Vicky Cristina Barcelona

Vicky  Cristina Barcelona

Generalmente, cuando me masturbaba con algún desconocido por cam, una vez terminada la paja, no volvíamos a tener contacto. Sin embargo, en el caso de Yago, fue distinto. Ya incluso la primera vez que lo hicimos, hablamos más de lo habitual, y lo que en principio iba a ser sólo un desahogo, acabó siendo una buena amistad.

Yago era gallego, y aunque tenía sólo dos o tres años más que yo, estaba casado y con una hija a punto de entrar en la adolescencia. Las primeras veces que hablamos no me pareció que dicha situación le provocase ningún problema, pero con el tiempo, una vez cogimos confianza, me di cuenta de que dicha apreciación no era del todo cierta.

Este chico se había casado muy joven, con 19 años recién cumplidos, cuando su novia se quedó embarazada. Por lo que me contaba, no tuvo otro remedio y por aquél momento no se planteó ni su sexualidad ni nada por el estilo. Era algo que tenía que hacer y punto. Pero pasados ya los años, se empezó a dar cuenta del error que había cometido y ahora se encontraba en una encrucijada de la que no sabía muy bien cómo salir.

Lo que sí tenía claro es que no pensaba ponerle los cuernos a su mujer, más allá de lo que hacía de vez en cuando por cam. Ése, para mí era un gesto que le honraba, porque pocos hombres (tal y como había conocido) eran capaces de autolimitarse tanto por respeto a la otra persona.

Sin embargo, toda la situación empezó a desbordarle hasta el punto de que había pensado en “quitarse de enmedio”. Yago tenía pensado incluso la forma de hacerlo y por lo visto lo tenía todo bastante planificado

Días antes, para avisarnos cuando estábamos en Internet, nos habíamos dado los teléfonos y aunque no nos habíamos llamado nunca, ese día lo hice. Tardó en contestar y cuando lo hizo, lo hizo llorando. La verdad es que escuchar a alguien llorar a cientos de kilómetros, te da una sensación de impotencia que no había sentido nunca, así que hice todo lo posible por calmarlo y que viera que esa no podía ser una opción, que al menos pensase en su hija. Al final se consiguió tranquilizar y durante los siguientes días alternamos las llamadas y las conversaciones por Internet.

Finalmente decidió confesarle todo a su mujer y plantearle la separación. Un divorcio que iba a ser de todo menos fácil. A partir de ese momento nuestras conversaciones comenzaron a distanciarse en el tiempo. Por horarios de mi trabajo encima tampoco me conectaba tanto como antes, por lo que entre unas cosas y otras, con los meses, acabamos perdiendo prácticamente el contacto.

Debió pasar casi un año cuando nos volvimos a encontrar sin saberlo en el chat. Él me dijo que vivía en Barcelona e incluso me dio otro nombre distinto al suyo, pero cuando me pasó su contacto de MSN ya supe que era Yago.

Ambos nos alegramos mucho al reencontrarnos. Él, porque me dijo que siempre iba a estar agradecido por aquella llamada que le ayudó tanto al salir del pozo, y yo porque con él siempre tuve una conexión especial.

Me dijo que tras el divorcio (tremendo) con su mujer, le habían ofrecido un ascenso en su empresa y aunque ello conllevaba un cambio de ciudad, no se lo había pensado ni dos veces. Por lo que me comentaba, estaba como un chiquillo con zapatos nuevos. En tema hombres, ya no era virgen y por lo visto estaba tratando de recuperar el tiempo perdido.

Nuestra amistad parecía intacta, volvimos a retomar incluso nuestras conversaciones telefónicas hasta que un día me dijo que quería conocerme, y que me invitaba a Barcelona un fin de semana.

Ese mismo sábado me planté en la ciudad condal. En nuestras conversaciones, le había comentado alguna vez lo mucho que me molaba ver a un tío con camisa blanca, así que cuando llegué a la estación no me sorprendió verlo así vestido. Y me gustó. Nos abrazamos y me acompañó hasta su casa, que estaba a poco más de dos manzanas.

Una vez instalado, me enseñó fotos de su hija y su ex, con quien seguía llevándose bastante mal. Me dijo que lo que se le hacía más duro sobre todo era estar alejado de su hija, pero que las circunstancias venían como venían y no se arrepentía para nada del paso dado.

Me comentó el planning que me tenía organizado y antes de salir por la puerta, me pegó un morreo a traición que, lo que son las cosas, hizo que ambos nos relajásemos a partir de ese momento. Nos gustábamos los dos y eso se notaba, así que el fin de semana prometía.

Me hizo visita cultural completa: Ramblas, la Barceloneta, visita a la Sagrada Familia, Parque Güell… y ya por la noche, salimos de fiesta por la zona gay de la ciudad.

