A pleno sol

A pleno sol

Finiquitado ya prácticamente el verano, este año decidí pasar mis últimos días de vacaciones yendo a la playa nudista.

En estos sitios, y da igual a qué playa vayas, se suele encontrar siempre el mismo tipo de “fauna” habitual.

Por un lado, aunque cada vez menos, están aquellos que no se quitan el bañador ni por saber morir. Suelen ir solos, y se pasan el rato mirando a diestro y siniestro de una forma compulsiva. Son “mirones” de manual, que disfrutan mirando pero evitando siempre poner su cuerpo a la vista.

Después están los que yo llamo “marrones”, que son aquellos que desde primeros de mayo hasta finales de octubre se pasan el día tomando el sol hasta que tienen ese color oscuro  integral tan poco sano que más que bronceados parecen pintados.

Tras estos, estarían los que yo llamo “los desahuciados” que suelen ser tios de cincuenta y  muchos años, generalmente pienso que casados, que van a la playa a la espera de que en la zona de cruising haya movimiento. En este caso, en las dunas, pero puede ser una fábrica/casa abandonada o un bosque cercano. Aunque este grupo son los más numerosos, pocas veces se suelen enrollar entre ellos.

Luego estarían  aquellos tíos buenorros que no sé muy bien de qué van. Y digo eso porque se suelen pasear alrededor de otros tíos y subir y bajar de la zona de cruising buscando algo que no se sabe muy bien qué es. Hay gente que piensa que son chaperos (yo lo pienso) mientras otros piensan que son divas tan exigentes y narcisistas que sólo se quieren a sí mismos, rechazando a todos los que se les puedan acercar.

Después vendrían las parejitas, que están tan enamoradas que sólo se miran el uno al otro y van de la toalla al agua, entre arrumacos, con una forma de andar que más parece que floten entre algodones. (Por cierto que estas mismas parejas, años después, irán a la playa buscando a un tercero con el que enrollarse, y animar de esta forma, su monotonía conyugal…).

Y por último estarían el grupo de los solitarios como yo, que van a la playa con una revista y a escuchar algo de música entre baño y baño, disfrutando a solas del buen tiempo.

El útlimo dia antes de volverme, decidí pasar todo el día en la playa aprovechando ya los últimos rayos de sol. Estando ahí tumbado, sobre mi toalla y con mi culete blanco al aire (fruto de la marca del bañador que he llevado casi todo el verano) me dediqué a observar a todos y cada uno de los grupos de los que os he hablado.

Estando así, y un poco a mi bola también, otro solitario se puso cerca de donde yo estaba.

Un chico con barbita, de mi edad o un poco más joven, que nada más despelotarse dejó ver que estaba depilado íntegramente. Se puso boca abajo, enseñando un culazo tan bien puesto, que ni en esa postura se le deformó lo más mínimo.

Me quedé observando ese culo, ajeno a todo lo demás, cuando vi cómo empezó a apretar y soltar los cachetes, con movimientos hipnóticos para mí. Pensé en ese momento que estaba haciendo gimnasia y que por ese motivo tenía el culo que tenía. Inocente de mí, hizo un movimiento de pelvis que me hizo ver el pollón gordo que gastaba, por lo que entendí que lo que estaba haciendo con el culete eran movimientos de estar follándose la toalla…

A mí en ese momento me entró la risa floja, la verdad. El tío, al ver cómo yo sonreía (más bien me descojonaba) pensó que le había sonreído a él y comenzó a mirarme y calentarse más de la cuenta. Al momento se cambió de postura y mirando hacia mí me enseñó cómo se le había puesto ya el rabo de duro. Yo, tumbado como estaba, y que no soy de piedra, noté como mi polla comenzó a tener vida propia con lo que me la coloqué como pude… animando al tío todavía más. Fue cuando se echó saliva en la mano y comenzó a menéarsela sin dejar de mirarme.

Yo en ese momento ya no sabía donde ponerme porque, entre otras cosas, en la playa seguía paseando gente por la orilla (parejas gays, heteros, y también tías solas) y alrededor también había gente de todo tipo viendo (o no) ese espectáculo.  En eso que una gaviota en plan vuelo rasante hizo distraerme un poco, y al seguirla con la mirada dirección dunas, y volver después la mirada al tío, provoqué sin querer un malentendido total: El tío pensó que le ofrecía algo, y ni corto ni perezoso se levantó y se fue hacia las dunas (zona cruising) esperando que yo le siguiera hasta el lugar.

Pero no lo hice. Aunque tengo mi punto exhibicionista, el sexo en público no es lo mío, así que aunque fuese en una zona retirada… yo ahí en la playa no pensaba hacer nada.  Por lo menos mientras el calentón no fuese a más.

Al momento el tio volvió, con cara de incredulidad, y se volvió a poner boca abajo, volviendo como al principio a follarse la toalla sin dejar de mirarme. A mí la situación me empezó a agobiar. El tío estaba muy pero que muy bueno (demasiado) y antes de que la situación se me fuese de las manos y no pudiera controlarme decidí vestirme y largarme del lugar con el rabo (tieso) entre las piernas.

