Arma Letal

Arma Letal

Uno de mis mayores fetichismos lo tengo con el tema de los uniformes. Ya sabéis, policías nacionales, locales, bomberos, militares…

El origen yo creo que está en la primera película porno gay que vi, que estaba ambientada en un cuartel, y los actores iban con sus botas militares follando por cualquier rincón. El hecho de ver a tíos en un ambiente totalmente masculino comiéndose las pollas es algo que me dejó marcado.

Luego vi otras de este estilo y ya noté que eran las que mas me ponían a tono, porque aunque los argumentos son siempre una mierda, la ambientación al menos sí hacía, y mucho.

Además por esa misma época, escuchando el programa de radio Hablar por Hablar (donde gente anónima llamaba con algún problema para desahogarse) recuerdo un vigilante de seguridad que llamó para decir que tenía dudas de si casarse con su novia de toda la vida porque hacía unas semanas que estaba liado con un compañero, y se lo montaban habitualmente en la garita usando la porra del uniforme como juguete sexual…

(En ese programa nunca sabías si las llamadas eran de coña o no – de hecho ahí comentaron el famoso tema de Ricky Martin, la chica y el perro- pero no me digáis que no tiene su morbo imaginarse algo así)

Yo experiencias con otros colectivos que llevan uniformes sí tengo, como por ejemplo médicos (con uno me lo monté varias veces en su consulta, ya os hablaré otro día), operarios (en  una garita de esas de obra) o comerciales (no era uniforme, pero sí llevaba traje para currar, os hablé de él en El graduado)  pero lo que son con policías o similares, nada.

Lo más cerca que estuve fue con un policía local, o eso me dijo que era por el chat, con el que quedé en una estación de metro cerca de mi casa y que nunca se llegó a presentar.  Me llegó a dar su móvil y todo, pero cuando llamé se puso una anciana, por lo que supuse que me habían tomado el pelo.

Y eso que a mí los policías locales no me ponen tanto como otros uniformados. Si yo tuviera que hacer un ranking, en el primer lugar estarían los policías nacionales, seguidos de los militares y luego los bomberos (el uniforme de guardia civil, por ejemplo, no me gusta demasiado).

Además que yo siempre me pregunto ¿Esta gente se puede llevar el uniforme a casa y follar con su pareja? ¿Utilizarán las esposas? ¿Habrán follado en la misma comisaría? ¿O en el parque de bomberos? Uffff, lo que tiene que ser hacerlo ahí mismo.

(Si alguna pareja de policía o bombero quiere comentar algo y puede sacarme de dudas, lo agradecería)

Para que veáis como es mi locura por este tema, que yo he llegado a preguntar tonterías en la calle simplemente por el hecho de poder tener una conversación con policías: donde está la comisaría más cercana, dónde está otra calle…

(Sí, es absurdo, lo sé, pero a mí esa situación ya me llega a excitar)

Sin embargo, ahora por ejemplo que estamos en estas fechas, que vas por la calle y están vendiendo los típicos calendarios solidarios de bomberos (yo me pongo palote nada más verlos) a mí me da corte acercarme a comprarlos, ya ves tú, con lo que lo agradecerían ellos.

Y encima es que están buenorros.

Pero bueno, aunque no lo estuviesen, a mí es que me daría igual. A ver, tampoco si son tipo orcos, pero a mí lo que me da morbo es el uniforme en sí. Yo creo que un tío que pasaría medianamente desapercibido, se casca un traje de esos de camuflaje del ejército y a mí me gana por completo.

Yo no hice el servicio militar y ahora pensándolo con perspectiva anda que no hubiese disfrutado ahí. Me imagino dormir con tropecientos militares más en las literas esas que aparecen en las películas y ya me pongo malo. O el tema de las duchas en hilera, madre mía lo que tiene que ser eso.

(Ya os digo que lo mío a veces roza la obsesión)

Además, últimamente por temas de trabajo, hay días que tengo contacto con policías nacionales, seguratas y guardias civiles y os podéis imaginar cómo llego a casa cuando acaba la jornada laboral, que cualquier día me tendré que llegar a masturbar en el trabajo porque vaya tela cómo están algunos.

Mi pareja sabe que tengo este fetichismo desde siempre, y una vez, por carnaval se llegó a comprar un disfraz de policía para así cumplir mi fantasía… pero vamos, aunque la intención fue buena, ya os digo yo que no es igual porque anda que no son cutres esos disfraces, jeje.

Por eso mismo tenemos hablado que si un día pudiese llevar a cabo mi fantasía con un uniformado de verdad, técnicamente no sería ni cuernos ni infidelidad porque cumplir algo así no se hace todos los días.

Así que si me lee alguno que pertenezca a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (o parecido, que tampoco me voy a poner tiquismiquis), que sepáis que hacer feliz a una persona os costaría bastante poco…

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

 

Retratos de una obsesión

Retratos de una obsesión

Igual este post tendría que haberlo escrito el pasado día 1 de diciembre, día mundial del Sida, pero si quiero contaros mi vida por orden cronológico, es hoy cuando me toca hablar de esto.

Volviendo de Zaragoza comenzó a obsesionarme una idea, absurda por otra parte, pero que no me dejaba de martillear en la cabeza:

¿¿Y si al no usar condón me había pegado algo??

