Los juegos del hambre

Los juegos del hambre

La primera vez que me di cuenta de que me gustaban los tíos, fue en los vestuarios del colegio. Recuerdo a un amigo al que ya le había salido toda la pelambrera (a mí aún no), y me quedé flipado con la imagen de él saliendo de la ducha y secándose mientras hablábamos normalmente.

Yo creo que con esa imagen me hice mi primera paja.

La siguiente vez de la que tengo recuerdos fue en el viaje fin de curso, de 8º de EGB, en el que nos pusimos a jugar en la habitación de un amigo, haciendo el bestia, y el que perdía tenía que aguantar el culo de uno en la cara durante 30 segundos. Yo perdí varias veces, claro está. Jajaja.

Con esos juegos tuve para varias pajas.

Lo curioso es que en esa primera época también recuerdo tener la típica foto de Sabrina colgada en la habitación (vaya peras gastaba) y hacer las primeras tonterías con chicas. Supongo que mi cabeza estaba como una olla a presión y las hormonas revolucionadas.

Otro recuerdo que tengo con tíos fue jugando a médicos con un vecino y su hermana. La verdad es que de eso recuerdo poco, sólo que levantaba una sábana y ahí estaba mi vecinito todo tieso delante de su hermana y de mí. Os juro que es el único recuerdo que tengo, ni de lo que pasó antes, ni de lo de después. La memoria es lo que tiene, jeje.

También me acuerdo de ir con unos amigos del colegio a casa de uno y ponernos ciegos viendo las revistas porno que guardaba su padre en un altillo del armario. Yo, claro está, me fijaba siempre en los rabos de los actores, y mis amigos en las tías. Hasta que empezamos a pajearnos, y entonces también me fijaba en los rabos de mis amigos, jejeje.

(Por cierto que al padre de mi amigo me lo sigo encontrando muchas veces por la calle y no dejo de pensar en si aún tendrá las revistas guardadas en el altillo).

Y de las revistas, un día pasas ya a ver películas.

Las primeras, con colegas, eran de heteros, claro. Bueno, miento, la primera película porno que vi fue “Blancanieves y los siete enanitos porno” que trajo un amigo que se supone que era el menos cortado del grupo y va y se le ocurre alquilar eso, de dibujos animados, en lugar de una real. Que hace falta ser imbécil para alquilar algo así cuando estábamos que nos salía el semen por las orejas. Aún así, viendo la peli, nos la sacamos y a la zambomba.

Eso era verdadera amistad, y no lo de ahora, jejejeje.

Por cierto que luego recuerdo haber acompañado al colega este para alquilar ya películas con actores reales (no nos fiábamos de él)  y haciendo el gilipolllas allí , mirando las carátulas, riéndonos  y tal, derribar completamente la estantería del porno al volcarse hacia atrás. Yo creo no haber pasado más vergüenza en mi vida.

Y ya después llega un momento en que te armas de valor y sales a la búsqueda de películas porno gay, y claro, esas cosas ya las empecé a hacer solo.

Pero eso da para otro post.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

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