Nada más ver que me vestía para irme, el tío empezó a hacer lo mismo, y yo empecé a pensar mal…

De camino por la orilla, el tío me comenzó a seguir a una distancia prudencial. Cuando llevábamos ya un ratillo andando, me giré y le pregunté si es que él también iba andando hasta su casa pues habíamos pasado ya las dos zonas de parking.  Me dijo que sí con la cabeza y poco más.

En eso que llegó un momento en que ya se puso a mi altura.  Le pregunté entonces si era de la zona, y me dijo que no, que de un pueblo cercano y que había ido a pasar el día. ¿Andando? le pregunté yo.  Fue entonces cuando se quedó parado, me tiró mano al paquete y con un “me he quedado con ganas de chupártela”, dio media vuelta y volvió a la zona de playa de la que nos habíamos largado.

Yo me quedé flipado por la situación en sí y pensé en algo que me había estado rondando: que el tío era chapero y simplemente me había estado ofreciendo sus servicios. Estaba demasiado bueno, y con la de chulazos que había en la playa… no era lógico que se hubiese fijado en mí.

Llegué a casa y después de pegarme una ducha fría (y hacerme una paja) hablé con un amigo que me dijo que  “había tontos en el mundo y luego estaba yo, que no sabía ya ni reconocer cuándo había ligado”. Yo intenté decirle que no creía que fuese el caso, que el tío estaba tremendo y todo lo demás, a lo que me acabó diciendo que aunque era fácil levantarme la polla, “la autoestima la seguía teniendo por los suelos”.

La verdad es que al final me dejó con la duda, aunque claro, a esas alturas ya poco podía hacer. Eso sí, como anécdota de final de verano, me pareció curiosa.

Si es que lo que no me pase a mí…

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Fuego en el cuerpo

Fuego en el cuerpo

Una de las mejores cosas del verano es poder ir con menos ropa de la habitual.

Ir con pantalones largos todo el año y pasar a poder airear las piernas, bien en bañador o en bermudas, no tiene ni punto de comparación. Poder ir fresquito es una de las mejores cosas de esta época del calendario.

Y si en pantalón corto se va fresquito, ir en bolas completamente ya es todo un gustazo.

Sin embargo, aunque antes con mi ex si que acudía a las playas nudistas de forma habitual,  últimamente no me he prodigado mucho. En todo el verano, habré ido unas cuatro o cinco veces, a solas, y poco más. Y eso que este año tenía un amiguete de Twitter que me dijo que le acompañase, pero al final por una cosa o por otra nunca surgió la oportunidad. Y no surgió por culpa mía, puesto que entre que me daba pereza, y cierta vergüenza porqué no decirlo, al final lo dejé pasar.

Donde sí he practicado más el nudismo es en mi casa. De hecho creo que desde el mes de mayo o junio yo es llegar a casa y desnudarme completamente y así me paso el resto del día si es que no tengo que salir. Que salir a la calle, quiero decir, porque lo que es al balcón no tengo demasiados problemas en asomarme. Total, entre las plantas y demás, poco se podría ver desde enfrente (y si me viesen…me daría un poco igual).

Lo que veo más gracioso a la hora de estar desnudo en casa, es el hecho de hacer las tareas domésticas como Dios me trajo al mundo, aunque con algo más de pelo. Pasar la escoba, el mocho o poner la lavadora así tal cual, con la chorra al aire, es algo que siempre me ha dado cierto morbillo. Más que nada porque durante un tiempo pensé incluso en aprovecharme de la situación. Fue hace muchos años, cuando se me ocurrió ofrecer mis servicios para  tareas y reparaciones domésticas, desnudo, en plan morboso y con la idea de sacarme unas pelas. La idea se me pasó pronto. Solo necesité hacer una búsqueda en milanuncios y me di cuenta de que no era el primero al que se le había ocurrido la idea… y además que de ahí al chaperismo igual había un solo paso.

Pero bueno, volvamos al presente, y como decía,  hacer cosas de casa completamente en porra es algo que en cierta forma me pone. Pero eso, para según qué cosas es un peligro, y es que hará unas semanas, se me ocurrió ponerme a planchar la ropa acumulada de la semana…

Me puse primero con los pantalones, las  camisas, camisetas, y cuando ya estaba apunto de acabar, sin venir a cuento me animé más de la cuenta (ejem, ejem) y eso con una plancha al rojo vivo puede ser un peligro. Ni me di cuenta que la polla se me empezó a empalmar hasta que noté como el glande entraba en contacto con la base de la plancha… El berrido que dí creo que se oyó en dos manzanas a la redonda. Y eso que como buen operado de fimosis, no tengo toda la sensibilidad que debiera en la zona, pero esa placa ardiendo la noté. Vaya si la noté.

Lo primero que hice fue acudir al baño y ponerme la polla bajo el agua del grifo. Yo no quería ni mirar lo que me había hecho, sólo esperar a que se me pasase esa sensación. Cuando ya empecé a notar que el dolor pasaba fue cuando miré y digamos que no fue tan mal como esperaba: solo una marca en forma de V en la parte baja del glande.

