hilo de la película pensando que qué habrían pensado, que estaba claro que sabían que estábamos liados, que qué vergüenza, que si era muy mayor,  que si tal que si cual.

Una vez terminada la película, volvimos a su casa, y hablamos. Y decidimos (mejor dicho, decidí), que lo mejor era dejarlo.

Por él no, por él hubiésemos seguido más tiempo, esperando que yo cambiase, que mi forma de ver las cosas fuese distinta, pero eso, a corto plazo por lo menos con él, no iba a pasar.

A veces me arrepiento un poco porque creo que al alargar la situación tanto en el tiempo el daño que le hice fue aún mayor, pero supongo que de todo se aprende, y aunque a veces siento que igual jugué un poco con él, guardo un buen recuerdo de aquellos meses.

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