El exótico Hotel Marigold

El exótico Hotel Marigold

Estos días, hablando con un amigo del blog por e-mail (hola, Jota), he empezado a recordar mis días nudistas con mi ex. Tampoco es que estuviésemos todo el día en bolas, pero sí que es verdad que en esto del nudismo, empezamos los dos juntos.

A mí tampoco es que me apasionase demasiado al principio, pero la única forma de que él fuese a la playa era yendo a ese tipo de playas, como un aliciente, digamos, porque él muy playero tampoco es que fuera. Luego, claro, ya le fui cogiendo el gusto.

El punto más álgido, por llamarlo así, de nuestra época de nudismo fue el día en que fuimos a un hotel nudista.

Fue uno de esos veranos en que, por un motivo u otro, no coincidíamos juntos más que unos pocos días de vacaciones. Además, no recuerdo muy bien porqué, pero ese año nos pilló el toro y no habíamos decidido aún dónde irnos a descansar esos días, aunque ya estábamos a mediados de agosto.

Finalmente decidimos irnos a la Costa Brava pero con las fechas que eran tampoco teníamos muchos sitios libres donde alojarnos. Había dos opciones, o un hotel algo alejado de la costa, o escoger otro, mucho más cerca…  y que era nudista.

Escogimos este último.

De camino al lugar, recuerdo que comentábamos cómo sería aquello y la verdad es que teníamos en la cabeza una idea sacada totalmente de la serie “Benny Hill”. En concreto, en un capítulo acudían a un hotel nudista y casualmente en todas las escenas siempre había algo (una planta, un libro, una mesa…) que tapaba las “partes” de las personas.

Así que entre risas, morbillo y algo de vergüenza llegamos al lugar y nada más entrar… normalidad absoluta.

Yo daba por hecho que el personal del hotel iría vestido, eso sí, pero pensé que la clientela iría con todo al aire. Nada más lejos de la realidad. Cuando llegamos, había también allí una pareja (chico-chica) de franceses que acababa de llegar y que como nosotros, también iban vestidos. Unas chicas, que dejaban el hotel en ese momento, iban igualmente vestidas de arriba abajo.

Una vez instalados, visitamos las instalaciones y todo el mundo iba vestido, recepcionistas, clientela, personal de limpieza, etc con lo que el nudismo en el lugar brillaba por su ausencia.

El hotel era muy familiar, no tenía más de 8 habitaciones, y por lo que averiguamos lo que es el naturismo se podía practicar en la piscina  y jardín, pero no en las instalaciones comunes del hotel.

Sí que había en cambio, una especie de reservado, con jacuzzi, y cama balinesa en el exterior para pasar una noche de cena romántica y algo más (se supone, eso sí, que en bolas).

De todos los clientes del hotel, con quienes más coincidimos, curiosamente, fue con la pareja francesa que vimos el primer día al llegar.

Coincidíamos a la hora de desayunar, comer e incluso en las excursiones por los alrededores que hicimos, pero hablar, lo que se dice hablar, hablamos poco con ellos. Nos saludábamos, y nada más. Recuerdo haber pensado que lástima que el hotel no fuese nudista 100% pues el chaval, desnudo, seguro que tenía un buen polvo.

Lo bueno del hotel, aparte de que el sitio en sí era precioso, era que estaba muy cerca de una playa nudista, y claro, ahí sí que lo pudimos practicar tranquilamente.

Uno de esos días, estando en esa playa recuerdo que nos sorprendió ver llegar a un matrimonio con un chaval de unos 18 o 19 años, de padres cuarentones.  Nada más llegar se desnudaron y el padre empezó a ponerle crema a su hijo por todo el cuerpo. Y cuando digo todo, es TODO… La verdad es que nos sorprendió la situación, pensando que igual no eran familia, pero como el chaval le llamaba papá, pues mucha duda tampoco podíamos tener (aunque le estuviese poniendo crema por toda la raja del culo…). Ya la cosa subió de tono cuando empezaron a jugar en el agua, abrazarse (que más parecían refregarse), para acabar en la arena jugando a una especie de lucha grecorromana que ponía palote a cualquiera. Tal era la situación que las posturas acababan con el rabo del padre golpeando la cara del hijo, o el culete del chaval restregándose por el careto del padre…mientras la mujer/madre leía una revista del corazón como si tal cosa. Todo muy normal, vamos.