Como mientras planchaba estaba, además en plena conversación de wasap con un amigo (y viendo la tele – como para estar atento a la plancha-) se me ocurrió mandarle la foto de la señal de mi polla para que me diese algún tipo de consejo, aprovechando que este amigo sabe absolutamente de todo. Lo primero que hizo fue descojonarse, claro, y una vez pasada la gracia ya empezó a decirme cosas que podía ponerme en la zona. Descartado el aloe vera (porque no tenía a mano) y los cubitos de hielo (por miedo a que del frío se me quedasen pegados), se le ocurrió que usase protector labial o similar que tiene un alto contenido en glicerina. Y eso hice. Durante ese y varios días después.

Finalmente el dolor pasó y la marca se fue borrando por sí sola. Y menos mal porque los primeros días incluso estuve tentado de acudir al Centro de Salud, pero sólo de imaginarme explicando la situación al médico…descarté la idea.

Así que nudismo sí, pero protección para según qué cosas, también, que aunque últimamente la use poco… le sigo teniendo aprecio.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Cadena de favores

Cadena de favores

Cuando comenté hace poco el tema de mi reciente “asexualidad“, se me olvidó comentar un hecho que fue el que realmente me motivó a escribir sobre eso. Y es que mi amor platónico, mi crush como se dice ahora, me propuso quedar…y le dije que no. De nuevo.

Para poneros un poco en antecedentes, os diré que hace muchos años en un trabajo di con un chaval que me gustaba bastante. En realidad nos conocíamos desde pequeños, pues nuestras familias por aquel entonces tenían cierta amistad, pero con el paso del tiempo perdimos el contacto. Él, algo mayor que yo, fue quien me reconoció nada mas entrar a currar allí y durante ese tiempo nuestra relación no pasó más allá de lo laboral. El tema es que el tío estaba bastante bien. Recuerdo que muchas veces iba a currar con ganas simplemente de coincidir con él, porque me molaba ver como marcaba pectoral y sobre todo ese culete que se gastaba. Evidentemente nunca me atreví a decirle nada y cuando dejé de trabajar allí, el contacto con él también desapareció.

Con el tiempo, limpiando los contactos del Messenger, di con alguien que ya ni recordaba. Hablamos un poco, supusimos que nos habíamos conocido en algún chat gay, y no fue hasta que pusimos la cam cuando nos dimos cuenta de quiénes éramos, y sí, era él.

Ambos nos pusimos al día, yo le dije lo mucho que me gustaba de siempre pero nunca pasó nada más pues yo, para él, era como un “hermano pequeño” tal y como él me recordaba cada vez que hablábamos. Sin embargo, un día le pillé con ganas y me dijo que sin que sirviera de precedente podíamos quedar para pegar un polvo. Pero para mí ya era tarde pues por aquel entones yo había iniciado una relación y le dije que no (por primera vez).

Y volvimos a perder el contacto.

Todo esto ya lo conté en su día, pero lo que son las cosas, lo que pensé que sería un punto y final se convirtió en un punto y seguido.

Hace unos meses, trasteando por Internet, a un chaval se le ocurrió meterme en un grupo de Skype de gays que organizaban quedadas. La idea era buena, pero entre que cada vez estoy  más asocial y mis ganas de conocer gente nueva bajo mínimos, no duré ni dos días. Fue justo cuando iba a salirme del grupo cuando me entró alguien que me pareció simpático. Hablamos un rato y… ¡Voilá! otra vez era él.

Retomamos el tiempo como si no hubiera pasado nada y la amistad siguiera intacta. Yo, entre frase y frase, seguía tirándole la caña a ver si había suerte, pero no la había. Para él seguía siendo como un hermano y de ahí no se podía sacar nada más.

Hasta hace unas semanas, que me propuso, así sin más, venirse a mi casa para dormir en bolas. Y fue cuando le dije que No (por segunda vez).

¿El motivo? Pues tanto mi asexualidad como mis nulas ganas de conocer/estar con nadie más. Y vale que él no me había propuesto nada, pero mi líbido había desaparecido por completo y así se lo hice saber.

Y ése fue el desencadenante para escribir el post sobre asexualidad.

Sin embargo…

Esta vez ninguno de los dos desaparecimos y seguimos hablando por Skype como si nada, aunque sí nos planteamos que a lo tonto, desde que habíamos dejado de trabajar juntos no nos habíamos vuelto a ver, salvo por Internet.

Así que una tarde, charlando, me propuso quedar por la noche después de que él saliese del curro, a tomar algo en un pub cerca de su casa.

Y esta vez le dije que sí.  Y eso a pesar de que esa misma mañana me había hecho un esguince que me había dejado el tobillo hecho un asco. Pero no podía decir que no una vez más.

Y allí que me fui.

Cuando le vi llegar me hizo bastante ilusión ya que aunque nos habíamos visto por Internet mientras hablábamos, no era lo mismo.

A pesar del tiempo que había pasado yo le vi igual de potente que entonces, e incluso en un momento que fue al baño vi que los pantalones por detrás le quedaban igual de bien que por aquel entonces.

La conversación pronto subió de tono, pues él era consciente de lo mucho que me ponía desde siempre. Y eso le hacía gracia.

En una parte de la charla, se acordó incluso  de una propuesta que le hice en su día, de depilarle la espalda pues él me había comentado alguna vez lo difícil que se le hacía a él hacerlo por si solo.

Fue entonces cuando me dijo que eso le seguía costando horrores y que si le podía hacer el favor ya que estaba allí, de subir a su casa y ayudarle con la crema depilatoria.

