El desconocido del lago

El desconocido del lago

Cuando hablé el otro día de mis primeras experiencias con las playas nudistas, se me olvidó comentar que no fue hasta ir a esos lugares cuando conocí lo que realmente era el “cruising”.

Para quien no lo sepa, el cruising es el término inglés que define la actividad de buscar sexo en lugares públicos, como parques, playas o descampados, principalmente referido a los varones homosexuales (Wikipedia dixit). En castellano, también se conoce como “cancaneo” pero como es una palabra que no me gusta demasiado, evitaré usarla en este post.

A ver, sí que conocía de oídas en qué consistía esa práctica sexual. Incluso sabía de zonas en mi ciudad donde se practicaba.

Así, en Valencia (y supongo que en el resto de ciudades de toda España y del mundo en general), siempre había oído hablar de los servicios de algunos centros comerciales y de los alrededores de la Estación de Autobuses.

O ya al aire libre, la zona del Río y los Jardines del Real (más conocidos como Viveros), donde siempre ha sido habitual a determinadas horas ver a muchos abueletes tocándose la polla cuando pasabas, señal inequívoca de que iban buscando “guerra”.

Pues bien, aunque sabía que existía, no fue hasta empezar a acudir a las playas nudistas cuando pude comprobar en qué consistía realmente.

Y es que digamos que si durante el día el público habitual suele ser de tomar el sol, bañarse y relajarse, cuando el sol empieza a caer, estas mismas playas se van llenando de otro tipo de público que va buscando “otra cosa” muy distinta.

Así, al pasar por determinadas zonas de la playa (generalmente las dunas, o el parking, o caminos algo más escondidos), puedes ver claramente a gente buscando a gente, cuando no practicando sexo abiertamente.

La primera vez que me di de bruces con esa realidad paralela, fue una tarde que estando en la playa no podía aguantarme ya de mear. Aunque sé que es una guarrada, antes que nada intenté hacer dentro del agua, pero después de casi veinte minutos a remojo tuve claro que mi vejiga en alta mar no iba a conseguir soltar ni una gota.

Así que ni corto ni perezoso me desplacé a la parte trasera de la playa, donde las dunas te separan del resto de los bañistas, dispuesto a vaciarle el agua al canario.

Mi sorpresa vino cuando al ponerme en posición de mear, vi como enseguida de detrás de unos matorrales empezaron a salir, como si fueran setas, muchos tíos con ganas de polla.

Lo que más me sorprendió fue la edad de todos ellos. Por lo que yo he visto la mayoría de gente que hace cruising son de mediana edad para arriba (con independencia de la playa adonde vayas). Mucho hombre cincuentón. Muchos con pinta de casados que tienen en estos lugares un sitio digamos “discreto” donde desahogarse y si te he visto no me acuerdo.

Viendo que con “público” tampoco iba a conseguir mear, me desplacé unos metros hasta una zona algo menos concurrida pero volvió a pasar tres cuartos de lo mismo. Al minuto varios hombres se acercaban hacia a mí magreándose la polla y los huevos como si estuviesen enseñando su mercancía.

Y es que otra cosa que siempre me ha sorprendido es que un chaval joven, con ganas, se puede hartar de comer pollas ahí mismo, pues la gente que suele hacer cruising se pirra por los chavales mucho más jóvenes que ellos.

(De hecho, incluso, últimamente es bastante habitual que chaperos jóvenes -muchos, rumanos- se paseen por esas zonas y a la mínima pidan cierta cantidad antes de empezar a hacer nada. No tengo muy claro si realmente la gente está dispuesta a pagar, pero viendo que cada año aumenta la oferta, supongo que la respuesta es afirmativa).

Al final, evidentemente, no pude mear, pero me sirvió para conocer lo que se cuece en esa parte un tanto apartada de la playa.

Esa primera vez, recuerdo además que cuando cogí el camino de vuelta hacia el coche, al pasar por los caminos, sí que llegué a ver a gente masturbándose mutuamente, o haciéndose alguna mamada, y al pasar y ver “carne fresca” como incluso incitaban para que me uniese a la fiesta que tenían montada.

