El Graduado

El Graduado

En paralelo a lo que me iba ocurriendo en la vida real, con el tema de Raquel y Guillermo, yo seguía cultivando mi vida virtual, buscando gente para pegar un polvo de vez en cuando.

A Andrés le conocí un domingo por la tarde y en este caso tenía bien claro que lo único que iba a haber entre nosotros, era un revolcón.

Así como en otros casos, sí que esperaba, al menos indirectamente, quedar para follar y a ver si de paso podía surgir algo más (aunque igual no conscientemente, en el fondo sí lo hacía), en el caso de Andrés, el interés era puramente sexual.

Más que nada porque me llevaba más de 20 años.

Si yo por aquel entonces debía contar con unos 23 o 24 años, él tenía ya 46, aunque como se dice en estos casos, muy bien llevados.

Cuando contactamos por Internet, y me dijo su edad, mi primera reacción recuerdo que fue decirle lo típico de “eres demasiado mayor para mí”, pero seguimos hablando y me dí cuenta de que en el fondo me atraía el hecho de poder estar con alguien de esa edad. Siempre he tenido muchas fantasías y morbos, y una de ellas, era esa. Después de la charla, me mandó una foto y ya me ganó del todo.

Andrés, era moreno, algo más bajo que yo, y en la foto que me mandaba iba vestido con traje (era comercial). A mí los tíos con traje, pues qué queréis que os diga, siempre me han dado morbo. Así que se lo dije, y le comenté si no le importaba (aunque fuese domingo), esperarme así vestido en su casa.

Y me dijo que sí, claro.

Cuando llegué a su casa y me abrió la puerta, con un traje gris oscuro, su camisa y su corbata, flipé.

La típica charla para romper un poco el hielo y luego ya empezamos a meternos mano. En un momento dado me puse de pié y le dije que él también lo hiciera, para así poder desnudarle yo mismo.

Recuerdo que el hecho tener delante de mí a un madurito, trajeado, y que se iba dejando desnudar poco a poco, hizo que se me fuese poniendo la polla a mil.

Empecé por los zapatos, calcetines y luego los pantalones, hasta que le dejé en calzoncillos. Llevaba unos gayumbos blancos, y el empalme ya en ese momento era más que evidente.

Luego le desabroché la camisa botón a botón, calentándole todavía más. Intenté desanudarle la corbata, pero no pude, así que le cogí de ella como si fuese una correa y me lo llevé a la cama.

Si eso había sido morboso, follar con él fue una gozada. El era bastante versátil así que si primero se dejó hacer de todo, después, adoptando el rol de activo, me reventó a mí por todos lados.

Una vez acabamos, me despedí y me fui para mi casa.

Así como otras veces me iba pensando que ojalá volviésemos a encontrarnos, en ese caso no fue así, porque había cumplido una fantasía, la había disfrutado y pensaba que eso era todo.

Sin embargo no podía estar más equivocado…

Al día siguiente, Andrés me mandó un sms diciéndome lo mucho que había disfrutado. Él acababa de salir de una relación de muchos años y me dijo que esa tarde necesitaba algo así, pero que quería que lo volviésemos a repetir.

Y fui esa misma noche. Y dos días después volví a ir. Y otra tarde, y luego otra…

En total fue una relación que se alargó durante casi 6 meses. Una relación basada únicamente en el sexo, por lo menos por mi parte, porque en ese sentido sí que me enganché muchísimo.

Además, es que en cuestión de morbos también éramos parecidos, y siempre me esperaba vestido de traje, aunque fuese fin de semana,  para poder disfrutar de esa fantasía mía.

También le gustaba, como a mí, follar en sitios que no tenían porqué ser la cama, así que durante ese tiempo, follamos en la cocina, mesa del comedor, la ducha…incluso en el cuarto de contadores de su finca, un día que saltó la instalación eléctrica y lo bajamos a arreglar.

Después de follar, muchas veces me quedaba a cenar, a dormir, algunas a desayunar, veíamos alguna película, oíamos música, etc.

Fue una relación perfecta durante ese tiempo salvo que no salíamos de su casa…nunca.

Él al principio dijo que entendía mis reparos, por la diferencia de edad, por el qué dirán. Pero con el tiempo, él tenía la esperanza de que yo pudiese cambiar, que algún día no muy lejano, consiguiese superar esos “miedos” e iniciar una relación sentimental con él.

Sin embargo, aunque lo pasaba muy bien estando a su lado, eso nunca pasó.

Aparte, como dije al principio, esto sucedía cuando poco a poco me iba abriendo al mundo gay, a través de mi salida del armario con Guillermo, o mi amistad con Raquel, pero entendía que en esa parte de mi vida, Andrés no me aportaba nada realmente.

¿Y por qué no paré esa relación tiempo antes si sabía que no iba a ningún lado? Pues porque disfrutaba mucho follando con él, eso lo primero. Y lo segundo porque fue la primera vez en que me di cuenta que el sentirse querido por alguien también se disfrutaba, aunque realmente yo no estuviese sintiendo exactamente lo mismo por él.

Llegó un momento en que supe que eso tenía que acabar, y siempre que iba a su casa, iba con la intención de cortar con él, decirle que hasta aquí habíamos llegado, pero acabábamos siempre en la cama (o en el sofá, o en la cocina), y después de eso era difícil decir nada…

Hasta que un día, no aguantó más y explotó. Me dijo que se ahogaba entre las cuatro paredes de su casa, que necesitaba un cambio, salir conmigo a la calle, poder presentarme a algún amigo suyo, algo. Y en ese momento…tampoco pude decirle que era mejor dejarlo, así que nos fuimos al cine, a ver una película (no recuerdo cuál), que me apetecía ver.

Y de camino al cine, pasó lo que tenía que pasar, que unos compañeros (tampoco eran amigos) de la Facultad, me vieron y se pararon a saludarme.

Igual ni se percataron en la existencia de Andrés a mi lado, o si se percataron, tal vez no le dieron ninguna importancia. Pero mi mente no me decía eso, claro.

En el cine, no pude ni seguir el hilo de la película pensando que qué habrían pensado, que estaba claro que sabían que estábamos liados, que qué vergüenza, que si era muy mayor,  que si tal que si cual.

Una vez terminada la película, volvimos a su casa, y hablamos. Y decidimos (mejor dicho, decidí), que lo mejor era dejarlo.

Por él no, por él hubiésemos seguido más tiempo, esperando que yo cambiase, que mi forma de ver las cosas fuese distinta, pero eso, a corto plazo por lo menos con él, no iba a pasar.

A veces me arrepiento un poco porque creo que al alargar la situación tanto en el tiempo el daño que le hice fue aún mayor, pero supongo que de todo se aprende, y aunque a veces siento que igual jugué un poco con él, guardo un buen recuerdo de aquellos meses.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com