Esa noche yo bebí. Bebí bastante. Hasta el punto de empezar a morrearnos apoyados en la barra del primer bar al que entramos. Que vale, que era de ambiente, pero yo no solía darme el lote en público, por timidez más que nada. Supongo que el estar en una ciudad ajena, me desinhibí totalmente, haciendo que me diese igual todo.

En la discoteca en la que estuvimos, pasó tres cuartos de lo mismo, sólo que ahí encima, empezamos a meternos mano los dos, sobre todo él que no dejó de magrearme el culo mientras bailábamos y así estuvo durante un buen rato. Finalmente, cuando el calentón nos oprimía el pantalón de una forma descarada, nos fuimos ya para su casa sin dejar de morrearnos por la calle.

El último recuerdo que tengo de esa noche fue llegando al portal de su casa.

La siguiente imagen ya fue al día siguiente, despertarme en su cama, junto a él, ambos desnudos.

De lo que pasó esa noche no guardo ningún recuerdo. Ninguno. Yo esas cosas las había visto en películas y siempre pensé que por mucho que bebieses, algún recuerdo tendrías que tener. Hasta que me pasó a mí.

Por lo que me dijo, fue una buena noche, y por los condones usados que habían en el suelo, así debió de haber sido. De lo que sí me acuerdo es de la resaca que teníamos ambos esa mañana. Nos fuimos a la ducha y ahí nos dimos un biberón mañanero que al menos me espabiló bastante.

Ese día nos fuimos a Sitges (más gay no podía ser todo), y después de pasar un rato por la playa y comer, nos volvimos para recoger mis cosas y acercarme al tren.

Nos despedimos en la estación, dándonos un pico delante de todos que aunque me dio algo de vergüenza, me supo a gloria.

En el viaje de vuelta, traté de recordar los buenos momentos vividos, sin saber que, sin darme cuenta, estaba volviendo acompañado a Valencia…

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com.

La cortina de humo

La cortina de humo

Nunca he estado interesado demasiado en la política pero sí que es verdad que procuro siempre estar atento a lo que pasa en todos los ámbitos, y la política, nos guste o no, es uno de ellos.

(Tranquilos, que no voy a entrar en polémicas de ningún tipo).

Lo vengo a decir porque quieras que no, cuando uno es un personaje público y lleva una doble vida, igual debería ir con cuidado sobre qué es lo que hace por Internet si no quiere que se sepa.

Esto lo digo porque la persona de la que os voy a hablar hoy, tuvo la suerte de contactar con alguien que es bastante discreto (yo), porque si llega a dar con otro que le hubiese querido complicar la vida, se la hubiera complicado, y mucho.

Así que permitidme que por esta vez sea bastante difuso y no dé nombres, edad, ni nada que pueda comprometer a la persona en cuestión.

Realmente, no recuerdo con exactitud en qué lugar le conocí (si chat, si Cam4, si Gaydar…), pues el primer recuerdo que tengo de él ya fue de su rabazo, haciéndonos una paja mutua por la cam del Messenger.

Y digo rabazo porque este fue el segundo de los tres tíos pollones con los que he estado en mi vida (del primero ya os hablé aquí). Este hombre, por decirlo finamente, era totalmente un caballo. Su polla relajada ya llamaba la atención, pero ver después ese trozo de carne cómo crecía, era una visión que impresionaba.

Como ya he comentado alguna vez, yo no solía poner la cara mientras me pajeaba por Internet, pero sí que es verdad que muchas veces dejaba ver sin querer, un poco más de mí de lo que quisiera. A este hombre le pasó igual, y en el momento de correrse, la cam le jugó una mala pasada, dejándome ver sus labios. Sólo ese detalle, unido también a su voz que me resultaba conocida, hizo que tuviera claro quién era, por lo que le pregunté si me acababa de pajear con un político, concejal del Ayuntamiento para más señas.

Y claro, su primera reacción fue quitar la cam. Para tranquilizarle, le comenté que no pasaba nada, que yo era de fiar, y que no pensaba decir nada a nadie si le preocupaba eso. Él al principio no lo acabó de ver claro, pero como siempre suelo dar bastante confianza (soy bastante transparente en ese sentido), al final aceptó volver a poner la cam mientras se fumaba un cigarrillo a cara descubierta.

Básicamente nuestra amistad partió de ahí, a golpe de pajotes de cam, hasta que un día, por morbo (en cierta forma era como estar con un famoso) le comenté si le apetecía que nos conociéramos. Él, aunque primero se mostró reacio, no tardó mucho en decirme que sí.

Cuando fui a su casa, me sorprendió ver que quien más nervioso estaba de los dos era él. Me comentó que se había separado recientemente, que tenía una hija pequeña de su matrimonio, y que aunque tenía claro desde hacía tiempo que le atraían los tíos, realmente nunca antes había estado con ninguno.

