Studio 54

Studio 54

El otro día pasé por donde estaba la primera discoteca de ambiente que pisé en mi vida y ahora es un supermercado. Y donde estaba el primer pub gay al que fui, han puesto ahora un restaurante chino. Estoy mayor, es un hecho.

De la zona gay que conocía cuando salí por primera vez con mi grupo de amigos gays (Guillermo, Raquel, María (sin su novio homófobo), César y compañía) por el ambiente ya poco queda en la actualidad.

Recuerdo que para mí, el traspasar la entrada de una discoteca gay fue como una especie de rito de iniciación, más allá de la primera vez que me acosté con un tío.

De hecho, la primera noche me costó mucho entrar porque pensé que tanto a la entrada como a la salida de la discoteca me podía ver alguien de mi entorno hetero y saber demasiado de mi situación.

Además la única referencia que tenía de un sitio de ambiente lo tenía  del cine, en concreto del pub gay “La ostra azul” que salía en las películas de “Loca academia de policía” (¿véis lo mayor que soy?). Incluso al entrar pensé que iba a sonar la música del Bimbó de Georgie Dann (podéis ver la escena aquí). Evidentemente no fue así, ni tampoco la gente iba vestida de cuero.

De la música que sonaba, la verdad es que no tengo ya ningún recuerdo, pero sí de lo que vi nada más entrar: Dos drag queens de dos metros bailando sobre plataformas en medio de la pista, que ya pensé…mal empezamos. Y es que a mí todo el rollo drags y demás, lo llevo bastante mal. Encima César era supercolega de ellos/ellas y les saludó para que me presentaran (que yo creo que lo hizo adrede porque sabía que a mí ese mundillo, como que no).

También me sorprendió ver a mucha gente muy joven, que deberían tener los 18 recién cumplidos y con mucha pluma, en plan cejas depiladas y hablando en femenino, que también era algo que no me iba nada (ni me va).

Y alrededor de estos jovencitos, mucha gente mayor, algunos realmente muy mayores, que estaban en plan moscones, tirándole a todo lo que se movía (igual viéndolo con los ojos de ahora no eran tan mayores, quién sabe).

Así que lo que es a primer vistazo, mi impresión del sitio, y por extensión del mundo ambiente, no fue demasiado buena.

A ver, sí que es cierto que a mí, de normal, lo que son las discotecas (heteros o gay) nunca me han gustado demasiado y eso ya me condicionaba. Yo siempre he sido más de ir de tranquilo, en plan pub con amigos y algo de música , que ir a bailar a saco. Más que nada porque toda mi vida he sido arrítmico perdido, con lo que ese ambiente no me tiraba nada.

Y en esos caso, como siempre, la bebida es una gran aliada.

Otra cosa que me sorprendió de esas primeras veces fue que aparte de gays y mariliendres, también habían tíos que supuestamente eran heteros y que estaban allí porque acompañaban a amigos gays. Yo de la supuesta heterosexualidad de esos tíos siempre tuve dudas, la verdad, y aunque sí que es cierto que Raquel (mi amiga mari) muchas de las veces que salíamos se enrollaba con alguno, hubo un par de tíos que le salieron rana -ya me entendéis- con lo cual quedaba demostrada mi teoría…

Y es que en el tema ligue, era bastante fácil. De hecho recuerdo que yo, a los pocos minutos de entrar por primera vez en la discoteca, ligué. Aunque bueno, realmente hubo trampa, y es con quien me encontré fue con el chaval del que os hablé en Karate Kid, y esa misma noche acabé en su casa (con las caras de nomelopuedocreersehallevadoalchulazo de Guillermo y el resto del grupo, jeje).

Pero aún así, realmente no había noche que por una cosa o por otra no te entrase alguien. Y es que entrar a mí siempre me costaba más. Por un lado porque mi timidez me dominaba, y por otro porque pocas veces me atraía lo que había.

Y es que llegó un momento en que me empecé a plantear que si realmente, por lo general, el tipo de gente que pisaba esas discotecas tenía poco que ver conmigo, ¿que pensaba yo encontrar ahí? porque gente afín a mí, era evidente que no.

Bueno sí, alguien con quien poder pegar un polvo, pues sí se podía encontrar, pero lo que era un colega o ya más, pareja (que ya me empezaba a picar el gusanillo para eso), pues no.

Aún así, durante esos años pues ir, iba, como por inercia, y porque el grupo es lo que hacía, aunque muchas veces no me sentía nada cómodo. Luego con el tiempo, cada uno va encontrando su lugar, y estaba claro que el mio nunca estuvo allí.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

¡¡Que tengáis una feliz noche de Reyes y que os dejen mañana muchos regalos!!

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