No me lo tuvo que pedir dos veces.

Subimos a su casa y nos fuimos directamente al baño (pues compartía el piso y no era plan despertar al personal).

Se quitó la camiseta y pude ver entonces el pectoral que tanto morbo me daba cuando trabajábamos juntos. Peludete, sin pasarse, sí que era verdad que por hombros y espalda tenía bastante más. Cogí la crema y la unté por detrás como si le estuviese dando un masaje en el que yo era quien más disfrutaba. Tanto que me animé, diciéndole que le iba a manchar los pantalones y que no era plan… Su respuesta me sorprendió ya que, aunque no dijo nada, se bajó la ropa quedándose como Dios lo trajo al mundo.

Curiosamente en el culete no tenía casi pelo, pero aún así, le comenté que iba a ponerle también crema ya que lo tenía a mi disposicón.  A él todo esto le hacía gracia, se reía, pero nada más.  Estaba claro que a quien le daba morbo era a mí, aunque él… se dejaba hacer.

Una vez bien untado el culo de crema, había que esperar, momento en que se dio la vuelta para charlar conmigo tranquilamente (si no fuera porque él iba totalmente desnudo y yo con un bulto en la entrepierna que ya me hacía hasta daño).

Después, ya pasado el tiempo, fue el momento de quitar la crema para ver el efecto sobre su cuerpo. Y eso ya fue en la ducha. Y para que no me manchase, me propuso meterme también en bolas con él ahí dentro….

Le dije que iba armado y peligroso aunque a él no pareció importarle, más bien al contrario. Y ahí me puse, detrás de él a quitarle la crema, enjabonarle y ponerle crema hidratante mientras iba más tieso que tieso, rozando cada vez que le tocaba contra ese culazo que tantas ganas de conocer tenía.

Finalmente, salimos del baño, me invitó a una cerveza y no fue al ir a levantarme cuando mi esguince me recordó que seguía allí.

Fue cuando él me dijo que “favor con favor se paga” y cuando pensé que la noche iba a acabar de otra forma, fue cuando se ofreció a llevarme a casa en coche para no sobrecargar más mi tobillo dañado…

Cuando llegué a casa, era tal el dolor de huevos que tenía, que podían haberme amputado el pie entero que ni siquiera lo hubiese notado.

Al menos la noche sirvió para darme cuenta de que no estaba tan asexual como pensaba…

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

El exótico Hotel Marigold

El exótico Hotel Marigold

Estos días, hablando con un amigo del blog por e-mail (hola, Jota), he empezado a recordar mis días nudistas con mi ex. Tampoco es que estuviésemos todo el día en bolas, pero sí que es verdad que en esto del nudismo, empezamos los dos juntos.

A mí tampoco es que me apasionase demasiado al principio, pero la única forma de que él fuese a la playa era yendo a ese tipo de playas, como un aliciente, digamos, porque él muy playero tampoco es que fuera. Luego, claro, ya le fui cogiendo el gusto.

El punto más álgido, por llamarlo así, de nuestra época de nudismo fue el día en que fuimos a un hotel nudista.

Fue uno de esos veranos en que, por un motivo u otro, no coincidíamos juntos más que unos pocos días de vacaciones. Además, no recuerdo muy bien porqué, pero ese año nos pilló el toro y no habíamos decidido aún dónde irnos a descansar esos días, aunque ya estábamos a mediados de agosto.

Finalmente decidimos irnos a la Costa Brava pero con las fechas que eran tampoco teníamos muchos sitios libres donde alojarnos. Había dos opciones, o un hotel algo alejado de la costa, o escoger otro, mucho más cerca…  y que era nudista.

Escogimos este último.

De camino al lugar, recuerdo que comentábamos cómo sería aquello y la verdad es que teníamos en la cabeza una idea sacada totalmente de la serie “Benny Hill”. En concreto, en un capítulo acudían a un hotel nudista y casualmente en todas las escenas siempre había algo (una planta, un libro, una mesa…) que tapaba las “partes” de las personas.

Así que entre risas, morbillo y algo de vergüenza llegamos al lugar y nada más entrar… normalidad absoluta.

Yo daba por hecho que el personal del hotel iría vestido, eso sí, pero pensé que la clientela iría con todo al aire. Nada más lejos de la realidad. Cuando llegamos, había también allí una pareja (chico-chica) de franceses que acababa de llegar y que como nosotros, también iban vestidos. Unas chicas, que dejaban el hotel en ese momento, iban igualmente vestidas de arriba abajo.

Una vez instalados, visitamos las instalaciones y todo el mundo iba vestido, recepcionistas, clientela, personal de limpieza, etc con lo que el nudismo en el lugar brillaba por su ausencia.

El hotel era muy familiar, no tenía más de 8 habitaciones, y por lo que averiguamos lo que es el naturismo se podía practicar en la piscina  y jardín, pero no en las instalaciones comunes del hotel.

Sí que había en cambio, una especie de reservado, con jacuzzi, y cama balinesa en el exterior para pasar una noche de cena romántica y algo más (se supone, eso sí, que en bolas).

De todos los clientes del hotel, con quienes más coincidimos, curiosamente, fue con la pareja francesa que vimos el primer día al llegar.