El resto de días fueron bastante mas “tranquilos” menos el último, por lo curioso.

Y es que justamente ese último día de playa me fijé que un poco mas adelante, en la orilla había un tío recostado con un pedazo de manguera increíble entre las piernas. El tío iba con su chica, que también tenía unas buenas peras, de esas que tumbada se le desparramaban por los lados. A mí ella me daba un poco igual, pero él era digno de ver por el cacho  tranca que gastaba. Tanto miré que en una de esas el tío se dio cuenta, me miró y sonrió. Le comentó algo a la chica, que también se giró y nos sonrió, y es que resulta que eran la parejita francesa que estaba alojada en nuestro mismo hotel…

Cuando se fueron, pasaron además directamente por donde estábamos nosotros y nos saludaron de manera bastante efusiva, ahí en bolas los cuatro como estábamos.

Al día siguiente, he de reconocer que tuvo su gracia volver a coincidir en el desayuno ya vestidos cuando el día anterior habíamos estado como Dios nos trajo al mundo. Al menos pudimos ver en bolas a alguien del hotel, jeje.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Anuncios

La ventana de enfrente (II)

La ventana de enfrente (II)

La verdad es que este verano me está resultando bastante atípico. Entre que tengo las vacaciones más que repartidas (yo diría que troceadas) este año, y el calor que está haciendo, estoy que ni he podido desconectar del todo en vacaciones, ni tampoco estoy en el trabajo al cien por cien.

Encima, debido al calor, estoy con una sensación de apatía contínua que tampoco es muy normal que digamos. Por culpa de esta desgana, no he podido actualizar demasiado el blog durante este tiempo.

Lo curioso es que si bien sí que me había propuesto escribir algo esta semana, el hecho es que iba a hablar de otra cosa que he tenido que posponer porque la actualidad,  como siempre, manda.

Y es que como habéis visto por el título del post he decidido volver a hablar del ya famoso piso erótico-festivo de enfrente de casa de mis padres. O mejor dicho, de sus inquilinos.

Anoche me pasé por casa de mis padres, ya sabéis, a controlar un poco y regar las plantitas y como quien no quiere la cosa me volví a asomar por ver si veía algo en la ventana de enfrente.

Sin embargo,  aunque la persiana estaba subida no había nadie en su interior, o si lo había no se veía nada pues la luz estaba apagada. Además, en el balcón contíguo, el toldo estaba bajado por lo que esta vez no tenía visión ninguna.

Me quedé un rato viendo la tele antes de acostarme cuando oí un sonido de chirrido que denotaba que un toldo estaba siendo izado, me asomé y …bingo!.

Ahí estaba otra vez el maromo del que os hablé, el madurete, con unos slips negros iguales que los del otro día (espero que no use siempre los mismos, que sino…).  Estuvo un rato asomado y al poco se metió dentro donde apareció enseguida el chaval más joven, que si bien la otra vez iba con unos boxers blancos esta vez llevaba unos slips también del mismo color.

Por lo que se podía ver estaban ambos cenando, y sentados como estaban los dos en el sofá, supongo que viendo la televisión por los reflejos de luces que les iluminaban a ratos.

La verdad es que cansado como estaba, y teniendo que trabajar hoy temprano, no les presté demasiada atención en ese momento y me fui a la ducha dispuesto a refrescarme un poco antes de irme a la cama.