Posteriormente, situaciones similares las he visto en otras playas en las que he estado (que ya iré contando), y con un tipo de público bastante similar en todas ellas.

Todo esto que cuento, está muy bien reflejado en una muy buena película llamada “El desconocido del lago” (trailer aquí).

La película, francesa, del año 2013, fue dirigida por Alain Guiraudie y protagonizada por
Pierre Deladonchamps, Christophe Paou y Patrick D’Assumçao.

Ganó el premio al mejor director en Cannes (sección Un Certain Regarde), y tuvo 8 nominaciones a los César, consiguiendo el de actor revelación.

El argumento principal es el de un asesinato cometido en una zona de cruising (un lago del Sur de Francia), pero sirve al director para mostrar todo lo que se cuece alrededor de ese mundo.

Para eso, el director se basa en escenas totalmente explícitas (mucho desnudo, mucho folleteo), pero sin dejar de lado el suspense que impregna toda la atmósfera.

Una atmósfera, por cierto, muy bien conseguida porque la película no tiene BSO (no suena nada de música durante todo el metraje) sino que todo se basa en sonidos propios de la naturaleza, consiguiendo que parece que estés viviéndolo como un personaje más de la propia película.

Por cierto, que si quereis vivirlo también en primera persona, pero por medio de la lectura, recomiendo el blog “Diario de cruising” en el que un madrileño llamado Marcos cuenta todas sus aventuras y desventuras de sus veranos en las playas del sur de Alicante

Unas playas en las que por lo visto hay mejor nivel que lo que yo he visto por las zonas que conozco, todo sea dicho. Suerte que tienen algunos, jeje.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

La playa

La playa

Si me hubieseis preguntado hace unos años con qué palabras asocio el verano, tal vez hubiese dicho: calor, sol, playa, vacaciones o helados. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, debería unir la palabra “nudismo” a esta retahíla.

Sin embargo, en este post únicamente quería tratar mis primeros contactos en ese mundo, dejando mis experiencias en esas playas para posteriores entradas.

La primera vez que fui a una, con amigos heteros, fue por puro morbo para poder ver a gente en bolas.

Por aquella época, yo todavía era menor de edad. De hecho, de los tres que fuimos, sólo uno era ya mayor de 18 y lo recuerdo porque él ya tenía carnet y nos acercamos con su coche a Javea.

La playa era mixta, con lo que había gente desnuda entremezclada con gente vestida. Nosotros no nos desnudamos y nos pasamos la mayor parte del tiempo en el agua babeando y mirando hacia todos lados. Mis amigos, a todas las chiquitas, y yo, con disimulo, a cualquier tío que entrase en el agua.

Pero quien más me marcó, para bien, fue un “papaito” que aunque se pasó toda la mañana vestido, al marcharse, se despelotó completamente para cambiarse de bañador, dejando una panorámica de su culo, que tardé mucho tiempo en olvidar.

La segunda vez que fui, bastantes años después, ya fue con mi amiga Raquel. No recuerdo muy bien porqué, pero un sábado acabamos en la playa seminudista de El Saler, muy próxima a Valencia ciudad.

En realidad acabamos en la frontera que separa la nudista de la textil y allí que plantamos la sombrilla.

Por aquel entonces, mi salida del armario forzada aún no se había producido, con lo que como en la vez anterior, tuve que disimular bastante. Tampoco nos desnudamos, aunque ella sí hizo topless, dejando al aire un par de tetazas que recibieron bastantes miradas ajenas.

De aquella experiencia, recuerdo a Raquel hablándome de algo a lo que no prestaba ninguna atención, concentrado como estaba en un chulazo que estaba a sus espaldas duchándose como Dios lo trajo al mundo.

Aquella imagen de un tío, desnudo, bajo una columna de agua fue de un morbazo difícil de olvidar.

Por último, la tercera vez que me acerqué a una nudista ya fue con mi pareja, la actual, bastante tiempo después. Esa vez fue a una población cercana, Pinedo, en una zona de playa abiertamente gay.

Me convenció él porque realmente, no sé si por prejuicios o por qué motivo, pero nunca me ha apetecido ir a “guettos”, a zonas adrede destinadas a gays, igual que me pasó cuando empecé a ir a zonas de ambiente (siempre he sido muy cuadriculado).