Coincidíamos a la hora de desayunar, comer e incluso en las excursiones por los alrededores que hicimos, pero hablar, lo que se dice hablar, hablamos poco con ellos. Nos saludábamos, y nada más. Recuerdo haber pensado que lástima que el hotel no fuese nudista 100% pues el chaval, desnudo, seguro que tenía un buen polvo.

Lo bueno del hotel, aparte de que el sitio en sí era precioso, era que estaba muy cerca de una playa nudista, y claro, ahí sí que lo pudimos practicar tranquilamente.

Uno de esos días, estando en esa playa recuerdo que nos sorprendió ver llegar a un matrimonio con un chaval de unos 18 o 19 años, de padres cuarentones.  Nada más llegar se desnudaron y el padre empezó a ponerle crema a su hijo por todo el cuerpo. Y cuando digo todo, es TODO… La verdad es que nos sorprendió la situación, pensando que igual no eran familia, pero como el chaval le llamaba papá, pues mucha duda tampoco podíamos tener (aunque le estuviese poniendo crema por toda la raja del culo…). Ya la cosa subió de tono cuando empezaron a jugar en el agua, abrazarse (que más parecían refregarse), para acabar en la arena jugando a una especie de lucha grecorromana que ponía palote a cualquiera. Tal era la situación que las posturas acababan con el rabo del padre golpeando la cara del hijo, o el culete del chaval restregándose por el careto del padre…mientras la mujer/madre leía una revista del corazón como si tal cosa. Todo muy normal, vamos.

El resto de días fueron bastante mas “tranquilos” menos el último, por lo curioso.

Y es que justamente ese último día de playa me fijé que un poco mas adelante, en la orilla había un tío recostado con un pedazo de manguera increíble entre las piernas. El tío iba con su chica, que también tenía unas buenas peras, de esas que tumbada se le desparramaban por los lados. A mí ella me daba un poco igual, pero él era digno de ver por el cacho  tranca que gastaba. Tanto miré que en una de esas el tío se dio cuenta, me miró y sonrió. Le comentó algo a la chica, que también se giró y nos sonrió, y es que resulta que eran la parejita francesa que estaba alojada en nuestro mismo hotel…

Cuando se fueron, pasaron además directamente por donde estábamos nosotros y nos saludaron de manera bastante efusiva, ahí en bolas los cuatro como estábamos.

Al día siguiente, he de reconocer que tuvo su gracia volver a coincidir en el desayuno ya vestidos cuando el día anterior habíamos estado como Dios nos trajo al mundo. Al menos pudimos ver en bolas a alguien del hotel, jeje.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

La ventana de enfrente (I)

La ventana de enfrente (I)

Los que seguís mi blog desde el principio seguro que os habréis sorprendido al ver que he vuelto a titular un post con el nombre de una película que ya usé en su momento. Sin embargo, todo tiene una explicación. De hecho este nombre es la de 1998 protagonizada por Christopher Reeve y  no la de 1954 dirigida por Hitchcok. Si de ella se hizo un remake, actualizando la historia a los nuevos tiempos, también he decidido hacer lo mismo con el post que escribí en su momento.

Me explicaré mejor.

Para quien no quiera pinchar y releerse la entrada original, sólo diré que cuando vivía en casa de mis padres, había una ventana en la finca de enfrente en la que vi de todo, empezando por un chaval que se desnudaba para ponerse el equipo de ciclista, hasta parejas follando o alguno haciéndose una paja sin cortarse un pelo. Al final ese piso se quedó vacío un tiempo y yo dejé de vivir en casa de mis padres, con lo que tampoco controlé lo que pasaba ya en ese edificio.

Pues bien, aprovechando el buen tiempo y que mis padres se han ido un tiempo a descansar fuera, a mí (que pringo todo el verano) me ha tocado ser quien se encargue de dar un vistazo al piso, regar las plantas, mirar el correo y demás.

La semana pasada entre unas cosas y otras tuve mucho lío y no fue hasta el jueves por la tarde cuando pude acercarme. Aprovechando la coyuntura (y el aire acondicionado) decidí quedarme allí a pasar la noche.

Antes de acostarme, me acerqué a bajar la persiana y sin prestar demasiada atención miré al edificio de enfrente hasta que mis ojos se fijaron en algo que me llamó la atención, y que justamente estaba en el piso que tan buenos momentos me dio en el pasado.

En el balcón estaba un hombre madurete, alto  y  con muy buen cuerpo, asomado en calzoncillos tipo slip. El hombre, de unos 45-50 años, con buen pectoral y velludete, la verdad es que daba mucho morbo, así que me quedé mirando como atontado y recordando todo lo que en su momento había visto en la misma vivienda.

Me metí para adentro, disimuladamente, pero no sin dejar de mirar por la ventana al maromo que tenía en el piso de enfrente, no fuese que en un descuido se sacase la polla o algo y yo me lo perdiese.

Sin embargo, a los pocos minutos se metió hacia adentro, en lo que era el comedor (se veía el sofá), quedando mi visión tapada por la cortina.  No habían pasado ni dos segundos cuando otros dos tíos aparecieron de repente sentándose en ese sofá del que yo tenía una visión perfecta. El primero tendría unos 30 años más o menos y llevaba unos gayumbos tipo boxers blancos que dejaban ver un perfecto paquete cuando se sentaba. El otro, algo más mayor que el anterior,  llevaba únicamente unos slips que al ser oscuros no me dejaban apreciar más detalle. Los dos de gimnasio, sin camisetas y velludetes, que parecían sacados de cualquier película de Falcon Studios o similar.