Fue al salir y pasar de nuevo por el comedor para cerrar la ventana cuando volví a asomarme y me di cuenta de que los vecinos estaban ya en el postre. En concreto con el helado. Y es que el joven llevaba una tarrina y cada uno con su cucharita lo compartían como buenos….¿amantes? Y es que eso denotaba algo más que una simple amistad. De hecho me recordó a mí y a mi ex, que en verano empezábamos los dos con el helado y hasta que no nos acabábamos la tarrina, como que no párabamos de zampar.

Fue pensar en mi ex, y cómo no, una sensación de melancolía me invadió de lleno, así que decidí cerrar la ventana y largarme a dormir, para así evitar pensar demasiado.

Por suerte, debido al calor no cogí el sueño pronto y en una de mis múltiples escapadas hacia la nevera a por algo fresquito, pasé de nuevo por el comedor, me asomé y ya entonces vi la luz encendida de la ventana. Esa ventana que tan buenos momentos me ha hecho pasar.

Fue pensar así y al minuto el madurete se acercó a la cama (que es lo que se veía en primer plano) y tal y como estaba se bajó los calzoncillos hasta los tobillos dejando su polla totalmente al aire. Una vez recogidos los gayumbos del suelo se giró y abrió el armario a sus espaldas, dejándome  a la vista el pedazo de culo del buen señor.

Una vez guardados los gayumbos y recogida la ropa que sacó del armario y dejó sobre la silla, el vecino se tumbó en la cama, cara arriba y debido al calor (que hacía, sí, pero que también tendría el hombre en su interior) empezó a magrearse la polla poniéndola a tono en pocos segundos. La suya y la mía, evidentemente, que a esas alturas ya estaba igual de tiesa que la que estaba viendo. Encima no sólo se tocaba el rabo sino que también se acariciaba ingles y culete, con lo que se notaba que el tío tenía ganas de fiesta…

Y la fiesta no tardó en llegar. Apareció entonces el chaval joven, se quitó los calzoncillos blancos, enseñando su polla ya en ese momento morcillona y se acercó a su ¿novio? para tocarle también el pedazo pollón que ya tenía el madurete mientras le daba un piquito bastante casto.

Y cuando parecía que iba a empezar lo bueno….fundido a negro. Alguno de los dos, se me escapa quien, apagó las luces. El chaval se acercó a la ventana (lo distinguía en la penumbra) y bajó la persiana del todo.

Supongo que de los dos, el más tímido es el chico joven. Tímido y con un aguante para el calor que es de admirar, porque con el torro que hacía ayer era para haber abierto el ventanal de par en par y que entrase el fresquito.

Bueno, el fresquito y mi mirada, claro. Que a mi me dejaron con las ganas de ver cómo acababan la noche, aunque eso no creo que les importase mucho…

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

La ventana indiscreta

La ventana indiscreta

Esta etapa de despertar sexual por la que estaba pasando hacía que estuviese todo el día caliente como el pico de una plancha, y todo me excitaba, incluso salir al balcón a tomar el aire…

Resulta que enfrente de casa de mis padres un buen día llegaron tres chavales, estudiantes, que compartían piso.

La ventana de una habitación y el comedor, daban justamente al comedor nuestro, con lo que desde nuestra ventana y balcón adjunto, tenía una visión perfecta de ese piso, al estar además una planta por debajo del nuestro.

Recuerdo estar un día tomando el aire, en verano, en el balcón, y ver como llegaban estos con sus mochilas y maletas a tomar posesión del piso y al subir la persiana de la ventana encajarla completamente arriba.

Intentaron durante media hora bajarla, pero como no podían, la dejaron así, y de esa forma se quedó durante todo el año.

Lo primero que vi a través de esa ventana fue al poco de instalarse, como el chaval que se había quedado en esa habitación se desnudó para cambiarse y ponerse ropa de ciclista. Le daba igual que le estuviesen viendo, es más, yo creo que le gustaba, porque de vez en cuando echaba una mirada por la ventana, buscando tal vez a alguien que le estuviese observando.

Y así le vi, cambiándose, infinidad de veces, con lo que os puedo explicar en que consiste un uniforme completo de ciclismo sin haber cogido una bicicleta en bastante tiempo.  (Además de que con la bici se te pone un culo perfecto -doy fe-).