Encima, aquella vez, un domingo por la mañana, la edad media de la playa estaría en unos sesenta años…

Recuerdo incluso a un hombre muy mayor, en la orilla, agachándose buscando tellinas (coquinas) y de verdad que no era una imagen muy agradable de ver (si os acordáis del ojo de Sauron, sabéis de lo que hablo).

Y es que hasta  entonces, mi único interés por ir a esas playas era por ver “ganado”: tipos buenos enseñándolo todo. Ver culos, pollas, pechos peludos o buenas piernas de futbolista. No veía nada más allá. No encontraba otro motivo para ir a una nudista que no fuese eso.

Hasta que esa vez, animado por mi novio, me desnudé y me fui al agua en bolas. Y esa sensación de “libertad” lo trastocó todo.

Fue un cambio total y es que la sensación de bañarse desnudo es algo increíble. Además, la vuelta a la toalla sintiendo la mirada de los otros sobre tu cuerpo, si tienes como yo un punto exhibicionista, es también algo muy morboso, con lo que empecé a cogerle el gusto.

Eso no quiere decir ahora que cuando voy a la playa ya no mire a mi alrededor. No es así. Todos lo hacemos. Pero la sensación de tomar el sol, bañarse, pasear o hacer jueguecitos con tu pareja, sin ropa de ningun tipo, es algo que recomiendo a todo el mundo hacer alguna vez en la vida.

Así que si podéis, animaros este verano si tenéis alguna nudista cerca y ya me contáis porque además es algo que engancha. Y mucho.

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La Visita

La Visita

En los fines de semana previos a que comenzase la temporada de verano, mis padres se solían acercar al apartamento de la playa para poner las cosas apunto de cara a las vacaciones.

Algunos de esos fines de semana, yo solía acompañarles y así aparte de echar una mano, ya aprovechaba los primeros calores estivales para tumbarme en la arena y pillar algo de moreno.

Si coincidía con mis amigos de veraneo allí, genial, pero como no siempre era posible, aprovechaba simplemente para descansar y disfrutar unos días en familia.

Lo malo era si ese fin de semana coincidía con un calentón del quince de los míos, que me entraban unas ganas locas de mojar el churro.

En circunstancias habituales, lo lógico hubiese sido entrar en el chat y buscar a alguien con quien aliviarme, pero estando en una época en la que Internet no lo copaba todo como ahora, la única solución posible era el acceso a través de los cibercafés del pueblo.

Recuerdo en concreto un sábado por la tarde que estaba más salido de lo habitual que localicé un local en el que no había demasiada gente. Ahora lo pienso y no sé si sería capaz de ponerme a buscar sexo en un lugar tan público como eran aquellos locales, pero cuando las ganas apretaban, mi timidez habitual desaparecía por completo.

Al poco, contacté con un chaval que vivía en un pueblo costero cercano al mío y enseguida me invitó a su casa. Yo ese finde recuerdo que no había ido en mi coche, sino que por comodidad había subido en el de mis padres, por lo que al pillarme algo lejos, le dije que no iba a poder ser. Él, que debía ir igual o más caliente que yo, me dijo que no era problema, que podía pasar a a recogerme y traerme después de vuelta.

Y así hicimos, quedamos en la rotonda de acceso al pueblo, y a los quince minutos escasos allí que se plantó. Aunque habíamos quedado sin fotos ni nada, la verdad es que el chaval estaba bastante apañado. Recuerdo que me molaron sobre todo sus brazos, que estaban definidos pero sin pasarse. Y que tenía cara de buena persona, que eso, quieras que no, me daba confianza.

LLegamos a su casa, y sin hablar demasiado (íbamos a lo que íbamos), ya empezamos a morrearnos. Yo comencé a bajar mis manos por su espalda dispuesto cuanto antes a llegar a su culo, que ya me había fijado al entrar que prometía bastante. Fue apretarlo contra mí y ya me di cuenta de que no me había equivocado.

Ya al tacto se le notaba firme y duro, así que le di la vuelta para bajarle los pantalones y vérselo bien. Cuando se lo vi, flipé. Junto con el del brasileño, era de los mejores culos que había visto hasta ese momento, y de hecho a día de hoy no he conocido a nadie que los supere.