Yo, como dije entonces, nunca he compartido piso ni cuando estaba en la Universidad, así que no sé si es habitual que unos compañeros vayan así por casa. Tampoco sé si la relación que les unía era familiar… pero vamos, a mí en ese momento la relación que tuviesen ellos me importaba más bien poco, disfrutando como estaba de la visión que tenía ante mis ojos.

Pensé, eso sí,  que en mi época pajillera lo que estaba viendo me hubiese dado para soberanas pajas y para hacerme pasar horas y horas pendiente de ese edificio. Sin embargo, y aunque morbo me estaba dando, eso no iba pasar (me dije), siendo ya una persona hecha y derecha con bastantes años a mi espalda…

Fue pensar eso cuando de repente, el tío mayor salió al balcón con una pequeña toalla blanca en su cintura…que se quitó para colgarla del tendedero quedando totalmente desnudo. No contento con eso, se volvió a apoyar en la barandilla disfrutando de la buena noche que estaba haciendo (y que me estaba haciendo pasar a mí).

De polla la verdad es que el tío iba, encima,  bastante bien y cuando se metió de nuevo hacia adentro, la visión del culo también me dejó sin habla.

Y como si tal cosa se sentó entonces entre los otros dos tíos  a ver la televisión.

Me quedé un rato más, agazapado, mirando a aquellos tres hombretones. El hombre desnudo y los otros dos colegas, o familiares, o lo que fuesen, a su lado… y la verdad es que la estampa era de foto. De foto y ampliación, vamos.

Mi mente a esas alturas no se estaba quieta y ya me imaginaba que en cualquier momento los otros se quitarían también los calzoncillos, o que el del medio cogería las otras dos pollas y comenzaría a pajearlas, o que se harían unas mamadas o…

Nada de eso sucedió, claro,  aunque conociendo los antecedentes de esa casa, tampoco me hubiera extrañado.

Y es que lo pensé en su momento e insisto ahora. Hay casas en las que muere gente y queda el fantasma en su interior, ¿no? pues esta tiene que ser algo igual, pero con alguien cachondo que provoca que la gente que allí se aloje no tenga ningún reparo en desnudarse a la vista del vecindario.

Y bienvenidos sean.

Lo que está claro es que creo que este año pasaré muchas más veces de las necesarias a regar las plantas de mis padres, que digo yo que es una pena que se mueran cada verano, ¿verdad?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Delitos y faltas

Delitos y faltas

Ahora que empieza a hacer calor (o caloret) por estas latitudes y la temporada de playa ya ha comenzado, me gustaría contaros algo que me pasó a finales del verano pasado.

Como sabéis, de unos años a esta parte me aficioné a ir a las playas nudistas. No ya por la supuesta libertad que se respira en esos sitios, sino más bien por el hecho de ver cuerpos al sol, y poner también el tuyo a la vista de los demás. El hecho de bañarse en bolas, he de reconocer que me encanta, así que eso también es un punto a su favor.

Sin embargo, no tenía yo el cuerpo para farolillos, así que el verano pasado fui a playas textiles, más que nada porque hacer cosas que hacía con mi ex, y lo de la playa era una de ellas, me seguía recordando demasiado a él. No fue hasta final del verano cuando me dije a mí mismo que eso no podía seguir así y que debía retomar ya esas viejas y sanas costumbres.

Así que me cogí los bártulos y me fui a una playa de una población cercana que me gustaba bastante por lo tranquila que era. Y porque tenía chiringuito y para una cerveza fresquita, siempre venía bien.

Como por aquel entonces tenía puesta la app esta de ligoteo, me puse a mirar (más por cotilleo que por otra cosa) a ver qué chulazos tenía a mi alrededor. En esos sitios de concentración gay, la verdad es que la app suele echar humo, y ese caso no iba a ser menos. Miré algunos, hablé con otros, saludé a unos cuantos…y al final nada de nada porque además estaban todos en el pueblo (no en la playa).

Sólo con uno que me llamó la atención porque el cuerpo parecía esculpido por lo mucho que se le marcaban los abdominales pude mantener cierta conversación hasta que de repente se quedó mudo (no es la primera vez que me pasa).

No le di demasiada importancia y seguí a la mía en plan relax total hasta que se me empezó a echar el tiempo encima. Esa noche había quedado para cenar y tenía aún que volver a mi ciudad, ducharme y arreglarme un poco.

Fue en el momento de recoger las cosas de la playa cuando el de los abdominales decidió retomar la conversación, diciéndome que iba hacia la playa ahora mismo, y que por dónde estaba.

Me sorprendió puesto que tampoco habíamos quedado en nada, y yo, como soy bastante cuadriculado y había decidido que me volvía, pasé un poco del tema…hasta que me crucé con alguien que iba con el móvil en la mano mirando a todos lados.

Me hizo gracia la situación  y entonces sí, me presenté y ambos nos dimos cuenta de que eramos los de la app.