Lo que sí tenía claro era que él quería ser el activo, que de momento lo de pasivo no le llamaba la atención. Teniendo la ventaja de que yo era versátil, por esa parte no iba a haber ningún problema.

Esa primera vez fue en el mismo comedor donde estábamos, le dije que se sentase porque realmente quería ver si esa polla que había visto ya por Internet era tal cual se veía, y al bajarle los pantalones, pude ver que el bultaco que marcaba así lo demostraba.

Cuando ya le quité los calzoncillos, el pedazo de carne saltó como un resorte sobre mi cara, impregnándome ya de su líquido preseminal la mejilla. Los huevos, además, iban en proporción con su polla, por lo que el conjunto que tenía ante mí era espectacular.

El miembro en erección le medía exactamente 21.5 cm (medidas que pude comprobar yo mismo, regla en mano). Y claro, viendo el tremendo miembro que tenía este hombre,  me vino a la mente enseguida mi última experiencia con un pollón similar, de la que no guardaba demasiado buen recuerdo.

Sin embargo, por suerte para ambos, este hombre sí que sabía bien lo que tenía entre las piernas y cómo usarlo. Incluso tenía preparado un kit completo para la ocasión, con su lubricante, vaselina, y condones XXL para facilitar la penetración y que el disfrute fuese completo.

Ese día en concreto, del comedor no salimos. Me folló en el sofá a cuatro patas y después sobre la mesa del comedor, y de verdad que lo pasé de puta madre. Si de normal suelo echar corridas bastante abundantes, esa noche fue tal la cantidad que solté mientras me follaba que pensé que me licuaba.

Al acabar, hubo algo que me descolocó por completo y es que se puso a llorar sobre mí como un niño. Me dijo que eran muchos años queriendo disfrutar con un hombre de esa forma, y que en ese momento, gracias a mí,  era la persona más feliz del mundo.

Por supuesto que esa no fue la única vez que nos vimos, claro. Durante un tiempo. quedamos para follar varias veces y digamos que bautizamos todos los rincones de su casa. De hecho, y no sé muy bien porqué, lo hicimos en todos los sitios posibles menos en su cama. Incluso lo llegamos a hacer en la habitación que tenía para su hija (iba a su casa fines de semana alternos) rodeados de muñequitos de Hello Kitty.

Al final acabó por lo de siempre, y es que uno de los dos acabó enamorándose del otro (y no fui yo).

Le dije que el sexo con él era una pasada, que su polla me encantaba, y que me lo pasaba genial con él también, pero que con las circunstancias que él tenía yo no podía iniciar una relación (y más con una hija pequeña -no me veía yo de padre postizo-), así que, sintiéndolo mucho, si él quería algo mas, lo mejor entonces era dejarlo.

Él me dijo que respetaba mi decisión, y me pidió que siguiésemos follando como si nada me hubiese dicho, pero eso para mí ya no era posible. Al final, seguir así, como si nada, le hubiese hecho más daño, por lo que conscientemente fui enfriando la relación poco a poco, hasta que al final dejamos de vernos.

Al finalizar aquella legislatura, dejó el cargo público que tenía y no volvió a presentarse en las listas. Incluso tiempo después acabó dejando la política totalmente debido a “motivos personales”.

Supongo que a partir de entonces pudo vivir su sexualidad libremente, dentro del anonimato que tanto ansiaba.

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[Rec]

[Rec]

Aunque la invención de la webcam haya sido para comunicarse entre personas, sobre todo alejadas geográficamente, para mí el único sentido que ha tenido siempre ha sido el de poder hacerse pajas con alguien. Ver y ser visto. Y punto.

Si bien ahora hay páginas dedicadas a eso, y de las que os hablaré en algún post próximo, yo lo hacía siempre a través del Messenger (anterior al Skype actual).

De las primeras veces que lo hice, no tengo demasiados recuerdos, pero sí de una en concreto que no creo que pueda olvidar nunca.

Para que os pongáis en contexto, estábamos en un momento en el que Guillermo ya sabía que yo era gay, y aunque la relación entre nosotros como amigos funcionaba bastante bien, yo seguía con la esperanza de ver si en algún momento podía ser algo mas.

Pero claro, él estaba tan bueno, que hacía surgir en mí todas mis inseguridades.

Ademas, estando con los demás del grupo, nunca teníamos momentos para nosotros solos, salvo alguna que otra charla esporádica.

Donde más me desahogaba con él era, por tanto, a través del Messenger ya que como yo siempre he tenido más facilidad de palabra que otra cosa, ahí, sin cortarme, podía decirle las cosas y ser yo mismo.

Sin embargo, pronto  me dejó claro que entre nosotros no iba a haber nada más porque no era el tipo de personas que a él le gustaban (tios buenorros, suelen buscar tios buenorros).

(¡Venga, digamos todos un Oooooooooh bien alto!)