Sí que me dijo que aunque era pasivo, en una primera cita nunca se dejaba follar, así que aunque me quedé con las ganas, pasamos una buena tarde de mamadas y pajas.

Después de corrernos los dos y ducharnos (yo sin dejar de tocarle el culazo), me dijo si antes de acercarme a casa le podía acompañar a hacer una visita rápida a una amiga que había vuelto de viaje. A mí me sorprendió un poco, pero como era él quien me había llevado y quien me tenía que devolver, no pude negarme.

Fue a dos calles de su apartamento, subimos, y resulta que allí había mas gente. Estaba su amiga, el novio de la amiga, y otras dos chicas más.

El chaval me presentó como un amigo suyo de Valencia y pronto me di cuenta de que aquella visita iba a ser de todo menos “rápida”.

A los pocos minutos de estar allí, el telefonillo empezó a echar humo hasta que nos juntamos en su casa unas diez o quince personas en una especie de fiesta de bienvenida o algo así, a la dueña de la casa (había estado un año viviendo en el extranjero).

La situación en sí era superextraña, y más si pensamos que hasta hacía un par de horas, yo a mi “amigo” no lo conocía de nada, y ahora estaba conociendo a todos sus amigos sin venir a cuento.

El chaval,  en un principio intentó no despegarse de mí, pero llegó un momento en que se puso a hablar con otras personas, y a mí me toco improvisar intentando justificar un poco mi presencia ante la gente que no me conocía de nada.

La visita rápida se convirtió al final en una cena en toda regla (pidieron pizzas aparte del picoteo que ya había) y luego pasamos a las copas, momento en que empecé a beber como un cosaco para así al menos intentar soltarme un poco. Y lo conseguí. Tanto, que acabamos la noche enrollándonos en un sofá sin importarnos el resto de amigos/as de su grupo.

Al final salimos de la casa cerca de las tres de la mañana, los dos medio empalmados, y descojonándonos por lo surrealista que había resultado la visita.

Antes de subir al coche para devolverme a casa, aún paramos en  la suya a “tomarnos la última”. Salimos al balcón a tomar el aire, y una vez apoyado él en la barandilla, me puse detrás a mordisquearle el cuello. Le quité la camiseta y fui bajando lentamente hasta desabrocharle el pantalón y ver ante mí de nuevo ese culito tan bueno que tenía.

A los dos en ese momento nos dio un poco igual que nos pudiese ver alguien, así que le acabé haciendo una comida de culo que ni en las películas. Técnicamente era la segunda vez que quedábamos, así que esta vez sí se dejó follar y ahí mismo, en su balcón, que lo hicimos.

Acabamos la noche en una especie de tumbona que tenía y que parecía ni hecha adrede para pegar el polvo que pegamos. Incluso acabamos mirando las estrellas y tapados por una manta de sofá, que para el caso nos vino que ni pintada.

Cuando me dejó en casa a las tantas de la mañana, pensé que había sido de las citas mas entretenidas que había tenido nunca, ya que habían sido como varias condensadas en una sola.

Unas semanas después, volvimos a vernos, e incluso con el tiempo fue de las primeras personas con las que fui a una playa nudista.

Sin embargo, ese verano que podríamos habernos visto más, nuestras vacaciones no coincidieron, y con el tiempo acabamos perdiendo el contacto. Y fue una lástima, porque el chico era un cachondo, en el sentido amplio de la palabra.

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Mientras dormías

Mientras dormías

Una vez acabados los años en la Universidad, empecé a buscar trabajo, esperando tener alguna posibilidad de currar de lo mío. En aquella época me daba un poco igual dónde me saliese la oportunidad, así que no sólo lo intenté por mi ciudad, sino que también por el resto de España.

De hecho, pensé que estando alejando de mi ciudad y familia, incluso podía estar mas libre en el tema gay, sin preocuparme por el qué dirán (que aún me seguía preocupando).

En una de estas, me salió una entrevista de trabajo en Sevilla (acordaros que yo soy de Valencia) y allí que estaba dispuesto a irme.