El chico era algo más joven que yo y bastante guapo. Delgadito, en las fotos parecía mucho más cuadrado de lo que estaba. En realidad estaba fibrado, mucho, y por eso se le marcaban tanto los abdominales.

En el momento en que nos conocimos, ambos íbamos vestidos (él sin camiseta) y convencido de quedarme un rato más para ver hasta donde llegaba la situación, nos tumbamos en la arena sobre las toallas.

El chico la verdad es que tenía conversación. Era una mezcla entre timidez y morbo que me atrajo enseguida. La conversación pronto entró en otros derroteros y ambos nos desnudamos para estar más “cómodos”.

A mí, como la convesación, sin querer, había subido de tono, se me estaba ya poniendo la polla morcillona y al ver al chaval a mi lado como dios lo trajo al mundo y ver que la naturaleza con él había sido generosa, todavía me puse más.

A los pocos minutos, ya estábamos comiéndonos la boca. Y un poco después el encima de mí para notar como mi polla le rebotaba en las nalgas.

He de decir que estábamos a la vista de todos y aunque cortados, como que no podíamos parar de ponernos burros los dos, calientes como estábamos.

Había buen rollo y eso la verdad es que se notaba. Tan buen rollo había que, no sé muy bien porqué (bueno, sí, por algo que pasa siempre, que doy confianza enseguida) el chaval vio necesario contarme que acababa de salir de la cárcel…

A mí esa revelación, la verdad es que me cortó totalmente el rollo. Que alguien que no conoces de nada, te suelte algo así, en serio que acojona.

El chaval, al notar mi reacción (se me bajó la polla enseguida) se disculpó, diciéndome que si me lo estaba contando no era para asustarme, sino porque le había dado tan buena impresión que necesitaba contármelo.

Me dijo que le habían detenido la policía, porque por lo visto, pesaba sobre él una orden de busca y captura. Que le habían metido en un lío de estafa y fraude, con una banda organizada. Que se ve que habían cogido sus datos sin saber y que le habían encalomado algo que no había hecho. Un testaferro de toda la vida, aunque él se declaraba inocente, claro.

Yo la verdad es que ni creí que fuese inocente del todo, ni pensé que el chaval que tenía a mi lado me fuese a dar miedo. Así que me volví a relajar, aunque he de decir que no tanto como al prinicpio.

Fuimos entonces a bañarnos, ya que entre el sol, y el sofocón que me había dado con su revelación, tenía demasiado calor.

En el agua, retomada la confianza, pasó tres cuartos de lo mismo. Nos comimos las bocas cono si no hubiese un mañana y haciendo el caballito, nuestros rabos volvieron a ponerse como lanzas.

En ese momento, ni corto ni perezoso, el tio se salió del agua, y yo con él, con lo que si nos llegamos a cruzar con alguien, hubiésemos dado un buen espectáculo, empalmados como íbamos por la arena.

En la playa aquello fue a más de nuevo. Encima el tio me contaba historias de la cárcel, de las duchas, de maromos que había visto, y a mí, encima todavía me empezó a dar más morbo la situación.

A él también, claro, y en un momento dado me propuso que nos fuéramos a la parte de atrás, donde las dunas,  a comérnoslas un rato.  Y eso hicimos. Fue unos minutos nada más, en los que él se agachó y empezó a tragar, hasta que no sé de dónde, comenzó a venir gente hacia nosotros. Eso ya nos dio un poco más de corte (sobre todo a él) y decidimos que era mejor dejarlo.

Para colmo nos dimos cuenta de que a los dos se nos había hecho demasiado tarde. Yo tenía que irme que aún me quedaba un buen tramo hasta llegar a casa y él también tenía que irse puesto que había quedado con su abogado para resolver algunos asuntos pendientes.

Nos intercambiamos los teléfonos y aún estuvimos hablando un poco más hasta que llegamos al lugar de nuestra despedida, ya en el pueblo.

Antes de irse, me dijo que le había gustado lo buen tío que parecía, y que le había dado mucha confianza. Que no era el tipo de gente con la que se solía relacionar, y que igual la cárcel le ayudaba a reformarse un poco.  Dicho esto, se aupó y me dio un pico en la boca, en un gesto bastante tierno y a la vista de todo el mundo.

Cuando llegué a casa, aparte de la paja porque me iban a reventar los huevos por la tarde que había pasado, se me ocurrió hacer una búsqueda rápida en Internet, y sí, todo lo que me había contado era verdad. Había varias páginas de periódicos contando lo sucedido y las iniciales coincidían con el chaval.

Cómo acabaría, no lo sé. He estado tentado de llamarle o escribirle en todo este tiempo, pero a día de hoy ni una cosa ni la otra. Espero, eso sí, que no  se haya metido de nuevo en líos y que como dijo, su paso por la cárcel le haya servido al menos para algo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

El desconocido del lago

El desconocido del lago

Cuando hablé el otro día de mis primeras experiencias con las playas nudistas, se me olvidó comentar que no fue hasta ir a esos lugares cuando conocí lo que realmente era el “cruising”.

Para quien no lo sepa, el cruising es el término inglés que define la actividad de buscar sexo en lugares públicos, como parques, playas o descampados, principalmente referido a los varones homosexuales (Wikipedia dixit). En castellano, también se conoce como “cancaneo” pero como es una palabra que no me gusta demasiado, evitaré usarla en este post.