Como recordaréis, en el post anterior os comenté que la relación no pasó de mamadas, magreos, y corridón. Pero aún así, algo en mi interior no paraba de dar vueltas.

¿Y si  por mamarla me había transmitido cualquier enfermedad? ¿Y si cuando se corrió, al caer el semen sobre mi polla,  me pegó alguna cosa? ¿Y si….? ¿Y si…?

Esas dos palabras “Y SI” comenzaron a acribillarme de una forma que no era normal. Por cualquier cosa que me decía a mí mismo para tranquilizarme, me asaltaban otros tantos Y SIS para desequilibrarme.

Durante ese tiempo llamé varias veces al mexicano, pregúntandole si estaba sano, si aquello que hicimos…si la mamada… si su corrida…hasta que llegó un momento en que cortó cualquier comunicación conmigo. Cosa lógica, por otra parte, porque además él tenía pareja.

Yo ahora, contando esto, siento verdadera vergüenza por el grado de locura que pude alcanzar en aquel tiempo, y entiendo que él, cansado, decidiera cortar por lo sano.

Pero eso no hizo si no preocuparme más.

“Si no quiere hablar ya conmigo es porque me ocultaba algo”- y de ese pensamiento obsesivo no salía-.

Y como las desgracias no vienen solas, y sí que existe el efecto psicosomático (doy fe), pasados unos días, me empezó un escozor en la polla.

A día de hoy entiendo perfectamente el motivo, porque estuve varios días lavándome la polla como si no hubiera un mañana (no sé porqué lo hacía, pero lo hacía), y supongo que la mezcla de jabones al final provocó el efecto contrario.

Y fui al médico, claro. Pero como era algo tan localizado, empezaron que si era infección de orina, inflamación atópica (sin más), que si tal, que si cual… pero el escozor continuaba, y mi obsesión, también.

Encima miraba en internet (cosa que no recomiendo hacer nunca) y cómo no, todos los síntomas coincidían con el Sida, Sífilis, Gonorrea, etc.

Yo estaba convencido de que tenía una ETS y no había forma de que nada ni nadie me hiciese cambiar de opinión.

Por casualidad di con un teléfono que no sé si existe ya en la actualidad. Era el teléfono de la sexualidad. Llamabas gratuitamente, y preguntabas cualquier duda.  Era anónimo, claro, pero aún así, al llamar en lugar de decir la verdad, yo contaba que había ido a un bar público y al sentarme en la taza del water me había manchado la polla con lo que parecía ser semen ajeno… (no comments).

Evidentemente, la persona que me atendía me decía que si no tenía yo una herida profunda y sangrante en la polla, no me iba a contagiar de nada, y menos por unas gotas y por un roce. Esa respuesta me tranquilizaba durante un tiempo, pero a las horas volvía a llamar, preguntándole exactamente lo mismo a otra persona.

En ese tiempo debí llamar como cuatro o cinco veces hasta que, contándole lo mismo a un chico, me dijo:

“¿Puedo preguntarte algo?”

“Sí, claro” – le respondí –

“¿Has tenido una relación homosexual y no la acabas de asumir en tu cabeza?”

“Sí, es justo eso” – contesté yo, entre sorprendido y avergonzado -.

“Es que a mí me pasó lo mismo”

Creo que estuvimos casi una hora hablando. Me entendía perfectamente y sabía por lo que estaba pasando porque a él le pasó algo similar. Creo que ahí me desahogué como nunca. Me recomendó que fuese a un CIPS (Centro de Información y Prevención del Sida) porque la única forma de curarme esa obsesión era que un papel me demostrase que yo estaba sano por mucho que todo el mundo me dijese lo contrario.

Me hubiese gustado mucho conocer a este chaval que me ayudó tanto en ese momento, pero por normas de su trabajo, no podía facilitar datos de ningún tipo.

A los dos días fui al CIPS, expliqué la situación y me hicieron las pruebas, aunque me dijeron que estaban seguros de que no tenía nada (no había realizado ninguna práctica de riesgo).

La prueba te la tienen que hacer pasado el periodo ventana (tres meses desde la práctica de riesgo), pero viendo el estado de nerviosismo que tenía decidieron hacerme una prueba rápida (en unos minutos) que aunque no es fiable al cien por cien, al menos me tranquilizaría.

Por supuesto los análisis salieron perfectos. Y los que me hicieron tres meses después también.

La doctora del CIPS me dio una charla similar a la del chico del teléfono, diciéndome también que mi caso tampoco era tan extraño como yo pensaba. Que por allí había acudido gente en situación parecida a la mía, o incluso peor, que habían acabado en manos de psicólogos porque habían derivado en una fobia total a las relaciones sexuales.

Por suerte para mí, a mí no me pasó eso.

Mi angustia, obsesión, locura o como lo queráis llamar terminó en ese instante.

En la actualidad los tratamientos sobre el Sida han evolucionado muchísimo, y la gente portadora del VIH con una correcta medicación hacen prácticamente vida normal, similar a otras enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión.

Aún así, y viendo que en los últimos estudios, indican que se sigue propagando la enfermedad entre gente más joven, es necesario una correcta educación sexual, y usar el preservativo, para evitarse malos tragos como los que yo pasé durante esos meses, hace años.

Y vosotros ¿habéis pasado por algo similar alguna vez? ¿conocéis más casos parecidos al mío?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com