Como la entrevista sería un sábado por la mañana, y no me apetecía pegarme la paliza del desplazamiento directo, pensé en dormir allí un viernes, para así estar más despejado.

Se lo comenté a un buen amigo (hetero) que había vivido durante un tiempo en esa ciudad para que me aconsejase sitios para ir, y me comentó que se venía conmigo, que hacía mucho tiempo que no iba por la zona y que así se me haría el viaje menos pesado.

Pillamos por Internet un hotel bastante apañado, reservamos para dos noches,  y allí que nos largamos a pasar el fin de semana.

La idea era llegar un viernes noche, la entrevista sería el sábado por la mañana, y luego tendríamos el resto del sábado y la mañana del domingo de ocio. Que salía bien lo del trabajo, genial, que no, pues me habría servido como excusa para conocer Sevilla.

Por retrasos del tren, llegamos más tarde de lo que pensábamos, así que nada más llegar al hotel, dejamos las cosas, cenamos algo rápido y nos fuimos a acostar (yo al día siguiente madrugaba).

Nada más llegar a la habitación notamos que hacía demasiado calor ahí dentro. Estaba la calefacción puesta a tope y no hubo forma humana de apagarla, así que íbamos a dormir calentitos (aunque yo no imaginaba cuánto).

Las camas eran dos, grandes, pero juntas, con las mesillas de noche a cada extremo, con lo que no había forma de separarlas.

Como hacía calor, la verdad es que para dormir, nos acostamos en calzoncillos porque era lo más cómodo, y aunque habían mantas en las camas, las tuvimos que quitar del calor que hacía. Nos  estábamos ahogando. Tanto, que tuvimos que abrir las ventanas un poco y aunque entraba bastante claridad, al menos entraba algo de fresco de la calle.

Pues bien, estando así, oigo a mi amigo todo el rato quejándose del calor hasta que dice que no puede más y que va a dormir desnudo. Y dicho y hecho, cogió los gayumbos y la camiseta, y al suelo con todo.

Yo esto lo oí, estando de espaldas a él, y en ese momento no sabía si hacerme el tonto y girarme como si no supiese nada, o esperar un tiempo prudencial a que él se quedase dormido.

He de deciros que a mi amigo, nunca lo había visto en bolas, y esa noche lo iba a tener durmiendo a mi lado totalmente desnudo (y recordad que tenía que estar algo descansado para la mañana siguiente).

En el momento en que oí que mi amigo se puso a roncar, me giré con mucho cuidado para no hacer ruido y fue cuando empezó el espectáculo.

Creo que esa noche, de medía, debí dormí una o dos horas, no más, por el morbo que me dio la situación. Estuve todo el rato mirándole la polla. Cómo le palpitaba, cómo se le empalmaba a cada rato, cómo se le movía a izquierda o a derecha, o cómo le reposaba sobre el pubis… Cuando no, se daba la vuelta y se colocaba de forma que dejaba todo el culete abierto a mi disposición, sin que yo pudiera quitarle el ojo de encima.

Hubo un momento en que recuerdo que me incorporé cuando él tenía la polla ya totalmente tiesa, porque quería verle bien, de arriba abajo.

En esa posición, desnudo y con el arma lista era un auténtico morbazo.

Durante mucho rato estuve incluso tentado de hacer algo, pero era un colega, hetero, no sabía nada de lo mío,  y no era plan jugarse la amistad por algo así. Lo único a que me atreví fue a taparle con la sábana durante unos momentos, y así con el roce tocarle un poco los huevos y la polla.

El culo, una vez que se puso demasiado hacia a mí se lo sobé bien sobado empujándole para que se pusiese en su cama, pero poco más.

Llegó un momento, en que no podía seguir en ese estado, tenía que coger el sueño de alguna forma, así que aprovechando que él tenía girada la cara hacia el otro costado, me la saqué y empecé a cascármela mirando su cuerpo a mi lado. Creo que no tardé ni dos segundos en correrme, de lo que tenía ahí acumulado de toda la noche. Me fui al baño a limpiarme y al volver aún tuve que contenerme de seguir mirándole porque ya era demasiado tarde y el cansancio ya iba haciendo mella.