A ver, sí que conocía de oídas en qué consistía esa práctica sexual. Incluso sabía de zonas en mi ciudad donde se practicaba.

Así, en Valencia (y supongo que en el resto de ciudades de toda España y del mundo en general), siempre había oído hablar de los servicios de algunos centros comerciales y de los alrededores de la Estación de Autobuses.

O ya al aire libre, la zona del Río y los Jardines del Real (más conocidos como Viveros), donde siempre ha sido habitual a determinadas horas ver a muchos abueletes tocándose la polla cuando pasabas, señal inequívoca de que iban buscando “guerra”.

Pues bien, aunque sabía que existía, no fue hasta empezar a acudir a las playas nudistas cuando pude comprobar en qué consistía realmente.

Y es que digamos que si durante el día el público habitual suele ser de tomar el sol, bañarse y relajarse, cuando el sol empieza a caer, estas mismas playas se van llenando de otro tipo de público que va buscando “otra cosa” muy distinta.

Así, al pasar por determinadas zonas de la playa (generalmente las dunas, o el parking, o caminos algo más escondidos), puedes ver claramente a gente buscando a gente, cuando no practicando sexo abiertamente.

La primera vez que me di de bruces con esa realidad paralela, fue una tarde que estando en la playa no podía aguantarme ya de mear. Aunque sé que es una guarrada, antes que nada intenté hacer dentro del agua, pero después de casi veinte minutos a remojo tuve claro que mi vejiga en alta mar no iba a conseguir soltar ni una gota.

Así que ni corto ni perezoso me desplacé a la parte trasera de la playa, donde las dunas te separan del resto de los bañistas, dispuesto a vaciarle el agua al canario.

Mi sorpresa vino cuando al ponerme en posición de mear, vi como enseguida de detrás de unos matorrales empezaron a salir, como si fueran setas, muchos tíos con ganas de polla.

Lo que más me sorprendió fue la edad de todos ellos. Por lo que yo he visto la mayoría de gente que hace cruising son de mediana edad para arriba (con independencia de la playa adonde vayas). Mucho hombre cincuentón. Muchos con pinta de casados que tienen en estos lugares un sitio digamos “discreto” donde desahogarse y si te he visto no me acuerdo.

Viendo que con “público” tampoco iba a conseguir mear, me desplacé unos metros hasta una zona algo menos concurrida pero volvió a pasar tres cuartos de lo mismo. Al minuto varios hombres se acercaban hacia a mí magreándose la polla y los huevos como si estuviesen enseñando su mercancía.

Y es que otra cosa que siempre me ha sorprendido es que un chaval joven, con ganas, se puede hartar de comer pollas ahí mismo, pues la gente que suele hacer cruising se pirra por los chavales mucho más jóvenes que ellos.

(De hecho, incluso, últimamente es bastante habitual que chaperos jóvenes -muchos, rumanos- se paseen por esas zonas y a la mínima pidan cierta cantidad antes de empezar a hacer nada. No tengo muy claro si realmente la gente está dispuesta a pagar, pero viendo que cada año aumenta la oferta, supongo que la respuesta es afirmativa).

Al final, evidentemente, no pude mear, pero me sirvió para conocer lo que se cuece en esa parte un tanto apartada de la playa.

Esa primera vez, recuerdo además que cuando cogí el camino de vuelta hacia el coche, al pasar por los caminos, sí que llegué a ver a gente masturbándose mutuamente, o haciéndose alguna mamada, y al pasar y ver “carne fresca” como incluso incitaban para que me uniese a la fiesta que tenían montada.

Posteriormente, situaciones similares las he visto en otras playas en las que he estado (que ya iré contando), y con un tipo de público bastante similar en todas ellas.

Todo esto que cuento, está muy bien reflejado en una muy buena película llamada “El desconocido del lago” (trailer aquí).

La película, francesa, del año 2013, fue dirigida por Alain Guiraudie y protagonizada por
Pierre Deladonchamps, Christophe Paou y Patrick D’Assumçao.

Ganó el premio al mejor director en Cannes (sección Un Certain Regarde), y tuvo 8 nominaciones a los César, consiguiendo el de actor revelación.

El argumento principal es el de un asesinato cometido en una zona de cruising (un lago del Sur de Francia), pero sirve al director para mostrar todo lo que se cuece alrededor de ese mundo.

Para eso, el director se basa en escenas totalmente explícitas (mucho desnudo, mucho folleteo), pero sin dejar de lado el suspense que impregna toda la atmósfera.

Una atmósfera, por cierto, muy bien conseguida porque la película no tiene BSO (no suena nada de música durante todo el metraje) sino que todo se basa en sonidos propios de la naturaleza, consiguiendo que parece que estés viviéndolo como un personaje más de la propia película.

Por cierto, que si quereis vivirlo también en primera persona, pero por medio de la lectura, recomiendo el blog “Diario de cruising” en el que un madrileño llamado Marcos cuenta todas sus aventuras y desventuras de sus veranos en las playas del sur de Alicante

Unas playas en las que por lo visto hay mejor nivel que lo que yo he visto por las zonas que conozco, todo sea dicho. Suerte que tienen algunos, jeje.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.