Por otro lado, siendo piso de estudiantes, ahí es que vi de todo.

Otro día, por ejemplo, vi como estaba uno de los tres chavales, masturbándose en el sofá, hasta que se dio cuenta que estaba la cortina abierta y levantarse, completamente empalmado para cerrarla.

O cuando salían de la ducha, que colgaba la toalla en el balcón, desnudos también. A veces lo hacían solos, pero otras los tres a la vez, y eso era ya era morbazo elevado al cubo…

Pero lo que mas me impactó fue una fiesta que montaron un jueves noche. Me asomé varias veces por el escándalo que montaban y a la última que me asomé, tuve que parpadear varias veces porque no me creía lo que estaba viendo.

Ahí estaba el ciclista, follándose a una tía en el balcón. Ella delante, apoyada sobre la barandilla, y él detrás dándole lo suyo y lo de su prima…

Encima la chica no me digas muy bien porqué, porque iba en bolas, pues estaba tapándose los pezones, como si con eso ocultase el espectáculo que estaban dando…

A los meses, finalizado el curso, los tres chicos dejaron el piso.

(Yo durante mis años de universidad nunca compartí piso con nadie, pero vamos, si eso era lo habitual, de verdad que es algo de lo que me arrepentiré mientras viva…)

Los siguientes alquilados en la vivienda fueron un matrimonio de mediana edad, extranjeros.

Antes de volverlo a alquilar, se ve que los dueños arreglaron la persiana, pero por lo visto, los nuevos, la volvieron a encajar arriba (la persiana era vieja, y se ve que si estirabas un poco te la cargabas).

Bueno, pues esta pareja, follaban con la ventana abierta sin importarles lo más minimo que tuviesen vecinos.

Así que también me harté de ver polvos en esa habitación en todas las posiciones posibles. Aquello fue como una lección de kamasutra pero por capítulos: Mamadas, 69, folladas por delante, por detrás…

Recuerdo que hubo noches que si mis padres no estaban y había salido con los amigos, que me volvía incluso antes por si pillaba el espectáculo porno en vivo.

Los siguientes inquilinos, dos tíos, también encajaron la ventana, pero eran un poco más tímidos, porque los vi varias veces, pero sólo en calzoncillos, que como morboso también lo era, pero comparado con lo que había visto en ese piso con los anteriores, pues se quedaba en bastante descafeinado.

Tiempo después, también estuvo viviendo un chaval, pero ese no se cargó la persiana.

Pues aún así, una noche le pillé haciendo un streptease completo a su novia, que estaba sentadita ahí de espaldas a la ventana mientras ella y todo el vecindario que quisiera, veía a su novio despelotarse al ritmo de la música.

El último inquilino que pasó por esa vivienda, o el ultimo que yo vi mientras vivía en casa de mis padres, fue un chaval que por lo poco que vi no parecía que fuese a hacer nada erótico-festivo… hasta que un día pasó por bajo de la calle un desfile militar y se puso a darle a la zambomba mientras veía el espectáculo…

Todo lo que he contado de esa vivienda es verdad, eh? Que puede sonar extraño o exagerado, pero es que fue tal cual lo cuento.

¿ No hay casas que dicen que están encantadas? ¿con su fantasma y todo? pues ahí debió morir algún tío supercachondo porque lo que pasaba en ese piso nunca lo vi normal…

Y de aquellos polvos, estos lodos.

Desde entonces me ponen mucho los ciclistas (esas mallas ajustadas…), aunque no he tenido la suerte de estar con ninguno.

Y respecto del tema voyeur, pues aún lo sigo manteniendo, claro, aunque ni tengo prismáticos ni me quedo horas delante de una ventana, ¿eh? (tampoco penséis mal, caramba).

De todos modos, eso de “mirar”, yo creo que en mayor o menor medida, nos gusta a todos, no?

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com