A la mañana siguiente, casi sin dormir, hice la entrevista de trabajo que por cierto me salió de pena, aunque no creo que tuviese nada que ver la noche que había pasado, sino porque no creo que fuese el perfil que buscaban.

El resto del fin de semana fue bastante entretenido, aunque la siguiente noche que pasamos en el hotel la calefacción ya estaba arreglada y mi colega no se desnudó completamente para dormir, quedándose sólo en calzoncillos (aun así el paquete abultado con la polla superempalmada se lo vi igualmente).

Muchas veces pensé que con lo dormido que estaba, igual pude hacer algo más con mi amigo (de buen rollo), pero viendo una noticia que salió en prensa hace unos años, se me quitaron las ganas.

Y es que según explicaban, estando unos amigos durmiendo tras haberse emborrachado juntos, “…,el acusado, según el fiscal con el ánimo de satisfacer sus deseos sexuales y aprovechándose de que el chico estaba sumido en un sueño profundo, lo desnudó de cintura para abajo y comenzó a hacerle una felación. Cuando esta persona llegó a introducirse el pene de su amigo en la boca éste se despertó sobresaltado, le manifestó su disgusto y le dijo que era heterosexual. Además se vistió y se marchó. La Fiscalía señala que, a consecuencia de este incidente, este amigo ha padecido un cuadro ansioso por el que ha sido tratado psicológicamente durante cuatro meses”.

Y encima pedían por el chaval 2 años y 3.600 euros por los daños y secuelas causadas.

Al final no sé si lo condenaron al chico o no, pero vamos, tampoco veo yo que una mamada te pueda producir secuelas y daños psicológicos, pero bueno, lo que os decía, que visto lo visto menos mal que no hice nada.

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Ahora me ves

Ahora me ves

Si ayer os hablé del voyeurismo, hoy quería hablaros de la parte contraria (o quizás complementaria), que es el exhibicionismo.

No estoy hablando de ir con la gabardina por la calle, abrirla y asustar a viejas y niños, sino me refiero a exhibirse pero de una forma digamos, más sutil, lo que viene a ser un “queriendo sin querer”.

Y como todo lo que me pasa en la vida me surge por casualidad, este morbo no iba a ser una excepción…

Cuando empezaba el calorcito a apretar en mi ciudad y tenía tiempo, me solía subir a la terraza de casa para tomar el sol un poco. Me cogía la toalla y la música (creo que por aquel entonces era un discman), y me quedaba un par de horitas allí tumbado.

La ventaja, cuando vivía en casa de mis padres, era que al ser último piso, el acceso a la terraza lo tenía en el mismo rellano, por lo que era bastante cómodo y aunque era comunitaria, la verdad es que la solíamos usar sobre todo nosotros.

Recuerdo que aquella mañana de sábado el calor apretaba de lo lindo, así que como estaba solo pensé: ¿Y si que me quito el bañador? Y eso que hice, quedándome en bolas sobre la toalla. La sensación me gustó, y me quedé medio dormido.

Como llevaba los auriculares puestos, se ve que no oí la puerta de entrada a la terraza, así que cuando abrí los ojos me encontré el panorama. Enfrente de mí estaba el respetable vecino del 5º (un casado hombre de familia) mirándome de arriba abajo. Sólo me llegó a decir: “perdón”, y se volvió por donde había venido.

Yo no sé quien de los dos se quedó más cortado, ni tampoco sé cuanto tiempo pudo estar delante de mí mirándome, pero la sensación, aunque me acojonó pues….me dio morbo.

A raíz de ese día, le cogí el punto a lo de estar desnudo y me subí varias veces a tomar el sol de esa forma, aunque el vecino nunca volvió a aparecer.

Pero no sólo me desnudaba cuando subía a tomar el sol, sino que estando en casa, cuando me quedaba solo, también lo hacía.

Viendo el espectáculo que tenía en la ventana de enfrente, de la que os hablé ayer, la verdad es que me daba un poco igual si me podían ver los vecinos o no. Y un día, pues me vio uno.