Pero durante esas conversaciones también me di cuenta de que en cuestión de morbos, eso sí, eramos bastante parecidos.

Un día, hablando, me dijo que pusiese la cam, que me quería ver. Recuerdo que ese día hacía bastante fresco y cuando la conecté me sorprendió verlo a él en camiseta de tirantes, marcando pectorales y musculitos. Él estaba bueno, lo sabía y le gustaba que se lo dijesen.

En el buen término de la palabra, me di cuenta de que Guillermo era un buen calientapollas, y yo también quise seguir jugando.

Cuando le vi así vestido (o desvestido, según se mire), yo, para no ser menos, me quité el suéter que llevaba para que me viese en camiseta. Yo, aunque nunca he estado cachas, el tiempo empleado en la piscina algo se me notaba, así que no quería ser menos.

Pronto empezamos a calentarnos. Él me dijo que se iba a quitar la camiseta y después de hacerlo, vi como también (fuera de cámara) se quitaba los gayumbos con la excusa de que quería enseñarme de qué tipo eran los que él usaba (boxers de marca).

Me dijo que hiciera lo mismo y entre risas y tonterías, también lo hice, enseñándoselos a la cámara.

Yo ya estaba a tope, pero intentaba no ir por delante de él, porque no tenía claro hasta donde estaría él dispuesto a llegar.

Sin embargo, no contaba con que en esos casos, una parte de mi cuerpo cobra vida propia, y sin darme cuenta de lo que estaba enseñando yo por la cam, me dijo que por debajo me estaba asomando el periscopio…

En ese momento me entró la risa floja, y ya vi que bueno de perdidos al río  y bajé la cam hacia mi entrepierna para que viese cómo me estaba poniendo Guillermo la polla …

Él hizo lo mismo con su cam, y después de verle el cuerpo entero (depilado y con buen rabo, sin pasarse), empezamos a masturbarnos diciéndonos todas las guarradas que se nos ocurrían. De vez en cuando me ordenaba que me levantase, que me pasase el dedo por los pezones, que enseñase el culete y yo lo hacía todo.

El después hacía lo mismo que yo, así que pasamos un buen rato disfrutando del morbo del otro hasta que notamos que el calentón ya nos podía demasiado y que nos iban a explotar los huevos.

Cuando yo me caliento mucho, lubrico bastante (de jovencito llegué a consultarle al médico y todo) y eso sólo significa que la corrida será de las buenas. En ese caso fue así.  Como Guillermo me gustaba desde hace tiempo, y ya tenía claro que eso era lo máximo a lo que podía llegar con él, el momento del orgasmo fue tal que me llegó la leche hasta mi propia boca.

El vio eso, y no tardó ni dos segundos en correrse, claro, diciéndome a continuación que no sabía que yo podía llegar a ser tan morboso (aunque yo de primeras parezco tímido, a mi me calientas un poco y parezco otro).

A los dos días, habíamos quedado con el resto de la tropa (César, María, Raquel…) para cenar, y en un apartado le hablé de lo de la paja.

El dijo que era una cosa entre amigos, que no había que darle ninguna importancia, y que le había sorprendido verme tan excitado. Tanto, que de vez en cuando se ponía el vídeo porque le hacía gracia recordarlo…

Yo en ese momento no tenía ni idea de que se podían  hacer capturas de cam, así que aún le pregunté (tonto de mí) que de qué vídeo me estaba hablando.

Cuando me explicó, me agobié bastante.  Enseguida le dije que lo borrase, que de qué iba, que éramos colegas, que para qué lo quería…hasta que me dijo que simplemente lo quería guardar para a ver si así me “espoleaba un poco” y era capaz ya de decirle a Raquel que yo era gay, que era su amiga y que ya tocaba…

Ahí fue cuando pensé que Guillermo no sólo era un buen calientapollas, como ya había comprobado, sino que también era un auténtico gilipollas, como me estaba demostrando en ese momento.

No contento con eso, el colega me dio hasta un ultimátum, ya que si antes de fin de año no salía del armario, le enseñaría el vídeo a Raquel para que hablara por si solo.

Ah, y todo esto lo decía con su cachondeo habitual,  con sus risas y coñas,  que a mí en ese momento no me hacían ni puñetera gracia.

Yo en ese momento recuerdo que me quedé como en estado de shock, y como estábamos con más gente, tuve que disimular bastante.

Por un lado pensé que estaba tomándome el pelo y que ni me había grabado ni nada, que así era él. Pero por otro lado…llevaba mucho tiempo diciéndome que tenía que hacer un outing y que si no lo hacía yo iba a hacerlo él.

Por cierto que ahí comprendí esa frase tan manida que del amor al odio se pasa en un minuto, porque en esa cena, lo que yo sentí por Guillermo ya fue justamente eso.

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