Yo estaba en el sofá, desnudo viendo la tele, y al ir a levantarme para irme a la cama y cerrar un poco la ventana, vi que había una pareja mirando por el balcón, y claro al acercarme al ventanal pues me vieron.

La primera sensación que tuve fue la de cerrar e irme, pero en lugar de eso  se me ocurrió jugar un poco, hacer como que no les había visto, y acercarme a la otra habitación para por una rendija de la persiana mirar a ver qué hacían. Para mi sorpresa, la chica se metió para adentro y fue el chico quien se quedó en el balcón, sin dejar de mirar, como esperando ver si volvía a asomarme (muy hetero, pero…).

Y claro, lo hice, al minuto volví a hacer acto de presencia para cerrar la ventana y correr las cortinas y el tío no dejó de mirarme en ningún momento. Morbazo que me dió ese momento, claro.

Y es que lo de los tios heteros que miran a otros tios, es bastante habitual, eso yo lo he comprobado ya varias veces.

Durante esta etapa que estoy contando, fue cuando me apunté por primera vez a la piscina (llevo yendo ya más de 15 años), y aparte de lo sano que es nadar y lo bien que le sienta al cuerpo, pues digamos que ahí también le cogí el gustillo a lo del juego de exhibición.

A ver, tampoco penséis que soy el típico calientapollas, pero para ir de las duchas a las taquillas, creo yo que no hace falta taparse con la toalla cuando te ha visto todo el mundo desnudo mientras te duchabas.

Durante todos estos años he visto a gente que se tapa de una forma que no es normal, que incluso se cambia sin quitarse la toalla y me parece un poco ridículo (siempre pienso que deben de estar acomplejados por tener micropenes o algo así).

Yo soy mas bien al contrario, me paseo desnudo como algo normal. Y hay gente que mira, claro. Y casados, muchos. Y si me miran, pues hay algo en mí que crece (no, no es el orgullo). Y eso hace que miren más, hasta que es un poco como la pescadilla que se muerde la cola (nunca mejor dicho…).

Por último, donde también me gusta morbosear un poco  es en los probadores cuando voy a comprarme ropa. Tampoco entiendo la obsesión de la gente por cerrar a cal y canto la cortina para que no te vean por ninguna rendija, a ver, que no es necesario. Que si te ve alguien y se alegra un poco la vista, ¿qué hay de malo? Yo en eso soy juguetón, dejo algo entreabierto, y bueno, digamos que aunque sea para probarme una camisa, pues intento enseñar algo más de la cuenta.

(Por fortuna, gracias a internet y algún blog amigo, pues me he dado cuenta de que por ejemplo, esto último no soy la única persona que lo hace, que el morbo en este sentido es bastante universal)

Y así, si al  voyeurismo de lo que os hablé ayer, le sumas el nudismo y el exhibicionismo del que os he hablado hoy, estaba cantado que tarde o temprano acabaría yendo a playas nudistas, pero eso ya pasaría años después, y además eso da no sólo para uno, sino para varios posts completos.

¿Y vosotros, tenéis algún tipo de morbo como el que os he contado?

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La ventana indiscreta

La ventana indiscreta

Esta etapa de despertar sexual por la que estaba pasando hacía que estuviese todo el día caliente como el pico de una plancha, y todo me excitaba, incluso salir al balcón a tomar el aire…

Resulta que enfrente de casa de mis padres un buen día llegaron tres chavales, estudiantes, que compartían piso.

La ventana de una habitación y el comedor, daban justamente al comedor nuestro, con lo que desde nuestra ventana y balcón adjunto, tenía una visión perfecta de ese piso, al estar además una planta por debajo del nuestro.

Recuerdo estar un día tomando el aire, en verano, en el balcón, y ver como llegaban estos con sus mochilas y maletas a tomar posesión del piso y al subir la persiana de la ventana encajarla completamente arriba.

Intentaron durante media hora bajarla, pero como no podían, la dejaron así, y de esa forma se quedó durante todo el año.

Lo primero que vi a través de esa ventana fue al poco de instalarse, como el chaval que se había quedado en esa habitación se desnudó para cambiarse y ponerse ropa de ciclista. Le daba igual que le estuviesen viendo, es más, yo creo que le gustaba, porque de vez en cuando echaba una mirada por la ventana, buscando tal vez a alguien que le estuviese observando.

Y así le vi, cambiándose, infinidad de veces, con lo que os puedo explicar en que consiste un uniforme completo de ciclismo sin haber cogido una bicicleta en bastante tiempo.  (Además de que con la bici se te pone un culo perfecto -doy fe-).

Por otro lado, siendo piso de estudiantes, ahí es que vi de todo.

Otro día, por ejemplo, vi como estaba uno de los tres chavales, masturbándose en el sofá, hasta que se dio cuenta que estaba la cortina abierta y levantarse, completamente empalmado para cerrarla.

O cuando salían de la ducha, que colgaba la toalla en el balcón, desnudos también. A veces lo hacían solos, pero otras los tres a la vez, y eso era ya era morbazo elevado al cubo…

Pero lo que mas me impactó fue una fiesta que montaron un jueves noche. Me asomé varias veces por el escándalo que montaban y a la última que me asomé, tuve que parpadear varias veces porque no me creía lo que estaba viendo.

Ahí estaba el ciclista, follándose a una tía en el balcón. Ella delante, apoyada sobre la barandilla, y él detrás dándole lo suyo y lo de su prima…

Encima la chica no me digas muy bien porqué, porque iba en bolas, pues estaba tapándose los pezones, como si con eso ocultase el espectáculo que estaban dando…

A los meses, finalizado el curso, los tres chicos dejaron el piso.

(Yo durante mis años de universidad nunca compartí piso con nadie, pero vamos, si eso era lo habitual, de verdad que es algo de lo que me arrepentiré mientras viva…)

Los siguientes alquilados en la vivienda fueron un matrimonio de mediana edad, extranjeros.

Antes de volverlo a alquilar, se ve que los dueños arreglaron la persiana, pero por lo visto, los nuevos, la volvieron a encajar arriba (la persiana era vieja, y se ve que si estirabas un poco te la cargabas).

Bueno, pues esta pareja, follaban con la ventana abierta sin importarles lo más minimo que tuviesen vecinos.

Así que también me harté de ver polvos en esa habitación en todas las posiciones posibles. Aquello fue como una lección de kamasutra pero por capítulos: Mamadas, 69, folladas por delante, por detrás…

Recuerdo que hubo noches que si mis padres no estaban y había salido con los amigos, que me volvía incluso antes por si pillaba el espectáculo porno en vivo.

Los siguientes inquilinos, dos tíos, también encajaron la ventana, pero eran un poco más tímidos, porque los vi varias veces, pero sólo en calzoncillos, que como morboso también lo era, pero comparado con lo que había visto en ese piso con los anteriores, pues se quedaba en bastante descafeinado.

Tiempo después, también estuvo viviendo un chaval, pero ese no se cargó la persiana.

Pues aún así, una noche le pillé haciendo un streptease completo a su novia, que estaba sentadita ahí de espaldas a la ventana mientras ella y todo el vecindario que quisiera, veía a su novio despelotarse al ritmo de la música.

El último inquilino que pasó por esa vivienda, o el ultimo que yo vi mientras vivía en casa de mis padres, fue un chaval que por lo poco que vi no parecía que fuese a hacer nada erótico-festivo… hasta que un día pasó por bajo de la calle un desfile militar y se puso a darle a la zambomba mientras veía el espectáculo…

Todo lo que he contado de esa vivienda es verdad, eh? Que puede sonar extraño o exagerado, pero es que fue tal cual lo cuento.

¿ No hay casas que dicen que están encantadas? ¿con su fantasma y todo? pues ahí debió morir algún tío supercachondo porque lo que pasaba en ese piso nunca lo vi normal…

Y de aquellos polvos, estos lodos.

Desde entonces me ponen mucho los ciclistas (esas mallas ajustadas…), aunque no he tenido la suerte de estar con ninguno.

Y respecto del tema voyeur, pues aún lo sigo manteniendo, claro, aunque ni tengo prismáticos ni me quedo horas delante de una ventana, ¿eh? (tampoco penséis mal, caramba).

De todos modos, eso de “mirar”, yo creo que en mayor o menor medida, nos gusta a todos, no?

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